domingo, 28 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 104

                

                                                    

Por favor, nena, por favor, despierta.
¿Pedro? Mi cabeza está confusa mientras oigo su voz y
percibo su olor cerca. Trato de averiguar qué es exactamente
lo que está pasando. Mis párpados se sienten tan pesados, pero no puedo abrirlos
todavía.
—Señor, tiene que dejarme examinar…
—No me voy a ningún jodido lugar.
Es tan cálido y acogedor aquí en la oscuridad, tan seguro, pero por qué está
Pedro… Entonces repentinamente recuerdo todo. Empiezo a luchar para sentarme.
—¡Zander! —Su nombre es casi un graznido mientras lucho contra brazos,
manos, sin saber quién más me está sujetando.
—¡Shh, shh, shh! Está bien, Pau. Está bien.
Pedro.
Todo mi cuerpo se relaja momentáneamente. Pedro está aquí. Mis ojos se abren,
lágrimas ya derramándose de ellos y la primera cosa que veo es él. Mi Ace. Una
brillante luz en toda esta oscuridad. Sus ojos se encuentran con los míos, las líneas
alrededor con un matiz de preocupación y una sonrisa forzada en esos devastadores
labios suyos.
—Estás bien, nena.
Parpadeo rápidamente mientras todo lo demás se vuelve más claro, la intensa
actividad a nuestro alrededor en el patio trasero, policías, médicos.
—Zander. Arma. Padre. —Mi mente está confundida y no puedo poner los
pensamientos en palabras lo suficientemente rápido, mis ojos se mueven de ida y
vuelta, centrándose en un grupo de hombres encorvados sobre algo al lado mío.
Sigo repitiendo las palabras hasta que Pedro se inclina y me da un beso. Saboreo
sal en sus labios y mi mente intenta comprender por qué ha estado llorando. Cuando
se aleja, su sonrisa es un poco menos inestable.
—Esa es mi chica —dice en voz baja, sus manos recorren mi cabello, mis mejillas,
mi cara—. Estás bien, Pau. Zander está bien, Pau. —Apoya su frente contra la mía.
—Pero había sangre…
—No tuya —dice, sus labios curvándose en una sonrisa de alivio contra los
míos—. No tuya —dice otra vez—. Fuiste absolutamente imprudente y estoy tan
enfadado contigo por ello, pero fuiste por el arma y la policía tomó su oportunidad. Su
sangre, nena. Era su sangre. Está muerto.
Tomo una respiración. Un respiro que no me di cuenta que no había liberado
todavía sale rápidamente de mis pulmones. Y las lágrimas vienen ahora, fuertes,
irregulares, cuerpo tembloroso sollozos que liberan todo. Él me ayuda a sentarme y
acerca mi cuerpo al suyo por lo que estoy sentada hacia un lado sobre su regazo, sus
brazos me sostienen tan fuerte, sujetándome, asegurándome seguridad. Él entierra su
nariz en el lado de mi cuello mientras nos aferramos el uno al otro.
—Zander está a salvo. Está adentro. Jax está manteniendo a los chicos lejos para
que no lo sepan, no vean qué ha sucedido. Él llamó a Avery para que venga a estar con
Zander. Su terapeuta está en camino para venir a ayudarlo si lo necesita —me dice,
conociendo todas las preocupaciones que tendría y mitigándolas con cada palabra que
dice—. ¿Estás… dónde te duele?
—Señor, ¿podemos por favor…?
—¡Todavía no! —dice bruscamente a la voz a mi espalda—. Simplemente todavía
no —dice en voz tan baja que apenas puedo escucharlo antes de que me atraiga tan
cerca, respirándome. Estoy completamente alerta ahora, puedo ver la actividad en
torno al cuerpo del padre de Zander. Creo que entiendo el riesgo que tomé hasta que
siento el cuerpo de Pedro temblar debajo de mí estremeciéndose mientras reprime
los silenciosos sollozos sacudiendo su cuerpo.
Estoy perdida. No sé qué hacer por este hombre fuerte en silencio perdiendo el
control. Empiezo a moverme para poder apartarme y recuperarme y él solo me aprieta
mucho más fuerte.
—Por favor —suplica con voz ronca—. No quiero malditamente dejarte ir
todavía. Solo un minuto más.
Así que se lo permito.
Le permito sostenerme en este patio trasero, en una parcela de césped donde la
violencia intentó robar a Zander la esperanza por última vez.

***

Pedro cierra la puerta del coche por mí y entra de su lado del Range Rover antes
de ponerlo en marcha. Se abre camino por la policía obstruyendo el paso y más allá de
los flashes de los medios aguardando que dejemos la Casa. Tres horas muy largas han
pasado. Tres horas de preguntas y volviendo a contar todo lo que pude recordar sobre
el enfrentamiento del patio trasero. Sobre decirle a Zander que corra al escuchar
“Batman”. Las miradas constantes de Pedro sentado en un rincón mientras me negaba
a asistencia médica o un chequeo en el hospital. Su ira crecía mientras reproduje los
comentarios del padre de Zander y ataques físicos. Firmando declaraciones y tomando
fotografías de los moretones en mi cuerpo como evidencia. Contesté llamadas
telefónicas de Lina y mis padres para asegurarles que estaba bien, que iba a llamarlos
más tarde para explicar más.

Tres horas de sentirme incapaz de consolar a mis chicos, queriendo decirles que
estaba bien. La terapeuta pensó que lo mejor era que no me vieran con mi ojo morado
y la mejilla inflamada, porque podría sacar a relucir sus propias historias. Tanto como
duele no verlos, demostrarles que estoy bien, besé a Zander y me aferré a él tanto el
tiempo como pude mientras seguía elogiándolo porque esta vez no se ocultó detrás de
un sofá. Esta vez ayudó a salvar a alguien. Sé que no soy su madre, pero el aliviar la
culpa y mitigar la sensación de impotencia en su traumatizada mente fue un gran paso.
Nos metemos en la autopista y además de la voz de Rob Thomas irónicamente
cantando Unwell a través de los altavoces, el coche está en silencio. Pedro no dice
una palabra a pesar de sus manos agarrando el volante tan fuerte que sus nudillos están
blancos. Puedo sentir su ira, puede sentirla emanando de él y la única razón que puedo
pensar que está enojado es porque me he puesto en peligro.
Inclino la cabeza hacia atrás en el asiento y cierro mis ojos, pero tengo que
abrirlos de inmediato, porque todo lo que veo son sus ojos, todo lo que siento es el frío
acero presionado contra mi mejilla, todo lo que escucho es a Zander repitiendo una y
otra vez.
Quiero aliviar la tensión entre nosotros, porque en este momento simplemente
de verdad lo necesito. No lo necesito en modo Pedro-estoy-extremadamentecabreado.
Necesito sus brazos envueltos mí alrededor, el calor de su aliento en mi
cuello, la seguridad que siempre siento cuando estoy con él.
—Hizo lo que le dijiste que haga. —Mi voz es tan baja que no estoy segura de
que me escuche decirle la única cosa que no le dije a los oficiales de policía. Lo único
que sentía atentar contra una parte de la confianza que tenía Pedro infundida en mí.
Después de unos minutos, lo escucho liberar un suspiro y verlo dar un vistazo hacia
mí. Así que continúo—. Cuando salí, Zander se había acurrucado en una bola y lo
único que podía oír todo el tiempo que estábamos ahí fuera era a él llamando a sus
superhéroes.
Doy un grito cuando Pedro se desvía abruptamente a través de dos carriles,
bocinas de coches resuena y de repente aparca el coche al lado de la autopista. Ni
siquiera tengo la oportunidad de recuperar el aliento o de desbloquear el cinturón de
seguridad antes de que esté fuera del coche caminando enojado hacia el carril que
bordea la carretera al lado del coche. Muevo rápidamente mis ojos de un lado a otro
tratando de averiguar qué demonios está pasando. ¿Hay algo mal con el coche? Lo
observo mientras pasa mi puerta y camina hasta el final del Rover y enfoca su atención
al frente. Sigue caminando tres metros y de espaldas hacia mí lo escucho gritar tanto
como puede con una rabia salvaje que nunca he oído de él antes.
Si hubiera pensado en salir del coche, sé con seguridad que no lo estaría ahora.
Puedo ver la tensión en sus hombros mientras suben y bajan con sus respiraciones
pesadas. Sus manos están en puños como si estuviera listo para pelear, él contra el
mundo.
Lo observo, no puedo apartar mis ojos de él, mientras trato de entender lo que
está pasando dentro de su cabeza. Después de un tiempo, se da la vuelta y camina hacia
mi puerta del coche y la abre rápidamente. Me giro instintivamente hacia él mientras
miro sus dientes apretados, la tensión en su cuello y luego miro fijamente sus ojos. Nos
miramos fijamente el uno al otro y estoy tratando de interpretar lo que sus ojos están
diciendo, pero es tan contradictorio con su postura que tengo que estar equivocada.
Veo el musculo de su mandíbula palpitar mientras su mano se extiende hacia mi
mejilla y luego retrocede. Inclino mi cabeza en interrogatorio, mi labio inferior
temblando porque simplemente estoy saturada por todo lo de hoy. Noto que sus ojos
se fijan en mi boca, capturando mi vulnerabilidad y en un instante me empuja contra
su pecho, un brazo extendiéndose por mi espalda, una mano sosteniendo la parte de
atrás de mi cabeza mientras me aferra a él en un abrazo lleno de desesperación
absoluta.
Mis lágrimas caen sobre su camisa mientras nos aferramos el uno al otro.
—Nunca me he sentido tan impotente en toda mi vida —dice, su voz ahogada
con emoción mientras me aprieta con más fuerza—. Estoy tan enojado en este
momento y no sé cómo manejarlo. —Puedo oír la hostilidad de su rabia hirviendo a
flor de piel.
—Se acabó ahora, Pedro. Estamos bien…
—¡Él tenía sus malditas manos de encima de ti! —grita mientras se aleja de mí,
y camina unos pocos metros antes de voltearse y pasar sus manos por el cabello. Solo
me mira fijamente, con los ojos suplicando perdón, no tiene que pedirlo porque no ha
hecho nada malo—. Tenía sus manos de encima de ti ¡y no estaba allí! ¡No te protegí
y ese es mi maldito trabajo, Paula! ¡Protegerte! ¡Cuidar de ti! ¡Y no pude!
¡Malditamente no pude! —Baja la mirada a la grava en el lado de la carretera y la
angustia en su voz me mata, me rompe en pedazos, porque no había nada que pudiera
haber hecho, pero sé que decirle eso es inútil.
Cuando levanta la mirada de nuevo veo las lágrimas brillar en sus ojos cuando
me mira fijamente.
—Luché contra el oficial obstruyendo el paso. Me pusieron en la parte trasera
de un coche para calmarme porque iba a entrar en la casa con o sin ellos. Te escuché
en el teléfono, Paula, escuché tu voz y solo seguía repitiéndose una y otra vez en mi
cabeza y no podía llegar a ti. —Sacude su cabeza mientras una sola desgarradora
lágrima cae por su rostro—. No podía llegar a ti. —Su voz se quiebra y me muevo para
salir del coche, y él solo levanta su mano para que me detenga, para dejarlo terminar.
—El arma se disparó —dice y puedo verlo luchar para contener las emociones
sobrepasándolo—. Y pensé... pensé que eras tú. Y esos pocos momentos esperando y
luego ver a Zander corriendo fuera de la parte delantera de la casa gritando y
esperando para verte y no venías… jodido Cristo, Pau, lo perdí. Malditamente lo perdí.
—Da un paso más cerca de mí, quitando una lágrima con el dorso de su mano. Trago
con fuerza sobre la emoción creciendo en mi garganta.
—Me aseguré de que Zander estaba bien antes de entrar rápidamente en la casa.
Tenía que llegar a ti, verte, tocarte… y entré en la sala de estar y ambos estaban en sus
espaldas sobre la hierba. Ambos tenían sangre sobre todo sus pechos. Y ninguno de los
dos se movía. —Da un paso entre la V de mis piernas, haciendo la conexión física que
tan desesperadamente necesito y acuna mi mejilla en su mano.
—Pensé que te había perdido. Estaba tan jodidamente petrificado, Pau. Y luego
llegué a ti y caí de rodillas para sostenerte, para ayudarte, para… No sé qué mierda iba
a hacer contigo, pero tenía que tocarte. Y estabas bien. —Su voz se quiebra de nuevo
mientras se inclina y apoya su frente contra la mía—. Estabas bien —dice de nuevo
antes unir nuestros labios y mantenerlos allí mientras sus hombros se sacuden y las
lágrimas caen por sus mejillas hasta que saboreo la sal de ellos mezclada entre nuestros
labios.
—Estoy aquí, Pedro. Estoy bien —le aseguro mientras presionamos nuestras
frentes juntas, nuestras manos sosteniendo la parte posterior del cuello de cada uno
mientras el mundo exterior pasa rápidamente junto a nosotros a ochenta kilómetros
por hora, pero es solo él y yo.
Sintiendo que somos las únicas dos personas en el mundo.
Aceptando que las emociones que estamos sintiendo solo se hacen más fuertes
con el paso del tiempo.
Lidiando con la noción de que no siempre vamos a poder salvar al otro.
Amándonos mutuamente como nunca creímos posible.

***

Disminuimos la velocidad en Broadbeach Road, nuestras manos entrelazadas
entre nosotros y conducimos entre el frenesí de medios más grande que he visto alguna
vez. Pedro suelta una fuerte respiración. Nuestras emociones han sido puestas bajo
presión y temo cuanto más Pedro puede soportar antes de quebrarse.
Y pido que esta bulliciosa multitud no vaya a ser la gota que colme el vaso
porque, francamente, no puedo soportar más.
Agacho mi cabeza y levanto mi mano para cubrirme la parte hinchada de mi
rostro de los constantes flashes y golpeteos al coche para que los miremos. En pocos
minutos Pedro avanza con el coche lentamente y atraviesa los portones abiertos
mientras Sammy y los otros dos tipos de seguridad de guardia dan un paso al frente
para evitar que la prensa ingrese a la propiedad. Aparcamos y en momentos Pedro
está abriendo mi puerta, la repentina vociferación de los medios ante los portones me
abruma.
Me ayuda a salir del auto y hago un gesto de dolor cuando mi cuerpo comienza
a ponerse rígido de todo lo que ha tenido que pasar. Pedro nota mi gesto y antes de
que pueda oponerme, me ha sostenido en sus brazos y estamos caminando hacia la
puerta principal. Pongo mi cabeza bajo su cuello, siento la vibración en su garganta
mientras dice:
—Sammy. —Y asiente en reconocimiento hacia él.

Y luego se detiene de repente. No estoy segura qué es lo que ha escuchado o qué
lo provoca pero inesperadamente se gira y está caminando hacia los portones en el
frente de la calzada.
—¡Abre los malditos portones, Sammy! —dice bravamente mientras nos
acercamos a ellas e inmediatamente me encojo contra Pedro  mientras confusión e
incertidumbre invaden.
Escucho el sonido metálico mientras los mecanismos empiezan a moverse,
escucho los reporteros volverse aún más frenéticos al ver los portones abrirse y luego
los escucho volverse enloquecidos cuando nos ven de pie allí. Mi corazón late con
fuerza y no tengo idea de qué demonios está haciendo. Estamos parados allí por un
momento, él sosteniéndome, yo enterrando mi cara en su cuello, las incesantes
preguntas resonando una tras otra y los flashes de las cámaras que puedo verlos a través
de mis párpados cerrados.
Pedro inclina su cabeza hacia abajo y coloca su boca cerca de mi oído, y a pesar
de todo este ruido exterior, puedo escucharlo claro como el agua.
—Esto es algo que debería haber hecho cuando esto empezó. Lo siento. —Me da
un casto beso en mi mejilla—. Voy a bajarte ahora, ¿de acuerdo?
Intento averiguar a qué se está refiriendo, pero solo asiento. ¿Qué está haciendo?
Me baja al suelo.
—¿Estás bien? —pregunta mientras mira mis ojos como si fuéramos las únicas
dos personas paradas aquí. Cuando asiento pone esa pequeña sonrisa de suficiencia en
su rostro y antes de que pueda interpretarla sus labios están en los míos en un
arrebatador de almas, corazón desbocado, apretador de muslos juntos beso que no deja
lugar a dudas sobre a quién el corazón y las emociones de Pedro pertenecen. Sus labios
me reclaman, degustándome como un hombre muerto de hambre. Y estoy tan sumida
en él, por él, así como necesitada de él, que no escucho a las personas que nos rodean,
las cámaras tomando fotografías, porque sin tener en cuenta el mundo exterior,
siempre nos alcanza.
Rompe el beso con una exclamación de mi parte y me da esa sonrisa de
suficiencia otra vez.
—Si ellos van a mirar, Pauli. —Y se encoge de hombros sin pedir disculpas
mientras mentalmente termino la frase que me dijo en Las Vegas… bien podríamos
ofrecer un buen espectáculo.
—¿Todos ustedes consiguieron una buena imagen? —grita a la multitud a
nuestro alrededor y lo miro confundida—. Ahora esto es lo que pueden imprimir con
su maldita foto. Paula no es la rompe hogares. Tamara lo es. Al igual que Tamara es
una maldita mentirosa. —Me mira mientras estoy allí con mi boca abierta por su
comentario—. Síp —grita—. La prueba de paternidad es negativa. Así que ¿su historia?
¡No es más realmente una historia!

Toma un minuto para que el significado de sus palabras sea asimilado y solo lo
miro fijamente mientras me mira con la más inmensa sonrisa en su rostro y sacude su
cabeza mientras me jala a sus brazos y me estrecha.
—¿Qu… por qué… cómo? —tartamudeo mientras muchas emociones me
asaltan a gran velocidad, una es la más notable: alivio.
—Chase me va a matar por eso —murmura para sí mismo con una sonrisa de
suficiencia en su cara que no comprendo bien. Antes de que pueda preguntar, Pedro
nos gira y empieza a caminar de nuevo a través de los portones mientras gritan
preguntas sobre lo que pasó hoy en la Casa. Los ignora y espera a que los portones
estén cerrados antes de volverse y mirarme—. Eso es por lo que estaba llamándote
para decirte que… y entonces todo sucedió.
Solo lo miro fijamente. Puedo ver que la gran preocupación que ha estado
llenando sus ojos se ha ido, probablemente se ha ido todo el día, sin embargo he estado
un poco distraída. Asiento, incapaz de hablar mientras toma mi mano y la lleva a sus
labios.
Y me doy cuenta más rápido que nunca.
Podemos hacer esto. Todos los obstáculos entre nosotros han sido apartados de
una manera u otra. Somos solo esta desinteresada chica y este chico sanando y
realmente podemos hacer que esto funcione.
Mira hacia mí mientras lagrimas se derraman de mis ojos y me meto entre sus
brazos y no lo suelto porque estoy exactamente donde quiero estar.
Exactamente donde pertenezco.

Casa.

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