Vago por los pasillos de la casa de Malibú, las preocupaciones sobre Pedro,
la nostalgia por los niños y extrañando a Lina, todo robándome el
sueño. Este ha sido el período más largo de tiempo que he estado lejos de
cualquiera de ellos y por mucho que amo a Pedro, necesitando esa conexión con mi
vida.
Necesito su energía que siempre me levanta el alma y alimenta mi espíritu. Echo
de menos la deposición de Zander, el primer jonrón de Ricky, Aiden siendo llamando
a la oficina del director por detener una pelea en lugar de iniciar una... Me siento como
una mala madre descuidando a sus hijos.
Al no encontrar consuelo, subo las escaleras por enésima vez para ver cómo está
él. Para asegurarme de que todavía está noqueado por el cóctel de medicamentos que
el Dr. Irons prescribió por teléfono antes, cuando el dolor de cabeza de Pedro no lo
dejaba.
Todavía estoy preocupada. Creo que inconscientemente tengo miedo de
dormirme porque puede ser que pierda algo que él necesite.
Entonces pienso sobre las revelaciones de Pedro antes de su dolor de cabeza y
no puedo evitar la sonrisa que suaviza mi cara. El conocimiento de que él estaba
tratando de alejarme para protegerme puede haber sido equivocado, pero es perfecto,
no obstante.
Sin duda hay esperanza para nosotros todavía.
Camino hacia la cama, con Halestorm tocando suavemente en el estéreo y no
puedo evitar jalar una respiración mientras me siento en la cama junto a él. Él está
acostado boca abajo, con los brazos enterrados debajo de la almohada y su cara en
ángulo hacia el lado de la cama frente a mí. Las sábanas de color azul claro cayeron
debajo de su cintura y mis ojos trazan las líneas esculpidas de su espalda, mis dedos
desean tocar la calidez de su piel. Mis ojos recorren la cicatriz en su cabeza y noto que
en el parche en su cabello está empezándole a crecer un rastrojo. En muy poco tiempo
nadie incluso sabrá del trauma debajo de su cabello.
Pero yo lo sabré. Y lo recordaré. Y lo temeré.
Sacudo la cabeza y aprieto mis ojos, necesito obtener el control de mi estampida
desenfrenada de emociones. Me doy cuenta de que su camisa está desechada en la
cama junto a él y no puedo evitar recogerla y enterrar mi nariz en ella, bebiéndome
su olor, necesitando la conexión asignada en mi mente para disminuir la preocupación
que ahora es una constante. No es suficiente, sin embargo, así que me meto en la cama
junto a él. Me inclino hacia delante, cuidando de no molestarlo y presiono mis labios
en el punto justo entre sus omóplatos.
Aspiro su olor, sintiendo el calor de su carne bajo mis labios y le doy gracias a
Dios de tener este momento de nuevo con él. Una segunda oportunidad. Siento eso
por un momento, en silencio diciendo gracias corriendo por mi mente cuando Pedro
gime.
—Por favor, no —dice, el tono juvenil en el timbre masculino es perseguido,
desconcertante, devastador.
—Por favor, mamá, seré bueno. Solo no dejes que me lastime.
Él revuelve la cabeza en señal de protesta, tensando el cuerpo, con sus brazos
agitándose mientras los sonidos que está haciendo se vuelven más firmes, más
molestos. Trato de despertarlo, tomando sus hombros y sacudiéndolo.
—Por favor, mami. Por favorrrrrrrr —lloriquea con voz suplicante vacilante por
el terror. Mi corazón sube a mi garganta y las lágrimas brotan de mis ojos con esa
combinación extraña de niño dentro del hombre adulto.
—¡Despierta, Pedro! —Muevo su hombro atrás y adelante de nuevo, mientras
él se anima más, pero la fuerza de las medicinas que el Dr. Irons le dio son demasiado
fuertes para sacarlo de su pesadilla—. Vamos, despierta —le digo otra vez mientras su
cuerpo comienza a mecerse, el canto demasiado familiar cae de sus labios.
Hipo un sollozo cuando él cambia de nuevo, con voz silenciada y rueda sobre su
espalda. Se mueve un par de veces más y me siento aliviada de que su pesadilla parezca
haberlo dejado. Todavía parece incómodo, sin embargo, por lo que trepo por su lado y
pongo mi cabeza en su pecho, mi pierna se engancha sobre la suya y descanso mi mano
sobre su frenéticamente palpitante corazón. Y hago la única cosa que espero pueda
calmarlo, canto.
Canto la canción de los niños pequeños y de los dragones imaginarios. De creer
en algo increíble. De olvidar y seguir adelante.
—Mi padre solía cantármela cuando tenía pesadillas.
Su voz rasposa saca la mierda fuera de mí. Ni siquiera sabía que se había
despertado. Él coloca un brazo alrededor de mí y me tira más cerca de él.
—Lo sé —le susurro en la habitación iluminada por la luna—. Y las tenías.
El silencio se cierne entre nosotros mientras jala una suave respiración. Puedo
decir que sus sueños todavía están en su mente, así que me quedo en silencio para que
trabaje en ellos. Él presiona un beso en la parte superior de mi cabeza y mantiene su
boca allí.
Cuando habla, puedo sentir el calor de su aliento mientras murmura en mi
cabello.
—Tenía miedo. Recordé la vaga sensación de tener miedo esos últimos segundos
en el coche mientras estaba volteándome en el aire. —Y es la primera vez que me
confiesa algo que confirma mis temores en cuanto al accidente.
Pongo mi mano sobre su pecho.
—Yo también.
—Lo sé —dice mientras su mano se abre paso debajo de la cintura de mis bragas
y toma mi trasero desnudo, tirando de mí a su cuerpo por lo que mis ojos pueden
encontrarse con los suyos—. Siento que hayas tenido que pasar por eso otra vez.
―Puedo ver la disculpa en sus ojos, en las líneas grabadas en su frente y soy incapaz
de hablar, lágrimas obstruyendo mi garganta con su reconocimiento de mis
sentimientos, así que le muestro la siguiente mejor forma en que sé cómo. Me apoyo
y muevo mis labios contra los suyos.
Sus labios se abren mientras deslizo mi lengua entre ellos, un suave gemido sordo
en la parte posterior de su garganta, me estimula para saborear mi única adicción. Mis
manos se extienden sobre su mandíbula sin afeitar a la parte posterior de su cuello y
tomo la mezcla embriagadora que he llegado a desear. Su sabor, su toque, su virilidad.
Sus manos toman mi cara, sus dedos se enredan en mis rizos mientras jala de mi
cara de nuevo al momento, estamos a pulgadas de distancia, nuestro aliento susurra
uno contra el otro y nuestros ojos divulgan las emociones que previamente
guardábamos en custodia bajo llave.
Puedo sentir el pulso de su mandíbula apretarse bajo mis palmas mientras lucha
con las palabras.
—Pau, yo... —dice y mi respiración se atrapa. Mi alma espera con gran
expectación. Y mentalmente termino la frase por él, siguiendo los pasos de las dos
palabras que la completan, que nos completan. Expresando las palabras que veo en sus
ojos y sintiéndolo en la reverencia de su toque. Él intenta tragar y acaba—… gracias
por quedarte.
—No hay otro lugar en el que prefiera estar. —Puedo ver las palabras ser
exhaladas y registro como tira de mí hacia él, guiando mi cuerpo para moverse y
establecerse sobre su regazo, mientras su boca bloquea la mía. Y choca. Un frenesí de
pasión estalla mientras mi necesidad choca con su desesperación. Manos deambulan,
lenguas profundizan y las emociones se intensifican a medida que nos volvemos a
familiarizar con nosotros mismos con las líneas y curvas uno del otro.
Pedro pasa la mano izquierda por mi espalda y aprieta la carne en mi cadera
mientras gira la cresta de su erección atrapada en sus bóxers. La sensación llega a mi
interior, creando un dolor tan fuerte y tan intenso que limita con el dolor. Mi cuerpo
ansía el placer que todo lo consume y que sé que solo él puede evocar.
Me trago su gemido cuando estoy envuelta en la emoción, la conexión entre
nosotros, en este momento.
Siento la mano derecha de Pedro contra mi cadera mientras lleva sus manos a
los lados de mi camiseta tratando de tirar de ella hacia arriba y quitármela. Pero
cuando siento su mano derecha no alcanzar a tomar la tela, tomo rápidamente control,
no queriendo que esto afecte este momento. Cruzo los brazos sobre mi frente, agarro
el borde y la levanto por encima de mi cabeza.
Me siento a horcajadas sobre él, desnuda excepto por un escaso par de bragas,
mientras sus ojos raspan sobre las líneas de mi cuerpo, con apreciación masculina
primitiva evidente en su mirada. Lujuria sin límites. Hambre innegable. Él se estira de
nuevo para tocarme, con la punta de sus dedos hasta mi caja torácica que le permiten
guiar mi cara de nuevo en su dirección para que pueda tomar, degustar, tentar.
Me quejo ante la sensación de mis pechos contra su pecho firme, de mis pezones
endurecidos hipersensibles al tacto. Pedro insta a mis caderas hacia atrás y hacia
delante de nuevo y la sensación me mece, con mis nervios listos para detonar. Angulo
mi cuerpo, perdida en la sensación cuando su boca encuentra mi pecho, calor caliente
contra carne fría.
Lo deseo. Lo necesito. Lo deseo como nunca pensé posible.
Nuestras respiraciones se atoran y nuestros corazones corren mientras actuamos
por el instinto que nos ha reunido desde el primer día.
Y es en este momento que siento su mano doblarse y escucho la advertencia del
Dr. Irons parpadear a través de mi cabeza. Quiero ignorarlo, decirle que retroceda de
una puta vez, así puedo tomar a mi hombre otra vez, complacerlo, poseerlo como él
me posee en todos sentidos de la palabra. Pero no puedo arriesgarme.
Llevo mis manos a mis caderas y encajo mis dedos con los suyos. Rompo nuestro
beso y descanso mi frente contra la de Pedro.
—No podemos hacerlo. No es seguro. —La tensión es evidente en mi voz,
expresando lo difícil que es para mí no tomar exactamente lo que ambos queremos.
Pedro no hace ni un sonido. Simplemente presiona sus manos en mis caderas mientras
nuestra respiración dificultosa llena el silencio en la habitación—. Es demasiado
esfuerzo.
—Nena, si no me ejercito a mí mismo, entonces estoy seguro como la mierda de
no estar haciendo las cosas bien. —Se ríe contra mi cuello, sus rastrojos me hacen
cosquillas en la piel que ya está pidiendo más de su toque.
Me obligo a sentarme, así estoy más lejos de la tentación de su boca, pero me
niego a olvidar que mi nueva posición provoca más presión sobre el vértice entre mis
muslos, mi peso se establece en su erección. Tengo que reprimir el gemido que quiere
caer de mi boca con la sensación.
Pedro sonríe, sabiendo exactamente lo que acaba de suceder y trato de fingir
que no me afecta, pero es inútil mientras él mueve sus caderas de nuevo.
—Pedro —lamento, diciendo su nombre.
—Sabes que no quieres que me detenga —dice con una sonrisa y mientras él
empieza a hablar otra vez, extiendo la mano y pongo un dedo en sus labios para
callarlo.
—Esta mujer está tratando de mantenerte a salvo.
—Oh, pero se le olvida de que el paciente siempre tiene la razón y este paciente
piensa que esta mujer… —dice mientras pone mi dedo en su boca y lo chupa causando
una espiral de deseo dentro—… tiene que ser bien follada por este hombre.
Mis piernas se aprietan alrededor de él y hundo mis manos en la parte superior
de mis muslos, mi cuerpo recuerda cuán a fondo puede ser follado por Pedro
Alfonso. Y a pesar de mi determinación, mi cuerpo grita que me tome, que me
marque, que me reclame. Que posea cada parte de mí, aquí y ahora.
—Seguridad —reitero, tratando de recuperar algún tipo de control sobre mi
cuerpo y sobre la situación. Tratando de pensar en su seguridad en lugar del quemante
dolor constante como un reguero de pólvora dentro de mí.
—Pauli, ¿cuándo has sabido que juegue a lo seguro? —Sonríe diabólicamente
esa apuesta sonrisa que sabe que no puedo resistir—. Por favor... déjame ejercitarme
yo mismo —declara, pero sé que debajo del lúdico tono está un hombre hurgando en
lo que queda de su contención—. Me muero de ganas de tomar el asiento del
conductor y de ajustar el ritmo.
No puedo evitar mi risa porque sus palabras causan que un cierto comentario
venga de nuevo a mí.
—Cuando nos conocimos por primera vez, Lina se preguntó si follarías como
conducías.
Él resopla una carcajada, una sonrisa maliciosa adorna sus labios y deja que se
muestren los hoyuelos que amo.
—¿Y cómo es eso?
—Un poco imprudente, empujando todos los límites y en ello hasta la última
vuelta... —Dejé que mi voz se apagara mientras paso una uña sobre la línea media de
su pecho, doblándose en sus músculos mientras él se anticipa a mi toque.
Angula la cabeza a un lado y su sonrisa arrogante se ensancha.
—Bueno, ¿ella estaba en lo correcto o necesitas dar otra vuelta alrededor de la
pista para refrescarte la memoria?
Me encanta ver el Pedro que conozco, al Pedro que extrañé, tan vibrante que
decido tener un poco de diversión jugando su propio juego. Quiere el sexo que no le
voy a dar, pero eso no significa que no pueda poner un buen espectáculo para él. Darle
un poco de algo para aliviar la quemadura.
O para intensificar el dolor.
Paso los dedos hacia atrás por su pecho y luego abro mis rodillas arriba o más de
mis muslos. Sus ojos siguen su progresión sin sentido, mientras se quedan en la parte
superior de la muestra triangular de tela que cubre mi sexo.
—No estoy segura de que lo recuerde, Ace. Ha pasado un tiempo desde que te
he visto en acción.
Él jala un silbido de respiración y la reacción me voltea, me impulsa a dar un
paso más. Froto mis manos sobre mi estómago desnudo hasta tomar mis pechos ya
pesados con deseo. A propósito arrastro mi labio sobre mis dientes inferiores,
exhalando un gemido suave mientras pellizco mis pezones entre mis pulgares e
índices, la sensación rebotando a través de cada uno de mis nervios. Los ojos de Pedro
se oscurecen, sus labios se abren, y siento su pene latiendo debajo de mi núcleo
viéndome dándome placer.
Su reacción me da poder, me permite tener el coraje y la confianza para llevar
esto a cabo. Hace algunos meses nunca habría hecho esto de tocarme a mí misma tan
descaradamente bajo el escrutinio de su mirada, pero él hace eso por mí, mostrarme
que mis curvas son sexys, que el cuerpo que solía criticar fácilmente es algo que él
desea, algo que lo excita. Es más que suficiente para él.
Y debido a ese conocimiento, puedo darle este regalo con manos firmes y
completa confianza.
Dejé que otro gemido caiga de mi boca y tanto como puedo ver el deseo moverse
en los ojos verdes, puedo decir el momento que él está sobre mí. La lenta,
desequilibrada sonrisa aparece en una esquina de su deliciosamente hermosa boca. Él
niega sutilmente, con la alegría bailando sobre su expresión mientras me muestra que
está más que dispuesto a jugar este juego.
—Nena, si estás tratando de conseguir que me detenga, entonces no debes lanzar
comentarios como ese.
Él rueda sus caderas debajo de mí, su dura longitud de roca se presiona
exactamente donde me dolía porque me llenara, donde estoy en silencio pidiendo un
golpe y que alimente mi dolor agradablemente. Trato de sofocar la reacción de mis
labios, trato de jugar a la tímida, pero no sirve de nada cuando él lo hace de nuevo. Mi
boca cae laxa, un ronroneo satisfecho sale de lo profundo de mi garganta y mis manos
caen sin pensar para presionarse contra la parte exterior de mis bragas mojadas.
Necesitando algo para sofocar el impulso de tomar lo que necesito tan
desesperadamente, lo que desesperadamente quiero.
A él.
Cuando sus caderas se asientan, mis dedos se clavan en la carne de mis muslos
para impedirme tomar lo que quiero, dedos rasgando abajo sus bóxers, tomando su
longitud acerada en mis manos, guiándolo hacia mí, estirándome para una sublime
satisfacción y gano suficiente compostura para levantar mis ojos y cerrarlos con los de
él. Para fingir que tengo un férreo control sobre lo que está pidiendo que rompa.
Él estira una mano y dibuja una línea por el medio de mi pecho a un ritmo muy
lento.
Su sonrisa se extiende a ambas esquinas cuando mi pezones se tensan por su
toque, lo que demuestra que a pesar de mi fuerte fachada, estoy afectada por él en
todas las formas posibles.
—Bueno, si piensas que follo como conduzco, deberías verme tirar el martillo y
conducirte hasta la línea de meta.
No puedo evitar el aliento que se queda atrapado en mi garganta. Tiene que ser
una coincidencia que use el término carrera, que es su profesión, después de todo, pero
cada parte de mí espera por un momento estar equivocada.
Que él esté usando ese término para decirme que recuerda. Pero tan rápido como
el pensamiento se eleva con esperanza, se quema fuera, el aliento sale de mis pulmones.
Así que hago lo único que puedo ayudar a hacer que olvide y ayudar a que él recuerde.
Es el momento de darle el espectáculo con el que lo he estado tentando.
A medida que sus ojos parpadean de ida y vuelta entre mis ojos y mis dedos, mis
piernas se separan más queriendo asegurarme de que puede ver todo lo que estoy
haciendo. Mis dedos se deslizan justo debajo de la cintura de mi ropa interior y luego
se detienen, mi propio cuerpo está dolorido por mi toque tanto como puedo ver que él
lo está por la mirada en sus ojos y sus dedos se rozan entre sí, deseando tocarme él
mismo. Pero todavía está en control.
Aún está tan calmado.
Es hora de probar su resistencia.
—Pensé que las carreras no eran un deporte de equipo —le digo desde debajo de
mis pestañas—. Sabes, más una cosa de cada hombre por sí mismo. —Me aseguro de
que él esté viendo, de que ve mis dedos deslizarse un poco más al sur. Y sé que lo ve
porque menea su nuez mientras traga con su garganta.
—De cada hombre, sí —dice finalmente, con la voz tensa—. Correr puede ser
un deporte peligroso también, ¿sabes?
—¿En serio? —respondo.
Me tomo a mí misma para darme la dulce tortura de despedida a mí misma y
froto la evidencia de mi excitación para poder aplicar una fricción muy necesaria a mi
clítoris. Y tan bien como se siente la presión, la fricción, su endurecido pene rozando
contra mí, nada me excita más que el aspecto en el rostro de Pedro. Innegable
excitación y concentración completa mientras observa los movimientos que no puede
ver, que solo puede adivinar a través de la tela roja de seda.
Quiero más de él. Quiero que esa moderación estoica que tiene se rompa, así que
cedo al sentimiento, al erotismo del momento, de que me observa mientras me
complazco a mí misma y hago lo único que sé ayudará a empujarlo por el borde, tiro
de ese pelo-gatillo que sé que ha sido herido con tanta fuerza. Muevo la cabeza hacia
atrás, cierro los ojos y dejo que un “¡Oh, Dios mío!” resbale de mis labios.
—¡Dulce Jesús! —jura, su restricción chasquea junto con los hilos de la tela
sosteniendo mis bragas.
Mantengo mi cabeza hacia atrás sabiendo que me está mirando mover mis dedos,
absorber el placer, porque hay algo inesperadamente liberador en quitarme la ropa
para que pueda verme. Estoy desatada, sin vergüenza y completamente suya para
tomar, tanto física como mentalmente.
Siento que mi pulso se acelera. El calor se extiende a través de mí como una
marea de sensaciones que de buen grado quiero que sean ahogadas. Pedro gime
delante de mí y vengo de nuevo al presente, levantando la cabeza y abriendo mis ojos
para encontrar su entrenado delta entre mis muslos. Siseo un gemido cuando muevo
mi mano para que vea la evidencia de mi excitación brillando en mis dedos. Me
esfuerzo por controlar la quemazón de fuego extenderse a través de mí, encendiendo
lugares que ni siquiera sabía que existían y tratando de encontrar mi voz.
—Bueno, Ace, el peligro puede ser sobrevalorado. Parece que sé cómo manejar
una resbaladiza pista perfectamente bien —ronroneo, incapaz de pelear contra la
sonrisa que juega mientras sus dedos cavan más profundo en la carne de mis caderas.
Mantengo mis ojos cerrados y sigo jugando con él mientras llevo mis dedos a los labios
y los chupo lentamente antes de retirarlos.
Su músculo hace un tic en su mandíbula. Su pene late debajo de mí en reacción.
Su aliento se atora.
—Resbaladizo y húmedo, ¿eh? El peligro nunca ha sido tan jodidamente
tentador. ―Retrocede antes de que su lengua salga como un dardo y moje sus labios
mientras siente mis manos deslizarse hacia abajo de mi torso, sobre mis pechos, por mi
estómago y de vuelta entre mis muslos. Esta vez, sin embargo, extendí mis rodillas
ampliamente mientras uso una mano para separar mi hendidura para que pueda ver
mi otra mano deslizarse hacia abajo entre la hinchada, carne rosada. Puedo ver el
parpadeo de lucha a través de las magníficas líneas de su rostro, ver el deseo que lo
empantana y la sonrisa de complicidad que sale de sus labios que de alguna manera le
queda con perfección absoluta.
Mi guapo, granuja arrogante.
Un poco arrogante.
Tan imperfecto.
Y completamente mío.
—Sabes —dice con tono áspero, arrastrando un dedo hasta mi muslo, adrede
dándome un apretón con anticipación antes de continuar por la otra pierna—. A veces
en una carrera, con el fin de llegar a la línea de meta, los novatos como tú tienen que
etiquetar su equipo para conseguir el resultado deseado.
No peleo con la sonrisa que tengo, ni oculto el estremecimiento de aliento
cuando sus dedos dejan mi piel. Me apoyo colocando mis manos en su pecho y mirando
directamente sus ojos.
—Lo siento, pero este motor parece estar haciéndolo muy bien corriendo en
solitario —digo, raspando las uñas en líneas por su pecho mientras me siento subir.
Sus músculos se convulsionan bajo mis dedos lo que demuestra que a pesar del
doblez arrogante en sus labios, su cuerpo todavía quiere y necesita lo que tengo que
ofrecer. Deslizo mis dedos entre mis muslos de nuevo y entrego la línea que espero lo
empuje por el borde.
—Sé exactamente lo que me tomará llegar a la línea de meta.
—Oh, ¿Así que te gusta competir sucio, eh? ¿Romper todas las reglas? —se burla,
lanzando la pelota de nuevo a mi lado.
—Oh, definitivamente puedo correr sucio —bromeo con un levantamiento de
cejas antes de estirar una mano, entrecerrando los ojos mientras estiro un dedo,
cubierto con mi humedad, a sus labios. Su mano destella inmediatamente y agarra mi
muñeca, guiando mis dedos a su boca, el zumbido bajo en la parte posterior de su
garganta reverbera sobre mí, a través de mí, dentro de mí. Y mi propia moderación se
pone a prueba mientras su lengua se arremolina sobre ellos, mis caderas giran abajo y
me mezo sobre él en respuesta automática. Mierda eso se siente como el cielo. Mis
nervios alcanzan el punto álgido del dolor mientras giro las caderas de nuevo, su
dureza contra mi suavidad, y todo en lo que puedo pensar es en la necesidad que corre
por mí. En la humedad entre mis piernas. El pensamiento de sus dedos en mí, dentro
de mí, me conduce.
Joder, lo necesito ahora. Desesperadamente. Así que hago lo único que puedo sin
rogarle francamente. Entrego el último atrevimiento coherente que me queda porque
todos mis pensamientos están en un revoltijo en mi cabeza con esta avalancha de
sensaciones. Me inclino, rozando mis labios en la línea de su barbuda mandíbula y
aspiro su aroma antes de susurrar:
—Siendo un profesional experimentado como eres, solo tendrías que mostrarle
a esta novata exactamente por qué dicen que las carreras son de roce.
Ruedo mis caderas por encima de él y puedo sentir sus dientes cerrarse con
fuerza de voluntad. Repito el movimiento una vez más, una exhalación satisfecha se
desliza de entre mis labios mientras mi cuerpo pide más.
—Los grandes y malos conductores profesional de coches de carreras como tú
tienen miedo de mostrarle a una novata cómo conducir un palo, ¿eh?
Olvido lo rápido que Pedro se puede mover, con la mano mala y todo. Dentro
de un latido me empuja, así que estoy sentada de nuevo. Mis pies se fueron hacia
adelante por lo que quedan apoyados en la cama a cada lado de su caja torácica y él
empuja mis rodillas tan lejos como puede.
Bingo.
Mecha encendida.
Esa navaja de borde delgado de control se rompió.
¡Gracias a Dios!
Él debe estar confundiendo la expresión de mi cara de alivio con un filo de
desesperación, como confusión porque dice:
―Cambio de engranajes, cariño, porque soy el único que puede conducir este
coche.
Puedo oír el zumbido profundo de su garganta mientras desliza sus manos por
mis muslos, dejando correr sus pulgares arriba y abajo de mi franja estrecha de rizos.
Un toque burlón que envía temblores pequeños a rebotar a través de mí, haciendo
alusión a lo que está por venir, al nivel de placer al que puede llevarme.
Sus dedos se quedan quietos y arrastra sus ojos hasta mi cuerpo para encontrarse
con los míos, con una sonrisa de suficiencia fantasmal en su boca.
Sostiene mi mirada, casi como si me retara a mirar hacia otro lado, mientras
mueve una mano separando mi hinchada carne y con la otra mete sus dedos dentro de
mí. Mi cabeza cae hacia atrás mientras grito por la sensación, sus dedos se mueven,
manipulan, dan vueltas en golpes sobre el paquete de respuesta de nervios. Desliza sus
dedos dentro y fuera, mis paredes se aprietan alrededor de él, agarrándolo con la más
pura necesidad carnal. Con codicia.
Miro su rostro. Veo su lengua deslizarse entre sus labios, el deseo nubla sus ojos,
veo los músculos doblados en sus brazos mientras trabajan en un punto álgido. Hace
que suba rápidamente porque estoy tan reprimida, tan podrida por la necesidad, que
los ojos de él, la sensación de él, el recuerdo de él, me empuja sobre el borde.
Mis uñas puntúan por sus antebrazos mientras mi cuerpo se tensa, mi vagina se
convulsiona y el grito quebrado de su nombre llena el ambiente que nos rodea. Caigo
hacia delante, colapsando en la parte superior del pecho de Pedro mientras el calor
lancea a través de mí en oleadas licuando mis entrañas. Hace a la coherencia una
posibilidad lejana. Quiero sentir mi piel sobre la suya. Necesito sentir la firmeza de él
contra mí y la seguridad de sus brazos envueltos alrededor de mí mientras me baño en
la sensación con la que me inunda.
Jadeo en respiraciones cortas y afiladas mientras mi cuerpo se asienta, sus dedos
hacen líneas arriba y abajo. Trazando mi columna. Puedo sentir su sonrisa contra mi
pecho suave.
—¿Oye, novata?
Me obligo a mirarlo reponiéndome de mi coma post-orgásmico.
—¿Hmm? —Es todo lo que puedo manejar mientras me encuentro con la
diversión en sus ojos.
—Soy el único al que le está permitido llevarte hasta la maldita bandera a
cuadros.
No puedo evitar la risa que sale y burbujea sobre los dos. Puede reclamar mi
bandera a cuadros en cualquier momento
Espectaculares los 2 caps!!!!!!!!!!!
ResponderEliminarWow buenisimo!!! Me encanto!!!
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