martes, 16 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 87

La luz de la mañana quema a través de mis parpados cerrados, mientras
intento despertarme del sueño más profundo que he tenido en los últimos
seis días. En lugar de eso, me refugio en la calidez que siento a mi lado.
Siento dedos rozándome la mejilla y me pongo automáticamente en alerta, mi cuerpo
vibra con conciencia propia.
—Buenos días. —Su voz es un bajo murmullo sobre mi cabeza. Mi corazón se
inunda con una serie de emociones, pero la que más puedo sentir, es la de sentirme
completa.
Ser uno nuevamente.
Comienzo a moverme, de forma tal para poder ver sus ojos.
—Nada de médicos todavía. Solo necesito esto. Te necesito a ti. Nadie más. ¿De
acuerdo? —me pregunta.
¿En serio? ¿El cielo es azul? Si pudiera, me lo llevaría de esta prisión estéril y me
lo guardaría todo para mí por un tiempo. Por siempre y más si él me lo permitiera.
Pero en lugar de dejar que estas asombrosas declaraciones salgan de mi boca, hago un
gemido de satisfacción y aprieto mis brazos alrededor de él. Cierro los ojos y
simplemente absorbo todo lo que sucede en este momento. Deseo tan
desesperadamente que estuviéramos en otro lugar, en cualquier otro sitio, para que
pudiéramos estar piel con piel y conectar con él de esa forma indescriptible. Sentir que
estoy haciendo algo para ayudar a su memoria rota y su alma dañada.
Nos quedamos tumbados en silencio, con mi mano sobre su corazón y los dedos
de su mano izquierda dibujando perezosas líneas arriba y abajo en mi antebrazo. Hay
tantas preguntas que quiero hacer. Tantas cosas pasan por mi cabeza, pero lo único
que pude manejar decirle es:
—¿Cómo te sientes?
La pausa momentánea en su movimiento es tan sutil que casi no la capto, pero
lo hago. Y es suficiente para darme cuenta que algo está mal, más allá de lo obvio.
—Esto es agradable. —Es todo lo que dice, lo que refuerza mi corazonada. Le
doy un poco de tiempo para ordenar sus ideas y que trabaje en lo que quiere decir,
porque en el último par de semanas, he aprendido muchas cosas, una de las cuales es,
mi incapacidad para escuchar cuando más importa.
Y ahora mismo importa.
Así que me siento en silencio, mientras mi mente lucha con las distintas
posibilidades.
—He estado despierto por un par de horas —comienza a hablar—. Escuchando
tu respiración. Intentando mover mi maldita mano derecha. Tratando de mantener mi
cabeza en torno a todo lo que ha pasado. Lo que no puedo recordar. Está ahí. Puedo
sentirlo, pero no puedo hacer que vengan a mí. —Se apaga.
—¿Qué recuerdas? —le pregunto.
Quiero desesperadamente darme vuelta y mirar sus ojos, leer en ellos el miedo y
la frustración que seguramente los empañan, pero no lo hago. Le doy el espacio para
admitir que él no está en un cien por ciento. Para equilibrar esa inherente necesidad
masculina de ser siempre fuertes y no mostrar debilidades.
—De eso se trata —suspira—. Me acuerdo de partes y piezas. Sin embargo nada
fluye, solo que estás en la mayoría de ellos. ¿Puedes contarme que sucedió? ¿Cómo fue
ese día? Así puedo rellenar las partes que me faltan.
—Mmmm-Hmmm. —Asiento suavemente, sonriendo ante el recuerdo de cómo
comenzó nuestra mañana.
—Recuerdo despertar con la mejor vista de todas, tú desnuda, encima de mí. —
Suspira apreciativamente, lo que hace que partes de mí que han sido ignoradas en la
pasada semanas vuelvan a la vida. Ni siquiera intenté luchar con la sonrisa en mis
labios cuando siento su creciente erección bajo las sabanas a mi lado. Me alegra saber
que no soy la única afectada por ese recuerdo.
—Becks entró sin llamar y me enojé con él por eso. Se fue, creo recordar que tus
pantalones vaqueros se encontraban en el piso y tú estabas de espaldas contra la pared
menos de un segundo después de que se cerrara la puerta. —Nos quedamos en silencio
por un momento, con una carga innegable crepitando entre nosotros—. ¡Dulce Jesús!
Lo que no daría por estar haciendo eso ahora mismo.
Comienzo a reírme, me doy vuelta para sentarme y mirarlo, y esta vez me lo
permite. Lo miro de frente y no puedo evitar el escalofrío cuando nuestros ojos se
encuentran.
—Ahora, no creo que al Dr. Irons apruebe eso —bromeo, en silencio suspiro con
alivio de que nos sentimos como si estuviéramos de vuelta donde lo dejamos antes del
accidente. Juguetones, necesitados y cada uno como si fuéramos el complemento del
otro. No puedo evitar que mi mano vaya persistentemente a su mejilla. No me gusta la
idea de no estar en contacto con él.
—Bueno —dijo—. Me aseguraré de que eso sea lo primero que le pida al Dr.
Irons en cuanto lo vea.
—¿La primera cosa? —pregunto tragando, mi corazón da un salto mortal y queda
en mi garganta, cuando vuelve su cara y besa mi mano. La simple acción, aprieta el
lazo de la cinta ya atada a mi corazón.
—Un hombre debe tener sus prioridades. —Sonríe—. Si una de las cabezas esta
jodida, al menos la otra puede ser usada al máximo de su potencial . —Comienza a reír
y se estremece levantando su mano izquierda para sostener su cabeza.

Una alarma se disparó dentro de mí e inmediatamente me estiré para tocar el
botón de llamada, pero él acerca su mano y me detiene. Me lleva un segundo darme
cuenta que es con su mano derecha con la que me ha detenido. Creo que Pedro se da
cuenta al mismo tiempo.
Traga trabajosamente, sus ojos cambian cuando ve su mano mientras libera mi
brazo. Sigo su mirada para ver a sus dedos temblando violentamente mientras intenta
infructuosamente cerrar su mano en un puño. Me doy cuenta del brillo de sudor en su
frente que hay bajo el vendaje, mientras intenta apretar sus dedos. Cuando ya no puedo
soportar la idea de verlo luchar más, me acerco, tomo su mano en la mía y comienzo
a masajear, deseando poder moverme.
—Es un comienzo —le digo—. Pasos de bebé ¿de acuerdo? —Todo lo que quiero
hacer es envolverlo en mis brazos y quitarle todo el dolor y frustración, pero él parece
tan frágil que tengo miedo de tocarlo, a pesar de lo mucho que eso disminuiría el
persistente malestar que ronda en mi cabeza. Mi optimismo habitual ha sido puesto al
límite en estas últimas semanas y simplemente no puedo evitar la sensación que esto
no es lo peor de todo. Ese algo más se esconde en el horizonte, esperando para
golpearnos duro de nuevo.
—¿Qué más recuerdas? —le pregunto abruptamente, para sacarlo de los
pensamientos sobre su mano.
Me cuenta sus recuerdos de ese día, pequeñas piezas faltan allí y acá. Los detalles
no son demasiado importantes, pero me doy cuenta que cuanto más se acerca a la salida
de la carrera, los huecos son más grandes. Y cada pieza del rompecabezas parece más
difícil de recordar, como si él tuviera que agarrar cada recuerdo y físicamente sacarlo
de una bóveda.
Dándole un momento de descanso, vuelvo al baño de la habitación a dejar el
enjuague bucal que había pedido antes. Cuando vuelvo, veo a Pedro mirando por la
ventana, y sacudiendo su cabeza.
—Recuerdo estar en el tráiler. El golpe en la puerta. —Mueve el ángulo de sus
ojos para mirarme, los pensamientos lascivos que bailan en ellos como destellos verdes,
vuelvo a la cama junto a él—. Cierta bandera a cuadros no llegó a flamear. —Frunce
los labios y me queda mirando.
Y la resistencia es inútil.
Siempre es así cuando se trata de mi fuerza de voluntad y Pedro.
Me apoyo en él y haciendo lo que he querido hacer con desesperación. Ceder a
la necesidad de sentir esa conexión con él, para alimentar mi primera y única adicción,
rozar mis labios contra los suyos. Sé que es ridículo estar preocupada por hacerle daño.
Que de alguna manera, nuestros pensamientos lascivos, detrás de nuestro inocente
rose de labios, va a causar dolor en esa cabeza herida.
Pero en el momento en que nuestros labios se tocan. El momento en el que un
suave suspiro escapa de su boca y se abre paso en mi alma, me resulta difícil pensar
con claridad. Casi me retiro por un instante, necesitando asegurarme de que está bien,
cuando todo lo que quiero hacer es devorar esa tentadora manzana prohibida.
Pero no tuve que hacerlo porque Pedro me lo entrega en bandeja de plata,
cuando coloca su mano izquierda en mi nuca y me acerca a su boca nuevamente.
Nuestros labios, lenguas se funden y el reconocimiento renovador hundiéndonos
el uno al otro en un beso reverente. No tenemos ninguna prisa para hacer nada más
aparte de disfrutar de nuestra conexión irrefutable. El molesto pitido de los monitores,
es superado por los suaves suspiros y murmullos satisfechos que muestran el efecto en
nosotros.
Estoy tan perdida en él, por él, cuando temía no poder saborearlo de nuevo, todo
en lo que puedo pensar ahora es ¿Cómo voy a obtener suficiente de él?
Siento el endurecimiento de sus labios, mientras hace una mueca de dolor y la
culpa rápidamente me atraviesa. Lo estoy presionando demasiado, demasiado rápido
para calmar mi egoísta necesidad de reasegurarme. Trato de alejarme, pero su mano
sostiene firmemente mi cabeza, mientras descansa su frente contra la mía, nuestras
narices se tocan y nuestras respiraciones acarician los labios del otro.
—Solo dame un segundo —murmura contra mis labios. Solo asiento
ligeramente, porque le daría mi vida misma si me la pidiera.
—Estos dolores de cabeza, vienen tan rápido que se sienten como si un mazo me
golpeara —dice luego de un momento.
La preocupación enfría las llamas de lujuria de inmediato.
—Déjame buscar al médico.
—No —dice golpeando su mano izquierda en la cama, haciendo que se sacuda
de sus carriles—. Este lugar me hace volver a cuando tenía ocho años. —Y el
argumento que estaba a punto de dejar caer, muere en mi boca—. Todos viéndome
con cara de preocupación y nadie dándome respuestas. Solo que esta vez, quien no
puede dar respuestas soy yo.
Se ríe en voz baja y puedo sentir su cuerpo tensarse por el dolor.
—Pedro…
—Uh-Uh todavía no —dice de nuevo obstinadamente, mientras pasa su pulgar
arriba y abajo en mi nuca desnuda, intentando calmarme cuando debería ser al revés—
. Recuerdo mi entrevista con ESPN. Comer mi barra de Snickers. —Pone una cara
extraña, e intenta esconderme sus ojos por un momento—. Recuerdo besarte en la
pista y luego nada por un rato —dice tratando de distraerme de llamar al médico.
—La reunión de los pilotos —completé su blanco—. Becks se encontraba contigo
entonces.
—¿Por qué me acuerdo de comer una barra de chocolate, pero no de la reunión?

Tracé las conexiones en mi mente, con la información que me faltaba y Andy
llenó. Porque la tradicional barra de snickers de la buena suerte, está atada a su pasado.
La primera vez que un encuentro tuvo esperanza en su vida.
—No lo sé, estoy segura que todo volverá a ti, no creo que…
—Estabas al lado mío durante el himno. La canción terminó…. —Su voz se apaga
mientras intenta recordar los hechos, mientras la mía queda atrapada en mi garganta—
. Vi a Davis ayudarte a pasar por arriba del muro, asegurándome que te encontrabas a
salvo, mientras Becks revisaba los detalles finales. Y recuerdo la rara sensación de
sentirme en paz cuando me sentaba en la línea de salida/llegada, pero no estoy seguro
de por qué. Y luego nada hasta despertar.
Y el persistente malestar que había sentido más temprano, se convierte en una
completa estampida.
Mi corazón se desploma. Mi respiración se dificulta. Él no lo recuerda. No
recuerda decirme la frase que juntó todos los pedazos rotos en mí. Se necesita toda la
fuerza que tengo en mí, para no mostrar que este golpe inesperado a mi alma tensa
todo mi cuerpo.
No me había dado cuenta lo mucho que necesitaba escucharlo decir las mismas
palabras, especialmente después de pensar que lo perdía. Sabía que si recordaba ese
momento definitivo entre nosotros, sería como remandar juntos las últimas fisuras de
mi corazón roto.
—¿Y tú? —Su voz interrumpe a través de mis dispersos pensamientos, me besa
la punta de la nariz, antes de mover su cabeza hacia atrás para mirarme a los ojos.
Trato de esconder las emociones que estoy segura están nadando en ellos.
—¿Yo qué? —pregunto, tragando fuertemente para evitar la mentira atravesada
en mi garganta.
Mueve su cabeza para mirarme desde otro ángulo y me pregunto si sabe que le
estoy ocultando algo.
—¿Si tú sabes por qué me sentía tan feliz al inicio de la carrera?
Me humedezco los labios y tengo que recordarme de no morder mi labio inferior,
de modo contrario, se dará cuenta que le estoy mintiendo.
—Uh-Uh —me las arreglo para decir, mientras mi corazón se desinfla.
Simplemente no se lo puedo decir. No lo puedo obligar a decir las palabras que no
recuerda o hacerlo sentir obligado a decir palabras que lo hacen volver a su horrible
infancia.
…Lo que me dijiste, esas tres palabras, me convierten en alguien que no
permitiré ser de nuevo. Dispara cosas: recuerdos, demonios, jodidamente demasiado…
Sus palabras raspan a través de mi mente, dejando marcas que solo él es capaz de
sanar. Y sé, que por mucho que quiera, por mucho que duela tener que contenerme
de escuchárselo decir de nuevo, no puedo decírselo.

Fuerzo una pequeña sonrisa en mis labios y lo miro a los ojos.
—Estoy segura que estabas excitado por el inicio de la temporada y si las sesiones
de entrenamiento eran un indicativo, entonces reclamarías esa bandera a cuadros. —
La mentira sale de mi boca y por un momento pensé que no iba a creerme. Luego de
un segundo una esquina de su boca se levanta y sé que no ha notado mi mentira.
—Estoy seguro que había más de una bandera a cuadros que intentaba reclamar.
—Niego con una sonrisa en mis labios y comienzo a temblar.
El rostro de Pedro se transforma inmediatamente de divertido a preocupado
cuando nota el inesperado cambio en mi comportamiento.
—¿Qué sucede? —Levanta su mano para acunar un lado de mi cara.
Simplemente no puedo hablar, estoy demasiado ocupada evitando que la presa se
rompa—. Estoy bien, Pau. Voy a estar bien —susurra tranquilizadoramente mientras
tira de mí y me abraza.
Y se rompe la presa.
Porque besar a Pedro es una cosa, pero estar rodeada de su calidez, entre sus
brazos, que todo lo abarcan, me hace sentir que estoy en el lugar más seguro del mundo
entero. Y cuando todo está dicho y hecho, la parte física de nuestra relación que es
fuera de este mundo y sin duda una necesidad, pero al mismo tiempo este sentimiento,
brazos musculosos a mi alrededor, su suave aliento murmurándome palabras
tranquilizadoras sobre mi cabeza, su corazón latiendo fuerte y constante contra el mío,
es por lejos lo que va a sostenerme durante los momentos difíciles. Los momentos
como ahora. Cuando lo quiero tanto, en muchos sentidos, que nunca pensé que fuera
posible. Esto nunca había parpadeado siquiera en mi radar antes.
Lloraba por muchas razones que se mezclan, entremezclan y se desvanecen poco
a poco con cada lágrima que hacen el demasiado familiar camino por mis mejillas.
Lloro porque Pedro no recuerda. Porque está vivo, entero y sus brazos se envuelven
apretados a mí alrededor. Estoy llorando porque nunca tuve la oportunidad de
experimentar esto con Max y se lo merecía. Estoy llorando porque no me gustan los
hospitales, lo que representan y cómo afectan la vida de todos aquí dentro, para bien
y para mal.
Cuando las lágrimas paran, cuando mi catarsis finalmente termina y cuando
todas las emociones que he mantenido atrapadas en la última semana se aplacan, me
doy cuenta que lo que más importa es esto. El aquí y el ahora.
Podemos superar esto. Podemos reencontrarnos nuevamente . Una parte de mi
está profundamente preocupada de que él no recuerde ese momento tan conmovedor,
pero al mismo tiempo tendremos tantos otros momentos por delante nuestro, tantas
cosas por hacer juntos que ya no puedo sentir pena por mí misma.
Mi respiración se tranquiliza y lo único que puedo hacer es abrazarlo más fuerte,
abrazarlo por más rato.
—Estaba tan preocupada. —Es todo lo que puedo decir—. Tan asustada.
—Spiderman. Batman. Superman. Ironman —susurra en lo que parece casi un
acto reflejo.
—Lo sé. —Asiento, me alejo para poder mirarlo a los ojos, mientras seco las
lágrimas en mis mejillas—. Los llamé para que te ayudaran.
—Siento que hayas tenido que hacerlo —dice las palabras con tanta sinceridad,
que lo único que puedo hacer es mirarlo a los ojos y ver la honestidad que hay en ellos.
Se disculpa porque sabe cuán verdaderamente preocupada me encontraba.
Me inclino y presiono mis labios contra los de él una vez más, incapaz de
resistirme. Queriendo que sienta la sensación de alivio que invade mi alma. Queriendo
demostrarle que puedo ser la fuerte mientras él se cura. Que está bien que él me deje
hacerlo.
—Bueno, mira esto. Parece que la bella durmiente decidió despertar su feo culo.
Rompemos nuestro beso ante el sonido de la voz de Beckett, el calor inunda mis
mejillas.
—Estaba a punto de llamarte.
—¿En serio? ¿Era eso lo que hacías? —bromea cuando se acerca a la cama—.
¿Has besado a muchos sapos? Porque parece que el príncipe comatoso aquí, te tiene
bajo su hechizo.
No puedo contener la risa que brota de mí.
—Tienes razón. No me arrepiento en absoluto. —Extiendo mi mano, para
apretar la mano que me ofrece—. Pero iba a llamarte justo después.
—No te preocupes. Sé que ibas a hacerlo. —Se da vuelta y mira a Pedro. Sonríe,
la sonrisa más brillante que vi desde la carrera—. No eres un regalo para la vista.
Bienvenido a la tierra de los vivos, hombre. —Sé que suena rudo, pero capté lo
entrecortado de su voz y la humedad en el borde de sus ojos cuando mira a Pedro. Se
acerca y golpea sus hombros—. Mierda. Ese maldito look afeitado en tu cabeza, te va
a hacer salir del reino de la gente con buena apariencia. ¿Qué se siente dejar la tierra
de soy-un-maldito-Dios?
—Jódete. ¿Esto viene de la tierra de soy-un-maldito-comediante?
Beckett suelta una carcajada moviendo su cabeza.
—Al menos en mi tierra no tenemos que modificar los marcos de la puerta para
que egos súper inflados pasen a través de ella.
—¿Esta es el tipo de bienvenida que recibo al volver a este mundo? Siento el
amor, amigo. Pero creo que prefiero las drogas que me están dando para mantenerme
tranquilo que despertarme y oír esta mierda. —Aprieta mi mano, sus ojos se mueven
hacia los míos, antes de volver a los de Beckett.
—¿En serio? Porque puede que no me haya despertado nunca de un coma, pero
puedo asegurarte que esa sensación borrosa que las drogas te dan, no es nada
comparado con estar despierto y sentir una cálida y húmeda….

—¡Vaya! —Pongo mis manos arriba y me deslizo fuera de la cama, sin querer oír
a dónde va el resto de esta conversación. El ligero olor de la cena de anoche en la
basura, me da la excusa que necesito para dejarlos un momento a solas—. Esto es
suficiente para mí, muchachos. Voy a bajar, estirar las piernas y tirar esta basura.
—¡Oh Pau, Vamos! —dice Beck, con los brazos estirados a ambos lado de su
cuerpo—. Iba a decir baño. Un baño caliente y húmedo. —Comienza a reír a
carcajadas, y luego oigo a Pedro reír también, siento que el mundo que había sido
desplazado de su eje vuelve a encajar de alguna forma.
—Sí —le reprendo mientras saco la bolsa del contenedor de basura—. Sé que
siempre uso los adjetivos caliente y húmedo cuando me estoy refiriendo a un baño. —
Niego y puedo ver la mirada picara de Pedro por un momento—. Vuelvo en un par
de minutos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario