domingo, 28 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 103

spiderman. Batman. Superman. Ironman. Spiderman.
Batman… —repite Zander una y otra vez mientras se sienta
hecho una bola detrás de mí en el patio trasero. Es la única cosa
que puedo oír sobre el bullicio en mi cabeza ahora mismo por la fuerza del golpe. Las
manos de Zander están sobre sus orejas y se balancea de atrás hacia delante mientras
repite las palabras, aislándose. Dentro del mundo que él quiere existir, donde no hay
hombres malos blandiendo armas o padres sosteniendo cuchillos hiriendo a sus
esposas.
El problema es que en el mundo de Zander, son idénticos.
Me doy cuenta de todo esto en la fracción de segundo después que soy golpeada
con un puño en la cara, mi cuerpo lanzado y colisionado por el impacto de ver a mi
dulce niño retraído. El tiempo se detiene luego comienza a avanzar en cámara lenta.
El dolor en mi mejilla y ojo no hace nada para disminuir el miedo en mi corazón
mientras levanto la vista para encontrarme los ojos del hombre que ha sido una
presencia constante en mi vida durante las últimas semanas. Su sombrero y gafas
oscuras han sido quitados y lo descubro.
Conozco a este hombre.
Lo he visto antes.
Es el hombre que me dio el susto en el estacionamiento de Target. Es el hombre
del sedán azul oscuro estacionado fuera de la Casa y mi casa, siguiéndome. Sin el
sombrero y las gafas de sol puedo ver a Zander en él. Sé por qué parecía tan familiar
en el estacionamiento ese día. Tiene el mismo color de ojos, los mismos rasgos; su
cabello es más largo y un poco más oscuro, pero el parecido es inconfundible.
Mis ojos se fijan en el metal opaco negro de la pistola que tiene apuntándome y
luego en sus ojos, piscinas oscuras de ausencia de luz sin emociones, que están mirando
rápidamente de ida y vuelta de mí a Zander y su repetición incesante de superhéroes
como ruido de fondo.
—¿Qué le hiciste? —me grita moviendo la pistola hacia Zander y luego de nuevo
hacia mí—. ¿Por qué está haciendo eso? ¡Respóndeme!
Mantén la calma,Paula. Mantén la calma, Paula.
—Está asustado. —Tú le hiciste esto, quiero gritarle. Tú hiciste esto, tú inservible
pedazo de asesino bueno para nada, pero lo único que hago es repetírmelo, tratando
de ocultar mi miedo y contenerme de tartamudear. Trato de concentrarme en los
latidos de mi corazón, contando las pulsaciones punzando en mis oídos para
mantenerme calmada. Puedo sentir el recorrido del sudor entre mis omóplatos y
pechos. Puedo oler el miedo y mi estómago se revuelve, sabiendo que es mío lo que
huelo, mezclado con el suyo.
Y me aferro a ese pensamiento.
Que está asustado también.
Piensa, Pau. Piensa. Tengo que mantenerlo calmado pero también proteger a
Zander y no tengo la menor idea cómo hacer eso. El temor desenfrenado que siento
está dispersando mis pensamientos, robándome la coherencia. Qué demonios debo
hacer, porque sé que ha asesinado antes. Asesino a la madre de su hijo, su mujer nada
menos.
¿Cómo voy a detenerlo de asesinarme?
No tiene nada que perder.
Y eso más que nada me asusta como la mierda.
Trago con fuerza, mis ojos registran todo el patio trasero. Veo su cámara y el
falso pase de prensa en el suelo junto a la entrada. Veo mi teléfono celular al borde de
la hierba, donde lo deje caer cuando él me golpeó y pienso inmediatamente en Pedro.
Al instante me aferro a la esperanza de que me oyó, sabe que estamos en
problemas, va a pedir ayuda, porque si no lo hizo no tengo ninguna posibilidad a
proteger a Zander contra este enfermo mental. De protegerme.
Mis lágrimas pican y la inflamación en el ojo en donde él me golpeo sin previo
aviso, duele como una perra. Mis manos están temblando y mi respiración se atasca
por el miedo, mientras el aumento del volumen de la repetición de las palabras de
Zander está añadiendo un mayor nivel de estrés a toda la situación.
Es el único sonido que puedo oír en la mañana silenciosa, la repetición de las
palabras de un niño sabiendo que él no tiene ninguna esperanza. Y con cada momento
que pasa, las palabras susurradas se hacen más fuertes y más fuertes como si estuviera
tratando de ahogar el sonido de la voz de su padre.
—¿Qu… qué es lo que quieres? —pregunto finalmente sobre la voz de Zander,
percibiendo que su contacto con la realidad se ha ido. Y no sé cómo racionalizar con
una persona loca.
Camina hacia mí, sus ojos recorren la longitud de mi cuerpo y aunque incluso
mis nervios están ya en alerta máxima, la mirada de sus ojos sin vida cuando los
arrastras de regreso hacia arriba provoca que se activen otras nuevas. Campanas de
advertencia se disparan y mi estómago se contrae violentamente, a tal punto que tengo
que luchar contra las náuseas que amenazan.
Extiende la mano con la pistola y me quedo inmóvil mientras pasa la punta hacia
arriba y abajo por el lado de mi mejilla. El frío del acero, la sensación del metal en mi
piel y lo que representa, hace que la sangre en mis venas se convierta en hielo.
—Eres una pequeña cosa bonita verdad, Paula. —La forma en que dice mi
nombre, como si estuviera saboreándolo con su lengua, me provoca nauseas. En un
instante tiene mis mejillas apretadas fuertemente en sus manos, su cara a centímetros
de la mía. Lágrimas comienzan a correr por mi rostro. Quiero ser fuerte. Quiero decirle
púdrete y muere. Quiero gritar a Zander que corra y consiga ayuda. Quiero pedirle a
Dios, cualquier persona, ayuda. Quiero decirle a Pedro que lo amo. Pero no puedo
porque nada de eso es posible en estos momentos. Mis rodillas están temblando, mis
dientes están tratando de castañear dentro de su agarre. Todo lo que soy, mi futuro,
mis posibilidades, mi próxima respiración, dependen de este hombre.
Se acerca más, por lo que puedo sentir su aliento contra mis labios mientras sus
dedos se clavan más profundos en los lados de mis mejillas y no puedo evitar el grito
de miedo que sale de mis labios.
—La pregunta es, Paula... ¿exactamente hasta dónde irías para proteger a uno de
tus chicos?
—Vete a la mierda. —Las palabras incomprensibles están fuera de mi boca antes
de que pueda detenerlas, la cólera quitando el filtro entre mi cabeza y boca. Y antes
de que pueda parpadear, su puño golpea con gran fuerza contra mi abdomen,
haciéndome retroceder. Aterrizo con un golpe seco contra la parte del patio de
concreto, mis hombros y mi cabeza golpeando la valla de madera detrás de mí.
El terror invadiendo mi cuerpo eclipsa el dolor del golpe. He aterrizado cerca de
Zander así que me apresuro lo más rápido que puedo a su lado y lo acerco a mí,
tratando de protegerlo de cualquier manera que pueda. Sé que está detrás de mí, puede
sentir la fuerte presencia de la pistola que sé que está apuntándome, pero calmo a
Zander.
—Está bien. No va a hacerte daño. No voy a permitir que te haga daño —le digo
en una voz suave pero Zander no deja de balancearse, no deja de repetir las palabras y
estoy tan aterrorizada en este momento que comienzo a repetir los superhéroes con él
mientras nos sentamos en un patio trasero forjado de esperanza y que temo pronto que
será arruinado por la violencia.
—He venido a llevarme a mi hijo. —Si pensaba que su voz era fría antes, su tono
ahora coincide con el acero de su arma.
—No —le digo, el titubeo en mi voz traiciona la confianza que quiero transmitir.
—¿Con quién demonios crees que estás tratando? —dice furioso apuntando la
pistola en mi espalda, su cañón clavándose profundamente entre mis omóplatos—. Es
hora de que te alejes de mi hijo.
Cierro fuertemente mis manos en puños para hacerlas dejar de temblar así
Zander no sabe lo asustada que estoy. No quiero que su padre se dé cuenta tampoco.
Trago con fuerza mientras los sollozos de Zander comienzan a estremecer su cuerpo,
y si no supiera ya, lo sé ahora con tanta claridad, con un sudor frío surgiendo de mi
piel y el miedo en mi corazón, que no puedo dejar que su padre se lo lleve. Que lo
protegeré con todo lo que poseo, porque nadie más pudo hacerlo antes.
El cañón en mi espalda se clava más profundo y contengo un grito de dolor
mientras las lágrimas libremente fluyen por mis mejillas. Empiezo a morder mi labio
inferior entre mis dientes, ya que en un momento voy a estar de pie. Y cuando de la
vuelta tengo que demostrarle que no tengo miedo de él. Tengo que hacer la actuación
de mi vida para salvar a este niño.
—¡Ahora! —me grita, mi cuerpo se sobresalta ya que su voz atraviesa la
repetición constante de las palabra de Zander.
Apoyo mi boca sobre el oído de Zander y trato de tranquilizarlo mientras se
balancea, esperando que mis palabras lleguen a él, atravesando el mundo al que lo ha
transportado su mente, para poder resguardarse del miedo y los recuerdos de su padre.
—Zander, escúchame —le digo—. No voy a dejar que te lleve. Te lo prometo.
Los superhéroes están viniendo. Están viniendo, ¿de acuerdo? Voy a pararme ahora,
pero cuando digo Batman quiero que corras lo más rápido que puedas dentro de la
casa, ¿de acuerdo? Batman.
Apenas termino mis palabras siento el arma dejar mis omóplatos, pero siento su
bota conectar con mi lado izquierdo. Hago un sonido de dolor mientras asimilo el
impacto, tensando mis brazos alrededor de Zander ya que nos empuja con fuerza a la
cerca contra la que estamos arrinconados.
—Levántate de una puta vez, Paula.
—Batman, ¿de acuerdo? —digo de nuevo, apretando mis dientes mientras tomo
un respiración a través del dolor y me fuerzo a ponerme de pie con las piernas
temblorosas. Tomo una respiración profunda y me vuelvo para enfrentarlo.
—¡Eres un hueso duro de roer! —Se burla de mí—. Me gusta mi mujer dura.
Me trago la bilis emergiendo en mi garganta y fuerzo serenidad en mi tono que
espero poder mantener.
—No voy a dejar que te lo lleves.
Se ríe a carcajadas, levanta su cara hacia el cielo, antes de volver a mirarme y me
pregunto si acabo perder mi única oportunidad de decirle Zander que se vaya. Que
corra. Mi corazón se retuerce ante la idea.
—Ahora, realmente no creo que estés en la posición para estar diciendo qué es
exactamente lo que puedo y no puedo estar haciendo. ¿Cierto?
Mi cabeza va a toda velocidad por cosas que decir. Maneras de calmar los nervios
que puedo ver están empezando a sobrepasarlo con cada segundo que pasa. Pero de
igual modo, necesito este tiempo. Cuanto más tiempo tengo, más probable la ayuda
podría venir.
—Hay un jardín delantero lleno de prensa. ¿Cómo vas a salir con él?
Se ríe de nuevo y sé que el sonido me perseguirá en mis sueños por el resto de
mi vida.
—Ahí es donde te equivocas. Todos se fueron con tu importante novio y lo
siguieron. —Da un paso más cerca y pone la pistola en mi cara—. Es solo tú y yo, y Zman
por allí. Entonces, qué tienes que decir a eso, ¿eh?

Juro que toda mi sangre en mi cuerpo se drena porque tengo que esforzarme por
permanecer centrada estando de pie mientras el vértigo me asalta. Después de un
momento, consigo no perder el equilibrio, ver a través de la negrura nublando mi
visión y tratar de averiguar qué hacer a continuación.
El único pensamiento que se me ocurre es de distraerlo de alguna manera,
abalanzarme hacia el arma y gritar a Zander que corra.
Pero, ¿cómo?
¿Cuándo?
Estamos de pie por lo que parece una eternidad, un enfrentamiento silencioso
donde es más que evidente que tiene todo el poder en esta intimidación. Mientras el
tiempo se prolonga veo sus manos empezar a temblar, sus músculos faciales contraerse
y el sudor cubrirlo, al mismo tiempo que el sonido de las crecientes repetición de
Zander continúan añadiendo más presión a la inestable situación.
—Ciérrale la puta boca —me grita mientras sus ojos recorren todo el patio como
un animal atrapado inseguro de su próximo movimiento.
Me sobresalto cuando oigo un ruido detrás del papá de Zander. Mi corazón late
rápidamente en mi pecho mientras el perro del vecino de al lado ladra de forma
agresiva a través de la valla.
El padre de Zander se gira hacia el sonido, el arma moviéndose con él. Actúo por
instinto, sin permitirme pensar en las consecuencias.
—¡BATMAN! —grito al mismo tiempo que abalanzo hacia padre de Zander.
Colisiono contra él, el duro impacto de mi cuerpo atlético contra el suyo, quita todos
los pensamientos de mi cabeza, a excepción de uno, espero que Zander me oyera. Que
me entendió y que está corriendo para salvarse porque acabo de sellar mi destino si no
tengo éxito.
El sonido es ensordecedor.
El gatillo del arma es detonado.
Su cuerpo se mueve hacia atrás por él impacto.
Mi grito, un sonido primitivo que escucho, pero ni siquiera lo reconozco como
mío. Luego se detiene. Me quedo sin aire ya que caemos con fuerza al suelo. Estoy
momentáneamente aturdida, mi cuerpo, mi mente, mi corazón, mientras aterrizo
encima de él, antes de tratar de luchar por escapar. Tengo que conseguir el arma, tengo
que asegurarme que Zander se ha ido. Me quito de encima del repugnante hombre
debajo de mí, todavía luchando. Mi único pensamiento es consigue el arma, consigue
el arma, consigue el arma, mis manos se deslizan en la superficie debajo de mí. Me
alejo cuando el pánico y el dolor me invaden. Aterrizo con un golpe seco en mi culo,
la fuerza sacude todo el camino hasta mi columna vertebral y quita la conmoción de
mi mente.
Pierdo mi enfoque en el hombre, mientras miro la sangre en mis temblorosas
manos. Encuentro la sangre cubriendo mi camiseta con la mascota del equipo de Ricky
impreso en el frente. Mi mente trata de comprender, frenéticamente busca la acción
que debería estar tomando porque la vista, demasiada sangre, me está haciendo
marear.
Estoy confundida.
Tengo miedo.
Mareada.
Mi mundo se vuelve negro

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