domingo, 14 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 85

Me despierto repentinamente. Mis pulmones necesitan llenarse de aire
y mi mente no alcanza a aferrarse a nada real a través de su estado de
aturdimiento. El grito en mi boca muere cuando me doy cuenta de
que estoy en la habitación de Pedro, sola, con él a mi lado. Mi cabeza está todavía en
su pecho y mi brazo curvado alrededor de su cintura.
Suelto un tembloroso suspiro mientras mi adrenalina se incrementa. Era un
sueño. Santa mierda, era solo un sueño. Me digo una y otra vez, tratando de
tranquilizarme con el sonido constante de los monitores y olores de los medicamentos,
cosas que he llegado a odiar, pero les doy la bienvenida en este momento como una
forma para convencerme de que nada ha cambiado. Pedro todavía está dormido y sigo
esperando que se cumplan mis sueños.
Solo que no impliquen a Tamara.
Me vuelvo a apoyar contra Pedro, mi pesadilla estaba todavía presente
dejándome más que inquieta y temblando de ansiedad mi cuerpo. Estoy tan perdida
en mis pensamientos, en el miedo sobre ambas pesadillas, que a medida que la
adrenalina se desvanece, mis ojos se vuelven pesados. Estoy tan inmersa en la
agradable tranquilidad que trae el sueño que cuando una mano alisa mi cabello y se
mueve a mi espalda, me hundo en la relajante sensación en mi inconciencia. Me
acurruco más cerca, aceptando la calidez que ofrece y la serenidad que viene con él.
Y entonces me doy cuenta. Levanto mi cabeza para encontrarme con la de
Pedro. El sollozo atrapado en mi garganta no es nada comparado con el vuelco que
da mi corazón y el despertar de mi alma.
Cuando nuestros ojos se encuentran estoy inmóvil, demasiados pensamientos
pasan rápidamente por mi mente, el más recurrente es que él volvió a mí. Pedro está
despierto, vivo y de vuelta conmigo. Nuestros ojos permanecen fijos en los del otro y
puedo ver la confusión en ellos cuando parpadea rápidamente y el conflicto en su
mente.
—Hola —digo con una sonrisa temblorosa y no estoy segura de por qué una
parte de mí está nerviosa. Pedro lame sus labios y cierra los ojos por un momento lo
que me hace temer que vuelva a estar inconsciente. Para mi alivio vuelve abrirlos
parcialmente y abre su boca para hablar, pero no sale nada.
—Shh… shh —le digo, extendiendo mi mano y apoyando mi dedo en sus
labios—. Hubo un accidente. —Frunce el ceño mientras intenta levantar su mano,
pero no puede, como si fuera un peso muerto. Trata levantar la mirada hasta encontrar
los abultados vendajes que rodean su cabeza—. Tuviste una cirugía. —Sus ojos se
ensanchan con temor y mentalmente me castigo a mí misma por divagar tanto y no
ser más clara. El monitor a mi lado emite un sonido a un ritmo acelerado, el ruido
llena la habitación—. Estás bien ahora. Regresaste a mí. —Puedo verlo luchando para
comprender y espero despertar algo en sus ojos, pero no hay nada—. Voy a llamar a la
enfermera.
Extiendo la mano para levantarme de la cama y la mano de Pedro se envuelve
alrededor de mi muñeca y llevándome de vuelta hacia el colchón. Niega y se estremece
con el movimiento. Inmediatamente extiendo mi mano hacia él y acuno su cara, su
piel palidece y gotas de sudor aparecen en el puente de su nariz.
—No te muevas, ¿de acuerdo? —Mi voz se quiebra cuando lo digo, mientras mis
ojos recorren las líneas de su rostro examinándolo para determinar si está
herido. Como si supiera si lo estuviera.
Apenas asiente y susurra en una voz casi imperceptible:
—Duele.
—Sé que lo hace —le digo mientras extiendo mi brazo a través de la cama y
aprieto el botón para llamar a la enfermera mientras tengo esperanza ante las
posibilidades—. Déjame conseguir a una enfermera para ayudar con el dolor, ¿de
acuerdo?
—Pau... —Su voz se quiebra de nuevo y el miedo en ella hace pedazos mi
corazón. Hago lo único que sé que podría tranquilizarlo. Me inclino y apoyo mis labios
en su mejilla y los mantengo allí un momento mientras controlo el torrente de
emociones que me golpea como un tsunami. Las lágrimas se deslizan por mis mejillas
y la suya mientras dejo escapar silenciosos sollozos. Oigo un suspiro y cuando me
aparto, sus ojos están cerrados y su mente perdida en la oscuridad detrás de ellos una
vez más.
—¿Está todo bien? —La enfermera me hace recuperar de mi momento.
La miro, el rostro de Pedro sigue acunado en mi mano y mis lágrimas tiñen sus
labios.
—Se despertó... —No puedo decir nada más porque el alivio roba mis palabras—
. Se despertó.


***

Pedro entra y sale de la conciencia un par de veces más en los próximos días.
Pequeños momentos de lucidez entre un estado de confusión. Cada vez intenta hablar
sin conseguirlo y cada vez tratamos de calmarlo, lo que asumimos por sus rápidos
latidos, sus temores, en los pocos minutos que tenemos con él.
Me niego a dejarlo, demasiado temerosa de perderme alguno de estos preciosos
momentos. Pocos minutos donde puedo fingir que nada ha sucedido en lugar de
preocuparme.
Dorothea finalmente me convenció de tomar un descanso e ir a la cafetería. Por
mucho que no quiera, sé que estoy acaparando a su hijo y ella probablemente quiera
un minuto a solas con él.

Escojo mi comida, mi apetito es inexistente y mis pantalones vaqueros están más
holgados que cuando llegué por primera vez a Florida hace una semana. Nada suena
bien, ni siquiera el chocolate que consumo cuando estoy con estrés.
Mi celular suena y me apresuro a tomarlo, esperando que sea Dorothea
diciéndome que Pedro despertó otra vez, pero no lo es. Mi entusiasmo disminuye.
—Hey, Li.
—Hola, cariño. ¿Algún cambio?
—No —digo simplemente con un suspiro, deseando tener más que decir. Está
acostumbrada a estas alturas y permite el silencio entre nosotras.
—Si no se despierta pronto, voy a ignórate y volar mi culo hasta ahí para estar
contigo. —Aquí viene Lina y su actitud imprudente. Realmente no necesitaba estar
aquí. Acabaría sentándose y esperando como el resto de nosotros, ¿y qué bien haría
eso?
—¿Solo tu culo? —Dejo que la sonrisa se extienda por mis labios a pesar de que
se siente tan extraño en este lugar deprimente.
—Bueno, es uno muy bueno, si se me permite decirlo... tan firme que si arrojas
una moneda en él puede rebotar y esa mierda. —Se ríe—. Y ¡gracias, Dios! Deslumbró
un poco la chica que amo. ¿Estás pasando el rato ahí?
—Es todo lo que puedo hacer. —Suspiro.
—Entonces, ¿cómo está? ¿Se ha despertado otra vez?
—Sí, ayer por la noche.
—Así que eso es qué, ¿cinco veces en dos días según Becks? Eso es una buena
señal, ¿no? ¿De nada a algo?
—Supongo... no lo sé. Parece tan asustado cuando se despierta, su frecuencia
cardíaca en el monitor es alta y no puede respirar normalmente… y es por un periodo
de tiempo tan corto que no podemos explicarle que está bien, que va a estar bien.
—Pero te ve siempre allí, Pau. El hecho de que estás allí tiene que decirle que no
tiene nada que temer. —Solo murmuro en respuesta sin revelar lo que pienso,
esperando que sus palabras sean ciertas. Esperando que vernos a todos nosotros lo
tranquilice en vez de asustarlo con el pensamiento de que está en su lecho de muerte—
. ¿Qué dice el Dr. Irons?
Tomo una respiración profunda, con el temor de que si digo mis miedos podrían
hacerse realidad.
—Dice que Pedro parece estable. Que más a menudo se despierta mejor... pero
hasta que empiece a decir oraciones completas, no sabrá si alguna parte de su cerebro
está afectada por algo.
—Está bien —dice, arrastrando las palabras de modo que es casi una
pregunta. Preguntándome lo que temo sin hacerlo—. ¿Qué es lo que no me estás
diciendo, Pau?

Empujo la comida alrededor de mi plato, algunos pensamientos dispersos se
centran en periodos de tiempo. Trago antes de soltar un tembloroso suspiro.
—Dice que a veces las habilidades motoras pueden verse afectadas
temporalmente...
—Y... —El silencio se cierne mientras ella espera a que continúe—. Pon tu
tenedor sobre la mesa y habla conmigo. Dime lo que realmente te preocupa. No más
mierda. No eres lesbiana así que deja de evitar hablar de lo que es importante.
Su intento de hacerme reír resultó una risa ahogada que se volvió una audible
exhalación.
—Dijo que no podría recordar mucho. A veces, en estos casos, el paciente puede
tener pérdida de memoria temporal a permanente.
—Y tienes miedo de que tal vez no recuerde lo que pasó, lo bueno y lo malo,
¿cierto? —No respondo, sintiéndome estúpida y confirmando mis temores al mismo
tiempo. Ella toma mi falta de respuesta como una.
—Bueno, es obvio que te recuerda porque no se asustó cuando estabas recostada
en la cama con él la primera vez, ¿cierto? ¿Agarró tu mano, acarició tu cabello? Eso
debe asegurarte que sabe quién eres.
—Sí... acabo de recuperarlo, sin embargo, Lina, y la idea de perderlo, aunque
sea en el sentido figurado, me asusta como la mierda.
—Deja de pensar en algo que no ha sucedido todavía. Entiendo por qué te
preocupa, pero, Pau, has pasado por toda clase de mierda hasta ahora, Tamara y sus
estúpidos trucos incluidos, así que necesitas dejar de preocuparte un poco y esperar a
ver qué pasa. Hazlo cuando llegue el momento ¿de acuerdo?
Estoy a punto de responder cuando mi teléfono suena. Lo alejo de mi oído y mi
corazón se acelera cuando veo el mensaje de Luciana.
Está despierto.
—Es Pedro. Me tengo que ir.


No hay comentarios:

Publicar un comentario