PEDRO
a casa está repleta de ruido como una maldita colmena.
Justo como lo gusta a Pau. Aunque maldita sea si sé porque, ya que
ésta está llena con un alto nivel de testosterona, superando su
pequeñísima cantidad de estrógeno.
Echo un vistazo hacia fuera en el patio mientras bajo por las escaleras para ver a
Shane hablando con Connor acerca de cómo le está yendo con su nuevo trabajo, su
brazo alrededor de su esposa y una botella de cerveza en sus labios.
Todos los chicos están aquí para nuestra cena familiar mensual como Pau la llama,
a pesar de que alguno de los chicos, mierda, hombres ahora, están empezando sus
propias familias.
—Hey, Shane —le grito a través de las puertas corredizas abiertas—. Tengo unas
pocas cervezas más aquí si las quieres —bromeo, resopla y pone sus ojos en blanco en
respuesta.
—No gracias. Estoy bien con solo una —dice, alzando la botella hacia mí con un
brindis simulado y con una amplia sonrisa. Me río, con el recuerdo de él verde y con
resaca haciéndome sonreír.
Camino por el pasillo y lo visualizo todo. Aiden en su jersey de béisbol de UCLA
nuevo de la práctica holgazaneando con Zander en sus pantalones cortos y su gorra de
béisbol hacia atrás, una sonrisa relajada en su rostro. Scooter sentado en la cubierta
exterior jugando con las figuritas de Spiderman con el hijo de dos años de Shane.
Mierda.
La vista me hace sentir que soy más viejo que el polvo.
Todo el mundo está aquí excepto Kyle y Ricky. Me siento mal como la mierda
por las chicas de primer año de Stanford con esos dos que están en este momento
dando rienda suelta a sus encantos. O quizás sean sus propios tipos de vudú. Las
mujeres no tienen ninguna oportunidad contra ellos. Corazones van a estar
rompiéndose.
Jodiéndolas y echándolas.
Pensar en esos dos me trae la vieja idea que me golpea como una tonelada de
ladrillos mientras los recuerdos de aquella primera noche se muestran rápidamente de
nuevo. Incluso no lucho contra mi sonrisa mientras pienso en los corazones que solía
romper... joder yo era bueno hasta que cierta zorra de cabello ondulado se estrelló en
mi maldita vida, atrapándome y nunca me dejó ir.
Desafío y curvas, y mi mundo se puso patas arribas cuando abrí ese maldito
armario de almacenamiento.
Y doy gracias a Cristo por ello.
Mi jodida Paula.
Y luego escucho su voz en la cocina y mis pies me dirigen hacia ella sin pensarlo
un segundo. Abro la puerta y cada onza de amor que nunca pensé que podía tener,
nunca creí en esa posibilidad, jodidamente me golpea como lo hace cada maldita vez
que los veo así.
Ollas están hirviendo en la estufa, el microondas está repicando y Goo Goo Dolls
está sonando por encimas de sus cabezas, pero no me di cuenta de nada de esto porque
mis ojos están fijos en la vista ante mí, mi corazón golpeando como un maldito tren de
carga. Ellos están sentados con las piernas cruzadas en el suelo, con las rodillas
tocándose, riéndose incontrolablemente de algún secreto compartido, harina
cubriendo sus cabellos y caras y completa adoración reflejada del uno al otro.
Me paro allí y los miro, mi alma doliendo de la mejor jodida forma posible por
como soy el hijo de puta más afortunado en la faz de la Tierra. He estado en el Infierno
y he vuelto, pero valió la pena cada puto segundo por lo que siento en este momento...
sentimientos que ya no eran tan malditamente desconocidos.
Con los que no puedo imaginar viviendo una vida sin ellos.
Las risas se detienen cuando un par de ojos verdes me miraron desde debajo de
las pestañas oscuras, pecas en su nariz arrugada y espolvoreada con harina y una
sonrisa torcida en sus labios. Solo me mira, juzgando si voy a enojarme por el desastre
en el que obviamente jugó un papel.
Luego unos ojos violetas me miraron, esa suave sonrisa, en aquellos labios que
amo, dirigida directamente a mí. Y yo silenciosamente me maravillo por como esa
simple sonrisa me cautiva cada maldita vez, no importa cuántos años han pasado. Esto
me tiene deseando tirarla dentro de mis brazos, compartir mis secretos y follarla hasta
dejarla sin sentido a la vez.
Sus poderes de vudú aún surtían jodido efecto.
Y joder si la querría de cualquier forma.
Lucho con la sonrisa apareciendo en mis labios porque soy el más grande y jodido
blandengue cuando se trata de él, un hecho que yo con frecuencia niego y trato de
hacerme el duro.
—¿Que está sucediendo aquí? —pregunto, entrando en la habitación mientras
Paula se sacude sus manos y una columna de harina vuela en el aire como una nube
de polvo a su alrededor, haciéndolos estallar en otro ataque de risa.
Camino hacia ellos, harina recubriendo las plantas de mis pies descalzos y me
pongo de cuclillas delante de ellos. Mis ojos se mueven hacia atrás y adelante sobre
ellos antes de estirar el brazo y poner una manchita de harina en su nariz con mi dedo.
—Parece que ustedes chicos han hecho bastante lio —digo, tratando de imponer
algo de disciplina pero fallo miserablemente.
—Bien gracias, ¡Capitán Obvio! —se ríe de mí, el sarcasmo en su máximo
esplendor.
—¡Ace Alfonso! —Pau reprende a nuestro hijo, excepto que sus palabras ya han
golpeado en mi trasero.
Lo miro fijamente, busco en su rostro una y otra vez, estudiándolo como un
maldito mapa de carretera para ver si él tiene cualquier pista, cualquier maldita idea
de lo acaba de decirme, pero no había vuelta atrás para mí excepto por los ojos verdes
traviesos y una sonrisa rompe-corazones. Mi viva imagen.
—¿Hey?
Ese chirrido de una voz de telefonista de sexo me devuelve a los recuerdos de
unos helicópteros de plástico, curitas de superhéroes cubriendo el dedo índice y el
sonido de la golpiza. Pensamientos que realmente no recuerdo pero que aparecen
claros como el puto día de alguna manera. Sacudo mi cabeza e intento eliminar la
confusión antes de que la mire.
—¿Si?
—¿Estás bien? —Extiende su brazo, toca mi mejilla y me mira fijamente.
Y entonces él comienza a reírse, rompiendo los pensamientos que me tienen
atrapado. Señala la harina que ella ahora me ha puesto en mi propia mejilla.
—¿Qué? —gruño con una voz de monstruo, consiguiendo que el niño de casi
seis años chille como una niña pequeña mientras mis dedos lo alcanzan para hacerle
cosquillas.
—¡Eres un monstruo de harina también ahora! —dice entre jadeos mientras
intenta zafarse de mí.
Nuestro festival de cosquillas dura unos pocos segundos más hasta que lo dejo
escapar, lo persigo y luego lo abrazo. Y se retuerce por unos minutos más antes de que
sienta sus brazos deslizarse alrededor de mi cuello y sujetarme con firmeza.
Esos pequeños brazos me apretujan con la fuerza más grande de todas ya que
ellos sostienen todo lo que soy en sus jodidas manos. Me tomo un momento y huelo al
niño pequeño, harina, y un poco del olor a vainilla de Pau todo mezclado en uno y
cierro mis ojos.
Supongo que esto estaba en las cartas después de todo.
Jodiéndome la carrera.
Me salvó.
Entonces. Y ahora.
Justo como su madre lo hizo.
Siento sus manos en mi espalda, siento sus labios presionar contra mi hombro, y
abro mis ojos para mirarla, todo mi maldito alfabeto, y sonrío.
—Creo que nuestro monstruo de harina de aquí necesita tomar una ducha rápida
antes de la cena —dice ella.
—Nah —Levanto la mano para despeinar su cabello, harina volando de nuevo—
. Nada que un chapuzón en la piscina no lavaría, cierto, ¿Ace?
Grita un ¡Whoaaa! Y me choca los cinco antes de salir corriendo de la cocina a
toda velocidad. Lo veo correr y saltar en la piscina, Zander gritando cuando las
salpicaduras de agua lo empaparon.
—Ha conseguido envolverte alrededor de su dedo meñique —dice mientras
camina hacia el fregadero para lavarse la harina de sus manos.
—¿Y a ti no? —pregunto con un movimiento de mi cabeza mientras camino
detrás de ella y deslizo mis brazos alrededor de su cintura, jalándola hacia mí y joder
si ese trasero suyo empujándolo contra mi polla, haciéndome doler por tomarla,
arrojarla sobre mi hombro y arrastrarla al piso de arriba justo ahora.
Presiono un beso en aquel espacio por debajo de su cuello e incluso después de
todo este tiempo, su cuerpo responde al instante a mí. Piel de gallina aparece sobre su
piel expuesta, su respiración aumenta y el maldito suspiro que me excita, como si sus
manos estuvieran envueltas alrededor de mi polla, cae de sus labios. Y si su hermoso
cuerpo no me pusiese tan duro como un maldito acero, su reacción lo hace sin una
maldita vacilación.
Por esto y mucho más sé que me ama, con fallos y todo.
¿Cómo diablos conseguí ser tan afortunado?
Sacudo mi cabeza cuando toda la mierda que ha sucedido en mi vida vuelve
rápidamente a través de mi mente. Me río entre dientes, las cosas que más me
marcaron, me refiero a la mayoría, empezó en un maldito armario de almacenamiento
y esa mujer desafiante como la mierda en mis brazos quien me reprendió, agarrándome
de mis bolas y diciéndome que nuestro resultado era no negociable.
Y mierda, todavía tenemos toda una vida por delante para que ella tome todas
las decisiones que quisiera porque mis bolas aún están ubicadas exactamente donde se
suponen que deben que estar, directamente en sus manos.
—¿De qué te estás riendo? —pregunta.
—Solo pensando en la mirada en tu cara cuando descubriste que había ganado
la subasta —le digo, el recuerdo claro como el maldito día—. Estabas tan cabreada.
—¿Qué mujer no lo habría estado cuando te acercaste tan arrogante como lo
hiciste? —resopla con una carcajada y luego suspira suavemente.
Y el suspiro solo hace que mi polla empiece a ponerse dura.
—¿Arrogante? ¿Yo? Nunca —le digo.
—¡Como quieras! Sé que tú amañaste la subasta, Ace.
Y me río. Dios como amo a esta mujer. Diez años más tarde y todavía luchadora
como la mierda.
—Bebé, esta respuesta la conservaré por siempre —le digo, dándole un beso en
la parte posterior de su cabeza.
—Eso no es posible —susurra, mirando hacia arriba para presionar un beso en la
parte inferior de mi mandíbula—. Ya que tú estarás ocupado sujetándome.
Maldita A, claro que lo haré.
La aprieto un poco más fuerte, no queriendo dejarla ir todavía porque, mierda,
¿qué piloto de carreras no quiere aferrarse a su bandera a cuadros un poco más de
tiempo?
Por lo menos sé que las ondea solo para m..
Mi Kriptonita.
Mi alfabeto, desde la A hasta la maldita Z.
Mi jodida Paula.
FIN!♥
GRACIAS POR LEER Y POR SUS HERMOSOS COMENTARIOS! ♥♥♥
Una Luz En La Oscuridad ♥ (NOVELA ADAPTADA)
miércoles, 15 de octubre de 2014
TERCERA PARTE: EPILOGO 1
Diez años después
a vibración del motor retumba en mi pecho antes que se deslizara el carro
en la cuarta curva. Seguía el carro con los ojos pegados a él, mientras
luchaba con los demás en su penúltima vuelta y me pregunto si siempre
va hacer así. Si siempre seré un manojo de nervios cuando el este ahí.
Definitivamente. Sin lugar a dudas.
Le oigo cambiar la marcha al entrar en la curva dos, el único momento que no
puedo verlo desde mi lugar en el palco a lo largo de sus oponentes, así que vuelvo a
mirar la pantalla frente de mí. Escucho al locutor gritar frenéticamente cuando el final
de la carrera se acerca y no lucho contra mi orgullo o mi sonrisa.
—Alfonso vuela atreves de la curva tres. Una más y estará reclamando la
bandera aquí el día de hoy, aficionados a las carreras, así como su iniciativa a tomar
todos los puntos en su actual posición. El trafico queda de lado a un lado mientras
entra a su cuarto de hora y ahora Alfonso está en la recta final sin nadie siquiera para
desafiarlo. —Su entusiasmo es contagioso cuando miro hacia la pantalla para ver su
carro dar la vuelta hacia la línea de salida y meta…
Y a pesar de que el resultado se está desarrollando frente a mí, la ansiedad
aumenta y no me tranquilizaré hasta que pueda envolver mis brazos alrededor de él
otra vez.
—¡Y así Alfonso llega primero! ¡Alfonso se lleva la bandera hoy en el gran
Prix de Indy Lights, damas y caballeros! Otro en la bolsa para este talentoso conductor,
sé que lo veremos más en la línea de la victoria.
El palco donde estoy esta repleto de emoción pero ni siquiera me detengo a
charlar porque me quito el auricular y estoy corriendo por las escaleras. Todo el
mundo sabe mi rutina ahora, así que no estoy preocupada acerca de quien esta con
quien o donde nos encontraremos de nuevo. Lucho con la multitud, justo a tiempo
para ver su carro poco a poco entrar en el área de preparación entre los negros y los
blancos de la línea de victoria.
Mi cuerpo vibra de emoción y mi corazón está en mi garganta cuando veo al
equipo descender a su alrededor, llevando sus manos al compartimiento abierto de su
carro y apretando sus hombros o dando palmaditas en la parte superior de su casco
felicitándolo. Estoy de vuelta permitiéndoles tener su momento en equipo, ansiosa por
darle la enhorabuena por mí misma.
Veo la dirección asistida y luego observo mientras saca su cuerpo del carro. Las
manos lo ayudan para sostenerlo mientras se levanta y siente sus piernas después de
estar sentado durante cinco horas.
El equipo da un paso atrás ni un solo hombre se acerca. Esta ha sido una buena
rutina de la suerte por los pasados años
El amor se incrementa a medida que veo al hombre del que me enamoro más y
más con el paso de los días y camino hacia adelante y lo ayudo a desabrocharse el casco.
Los medios de comunicación empujan su camino a mí alrededor para estar más
cerca pero sigo siendo sofocada al ver el momento que me ahoga cada vez que lo veo.
Un momento que nunca perderá su impacto.
El casco y el pasamontañas blanco salen en un golpe suave, permitiéndome ver
billar los ojos de Zander con el mismo orgullo y emoción que siento por su victoria.
Pedro toma su casco y se agarra a nuestro hijo en un abrazo rápido lleno de tantas
emociones. Y sé lo que Pedro le está diciendo. Lo mismo que le ha dicho incontables
veces a lo largo de los años. Estoy orgulloso de ti, hijo. Te amo. Estas son las palabras
que quiere que el nunca olvide, ni nunca se avergüence de decir. Me trago el nudo en
mi garganta cuando Pedro frota el cabello empapado de sudor de Zander y luego da
un paso atrás pata dejarle tener su momento de gloria.
Pedro se pierde en la multitud cuando Becks se adelanta y estira un brazo
alrededor de Zander para que se apoye en el mientras los medios descienden en torno
a ellos.
Me paro en la multitud junto a la gente que me rodea y espero, sabiendo que él
me encontrará. Se tarda solo unos minutos antes de que sienta sus manos deslizarse
alrededor de mi cintura y me hale hacia atrás contra él, mi suavidad contra su dureza,
al mismo tiempo siento su boca contra mi oído.
—Zander lo hizo bien hoy, ¿huh? —El roce de su voz me hace cerrar los ojos
por un momento y me pregunto cómo más de diez años después ese sonido aún puede
conmigo. Todavía puede causar cada sentimiento inundándose de nuevo como la
primera noche que nos conocimos
Inclino mi cabeza hacia un lado, su barba hace cosquillas en mi piel mientras
muevo mi boca sobre su oído, así puede oírme por encima de los medios y la locura
que nos rodea.
—Mejora con cada carrera —le digo mientras presiono un beso en la parte
inferior de su mandibular y me mantengo allí por un momento—. Tiene un gran
profesor —digo, mientras mis labios presionan contra su piel—. Es tu turno de tomar
ahora la bandera. —Levanto mi cabeza justo a tiempo para sorprenderlo levantando
una ceja y parpadea una sonrisa picada y sé que definitivamente no está pensando en
su carrera de la próxima semana. No puedo evitar la risa que sale de mis labios—. ¡En
la pista, Ace! ¡Tú ya reclamaste esta!
—Maldición, esa recta que hice. —Se ríe antes de darme otro casto beso a un
lado de mi cabeza, dejando sus labios ahí por un momento antes de murmurar—:
Tengo que volver con el equipo. ¿Te veo en un rato?
—Mmm-hmm. Diles a todos que la cena es a las seis y media en punto mañana,
¿De acuerdo?
—Sí —dice mientras me da la vuelta en sus brazos para mirarlo a la cara y luego
me mira de golpe con esa suave sonrisa que amo. Los años han sido amables con él,
unas líneas alrededor de sus ojos tal vez, pero todavía tiene el mismo aspecto de Adonis
que me detiene el corazón.
Se inclina hacia adelante y presiona un beso en mis labios y toma todo lo que
tengo para no hundirme un poco más en él, dentro de él. Porque incluso después de
todos este tiempo, simplemente no puedo tener suficiente.
Como todo acerca de mí, siente mi necesidad de él y puedo sentir su sonrisa en
sus labios antes de rozar un último beso en mis labios. Se inclina y susurra en mi oído:
—Va haber un montón de esto más tarde.
—¿Que paso con lo de cuándo quiero y dónde quiero, huh, Ace? —lo desafío.
Amo el sonido despreocupado que sale de sus labios mientras echa su cabeza
hacia atrás riendo con todo su cuerpo.
Sacude su cabeza y me mira, sus ojos lanzan un dardo a la reunión por encima
de mi hombro.
—Creo que ya demostré esa teoría esta mañana señora Alfonso. —Sus palabras
hacen que el dolor saciado antes sobre la mesa en esta habitación vuelvan como
venganza. Pasa un dedo en mi mejilla—. Estaré más que feliz de probar ese punto de
nuevo un poco más tarde esta noche sin embargo.
—Oh no te preocupes —sonrió—. Tu punto fue más que probado.
—Nena, ese punto fue sin duda más que probado —murmura sugestivamente
mientras ensancha su mano por mi espalda baja y tira de mi con fuerza contra él, así
puedo sentir cada centímetro de ese punto apretado contra mi vientre. Todo lo que
puedo hacer es respirar cuando cada parte de mi cuerpo lo anhela otra vez.
—Joder, te amo —dice, rozando un casto beso en mis labios antes de guiñarme
un ojo y caminar hacia Zander y el equipo de la carrera.
Y todo lo que puedo hacer es ver su espalda mientras camina con sus hombros
fuertes, la cabeza en alto y todavía sexy. Niego, recordé cuando hace tantos años
mientras se alejaba de mí en un traje de carreras. Cuando me llamó por mi nombre,
encontró el coraje para decirme que mandó una carrera y cambió algo más que
nuestras vidas para siempre.
a vibración del motor retumba en mi pecho antes que se deslizara el carro
en la cuarta curva. Seguía el carro con los ojos pegados a él, mientras
luchaba con los demás en su penúltima vuelta y me pregunto si siempre
va hacer así. Si siempre seré un manojo de nervios cuando el este ahí.
Definitivamente. Sin lugar a dudas.
Le oigo cambiar la marcha al entrar en la curva dos, el único momento que no
puedo verlo desde mi lugar en el palco a lo largo de sus oponentes, así que vuelvo a
mirar la pantalla frente de mí. Escucho al locutor gritar frenéticamente cuando el final
de la carrera se acerca y no lucho contra mi orgullo o mi sonrisa.
—Alfonso vuela atreves de la curva tres. Una más y estará reclamando la
bandera aquí el día de hoy, aficionados a las carreras, así como su iniciativa a tomar
todos los puntos en su actual posición. El trafico queda de lado a un lado mientras
entra a su cuarto de hora y ahora Alfonso está en la recta final sin nadie siquiera para
desafiarlo. —Su entusiasmo es contagioso cuando miro hacia la pantalla para ver su
carro dar la vuelta hacia la línea de salida y meta…
Y a pesar de que el resultado se está desarrollando frente a mí, la ansiedad
aumenta y no me tranquilizaré hasta que pueda envolver mis brazos alrededor de él
otra vez.
—¡Y así Alfonso llega primero! ¡Alfonso se lleva la bandera hoy en el gran
Prix de Indy Lights, damas y caballeros! Otro en la bolsa para este talentoso conductor,
sé que lo veremos más en la línea de la victoria.
El palco donde estoy esta repleto de emoción pero ni siquiera me detengo a
charlar porque me quito el auricular y estoy corriendo por las escaleras. Todo el
mundo sabe mi rutina ahora, así que no estoy preocupada acerca de quien esta con
quien o donde nos encontraremos de nuevo. Lucho con la multitud, justo a tiempo
para ver su carro poco a poco entrar en el área de preparación entre los negros y los
blancos de la línea de victoria.
Mi cuerpo vibra de emoción y mi corazón está en mi garganta cuando veo al
equipo descender a su alrededor, llevando sus manos al compartimiento abierto de su
carro y apretando sus hombros o dando palmaditas en la parte superior de su casco
felicitándolo. Estoy de vuelta permitiéndoles tener su momento en equipo, ansiosa por
darle la enhorabuena por mí misma.
Veo la dirección asistida y luego observo mientras saca su cuerpo del carro. Las
manos lo ayudan para sostenerlo mientras se levanta y siente sus piernas después de
estar sentado durante cinco horas.
El equipo da un paso atrás ni un solo hombre se acerca. Esta ha sido una buena
rutina de la suerte por los pasados años
El amor se incrementa a medida que veo al hombre del que me enamoro más y
más con el paso de los días y camino hacia adelante y lo ayudo a desabrocharse el casco.
Los medios de comunicación empujan su camino a mí alrededor para estar más
cerca pero sigo siendo sofocada al ver el momento que me ahoga cada vez que lo veo.
Un momento que nunca perderá su impacto.
El casco y el pasamontañas blanco salen en un golpe suave, permitiéndome ver
billar los ojos de Zander con el mismo orgullo y emoción que siento por su victoria.
Pedro toma su casco y se agarra a nuestro hijo en un abrazo rápido lleno de tantas
emociones. Y sé lo que Pedro le está diciendo. Lo mismo que le ha dicho incontables
veces a lo largo de los años. Estoy orgulloso de ti, hijo. Te amo. Estas son las palabras
que quiere que el nunca olvide, ni nunca se avergüence de decir. Me trago el nudo en
mi garganta cuando Pedro frota el cabello empapado de sudor de Zander y luego da
un paso atrás pata dejarle tener su momento de gloria.
Pedro se pierde en la multitud cuando Becks se adelanta y estira un brazo
alrededor de Zander para que se apoye en el mientras los medios descienden en torno
a ellos.
Me paro en la multitud junto a la gente que me rodea y espero, sabiendo que él
me encontrará. Se tarda solo unos minutos antes de que sienta sus manos deslizarse
alrededor de mi cintura y me hale hacia atrás contra él, mi suavidad contra su dureza,
al mismo tiempo siento su boca contra mi oído.
—Zander lo hizo bien hoy, ¿huh? —El roce de su voz me hace cerrar los ojos
por un momento y me pregunto cómo más de diez años después ese sonido aún puede
conmigo. Todavía puede causar cada sentimiento inundándose de nuevo como la
primera noche que nos conocimos
Inclino mi cabeza hacia un lado, su barba hace cosquillas en mi piel mientras
muevo mi boca sobre su oído, así puede oírme por encima de los medios y la locura
que nos rodea.
—Mejora con cada carrera —le digo mientras presiono un beso en la parte
inferior de su mandibular y me mantengo allí por un momento—. Tiene un gran
profesor —digo, mientras mis labios presionan contra su piel—. Es tu turno de tomar
ahora la bandera. —Levanto mi cabeza justo a tiempo para sorprenderlo levantando
una ceja y parpadea una sonrisa picada y sé que definitivamente no está pensando en
su carrera de la próxima semana. No puedo evitar la risa que sale de mis labios—. ¡En
la pista, Ace! ¡Tú ya reclamaste esta!
—Maldición, esa recta que hice. —Se ríe antes de darme otro casto beso a un
lado de mi cabeza, dejando sus labios ahí por un momento antes de murmurar—:
Tengo que volver con el equipo. ¿Te veo en un rato?
—Mmm-hmm. Diles a todos que la cena es a las seis y media en punto mañana,
¿De acuerdo?
—Sí —dice mientras me da la vuelta en sus brazos para mirarlo a la cara y luego
me mira de golpe con esa suave sonrisa que amo. Los años han sido amables con él,
unas líneas alrededor de sus ojos tal vez, pero todavía tiene el mismo aspecto de Adonis
que me detiene el corazón.
Se inclina hacia adelante y presiona un beso en mis labios y toma todo lo que
tengo para no hundirme un poco más en él, dentro de él. Porque incluso después de
todos este tiempo, simplemente no puedo tener suficiente.
Como todo acerca de mí, siente mi necesidad de él y puedo sentir su sonrisa en
sus labios antes de rozar un último beso en mis labios. Se inclina y susurra en mi oído:
—Va haber un montón de esto más tarde.
—¿Que paso con lo de cuándo quiero y dónde quiero, huh, Ace? —lo desafío.
Amo el sonido despreocupado que sale de sus labios mientras echa su cabeza
hacia atrás riendo con todo su cuerpo.
Sacude su cabeza y me mira, sus ojos lanzan un dardo a la reunión por encima
de mi hombro.
—Creo que ya demostré esa teoría esta mañana señora Alfonso. —Sus palabras
hacen que el dolor saciado antes sobre la mesa en esta habitación vuelvan como
venganza. Pasa un dedo en mi mejilla—. Estaré más que feliz de probar ese punto de
nuevo un poco más tarde esta noche sin embargo.
—Oh no te preocupes —sonrió—. Tu punto fue más que probado.
—Nena, ese punto fue sin duda más que probado —murmura sugestivamente
mientras ensancha su mano por mi espalda baja y tira de mi con fuerza contra él, así
puedo sentir cada centímetro de ese punto apretado contra mi vientre. Todo lo que
puedo hacer es respirar cuando cada parte de mi cuerpo lo anhela otra vez.
—Joder, te amo —dice, rozando un casto beso en mis labios antes de guiñarme
un ojo y caminar hacia Zander y el equipo de la carrera.
Y todo lo que puedo hacer es ver su espalda mientras camina con sus hombros
fuertes, la cabeza en alto y todavía sexy. Niego, recordé cuando hace tantos años
mientras se alejaba de mí en un traje de carreras. Cuando me llamó por mi nombre,
encontró el coraje para decirme que mandó una carrera y cambió algo más que
nuestras vidas para siempre.
TERCERA PARTE: CAP 118 FINAL ♥
Un año después
"llegas tarde. ¿Quién te crees que eres, la novia o algo así?"
Es todo lo que el texto dice y me río mientras trato de escribir un
texto de nuevo, pero no puedo porque me tiemblan las manos.
No puedo mantener el equilibrio de ellos y aún lo necesito. Si mi mamá entrara
pensaría que estoy nerviosa. Va a pensar que tengo dudas y que mis pies se están
enfriando.
Y es lo más lejano de la verdad.
Porque estoy tan lista como para zambullirme de cabeza. Tan emocionada de
verlo, de besarlo, de convertirme oficialmente suya, estoy saltando arriba y abajo de
emoción. Mi estómago se agita porque no puedo esperar para ver su cara, la mejor
parte de una boda creo, cuando me verá por primera vez.
Miro mi teléfono y mi respuesta.
"Puedo llegar tarde si quiero. Es mi boda. Regla número uno: La novia, la mujer,
siempre tiene la razón. No es negociable."
Miro por la ventana de nuestra habitación a la terraza de abajo y tomo el paraíso
tropical en el que la terraza se ha transformado. Nuestra familia y amigos están cerca
pululando, los chicos todos están vestidos con trajes de etiqueta a juego, caminando a
sus asientos.
Disfruto de este momento de tranquilidad lejos del frenesí que gobernó mi
mañana y el caos que sé que se producirá en breve. Mis últimos momentos como Paula Chaves. Vestida de blanco hasta la última gota de mi acanalada, con incrustaciones y
principesca perfección con la simple excepción de que me negué a ceder a ella.
Miro en el espejo la banda a cuadros blanco y negro que se envuelve alrededor
de mi cintura y la caída por la parte posterior de mi vestido. Mi pequeña oda a Pedro
y a nuestra broma privada.
Mi teléfono suena.
"¿Ya dando reglas y ni siquiera estamos casados todavía? Cierta mujer puede ser
que necesite que la follen en sumisión más tarde. Mi regla número uno: Puedes tener
la regla que quieras, nena, pero en el dormitorio soy el que hace las reglas."
Me río, mi cuerpo ya se entrelaza de manera estrecha con la necesidad que sé
que su simple toque me pondrá en marcha. Sonrío, pensando en el tema de la bandera
a cuadros que llevo hasta en mi ropa interior y el gemido que voy a escuchar cuando
Pedro la descubra más tarde. Y estoy tan desesperada por esa parte, teniendo en
cuenta que no lo he dejado tocarme durante el mes pasado, a pesar de lo mucho que
me rogó y suplicó. Pero cuando decidí mandar al diablo mis propias reglas, ceder a mi
propio deseo de querer hacer el amor con él, él me rechazó.
“Bienvenida a las grandes ligas”, su comentario preferido de elección.
"Ace, ya dominas mi mente, corazón y alma... es solo una ventaja añadida en la
habitación. Además, ¿desde cuándo sigues las reglas?"
Oprimo enviar mientras respiro profundamente y sonrío a mi reflejo. Recojo los
rizos sueltos cayendo sin orden ni concierto, con los ojos brillantes y sin dudar, estoy
tan lista para caminar por el pasillo hacia el hombre que amo como para pasar el resto
de mi vida. Mi mirada capta la luz tenue de las tradiciones de boda que llevo. Y recojo
mi teléfono de nuevo.
"Me encanta mi regalo. No tenías que hacerlo. Gracias. No puedo esperar a verte."
Voy a apretar enviar y luego me detengo necesitando decírselo a nuestra manera. Así
que añado algo al texto: "Unconditionally, Katy Perry."
Lágrimas empañan mi visión mientras pienso en él y paso mis dedos sobre el
brazalete alrededor de mi muñeca. El regalo que me dejó en el tocador. Cuando lo abrí
la frente de mi mamá se frunció, pero me reí de las letras del alfabeto unidas entre sí
con diamantes y zafiros alternos.
Mi algo azul y algo nuevo.
Mis ojos se enfocan en los pernos prisioneros del diamante en mis oídos que mi
madre usó cuando se casó con mi papá y espero que podamos tener un matrimonio tan
exitoso y amoroso como el de ellos.
Mi algo viejo.
Me duele el corazón al recordar la mirada de Lina en su rostro anoche, cuando
me ofreció la simple tiara para que me la pusiera.
—Eres la única hermana que me queda ahora. Me gustaría que te lo pusieras.
Mi algo prestado.
Cierro los ojos un momento, las emociones amenazan con abrumarme mientras
tomo esto dentro. Mientras grabo en mi cerebro lo que se siente, que cambia la vida y
al mismo tiempo tan lleno de emoción a la vez. Y entonces mi mente se desvía hacia
el hombre con el que no puedo esperar a compartir mi vida. El hombre que me llamó
ese primer día y a pesar de algunos baches, nunca me deja caer, salvo para estar más
enamorada de él. Todos los días.
¿Qué pensará y sentirá Pedro en este momento? ¿Estará nervioso?
¿Emocionado? ¿Se sentirá tan seguro como yo?
Mi teléfono me avisa de nuevo.
"Tienes que acostumbrarte a ser mimada. No mucho tiempo ahora. Sabes cuánto
te amo porque te estoy entregando mis bolas momentáneamente al escribir el título
de la siguiente canción, pero a la mierda si no es cierto. Halo, Beyonce. Menos mal.
Bolas en su lugar ahora. Y bueno, hay un montón de mujeres vestidas aquí abajo,
¿cómo voy a saber cuál eres tú?"
La letra de la canción me golpea al mismo tiempo que su sarcasmo y emito una
risa sollozante, mi cuerpo está seguro de la emoción que debería dejar en regla. Y
decido dejar que todo se gobierne, cada uno, porque esta es una vez en una especie de
único día en tu vida.
Y porque me permito sentir todo eso en este momento, lo único que quiero es a
él, desesperadamente. Aprecio a todos los invitados aquí, pero me importa un bledo
toda la pompa y circunstancia porque lo que más importa es el hombre que estará
esperando por mí al final del pasillo.
Tomo el teléfono por última vez, una suave sonrisa en mi cara y le escribo:
"Seré la que estará de blanco."
El golpe en la puerta me aleja de mis pensamientos.
—Pase.
—¿Estás lista, cariño?
La voz de mi madre tira de todas las emociones que ruedan a través de mí, y
tengo que luchar contra la quemadura en la parte posterior de mi garganta. Me sigo
diciendo a mí misma que no debo llorar, que voy a estropear mi maquillaje, pero sé
que es inútil. He derramado toda una vida de lágrimas durante los últimos tres años y
medio; Tengo derecho a arruinar mi maquillaje con lágrimas de alegría ahora.
—Sí, lo estoy. —Miro a mi mamá y curvo mis labios en una sonrisa suave que
refleja la de ella. Ella sostiene mi mirada, el orgullo, junto con un dejo de tristeza de
que está dejándome ir, es evidente en sus ojos azules—. No empieces —le advierto,
porque sé que si comienza a llorar, también lo haré yo.
—Lo sé. —Ella sorbe y luego se ríe mientras coloca sus manos a ambos lados de
mis mejillas y mira mis ojos—. Él es el único, Ry. Una madre sabe esas cosas. —Niega,
con una sonrisa suave en su rostro antes de que responda a la pregunta en mis ojos—.
Él baila bajo la lluvia contigo. Así es como lo sé.
Me trago las lágrimas otra vez recordando su consejo el día que fuimos al
hospital. Acerca de cómo la vida no es la forma en que sobrevives a la tormenta, sino
cómo se baila bajo la lluvia. Y si tuviera alguna duda sobre lo que estaba a punto de
hacer, habría desaparecido en un instante con su sencillo comentario.
No hay nada como el sello de aprobación de una madre para hacer mi momento
mucho más dulce.
Estoy a punto de decir algo cuando Lina se dispara a través de la puerta.
—Es hora de ir al pabellón, nena, ¡porque es el momento de ir al altar! —dice
con un silbido—. ¡Maldición, mujer!
—Gracias. —Me río cuando ella y mi mamá comienzan a recoger mi vestido y
nos movemos hacia la escalera, las suaves notas de A Thousand Years suenan en una
guitarra acústica abajo. Las palabras revelan todo lo que siento por el hombre que me
espera.
Luciana nos da el visto bueno desde la planta baja señalando que Pedro está en
posición y que no puede verme.
Mi mamá y Lina me ayudan a bajar las escaleras con mi cola así que no me
caigo y me rompo mi tobillo.
Llegamos a la planta baja y mi mamá me tira a un fuerte abrazo antes de tirar
hacia atrás y sonreírme con tantas emociones nadando en sus ojos.
—Lo sé —susurro con un asentimiento mientras Shane trata de escoltarla hasta
su asiento.
Siento una mano sobre mi brazo y me giro para encontrar la suave sonrisa de mi
hermano que luce tan apuesto con su esmoquin. Gonzalo conecta sus ojos conmigo y
solo mueve la cabeza.
—Definitivamente no te vestiste en la casa de Nana —bromea, el amor se refleja
en sus ojos cuando estira su mano y agarra las mías—. ¿Estás lista para hacer esto,
Pauchis?
Asiento vigorosamente, la emoción obstruye mi garganta cuando pienso en
cuando éramos pequeños y jugábamos a la boda en la casa de nuestra abuela. Salvavidas
gomosos para anillos de boda y animales de peluche para los invitados.
—Nunca había estado más lista —le digo, lo beso en la mejilla mientras los, por
lo general estoicos, ojos de mi hermano se llenan de lágrimas.
—Te ves impresionante. —Niega con incredulidad una vez más, antes de colocar
un suave beso en mi mejilla.
—¿Papá? —le pregunto, mirando por encima del hombro a nuestro padre.
—Tratando de recobrar la compostura —dice con un guiño—. No todos los días
mandas a tu nena lejos. Estará aquí en un segundo. —Asiento hacia él y luego me
vuelvo para quedar de pie junto a Luciana quién es ya un lío lloriqueando. Ella se
encuentra con mis ojos y niega, con un silencioso reconocimiento ya que si hablamos
en este momento las dos estaremos llorando tan fuerte que no nos vamos a recuperar.
—Y ahí está la mujer que es responsable de cientos de mujeres llorando en su
café hoy. —Vuelvo la cabeza para encontrar al hombre que he llegado a amar en el
último año.
—Becks. —Es todo lo que puedo decir, pero la admiración en mi tono le dice
todo lo que necesita saber. Lo adoro de muchas maneras y mucho más aún por
juntarnos a Pedro y a mí, cuando lo único que queríamos era rompernos.
—Hola, preciosa —dice—. Tienes tiempo para saltar si quieres. Su ego solo se
hará más grande después de que reclame el último premio hoy.
Mi corazón se contrae ante sus palabras.
—Solo si estás conduciendo —bromeo mientras respiro profundamente para
domar mis emociones.
—Nah, en realidad podría patearme el trasero por eso. —Él se ríe bajo mientras
me tira a un abrazo—. Él está esperándote —susurra en mi oído antes de dar un paso
atrás y asentir hacia mí.
Sus palabras llegan a su punto mientras todo a mí alrededor se pone claro en mi
enfoque. La música.
Lina y Luciana en sus vestidos negros clásicos y ramos de flores vibrantes.
Gonzalo meciéndose sobre sus talones, tratando de ser paciente, pero esperando
ansiosamente en la recepción para poder quitarse la corbata de lazo. Las cuerdas de la
guitarra. El zumbido de los remolinos de todo a mí alrededor. Mi corazón truena con
anticipación más allá de las palabras.
Estoy tan lista para esto.
Lina da pasos más cerca, mi amiga “patea traseros” tiene lágrimas en los ojos,
y comienza a arreglar mi cola a mí alrededor.
Ella termina y me mira con una sonrisa.
—Solo recuerda, el matrimonio va a ser difícil a veces. Cuando lo sea, lleva un
vestido con cremallera en la espalda.
Me río mientras la miro como si estuviera loca.
—Él tendrá que tocarte para ayudarte a desnudarte y lo que hay debajo le hará
olvidar que está enojado. —Ella levanta las cejas—. Entonces vendrá la mejor parte,
sexo de reconciliación. —Se ríe haciéndome rodar los ojos.
—Gracias, Li —le digo con un asentimiento, porque a pesar de que estoy
segura de lo que estoy a punto de hacer, mi estómago acaba cayendo a mis pies.
—Te quiero, Pau. —Ella presiona un beso en mi mejilla mientras me muerdo el
labio y asiento—. Uno para la suerte —me susurra.
—Y uno para el valor —susurro de regreso y la beso en la mejilla también, no
necesitando tequila esta vez porque estoy lo suficientemente arriba en la emoción
como estoy.
Ella comienza a caminar hacia Beckett mientras Luciana y Gonzalo comienzan a
caminar por el pasillo, pero se detiene y se vuelve.
—Oye, ¿Pau?
—¿Sí?
—Hoy se irá muy rápido. Todo va a golpear a cien kilómetros por hora.
Asegúrate de detenerte y tomar todo en lo que realmente puedas recordar el primer
día del resto de su vida juntos.
Ni siquiera puedo respirar. Estoy tratando tan duro de no llorar ahora. Asiento
y suelto una respiración ruidosa, tratando de serenarme. Nuestros ojos se sostienen,
palabras no dichas pasan entre nosotras, antes de que ella se gire y doble sus brazos a
través de Beck y comience a caminar.
Me asomo por la cortina, deseando ver todo, de verlo todo, pero mi ojos lo
buscan a él. Y desde mi vista, no puedo verlo. Así que miro sobre nuestra familia y
amigos. El equipo de Pedro, mis co-consejeros, nuestras familias llenan las sillas y veo
como nuestros mejores amigos caminan hacia el altar juntos. Capto los ojos de
Dorothea, su amplia sonrisa mientras dice: “Magnífica”, hacia mí antes de darle de
codazos a Andy. Él gira su cabeza inmediatamente y nuestras miradas se enganchan
antes de que asienta de manera sutil, la expresión de su rostro llena de asombro y
gratitud.
—¿Estás lista, chica? —dice la voz del hombre que solía comparar a todos los
hombres está detrás de mí y sé que voy a perderme. Me doy la vuelta y me quedo
mirando a mi padre, tan increíblemente guapo y todo mi cuerpo tiembla con el
pensamiento de que ya no seré su niña después de hoy. Exhalo un suspiro tembloroso
mientras él me mira, incapaz de ocultar las lágrimas juntándose en las esquinas de sus
ojos.
—Lo hiciste bien, Pau. —Él asiente, su fuerte mentón temblando de emoción.
Y mi primera lágrima resbala por mi mejilla después de que escucho lo que toda
chica quiere de su papá, aprobación, sobre todo de la persona con la que he elegido
pasar el resto de mi vida.
—Gracias, papá. —No puedo manejar mucho más sin abrir las compuertas y sé
que él se siente de la misma manera porque los dos miramos lejos.
El Canónigo de Pachelbel comienza y escalofríos cubren mi cuerpo. Esa es mi
señal. Mi papá tiene un codo hacia mí y paso mi mano a través de él, aferrándolo por
última vez. Siempre será mi héroe y al que busque por consejo, pero es hora de dar un
paso hacia el hombre con el que haré nuevos recuerdos.
Mi futuro.
Mi érase una vez.
Mi felices para siempre.
—Nunca te viste más hermosa —me susurra mientras entramos por la puerta y
mis ojos se difuminan con lágrimas no derramadas—. Tu esposo te está esperando.
Esas palabras, tan agridulces de un papá dejando que su niña se vaya, casi me
rompen mientras fuerzo al nudo por mi garganta para mantener el abastecimiento de
agua en la bahía.
Respiro profundamente y miro los coloridos pétalos de rosa esparcidos por el
pasillo de tela blanca delante de mí. Parpadeo para quitarme la humedad de mis ojos,
porque cuando los levanto para ver a Pedro por primera vez, quiero que este
momento sea muy claro. Sin obstáculos. Perfecto.
Igual que el amor que siento por él.
Damos el primer paso. Oigo el crujido de nuestros invitados, mientras se voltean
para verme y silenciosos murmullos cuando lo hacen. Oigo las cuerdas de un violín y
el clic de las cámaras. Siento mi pulso tronar a través de mis venas y siento el temblor
en el brazo de mi padre mientras damos ésta, la más importante de las caminatas,
juntos. Huelo las flores que están la terraza, amasadas con la suave brisa del mar. Trato
de tomarlo todo, siguiendo el consejo de Lina y de memorizar cada detalle.
Y por encima de todo eso, oigo a Pedro inhalar cuando salgo a la vista y no
puedo esperar más. Cada parte de mi cuerpo está vibrando de anticipación.
Miro hacia arriba.
Y mis pies se mueven.
Pero mi corazón se detiene. Y late de nuevo.
Mi respiración perfora mis pulmones mientras engancho los ojos con Pedro y
disfruto de la mirada de asombro en su cara. El hombre que es siempre tan seguro de
sí mismo parece que el mundo se ha parado, inclinado y escindido.
Y lo curioso es... que lo tiene, desde el instante en que me tomó en sus brazos.
Nuestros ojos permanecen encontrados. Incluso cuando beso a mi padre en la
mejilla y le da mi mano a Pedro antes de irse a sentarse con mi mamá. Incluso cuando
Pedro toma mis manos entre las suyas y hace un gesto negativo con un poco de risa y
dice:
—Bonita bandera a cuadros.
—Tenía miedo de que no supieras cuál era yo —bromeo y siento como que
puedo respirar por primera vez durante todo el día. El golpeteo de mi corazón y mis
manos están temblando, pero él me tiene ahora.
—Nena, sabría dónde te encuentras, incluso si fuera ciego. —Y esa sonrisa, la
que ilumina sus ojos y calienta mi alma, se extiende a través de sus labios. Me siento
tan perdida en sus ojos y en las palabras no dichas que están comunicando eso sin
siquiera darme cuenta nuestra cuando el capellán comienza la ceremonia hasta que
Pedro lo ve y luego a mí. El verde de sus ojos brillan de emoción y su sonrisa se
ablanda mientras me mira fijamente.
—Paula —dice, asintiendo sutilmente mientras mira hacia abajo a nuestras
manos y luego de vuelta a mí—. Fui un hombre huyendo por la vida, la idea del amor
nunca cruzó por mi radar. Simplemente no era para mí. Y luego te estrellaste en mi
vida. Viste lo bueno en mí cuando yo no lo hice. Viste la posibilidad cuando yo no vi
nada. Cuando te aparté, te empujaste de regreso diez veces más duro. —Se ríe bajo—.
Me mostraste tu corazón, una y otra vez. Me enseñaste banderas a cuadros mucho más
valiosas fuera de la pista que dentro. Trajiste la luz a mi oscuridad con tu desinterés,
con tu temeridad... —Se estira y frota su pulgar sobre mi mejilla para enjugar las
lágrimas que se deslizan silenciosamente por mis mejillas.
Sus votos personales significan la profundidad de su amor por mí, el hombre que
juró que no podía amar, llena completamente mi corazón.
—Me diste una vida que ni siquiera sabía que quería, Pau. ¿Y por eso? Te prometo
entregarme a ti, quebrado, doblado y cada pieza en medio, de todo corazón, sin
engaños, sin influencias externas. Prometo enviarte las canciones por texto para que
me escuches cuando simplemente no me escuchas. Te prometo animar tu compasión,
porque eso es lo que haces. Te prometo presionarte para ser espontánea porque el
romper las reglas es lo que mejor hago —dice con una sonrisa mientras una solitaria
lagrima se desliza por su cara—. Prometo jugar montones y montones de béisbol,
asegurándome de que tocamos cada base. ¡Home run! —dice la última palabra bajo
para que solo yo pueda oírlo y me río a través de mis lágrimas.
Y no puedo aguantar más, así que extiendo la mano y froto mi mano sobre el
lado de su mandíbula, sin importarme ni un poco las supuestas personas que podrían
estar haciendo ese voto.
—Y esa de ahí... ¿esa ríe? Me comprometo a hacerte reír de esa manera todos los
días. Y suspirar. Me gusta escuchar tus suspiros también. —Él me guiña un ojo—. Te
prometo que nada será más valioso en mi vida que tú. Que nunca serás intrascendente .
Que las personas que amas, yo las amaré también —dice y luego mira la fila en la que
todos los chicos se sientan—. Mientras estoy aquí prometo ser tuyo, darte todo de mí,
sabes que tu vida nunca volverá a ser lo suficientemente larga para amarte. Es que no
es posible. —Se encoge de hombros, mi corazón se hincha mientras su voz fluctúa
delicadamente—. Pero, nena, siempre tendré que intentarlo, si me aceptas.
—¡Sí! —Me ahogo mientras Pedro desliza el anillo en mi dedo, mi cuerpo
tiembla, mi corazón siempre más constante, con mi cabeza completamente clara.
—Te amo —susurra.
Mis lágrimas caen y ni siquiera intento detenerlas. Él se ve tan en conflicto,
deseando atraerme a sus brazos e infundirme aliento. Mira a nuestro capellán, en
silencio pidiendo permiso para tocarme. Y es tan lindo que mi hombre, quien siempre
hace caso omiso de las reglas, tenga miedo de romperlas ahora.
Me seco los ojos con un pañuelo de papel que Lina me entrega y respiro
profundamente para prepararme para ir a través de mis votos.
—Pedro, tanto como traté de luchar contra ello, creo que he estado enamorada
de ti desde que me caí de ese armario de almacenamiento y caí en tus brazos. Un
encuentro casual . Tú viste una chispa en mí cuando lo único que había sentido durante
tanto tiempo era dolor. Me mostraste romance cuando juraste que no era real. Me
enseñaste que me merezco sentir cuando todo lo que había sido durante tanto tiempo
era estar insensible. —Niego y miro hacia abajo a nuestras manos, antes de volver a
mirarlo a los ojos.
»Me mostraste que las cicatrices por dentro y por fuera son preciosas y al dueño
de ellas sin temor. Me mostraste al verdadero tú, me dejaste entrar cuando siempre
sacaste a otros. Me mostraste tanta fortaleza y valentía que no tuve más remedio que
amarte. Y a pesar de que nunca lo supiste, me mostraste tu corazón una y otra vez.
Cada pieza retorcida de él —respiro, mis manos tiemblan sosteniendo las suyas.
Y la mirada en sus ojos, llena de aceptación, de adoración, de reverencia, es una
que nunca olvidaré.
Lágrimas se deslizan silenciosamente por sus mejillas, con tal contraste de
intensidad en su rostro pero no veo su vulnerabilidad. Siento el amor.
—Dices que te llevé la luz a tu oscuridad, pero no estoy de acuerdo. Tu luz estuvo
siempre allí, solo te enseñé a dejarla brillar. Me estás dando la vida que siempre he
querido. ¿Y por eso? Te prometo entregarme a ti, con desafío, abnegación, todo el
maldito alfabeto, de todo corazón, sin engaños, sin influencias externas.
Y no puedo evitarlo, incluso aunque sé que es contra las reglas, me inclino y
presiono un beso suave en sus labios y cuando me recuesto, la mirada de sus ojos y la
sonrisa torcida en su rostro es una que voy a recordar por el resto de nuestras vidas.
—Regla rota —bromea alzando las cejas mientras me preparo para terminar mis
votos.
—Aprendí del mejor. —Niego y miro hacia atrás a él con claridad—. Me
comprometo a animar a tus espíritus a liberarse y a romper las reglas de muchas
maneras porque eso es lo que haces tú. Prometo desafiarte y presionarte para que
podamos seguir creciendo en mejores versiones de nosotros mismos. Prometo ser
paciente y tomar tu mano cuando desees sostener el menos importante, porque eso es
lo que hago mejor. Te prometo enviarte canciones por texto también, así podremos
mantener las líneas de comunicación abiertas entre nosotros. Y prometo usar vestidos
con cremalleras en la parte de atrás. —Tiro una caprichosa, mirada provocadora a
Pedro para mirar por encima a Lina quien se está riendo detrás de mí. Él niega,
antes de centrarse de nuevo en mí.
—Te prometo una vida de risas, desayunos con helados y cenas con panqueques.
¿Y por mucho que me encanta agitar esa bandera a cuadros? Tú la tienes nene. —Mi
sonrisa coincide con la suya mientras mi amor por él se hincha y se eleva a nuevas
alturas—. Te prometo que nada será más valioso en mi vida que tú, porque todo lo
demás es irrelevante, y tú, Pedro, eres más definitivamente. Recuerdo estar sentada
en un Starbucks mirando y preguntándome cómo sería tener la oportunidad de amarte
y ahora tendré una vida para averiguarlo. Y todavía no creo que haya tiempo
suficiente. —Tomo su anillo de Lina, la banda grabada con un diseño a cuadros y la
deslizo en su dedo.
Becks comienza a reír y todos los invitados se ríen. Por mucho que quiero
estrangularlo, nunca podría hacerlo.
Esta es mi vida ahora y él es una parte de ella.
—Tú eres el siguiente, pendejo —murmura Pedro hacia él bajo, causando que
se asfixiara más y se ría más fuerte. Toma un minuto para que la risa se reduzca y para
que todo el mundo centre su atención de nuevo en nosotros.
—Pedro, siempre lo intentaremos, si me aceptas.
—Sabes que esto es permanente, ¿no? —dice, recordándome el símbolo para
siempre marcado en mi cadera. Asiento sutilmente mientras él me mira, con su cabeza
inclinada, con sus ojos bailando, con los labios sonrientes y dice: —No lo tomaría de
ninguna otra manera. —Mira a su lado, la nueva banda en su dedo anular y mueve la
cabeza por un momento mientras acepta lo que acaba de suceder. La expresión de su
cara no tiene precio.
Y con una impaciencia que rivaliza con la de uno de mis chicos, sus ojos se
mueven hacia la oficiante.
—Sí, Pedro—ríe ella, sabiendo exactamente lo que quiere—. ¡Puedes besar a la
novia!
Admiración y amor fluyen a través de mí.
—¡Gracias a Dios! —Exhala mientras da un paso hacia mí y enmarca mi cara con
sus manos—. Esta es una bandera a cuadros que siempre reclamaré.
Y luego sus labios están sobre los míos, nuestra conexión es irrefutable, según
dice el oficiante al anunciar:
—Amigos y familia, le presento al señor y a la señora Alfonso.
"llegas tarde. ¿Quién te crees que eres, la novia o algo así?"
Es todo lo que el texto dice y me río mientras trato de escribir un
texto de nuevo, pero no puedo porque me tiemblan las manos.
No puedo mantener el equilibrio de ellos y aún lo necesito. Si mi mamá entrara
pensaría que estoy nerviosa. Va a pensar que tengo dudas y que mis pies se están
enfriando.
Y es lo más lejano de la verdad.
Porque estoy tan lista como para zambullirme de cabeza. Tan emocionada de
verlo, de besarlo, de convertirme oficialmente suya, estoy saltando arriba y abajo de
emoción. Mi estómago se agita porque no puedo esperar para ver su cara, la mejor
parte de una boda creo, cuando me verá por primera vez.
Miro mi teléfono y mi respuesta.
"Puedo llegar tarde si quiero. Es mi boda. Regla número uno: La novia, la mujer,
siempre tiene la razón. No es negociable."
Miro por la ventana de nuestra habitación a la terraza de abajo y tomo el paraíso
tropical en el que la terraza se ha transformado. Nuestra familia y amigos están cerca
pululando, los chicos todos están vestidos con trajes de etiqueta a juego, caminando a
sus asientos.
Disfruto de este momento de tranquilidad lejos del frenesí que gobernó mi
mañana y el caos que sé que se producirá en breve. Mis últimos momentos como Paula Chaves. Vestida de blanco hasta la última gota de mi acanalada, con incrustaciones y
principesca perfección con la simple excepción de que me negué a ceder a ella.
Miro en el espejo la banda a cuadros blanco y negro que se envuelve alrededor
de mi cintura y la caída por la parte posterior de mi vestido. Mi pequeña oda a Pedro
y a nuestra broma privada.
Mi teléfono suena.
"¿Ya dando reglas y ni siquiera estamos casados todavía? Cierta mujer puede ser
que necesite que la follen en sumisión más tarde. Mi regla número uno: Puedes tener
la regla que quieras, nena, pero en el dormitorio soy el que hace las reglas."
Me río, mi cuerpo ya se entrelaza de manera estrecha con la necesidad que sé
que su simple toque me pondrá en marcha. Sonrío, pensando en el tema de la bandera
a cuadros que llevo hasta en mi ropa interior y el gemido que voy a escuchar cuando
Pedro la descubra más tarde. Y estoy tan desesperada por esa parte, teniendo en
cuenta que no lo he dejado tocarme durante el mes pasado, a pesar de lo mucho que
me rogó y suplicó. Pero cuando decidí mandar al diablo mis propias reglas, ceder a mi
propio deseo de querer hacer el amor con él, él me rechazó.
“Bienvenida a las grandes ligas”, su comentario preferido de elección.
"Ace, ya dominas mi mente, corazón y alma... es solo una ventaja añadida en la
habitación. Además, ¿desde cuándo sigues las reglas?"
Oprimo enviar mientras respiro profundamente y sonrío a mi reflejo. Recojo los
rizos sueltos cayendo sin orden ni concierto, con los ojos brillantes y sin dudar, estoy
tan lista para caminar por el pasillo hacia el hombre que amo como para pasar el resto
de mi vida. Mi mirada capta la luz tenue de las tradiciones de boda que llevo. Y recojo
mi teléfono de nuevo.
"Me encanta mi regalo. No tenías que hacerlo. Gracias. No puedo esperar a verte."
Voy a apretar enviar y luego me detengo necesitando decírselo a nuestra manera. Así
que añado algo al texto: "Unconditionally, Katy Perry."
Lágrimas empañan mi visión mientras pienso en él y paso mis dedos sobre el
brazalete alrededor de mi muñeca. El regalo que me dejó en el tocador. Cuando lo abrí
la frente de mi mamá se frunció, pero me reí de las letras del alfabeto unidas entre sí
con diamantes y zafiros alternos.
Mi algo azul y algo nuevo.
Mis ojos se enfocan en los pernos prisioneros del diamante en mis oídos que mi
madre usó cuando se casó con mi papá y espero que podamos tener un matrimonio tan
exitoso y amoroso como el de ellos.
Mi algo viejo.
Me duele el corazón al recordar la mirada de Lina en su rostro anoche, cuando
me ofreció la simple tiara para que me la pusiera.
—Eres la única hermana que me queda ahora. Me gustaría que te lo pusieras.
Mi algo prestado.
Cierro los ojos un momento, las emociones amenazan con abrumarme mientras
tomo esto dentro. Mientras grabo en mi cerebro lo que se siente, que cambia la vida y
al mismo tiempo tan lleno de emoción a la vez. Y entonces mi mente se desvía hacia
el hombre con el que no puedo esperar a compartir mi vida. El hombre que me llamó
ese primer día y a pesar de algunos baches, nunca me deja caer, salvo para estar más
enamorada de él. Todos los días.
¿Qué pensará y sentirá Pedro en este momento? ¿Estará nervioso?
¿Emocionado? ¿Se sentirá tan seguro como yo?
Mi teléfono me avisa de nuevo.
"Tienes que acostumbrarte a ser mimada. No mucho tiempo ahora. Sabes cuánto
te amo porque te estoy entregando mis bolas momentáneamente al escribir el título
de la siguiente canción, pero a la mierda si no es cierto. Halo, Beyonce. Menos mal.
Bolas en su lugar ahora. Y bueno, hay un montón de mujeres vestidas aquí abajo,
¿cómo voy a saber cuál eres tú?"
La letra de la canción me golpea al mismo tiempo que su sarcasmo y emito una
risa sollozante, mi cuerpo está seguro de la emoción que debería dejar en regla. Y
decido dejar que todo se gobierne, cada uno, porque esta es una vez en una especie de
único día en tu vida.
Y porque me permito sentir todo eso en este momento, lo único que quiero es a
él, desesperadamente. Aprecio a todos los invitados aquí, pero me importa un bledo
toda la pompa y circunstancia porque lo que más importa es el hombre que estará
esperando por mí al final del pasillo.
Tomo el teléfono por última vez, una suave sonrisa en mi cara y le escribo:
"Seré la que estará de blanco."
El golpe en la puerta me aleja de mis pensamientos.
—Pase.
—¿Estás lista, cariño?
La voz de mi madre tira de todas las emociones que ruedan a través de mí, y
tengo que luchar contra la quemadura en la parte posterior de mi garganta. Me sigo
diciendo a mí misma que no debo llorar, que voy a estropear mi maquillaje, pero sé
que es inútil. He derramado toda una vida de lágrimas durante los últimos tres años y
medio; Tengo derecho a arruinar mi maquillaje con lágrimas de alegría ahora.
—Sí, lo estoy. —Miro a mi mamá y curvo mis labios en una sonrisa suave que
refleja la de ella. Ella sostiene mi mirada, el orgullo, junto con un dejo de tristeza de
que está dejándome ir, es evidente en sus ojos azules—. No empieces —le advierto,
porque sé que si comienza a llorar, también lo haré yo.
—Lo sé. —Ella sorbe y luego se ríe mientras coloca sus manos a ambos lados de
mis mejillas y mira mis ojos—. Él es el único, Ry. Una madre sabe esas cosas. —Niega,
con una sonrisa suave en su rostro antes de que responda a la pregunta en mis ojos—.
Él baila bajo la lluvia contigo. Así es como lo sé.
Me trago las lágrimas otra vez recordando su consejo el día que fuimos al
hospital. Acerca de cómo la vida no es la forma en que sobrevives a la tormenta, sino
cómo se baila bajo la lluvia. Y si tuviera alguna duda sobre lo que estaba a punto de
hacer, habría desaparecido en un instante con su sencillo comentario.
No hay nada como el sello de aprobación de una madre para hacer mi momento
mucho más dulce.
Estoy a punto de decir algo cuando Lina se dispara a través de la puerta.
—Es hora de ir al pabellón, nena, ¡porque es el momento de ir al altar! —dice
con un silbido—. ¡Maldición, mujer!
—Gracias. —Me río cuando ella y mi mamá comienzan a recoger mi vestido y
nos movemos hacia la escalera, las suaves notas de A Thousand Years suenan en una
guitarra acústica abajo. Las palabras revelan todo lo que siento por el hombre que me
espera.
Luciana nos da el visto bueno desde la planta baja señalando que Pedro está en
posición y que no puede verme.
Mi mamá y Lina me ayudan a bajar las escaleras con mi cola así que no me
caigo y me rompo mi tobillo.
Llegamos a la planta baja y mi mamá me tira a un fuerte abrazo antes de tirar
hacia atrás y sonreírme con tantas emociones nadando en sus ojos.
—Lo sé —susurro con un asentimiento mientras Shane trata de escoltarla hasta
su asiento.
Siento una mano sobre mi brazo y me giro para encontrar la suave sonrisa de mi
hermano que luce tan apuesto con su esmoquin. Gonzalo conecta sus ojos conmigo y
solo mueve la cabeza.
—Definitivamente no te vestiste en la casa de Nana —bromea, el amor se refleja
en sus ojos cuando estira su mano y agarra las mías—. ¿Estás lista para hacer esto,
Pauchis?
Asiento vigorosamente, la emoción obstruye mi garganta cuando pienso en
cuando éramos pequeños y jugábamos a la boda en la casa de nuestra abuela. Salvavidas
gomosos para anillos de boda y animales de peluche para los invitados.
—Nunca había estado más lista —le digo, lo beso en la mejilla mientras los, por
lo general estoicos, ojos de mi hermano se llenan de lágrimas.
—Te ves impresionante. —Niega con incredulidad una vez más, antes de colocar
un suave beso en mi mejilla.
—¿Papá? —le pregunto, mirando por encima del hombro a nuestro padre.
—Tratando de recobrar la compostura —dice con un guiño—. No todos los días
mandas a tu nena lejos. Estará aquí en un segundo. —Asiento hacia él y luego me
vuelvo para quedar de pie junto a Luciana quién es ya un lío lloriqueando. Ella se
encuentra con mis ojos y niega, con un silencioso reconocimiento ya que si hablamos
en este momento las dos estaremos llorando tan fuerte que no nos vamos a recuperar.
—Y ahí está la mujer que es responsable de cientos de mujeres llorando en su
café hoy. —Vuelvo la cabeza para encontrar al hombre que he llegado a amar en el
último año.
—Becks. —Es todo lo que puedo decir, pero la admiración en mi tono le dice
todo lo que necesita saber. Lo adoro de muchas maneras y mucho más aún por
juntarnos a Pedro y a mí, cuando lo único que queríamos era rompernos.
—Hola, preciosa —dice—. Tienes tiempo para saltar si quieres. Su ego solo se
hará más grande después de que reclame el último premio hoy.
Mi corazón se contrae ante sus palabras.
—Solo si estás conduciendo —bromeo mientras respiro profundamente para
domar mis emociones.
—Nah, en realidad podría patearme el trasero por eso. —Él se ríe bajo mientras
me tira a un abrazo—. Él está esperándote —susurra en mi oído antes de dar un paso
atrás y asentir hacia mí.
Sus palabras llegan a su punto mientras todo a mí alrededor se pone claro en mi
enfoque. La música.
Lina y Luciana en sus vestidos negros clásicos y ramos de flores vibrantes.
Gonzalo meciéndose sobre sus talones, tratando de ser paciente, pero esperando
ansiosamente en la recepción para poder quitarse la corbata de lazo. Las cuerdas de la
guitarra. El zumbido de los remolinos de todo a mí alrededor. Mi corazón truena con
anticipación más allá de las palabras.
Estoy tan lista para esto.
Lina da pasos más cerca, mi amiga “patea traseros” tiene lágrimas en los ojos,
y comienza a arreglar mi cola a mí alrededor.
Ella termina y me mira con una sonrisa.
—Solo recuerda, el matrimonio va a ser difícil a veces. Cuando lo sea, lleva un
vestido con cremallera en la espalda.
Me río mientras la miro como si estuviera loca.
—Él tendrá que tocarte para ayudarte a desnudarte y lo que hay debajo le hará
olvidar que está enojado. —Ella levanta las cejas—. Entonces vendrá la mejor parte,
sexo de reconciliación. —Se ríe haciéndome rodar los ojos.
—Gracias, Li —le digo con un asentimiento, porque a pesar de que estoy
segura de lo que estoy a punto de hacer, mi estómago acaba cayendo a mis pies.
—Te quiero, Pau. —Ella presiona un beso en mi mejilla mientras me muerdo el
labio y asiento—. Uno para la suerte —me susurra.
—Y uno para el valor —susurro de regreso y la beso en la mejilla también, no
necesitando tequila esta vez porque estoy lo suficientemente arriba en la emoción
como estoy.
Ella comienza a caminar hacia Beckett mientras Luciana y Gonzalo comienzan a
caminar por el pasillo, pero se detiene y se vuelve.
—Oye, ¿Pau?
—¿Sí?
—Hoy se irá muy rápido. Todo va a golpear a cien kilómetros por hora.
Asegúrate de detenerte y tomar todo en lo que realmente puedas recordar el primer
día del resto de su vida juntos.
Ni siquiera puedo respirar. Estoy tratando tan duro de no llorar ahora. Asiento
y suelto una respiración ruidosa, tratando de serenarme. Nuestros ojos se sostienen,
palabras no dichas pasan entre nosotras, antes de que ella se gire y doble sus brazos a
través de Beck y comience a caminar.
Me asomo por la cortina, deseando ver todo, de verlo todo, pero mi ojos lo
buscan a él. Y desde mi vista, no puedo verlo. Así que miro sobre nuestra familia y
amigos. El equipo de Pedro, mis co-consejeros, nuestras familias llenan las sillas y veo
como nuestros mejores amigos caminan hacia el altar juntos. Capto los ojos de
Dorothea, su amplia sonrisa mientras dice: “Magnífica”, hacia mí antes de darle de
codazos a Andy. Él gira su cabeza inmediatamente y nuestras miradas se enganchan
antes de que asienta de manera sutil, la expresión de su rostro llena de asombro y
gratitud.
—¿Estás lista, chica? —dice la voz del hombre que solía comparar a todos los
hombres está detrás de mí y sé que voy a perderme. Me doy la vuelta y me quedo
mirando a mi padre, tan increíblemente guapo y todo mi cuerpo tiembla con el
pensamiento de que ya no seré su niña después de hoy. Exhalo un suspiro tembloroso
mientras él me mira, incapaz de ocultar las lágrimas juntándose en las esquinas de sus
ojos.
—Lo hiciste bien, Pau. —Él asiente, su fuerte mentón temblando de emoción.
Y mi primera lágrima resbala por mi mejilla después de que escucho lo que toda
chica quiere de su papá, aprobación, sobre todo de la persona con la que he elegido
pasar el resto de mi vida.
—Gracias, papá. —No puedo manejar mucho más sin abrir las compuertas y sé
que él se siente de la misma manera porque los dos miramos lejos.
El Canónigo de Pachelbel comienza y escalofríos cubren mi cuerpo. Esa es mi
señal. Mi papá tiene un codo hacia mí y paso mi mano a través de él, aferrándolo por
última vez. Siempre será mi héroe y al que busque por consejo, pero es hora de dar un
paso hacia el hombre con el que haré nuevos recuerdos.
Mi futuro.
Mi érase una vez.
Mi felices para siempre.
—Nunca te viste más hermosa —me susurra mientras entramos por la puerta y
mis ojos se difuminan con lágrimas no derramadas—. Tu esposo te está esperando.
Esas palabras, tan agridulces de un papá dejando que su niña se vaya, casi me
rompen mientras fuerzo al nudo por mi garganta para mantener el abastecimiento de
agua en la bahía.
Respiro profundamente y miro los coloridos pétalos de rosa esparcidos por el
pasillo de tela blanca delante de mí. Parpadeo para quitarme la humedad de mis ojos,
porque cuando los levanto para ver a Pedro por primera vez, quiero que este
momento sea muy claro. Sin obstáculos. Perfecto.
Igual que el amor que siento por él.
Damos el primer paso. Oigo el crujido de nuestros invitados, mientras se voltean
para verme y silenciosos murmullos cuando lo hacen. Oigo las cuerdas de un violín y
el clic de las cámaras. Siento mi pulso tronar a través de mis venas y siento el temblor
en el brazo de mi padre mientras damos ésta, la más importante de las caminatas,
juntos. Huelo las flores que están la terraza, amasadas con la suave brisa del mar. Trato
de tomarlo todo, siguiendo el consejo de Lina y de memorizar cada detalle.
Y por encima de todo eso, oigo a Pedro inhalar cuando salgo a la vista y no
puedo esperar más. Cada parte de mi cuerpo está vibrando de anticipación.
Miro hacia arriba.
Y mis pies se mueven.
Pero mi corazón se detiene. Y late de nuevo.
Mi respiración perfora mis pulmones mientras engancho los ojos con Pedro y
disfruto de la mirada de asombro en su cara. El hombre que es siempre tan seguro de
sí mismo parece que el mundo se ha parado, inclinado y escindido.
Y lo curioso es... que lo tiene, desde el instante en que me tomó en sus brazos.
Nuestros ojos permanecen encontrados. Incluso cuando beso a mi padre en la
mejilla y le da mi mano a Pedro antes de irse a sentarse con mi mamá. Incluso cuando
Pedro toma mis manos entre las suyas y hace un gesto negativo con un poco de risa y
dice:
—Bonita bandera a cuadros.
—Tenía miedo de que no supieras cuál era yo —bromeo y siento como que
puedo respirar por primera vez durante todo el día. El golpeteo de mi corazón y mis
manos están temblando, pero él me tiene ahora.
—Nena, sabría dónde te encuentras, incluso si fuera ciego. —Y esa sonrisa, la
que ilumina sus ojos y calienta mi alma, se extiende a través de sus labios. Me siento
tan perdida en sus ojos y en las palabras no dichas que están comunicando eso sin
siquiera darme cuenta nuestra cuando el capellán comienza la ceremonia hasta que
Pedro lo ve y luego a mí. El verde de sus ojos brillan de emoción y su sonrisa se
ablanda mientras me mira fijamente.
—Paula —dice, asintiendo sutilmente mientras mira hacia abajo a nuestras
manos y luego de vuelta a mí—. Fui un hombre huyendo por la vida, la idea del amor
nunca cruzó por mi radar. Simplemente no era para mí. Y luego te estrellaste en mi
vida. Viste lo bueno en mí cuando yo no lo hice. Viste la posibilidad cuando yo no vi
nada. Cuando te aparté, te empujaste de regreso diez veces más duro. —Se ríe bajo—.
Me mostraste tu corazón, una y otra vez. Me enseñaste banderas a cuadros mucho más
valiosas fuera de la pista que dentro. Trajiste la luz a mi oscuridad con tu desinterés,
con tu temeridad... —Se estira y frota su pulgar sobre mi mejilla para enjugar las
lágrimas que se deslizan silenciosamente por mis mejillas.
Sus votos personales significan la profundidad de su amor por mí, el hombre que
juró que no podía amar, llena completamente mi corazón.
—Me diste una vida que ni siquiera sabía que quería, Pau. ¿Y por eso? Te prometo
entregarme a ti, quebrado, doblado y cada pieza en medio, de todo corazón, sin
engaños, sin influencias externas. Prometo enviarte las canciones por texto para que
me escuches cuando simplemente no me escuchas. Te prometo animar tu compasión,
porque eso es lo que haces. Te prometo presionarte para ser espontánea porque el
romper las reglas es lo que mejor hago —dice con una sonrisa mientras una solitaria
lagrima se desliza por su cara—. Prometo jugar montones y montones de béisbol,
asegurándome de que tocamos cada base. ¡Home run! —dice la última palabra bajo
para que solo yo pueda oírlo y me río a través de mis lágrimas.
Y no puedo aguantar más, así que extiendo la mano y froto mi mano sobre el
lado de su mandíbula, sin importarme ni un poco las supuestas personas que podrían
estar haciendo ese voto.
—Y esa de ahí... ¿esa ríe? Me comprometo a hacerte reír de esa manera todos los
días. Y suspirar. Me gusta escuchar tus suspiros también. —Él me guiña un ojo—. Te
prometo que nada será más valioso en mi vida que tú. Que nunca serás intrascendente .
Que las personas que amas, yo las amaré también —dice y luego mira la fila en la que
todos los chicos se sientan—. Mientras estoy aquí prometo ser tuyo, darte todo de mí,
sabes que tu vida nunca volverá a ser lo suficientemente larga para amarte. Es que no
es posible. —Se encoge de hombros, mi corazón se hincha mientras su voz fluctúa
delicadamente—. Pero, nena, siempre tendré que intentarlo, si me aceptas.
—¡Sí! —Me ahogo mientras Pedro desliza el anillo en mi dedo, mi cuerpo
tiembla, mi corazón siempre más constante, con mi cabeza completamente clara.
—Te amo —susurra.
Mis lágrimas caen y ni siquiera intento detenerlas. Él se ve tan en conflicto,
deseando atraerme a sus brazos e infundirme aliento. Mira a nuestro capellán, en
silencio pidiendo permiso para tocarme. Y es tan lindo que mi hombre, quien siempre
hace caso omiso de las reglas, tenga miedo de romperlas ahora.
Me seco los ojos con un pañuelo de papel que Lina me entrega y respiro
profundamente para prepararme para ir a través de mis votos.
—Pedro, tanto como traté de luchar contra ello, creo que he estado enamorada
de ti desde que me caí de ese armario de almacenamiento y caí en tus brazos. Un
encuentro casual . Tú viste una chispa en mí cuando lo único que había sentido durante
tanto tiempo era dolor. Me mostraste romance cuando juraste que no era real. Me
enseñaste que me merezco sentir cuando todo lo que había sido durante tanto tiempo
era estar insensible. —Niego y miro hacia abajo a nuestras manos, antes de volver a
mirarlo a los ojos.
»Me mostraste que las cicatrices por dentro y por fuera son preciosas y al dueño
de ellas sin temor. Me mostraste al verdadero tú, me dejaste entrar cuando siempre
sacaste a otros. Me mostraste tanta fortaleza y valentía que no tuve más remedio que
amarte. Y a pesar de que nunca lo supiste, me mostraste tu corazón una y otra vez.
Cada pieza retorcida de él —respiro, mis manos tiemblan sosteniendo las suyas.
Y la mirada en sus ojos, llena de aceptación, de adoración, de reverencia, es una
que nunca olvidaré.
Lágrimas se deslizan silenciosamente por sus mejillas, con tal contraste de
intensidad en su rostro pero no veo su vulnerabilidad. Siento el amor.
—Dices que te llevé la luz a tu oscuridad, pero no estoy de acuerdo. Tu luz estuvo
siempre allí, solo te enseñé a dejarla brillar. Me estás dando la vida que siempre he
querido. ¿Y por eso? Te prometo entregarme a ti, con desafío, abnegación, todo el
maldito alfabeto, de todo corazón, sin engaños, sin influencias externas.
Y no puedo evitarlo, incluso aunque sé que es contra las reglas, me inclino y
presiono un beso suave en sus labios y cuando me recuesto, la mirada de sus ojos y la
sonrisa torcida en su rostro es una que voy a recordar por el resto de nuestras vidas.
—Regla rota —bromea alzando las cejas mientras me preparo para terminar mis
votos.
—Aprendí del mejor. —Niego y miro hacia atrás a él con claridad—. Me
comprometo a animar a tus espíritus a liberarse y a romper las reglas de muchas
maneras porque eso es lo que haces tú. Prometo desafiarte y presionarte para que
podamos seguir creciendo en mejores versiones de nosotros mismos. Prometo ser
paciente y tomar tu mano cuando desees sostener el menos importante, porque eso es
lo que hago mejor. Te prometo enviarte canciones por texto también, así podremos
mantener las líneas de comunicación abiertas entre nosotros. Y prometo usar vestidos
con cremalleras en la parte de atrás. —Tiro una caprichosa, mirada provocadora a
Pedro para mirar por encima a Lina quien se está riendo detrás de mí. Él niega,
antes de centrarse de nuevo en mí.
—Te prometo una vida de risas, desayunos con helados y cenas con panqueques.
¿Y por mucho que me encanta agitar esa bandera a cuadros? Tú la tienes nene. —Mi
sonrisa coincide con la suya mientras mi amor por él se hincha y se eleva a nuevas
alturas—. Te prometo que nada será más valioso en mi vida que tú, porque todo lo
demás es irrelevante, y tú, Pedro, eres más definitivamente. Recuerdo estar sentada
en un Starbucks mirando y preguntándome cómo sería tener la oportunidad de amarte
y ahora tendré una vida para averiguarlo. Y todavía no creo que haya tiempo
suficiente. —Tomo su anillo de Lina, la banda grabada con un diseño a cuadros y la
deslizo en su dedo.
Becks comienza a reír y todos los invitados se ríen. Por mucho que quiero
estrangularlo, nunca podría hacerlo.
Esta es mi vida ahora y él es una parte de ella.
—Tú eres el siguiente, pendejo —murmura Pedro hacia él bajo, causando que
se asfixiara más y se ría más fuerte. Toma un minuto para que la risa se reduzca y para
que todo el mundo centre su atención de nuevo en nosotros.
—Pedro, siempre lo intentaremos, si me aceptas.
—Sabes que esto es permanente, ¿no? —dice, recordándome el símbolo para
siempre marcado en mi cadera. Asiento sutilmente mientras él me mira, con su cabeza
inclinada, con sus ojos bailando, con los labios sonrientes y dice: —No lo tomaría de
ninguna otra manera. —Mira a su lado, la nueva banda en su dedo anular y mueve la
cabeza por un momento mientras acepta lo que acaba de suceder. La expresión de su
cara no tiene precio.
Y con una impaciencia que rivaliza con la de uno de mis chicos, sus ojos se
mueven hacia la oficiante.
—Sí, Pedro—ríe ella, sabiendo exactamente lo que quiere—. ¡Puedes besar a la
novia!
Admiración y amor fluyen a través de mí.
—¡Gracias a Dios! —Exhala mientras da un paso hacia mí y enmarca mi cara con
sus manos—. Esta es una bandera a cuadros que siempre reclamaré.
Y luego sus labios están sobre los míos, nuestra conexión es irrefutable, según
dice el oficiante al anunciar:
—Amigos y familia, le presento al señor y a la señora Alfonso.
sábado, 11 de octubre de 2014
TERCERA PARTE: CAP 117
A medida que nos dirigimos hacia Broadbeach, estoy emocionada,
nerviosa y cada emoción en medio. Las puertas se abren antes de que
lleguemos a ellas y ni siquiera le doy a Beckett la oportunidad de
detenerse por completo antes de que esté fuera del coche y corra hacia la puerta
principal, donde está Sammy.
—¡Hola, Sammy! —digo casi sin aliento mientras espero a que él se mueva lejos
de la puerta.
—¿No quieres tu siguiente pista? —Su profunda voz retumba, creo que mi boca
cae laxa y dejo caer los hombros porque pensé que no había más pistas. Pensé que
estaba en la recta final y en mi dirección para ver a Pedro.
—Claro —me obligo a decir. Sin pensar, de repente me cubro la cara para
bloquearla de cualquier cosa que Sammy está lanzando en el aire. Durante un minuto
no lo capto. Los diminutos destellos de plata que reflejan los rayos del sol y luego se
pegan en mí. Cada parte de mi cuerpo está atenta mientras la piel de gallina cubre mi
cuerpo. Y parece tan gracioso de verdad, que este, hombre intimidante y fuerte se
quede de pie en medio de una lluvia de destellos. No tiene precio en más de un sentido,
porque hace brillar el aire.
El sollozo se ahoga en mi garganta mientras una sonrisa se extiende por la cara
de Sammy mientras extiende una caja para mí.
Supongo que a partir de esto, las palabras me serán robadas, y mi corazón caerá
sin miedo. Cuando abro la caja, las lágrimas que he contenido no tienen posibilidades
porque en el interior hay una taza de café llena de cubitos de azúcar.
Y puede ser cursi en su máxima expresión, pero la idea de que Pedro me escuchó
esa noche, que me escuchó decirle la importancia del puente de la canción de Pink y
que me la esté diciendo de nuevo en este momento por encima de todos los otros gestos
que ha hecho esta noche me destroza.
Me deshace, dejándome muy abierta y me completa con solo una fea taza de café
color rosa lleno de terrones de azúcar.
—¿Y? —pregunta Sammy, tratando de reprimir la sonrisa en su cara por mi
reacción demasiado emocional a este indicio de mal gusto.
—Me llamaste azúcar —le digo con voz temblorosa y una sonrisa en mi cara.
—¡Chica! —Se ríe y se hace a un lado, abriendo la puerta a sus espaldas—. La
última pista. —Mis ojos parpadean a los suyos—. Ve a donde escuchaste por primera
vez esto con Wood.
—¡Gracias, Sammy! —le grito por encima de mi hombro mientras corro como
una loca por la casa y voy a las escaleras. Mi corazón late con fuerza, mis manos
tiemblan y mi mente se tambalea, desesperada por verlo, por tocarlo, besarlo y
agradecerle, pero cuando llego al patio está vacío excepto por cientos de velas
encendidas rociadas sobre cada superficie imaginable.
Suspiro por la belleza de las luces suaves que centellean en medio del cielo que
se oscurece mientras camino hacia el piso de arriba a la terraza. Pongo mi dedo sobre
la parte superior de una tumbona mientras escucho Glitter in the Air flotando
suavemente en las bocinas de arriba y río.
—Maldita Pink. —Su voz es divertida, envolviéndome, sosteniéndome como un
rehén dispuesto, y por mucho que me asuste, me hace sentir como en casa.
—Maldita Pink —repito, mientras me levanto para enfrentar Pedro, el hombre
que amo con todo mi corazón, de pie delante de mí con la puesta de sol en su espalda
iluminando sus rasgos oscuros con su luz suave. Tantas emociones y sobretensiones
me atraviesan mientras él está allí, con las manos metidas en los bolsillos de sus
gastados jeans, con su camiseta favorita cubriendo sus hombros inclinados
casualmente contra la jamba de la puerta y la media tímida sonrisa que derrite mi
corazón adornando sus labios.
—¿Tuviste un buen día? —pregunta casualmente mientras sus ojos se mueven
arriba y abajo a lo largo de mi cuerpo, su lengua se lanza hacia fuera para mojar sus
labios que luchan por no sonreír por completo.
Y Dios, cómo quiero correr a sus brazos y besarlo sin sentido, mi cuerpo vibra
tanto con una necesidad física y emocional tan fuerte que aprieto mis manos alrededor
de la taza de café para evitar ceder.
—Fui enviada a una pequeña búsqueda inútil, pero estoy bastante segura de que
estoy justo donde pertenezco ahora.
—Hmm... —Él se empuja de la pared y se pasea lentamente en mi dirección, el
sexo personificado y algo más.
—¿Y dónde sería eso? —pregunta frunciendo el ceño.
Su indiferencia me está matando, quemando un agujero a través del fuego que
crece dentro de mí. Todo lo que quiero hacer es devorar a este hombre. A este hombre
que puso pensamientos, palabras y recuerdos de nuestro tiempo juntos y que me
envolvió en un paquete aseado para que lo desentrañara poco a poco, permitiéndome
recordar la importancia de todos y cada uno. Y lo más importante, recordando todos
y cada uno.
El hecho de que todo lo que importe para él lo haga por mí.
—Aquí mismo —respiro—. Pertenezco aquí contigo, Pedro. —Doy un paso
hacia él, mi necesidad, mi estabilidad, mi eterna adicción y me estiro para poner mi
mano en su mejilla cuando todo lo que realmente quiero es tirar de él hacia mí y
aferrarlo para siempre—. Gracias —le digo, nuestros cuerpos a pocos centímetros de
distancia, pero nuestros corazones están innegablemente conectados—. Estoy sin
palabras.
Él deja que su sonrisa se extienda y se estira para jugar con un rizo descansando
en mi hombro. Observo mientras sus ojos siguen mis dedos. El hecho de que parezca
nervioso por mi elogio, lo hace mucho más dulce y que toda esta noche sea mucho
más significativo.
Después de un instante, sus ojos se mueven lentamente hacia los míos, cristal
nadando en verde de emoción, un suave encogimiento de hombros.
—Eres la persona más desinteresada que conozco. Solo quería hacer algo para
mostrarte lo mucho que significas para mí. Quería que los chicos fueran parte de todo
para que te pudieran mostrar cuánto significas para ellos también.
Las lágrimas caen de mis ojos por centésima vez hoy y me trago el nudo en mi
garganta mientras miro a este hombre tan hermoso por dentro y por fuera. Un hombre
que una vez pensé arrogante, que solo se preocupaba por sí mismo. Un hombre que
me demostró que estaba equivocada con creces.
O supongo que debo decir con ases.
Froto mi pulgar atrás y adelante en su mejilla y le sonrío.
—Estoy abrumada... de verdad... por todo lo que pusiste en esto. —Miro hacia
abajo durante un minuto para tratar de estabilizar el flaqueo en mi voz—. Nadie hizo
algo así por mí antes.
Él se inclina y da el más dulce de los besos contra mis labios. Trato de profundizar
el beso, voraz por el resto de su cuerpo, el sonido de un suspiro, el calor de su toque,
pero él se aleja, besando la parte superior de mi nariz y luego descansando su frente
contra la mía. Mueve su otra mano hasta que coincide con la primera, con las yemas
de sus dedos enredándose en mi cabello mientras sus palmas sostienen mi mandíbula.
—Así que el primera de muchos —dice, su aliento calentando mis labios.
—Sí. —Libero un suspiro tembloroso, mi corazón latiendo con fuerza.
—Bien, porque, Pau, quiero ser tu primero, tu pasado y cada maldita cosa en
medio. —Hace hincapié en cada palabra como si casi le doliera decirlas.
Mi corazón se contrae debido a que las esperanzas y sueños que he deseado para
nosotros son ahora una posibilidad, pero antes de que pueda realmente captar la
realidad de esto, él se inclina hacia atrás y me mira a los ojos. Me mira con tal
intensidad, que es como si me viera por primera vez y entonces me hace una pregunta
que no esperaba:
—¿Por qué me amas, Paula?
Empujo mi cabeza y lo miro de regreso, hay tantas cosas que pasan por mi mente
que no puedo conseguir las palabras, por lo que solo me río. Él me mira raro, y
aprovecho el descanso para atraparlo con la guardia baja y apoderarme de la parte
posterior de su cuello para tirar de él hacia mí.
Mis labios están sobre los suyos en un latido, mi lengua se desliza en sus labios
entreabiertos fusionándose con los suyos.
Puedo sentir su sorpresa en el endurecimiento de sus labios, pero se disipa en
cuestión de segundos mientras sus manos se extienden para imitar los míos y se
enredan en mis rizos mientras nos deslizamos en la ternura suave del beso. Le muestro
por qué lo amo con la caricia de mi lengua, con el gemido satisfecho de mi garganta,
con mi necesidad no correspondida siempre queriendo tener más de él.
Y aunque no es suficiente para mí, retrocedo con su sabor en mi lengua y lo miro
a los ojos.
—Te amo, Pedro Alfonso, por muchas razones. —Tengo que parar porque la
emoción me abruma y quiero que vea mis ojos cuando le diga esto para que sepa con
certeza por qué me siento como me siento—. Te amo por lo que eres, por todo lo que
no eres, por donde viniste y por donde quieres ir. —Dejo una suave sonrisa jugar sobre
mis labios cuando lo miro, al hombre que amo tanto y al que le permito sentir todo lo
que le digo—. Me encanta tu sonrisita de niño escondida debajo de tu mala mueca de
niño. Te amo porque me dejaste entrar, me entregaste tu corazón, confiando en mí tus
secretos y me dejaste ver el lado de ti que nadie más ha llegado a ver... me dejaste ser
tú primera. ―Mi voz se rompe con las últimas palabras y las lágrimas llenan mis ojos
mientras lo miro, superada por la emoción—. Amo que tengas afecto por los algodones
de azúcar y por los coches “sexys como los traseros”. Amo este hoyuelo justo aquí... —
Me inclino y pongo un beso donde se está escondiendo—... y amo esto de aquí —digo,
pasando mi mano sobre la barba en su rostro—. Y amo que estés aquí cuando estás
flotando sobre mí, a punto de hacer el amor conmigo —digo, apretando sus bíceps
mientras los dobla para mí y me sonríe—. Pero más que nada, amo lo que hay aquí. —
Me inclino hacia delante y presiono un beso en su pecho, donde su corazón late debajo
de mis labios. Sigo presionándolos allí momentáneamente antes de mirar hacia él
debajo de mis pestañas y terminar con la razón más importante de todas—. Porque lo
que hay aquí, Pedro, es puro, bueno, intacto y tan increíblemente hermoso que me
deja sin palabras, como lo que hiciste hoy... como en estos momentos.
Me mira, con el músculo palpitando de su mandíbula mientras intenta aceptar
todo lo que acabo de decirle. Nuestros ojos se encuentran, nuestras almas están
desnudas y nuestros corazones están tan dispuestos a aceptar todo lo que el otro tiene
que estamos perdidos en nuestras palabras no dichas.
Dentro de un latido me tira a él, envuelve sus brazos alrededor de mí y me
sostiene con fuerza.
—Maldición, te amo —dice, su rostro está enterrado en la curva de mi cuello y
puedo sentir la irregularidad de su respiración caliente mientras trata de recobrar la
compostura.
La desesperación de su toque y de sus palabras cimienta todo entre nosotros y
nos aferremos uno al otro.
—Esto es a lo que me refiero —murmura, dándome un beso a un lado de mi
cuello, su boca es un susurro en mi oído—. Esta noche se supone que es acerca de ti,
por completo para ti y sin embargo, me acabas de dar tanto que apenas puedo
malditamente respirar ahora mismo.
Se inclina hacia atrás y la emoción de sus ojos es dominante. El niño pequeño, el
hombre adulto y paria rebelde, todos están mirándome en este momento, todos
diciéndome que me aman. Toma una respiración profunda y traga con fuerza.
—Es imposible estar cerca de ti, Pau, y no ser conmovido por ti de alguna manera,
de alguna forma. Dejas atada mi lengua y das una vuelta de tuerca a mi maldito
estómago en nudos la mitad del tiempo. —Hace un gesto negativo y le sonrío, tan
conmovida por sus respetos. Él se acerca y mueve un mechón de cabello de mi cara.
—Me has amado en mi más oscuro momento —susurra y me roba el aliento.
La cruda realidad de sus palabras causan que la piel de gallina baile sobre mi
carne y estoy sin palabras. Sus ojos brillan con humedad mientras se muerde el labio
inferior, antes de encontrar las palabras que necesita para terminar de expresarse.
—Me amaste cuando me odiaba a mí mismo. Cuando te empujé y traté de
lastimarte para que no pudieras ver... todo de mi pasado. Aceptaste mi miedo y me
amaste a causa de eso. —Niega—. Y entonces agarraste mis bolas y me dijiste que no
era negociable. —Ambos reímos de sus palabras, la levedad del comentario que nos
permite expulsar parte de la energía acumulada de esta conversación inesperadamente
intensa.
—Eso todavía está en el camino —digo con una sonrisa y se inclina hacia
adelante y pone sus labios contra los míos.
—Yo... —Suspira—. Pau, me has dado tanto y hoy solo quería decirte que lo
entiendo. Que lo acepto ahora y siento eso a cambio. —Pasa la mano por su cabello y
cierra sus ojos de golpe, seguido de esa sonrisa tímida que me encanta volviendo a sus
labios. Empieza a hablar y luego se detiene para borrar la emoción estrangulando sus
palabras antes de retroceder y encontrarse con mis ojos—. Me diste esperanza cuando
pensaba que estaba desesperado. Me enseñaste que el desafío es sexy como la mierda,
que las curvas son definitivamente mi kriptonita, y que se jodan las malditas rubias ,
porque las morenas son mucho más divertidas. —Me río, disfrutando del regreso de
mi chico malo y arrogante mientras frota sus manos por encima de su cara, arañando
el rastrojo a través del aire—. Estoy malditamente divagando aquí... no tengo mucho
sentido, así que ten paciencia conmigo.
—No hay otro lugar en el que quiera estar, Pedro —le digo mientras me
conduce a un salón de la calesa. Me siento y él se apoya en sus rodillas, en el suelo
delante de mí, su cuerpo es una V en mis muslos, sus mano toman mi cintura.
—Pau, te pregunté por qué me amas, pero lo que realmente quería era decirte
todas las razones por las que te amo. Es importante para mí saber que no dudas de mis
sentimientos por ti... porque demonios, Pau, me golpeaste en el culo. Fuiste la única
cosa que siempre quise, que nunca jamás esperé en mi vida e infiernos si puedo vivir
sin ti. —Se ríe de su aceptación, mientras mi sonrisa se ensancha—. Me pruebas, me
tientas y me haces ver las verdades que no quiero encarar y eres terca como el infierno,
pero Dios, nena, no te querría de ninguna otra manera. No te amaría de ninguna otra
manera. —Coloca sus manos sobre mis hombros, sus pulgares acarician el hueco entre
mis clavículas mientras niega y continúa—: Creo que siempre supe que serías mucho
más ... pero supe que estaba enamorado de ti la noche del evento Kids Now... cuando
estuviste en ese jardín y me empujaste a tener una oportunidad... me atreví a amarte.
—Su voz se rompe con la emoción de recordar esa noche.
—Y luego tuvimos sexo en Sexo —agrego con una risa que me gana, un sexy
gemido como el infierno sale desde lo más profundo de su garganta.
—Maldición, Pau, entre escaleras, techos de autos y algodones de azúcar, nunca
voy a poder escapar de pensar en ti —dice con voz cansina.
—Ese era mi plan desde el principio —bromeo con una sonrisa.
—¿En serio? ¿Has estado jugando conmigo todo este tiempo?
—Ujum —digo—. Odio el juego y no al jugador, ¿no? —Me río—. Bienvenido a
las grandes ligas, Ace. —El comentario deja mi lengua un instante y mi sarcasmo es
recompensado por la sonrisa que amo extendiéndose ampliamente en sus labios. Niega,
se inclina para jugar con mis labios en los suyos y me sorprende profundizando el beso.
Su lengua me tienta y me atormenta, el deseo y la necesidad se enrolla apretando cada
músculo al sur de mi cintura antes de que se aleje.
—Ves —susurra—. Es por eso que te amo. No son las grandes cosas que haces,
sino el millón de malditas pequeñas cosas que ni siquiera sabes que estás haciendo. Me
haces reír porque sabes que estoy incómodo al hablar de este tipo de mierda y estás de
acuerdo con eso. Es por hacerme ver el mundo bajo una luz diferente, como helado
para el desayuno y panqueques para una cena ligera. —Hace un gesto negativo y mira
hacia abajo momentáneamente.
—Y ese es el por qué te amo —le digo—. Porque no importa lo incómodo que
estés expresándote, sabes que necesito escucharlo y lo intentas... diablos, golpeaste
fuera del parque hoy. Fue, eres, perfecto.
—Estoy muy lejos de ser perfecto, Pau —dice con risa autocrítica.
Extiendo mi mano y lo toco, pasándola sobre la línea de su mandíbula.
—Eres mi tipo perfecto, Pedro.
Él me sonríe suavemente, con los ojos de repente mostrándose tan intensos y
serios.
—No, no creo que lo sea, Pau, y no sé de qué otra manera decirlo... —Se acerca y
toma mi rostro, sosteniendo mi cabeza con sus manos temblorosas para que mis ojos
vean los suyos—. Quiero ser tu maldita bandera a cuadros, Paula. Tu ritmo de coche
para conducir a través de los tiempos difíciles, tu parada en los pits cuando necesites
un descanso, tu línea de salida, tu meta, tu maldita línea de victoria.
Sus palabras se roban las mías y alimentan la necesidad que he tenido desde
nuestra primera reunión. Por mucho que intente luchar contra la sensación de aquella
fatídica noche, quería ser suya. Quiero mucho más que una reunión en un pasillo
detrás del escenario. Quiero toda la maldita carrera con él.
—Tu trofeo —reflexiono con una suave sonrisa, pensando en nuestra
conversación de la mañana después de nuestra primera vez juntos y sé que la recuerda,
porque me devuelve la misma sonrisa.
—No —susurra mientras se inclina hacia delante y presiona sus labios con los
míos—. Eres mucho más que un trofeo, Paula. Los trofeos son intrascendentes cuando
todo está dicho y hecho... ¿pero tú? Nunca podrías ser intrascendente. —Puedo sentir
la curva de sus labios en una sonrisa.
—No, tú y yo juntos... eso te haría mío —digo con una sonrisa mientras
contribuyo con un momento memorable de nuestro pasado.
—Uno bueno —reconoce, apoyándose con una diabólica sonrisa en su hermoso
rostro—. Mi turno —dice, lamiéndose los labios antes de hacer una mueca—. ¿Hay
alguien cuyo trasero tengo que patear antes de que pueda hacerlo oficial? —dice con
una risa, sus palabras me desafían a recordar.
Niego, sonriendo mientras sus dedos se arrastran por mis brazos y sus ojos me
atreven a recordar mi línea. Su toque es una distracción, pero lo recuerdo. Muevo mis
pestañas hacia él.
—¿Hacerlo oficial, señor Alfonso? —pregunto y cuando me encuentro en sus
ojos, me sorprenden por su intensa mirada.
—Esto, Paula —respira—. Hacer esto oficial —dice.
Suspiro, mi mano vuela para taparme la boca cuando miro hacia abajo al brillante
anillo de compromiso. Estoy tan agradecida de estar sentada, porque el mundo se
mueve a mí alrededor en un borrón. Todo en lo que puedo centrarme es en la
brillantez del hombre frente a mí, pidiendo mi mundo completo. Un mundo que
nunca pensé que existiría para mí.
Me recuerdo a mí misma tener que respirar, a pesar de que todavía no puedo
confiar en mí misma para formar palabras correctamente, por lo que solo lo miro, con
el cuerpo cubierto de piel de gallina a pesar del calor de su amor pulsando a través de
mí. Lo miro a través de lágrimas con ojos borrosos y asiento sutilmente en estado de
shock. No muevo mis ojos de los suyos, porque puedo ver que este momento significa
tanto para él como para mí.
—Haz esto oficialmente conmigo, Paula —dice, con voz segura, pero sus manos
son inestables. Amo el hecho de que esté nervioso, que signifique tanto para él que
está preocupado de que pueda decir que no—. Te dije una vez que si no podía decir
las palabras, haría todo lo que pudiera para demostrarte lo que siento por ti. Bueno,
puedo decir las palabras ahora, nena. Tú me mostraste cómo. Te amo. —Sus ojos
sostienen los míos pero no puedo dejar de mirar hacia abajo a esa tímida sonrisa suya
que posee mi corazón—. Amo lo que eres y lo que me haces. Amo que tu chispa haya
detenido el desenfoque. Que quieras competir conmigo. Que no necesito más a los
superhéroes porque te necesito en su lugar. —Niega ligeramente y nerviosamente se
ríe antes de comenzar de nuevo—. Mierda, ya hicimos lo de: en lo bueno y en lo malo
y en la enfermedad y en la salud, por lo que vamos a hacer el: hasta que la muerte nos
separe también. Haz una vida conmigo, Pauli. Comienza conmigo. Termina conmigo.
Complétame. Sé mi única y mi primera. Sé mi línea de maldita victoria y mi maldita
bandera a cuadros porque Dios sabe que seré tuyo si me lo permites. ¿Te casarías
conmigo, Pau?
Las lágrimas corren por nuestros rostros y estoy tan abrumada por la belleza de
sus palabras y la efusión de su alma que no puedo hablar, así que se lo muestro en su
lugar. Me inclino hacia delante y presiono mis labios en los suyos, el sabor de la sal se
mezcla en nuestros labios mientras me sumerjo en el beso.
Y entonces empiezo a reír mientras mis labios se presionan contra los suyos y las
emociones proliferan a través de mí.
No puedo evitarlo. Me inclino hacia atrás y suelto mis lágrimas mientras él me
mira.
—Me estás matando aquí, Pau... —Sus voz vacila, una mezcla de exasperación y
ansiedad. Sus ojos le suplican a los míos, implorando y me doy cuenta de que sé la
respuesta, sin duda, pero nunca la dije.
—Sí, Pedro —digo, mi voz creciendo de emoción mientras se forman más
lágrimas—. Sí, me casaré contigo.
—¡Gracias a Dios! —Suspira y hace un gesto negativo con total adoración en sus
ojos cuando me mira. Mis ojos todavía están en los suyos, pero su mano se extiende
para tomar la mía. Rompe nuestra conexión y mira hacia abajo, llevando mis ojos hacia
abajo para verlo deslizar el cojín de corte de diamantes canario, enmarcado por
diamantes más pequeños, en mi dedo anular.
Estamos en silencio mientras lo miramos, la enormidad del momento nos golpea.
El anillo es hermoso y enorme pero una banda de oro sencilla habría hecho el truco,
porque cuando miro hacia arriba, no es mi verdadero premio. Oscuro cabello, ojos
verdes, mandíbula terca y un corazón que es mi dueño: en mente, cuerpo y alma.
—Te amo —susurro.
—Yo también te amo —dice, presiona un beso en mis labios y luego echa la
cabeza hacia atrás y se ríe antes de gritar con todos sus pulmones—. ¡Ella dijo que sí!
Estoy sorprendida por su grito, pero entonces entiendo cuando oigo un rugido
de aplausos y prisas hasta el borde de la terraza. Cuando miro hacia abajo estoy
sorprendida de ver a todos mirándonos desde el patio de abajo.
A todo el mundo de hoy, incluyendo los dos conjuntos de nuestros padres.
Todos están animando y silbando y lo único que puedo hacer es negar y aceptar
su felicidad. Los saludo a todos, sosteniendo mi mano para mostrar mi anillo y celebrar
con ellos.
Miro a Pedro y las emociones me tragan entera. Lo amo con todo mi corazón.
Sin preguntas. Sin dudas. Sin temores.
—Oye, Pauli —dice, tirando de mí hacia él—. Sí van a mirar... —Levanta una
ceja y sonríe cuando ve el anillo en mi mano izquierda apoyada en su bíceps.
Echo mi cabeza hacia atrás y río antes de completar la línea por él.
—Bien podrías darles algo bueno para mirar.
Él levanta una ceja.
—Maldición, te amo, futura señora Alfonso. —Me jala, escalofríos bailan en mi
espina y una sonrisa se extiende en mis labios, mientras se inclina hacia delante y me
besa.
Los vítores se elevan a un nivel desenfrenado abajo, pero todo lo que escucho es
el suave gemido de Pedro. Todo lo que siento es cada lugar de nuestros cuerpos
tocándose. Todo lo que sé es el calor extendiéndose dentro de mí, agarrando, buscando
la permanencia.
Todo lo demás se desvanece.
La multitud de abajo.
El mundo más allá.
Porque lo que tengo, todo lo que necesito, está justo aquí en mis brazos.
La única cosa que ninguno de nosotros quería, resultó ser la única cosa sin la que no quiero volver a vivir.
Uno con el otro.
QUEDA UN CAPITULO MÁS LOS EPÍLOGOS! ♥
nerviosa y cada emoción en medio. Las puertas se abren antes de que
lleguemos a ellas y ni siquiera le doy a Beckett la oportunidad de
detenerse por completo antes de que esté fuera del coche y corra hacia la puerta
principal, donde está Sammy.
—¡Hola, Sammy! —digo casi sin aliento mientras espero a que él se mueva lejos
de la puerta.
—¿No quieres tu siguiente pista? —Su profunda voz retumba, creo que mi boca
cae laxa y dejo caer los hombros porque pensé que no había más pistas. Pensé que
estaba en la recta final y en mi dirección para ver a Pedro.
—Claro —me obligo a decir. Sin pensar, de repente me cubro la cara para
bloquearla de cualquier cosa que Sammy está lanzando en el aire. Durante un minuto
no lo capto. Los diminutos destellos de plata que reflejan los rayos del sol y luego se
pegan en mí. Cada parte de mi cuerpo está atenta mientras la piel de gallina cubre mi
cuerpo. Y parece tan gracioso de verdad, que este, hombre intimidante y fuerte se
quede de pie en medio de una lluvia de destellos. No tiene precio en más de un sentido,
porque hace brillar el aire.
El sollozo se ahoga en mi garganta mientras una sonrisa se extiende por la cara
de Sammy mientras extiende una caja para mí.
Supongo que a partir de esto, las palabras me serán robadas, y mi corazón caerá
sin miedo. Cuando abro la caja, las lágrimas que he contenido no tienen posibilidades
porque en el interior hay una taza de café llena de cubitos de azúcar.
Y puede ser cursi en su máxima expresión, pero la idea de que Pedro me escuchó
esa noche, que me escuchó decirle la importancia del puente de la canción de Pink y
que me la esté diciendo de nuevo en este momento por encima de todos los otros gestos
que ha hecho esta noche me destroza.
Me deshace, dejándome muy abierta y me completa con solo una fea taza de café
color rosa lleno de terrones de azúcar.
—¿Y? —pregunta Sammy, tratando de reprimir la sonrisa en su cara por mi
reacción demasiado emocional a este indicio de mal gusto.
—Me llamaste azúcar —le digo con voz temblorosa y una sonrisa en mi cara.
—¡Chica! —Se ríe y se hace a un lado, abriendo la puerta a sus espaldas—. La
última pista. —Mis ojos parpadean a los suyos—. Ve a donde escuchaste por primera
vez esto con Wood.
—¡Gracias, Sammy! —le grito por encima de mi hombro mientras corro como
una loca por la casa y voy a las escaleras. Mi corazón late con fuerza, mis manos
tiemblan y mi mente se tambalea, desesperada por verlo, por tocarlo, besarlo y
agradecerle, pero cuando llego al patio está vacío excepto por cientos de velas
encendidas rociadas sobre cada superficie imaginable.
Suspiro por la belleza de las luces suaves que centellean en medio del cielo que
se oscurece mientras camino hacia el piso de arriba a la terraza. Pongo mi dedo sobre
la parte superior de una tumbona mientras escucho Glitter in the Air flotando
suavemente en las bocinas de arriba y río.
—Maldita Pink. —Su voz es divertida, envolviéndome, sosteniéndome como un
rehén dispuesto, y por mucho que me asuste, me hace sentir como en casa.
—Maldita Pink —repito, mientras me levanto para enfrentar Pedro, el hombre
que amo con todo mi corazón, de pie delante de mí con la puesta de sol en su espalda
iluminando sus rasgos oscuros con su luz suave. Tantas emociones y sobretensiones
me atraviesan mientras él está allí, con las manos metidas en los bolsillos de sus
gastados jeans, con su camiseta favorita cubriendo sus hombros inclinados
casualmente contra la jamba de la puerta y la media tímida sonrisa que derrite mi
corazón adornando sus labios.
—¿Tuviste un buen día? —pregunta casualmente mientras sus ojos se mueven
arriba y abajo a lo largo de mi cuerpo, su lengua se lanza hacia fuera para mojar sus
labios que luchan por no sonreír por completo.
Y Dios, cómo quiero correr a sus brazos y besarlo sin sentido, mi cuerpo vibra
tanto con una necesidad física y emocional tan fuerte que aprieto mis manos alrededor
de la taza de café para evitar ceder.
—Fui enviada a una pequeña búsqueda inútil, pero estoy bastante segura de que
estoy justo donde pertenezco ahora.
—Hmm... —Él se empuja de la pared y se pasea lentamente en mi dirección, el
sexo personificado y algo más.
—¿Y dónde sería eso? —pregunta frunciendo el ceño.
Su indiferencia me está matando, quemando un agujero a través del fuego que
crece dentro de mí. Todo lo que quiero hacer es devorar a este hombre. A este hombre
que puso pensamientos, palabras y recuerdos de nuestro tiempo juntos y que me
envolvió en un paquete aseado para que lo desentrañara poco a poco, permitiéndome
recordar la importancia de todos y cada uno. Y lo más importante, recordando todos
y cada uno.
El hecho de que todo lo que importe para él lo haga por mí.
—Aquí mismo —respiro—. Pertenezco aquí contigo, Pedro. —Doy un paso
hacia él, mi necesidad, mi estabilidad, mi eterna adicción y me estiro para poner mi
mano en su mejilla cuando todo lo que realmente quiero es tirar de él hacia mí y
aferrarlo para siempre—. Gracias —le digo, nuestros cuerpos a pocos centímetros de
distancia, pero nuestros corazones están innegablemente conectados—. Estoy sin
palabras.
Él deja que su sonrisa se extienda y se estira para jugar con un rizo descansando
en mi hombro. Observo mientras sus ojos siguen mis dedos. El hecho de que parezca
nervioso por mi elogio, lo hace mucho más dulce y que toda esta noche sea mucho
más significativo.
Después de un instante, sus ojos se mueven lentamente hacia los míos, cristal
nadando en verde de emoción, un suave encogimiento de hombros.
—Eres la persona más desinteresada que conozco. Solo quería hacer algo para
mostrarte lo mucho que significas para mí. Quería que los chicos fueran parte de todo
para que te pudieran mostrar cuánto significas para ellos también.
Las lágrimas caen de mis ojos por centésima vez hoy y me trago el nudo en mi
garganta mientras miro a este hombre tan hermoso por dentro y por fuera. Un hombre
que una vez pensé arrogante, que solo se preocupaba por sí mismo. Un hombre que
me demostró que estaba equivocada con creces.
O supongo que debo decir con ases.
Froto mi pulgar atrás y adelante en su mejilla y le sonrío.
—Estoy abrumada... de verdad... por todo lo que pusiste en esto. —Miro hacia
abajo durante un minuto para tratar de estabilizar el flaqueo en mi voz—. Nadie hizo
algo así por mí antes.
Él se inclina y da el más dulce de los besos contra mis labios. Trato de profundizar
el beso, voraz por el resto de su cuerpo, el sonido de un suspiro, el calor de su toque,
pero él se aleja, besando la parte superior de mi nariz y luego descansando su frente
contra la mía. Mueve su otra mano hasta que coincide con la primera, con las yemas
de sus dedos enredándose en mi cabello mientras sus palmas sostienen mi mandíbula.
—Así que el primera de muchos —dice, su aliento calentando mis labios.
—Sí. —Libero un suspiro tembloroso, mi corazón latiendo con fuerza.
—Bien, porque, Pau, quiero ser tu primero, tu pasado y cada maldita cosa en
medio. —Hace hincapié en cada palabra como si casi le doliera decirlas.
Mi corazón se contrae debido a que las esperanzas y sueños que he deseado para
nosotros son ahora una posibilidad, pero antes de que pueda realmente captar la
realidad de esto, él se inclina hacia atrás y me mira a los ojos. Me mira con tal
intensidad, que es como si me viera por primera vez y entonces me hace una pregunta
que no esperaba:
—¿Por qué me amas, Paula?
Empujo mi cabeza y lo miro de regreso, hay tantas cosas que pasan por mi mente
que no puedo conseguir las palabras, por lo que solo me río. Él me mira raro, y
aprovecho el descanso para atraparlo con la guardia baja y apoderarme de la parte
posterior de su cuello para tirar de él hacia mí.
Mis labios están sobre los suyos en un latido, mi lengua se desliza en sus labios
entreabiertos fusionándose con los suyos.
Puedo sentir su sorpresa en el endurecimiento de sus labios, pero se disipa en
cuestión de segundos mientras sus manos se extienden para imitar los míos y se
enredan en mis rizos mientras nos deslizamos en la ternura suave del beso. Le muestro
por qué lo amo con la caricia de mi lengua, con el gemido satisfecho de mi garganta,
con mi necesidad no correspondida siempre queriendo tener más de él.
Y aunque no es suficiente para mí, retrocedo con su sabor en mi lengua y lo miro
a los ojos.
—Te amo, Pedro Alfonso, por muchas razones. —Tengo que parar porque la
emoción me abruma y quiero que vea mis ojos cuando le diga esto para que sepa con
certeza por qué me siento como me siento—. Te amo por lo que eres, por todo lo que
no eres, por donde viniste y por donde quieres ir. —Dejo una suave sonrisa jugar sobre
mis labios cuando lo miro, al hombre que amo tanto y al que le permito sentir todo lo
que le digo—. Me encanta tu sonrisita de niño escondida debajo de tu mala mueca de
niño. Te amo porque me dejaste entrar, me entregaste tu corazón, confiando en mí tus
secretos y me dejaste ver el lado de ti que nadie más ha llegado a ver... me dejaste ser
tú primera. ―Mi voz se rompe con las últimas palabras y las lágrimas llenan mis ojos
mientras lo miro, superada por la emoción—. Amo que tengas afecto por los algodones
de azúcar y por los coches “sexys como los traseros”. Amo este hoyuelo justo aquí... —
Me inclino y pongo un beso donde se está escondiendo—... y amo esto de aquí —digo,
pasando mi mano sobre la barba en su rostro—. Y amo que estés aquí cuando estás
flotando sobre mí, a punto de hacer el amor conmigo —digo, apretando sus bíceps
mientras los dobla para mí y me sonríe—. Pero más que nada, amo lo que hay aquí. —
Me inclino hacia delante y presiono un beso en su pecho, donde su corazón late debajo
de mis labios. Sigo presionándolos allí momentáneamente antes de mirar hacia él
debajo de mis pestañas y terminar con la razón más importante de todas—. Porque lo
que hay aquí, Pedro, es puro, bueno, intacto y tan increíblemente hermoso que me
deja sin palabras, como lo que hiciste hoy... como en estos momentos.
Me mira, con el músculo palpitando de su mandíbula mientras intenta aceptar
todo lo que acabo de decirle. Nuestros ojos se encuentran, nuestras almas están
desnudas y nuestros corazones están tan dispuestos a aceptar todo lo que el otro tiene
que estamos perdidos en nuestras palabras no dichas.
Dentro de un latido me tira a él, envuelve sus brazos alrededor de mí y me
sostiene con fuerza.
—Maldición, te amo —dice, su rostro está enterrado en la curva de mi cuello y
puedo sentir la irregularidad de su respiración caliente mientras trata de recobrar la
compostura.
La desesperación de su toque y de sus palabras cimienta todo entre nosotros y
nos aferremos uno al otro.
—Esto es a lo que me refiero —murmura, dándome un beso a un lado de mi
cuello, su boca es un susurro en mi oído—. Esta noche se supone que es acerca de ti,
por completo para ti y sin embargo, me acabas de dar tanto que apenas puedo
malditamente respirar ahora mismo.
Se inclina hacia atrás y la emoción de sus ojos es dominante. El niño pequeño, el
hombre adulto y paria rebelde, todos están mirándome en este momento, todos
diciéndome que me aman. Toma una respiración profunda y traga con fuerza.
—Es imposible estar cerca de ti, Pau, y no ser conmovido por ti de alguna manera,
de alguna forma. Dejas atada mi lengua y das una vuelta de tuerca a mi maldito
estómago en nudos la mitad del tiempo. —Hace un gesto negativo y le sonrío, tan
conmovida por sus respetos. Él se acerca y mueve un mechón de cabello de mi cara.
—Me has amado en mi más oscuro momento —susurra y me roba el aliento.
La cruda realidad de sus palabras causan que la piel de gallina baile sobre mi
carne y estoy sin palabras. Sus ojos brillan con humedad mientras se muerde el labio
inferior, antes de encontrar las palabras que necesita para terminar de expresarse.
—Me amaste cuando me odiaba a mí mismo. Cuando te empujé y traté de
lastimarte para que no pudieras ver... todo de mi pasado. Aceptaste mi miedo y me
amaste a causa de eso. —Niega—. Y entonces agarraste mis bolas y me dijiste que no
era negociable. —Ambos reímos de sus palabras, la levedad del comentario que nos
permite expulsar parte de la energía acumulada de esta conversación inesperadamente
intensa.
—Eso todavía está en el camino —digo con una sonrisa y se inclina hacia
adelante y pone sus labios contra los míos.
—Yo... —Suspira—. Pau, me has dado tanto y hoy solo quería decirte que lo
entiendo. Que lo acepto ahora y siento eso a cambio. —Pasa la mano por su cabello y
cierra sus ojos de golpe, seguido de esa sonrisa tímida que me encanta volviendo a sus
labios. Empieza a hablar y luego se detiene para borrar la emoción estrangulando sus
palabras antes de retroceder y encontrarse con mis ojos—. Me diste esperanza cuando
pensaba que estaba desesperado. Me enseñaste que el desafío es sexy como la mierda,
que las curvas son definitivamente mi kriptonita, y que se jodan las malditas rubias ,
porque las morenas son mucho más divertidas. —Me río, disfrutando del regreso de
mi chico malo y arrogante mientras frota sus manos por encima de su cara, arañando
el rastrojo a través del aire—. Estoy malditamente divagando aquí... no tengo mucho
sentido, así que ten paciencia conmigo.
—No hay otro lugar en el que quiera estar, Pedro —le digo mientras me
conduce a un salón de la calesa. Me siento y él se apoya en sus rodillas, en el suelo
delante de mí, su cuerpo es una V en mis muslos, sus mano toman mi cintura.
—Pau, te pregunté por qué me amas, pero lo que realmente quería era decirte
todas las razones por las que te amo. Es importante para mí saber que no dudas de mis
sentimientos por ti... porque demonios, Pau, me golpeaste en el culo. Fuiste la única
cosa que siempre quise, que nunca jamás esperé en mi vida e infiernos si puedo vivir
sin ti. —Se ríe de su aceptación, mientras mi sonrisa se ensancha—. Me pruebas, me
tientas y me haces ver las verdades que no quiero encarar y eres terca como el infierno,
pero Dios, nena, no te querría de ninguna otra manera. No te amaría de ninguna otra
manera. —Coloca sus manos sobre mis hombros, sus pulgares acarician el hueco entre
mis clavículas mientras niega y continúa—: Creo que siempre supe que serías mucho
más ... pero supe que estaba enamorado de ti la noche del evento Kids Now... cuando
estuviste en ese jardín y me empujaste a tener una oportunidad... me atreví a amarte.
—Su voz se rompe con la emoción de recordar esa noche.
—Y luego tuvimos sexo en Sexo —agrego con una risa que me gana, un sexy
gemido como el infierno sale desde lo más profundo de su garganta.
—Maldición, Pau, entre escaleras, techos de autos y algodones de azúcar, nunca
voy a poder escapar de pensar en ti —dice con voz cansina.
—Ese era mi plan desde el principio —bromeo con una sonrisa.
—¿En serio? ¿Has estado jugando conmigo todo este tiempo?
—Ujum —digo—. Odio el juego y no al jugador, ¿no? —Me río—. Bienvenido a
las grandes ligas, Ace. —El comentario deja mi lengua un instante y mi sarcasmo es
recompensado por la sonrisa que amo extendiéndose ampliamente en sus labios. Niega,
se inclina para jugar con mis labios en los suyos y me sorprende profundizando el beso.
Su lengua me tienta y me atormenta, el deseo y la necesidad se enrolla apretando cada
músculo al sur de mi cintura antes de que se aleje.
—Ves —susurra—. Es por eso que te amo. No son las grandes cosas que haces,
sino el millón de malditas pequeñas cosas que ni siquiera sabes que estás haciendo. Me
haces reír porque sabes que estoy incómodo al hablar de este tipo de mierda y estás de
acuerdo con eso. Es por hacerme ver el mundo bajo una luz diferente, como helado
para el desayuno y panqueques para una cena ligera. —Hace un gesto negativo y mira
hacia abajo momentáneamente.
—Y ese es el por qué te amo —le digo—. Porque no importa lo incómodo que
estés expresándote, sabes que necesito escucharlo y lo intentas... diablos, golpeaste
fuera del parque hoy. Fue, eres, perfecto.
—Estoy muy lejos de ser perfecto, Pau —dice con risa autocrítica.
Extiendo mi mano y lo toco, pasándola sobre la línea de su mandíbula.
—Eres mi tipo perfecto, Pedro.
Él me sonríe suavemente, con los ojos de repente mostrándose tan intensos y
serios.
—No, no creo que lo sea, Pau, y no sé de qué otra manera decirlo... —Se acerca y
toma mi rostro, sosteniendo mi cabeza con sus manos temblorosas para que mis ojos
vean los suyos—. Quiero ser tu maldita bandera a cuadros, Paula. Tu ritmo de coche
para conducir a través de los tiempos difíciles, tu parada en los pits cuando necesites
un descanso, tu línea de salida, tu meta, tu maldita línea de victoria.
Sus palabras se roban las mías y alimentan la necesidad que he tenido desde
nuestra primera reunión. Por mucho que intente luchar contra la sensación de aquella
fatídica noche, quería ser suya. Quiero mucho más que una reunión en un pasillo
detrás del escenario. Quiero toda la maldita carrera con él.
—Tu trofeo —reflexiono con una suave sonrisa, pensando en nuestra
conversación de la mañana después de nuestra primera vez juntos y sé que la recuerda,
porque me devuelve la misma sonrisa.
—No —susurra mientras se inclina hacia delante y presiona sus labios con los
míos—. Eres mucho más que un trofeo, Paula. Los trofeos son intrascendentes cuando
todo está dicho y hecho... ¿pero tú? Nunca podrías ser intrascendente. —Puedo sentir
la curva de sus labios en una sonrisa.
—No, tú y yo juntos... eso te haría mío —digo con una sonrisa mientras
contribuyo con un momento memorable de nuestro pasado.
—Uno bueno —reconoce, apoyándose con una diabólica sonrisa en su hermoso
rostro—. Mi turno —dice, lamiéndose los labios antes de hacer una mueca—. ¿Hay
alguien cuyo trasero tengo que patear antes de que pueda hacerlo oficial? —dice con
una risa, sus palabras me desafían a recordar.
Niego, sonriendo mientras sus dedos se arrastran por mis brazos y sus ojos me
atreven a recordar mi línea. Su toque es una distracción, pero lo recuerdo. Muevo mis
pestañas hacia él.
—¿Hacerlo oficial, señor Alfonso? —pregunto y cuando me encuentro en sus
ojos, me sorprenden por su intensa mirada.
—Esto, Paula —respira—. Hacer esto oficial —dice.
Suspiro, mi mano vuela para taparme la boca cuando miro hacia abajo al brillante
anillo de compromiso. Estoy tan agradecida de estar sentada, porque el mundo se
mueve a mí alrededor en un borrón. Todo en lo que puedo centrarme es en la
brillantez del hombre frente a mí, pidiendo mi mundo completo. Un mundo que
nunca pensé que existiría para mí.
Me recuerdo a mí misma tener que respirar, a pesar de que todavía no puedo
confiar en mí misma para formar palabras correctamente, por lo que solo lo miro, con
el cuerpo cubierto de piel de gallina a pesar del calor de su amor pulsando a través de
mí. Lo miro a través de lágrimas con ojos borrosos y asiento sutilmente en estado de
shock. No muevo mis ojos de los suyos, porque puedo ver que este momento significa
tanto para él como para mí.
—Haz esto oficialmente conmigo, Paula —dice, con voz segura, pero sus manos
son inestables. Amo el hecho de que esté nervioso, que signifique tanto para él que
está preocupado de que pueda decir que no—. Te dije una vez que si no podía decir
las palabras, haría todo lo que pudiera para demostrarte lo que siento por ti. Bueno,
puedo decir las palabras ahora, nena. Tú me mostraste cómo. Te amo. —Sus ojos
sostienen los míos pero no puedo dejar de mirar hacia abajo a esa tímida sonrisa suya
que posee mi corazón—. Amo lo que eres y lo que me haces. Amo que tu chispa haya
detenido el desenfoque. Que quieras competir conmigo. Que no necesito más a los
superhéroes porque te necesito en su lugar. —Niega ligeramente y nerviosamente se
ríe antes de comenzar de nuevo—. Mierda, ya hicimos lo de: en lo bueno y en lo malo
y en la enfermedad y en la salud, por lo que vamos a hacer el: hasta que la muerte nos
separe también. Haz una vida conmigo, Pauli. Comienza conmigo. Termina conmigo.
Complétame. Sé mi única y mi primera. Sé mi línea de maldita victoria y mi maldita
bandera a cuadros porque Dios sabe que seré tuyo si me lo permites. ¿Te casarías
conmigo, Pau?
Las lágrimas corren por nuestros rostros y estoy tan abrumada por la belleza de
sus palabras y la efusión de su alma que no puedo hablar, así que se lo muestro en su
lugar. Me inclino hacia delante y presiono mis labios en los suyos, el sabor de la sal se
mezcla en nuestros labios mientras me sumerjo en el beso.
Y entonces empiezo a reír mientras mis labios se presionan contra los suyos y las
emociones proliferan a través de mí.
No puedo evitarlo. Me inclino hacia atrás y suelto mis lágrimas mientras él me
mira.
—Me estás matando aquí, Pau... —Sus voz vacila, una mezcla de exasperación y
ansiedad. Sus ojos le suplican a los míos, implorando y me doy cuenta de que sé la
respuesta, sin duda, pero nunca la dije.
—Sí, Pedro —digo, mi voz creciendo de emoción mientras se forman más
lágrimas—. Sí, me casaré contigo.
—¡Gracias a Dios! —Suspira y hace un gesto negativo con total adoración en sus
ojos cuando me mira. Mis ojos todavía están en los suyos, pero su mano se extiende
para tomar la mía. Rompe nuestra conexión y mira hacia abajo, llevando mis ojos hacia
abajo para verlo deslizar el cojín de corte de diamantes canario, enmarcado por
diamantes más pequeños, en mi dedo anular.
Estamos en silencio mientras lo miramos, la enormidad del momento nos golpea.
El anillo es hermoso y enorme pero una banda de oro sencilla habría hecho el truco,
porque cuando miro hacia arriba, no es mi verdadero premio. Oscuro cabello, ojos
verdes, mandíbula terca y un corazón que es mi dueño: en mente, cuerpo y alma.
—Te amo —susurro.
—Yo también te amo —dice, presiona un beso en mis labios y luego echa la
cabeza hacia atrás y se ríe antes de gritar con todos sus pulmones—. ¡Ella dijo que sí!
Estoy sorprendida por su grito, pero entonces entiendo cuando oigo un rugido
de aplausos y prisas hasta el borde de la terraza. Cuando miro hacia abajo estoy
sorprendida de ver a todos mirándonos desde el patio de abajo.
A todo el mundo de hoy, incluyendo los dos conjuntos de nuestros padres.
Todos están animando y silbando y lo único que puedo hacer es negar y aceptar
su felicidad. Los saludo a todos, sosteniendo mi mano para mostrar mi anillo y celebrar
con ellos.
Miro a Pedro y las emociones me tragan entera. Lo amo con todo mi corazón.
Sin preguntas. Sin dudas. Sin temores.
—Oye, Pauli —dice, tirando de mí hacia él—. Sí van a mirar... —Levanta una
ceja y sonríe cuando ve el anillo en mi mano izquierda apoyada en su bíceps.
Echo mi cabeza hacia atrás y río antes de completar la línea por él.
—Bien podrías darles algo bueno para mirar.
Él levanta una ceja.
—Maldición, te amo, futura señora Alfonso. —Me jala, escalofríos bailan en mi
espina y una sonrisa se extiende en mis labios, mientras se inclina hacia delante y me
besa.
Los vítores se elevan a un nivel desenfrenado abajo, pero todo lo que escucho es
el suave gemido de Pedro. Todo lo que siento es cada lugar de nuestros cuerpos
tocándose. Todo lo que sé es el calor extendiéndose dentro de mí, agarrando, buscando
la permanencia.
Todo lo demás se desvanece.
La multitud de abajo.
El mundo más allá.
Porque lo que tengo, todo lo que necesito, está justo aquí en mis brazos.
La única cosa que ninguno de nosotros quería, resultó ser la única cosa sin la que no quiero volver a vivir.
Uno con el otro.
QUEDA UN CAPITULO MÁS LOS EPÍLOGOS! ♥
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)