domingo, 14 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 86

                             

                                      PEDRO.....


EL dolor golpea como un maldito martillo neumático contra mi sien. Mis
ojos arden como si despertara después de beber una botella de Jack. La
bilis asciende y mi estómago se revuelve.
Agitándose como si estuviera de vuelta en esa habitación, colchón húmedo, la
inquietud invadiéndome, mientras espero que él llegue, para que mi mamá me
entregue, me comercie... pero eso no es malditamente posible. Lu está aquí,
Beckett. Mamá y papá.
¿Qué demonios está pasando?
Cierro mis ojos con fuerza e intento quitarme la confusión, pero lo único que
consigo es más del maldito dolor.

Dolor.

Anhelo.

Placer.

Necesidad.

Paula.

Pequeños recuerdos que no alcanzo a asimilar o comprender me asaltan antes de
desaparecer en la oscuridad manteniéndolos como rehenes.
Pero, ¿dónde está?
Lucho para obtener más recuerdos, contenerlos y aferrarlos como a un
salvavidas.
¿Ella finalmente se dio cuenta del maldito veneno dentro de mí? ¿Descubrió que
este placer no vale la pena el dolor que puede causar al final?
—¿Sr. Alfonso? Soy el Dr. Irons. ¿Puede oírme?
¿Quién carajos eres tú?
Ojos azul hielo me miran.
—Puede ser difícil hablar. Vamos a conseguirte un poco de agua para
ayudar. ¿Puedes apretar mi mano si me entiendes?

¿Por qué demonios necesito apretar su mano? ¿Y por qué mi mano no se
mueve? ¿Cómo diablos voy a conducir en la carrera de hoy si no puede agarrar el
volante?
Mi corazón va a toda velocidad como el acelerador que debería estar pisando
hasta el fondo en la pista ahora mismo.
Pero estoy aquí.
Y ayer por la noche estaba allí, con Pau. Me desperté con ella... y ahora se ha ido.
... tiempo de la bandera a cuadros, nena...
Todo se hace más claro de repente. Y luego completa oscuridad. Vórtices,
círculos vacíos interrumpen la serie de imágenes en mi cabeza. No puedo conectar los
puntos. No puedo darle sentido a nada, excepto que estoy confundido como la mierda.
Todos los ojos en la habitación me miran como si fuera una atracción en un
maldito circo.
Y para su siguiente acto, amigos, él moverá los dedos.
Trato con mi mano izquierda y responde. Gracias maldito Dios por eso.
Mi mente recuerda algo de lo que sucedió. Metal aplastado, destello de chispas,
humo alrededor. Chocando, girando, descendiendo, sacudidas.
... Parece que tus superhéroes vinieron esta vez después de todo...
Mi mente trata de averiguar qué carajos significa eso, pero no encuentra nada.
Paula se ha ido.
Ella no ama lo roto en mí después de todo.
Intento deshacer la mierda que se encuentra en mi cabeza, pero gimo mientras
el dolor me invade.

Max.

Yo.

Se fue.

No puede hacer esto de nuevo.
No puedo creer que haya sido lo suficientemente egoísta como para siquiera
pedírselo.
—Pedro. —El doctor está hablando de nuevo—. Tuviste un grave
accidente. Tienes suerte de estar vivo.
¿Un grave accidente? Las imágenes pasando rápidamente por mi cabeza
empiezan a tener más sentido, pero las líneas de tiempo siguen desaparecidas. Trato
de hablar pero tengo la boca tan seca que todo sale es un graznido.
—Te lesionaste la cabeza. —Me sonríe pero soy cauteloso.
A caballo regalado no se le mira los dientes.

Puede que me hayan dado la vida de nuevo, pero mi maldita razón para vivir no
está aquí. Es lo suficientemente inteligente como para irse porque no puedo darle lo
que necesita: estabilidad, una vida sin carreras, la promesa de un para siempre.
—La enfermera está trayéndote un poco de agua para humedecer tu garganta. —
Él anota algo en su sujetapapeles—. Sé que esto puede ser aterrador para ti, hijo, pero
vas a estar bien. Se acabó la parte difícil. Ahora tenemos que conseguir ponerte en el
camino a la recuperación.
¿El camino a la recuperación? Gracias, Capitán Obvio, más como la autopista al
infierno.
Contemplo los rostros frente a mí. Mama besando mi mejilla, lágrimas corriendo
por su rostro. Papá ocultando su emoción, pero la mirada en sus ojos me dice que es
un maldito desastre. Lu estando fuera de sí. Becks murmurando algo acerca de ser
un bastardo egoísta.
Esto debe ser jodidamente serio.
Y sin embargo, todavía me siento entumecido. Vacío. Incompleto.

Paula.

Después de unos momentos, todos se van a petición de mi mama para que me
den espacio, para que me dejen respirar.
Y el aire que acabo de obtener es robado de nuevo.
Me giro para mirar la desenfocada forma que noto en mi periferia y allí está de
pie.
Rizos apilados en la parte superior de su cabeza, rostro sin maquillaje, hundidas,
manchadas de lágrimas en sus mejillas, ojos llenos de lágrimas, perfectos malditos
labios en una O de sorpresa de pie en la puerta. Parece que hubiera atravesado el
infierno, pero es la cosa más hermosa que haya malditamente visto.
Llámame marica, pero juro por Dios que es el único aire que mi cuerpo puede
respirar. Joder si no es todo lo que necesito y nada de lo que me merezco.
Sus manos juguetean con su celular, mi camisa de la suerte colgando de sus
hombros y puedo ver la inquietud en sus ojos, ya que se posan rápidamente en todas
partes menos en mí.
Respira, Alfonso. Malditamente respira. No se fue. Todavía está aquí. El
neutralizador del ácido que consume mi alma.
Sus ojos finalmente me encuentran y me miran fijamente. Todo lo que veo es mi
futuro, mi salvación, mi única oportunidad de redención. Pero, ¿sus ojos? Joder,
parpadean con tales emociones en conflicto, alivio, optimismo, ansiedad, miedo y
también muchas más desconocidas.
Y es lo desconocido en lo que me centro.
Las palabras no dichas me dicen todo sobre cómo de destrozada está. No es justo
de mi parte hacerle pasar por esto otra vez. Pero las carreras son mi vida. Algo que
necesito tanto como el aire que respiro, irónico, teniendo en cuenta que ella es mi
maldito aire, pero es la única manera en que puedo sobrevivir y escapar de los
demonios que me persiguen. La oscuridad que rezuma mi alma se asegura de que
nunca se puedan erradicar. No puedo ser egoísta y pedirle que me apoye cuando lo
único que quiero es ser el más egocéntrico bastardo en la faz de la tierra.
Obligarla a que se vaya, pero pedir que se quede.
Pero, ¿cómo puedo dejarla ir cuando posee cada parte de mí?
Con mucho gusto lo impediría para que ella pueda sentir alivio. Sin
preocupaciones. Sin el maldito miedo constante.
Ser desinteresado por primera vez cuando todo lo que he sido en mi vida entera
es ser egoísta.
Debería habérselo dicho, superado el maldito miedo que consume mi alma, pero
no pude... y ahora no lo sabe.

... Te mando a Spiderman...

Las palabras pasan con un grito por mi cabeza, pero se ahogan en mi garganta. Las
palabras que no sé si alguna vez voy a estar curado lo suficiente como para decir.
Ella me robó todos esos años anteriores.
Y ahora voy a pagar por ello.
Permitiéndole una única maldita oportunidad para irse.
Entonces oigo el sollozo de su garganta. Escucho el escepticismo y tormento en
ese sonido en particular mientras sus hombros se sacuden y su postura se encorva.
Y sé que lo quiero y lo mejor para ella son dos cosas completamente diferentes.

****
De la nada las lágrimas se derraman junto con sollozos a la vista de él,
lúcido y atontadamente alerta. Mi hombre dañado es lo más hermoso
que jamás he visto.
Mi corazón da un vuelco aún más, si eso es posible. Y solamente nos quedamos
mirándonos mientras el ruido y emoción en la habitación disminuyen, todo el mundo
da un paso hacia atrás y en silencio observa nuestro intercambio.
Sin embargo, mis pies están congelados en el lugar mientras intento comprender
las emociones corriendo a toda velocidad por los ojos de Pedro. Se ve arrepentido y
tal vez incierto, pero también hay una emoción oculta que no puedo dar nombre por
temor a corroer los rincones de mi mente.
Una enfermera pasa rápidamente junto a mí, rozando mi hombro y rompiendo
el dominio de Pedro en mí. Lleva la pajita de un vaso de agua a su boca y él toma un
sorbo con avidez hasta que se ha acabado.
—Bueno, eres un sediento, ¿no es así? —dice bromeando antes de añadir—: Iré
a conseguir un poco más, pero vamos a asegurarnos de alejar esto antes de que nos
mojemos, ¿de acuerdo?
Trato de controlar mi hipo tomando una respiración, pero parece que no puedo
calmar mi ansiedad. Siento el brazo de Luciana rodear mis hombros mientras suelta
un sollozo, pero ni siquiera la noto. No puedo hacer que mis ojos se enfoquen en otra
cosa que en las lágrimas, haciendo borrosa la visión delante de mí.
La enfermera alarga el brazo y toma el historial médico del Dr. Irons y lo hojea.
Todavía no me he movido. Parece que no puedo. Solo miro a Pedro mientras el Dr.
Irons lo examina, poniendo a prueba su enfoque, sus reflejos, sintiendo la fuerza en su
agarre mientras lo aprieta. Me doy cuenta que le pide repetir la prueba de agarre de la
mano derecha un par de veces y puedo ver el pánico reflejado en el rostro de Pedro.
No puedo mover mis ojos. Trazo cada centímetro de su cuerpo, demasiado temerosa
de perderme algo, cualquier cosa acerca de estos primeros momentos.
—Bueno, todo parece bastante bien —dice el Dr. Irons finalmente después de
que lo examina un poco más—. ¿Cómo te sientes, Pedro?
Observo su garganta trabajar para poder tragar y sus ojos se cierran con una
mueca de dolor antes de abrirlos de nuevo. Doy un paso hacia adelante, queriendo
ayudar a eliminar el dolor. Mira alrededor a todos en la habitación, mientras encuentra
su voz.
—Mi cabeza. Duele —dice con voz ronca—. ¿Mano? —Mira hacia su mano
derecha y luego de regreso, confusión evidente en sus ojos—. ¿Pasó? ¿Cuánto tiempo?


El Dr. Irons se sienta en el borde de la cama a su lado y comienza a explicar sobre
el accidente, la operación y la cantidad de tiempo que ha estado en coma.
—En cuanto a tu mano, podría ser un resultado de alguna persistente
inflamación todavía en tu cerebro. Tendremos que comprobarlo y ver cómo
evoluciona con el tiempo. —Pedro asiente hacia él, concentración grabada en su
rostro—. ¿Puedes decirme lo último que recuerdas?
Tomo una respiración mientras Pedro la suelta. Traga de nuevo y lame sus
labios.
—Recuerdo... golpear cuatro veces. —Su voz sale, sonaba como si tuviera sus
cuerdas vocales dañadas.
—¿Qué más? —pregunta Andy.
Pedro mira a su padre y sutilmente asiente hacia él antes de cerrar fuertemente
los ojos en concentración.
—Son como fragmentos en mi cabeza. Ciertas cosas son claras —dice con voz
ronca antes de tragar y luego abre los ojos para mirar al Dr. Irons—. Otros... son vagos.
Como si pudiera sentirlos allí, pero no puedo recordarlos.
—Eso es normal. A veces…
—Fuegos artificiales al final de marca —dice interrumpiendo al doctor—.
Demasiada ropa al despertar. —Los ojos de Pedro se elevan y encuentran los míos con
las palabras que me permiten saber que se acuerda de mí, de mi memorable
despertador antes de la carrera. Una ligera sonrisa curva la comisura de su boca
luciendo tan fuera de lugar contra el tono pálido, que por lo general es bronce, de su
piel.
Y si no fuera ya el dueño de mi corazón y no hubiera hecho una inconfundible
marca permanente en cada centímetro de él, lo hubiera acabado de hacer.
No puedo evitar la risa que surge y escapa. Que mis pies se muevan y den un
paso adelante hasta el borde de la cama mientras sus palabras se desvanecen y sus ojos
siguen mis movimientos. Mi sonrisa se ensancha, mis lágrimas caen más rápido y mi
corazón se llena de emoción mientras siento alivio por primera vez en días. Extiendo
mi mano y aprieto la suya, apoyada en el colchón.
—Hola. —Suena estúpido, pero es la primera y única palabra que puedo lograr
decir, mi garganta obstruida por la emoción.
—Hola —susurra, esa sonrisa de lado que me encanta apareciendo en su boca.
Solo nos miramos el uno al otro durante un instante, nuestros ojos dicen mucho
pero sin embargo nuestros labios nada. Enlazo mis dedos con los suyos y veo el disparo
de alarma en sus ojos de nuevo cuando trata de responder pero su mano no lo hace.
—Está bien —digo para calmarlo, incapaz de resistir. Levanto mi otra mano y
acuno el lado de su rostro, dándole la bienvenida a la sensación de los fuertes músculos
de su mandíbula debajo de mi palma—. ¡Tienes que darle un poco de tiempo para
sanar!
Las emociones rápidamente se reflejan en el verde de sus ojos cuando intenta
darle sentido todo. Y en este momento el dolor en mi pecho pasa del miedo a lo
desconocido por ver al hombre que amo, luchando con el conocimiento de que su
general virilidad, su receptivo cuerpo, es todo lo contrario.
—Paula tiene razón —dice el Dr. Irons, rompiendo la conexión entre nosotros—
. Necesitas darle un poco de tiempo. ¿Qué más recuerdas, Pedro? Te despertaste con
demasiada ropa y golpeaste cuatro veces —dice rápidamente, con el rostro
enmascarando el desconcierto que debe sentir por no entender el significado detrás de
estas declaraciones—. Entonces, ¿qué?
—No —dice Pedro, haciendo una mueca cuando sacude su cabeza por
instinto—. En primer lugar golpear y después despertar.
Mis ojos se dirigen rápidamente a Beckett porque de todas las personas, él va a
entender que este no es el orden en el que ocurrieron los hechos. El Dr. Irons nota la
mirada sorprendida en mi cara y sacude la cabeza para que me quede callada.
—No es un problema. ¿Qué más recuerdas del día sin importar el orden? —
Pedro le da una mirada extraña y el doctor continúa—. A veces, cuando tu cerebro
ha sufrido una lesión como el suyo lo ha hecho, los recuerdos tienden a alterarse y
cambiar. Para algunos, la secuencia de eventos puede desaparecer pero todavía están
allí. Para otros, hay algunos recuerdos que son completamente claros y otros olvidados.
Tengo algunos pacientes que recuerdan el día de su lesión perfectamente bien, pero
que tienen un desprovisto de tiempo durante otros momentos o acontecimientos que
han sucedido. Cada paciente es único.
—¿Por cuánto tiempo suelen durar estos desprovistos? —pregunta Andy desde
el otro lado de la cama.
—Bueno, a veces por un tiempo, y a veces para siempre... pero lo bueno es que
Pedro aparenta tener recuerdos del día del accidente. Así que parecería que una
pequeña parte del tiempo se ha perdido para él. Mientras pasen los días, se dará cuenta
de que no recuerda otras cosas... porque realmente, hasta que se acuerde de algo, ni
siquiera sabrá lo que olvidó. —El Dr. Irons mira alrededor de la habitación a todos
nosotros y se encoge de hombros—. En este momento hay posibilidad de recuperar
todo, Pedro, pero aconsejaría que seas cauteloso, debido a que el cerebro es una cosa
complicada a veces. De hecho…
—El himno nacional —dice Pedro, alivio llenando su voz al recuperar un
recuerdo más de la oscuridad interior. Le sonrío alentándolo mientras se aclara la
garganta—. Yo... no puedo...
Frustración emana fuera de él en olas, mientras trata de recordar.
—¿Qué pasó? —Deja escapar un suspiro y mira a su alrededor a todos en la
habitación antes de pasar su mano izquierda sobre su rostro—. Tú estabas allí. ¿Qué
más pasó?

—No lo fuerces, cariño. —Es Dorothea hablando—. ¿Cierto, Dr. Irons?
Todos miramos al Dr. Irons, quien asiente en acuerdo, pero cuando miramos a
Pedro otra vez, se ha dormido.
Tomamos una colectiva respiración profunda. Temiendo que vuelva a caer en
un estado de coma. Nuestras mentes corriendo a toda marcha. El Dr. Irons pone freno
a nuestro pánico cuando dice:
—Esto es normal. Va a estar agotado las primeras veces que despierte.
Hombros se relajan, suspiros se dejan escapar y el alivio se renueva, pero nuestra
preocupación no disminuye por completo.
—Sabemos que parece estar… que su cerebro parece estar funcionando bien
hasta el momento —dice Luciana mientras se acerca a la cama—. ¿Qué podemos
esperar ahora?
El Dr. Irons observa a Pedro durante un segundo antes de continuar,
encontrando todos nuestros ojos.
—Bueno, cada persona es diferente, pero puedo decir que cuanto más tiempo
tarde Pedro para recordar, más frustrado puede llegar a estar. A veces los pacientes
tienden a cambiar, a veces tienen un mal genio o son más tolerantes y a veces no es así
en absoluto. En este punto, sigue siendo un proceso ver cómo todo esto le ha afectado
a largo plazo.
—¿Podemos aquellos que estuvimos allí, llenar los espacios en blanco que no
puede recordar? —pregunta Becks.
—Por supuesto que sí —dice—. Pero no puede garantizar cómo va a responder
a ellos.

***

Retomo mi lugar en el lado de la cama mientras Dorothea se acerca para darme
un beso de despedida en la mejilla antes de inclinarse para presionar los labios contra
la frente de Pedro.
—Simplemente vamos a ir al hotel a descansar un poco. Estaremos de vuelta en
la mañana. No te atrevas a darte por vencido. —Da un paso atrás y se lo queda mirando
por un instante más antes de sonreírme suavemente e irse para reunirse con Andy y
Luciana en el pasillo.
Suspiro audiblemente mientras Beckett recoge la basura que queda de la cena
que habíamos tenido a altas horas de la noche mientras esperábamos con impaciencia
a que Pedro se despierte. Le echo un vistazo sobre mi libro al que realmente no estoy
prestando atención y veo los precisos movimientos de Becks. Puedo ver que el
accidente de la semana pasada ha estado sobre él por las marcas debajo de sus ojos y la
piel del cuello de su normalmente rostro bien afeitado. Parece perdido.

—¿Cómo estás? —Hago la pregunta en voz baja, pero sé que puede escucharme
porque su cuerpo se detiene por un momento antes de poner el último pedazo en el
bote de basura y dejarlo.
Se gira e inclina su cadera contra un mostrador detrás de él y se encoge de
hombros mientras nuestros ojos se encuentran.
—Ya sabes —dice en un lento, resonante tono que he llegado a amar—. En los
dieciséis años que nos conocemos, este es el tiempo más largo que hemos tenido sin
hablar. —Se encoge de hombros otra vez y mira por la ventana por un momento a las
camionetas de reporteros en el estacionamiento—. Puede ser un exigente sabelotodo,
pero lo extraño. Llámame marica, pero como que me gusta un poco el chico.
No puedo evitar la sonrisa que se extiende por mis labios.
—A mí también —murmuro—. A mí también.
Becks se acerca y besa la parte superior de mi cabeza.
—Voy a regresar al hotel. Tengo que darme una ducha, hablar con mi hermano
y entonces vuelvo, ¿de acuerdo?
Una adoración creciente por Becks me invade, el mejor amigo de verdad de toda
la vida.
—¿Por qué no te quedas allí y tienes una buena noche de sueño? En una cama
de verdad en lugar de las sillas de mierda en la sala de espera.
Se ríe burlonamente y niega hacia mí.
—Mira quién habla, ¿eh?
—Lo sé, pero es que no puedo... y además, he estado durmiendo en estas sillas
de mierda aquí dentro. —Dando una palmadita al lugar en la que estoy sentada—. Al
menos este tiene más relleno que los que hay allí. —Inclino mi cabeza y lo miro
reflexionando sobre ello—. Te prometo llamar en caso de que se despierte.
Deja escapar una respiración audible y me da una renuente mirada.
—Está bien... pero, ¿vas a llamar?
—Por supuesto.
Observo a Becks irse y le doy la bienvenida al singular silencio de la habitación
del hospital. Me siento y miro a Pedro, sintiéndome verdaderamente bendecida del
hecho que está aquí y delante de mí entero, que no me ha olvidado, cuando podría
estar mucho peor. Envío una oración silenciosa con el tiempo, sabiendo que tengo que
empezar a cumplir las promesas que hice para traer a Pedro devuelta a mí.
Le mando un par de mensajes a Lina, para comprobar a los chicos y ver cómo
le fue a Ricky en su examen de matemáticas, antes de enviarle un mensaje a Becks de
buenas noches y diciéndole que Pedro todavía no despierta.

Las primeras horas de la mañana se aproximan y no puedo aguantar más. Me
quito mis zapatos, saco la pinza de mi cabello y me sitúo en el único lugar en el mundo
en el que quiero estar.

Al lado de Pedro.


3 comentarios:

  1. Al fin despertó Pedro. Y qué bueno que recuerda a Pau.

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  2. Al fin despertó..espero que este todo bien después de esto.gracias x subir cuatro caps....mimiroxb

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  3. que bueno que pepe despertó!!!

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