martes, 9 de septiembre de 2014
SEGUNDA PARTE: CAP 76
PEDRO
Por primera vez en un mes, los disturbios en mi cabeza están en silencio mientras duermo. Las pesadillas son inexistentes.
Los acontecimientos de la noche anterior parpadean a través de mi cabeza mientras salgo de mi letargo a primera hora de la mañana. Eso y la sensación de asentamiento del peso de Paula sobre mí.
Me quejo involuntariamente mientras ella se deja caer, sentada a horcajadas sobre mí. El calor de su coño obligándome a liberarla de las sábanas que ahora están clavadas contra mi cuerpo. Hablando acerca de una dulce maldita tortura.
Que me jodan, si este no es el mejor despertador nunca visto.
La punta de sus dedos se mueven como plumas hasta mi abdomen, haciendo círculo alrededor de mis tetillas, y luego arrastrándose de nuevo al hueso de mi cadera.
—Buenos días —susurra con ese tono áspero tan suyo antes de pulsar un suave beso en contra de mis labios. Sus dedos continúan burlando la piel. Burlándose de mí como la droga para mi adicción.
Gruño una respuesta y entrecierro mis ojos abriéndolo para encontrar uno de los lugares más fantásticos que he visto nunca. Tetas —las tetas de Paula para ser exactos—, y llenos e insolentes pezones rosados endurecidos con la excitación que domina mi línea de visión. Me tomo un momento para admirar la más grande creación de Dios jamás antes vista, arrastro mis ojos y con ellos raspo durante el resto de su piel besada por el sol para mirarla a los ojos.
Esos ojos.
Los que me han mantenido cautivo y se apoderan de cada pedazo de mí. Ni siquiera sabía que existían hasta aquel primer momento en que me miraron en medio de una masa de rizos caídos.
—Buenos días —dice ella de nuevo, sus ojos soñolientos sostienen los mío y una sonrisa lenta tira hasta las comisuras de su boca.
Siento que mi corazón late por primera vez. Ella es real y está aquí. El alivio me inunda. Hoy puede ser la primera carrera de la temporada, pero ¿despertar con ella, aquí conmigo, después de toda la mierda de hace un par de semanas? Jodidamente ya he ganado.
Ladeo una ceja hacia ella mientras sus dedos cosquillean más al sur, mi polla palpita en respuesta a su toque.
—Son buenos de verdad —gimo necesitando que mi mente se ponga al día con mi cuerpo que ya está acelerado y con muchas ganas de dejarse ir—. Cualquier momento en pueda despertar con una vista como esta, es de hecho una buena puta mañana. —No puedo evitar la sonrisa que se sale de mis labios. Joder ella es hermosa.
Y mía
¿En serio? ¿Qué coño he hecho para merecerla? El infierno tiene sin duda que haberse congelado.
—Bueno —dice arrastrando la palabra en un ronroneo—. ¿Parece que tenemos un dilema aquí?
—¿Un dilema?
—Sí, me parece que yo estoy muy mal vestida y usted, Sr Alfonso, está demasiado arreglado.
Levanto una ceja con curiosidad hacia ella, todos los sistemas completamente despiertos ahora, y más que listo para salir.
—Creo que te ves malditamente perfecta —Cambio de sitio algunas almohadas, colocando más debajo de mi cabeza para que me sostengan, y que de ninguna manera me pierda ni una sola cosa de la visión frente a mí—. Pero tú crees que tengo demasiada ropa, ¿eh?
—Definitivamente —dice—. Y creo que es el momento de arreglar la situación. —Ella mueve su peso, y puedo sentir sus dedos tantear sobre mis caderas mientras tira de la sábana. A la mierda si ella no me está tomando el pelo.
Mi polla salta libre como un resorte de los confines de la sábana y me duele cuando me toca por ser enterrado en ese dulce calor suyo. La veo mirando mi polla, cuando lame con su lengua su labio inferior, lleva todo lo que tengo, no sujetarla a la cama y tomar esa tentadora boca.
—Oh, es definitivamente una situación. —Ella sonríe y sus ojos se levantan para encontrarse con los míos, la lujuria y la travesura bailando debajo de esas pestañas.
—¿Y cómo sugieres que lo arreglemos? —preguntando, disfrutando del papel de seductora que está jugando a pesar de que mis bolas están rogando desesperadamente para su liberación.
Extiende la mano y la envuelve alrededor de mi polla.
Jodeeeeeerrrrr eso se siente bien. Pongo mi cabeza hacia atrás y me ahogo en la sensación de sus dedos en mi carne torturada. Me acaricia con pasadas lentas y parejas que se sienten tan jodidamente bien que me lleva todo lo que tengo para no poner mi mano sobre la suya e instar a que vaya más rápido. Para que bombee con más fuerza.
Cuando se trata de Paula, la mendicidad no es indigna para mí.
—Bueno, es el día de la carrera, y no puedo dejar ir a mi hombre exactamente a la pista sin arreglar este pequeño problema que tenemos aquí.
Mis ojos abiertos brillan y ella arquea una de sus cejas con una burla en sus labios.
—Oh nena, no hay nada de pequeño sobre esto.
Ella se mueve hacia adelante, con la mano todavía en mi polla, pero sus tetas quedan de nuevo en frente y al centro en mi visión mientras se apoya cerca de mi cara.
—¿No? —Ella inclina la cabeza viendo a mi boca caer laxa mientras trabaja sus diestros dedos con firmeza en mi polla. Todo lo que puedo hacer es morderme el labio en respuesta y sacudir la cabeza mientras presta especial atención alrededor de la cresta. Hablar ahora mismo no es una opción.
—Supongo que tendré que descubrirlo por mí misma entonces. ¿No crees?
Me quedo mirándola. Tomo todo de ella, mientras se arrodilla a horcajadas sobre mí, mejillas ruborizadas, ojos bailadores y boca tentadora, y yo no puedo
creer que después de lo mal que la cagué, todavía sigue aquí. Sigue luchando por nosotros. Mi puto santo.
La respuesta está en mis labios y joder si recuerdo lo que es porque vuela de mi mente en el momento en que se hunde hacia abajo sobre mi polla.
Jodido y húmedo calor. El placer me inunda al instante que siento el agarre de terciopelo de su apretado coño envolverse alrededor de mí. Desde el fondo de mi columna vertebral hasta llegar a la parte superior de mi saco apretándome, aumentando el hormigueo, voltea los ojos a la parte posterior de la cabeza por el éxtasis.
—¡Dulce jodido Jesús! —gimo cuando se desliza con calma desde la raíz a la punta para que pueda ajustarse a mi invasión.
—No, no es Jesús —murmura mientras se inclina y pasa su lengua entre mis labios añadiendo tormento a la seducción—. Pero todavía puedo llevarte al cielo —susurra contra mis labios.
Y entonces comienza a moverse. Arriba y abajo. Hábilmente, los espasmos de su calor húmedo sobre mi polla con cada ascenso y caída. Piel sobre piel. De suave a fuerte. La suya y la mía. Tan jodidamente bueno.
Jodida Paula.
Mi maldita vagina vudú.
Mierda.
Ahora, la vagina vudú de Paula, es la más grande creación de Dios.
Siempre.
Sería un hijo de puta si Paula no tuviera razón.
Ella me hace sentir como en el maldito cielo.
* * *
Meto mis piernas en los pantalones vaqueros de la noche anterior, a sabiendas que lo que necesito para poner mi culo en marcha. Estoy emocionado por el día delante de mí —por el caos organizado y las revoluciones del motor a mi mando—, pero no estoy listo para compartir a Paula todavía. No estoy listo para estallar esta burbuja que nos rodea y entrar en la realidad.
La miro, y veo como empuja sus brazos a través de su camiseta y yo niego con la cabeza. Es una maldita vergüenza tener que cubrir esas perfectas tetas. Pero tengo que admitir, que me gusta la idea de una camiseta con mi nombre estampado en ella presionado contra ellas. Replanteo el reclamo.
Un golpe fuerte suena en la puerta y antes de que cualquiera de nosotros pueda responder a la puerta se abre de un empujón.
—¿Chicos están decentes? —Beckett entra, con el traje de fuego puesto pero las mangas atadas a la cintura.
—¿Y si no lo estábamos? —pregunto un poco molesto—. ¿Qué carajo si Pau no estaba vestida todavía? O peor aún, dispuesta debajo de mí desnuda y gimiendo. Así que no está jodidamente genial.
No es como Becks y yo no hayamos estado borrachos con mujeres y en la misma maldita sala antes pero, joder, esta es Paula de quien estamos hablando aquí. Mi chispa.
—¿Cómo demonios has entrado aquí? —pregunto y él sabe que estoy enojado con la intrusión. Y, por supuesto, el puto Becks sonríe. Una sonrisa de complicidad para hacerme saber que acaba de tantear el terreno. Que él está presionando mis botones para ver hasta donde ella y yo estamos.
Beckett mira de un lado al otro entre Paula y yo antes de tirar la llave en la cama.
—Desde ayer por la noche —dice para explicar su acceso a la habitación—. ¿Ustedes están bien ahora? —Mira a Paula, sus ojos sostienen los suyos durante un latido, y puedo verlo buscando en su expresión cara para asegurarse de que ella de hecho está bien. Que hemos trabajado nuestra mierda.
Maldito Becks. Él puede ser un hijo de puta, pero es el mejor maldito copiloto que un tipo jamás podría tener.
—Sí, estamos bien ahora —le responde y la pequeña suave sonrisa que le da hace sacudir la cabeza con incredulidad. ¿Podría ser más perfecto?
—Bien —afirma el, mirando por encima de mí con una sonrisa del gato que se comió al canario, sus ojos me dicen que se trató de un tiempo de mierda—. No dejes que pase de nuevo.
Yo sólo sacudo la cabeza hacia él cuando me levanto de la cama y empiezo a abotonarme mis jeans. Echo un vistazo a Paula y veo a sus ojos comiéndose el sendero que mis dedos trazan sobre las líneas que surcan mi abdomen desnudo.
La mirada en sus ojos me haca querer sacar de aquí a Beckett y arrastrar a Paula por el suelo y empujarla arriba contra la pared —no soy exigente en cuanto al lugar y, francamente, los mendigos no pueden elegir—, hasta tener mi ración de ella.
Por otra parte, eso puede tomar un jodido largo tiempo. No creo que nunca vaya a conseguir mi satisfacción de ella.
—No hay tiempo para el amor.
Becks resopla cuando ve el intercambio de miradas entre Pau y yo. Tengo casi decidido decirle que se vaya a la mierda para que pueda conseguir un sabor más para que me dure toda la carrera. Sobre todo cuando la miro y veo sus mejillas encendidas por haber sido sorprendida teniendo pensamientos traviesos.
—Tienen quince minutos antes de que nos vayamos. Aprovechen al máximo su tiempo. —Le da un guiño a Paula y sé que se está muriendo de vergüenza en estos momentos.
Oh maldito plan bien pensado.
* * *
El aire vibra con anticipación a mí alrededor mientras caminamos a través de los pits. Los chicos están comprobando y asegurándose de que todo está en orden y listo para la bandera verde pero, seamos sinceros, sólo están manteniendo las manos ocupadas para evitar verse nervioso. Y me encanta que mi maldito equipo se ponga nervioso acerca de una carrera. Me permite saber que se preocupan por ella tanto como lo hago yo.
Debería estar nervioso, pero no lo estoy. Miro a mi lado a Paula y aprieto sus dedos que están atados con los míos. Ella es la razón por la que no lo estoy. Jodida Paula, el bálsamo para calmar todos los problemas: los nervios, las pesadillas, las almas rotas y curar corazones.
Mi nuevo número de la superstición aquí a mi lado.
Ella me sonríe, con los ojos ocultos detrás de sus gafas de sol, y la puta más sexy sonrisa en esos labios.
Por costumbre, me acerco al coche cuando está aparcado en fila delante de mi pit designado y golpeo con mis nudillos en el capó cuatro veces. Superstición
número dos lista. Paula me mira arqueando una ceja con curiosidad. Encojo los hombros como respuesta.
Las supersticiones son estúpidas cosas de mierda pero bueno, cualquier cosa que funcione.
—¿Por qué el número trece?
Ella se refiere al número de mi coche. Mi afortunado número de mala suerte.
—Es mi número de la suerte —le digo mientras saludo a Smitty con la mano cuando va pasando.
—¿Un tanto no convencional? —Ella me sonríe, empujando sus gafas de sol hasta el pelo e inclinando la cabeza hacia un lado, con los ojos firmes en los míos.
—¿Esperas algo menos de mí?
—Nop. La previsibilidad no te favorece. —Ella niega con la cabeza y arrastra su labio inferior apretándolo entre sus dientes. Al diablo si eso no es sexy
—¿Por qué trece?
—Yo he desafiado suficientes probabilidades en mi vida hasta ahora. —Me recuesto contra el coche detrás de mí—. No creo que un número vaya a cambiar mi suerte ahora.
Y es la fecha del día en que mi papá me encontró. El pensamiento parpadea de forma inesperada a través de mi cabeza pero no lo digo —sólo lo pienso—, sin querer estropear el momento.
Doy un tirón a su mano, halándola contra mí, necesitando sentirla. El bálsamo para mi alma dolorida. Aterriza firmemente en mí contra, y te juro que nuestros cuerpos se sacuden.
Mi maldito corazón también lo hace. Se sacude, tropieza, se cae, se desploma, en caída libre —no, no es eso—, se estrella contra esa maldita extraña sensación pulsando a través de mí.
Me inclino hacia abajo, necesitando una probada de ella. Inclino mis labios sobre los de ella y me deleito con su dulzura. El movimiento de su lengua. El sabor de sus labios. El olor de su perfume. El gemido silencioso que suspira contra mí.
La reivindicación de mi corazón.
Dios mío. La mujer es mi maldita kryptonita. ¿Cómo sucedió esto? ¿Cómo permití que me poseyera? Lo más importante y jodidamente impactante, es que yo quiero que ella me posea.
Cada maldito pedazo de mí.
Se acabó, nena.
Ella es mi maldita bandera a cuadros.
Hola! un poco mejor no? jaja disfruten de estos capitulos porque lo que viene...
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wow buenísimo,me encanto!!!
ResponderEliminarCómo pudiste dejarnos 2 días sin tan hermosos caps Jesy??? Lloré y todo de emoción. Los mejores 2 caps de esta historia.
ResponderEliminarMe mori de amor con todas las cosas que le dijo el en esa habitación...son lo mas!! mimiroxb
ResponderEliminarQue Amor los dos, te pido por favor Jesy q no nos hagas sufrir asi otra vez !!!! jajajajajaj
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