sábado, 27 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 102



                                                      PEDRO

Los tienes ahora, Jax? —pregunto a medida que veo a
Scooter comprar un poco de mierda azucarada en el bar
de botanas con el dinero que le di. Shane negó. El
pendejo sigue con la cara verde. No iba a comer nada por
un tiempo, a menos que quisiera regresarlo.
Ah, los dulces recuerdos de ser un adolescente y de ser iluminado como un árbol
de Navidad de mierda. No puedo evitar sentir pena por él, pero a la mierda si no es un
poco raro ver este rito de paso.
Jax se ajusta su gorra de béisbol, mueve su bate hacia abajo y se acerca a mí.
—Sí, los tengo. —Llega a mí y nos damos la mano—. Gracias por... —Levanta la
barbilla en dirección a Shane.
—No hay problema —me río—. No es nada como mi primer baile con el maldito
fondo de la botella, pero hablé con él.
—Gracias. ¿Pau cambió de opinión? ¿No vendrá?
—No. —Niego cuando veo Ricky dar una media vuelta y sacar la bola de la zona
del estadio durante su práctica de bateo. Silbo para que sepa que lo vi y tiene la más
linda maldita sonrisa en su cara cuando me mira. Sé más que nadie que el
reconocimiento de alguna forma es un camino largo de mierda.
—Lo hará. Supongo que Zander tuvo una mañana difícil para que no quisiera
que él desfilara delante de la prensa. Así que me llevé a los niños, con la esperanza de
que me siguiera.
Malditos buitres. Miro hacia el aparcamiento a la Range Rover y veo a todos de
pie allí, cámaras colgadas al cuello, lentes de largo alcance apuntando hacia mí; con la
esperanza de atraparme... joder si sé lo que en un pequeño juego de la liga infantil.
Pero mierda, mantengan la distancia y no me bombardeen cuando estoy con los
chicos, y estoy un poco sorprendido. ¿Desde cuándo tienen malditos modales? No es
como que estoy haciendo nada interesante detrás de las gradas y creando más putos
infundados hijos ilegítimos.
—En fin... —Me encojo de hombros—… parece haber funcionado.
Jax se ríe mientras mira a la multitud de ellos en el estacionamiento.
—¿Eso crees? Es una locura hombre, vivir con eso todo el tiempo. ¿Alguna vez
te acostumbras a ello?
—¿Puede un coche rodar sin llantas? —Es la más estúpida pregunta de la vida
pero es Jax. El amigo es genial. Cuida de Pau.
—Es cierto —dice con una inclinación de cabeza.
Hago un poco más de pequeña charla con él antes de ir a darles a las malditas
bolsas de parásitos junto a mi coche las fotos de cerca que les darán un poco de dinero.
Que espero los mantenga a raya por otro maldito día.
Me golpean con sus malditas cámaras mientras camino junto a ellos y me toma
todo lo que tengo para no lanzarles un puñete porque carajos si no se sentiría bien
simplemente dejarse llevar y hacerlo. Al diablo con Chase. Sus palabras me detienen
solo porque lastimaría a Pau si hago que el chico malo imprudente se vuelva loco al ser
presionado con la mierda de sus malditas preguntas sobre ser una rompe hogares.
Al diablo con las promesas. Que se jodan todos en el infierno. Es por eso que
nunca las hago. Nunca se las hice antes a Paula de todos modos. Quién habría pensado
que llegaría el día en que sería un maldito cobarde y estaría bien con eso.
Añade otra capa de hielo al infierno porque se ha convertido en el círculo ártico
de mierda con la mierda que está cambiándome.
Le dije que estaba tratando de ser un maldito mejor hombre. Bueno, que me
jodan. No sabía que íbamos a ser lanzados a esta maldita tormenta que nos tiraría en
todas direcciones con un puto tirón.
He estado bien hasta ahora. No he tomado mi teléfono y rasgado en pedazos a
Tamara por esta mierda de charada que me está tirando, por lanzar a Paula a los
malditos lobos para tratar de hacerme daño. Pero sé que si lo hago solo demostrará que
está en mí de nuevo. Y para ella, eso es ganar la mitad de la batalla.
—Entonces, ¿cuándo es la boda, Pedro?
—¿Tamara sabe estás con Paula hoy?
—¿Ya elegiste nombres para tu hijo?
Otro camarógrafo me empuja a un lado y yo me voy como un torbellino contra
él, con los puños apretados, tensando la mandíbula.
—¡Retrocede maldita sea, hombre!
Paula. Paula. Mi maldita Paula. Tengo que repetírmelo una y otra vez para
ayudarme a ignorar su mierda de mentiras y evitar perderme en mi mierda.
Por lo menos el chico retrocede para que pueda abrir la maldita puerta del coche.
Gracias a Dios por el caro trasero de los coches porque al minuto que cierro la puerta
los sonidos se silencian y los vidrios polarizados hacen que sea difícil estar ante las
cámaras para conseguir su disparo sobre mí a punto de comenzar. Por mucho que tenga
que sentarme aquí y calmar mi mierda, no hay manera de que pueda con el circo que
me rodea.

Enciendo el motor y espero que entiendan la puta idea y den marcha atrás, así
no los atropello. Enciendo el motor una vez más y un ligero movimiento hacia atrás
tiene a todos corriendo a ponerse en sus coches para perseguirme.
Jodido Cristo.
Tiene drama, por favor, síganla maldita sea. Si pusiera estúpidas pegatinas en mi
coche, eso es lo que diría.
Compruebo a los chicos y presiono el acelerador una vez más antes de salir
rápidamente del lote. Aclaro la locura cuando pierdo a la mayoría de los coches en un
semáforo en rojo volando a través de la cola de una luz amarilla. Finalmente doy un
suspiro de alivio, puede tener un minuto de paz a lo largo de zumbido de Best of You
en la radio y luego miro hacia mi teléfono.
Y el aire que acabo de contener hace un puto atorón perforado directamente en
mí. Mi pie se tambalea sobre el acelerador como un maldito piloto novato por el texto
que se muestra en la pantalla.
Sobre cerrado en mi escritorio. Los resultados regresaron. Llámame.
Todo mi cuerpo se congela, pulmones, corazón, garganta, todo. Miro fijamente
al frente, mis nudillos se vuelven blancos mientras agarro el volante, tratando de
obtener un control sobre la avalancha de emociones que me entierran vivo.
Me obligo a respirar, a parpadear, a pensar. En el momento en que mi cabeza le
manda a mi cuerpo hace clic, desviándome a través del carril causando que las bocinas
suenen a todo volumen. Tiro al camino de entrada más cercano que veo, el
estacionamiento de un centro comercial y golpeo los frenos.
Tomo el teléfono para llamar a mi abogado, pero lo bajo de vuelta mientras
aprieto los ojos con fuerza y trato de conseguir un agarre con mis nervios de repente
disparándose a través de mí. Esto es todo. La respuesta al otro extremo de la línea será
mi mayor metida de pata o mi mayor alivio.
La certeza que sentí antes de esto no podía ser cierto, no se siente tan
jodidamente cierto más. Tomo una respiración, soltando un puñetazo en la consola,
agarrándome figurativamente mis bolas y recogiendo el teléfono.
Cada ring me destruía. Era como esperar a que la silla fuera sacada desde debajo
de mis pies con un lazo enrollado inofensivamente alrededor de mi cuello.
—Alfonso.
Me toma un minuto responder.
—Hey, CJ —Mi voz suena tan jodidamente extraña, como un niño pequeño a la
espera de su castigo por decidir.
—¿Estás listo?
—Maldito Cristo, dímelo ya, ¿quieres? —ladro.
Se ríe mientras oigo el desgarro de papel. Es fácil dar una maldita risa ahora
cuando mi corazón es el que martillea, cuando mi maldita cabeza late con fuerza y mi
pie está rebotando en el piso. Y entonces escucho a CJ exhalar.
—Estás bien.
No hay manera de que lo oyera bien.
—¿Qué?
—Ella mintió. El bebé no es tuyo.
Levanto de mi puño en el aire y grito. Aprieto mi cabeza con mis dos manos
mientras la adrenalina me golpea con toda su fuerza, mis manos tiemblan y suelto
algunas lágrimas también. Ni siquiera puedo procesar un pensamiento. Sé que CJ está
hablando, pero no lo puedo escuchar porque mi corazón late con fuerza en mis oídos
por la adrenalina pegándome como lo hace al comienzo de una carrera. Levanto la
mano para pasarla a través de mi cabello pero dejo que el aire golpee el volante antes
de fregar mi cara porque estoy tan abrumado... tan inundado de puto alivio que no
puedo mantener un solo pensamiento recto, a excepción de uno.
No es mío.
No jodí la vida de una pobre alma contaminándola con mi sangre.
Por haber nacido de una perra manipuladora como Tamara.
—¿Estás bien, Wood?
Me toma un minuto tragar y encontrar mi voz.
—Sí —suspiro—. Mejor que bien. Gracias.
—Voy a hacer que Chase haga un comunicado de prensa para…
—Yo cubriré eso —le digo, sin desear nada más que alimentar a los buitres con
sabor a cuervo y conseguir que sus malditas cámaras molestas salgan de nuestras vidas
en poco. Dejar que Paula se adapte a mi vida loca de mierda mientras encontramos
nuestro equilibrio.
Ahí vamos de nuevo. Pensando en la búsqueda de nuestra maldito equilibrio y
el futuro y la mierda con ella. Mi maldita kriptonita.
Hijo de puta.
Y me doy cuenta.
Paula.
Tengo que decírselo.
—Gracias de nuevo, CJ, tengo que llamar a… me tengo que ir.
Cuelgo e inmediatamente empiezo a marcarle a Paula mis manos están
temblando tanto por la adrenalina corriendo a través de mi sangre, y me detengo un
segundo.

Y entonces me doy cuenta de que quiero terminar esto de una vez por todas
antes de hablar con Pau. Quiero llamarla con el borrón y cuenta nueva para poder
decirle que todo esto está detrás de nosotros. Bebe, Tamara, mentiras… todo terminó
y terminé con todo.
Tomo una respiración profunda mientras marco el número que solía ser tan
familiar, pero que ahora solo hace que mi sangre hierva.
—¿Pedro? —Me gusta el hecho de que se sorprenda, que la atrape con la guardia
baja.
Es hora de jugar a la pelota.
—Tamara —Mi voz es plana, sin emociones. No digo nada más. Quiero que se
retuerza. Quiero que se pregunte si lo sé o no. Es lo suficientemente falsa para
mentirme en la cara, vamos a ver si mantiene hasta el final la puta farsa o a poner sus
cartas sobre la mesa.
Porque carajos si la prueba de paternidad no es mi as bajo la manga.
—Hola —dice en voz tan baja que no puedo averiguar si está siendo tímida o
tratando de sonar seductora.
Alguno de los dos tiene el estómago revuelto.
Me muerdo la mejilla, tratando de averiguar a dónde quiero ir con esta
conversación porque por mucho que quiero hacerla sufrir, solo quiero que
malditamente desaparezca. Sayonara, bye, todo los maldito adiós.
Ella se aclara la garganta y sé que el silencio la está matando.
Bien.
—Pedro —dice mi nombre otra vez y tengo que morderme la lengua, dejarla
que sufra—. ¿Necesitabas algo? Yo… estoy sorprendida de saber de ti...
—¿En serio? ¿Sorprendida? —El sarcasmo gotea de mi voz como maldito aceite
de motor—. Ahora ¿por qué sería eso?
Ella empieza a balbucear palabras, pero ninguna de ellas consigue ir más allá de
la primera sílaba.
—Guárdatelo Tamara. Simplemente dime una cosa. ¿Por qué?
¿Cuándo como la mierda llegó a ella hacer así? ¿Cuándo se volvió de mi novia de
la universidad a la usual zorra manipuladora al otro extremo de la línea? ¿Qué carajos
me perdí?
—¿Por qué? —pregunta, arrastrando la palabra. Hemos sido amigos durante
tanto tiempo, puedo decir que está de pesca.
Está buscando una idea para que pueda tomarlo y torcerlo y manipularlo en lo
que voy a decir que se adapte lo mejor posible.

Y terminé. La rutina inocente terminó hace mucho maldito tiempo cuando se
trata de ella y de sus malditas mentiras. Por lo menos lo reconozco ahora. ¿Después de
lo que le hizo a Pau? ¿Y ahora trata de hacérmelo para mí?
Supéralo, cariño.
—Sí, ¿por qué? —Muerdo—. ¿Porque malditamente mentiste con esos dientes
blancos perfectos de los tuyos? Usaste mi accidente para…
—Pedro yo no traté de…
—¡Cierra la puta boca, Tamara! ¡No me importan tus malditas patéticas excusas!
—le grito porque estoy en una buena racha y maldita sea si no se siente bien dejarlo
salir. Liberar toda la ira y el miedo y la incertidumbre que ha gobernado mi puta vida
durante las últimas semanas. Me dejó en un maldito lío desorientado como conducir a
ciegas en el humo después de un accidente con la esperanza de que saliera del otro
lado de su puta opresiva niebla—. ¿No trataste de qué?
Mi enojo me come en crudo. Necesito moverme. Necesito expulsar algo de él,
así que abro la puerta de la Rover y empiezo a pasearme de un lado a otro, empujando
mi mano libre por mi cabello mientras mis pies tocan el puto suelo debajo de mí.
—¿No intentaste utilizar mi accidente, mi cabeza jodida, como un medio para
conseguir lo que querías? ¿Diciendo que te follé cuando no lo hice? ¿Poniéndome una
trampa de ser el padre de tu hijo ilegítimo? ¿Cuán jodido es eso? ¿Qué clase de mierda
te hace eso, Tamara? ¿Eh? ¿Me puedes responder por qué la mujer que solía conocer,
que fue mi amiga en otro tiempo jodidamente cayó tan malditamente bajo que utilizó
a un niño para tratar de conseguir que volviera?
No hay suficiente mierda de asfalto en este estacionamiento en este momento
que me ayude a sacar la maldita furia de mis venas, ya que cuanto más pienso en ello,
por lo que trató de hacerme, más fuerte crece mi rabia.
Malditamente bien que ella se quede callada, me digo a mí mismo, cuando no
responde a la única cosa que he dicho. Todo lo que se oyen son sus gritos de que está
lloriqueando al otro extremo de la línea.
—Pensar que solías importarme. Es malditamente increíble, Tamara. —Niego y trago
una enorme bocanada de aire—. ¿Es así como tratas a las personas a las que dices amar?
¿Utilizar a un niño para manipular? ¿Para putamente engañar y conseguir amor?
—Los resultados volvieron. —No es una pregunta, solo es una suave declaración
que es extrañamente tranquila.
Y lo sabe.
—Sí, volvieron. —El acero tranquilo de mi voz debe tenerla en funcionamiento
para volar su maldita cubierta.
—Follaste conmigo una vez, Tamara. Tuve que lidiar eso lo más suavemente
posible, ya que nuestras familias están conectadas. —Apoyo la espalda contra la Rover
y solo sigo negando, mi pulso está acelerado y mi respiración es jadeante y
superficial—. Pero es obvio que no te preocupas por eso, porque acabas de
mayormente joder conmigo otra vez. Intentaste arruinarme la única cosa que sabes
que podrías atraparme más que cualquier otra cosa. Así que sugiero que escuches con
atención, porque solo voy a decir esto una vez. Malditamente terminé contigo. No te
pongas en contacto conmigo. Y seguro como la mierda mejor no te pongas en contacto
con Pau. ¿Y las reuniones de familia? —me río y seguro como la mierda no es porque
me siento feliz—. Te sugiero que te dé gripe estomacal o alguna otra razón para no
asistir. ¿Lo captas? Eras mi amiga y ahora solo eres... nada.
—Por favor, escucha —suplica y su voz, la voz que utiliza para decir algo, no me
hace mierda nada a mí. En absoluto—. No seas tan frío.
—¿Frío? —grito hacia ella, mi cuerpo vibra con ir—. ¿Frío? ¿Frío? Prepárate para
la puta capa de hielo polar porque terminamos. Estás muerta para mí, Tamara. Nada
hay más que decir. —Y cuelgo el teléfono a pesar del sollozo que percibo a través del
otro extremo. Me doy vuelta y recargo mis manos al lado de mi coche mientras proceso
todo. Mientras intento comprender cómo una amiga de la infancia podía hacerme eso
a mí.
Y me doy cuenta de que en realidad me importa una mierda. Los por qués, los
razones de por qué. Todo de eso.
Porque tengo a Pau ahora.
Mierda. Estoy tan envuelto en mi cabeza y en lo que acabo de hacer, que me
olvidé de toda la razón por la que lo hice.
Paula.
Me meto en el coche, mientras busco a tientas el teléfono con mi mano y me
toma un segundo buscarla en mi lista de llamadas recientes. El teléfono suena, pero
estoy jodido impaciente.
—¡Vamos, Pau! —Golpeo el volante con el puño mientras los timbres de llamada
suenan en los altavoces del coche.
—¡Hola! —se ríe ella.
El sonido. Mi puto Dios, el sonido de su voz despreocupada hace un agarre de mi
maldito corazón y simplemente lo aprieto tan fuerte que siento que no puedo respirar.
Es como si, de repente, toda la mierda se hubiera ido con Tamara y el accidente y a
pesar de que no puedo respirar, siento como que puedo respirar por primera vez en un
tiempo largo. ¿Es así cómo se supone que siente? ¿Una maldita claridad y mierda?
Puedo empezar a hablar y no puedo. ¿Qué carajos? Es como si quisiera decirle
todo a ella a la vez y sin embargo no se me ocurre cómo empezar. Me echo a reír, una
risa loca, porque estoy en el centro de algún centro comercial de mierda y me golpea
ahora.
—¿Estás bien? —pregunta en ese tono sexy suyo.
—Sí —me ahogo a través de la risa—. Solo...

Una risa viene a través del altavoz y clara, y simplemente dejo de hablar. Es
Zander y es la primera vez que lo oigo. El sonido me corta putamente como un cuchillo
a un filete. Juro por Dios que no podría ser más que una chica en este momento con
mis emociones por todo el maldito lugar.
—Ve por tu guante al patio y nos pondremos en marcha, ¿de acuerdo? —Le oigo
decir a través de la línea.
—Lo siento, ibas a decirme qué era tan gracioso.
Y empiezo a hablar, comienzo a hablarle de los resultados de las pruebas cuando
escucho un sonido que es tan horrible que llega hasta mi pecho y las lágrimas en mi
corazón se endurecen.
—¿Qué demonios es eso? —No puedo decir eso lo suficientemente rápido,
porque a pesar del agudo grito que suena como un animal herido luchando por su vida,
todavía puedo escuchar a Paula moviéndose a través de la línea telefónica.
Mi estómago se agita con el puto sonido y su maldito silencio.
—¿Pau? Dime lo que está pasando. ¿Pau?
—¡No, no, no, no! —dice y hay algo en su voz… miedo, incredulidad y shock
mezclado con desafío, que tiene escalofríos bailando por mi columna e
inmediatamente arranco el coche y tiro del engranaje.
—¡Maldita sea, Pau! Habla conmigo. ¿Qué carajos te pasa? —grito en el teléfono,
el pánico se adelanta, pero todo lo que escucho es su pesada respiración. Y luego su
lloriqueando—. ¡Paula!
—¡No puedes tenerlo! —dice con una voz extrañamente tranquila, que suena
muy lejos y tiene cortándome con un pobre hijo de puta en el carril de al lado.
—¿Quién está ahí, Pau? Dime, nena, por favor —declaro, el miedo como solo lo
conocí en mi juventud con sabor a bilis en la boca. El miedo está en todos putos
nervios. Lucho con decidir si colgar y llamar al 9-1-1, pero eso significaría que tendría
que colgarle, no la oiría, no sabría si está bien.
—¡Puta de mierda! —Es todo lo que escucho antes de que grite de dolor y el
teléfono se quede muerto.
—¡No! —grito y golpeo mi mano en el volante. Mis ojos se empañan mientras
trato de apretar los números de mi teléfono, pero mis dedos están temblando tan
jodidamente que ni siquiera puedo marcar el 9-1-1 hasta después del tercer intento.
—9-1-1. ¿Cuál es su emergencia? —La incorpórea voz responde.
—Por favor, ayúdelos. Están gritando y... ¡están gritando! —le ruego.
—¿Quién está gritando, señor?
—Paula y Zand... —No puedo pensar malditamente bien; hielo inunda mis
venas y mi único pensamiento es que necesito llegar a ellos, así no se dan cuenta de
que no estoy teniendo ningún puto sentido—. Por favor, que alguien vaya allí y…

—Señor, ¿cómo se llama? ¿Cuál es la dirección?
—Pe… Pedro —tartamudeo cuando me doy cuenta de que no sé ni la maldita
dirección. Sólo la calle—. Avenida Suiza.
Oh mierda. Oh mierda. Espera, nena. Espera. Ya voy. Es todo lo que repito en
mi cabeza una y otra vez, mientras mi cuerpo tiembla.
—¿Cuál es la dirección señor?
—¡No la sé maldita sea! —le grito a la operadora del 9-1-1. —El que está con
todos los maldito paparazzi en el frente. No hay nadie más en la casa, excepto ella y
un niño pequeño. ¡Por favor! Rápido.
Y cuando miro hacia arriba para finalizar la llamada, tengo que frenar de golpe
mientras llego a una maldita carretera en construcción.
—¡Mierda! —grito, cayendo sobre el claxon como si fuera mi puto salvavidas.
Paula.
Ella es mi único pensamiento.
Paula.
Por favor, Dios, no.

NO ME MATEN!! =(

5 comentarios:

  1. NO podés dejarnos así Jesy!!!! Decime que Tamara no la atacó x favor!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar
  2. Jesyyyyy .. vos nos queres martar ¡ por dios, esa perra de Támara les hizo algo a pau y el nene

    ResponderEliminar
  3. Ay! no!!! q está pasando??? No lo pode´s dejar ahí!!! quiero saber q pasa!!! por favor, no nos dejes días sin subir!!!!

    ResponderEliminar
  4. Ay noooooo!! Lpm!!! No tienen paz pobres....mimiroxb

    ResponderEliminar