lunes, 22 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 96

Estoy tan orgullosa de ti, amigo. —Miro a los ojos de Zander y
peleo con mis propias lágrimas. Quiero que vea la
profundidad de los sentimientos que tengo por él y por lo que
acaba de hacer. Darle al fiscal de distrito todo lo que necesitaba para presentar cargos
formales contra un hombre que desapareció como el viento. Sentarse en una mesa
llena de atemorizantes adultos y explicar, con una voz que acababa de encontrar una
vez más, cómo su padre asesinó a su madre, como la atacó por la espalda, la apuñaló
varias veces y luego esperó a que muriera mientras te escondiste detrás del sofá, ya que
se suponía que estabas en la cama. Ahora, ese es un chico valiente. Lo estrujé
apretadamente entre mis brazos, más para mí que para él y ojalá pudiera quitarle la
memoria.
—¿Cómo te volviste tan valiente? —le pregunto.
No espero una respuesta, pero cuando responde me detengo en seco.
—Los superhéroes me ayudaron —dice encogiéndose de hombros. Me fuerzo a
tragar por mi garganta ardiendo con tanta emoción que no puedo hablar. Miro a los
ojos de un niño pequeño que amo con todo mi corazón y no puedo dejar de ver piezas
del hombre adulto que es dueño de él también. Mi corazón se retuerce por ambos y a
pesar de que está lleno de una increíble sensación de tal orgullo, está teñido con un
poco de tristeza porque sé que Pedro querría saber lo que hizo Zander hoy. Las
barreras imaginarias que saltó por encima de que la mayoría de los adultos no podían
comprender.
Pero no se lo puedo decir.
Han pasado cuatro días desde que salí de su casa.
Cuatro días sin hablar.
Cuatro días para él, para nosotros, para arreglar nuestra mierda individualmente.
Y cuatro días de caos absoluto para mí en más de un sentido: La casa, mis
emociones, el frenesí de los medios de comunicación sobre un posible bebé, echar de
menos a Pedro.
Le digo a Zander que pondré su perro de peluche adorado en su dormitorio y le
digo que vaya a jugar al pilla-pilla con el resto de los chicos. Que vaya a ser un niño,
juegue, ría y olvide las imágenes que le rondan, si eso es aún posible.
Me entretengo preparando la cena, mientras que los sonidos familiares y
reconfortantes de los chicos fuera me ayudan a lidiar.

Extraño a Pedro. Hemos estado juntos todos los días durante más de un mes y
estoy acostumbrada a su presencia, su sonrisa, el sonido de su voz. Me duele que no
haya llamado, pero al mismo tiempo no espero que lo haga.
Aparte de los mensajes de texto para asegurarse de que había llegado bien a casa
y la canción I Am human, no he sabido nada de él. Tiene mucho por descubrir, mucho
por lidiar. Y Dios sí , quisiera estar allí a su lado, ayudándole a entender todo esto, pero
no es mi situación para resolver. Simple y llanamente.
No puedo contar las veces que he cogido el teléfono para llamarle, oír su voz, ver
cómo lo está llevando, simplemente decir hola, pero no puedo. Sé mejor que nadie que
hasta que Pedro me permita entrar de nuevo a su corazón lleno de barricadas, una
llamada no va a hacer ningún bien.
Pongo a helar el pastel que había hecho anteriormente como una pequeña
recompensa por la valentía de hoy de Zander, cuando suena mi teléfono. Miro a la
pantalla y pulso ignorar. Es un número desconocido y lo más probable es que sea un
periodista que quiera pagarme muy bien por contar mi lado de la historia de Tamara.
Ella le dijo a la prensa que soy la amante que rompió con ella, la víctima embarazada,
y el amor de su vida... Pedro.
La única bendición es que los paparazzi no han descubierto la casa todavía. Pero
sé que no pasará mucho tiempo hasta que lo hagan y todavía estoy tratando de
averiguar: ¿qué hago entonces?
Y por alguna razón, la historia que Tamara pintó me hace reír. No creo todos los
detalles en la página seis que dice que ella y Pedro han reavivado su romance. Estaba
en la casa de Pedro. Sé lo mucho que la desprecia y todo lo que ella representa. No es
por eso que estoy triste.
Solo le echo de menos. Todo de él.
Lo gracioso es que, esta vez, no estoy preocupada que vaya a engañarme. Hemos
pasado ese obstáculo, y francamente, añadir otra mujer a la mezcla complicaría su vida
aún más.
No, no me preocupa que salga en busca de otra mujer, es él, no volviendo a mí.
Voces rompen a través de mis pensamientos mientras corto las patatas para la
cena. Atrapo a Connor diciendo:
—El idiota está aquí otra vez.
—Siempre le podríamos arrojar huevos. —Ese fue Shane.
¿De qué diablos están hablando?
—Hey, ¿chicos? —Estoy llamándoles mientras me limpio las manos y salgo a la
sala de estar—. ¿Quién está aquí otra vez?
Shane inclina su cabeza hacia la ventana frontal.
—Ese tipo —dice, señalando—. Él piensa que está de incógnito estacionado allí.

—Como si no lo pudiéramos ver —Connor interviene—. Y no sabemos que es
un fotógrafo. La cámara es un claro indicativo, amigo.
Estoy tirando de inmediato las cortinas, mirando por la calle. Antes incluso de
descubrir el coche, ya sé lo que voy a ver. El sedán de color azul oscuro se encuentra
estacionado un par de casas más abajo parcialmente oculto por otro coche. Me había
olvidado por completo de él.
Al menos este paparazzi solitario es codicioso y mantiene mi paradero tranquilo
para poder obtener toda la ganancia monetaria para sí mismo. Por lo que puedo estar
agradecida. Pero también significa que si lo descubrió, otros pronto seguirán
queriendo enterarse de los detalles de la rompe-hogares que supuestamente soy.
¡Mierda! Sabía que el anonimato de la Casa era demasiado bueno para ser verdad.
—Vamos chicos. Es hora de…
—¡Eso es tan genial que vas a ser famosa! —dice Connor mientras empieza a
caminar por el pasillo.
Empiezo a corregirle cuando Shane lo hace por mí, con un empujón juguetón en
el hombro.
—¡No, no lo es, estúpido!Pedro es el que es famoso. ¿No sabes nada?
—¡Eh! ¡No hablen groserías! —grito en pos de ellos.

***

—Gracias por recogerme.
—No es problema —dice Lina al pisar el acelerador cuando la luz cambia a
verde—. Fue bastante divertido burlarse de los fotógrafos, aunque no creo que
ninguno de ellos me creyera cuando les dije que estabas escondiéndote dentro de la
casa.
Gruño. Toma un tiempo acostumbrarse a los fotógrafos pululando alrededor de
la casa, pero ahora me temo que a los pocos que estoy acostumbrada se convertirán en
todo un patio lleno de ellos.
—¿Me atrevo a preguntar?
Lina me mira y solo me da su sonrisa jovial y despreocupada.
—No, no puedes porque no estamos pensando en ello... o Pedro... o yo... o nada
de jodida y absoluta importancia.
—¿No lo estamos? —La miro y no puedo dejar de sonreír, no puedo dejar de
alegrarme que ella estuviera disponible para recogerme en el trabajo para tratar de
mantener a los buitres a raya.
—¡No! —dice mientras los neumáticos chillan en un giro—. ¡Vamos a encontrar
un rincón oscuro y ahoguemos nuestras penas y luego nos vamos a encontrar un ritmo
caliente malvado para bailar hasta que no podamos recordar una mierda!

Me río con ella, la idea suena como el cielo. Un momento para escapar de los
pensamientos constantemente corriendo por mi cabeza y la pesadez en mi corazón.
—¿Qué pasa contigo? ¿Qué penas estás ahogando? —Y por un minuto estoy
triste porque hemos estado tan ocupadas durante las últimas semanas que no sé la
respuesta a la pregunta, cuando antes, nunca habría tenido que preguntar.
Se encoge de hombros y está inusualmente tranquila durante un latido antes de
hablar.
—Solo algunas cosas con Lexy. —Estoy a punto de preguntar de que está
hablando, porque ella y su hermana son tan cercanas, pero me gana por la mano—.
No estamos hablando de cualquier cosa que necesita ser hablada, ¿recuerdas?
—¡Suena bien! —le digo cuando la música salta a la vida en el coche y ambas nos
ponemos a cantar.

***

Bajo mi vaso sobre la mesa con un tintineo, dándome cuenta que mis labios están
un poco adormecidos. No, mejor dicho entumecidos.
Miro a Lina sonreírle al hombre a través de la barra y luego volver la atención
de nuevo sobre mí, su sonrisa extendiéndose en una sonrisa completa.
—Se ve un poco como Stone —dice encogiéndose de hombros y me alegro de
que mi copa esté vacía o de lo contrario hubiera derramado el contenido.
No sé por qué es tan divertido, porque realmente no lo es, pero mi cabeza
comienza a jugar a conectar los puntos con los recuerdos. Stone me hace pensar en
Ace y Ace y me hace pensar en Pedro y el pensamiento de Pedro solo me
hace querer... a él. Todo de él.
—Uh-uh-uh —dice Lina dándose cuenta de lo que estoy pensando—. Otra
ronda —le dice al camarero—. No pienses en él. Lo prometiste, Pau. Nada de chicos.
No tristeza. No perturbación de penes permitida.
—Tienes razón —le digo con una sonrisa, esperando que me crea, aunque sé que
no estoy siendo muy convincente—. No perturbación de penes permitida. —El
camarero desliza nuevos vasos delante de nosotras—. Gracias —murmuro mientras
me concentro en agitar el hielo con mi cañita en lugar de pensar en Pedro y
preguntarme qué está haciendo, dónde se encuentra su cabeza. Y fallo
miserablemente—. Le hablé de Stone, el otro día.
Me sorprende que Lina  pueda oírme. Mi voz es tan suave, pero sé que lo hace
porque estampa su mano contra la barra.
—¡Sabía que no podías hacerlo! —grita, atrayendo la atención de las personas
que nos rodean—. Sabía que no importa lo mucho que has tenido que beber
terminaríamos ahí de una u otra manera.
—Lo siento —le digo, torciendo los labios—. De verdad. —Me concentro de
nuevo en mi bebida, molesta por decepcionar a mi amiga.

—Oye —dice ella, frotando una mano por mi brazo—. No puedo imaginar... Lo
siento... Solo estaba tratando de sacudir el dominio de las pollas y abrazar a nuestra
zorra interior un poco. —Arqueo una ceja ante su sonrisa y simplemente niego.
—Zorra interior abrazada —digo, apoyando mi cabeza en su hombro, pero sin
ganas.
—Entonces, ¿has hablado con él? —pregunta.
—Pensé que no estábamos hablando sobre los hombres de polla dominante y
pene perturbado nombrados Pedro o Stone —río.
—Bueno —arrastra la palabra—. Es malditamente difícil no hablar del tuyo
cuando se luce con su contoneo sexy, sus ojos de “ven y fóllame”, y todo caliente.
Mierda, la única razón para sacar a un hombre como él de la cama sería para follarle
en el suelo.
Me echo a reír, riendo realmente hasta que, de repente, la risa tiene lágrimas en
los ojos y hace que mi labio inferior tiemble. Mi hipo se convierte en un sollozo y
maldigo inmediatamente el alcohol, tiene que ser culpa del alcohol, ya que de repente
estoy triste y extrañándole como loca.
¡Contrólate, Chaves! Ha sido una jodida semana. Sé fuerte . Mi charla interna
falla porque un día o diez, no importa. Le extraño como loca. Cualquiera que sea el
femenino de coño dominado, lo tengo mal.
—Y ella finalmente lo deja fuera —dice Lina, poniendo su brazo alrededor de
mis hombros y tirando de mí a su lado.
—¡Cállate! —le digo, pero no en serio.
Quiero decir que estoy sentada en un bar en una noche de viernes con mi mejor
amiga y debería estar pasándolo muy bien, pero todo lo que puedo pensar es en Pedro.
¿Está él bien? ¿Ya se ha hecho la prueba de paternidad? ¿Va a llamarme? ¿Por qué no
me ha llamado? ¿Está pensando en mí como yo en él?
—Así que voy a decirlo de buenas a primeras porque ambas sabemos que a pesar
de que estamos sentadas aquí juntas, Pedro está figuradamente entre nosotras. Y por
mucho que la idea podría excitarle...
Finalmente le doy la risa que ha estado trabajando.
—¡Ugh! Odio esto.
—Entonces, ¿por qué no lo llamas?
Y ahí está la pregunta del millón.
—Todo este asunto con Tamara lo ha jodido. Es sacar a relucir la mierda de su
pasado y por mucho que quiero estar allí, llamarlo o algo, no voy a tomar la peor parte
de ello. Llamé a Becks para ver cómo estaba, asegurándome de que estaba bien. —Me
encojo de hombros—. Dijo que sí y que Pedro todavía es un tipo jodido. Quiero hablar
con él —admito mientras pasa una mano por mi brazo—. Pero tengo que darle el
espacio que pidió. Me llamará cuando consiga juntar su mierda.

—Hmm, ¿me pregunto dónde he escuchado esa frase antes? —bromea y me
encojo de hombros.
—Una mujer muy sabia lo dijo, creo.
—Muy sabia de verdad —dice riendo, poniendo los ojos en blanco y haciendo
tintinear su copa con la mía—. Y siendo como soy esa mujer, ¿puedo ofrecerle otra
golosina de consejo?
—¿Un Lin-ismo?
—Sí, un Lin-ismo. Me gusta ese término. —Ella asiente en señal de
aprobación mientras se toma otro sorbo de su bebida y vuelve a sonreírle al hombre a
través de la barra—. Una vez antes te pregunté si pensabas que Pedro valía la pena...
y ahora que tienes más tiempo invertido en él, ¿todavía te sientes así? ¿Ves la
posibilidad de un futuro con él?
Respondo:
—Lo amo, Li. —Está fuera de mi lengua en una fracción de segundo. Sin
dudarlo, sin duda, con completa convicción.
Me mira un segundo y puedo decir que por debajo de la superficie está midiendo
mi reacción, tratando de averiguar toda la imagen y un poco sorprendida por mi todo
en respuesta.
—¿Lo amas, porque es el primer hombre desde Max o porque es al que eliges?
No porque quieres arreglarlo, porque ambas sabemos que te gustan las almas dañadas,
porque lo escoges a él ahora y a él que va a ser dentro de cinco años?
No le contesto, no porque no sé la respuesta, pero porque no puedo formar las
palabras sobre el bulto está estrangulando mi garganta. Y puede ver mi respuesta, sabe
la persona que soy lo suficiente para saber lo que siento.
—¿Y si el bebé es suyo ?
Encuentro mi voz.
—Caray... realmente estás golpeando con las preguntas difíciles esta noche.
Pensé que esta noche como se suponía que estaríamos pensando en nada. Pensé que
era un Lin-ismo por aquí. —Y no es que no me haya hecho estas preguntas, pero
oírle decirlas hace que todo parezca tan real.
Porque a veces el equipaje puede ser una cosa de gran alcance y el amor no es
suficiente para superarlo.
—Estoy en ello —dice ella, empujando mi copa hacia mí—. Pero esto es
importante porque mi mejor amiga está perjudicándose a fin de tomar una copa y
responder a la pregunta.
Tomo un sorbo y no puedo pelear con mi sonrisa de resignación.
—No es si el bebé sea suyo sea el problema... es su reacción lo que me asusta. —
Y por primera vez, en realidad estoy admitiendo en voz alta lo que más temo—. ¿Y si
él es el padre y no puede manejar la situación? ¿Cómo puedo amar a un hombre que
no puede amar a su propio hijo, independientemente de quién es la madre? ¿Escribir
un cheque para comprarlo y actuar como si no existiera un niño? ¿Y si esa es la opción
que elige? ¿Cómo voy a pasar la noche en la cama de un hombre que aleja su propio
hijo y luego va a trabajar a una casa llena de chicos que les pasó la misma cosa que él
está haciendo? ¿Qué clase de hipócrita sería?
Y ahí. Es por ahí. Mi mayor temor, estoy enamorada de un hombre que va a
alejarse de su propio hijo. Que voy a tener que alejarme del hombre que amo, porque
no puede enfrentarse a sus propios demonios, no puede aceptar el hecho de que él
puede ser el hombre que su hijo necesitaría que fuera. Decisiones comprometedoras,
preferencias y querer estar en una relación son una cosa, comprometer lo que eres, las
cosas arraigadas en ti, sus creencias y sus costumbres, no es negociable.
Suspiro y solo muevo la cabeza.
—¿Qué sucede entonces, Lina? ¿Y si esa es la elección que hace?
—Bueno... —Se acerca y me aprieta la mano—... No hay respuestas todavía por
lo que es un punto discutible en estos momentos. En segundo lugar, tienes que darle
el beneficio de la duda... estaba conmocionado, disgustado, enojado, el otro día cuando
ella lo emboscó... pero él es una buena persona. Mira como es con los chicos.
—Lo sé, pero no estabas allí. ¿No viste cómo reaccionó cuando…
—¿Sabes lo que digo? —dice, cortándome y levantando los dos chupitos de
tequila que se han sentado sin tocar en el bar en frente de nosotras. La miro, tratando
de averiguar por qué, de repente, quiere brindar en medio de una charla de corazón a
corazón, pero levanto mi vaso de chupito—. Digo, nunca mires hacia abajo en un
hombre a menos que esté entre las piernas.
Me ahogo en el simple soplo de aire que estoy inhalando. Debería estar
acostumbrada a ella para ahora, realmente debería, pero continuamente me sorprende
y me hace que le ame mucho más. Cuando dejo de reír, levanto la vista hacia ella.
—Uno para la suerte...
—Y uno para el valor —termina cuando echamos el alcohol en nuestro sistema.
Doy la bienvenida a la quemadura, celebro el aquí y ahora, con mi mejor amiga
y cuando me envuelvo en mi cabeza ¿qué demonios acaba de decir? miro de reojo por
el rabillo de mi ojo.
—A menos que sea entre tus piernas, ¿eh? ¿Eso es un viejo adagio de la familia?
¿Uno que pasa de generación en generación?
—Sí —dice, torciendo los labios, luchando contra la sonrisa que sé que viene—
. Nunca molestes a un hombre cuando está comiendo tu V.
—Lina —me río—. ¿En serio?
—¡Puedo seguir toda la noche, hermana! —Ella tintinea su vaso con el mío de
nuevo, mis mejillas duelen de sonreír tanto—. Y aquí hay otra. ¿Cuándo tu mejor
amiga está triste? Es su trabajo conseguir emborracharla y salir a bailar.

—Bueno —le digo, me deslizo fuera de la banqueta y tomo un minuto para que
el cuarto pare de girar—. ¡Creo que es una jodida idea perfecta!
Lina paga nuestra cuenta y pide un taxi mientras caminamos torpemente a la
puerta. Y me disuado de hacerle que me lleve a la casa de Pedro, porque en este
momento, realmente quiero a Pedro, de la mejor manera, de la peor manera, en todos
los sentidos.
—Vamos, estamos bien para ir. Tres horas en un bar es demasiado tiempo —dice
mientras pone su brazo alrededor de mí y me ayuda a caminar decentemente a la
salida.
Y mientras despejamos la puerta del bar, el cielo de la noche oscura explota en
una descarga electrizante de destellos cegadores y los gritos de la cámara.
—¿Qué se siente ser conocida como la rompe hogares?
—¿No tienes ningún remordimiento por meterte entre Pedro y Tamara?
—¿No es hipócrita que hayas intentado hacer a Pedro abandonar a su bebé
cuando eso es lo que haces para ganarte la vida?
Y siguen viniendo hacia mí. Uno tras otro, tras otro. Me siento atrapada mientras
Lina intenta guiarme a través de la congestión de las cámaras, los micrófonos, los
flashes y el desprecio.
Supongo que la prensa me ha encontrado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario