—¿Así que todavía no has ido a hablar con él?
—Pues no. —Pongo el juego de Xbox en el estante, tratando de recordar si Shane ya lo tenía.
—¿Nop? ¿Eso es todo lo que me vas a decirme?
—Síp. —Frunzo mi frente indecisa mientras miro alrededor varios regalos posibles en Target.
—¿Vas a decir más de una palabra por respuesta?
—Hmm. —Me paré por un momento—. ¿Qué le regalas a un muchacho de dieciséis años por su cumpleaños?
—Qué se yo. Me doy cuenta que la evasión es lo tuyo en este momento, pero eres una idiota si crees que vas a ser capaz de mantenerte alejada de él en la carrera.
—He hecho un muy buen trabajo hasta el momento y después de ayer, tengo una razón más que suficiente para seguir evitándole. —Me encojo de hombros, no queriendo en realidad tener esta conversación con Lina. Sólo quiero conseguir el regalo de cumpleaños de Shane, y después ir a casa y ducharme antes de mi turno y de la fiesta de cumpleaños de Shane.
Oigo el fuerte suspiro de frustración de Lina pero lo ignoro.
—Pau, tienes que conseguir hablar con él. Eres miserable. Tú misma has dicho que él dijo que nada pasó.
Resoplo en broma.
—”Él” es la palabra clave Lina —digo, volviéndome hacia ella, un escalofrío en mi voz como resultado de su constante intromisión en lo que respecta a como estoy manejando la relación que ya no tengo con Pedro—. Ponte en mis zapatos. Digamos que fuiste a hablar con el tipo que te estás viendo y
alguna Barbie de piernas largas, que ha dejado muy claro para ti en conversaciones anteriores que quiere a tu hombre, abre su puerta. Por la mañana. Lo único que está usando es su camiseta. Definitivamente sin sujetador. Y tu novio viene a abrir la puerta, abrochándose sus pantalones, su camino a la felicidad mostrándose y mucho más que eso para hacerte saber que estaba desnudo justo antes de ese momento. Te das cuenta que la Barbie de piernas largas está más probablemente usando la camiseta que falta en el pecho desnudo de tu novio. Tú le preguntas a tu dicho novio ¿qué diablos está pasando?, y puedes ver su mente tratando de encontrar la manera de explicar lo que acabas de ver. —Empujo otro juego de nuevo en el estante—. Mientras él está asegurando que nada pasó, un envoltorio de preservativo cae de su bolsillo. Él aún afirma que no pasó nada. Creo que las palabras exactas que usó fueron absolutamente no pasó nada, pero presiónalo un poco, ponlo nervioso y oops, se le escapa que fue sólo un beso. Sólo un beso. Te garantizo que si lo empujo un poco más duro, más verdades se derramarían.
¡Nada ocurrió mi culo!
—Podría haber una razón perfectamente buena... —contesta, pero se detiene cuando la miro fijamente.
—Eso es lo que pensé.
—Sólo odio verte así. —Inclina su cabeza hacia mí y tuerce los labios—. Mira, entiendo de dónde vienes, Pau, lo hago. De verdad que lo hago, pero no sería una buena amiga si me sentara y te observara cometer un error. Creo que estás tan molesta, con justa razón, y con lo que pasó que no estás viendo el bosque entre los árboles. Tienes que hablar con él y escucharle. Quiero decir que el tipo sigue persiguiéndote implacablemente.
Alzo las cejas con agitación, mis plumas automáticamente erizadas.
—La culpa causa eso —murmuro mientras me muevo buscando otras posibles opciones de regalo.
—Lo hace —ella está de acuerdo—, pero también lo causa el ser acusado falsamente de algo. —Miro por encima de la caja de iPods y accesorios, mirándola a los ojos. Extiende un brazo y coloca una mano sobre el mío—. He visto la forma en que te mira. Estoy viendo sus intentos continuos para obtener tu atención. Mierda, ha estado en nuestra casa tres veces en la última semana tratando de conseguir que lo escuches. No voy a mentirle nunca más por ti diciéndole que no estás en casa. Sé que tienes miedo a dejarle volver de nuevo, pero no creo que
ese miedo sea saludable. El hombre lo está pasando mal por ti. Así como tú lo haces por él. Por favor, mantén esto en mente.
Me quedo mirándola por un momento y luego giro a la caja, necesitando un minuto para digerir lo que la única persona que me conoce mejor que nadie acaba de decir.
—Voy a pensar en ello —es todo lo que puedo manejar—. ¿Me estoy perdiendo algo aquí? ¿Por qué estás presionando tan fuerte cuando eres la reina de pasar al siguiente chico cuando existe la más pequeña transgresión y por no hablar de un hombre follándose a alguien más? Simplemente no lo entiendo.
—Porque él te hace feliz. Te reta. Te empuja fuera de tu zona de confort. Te hace sentir de nuevo, ambos bueno y malo, pero al menos estas sintiendo. ¿Cómo puedo no hacerlo cuando en el poco tiempo que habéis estado juntos, has vuelto a la vida otra vez? —Lanza una caja de cereal en el carro que estoy empujando—. Sé que se supone que estoy de tu lado con todo el corazón porque eres mi mejor amiga, pero estoy conteniendo la esperanza.
Trato de dejar que sus palabras se hundan.
—No viste lo que yo vi, Lina. Y seamos sinceras, las palabras no significan nada. En un momento dice no pasó nada y al siguiente que era sólo un beso, pero ¿sabes qué? Algo si sucedió, y no estoy hablando sólo entre él y Tamara. Yo le dije que lo amaba y ese algo que sucedió fue él huyendo y girándose a otra mujer. —Mi voz se quiebra en mis últimas palabras, mi resolución debilitándose—. Entiendo que él podría tener problemas debido a su pasado, lo entiendo. Alejándose un tiempo para aclarar su cabeza es una cosa, pero ¿corriendo hacia otra mujer? Eso es inaceptable.
—Nunca supe que serías tan dura con alguien. Para no darle el beneficio de la duda. Por lo que has dicho, él parece ser tan miserable como tú lo eres.
—Hemos terminado aquí —le digo, y me refiero a algo más que las compras. Ya no quiero escucharla simpatizar con Pedro. Pongo los ojos en blanco mientras Lina se para delante del carro para bloquearme.
—Un hombre como Pedro no va a esperar por siempre —advierte—. Tienes que averiguar lo que quieres o sino vas a correr el riesgo de perderle. Algunas veces, cuando amas a alguien, tienes que hacer y decir cosas que nunca pensaste qué harías, como perdonar. Asquea demasiado, pero esa es sólo la
forma en que es. —Da un paso a un lado del carro, sus ojos resueltos en los míos—. Hay una línea muy fina entre ser terca y ser estúpida, Paula.
—Pufff —es lo único que logro decir en respuesta, empujando el carro por delante de ella, pero sus palabras llegaron a su destino. Dejo escapar un largo suspiro mientras lucho contra las lágrimas amenazantes y las imágenes que inundan mi memoria.
Me esfuerzo por averiguar exactamente dónde está esa línea. ¿Hasta qué punto puedo realmente abrirme y escuchar las explicaciones de Pedro con la posibilidad de creer en él? ¿Y en qué parte de ese proceso me convierto en estúpida, ya sea por perdonarlo o no perdonarlo? ¿Estoy dispuesta a dejar que el hombre que amo se vaya, sólo por una cuestión de principios?
Es un dilema sin solución, estoy harta de pensar en ello y obsesionarme sobre ello. Considerando que voy a estar pasando el tiempo con él y su equipo de San Petersburgo. Empezando el jueves, creo que voy a tener más que suficiente tiempo para obsesionarme un poco más en eso. En este momento, sólo quiero comprar el regalo de cumpleaños de Shane e ir a disfrutar de su fiesta sin la complicación de la presencia de Pedro.
¡Mierda! me quejo internamente. Estoy siendo una cobarde y lo sé. Es sólo estoy tan atemorizada de perdonar y salir herida otra vez. Para dejarme atrapar en el tornado que es Pedro y ser lanzada de nuevo a un suicidio emocional. Me expuse a mí misma y él me masticó y me escupió justo como Tamara dijo que lo haría. Pero ¿qué si Lina tiene razón? ¿Qué hago si estoy jodiendo esto? ¿Y qué si no lo hizo?
Y es en medio de mi auto-desprecio que miro hacia arriba y mis ojos atrapan la última publicación de People. Y ahí está él, la causa actual de mi miseria y mi esquizofrénico estado emocional, adornando la portada de la revista. Una simple toma de él y Cassandra Miller juntos en una fiesta.
La punzada me golpea como un rayo y hago mi mejor esfuerzo para recuperarse rápidamente. Por desgracia, he estado volviéndome buena en eso en los últimos días.
—¿Tan miserable como yo? —pregunto a Lina, el sarcasmo es rico en mi voz. Trato de apartar los ojos, pero ellos no se mueven. Arañan en cada detalle de la imagen—. Sí que parece que está realmente sufriendo.
Lina suspira exasperada.
—Pau, era una subasta de caridad. Una a la que se suponía asistirías como su cita, si mal no recuerdo, y lee la línea de que se apareció solo.
Me trago el nudo en la garganta. Ya es bastante malo pensar en él con Tamara, pero ahora tengo que empujar la imagen de Cassie fuera de mi cabeza también.
—Llegando solo e irse solo son dos cosas completamente diferentes —respondo irónicamente, forzando a mis ojos apartarse de la portada.
—Pau….
—Sólo déjalo, Lina —le digo, sabiendo que estoy siendo irracional pero más allá de importarme más.
* * *
Lina y yo hablamos de todo menos de Pedro mientras dejamos la tienda, con nuestra conversación anterior casi escondida por mí, para reflexionar más tarde y un nuevo sistema de auriculares bloqueadores de ruido y una tarjeta de regalo iTunes para Shane bajo el brazo. Lina y yo estamos a pocos metros de mi coche cuando oigo:
—¿Disculpe, señorita?
Echo un vistazo a Lina antes de volverme a la voz a mi espalda, de repente agradecida de que Lina pidiera acompañarme en mi diligencia. No hay nada más desconcertante para una mujer que un hombre al azar acercándosele en un estacionamiento cuando está sola.
—¿Puedo ayudarle? —le pregunto al señor mientras se me acerca.
Es de estatura media, con una gorra de béisbol que cubre su poco largo pelo castaño y los ojos enmascarados detrás de un par de gafas de sol oscuras. Él se ve completamente normal, pero aun así me hace sentir incómoda. Algo en él parece familiar, pero sé que nunca lo he visto antes.
—¿Es usted... no, no podría ser? —dice en un único sonido crispante de voz, mientras sacude la cabeza.
—¿Perdón?
—Se parece a esa joven que apareció en el periódico con los niños huérfanos y ese hombre de las carreras. ¿Era usted?
Su comentario me sorprende. Lo miro por un momento pensando cómo responder mejor y tratando de averiguar por qué él habría de recordar ese artículo en concreto. Extraño, pero posible.
—Uh... sí.
Él sólo inclina la cabeza, y a pesar de no ser capaz de ver sus ojos detrás de sus lentes oscuras, me da la sensación de que me está recorriendo con su mirada a lo largo de mi cuerpo y me enerva. Justo cuando estoy a punto de decir a la mierda con esto y entrar en el coche, habla de nuevo.
—¡Qué gran programa que tiene allí. Sólo pensé en hacérselo saber.
—Gracias —le digo con aire ausente mientras subo en mi coche, despidiéndole y dando un suspiro de alivio cuando se aleja sin decir otra palabra.
Lina me mira, la preocupación grabada en sus ojos.
—Espeluznante —murmura, y no puedo evitar estar de acuerdo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario