Suelto un suspiro y ruedo mis hombros, dándole la bienvenida a la
quemadura mientras estiro mis calientes y completamente cansados
músculos. Necesitaba desesperadamente esta carrera, el escape por el patio
de la casa a través de la puerta del vecino detrás de nosotros para que pudiera salir sin
ser detectada por la persistente prensa.
Levanto la vista de mi estiramiento y algo en la calle me llama la atención. Estoy
de inmediato en guardia cuando veo el sedán azul oscuro al otro lado de la calle con el
hombre apoyado en él, cámara en mano con un teleobjetivo bloqueando su rostro.
Algo en él me parece familiar y no puedo dar con ello... pero sé que mi pequeño pedazo
de libertad, por mi pasaje secreto, ha sido comprometido. El pensamiento me molesta
y aunque aún no quiero enfrentarme con cualquiera de la prensa, mis pies tienen vida
propia y empiezo a caminar hacia él. Mi mente corre sobre el azote verbal que estoy a
punto de darle, una y otra vez en mi cabeza. Observa mi acercamiento, el clic del
obturador al ritmo del disparo rápido, la cámara sigue bloqueando su rostro. Estoy a
punto de empezar mi perorata cuando estoy a unos quince metros de distancia y suena
mi teléfono en mi mano.
Incluso después de muchos días sin contacto, mi pulso sigue corriendo ante el
sonido, esperando que sea Pedro pero sabiendo que no lo es antes de que lo vea. Pero
me devuelvo un poco cuando miro la pantalla y veo el nombre de Beckett. Me detengo
inmediatamente y balbuceo con mi teléfono, preocupada de que algo haya ocurrido.
—¿Becks?
—Oye, Pau. —Eso es todo lo que dice y se queda en silencio. Oh, mierda. El temor
cae como un peso de plomo a través de mí.
—Beckett, ¿qué está mal con Pedro? —No puedo detener la preocupación que
pesa mucho en mi voz. El silencio se extiende y mi mente corre mientras
momentáneamente echo un vistazo al fotógrafo, antes de darle la espalda y
apresurarme a la casa.
—Solo quería que supieras que Pedro, en este momento, está camino a la pista.
Estoy de pie afuera de la entrada, pero de repente me resulta difícil tomar una
bocanada de aire.
—¿Qué? —Me sorprende que incluso pueda oírme, mi voz es tan suave.
Imágenes cruzan rápidamente a través de mi cabeza como un pase de diapositivas: el
accidente, el metal destrozado, un Pedro roto e inconsciente en la cama del hospital.
—Sé que ustedes dos... toda la cosa del bebé y que no te ha llamado. —Suspira—
. Tenía que llamarte y hacerte saber... pensé que te gustaría saberlo. —Puedo decir que
está en conflicto sobre romper la confianza de su mejor amigo y hacer lo que cree que
Pedro más necesita.
—Gracias. —Es la única cosa que puedo manejar mientras mis emociones salen
como un espiral fuera de control.
—No estoy seguro de que quería que te lo dijera, Pau, pero pensé que debía
llamar.
El silencio se extiende entre nosotros y sé que está tan preocupado como yo.
—Becks, ¿está listo? ¿Lo estás empujando? —No puedo contener el desprecio que
ata mi pregunta.
Exhala y se ríe de algo.
—Nadie empuja a Pedro, Pau, pero Pedro sí. Sabes eso.
—Lo sé, pero ¿por qué ahora? ¿Cuál es la urgencia?
—Porque esto es lo que tiene que hacer... —La voz de Beckett se desvanece a
medida que encuentra sus siguientes palabras. Abro la puerta y trepo la pequeña valla
que separa el patio de mi vecino y el mío—. Primero que todo, tiene que demostrar
que es tan bueno como antes. Segundo, así es cómo se encarga Pedro cuando hay
demasiadas cosas en su cabeza y no puede cortarlo todo, y tercero...
No escucho lo siguiente que dice Beckett porque estoy demasiado ocupada
recordando nuestra noche antes de la carrera, nuestra conversación y las palabras caen
de mi boca mientras estoy pensando en voz alta.
—La niebla.
—¿La qué?
Mientras Beckett habla es que me doy cuenta que de hecho, lo dije en voz alta y
su voz me sacude desde mis pensamientos.
—Nada —digo—. ¿Cuál es la tercera razón?
—No importa.
—Ya has dicho más de lo que deberías, ¿por qué detenerte ahora?
Hay un silencio incómodo, él comienza y se detiene por un momento.
—No es nada serio. Solo iba a decir que en el pasado él volvía a una de las tres
cosas cuando se pone así. Lo siento, no debería tener…
—Está bien. Lo tengo, lo tengo a él. En el pasado volvía hacia las mujeres o
alcohol o la pista cuando la vida llegaba a ser demasiado, ¿verdad? —Becks permanece
en silencio y ahí está mi respuesta—. Bueno, supongo que debería sentirme afortunada
de que había una abertura en la pista, ¿no?
Beckett se ríe a carcajadas y puedo decir que está aliviado.
—Dios, no te merece, Paula. —Sus palabras traen una sonrisa a mi cara a pesar
de la preocupación que me carcome interiormente—. Solo espero que los dos se den
cuenta de lo mucho que te necesita.
Lágrimas pinchan mis ojos.
—Gracias por llamar, Becks. Estoy en camino.
***
Estoy agradecida de que el tráfico es ligero así puedo acelerar a la pista en
Fontana y que la seguridad en el estacionamiento evitará que la prensa me siga en la
instalación. Estaciono el auto en el terreno y me congelo mientras escucho la manivela
tratando de arrancar el auto. El motor ruge a la vida, su sonido haciendo eco contra
las tribunas y vibrando en mi pecho.
No sé cómo voy a hacer esto. ¿Cómo voy a ser capaz de ver a Pedro, pasando
como una bala y volando alrededor de la pista, cuando lo único que veo en mi cabeza
es el humo y siento el miedo? Pero le prometí que estaría allí el día que subiera de
nuevo al volante. Poco sabía que conseguiría una llamada para cobrar esa promesa
cuando todo estaba sin resolver entre nosotros.
Pero no puedo no estar aquí. Porque cumplo mis promesas. Y porque no puedo
soportar la idea de que está por ahí sin saber que él está bien. Sí, no hemos hablado y
estamos confundidos y dolidos, pero eso no quiere decir que puedo dejar fuera mis
sentimientos.
La aceleración del motor me saca de nuevo de mis pensamientos. Mi inquietud
y la necesidad de estar allí para él, para mí, para mi salud mental, me empuja a colocar
un pie delante del otro. Davis me encuentra en las afueras de la fila y asiente mientras
tomo su mano que ofrece a modo de saludo, antes de llevarme al lugar donde el equipo
de Pedro está trabajando.
Me detengo cuando veo el auto, la curva del casco de Pedro en la cápsula tras el
volante, el cuerpo doblado de Beckett sobre él, apretando sus cinturones, ya que solo
Pedro le permitiría a él hacerlo. Fuerzo a mi garganta para tragar pero me doy cuenta
de que no hay nada para ingerir porque mi boca está llena de algodón. Preocupada,
me encuentro a mí misma buscando el anillo que ya no me pongo, por hábito nervioso
y tengo que conformarme con juntar mis manos.
Davis me lleva arriba del tramo de escaleras a la torre de observación más arriba,
muy parecido en el que estaba sentada mientras miraba a Pedro salirse de control.
Cada paso me recuerda ese día, el sonido, el olor, la agitación de mi estómago, el terror
absoluto, cada escalón es otro recuerdo de los momentos después de que el auto chocó
contra la valla de captura. Mi cuerpo quiere dar media vuelta y huir, pero mi corazón
me dice que tengo que estar aquí. No puedo renunciar a él cuando más me necesita.
El sonido del motor cambia y no tengo que girarme y mirarlo para saber que él
está conduciendo lentamente por la fila hacia el asfalto de la pista. Estoy en la torre,
algunos miembros del equipo se centran en los medidores de lectura electrónica del
auto, pero en los pocos segundos que me quedo ahí, puedo sentir la energía nerviosa,
puedo sentir que están tan ansiosos sobre Pedro estando en el auto como lo estoy yo.
Oigo pasos en las escaleras detrás de mí y sé que debe ser Becks. Antes de incluso
tener la oportunidad de decirle algo, el sonido del motor del auto se reduce y ambos
miramos hacia el final de la fila de los equipos. Después de un momento, las
aceleraciones del motor suenan de nuevo y el auto se mueve lentamente sobre la pista.
Beckett me mira rápidamente y me entrega un auricular. La mirada en sus ojos
me dice que está tan nervioso e inquieto acerca de esto como yo y una pequeña parte
de mí se alivia con esto. Se inclina acercándose antes de que coloque los auriculares en
mis oídos y dice:
—No sabe que estás aquí.
Asiento hacia él, mis ojos diciéndole gracias y mis labios diciéndole:
—Creo que eso es lo mejor.
Hace un gesto hacia una silla en la parte delantera de la torre, pero solo muevo
mi cabeza decidida. No hay manera en el infierno en que pueda sentarme en estos
momentos. La energía nerviosa asalta mis sentidos y camino de arriba a abajo mientras
mi miedo se mantiene sólidamente anclado en mi alma.
El motor ronronea suavemente hacia la parte final de la curva uno y giro
mientras mis ojos rastrean a Pedro, aunque me dan ganas de gritar para que se
detenga, que salga, que regrese a mí. El auto empieza a acelerar en la segunda curva.
—Eso es todo, Wood. Agradable y fácil —dice Becks con voz gentil
persuadiendo. Todo lo que oigo en el micrófono abierto es la cadencia del motor y la
respiración agitada de Pedro, pero ninguna respuesta de él. Me muerdo el labio y echo
un vistazo a Beckett, no le gustaba el hecho de que no está hablando. Solo puedo
imaginar lo que está corriendo a través de la cabeza de Pedro.
—¡Maldita sea, Becks! —Es la primera vez que oigo su voz en más de una semana
y el sonido en él, el miedo tejido a través de la ira, me tiene aferrándome a los
auriculares—. ¡Este auto es una mierda! Pensé que revisaste todo. Es…
—Pedro, no hay nada malo con el auto. —La uniformidad de la voz Becks llega
alto y claro y Beckett mira a otro miembro del equipo y sutilmente niega a algo.
—¡Mierda! Está temblando como una perra y se va a venir abajo cuando me abra.
—La vibración que normalmente está en la voz por la fuerza del motor no está allí, ni
siquiera va lo suficientemente rápido como para que la segunda curva lo afecte.
—Es un coche nuevo. Revisé cada centímetro de él.
—¡No sabes de qué mierda estás hablando, Beckett! ¡Maldita sea! —grita hacia
fuera en el coche, ya que se trata de una parada en la recta entre las curvas dos y tres,
la frustración resuena en la radio.
—Es un coche diferente. No hay nadie en la pista para que choques. Solo tómalo
suave y fácil.
No hay respuesta. Nada más que el zumbido lejano de un motor ralentizándose
que estoy seguro de que va a morir pronto y luego se tendrá que poner a arrancar en
la pista para ponerlo en marcha de nuevo. Más tiempo para que Pedro se siente y
piense y recuerde y reviva el accidente que lo está incapacitando.
Y a medida que se extiende el tiempo, mi preocupación por el hombre que amo
tiene creciendo a mi propia ansiedad. A pesar de que todos estamos aquí apoyándolo,
sé que está allí sintiéndose solo, aislado en un ataúd de metal con ruedas. Mi corazón
se aloja en mi garganta mientras el pánico y la impotencia que siento comienzan a
estrangularme.
Beckett camina de un lado al otro, sus manos empujando a través de su cabello,
sin saber cómo lograr que su mejor amigo salga del rellano cuando ya no está
escuchando. Me muevo, la respiración agitada de Pedro es lo único que suena en la
radio y no puedo soportarlo más.
Me acerco a Beckett.
—Saca a todo el mundo fuera de los radios. —Me mira y trata de averiguar lo
que estoy haciendo—. Sácalos fuera —digo, la desesperación tiñendo la urgencia de
mi petición.
—Todo el mundo fuera del radio —ordena Beckett inmediatamente mientras
me muevo al micrófono en el mostrador en la parte delantera de la cabina. Me siento
y esperó el asentimiento de Beckett, una vez que se da cuenta de lo que estoy haciendo.
Busco a tientas los botones en el auricular y Davis se inclina y empuja hacia abajo
el que necesito.
—¿Pedro? —Mi voz es temblorosa, pero sé que me escucha porque oigo el
enganche en su aliento cuando lo hace.
—¿Paula? —Es mi nombre, una sola palabra, pero la ruptura de su voz y la
vulnerabilidad en la forma en que lo dice provoca lágrimas en mis ojos. Suena como
uno de mis chicos en estos momentos, cuando se despiertan de un sueño terrible y me
gustaría poder correr a la pista para poder sostenerlo y tranquilizarlo.
Pero no puedo, así que hago la siguiente cosa más cercana a ello.
—Habla conmigo. Dime lo que está pasando por tu cabeza. No hay nadie en el
radio, excepto tú y yo. —El silencio se extiende un poco mientras mis palmas se
vuelven sudorosas por los nervios y me preocupa que no voy a ser capaz de ayudarlo
a través de esto.
—Pau. —Suspira derrotado y estoy a punto de saltar de nuevo en el micrófono
cuando continúa—. No puedo... no creo que pueda... —Su voz se desvanece mientras
estoy segura de que lo asaltan recuerdos del accidente, como me sucede a mí.
—Puedes hacer esto —digo con una voluntad más firme de la que siento—.
Pedro, esto es California, no Florida. No hay tráfico. No hay pilotos novatos
cometiendo errores estúpidos. No hay humo a través del cual no puedas ver. No tienes
que conducir a través de destrozos. Solo somos tú y yo, Pedro. Tú y yo. —Me detengo
un momento y cuando no responde, digo una cosa que ha estado dando vueltas en mi
mente—. Nada más que sábanas.
Escucho la astilla de una risa y me siento aliviada de que la obtuve a través de él.
Utilicé un buen recuerdo para romper el miedo paralizante. Pero cuando habla todavía
puedo oír el temor en su voz.
—Es que... —Se detiene y suspira, la vulnerabilidad es una cosa difícil de aceptar
para un hombre, especialmente en la cara de un equipo que lo idolatra y respeta.
—Puedes hacer esto, Pedro. Podemos hacer esto juntos, ¿de acuerdo? Estoy
justo aquí. No voy a ninguna parte. —Le doy un par de segundos para dejar que mis
palabras penetren—. ¿Están tus manos sobre el volante?
—Mmm… hmm... pero mi mano derecha…
—Está perfectamente bien. Te he visto usarla —digo, con la esperanza de aliviar
un poco la tensión—. ¿Está tu pie en el pedal?
—¿Pau? —Su voz se tambalea de nuevo.
—Pedal. ¿Sí o no? —Sé que ahora me necesita para tomar las riendas y ser la
fuerte, y por él, haré lo que sea.
—Sí...
—Está bien, despeja tu cabeza. Solo son tú y la pista, Ace. Puedes hacer esto.
Necesitas esto. Es tu libertad, ¿recuerdas? —Escucho la aceleración del motor una vez
o dos veces y veo alivio mezclado con orgullo en los ojos de Beckett antes de
concentrarme de nuevo en Pedro—. Conoces esto como la palma de tu mano...
presiona el acelerador. Golpea el pedal y presiónalo hacia abajo. —El sonido del motor
ronronea un poco más alto y continúo—: Está bien... ¿ves? Tienes esto. No tienes que
ir rápido. Es un coche nuevo, se va a sentir diferente. Becks estará molesto si el motor
se quema de cualquier manera, así que toma las cosas con calma.
Giro para ver el auto con gran expectación mientras Pedro comienza
lentamente la tercera curva. Está muy lejos, incluso de las velocidades de práctica, pero
está yendo y eso es todo lo que importa. Enfrentamos juntos nuestro miedo de que se
vuelva a meter en el auto de nuevo. Nunca imaginé que al persuadirlo para conducir
estaría reduciendo los míos.
El motor acelera de nuevo, la reverberación golpea mi pecho mientras se acerca
a la cuarta curva y le oigo maldecir.
—¿Estás bien? —No hay nada más que el silencio a mí alrededor y el rugido del
motor que está acercándose—. Pedro, háblame. Estoy aquí.
—Mis manos no dejan de temblar. —No respondo porque estoy conteniendo mi
respiración mientras acelera el paso y entra en la primera curva—. Becks se va a enojar
porque mi cabeza está jodida.
Echo un vistazo a Becks y veo cruzar rápidamente una sonrisa en su rostro y sé
que está escuchando, asegurándose de que su mejor amigo está bien.
—Está bien... ¿viéndote ahí afuera? La mía está jodida también... pero estás listo,
puedes hacer esto.
—¿No somos un par jodido? —resopla en la radio y puedo sentir disipándose un
poco de su ansiedad y miedo con cada segundo que pasa. Veo a los chicos que me
rodean relajarse un poco cuando se dan cuenta de la amplia sonrisa en el rostro de
Beckett.
—En efecto, lo estamos. —Me río antes de exhalar aliviada. Dios, te amo, quiero
decir, pero me abstengo. El ruido aumenta por la recta opuesta y no puedo luchar
contra la sonrisa en mi cara ante el sonido del éxito—. Oye, Ace, ¿puedo traer a los
chicos de nuevo?
—Sí —dice rápidamente seguido de—: Pau... yo...
Mi corazón se llena de la emoción en su voz. Puedo escuchar la disculpa, sentir
la absoluta sinceridad detrás de ello.
—Lo sé, Pedro. Yo también.
Peleo contra las lágrimas de felicidad y cuando miro hacia Beckett, tiene una
suave sonrisa en su rostro. Niega muy sutilmente y su boca modula la palabra
salvavidas hacia mí.
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