jueves, 11 de septiembre de 2014

*******TERCERA PARTE*********

Cuando la vida se derrumba a nuestro alrededor, ¿cuánto estamos
dispuestos a luchar por la única cosa sin la cual no podemos vivir el uno
sin el otro?
La vida está llena de momentos.
Grandes momentos.
Pequeños momentos.
Y ninguno de ellos es intrascendente.
Cada momento te prepara para esa instancia que define tu vida. Debes superar
todos tus miedos, enfrentarte a los demonios que te persiguen y limpiar el veneno que
se aferra a tu alma o correr el riesgo de perderlo todo.

El mío empezó en el minuto en que Paula cayó de ese maldito armario de
almacenamiento. Ella me hizo sentir. Me curó cuando todo lo que pensaba, era que
jamás podría dejar de ser incompleto. Se convirtió en el salvavidas que nunca supe que
necesitaba. Diablos, sí, ella vale la lucha... pero, ¿cómo luchas por alguien, que sabes
que no mereces?
El amor está lleno de subidas y bajadas.
Paradas cardiacas.
Almas devastadas al mínimo.
Y ninguno de ellas es insignificante.
El amor es un hipódromo de giros inesperados que deben negociarse. Hay que
romper las paredes, aprender a confiar y recuperarse del pasado con el fin de ganar.
Pero a veces, la espera, es lo más difícil de mantener.

Pedro me ha curado por completo, me ha robado el corazón y me hizo darme
cuenta que nuestro amor no es predecible ni perfecto, que es torcido. Y ser torcido
está bien. Pero cuando los factores externos ponen nuestra relación a prueba, ¿cuán
lejos tendré que ir para demostrarle que la lucha merece la pena?

Quien dijo que el amor es paciente y el amor es amable, nunca nos conoció a los
dos. Sabemos que nuestro amor vale le pena, hemos reconocido que estamos
destinados a estar juntos, pero cuando nuestros pasados chocan contra nuestro futuro,
serán las repercusiones las que nos harán más fuertes o nos separaran.

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