domingo, 14 de septiembre de 2014
TERCERA PARTE: CAP 83
PEDRO.....
Puedo sentir el coche, el motor retumbando en mi pecho que me dice que
estoy vivo, antes incluso de ver la resortera fuera de la parte trasera de la
curva. Me concentro en mis manos. Están temblando, maldito temblor.
No puedo sostener el volante, o mis pensamientos, jodidamente nada en absoluto. El
volante se estremece bajo mis malditos dedos. Los dedos que no agarran lo suficiente
para controlar el maldito caos que colapsa alrededor de mí.
La confianza que poseo en algún lugar, la cual ha sido siempre mi salvación,
jodidamente se ha ido. Como maldito polvo en el viento.
¿Qué diablos está pasando?
El sonido que da el metal, maldita trituración, mezclado con el chirrido de goma
resbalando a través del asfalto, hace eco a mí alrededor. El coche de Jameson golpeando
el mío. Y con el impacto, la sacudida de mi cuerpo, el robo de mis pensamientos, mis
recuerdos se estrellan y chocan igual que nuestros automóviles.
El pensamiento sobre Paula me golpea primero.
El maldito rayo de luz contra mi maldita oscuridad. El sol que brilla a través de
esta bruma enloquecida de humo. La única excepción a mi maldita regla. ¿Cómo puedo
escuchar sus sollozos a través de mis auriculares, y sin embargo, verla doblarse en
estado de shock a distancia? Algo está jodido aquí. Como mala-mierda loca jodida.
¿Pero qué? ¿Cómo?
Y a pesar de que hay tanto humo, todavía puedo ver su rostro claro como el día.
Ojos de color violeta dándome algo que no merezco, puta confianza. Rogando que la
deje entrar, que le permita ayudarme a curar para siempre las partes dañadas de un
pasado que no he dejado atrás, del que nunca he escapado, ni siquiera cuando estrello
la cabeza de mierda contra la pared.
Veo a mi coche elevarse por encima del humo, sobre la refriega maldita de la
confianza rota y la inútil esperanza, y pierdo mi maldito aliento y mi pecho se siente
como que está explotando, detonando como la metralla de recuerdos incrustados tan
profundo en mi mente que no encuentra un lugar tranquilo donde aterrizar. A pesar
de lo que estoy viendo, aun puedo sentirlo, la fuerza de la rotación, la tensión en los
músculos, la necesidad de aferrarme al volante. Mi futuro y el pasado, descendiendo a
mi alrededor como un maldito tornado que rueda fuera de control, luchando por
combatir el miedo y el maldito dolor que sé que viene después.
Del que no puedo escapar jamás.
Escombros dispersos... en la pista y en mi cabeza.
El daño colateral de otra pobre maldita alma con la que tratar. He tenido más de
mi cuota de ello. Me ahogo con la bilis que amenaza, el alma aspirando el miedo que
hiere mi psique, porque incluso en pleno vuelo, cuando debería estar libre de todo,
ella sigue allí. Él todavía está allí. Siempre es un recordatorio constante.
Pepe, cuando no escuchas, te hieren. Ahora vas a ser un buen chico y esperarás
por él. Cuando eres travieso, cosas malas suceden, chico malo.
El crujido de metal, sus masculinos gruñidos.
El olor de la destrucción, su hedor alcohólico.
Mi cuerpo golpeando en la jaula protectora de mí alrededor, sus dedos carnosos
tratando de cogerme, poseerme, reclamarme.
Dime que me quieres. ¡Dilo!
Te quiero. Te quiero. Te quiero. Te quiero.
Doy la bienvenida al impacto del jodido coche porque bloquea esas palabras de
mi boca. Puedo verlo, sentirlo, escucharlo, todo al mismo tiempo como si estuviera en
todas partes y en ninguna jodida parte a la vez. En el coche y fuera de él. El resonante,
crujido inconfundible del metal que me vuelve ligero, momentáneamente libre del
dolor. Sabiendo que una vez que he dicho esas dos palabras solo el daño puede venir.
El puto veneno va a comerme, pieza por pieza, hasta que soy la nada que ya sé
que soy.
El maldito miedo me paralizará, jodidamente consumiéndome, como dinamita
estallando en una cámara vacía.
Mi cuerpo se golpea hacia delante, pero mis arneses de hombro me estrangulan
inmovilizándome, mientras Paula me insta a seguir adelante. Al igual que el puto
recuerdo de él sosteniéndome, implacables brazos atrapándome mientras lucho contra
la negrura que me llena. En contra de las palabras que él me obliga a decir, arruinando
para siempre su maldito significado.
El impacto me golpea con toda su fuerza, el coche contra la barrera, maldito
corazón en el pecho, la esperanza contra los demonios, pero todo lo que veo es a Paula
pasando por encima de la pared. Todo lo que puedo ver es a él viniendo hacia mí,
mientras ella se está alejando.
—¿Paula? —la llamo. Ayúdame. Sálvame. Redímeme. Ella no se gira, no
responde. Toda mi esperanza es una mierda perdida.
... Estoy roto...
Miro al coche, siento su movimiento cercarme, que poco a poco se detiene, el
daño desconocido mientras la oscuridad me consume.
... Y tan torcido...
Mi exhalación final de resistencia, de él, para ella, cuando la lucha me deja.
Spiderman. Batman. Superman. Ironman.
—Lo estamos perdiendo. ¡Está colapsando!
... Me pregunto si hay dolor cuando se muere...
—Pedro, regresa. ¡Lucha maldita sea!
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