viernes, 26 de septiembre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 100

El silencio desciende alrededor de nosotros mientras nos ponemos nuestra
ropa. Ahora que hicimos nuestro camino entre sí físicamente, ahora que
nuestros cuerpos ya no están conectados mi mente se preocupa por cómo
vamos a conectarnos verbalmente.
Porque no podemos dejar las cosas como están. Y no podemos ignorarlas. Con
suerte el miserable tiempo solos y separados nos ayudó a que podamos seguir adelante.
Pero incluso si podemos, ¿a dónde exactamente iremos desde aquí?
Echo un vistazo por encima mientras él cierra su traje y mira por la ventana
tintada al equipo de abajo y simplemente no puedo leer sus emociones. Me pongo mi
camisa sobre mi cabeza y me lamo mis labios mientras trato de encontrar la manera
de iniciar esta conversación.
—Tenemos que hablar —digo en voz baja, como si tuviera miedo de perturbar
el manto de silencio asfixiante de la habitación.
—Pondré la casa de Palisades a la venta —dice las palabras en voz baja, sin mirar
en mi dirección y estoy tan concentrada en él y en su falta de emoción, que me toma
un momento para que sus palabras sean asimiladas.
¡Whoa! ¿Qué? ¿Así que esa era la forma en que íbamos a jugar a esto? ¿Evitación
clásica?
A pesar de que no está mirándome, sé que es consciente de mí, así que trato de
ocultar de forma visible cómo el shock de sus palabras acaba de golpearme, además de
las que no dijo.
—¿Pedro? —digo, su nombre es como una pregunta que pide tantas cosas
diferentes. ¿Vamos a abordar esto? ¿Vamos a ignorar esto? ¿Por qué venderás la casa?
—No la uso... —responde a mi pregunta no formulada, deslizando una mirada
por encima de mí antes de volver su atención a los chicos de abajo. Y la forma en que
lo dice, casi en tono de disculpa, me hace sentir que es algo que está haciendo para
decirme que lamenta todo lo que está pasando, Tamara, un posible bebé, el espacio que
necesita.
Cuando no respondo y simplemente lo observo con paciencia, él se gira y me
enfrenta. Nuestros ojos se encuentran y nos miramos el uno al otro por un momento,
haciendo preguntas sin respuestas y sin palabras.
—No la necesito más —explica mientras me mira buscando una reacción.
Y por mucho que hay un drama no resuelto entre nosotros, lo que acaba de decir
me dice que realmente está en esto en un largo plazo. Que aun con todo tirado hacia
nosotros durante la semana pasada podría voltear su mundo al revés, que está
vendiendo el único lugar al me juré nunca volver. Que quiere decir suficiente que esté
dispuesto a deshacerse de un lugar que significa su antiguo modo de vida completo de
disposiciones y medidas de mitigación.
—Oh... —Es todo lo que puedo decir porque no tengo palabras, así que nos
seguimos mirando entre sí en esta sala que todavía huele a sexo. Puedo ver lo que
piensa, tratando de averiguar qué decir, como ir de aquí, así que empiezo—. ¿Qué
tienes en mente, Pedro?
—Solo pensando —dice, frunciendo los labios y pasando una mano por su pelo—
. Acerca de cómo no me había dado cuenta de lo mucho que necesitaba oír tu voz hoy
en la pista hasta que te oí por el auricular.
El suave suspiro de satisfacción salió de cada parte de mí, calentándome por
dentro y por fuera, mientras teje su camino alrededor del agarre que tiene en mi
corazón. Y la vieja yo habría rodado los ojos a su comentario y dicho que está tratando
de llegar a mi lado bueno, pero la vieja yo no lo necesita y extraña tanto como lo hago
ahora, sin saber todo lo que tenía para ofrecer.
—Todo lo que tenías que hacer era llamarme —digo en voz baja, estirando una
mano y colocándola en la parte superior de su lado—. Te prometí que estaría aquí tu
primer día de regreso.
Él emite una risa con un movimiento de cabeza autocrítico.
—¿Y decirte qué? ¿He sido un idiota; no te llamé por nada, pero te necesito en
la pista conmigo hoy? —El sarcasmo es grueso en su voz.
Aprieto su mano.
—Es un comienzo —le digo, mi voz se va apagando—. Nos pusimos de acuerdo
para sacar nuestra mierda, aclarar nuestras cabezas, pero hubiera estado aquí en un
latido si me hubieras llamado.
Él suspira, inclinando la cabeza hacia la pista más allá.
—Siento lo te que dije... las cosas de las que te acusé... fui un imbécil. —La
emoción hace su voz vacilar, lo que hace que lo que me está diciendo sea mucho más
entrañable.
No quiero arruinar el momento, pero tengo que hacérselo saber.
—Me lastimaste. Sé que estabas molesto y atacaste a la persona más cercana a
ti... pero me dolió cuando ya estaba destrozada. Luchamos día a día con nuestro pasado
y luego sucede algo como esto y... yo... —No puedo encontrar palabras que decir, así
que simplemente no termino mi pensamiento.
Pedro camina hacia mí y agarra mi mano, tirando de mí con suavidad hacia él
con lo que la única barrera entre nosotros es nuestra ropa.
—Lo sé. —Jala un tembloroso suspiro antes de continuar—. Nunca hice esto
antes, Pau. Estoy tratando de averiguar qué hacer y… mierda, sé que las excusas son
cada vez más viejas y que muy pronto no van a ser excusables, pero... maldición, estoy
tratando. —Se encoge de hombros.
Asiento hacia él, las palabras se me escapan porque está haciendo algo en lo que
nunca ha sido bueno: comunicar. Y pueden parecer pequeños pasos para él, pero nos
gana enorme terreno en nuestra relación.
Él se inclina y me da un inesperado beso en los labios antes de murmurar:
—Ven aquí. —Apoya su trasero contra la repisa detrás de él al mismo tiempo
que me tira hacia él, así que nos encontramos conmigo de vuelta en su parte delantera,
con sus piernas alrededor de mí. Apoyo la cabeza contra su pecho y me siento
estúpidamente contenta mientras lleva sus brazos alrededor de mí y me sostiene
apretado. Descansa su barbilla en mi hombro—. Gracias por hoy. Nadie ha hecho algo
así por mí antes.
Sus palabras me sorprenden, pero después de un minuto entiendo su línea de
pensamiento y la necesidad de corregirla.
—Becks, tu familia, lo hacen todo el tiempo. Simplemente no lo ves ni lo aceptas.
—Sí, pero son la familia, tienen que hacerlo. —Hace una pausa y aunque no
puedo ver la mirada en sus ojos, puedo sentir su mente trabajando mientras me
pregunto exactamente cómo me clasifica—. ¿Y tú? Eres mi maldita bandera a cuadros.
—Muevo mi cabeza hacia un lado lo suficiente para poder ver una sonrisa diminuta
extenderse en sus labios como un hecho e ilumina la mía—. Es un poco difícil
acostumbrarse a la idea cuando nunca he hecho esto antes. Tengo que acostumbrarme
a que estés ahí para mí y a necesitarte, y maldita sea si a eso no se le llama dar pasos
en la parada de los pits, ya que a veces me asusta como la mierda siempre ser amoroso.
¡Santa mierda! Estoy atónita con el silencio, una vez más por su intento de
explicar el temor que estoy segura le hace cosquillas en los bordes exteriores de su
psique. Pongo mis manos sobre sus brazos que están cerrados a mí alrededor y los
aprieto en un reconocimiento silencioso del crecimiento que está tratando de mostrar.
—No voy a huir, Pedro —digo, mi voz es decidida—. Todavía no, pero
realmente me lastimaste. Sé que estás pasando por un montón de mierda, pero como
el infierno si no eres mucho para tomar. Voy a necesitar un pit para detenerme a veces
también. Quiero decir, entre tú, el centro de atención, las mujeres que siguen
queriendo ir tras de ti y que me odian, la posibilidad de... —No puedo terminar el
pensamiento, no puedo obligar a la palabra bebé a salir de mis labios o a librar el sabor
acre repentino en mi boca.
—Hola elefante en la maldita habitación. —Él deja escapar un suspiro y su
mandíbula se tensa en mi hombro.
No quiero arruinar el momento, el corazón a corazón que necesitamos tener más,
pero debido a que inesperadamente saqué el tema, prefiero dirigirme a él y acabar de
una vez.
—¿Qué está pasando con... eso?

Cierro los ojos y aprieto los dientes mientras espero la respuesta.
—No me importa lo que ella diga acerca de lo que supuestamente hice o no hice
de lo que no me acuerdo una mierda. Sé que no es mío, Paula.
La simplicidad de su declaración y el vigor con la que lo dice provoca que mi
esperanza se eleve.
Y luego cae. Si tiene los resultados de vuelta, entonces ¿por qué no me llamó?
—¿Tienes los resultados de la prueba ya? —digo con cautela, tratando de ocultar
mi desconfianza.
—No. —Niega, mientras la esperanza que tengo cae por completo—. Hice la
prueba hace dos días. Los resultados llegarán en cualquier momento. Pero sé... sé que
no es mío. —Y por el sonido de su voz, no puedo decir a quien está tratando de
convencer más: a él mismo o a mí.
—¿Cómo lo sabes, Pedro, si no puedes recordar? —digo en voz alta, frustrada y
necesitando que esto solo termine, necesitando más la emoción de él de lo que estoy
consiguiendo. Respiro profundamente y trato de calmarme—. Quiero decir, incluso si
tú y Tamara hicieron... —Me detengo, incapaz de terminar la frase—... Ella dijo que
no usaste condón. —Mi voz es tan tranquila cuando hablo, odiando que incluso
tengamos que tener presente esta discusión. Odiando que una vez más nuestro
momento de satisfacción se ve perjudicado por el mundo exterior y las consecuencias
de nuestro pasado.
—Tú eres la única persona, Pau... la única mujer con la que no he usado condón.
No me importa si crees que me acosté con ella, pero lo sé, Paula... sé que habría
utilizado un condón. —Puedo escuchar la súplica en su voz para que le crea. Para que
entienda la pizca de miedo que siente con la perspectiva de un niño. Cuando no
respondo se empuja hacia atrás lejos de mí y comienza a caminar a un lado adelante
de la cubierta. La calma de hace cinco minutos ha sido sustituida con agitación pura,
un animal enjaulado que necesita escapar de sus confines.
—¡No es mío! —dice, levantando la voz—. ¡No hay ninguna maldita manera de
que pueda ser mío!
—Pero, ¿y qué si lo es? —reitero con pleno conocimiento del fuego que estoy
comenzando.
—No lo es —grita—. ¡Mierda! ¡Todo lo que sé es que no sé nada de mierda! Odio
a los malditos medios de comunicación siguiéndote y malditamente acosándote. Odio
la mirada en tu rostro ahora mismo que dice que malditamente te perderás si es mi
bebé a pesar de que me digas que no lo harás. Odio a la puta de Tamara y todo lo que
representa. La mierda que escupe sobre ti con Chase diciendo que no puedo responder,
ya que solo tendrás mucho más acoso. No me gusta que una vez más soy presionado
para lastimarte... que voy a arruinar esto porque mi pasado es lo que es... —Cierra los
ojos y baja los hombros mientras intenta frenar su ira.

Este es el tipo de lucha que puedo manejar. Él ventilando, escuchándome y
después de esperar un poco del dolor en sus ojos y del peso sobre sus hombros
aliviándose, aunque solo sea por un rato.
—Hay suficiente en tu plato. No tienes que preocuparte por mí —le digo eso y
sin embargo, me encanta el hecho de que está molesto por las consecuencias que me
afectan.
—¿No lo hago? —dice con incredulidad—. Es mi maldito trabajo cuidar de ti, ¡y
ni siquiera puedo hacer eso en este momento, porque todo está tan jodido!
—Pedro…
—Lo juro por Dios, tu vida dio un vuelco al revés por mí y estás más preocupada
por mí y por los niños que por ti misma. —Él camina hacia mí con un movimiento de
cabeza. Apunta hacia mí y me mira con confusión—. Eres sin duda la maldita santa
que no merezco.
—Cada pecador necesita un santo para balancearse —digo con una sonrisa.
Él se ríe bajo y se estira para tomar mis mejillas en sus manos. Y a pesar de que
ya nos tenemos el uno al otro, mi cuerpo vibra al instante ante su proximidad, lo deseo,
lo necesito. Sus ojos se bloquean en los míos, con pistas de lo que quiere hacerme
bailando detrás del borde de sus pestañas.
—Dios, malditamente te mandó una carrera. —Las enfáticas palabras en sus
labios salen seguidos de una sonrisa ladeada y de una sacudida de cabeza, como si
todavía comprendiera la profundidad de sus emociones.
¿Cuántas veces puede mi corazón enamorarse más duro de este hombre? Porque
ahí está otra vez, la imprevisibilidad de Pedro que hace que lo que diga solo sea mucho
más conmovedora. Cada parte de mi cuerpo se estremece al oír sus palabras.
Es inútil tratar de luchar contra la humedad en mis ojos porque esas palabras
significan mucho más que “una carrera” para mí. Quieren decir que está tratando, que
está pidiendo perdón por las veces en que la va a joder. Y para un hombre previamente
cerrado a todo el mundo, eso es entregarme la llave de la cerradura y darme un pase
de acceso total.
Estiro mi mano libre y tomo la parte posterior de su cuello, tirando de él hacia
mí, porque un hombre tan magnífico, por dentro y por fuera, es simplemente
demasiado irresistible. Lo beso con ternura, lamiendo con mi lengua entre sus labios
por lo que baila íntimamente con la suya. Sin urgencia, sólo suave, con gentil
aceptación. Sólo han pasado minutos desde nuestro último beso, pero ya se siente
como toda una vida. Al terminar el beso, él descansa su frente contra la mía y me dice:
—También te mandó una carrera.
Puedo sentir su sonrisa dibujarse contra mis labios y en este momento, sé que
realmente lo consigue. Que realmente acepta el hecho de que lo amo y es un rayo
figurativo de luz de este oscuro ángel mío el que capto de él, en silencio y prometo
recordar siempre lo que siento aquí y ahora.

Puede que no tengamos todo resuelto, puede que no sepamos lo que el futuro
tendrá, pero al menos sé que estamos en esta carrera juntos.
—Vamos —dice, tirando de mi mano—. Salgamos de aquí.
Nos dirigimos hacia el área del garaje donde los chicos están trabajando en el
coche. Al entrar, Beckett niega y sonríe hacia nosotros. Aparto mi mirada
rápidamente, muy consciente de que todos los chicos en el garaje saben exactamente
lo que estábamos haciendo. La caminata de la vergüenza es una cosa, pero cuando tiene
audiencia que sabe lo que estás haciendo, bueno... es mucho más vergonzoso.
Pedro se ríe junto a mí y aprieta mis dedos entrelazados con los suyos.
—¿Qué es tan gracioso? —murmuro, manteniendo los ojos fijos en el suelo.
—Eres linda cuando te ruborizas —bromea—. Prefiero las partes de color rosa
en otros lugares de ti, sin embargo.
Mi boca se abre en shock y antes de que pueda recuperarme, su boca está en la
mía. El sonido metálico de las herramientas nos rodean y sin embargo todo lo que
escucho es el latido de mi corazón. El beso no es más que una broma de lo que hicimos
antes, pero cuando se retira después de besar la punta de mi nariz, una sonrisa llega
hasta la comisura de su boca.
—¿Qué fue eso? —Como si me importara cuál es la respuesta. Puede hacerme
eso en cualquier momento y en cualquier lugar.
—Me conoces, cariño. Si van a mirar, también podrías darles algo bueno para
mirar, ¿no? Además, si no fue lo suficientemente claro antes, quiero que todos aquí
sepan que eres mía.
Mi corazón se hincha con sus palabras antes de que el sarcasmo llegue a mi
lengua.
—¿Estamos replanteando una reclamación?
—Cariño, ya se hizo la afirmación —dice, deteniéndose para mirarme con una
sonrisa—. Sin lugar a dudas.
Pongo los ojos en blanco y me río de él mientras sigo caminando.
—Vamos, Ace —digo por encima de mi hombro—. ¿No puedes mantenerte al
día?
Siento su mano dar una palmada en mi trasero.
—Seguro que sabes que puedo mantenerme con cualquier cosa —dice,
envolviendo un brazo alrededor de mis hombros e inclinándose por lo que su boca
queda cerca de mi oreja—. Mi pene, presionado contra la puerta, mi resistencia y
cualquier otra cosa que puedas considerar... pero esas son las más importantes, ¿no
crees? —Se ríe mientras niego y hago un sonido de diversión.
Clarificamos el hecho de que Sammy se va a llevar mi coche a casa por mí y luego
Pedro me llevará a una zona de estacionamiento cubierto donde Sexo está
estacionado. No puedo negar que la visión del coche sexy como el pecado trae una
fiebre de más recuerdos memorables que ponen una sonrisa en mi cara. Con mi mirada
clavada en el capó, miro fijamente a Pedro, donde una sonrisa lasciva se encuentra
con la mía. Él levanta las cejas, la travesura baila en sus ojos, su lengua se lanza hacia
afuera mojando mi labio inferior mientras abre la puerta para mí.
—Una buena selección de coches la de hoy —le digo mientras me deslizo al
opulento interior.
—Esto me recuerda a ti y que te necesité aquí hoy —dice antes de cerrar la
puerta por lo que no puedo responder. Y tal vez lo mejor es que no pueda, porque su
simple afirmación significa muchísimo para mí.
Pasos de bebé.
En cuestión de segundos estamos en la autopista con los sonidos de la banda de
Dave Matthews flotando entre nosotros, el ronroneo del motor nos envuelve y
frenéticos medios de comunicación nos siguen. Pedro ve a la parte trasera del espejo
antes de mirar hacia mí desde detrás de sus gafas de sol.
—¿Tienes el cinturón? —pregunta y de repente mi estómago se retuerce en
nudos, por temor a lo que va a ocurrir a continuación.
Ni siquiera tengo la oportunidad de responder antes de que el coche dé oleadas
hacia adelante, revolucionando el motor, Pedro se ríe mientras el coche vuela más
rápido que la prensa persiguiéndonos. Siento una oleada de adrenalina y por una
fracción de segundo puedo entender la atracción de su adicción, pero luego miro hacia
arriba mientras él teje dentro y fuera del tráfico y mi corazón sube a mi garganta
mientras el mundo más allá es una falta de definición.

7 comentarios:

  1. Q bueno q se hayan reconciliado!! Realmente lo que hace pau x este hombre no tiene palabras...mimiroxb

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  2. Al fin están juntos otra vez!!! Y pavada de reconciliación jaja. Me encanta esta novela.

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  3. Guauuu y guauuu ¡ se reconciliaron.. si señores ¡ bien ahi

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  4. Ay! por fin! No pueden vivir el uno sin el otro! Ojalá puedan superar lo q sea q va a venir ,porq algo me dice q no va a ser bueno...

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  5. doble WOW!!Me encanta la nove!y feliz d q se hayan reconciliado,se necesitan el uno al otro. Pau es increible! @GraciasxTodoPYP

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