lunes, 1 de septiembre de 2014
SEGUNDA PARTE: CAP 64
PEDRO.....
No puedo respirar. Joder. Me duele el pecho. Mis ojos están desenfocados. Mi cuerpo tiembla. El ataque de pánico me golpea con toda su fuerza mientras agarro el volante, los nudillos volviéndose blancos y el corazón latiendo en mis oídos como un maldito tren de carga. Trato de cerrar los ojos, trato de calmarme, pero todo lo que veo es la cara interior de la casa en frente de mí. Todo lo que oigo son esas palabras venenosas que caen de su boca.
Mi pecho se contrae de nuevo mientras me obligo a salir de su camino y concentrarme en la carretera. Para no pensar. Para no dejar que la oscuridad me inunde dentro, o permitir que los recuerdos se filtren a través.
Lo único que puedo hacer es conducir, pero no es lo suficientemente rápido. Sólo en la pista es siempre lo suficientemente rápido como para esforzarme en desenfocar lo que hay alrededor mío, perdiéndome en ello, de modo que nada de esto puede atraparme.
Me estaciono frente a un bar de la costa: oscuras ventanas, ninguna señal sobre la puerta con su nombre, y un sinfín de ceniceros rebosantes en los alféizares de las ventanas. Ni siquiera sé dónde coño estoy. Aparco mi coche al lado de alguna pieza de chatarra de mierda sin ni siquiera pensarlo dos veces. Todo lo que puedo pensar es en cómo adormecerme a mí mismo, cómo borrar lo que acaba de decir Paula.
El bar está oscuro en el interior cuando abro la puerta. Nadie se vuelve a mirarme. Todos mantienen la cabeza agachada, llorando en sus propias cervezas de mierda. Bien. No quiero hablar. No quiero escuchar. No quiero oír en los altavoces a los Passengers cantando acerca de dejarla ir. Sólo quiero ahogarlo todo. El camarero mira hacia arriba, con los ojos hundidos dimensionando mis ropas caras y registrando la desesperación en mi rostro.
—¿Qué quieres?
—Tequila. Seis chupitos. Que sigan llegando.
Ni siquiera reconozco mi voz. Ni siquiera siento cuando mis pies se mueven hacia el cuarto de baño de la esquina. Entro hasta el lavabo sucio y salpico un poco de agua en mi cara. Nada. No siento absolutamente nada. Levanto la vista hacia el espejo roto y ni siquiera reconozco al hombre delante de mí. Todo lo que veo es oscuridad y un niño pequeño que ya no quiero recordar más, no quiero ser más.
Maldito Humpty Dumpty
Antes de que pueda detenerme, el espejo está rompiéndose. Un centenar de pequeños pedazos de mierda se astillan y caen. No registro el dolor. No siento la sangre goteando y chorreando de mi mano. Todo lo que oigo es el tintineo, ya que golpea en las baldosas a mi alrededor. Pequeños sonidos de música que ahogan momentáneamente el vacío de mi alma. Hermosa en la superficie, pero muy rota en su conjunto. Irreparable.
Todos los caballos del rey y todos los hombres del rey, no pueden recomponer a Humpty de nuevo.
El camarero mira mi mano envuelta cuando me acerco a la barra. Veo mis chupitos alineados por otros clientes, y camino hasta el otro extremo libre de la barra y me siento. Mi estómago se revuelve ante la idea de estar entre los dos hombres de allí. El camarero los recoge y me entrega los chupitos y sólo mira cuando pongo dos billetes de cien dólares sobre la barra superior.
—Uno de cien por el espejo —le digo, levantando la barbilla hacia el cuarto de baño—, y el otro de cien para que los mantengas viniendo, sin hacer preguntas. —Levanto mis cejas hacia él, y asiente con la cabeza.
Los billetes se deslizan fuera de la barra en su bolsillo antes de echar mi segundo tiro hacia atrás. Doy la bienvenida a la picadura. La bofetada imaginaria en la cara por la forma en que acabo de dejar a Paula. Por lo que voy a hacerle a Paula. El tercero se ha ido y mi cabeza todavía me duele. La presión todavía está en mi pecho.
Sabes que solo tienes permitido amarme a mí, Pepe. Sólo a mí. Y yo soy la única que realmente te amará. Sé las cosas que les dejas hacerte. Las cosas que disfrutan haciéndote. Puedo oírte allí con ellos. Te oigo cantar 'Te amo' una y otra vez todo el tiempo. Sé que estás convencido de que les dejas porque me amas, pero realmente lo haces porque te gusta cómo se siente. Eres un muchacho travieso, travieso, Pedro. Eres tan malo que nadie va a ser capaz de amarte. Nunca van a quererte. Nunca. ¿Y si lo hicieran y se enteran de todas las cosas malas que has hecho? Ellos sabrían la verdad, que eres horrible y repugnante y envenenado en el interior. Que todo el amor que tienes dentro de ti es para nadie más que para mí, es como una toxina que los matará. Así que no puedes decirle a nadie porque si lo haces, ellos sabrán lo repulsivo que eres. Ellos sabrán que el diablo vive dentro de ti. Lo sé. Siempre lo sabré y aun te seguiré amando. Yo soy la única que nunca dejara de amarte. Te quiero, Pepe.
Yo trato de empujar los recuerdos de mi mente. Empujándolos nuevamente en el abismo donde están siempre escondidos. Paula no puede amarme. Nadie me puede amar. La cabeza me jode mientras miro hacia abajo, a la barra. El hombre que está sentado de espaldas a mí hace que las náuseas me acosen de nuevo. Pelo negro grasiento. Una abombada barriga. Sé a quién se parecerá si se da la vuelta. A que olerá. A que sabrá.
Me lanzo de nuevo al séptimo chupito, tratando de forzar la bilis a bajar. Tratando de calmar el dolor, el dolor de mierda que no se va de una puta vez, aunque sé en mi cabeza que no será él. No puede ser. Es sólo mi mente jodiéndome porque el alcohol no me ha adormecido lo suficiente todavía.
Empujo mi frente en mis manos. Es la voz de Paula, clara como el día la que oigo en mi cabeza, pero no es la cara que veo cuando escucho esas tres palabras.
No es de Paula.
Sólo la de él.
Y mi mamá. Sus labios y esa sonrisa harapienta dándome su constante afirmación del siniestro horror que hay dentro de mí.
La oscuridad ya me ha envenenado. No hay manera de que vaya a dejar que también mate a Paula. Él número diez baja y mis labios están empezando a no funcionar.
Arrastrando una catastrófica expiración. El perfecto puto significado para Ace. Empiezo a reír. Duele tan jodidamente que no consigo parar. Apenas puedo mantenerme entero. Y me temo que sí me detengo, voy a fracturarme como el maldito espejo.
Humpty maldito Dumpty.
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