viernes, 5 de septiembre de 2014
SEGUNDA PARTE: CAP 72
Me deslizo de nuevo en mi habitación en el hotel para un rápido descanso antes de que llegue la hora del próximo evento. Me digo que sólo tengo que tomar un respiro, pero sé que es un hecho que estoy siendo una cobarde y evitando a Pedro como lo he hecho durante la mayor parte del día. Ha sido nada más que cordial delante de los demás, pero distante cuando nadie está mirando. El dolor es evidente en sus ojos, pero además predomina en los míos también. En una de las raras instancias que estábamos solos, traté de hablar con Pedro de sus palabras de despedida para mí. Quería decirle que amaba lo roto en él —que todavía quiero las partes de él que está escondido y temeroso de dejar salir—, pero cuando abrí la boca para hablar, él sólo me despachó lejos con una mirada glacial. Su paciencia obviamente está agotada. Es lo que yo quería, así que ¿por qué siento como que estoy muriendo por dentro? ¿Qué estoy haciendo? ¿Estoy cometiendo un gran error? Aprieto las palmas de mis manos sobre mis ojos y suspiro. Tenerlo siguiendo adelante debería hacerme feliz. Debería aliviarme porque no tengo que aguantar a la "déjame explicarte" rutina. Entonces ¿por qué estoy tan completamente miserable? ¿Por qué tengo que tragar el enorme nudo en mi garganta cada vez que pienso en él o lo miro? Estoy arruinando esto. Tal vez tengo que escucharlo. Darle la oportunidad de explicarse. Tal vez si conozco toda la historia me ayudará a atravesar este dolor y seguir adelante una vez que oiga todos los sórdidos detalles de su noche con Tamara. Y creo que estos detalles son exactamente lo que temo... pero ¿qué pasa si no hay detalles sórdidos? ¿Y si todo lo que Lina ha estado empujando dentro de mis oídos es legítimo? ¿Y si estoy equivocada? Mierda. Estoy jodiendo esto. Ni siquiera puedo pensar con claridad —pensamientos divididos en un millón de direcciones—, pero sé que estoy jodiendo esto. Mi teléfono móvil emite un sonido de una notificación de
mensaje y me arrastra de mis pensamientos esquizofrénicos. Es un texto de Dane sobre Zander. Lo llamo inmediatamente. —¿Qué está mal? —pregunto, en respuesta a su saludo. —Tuvo una noche bastante dura, Pau. —Sopla un fuerte suspiro—. Habló sobre esa noche. Fue su padre, Pau. Y él jura que vio a su padre en la ventana la última noche. Enloqueció. Literalmente. Pero Avery estaba en la habitación con él, y ella dijo que no había nadie allí. —¡Oh Dios! —es todo lo que puedo decir imaginando el miedo rasgando a través de su pequeño cuerpo. —Sí... Avery hizo un gran trabajo con él sin embargo. De hecho, él no se ha ido de su lado durante todo el día. —¿Sigue hablando? —Mi mente piensa inmediatamente sobre todo el progreso que ha hecho en el último mes. De cómo en terapia ha comenzado a dibujar imágenes que representan lo que pasó esa horrible noche y a juntar las piezas junto a sus dos consejeros y las autoridades. Un obstáculo como este podría acabar con todo ese progreso y algo más. —No tanto, pero todavía está fresco en su mente. Estoy manteniendo a Avery con él. Los dos realmente se han unido. —¿Tengo que volver a casa? Puedo... —La culpa hace espirales a través de mí. Debería estar ahí con Zander en estos momentos. Consolándolo. Ayudándolo a través de esto. Sosteniéndolo. —No seas tonta, Pau. Lo tenemos cubierto. Sólo sé cómo te gusta saber todo acerca de los niños cuando esto sucede. —¿Estás seguro? —Seguro —reitera—. ¿Cómo vas resistiendo al Adonis? ¿El barco sigue hundiéndose o estás buceando en sus pedacitos de paraíso? No puedo evitar la sonrisa que se forma en mis labios. —Has estado hablando con Lina, ¿no es así? —Su silencio es la única respuesta que necesito. Resignada y necesitando a alguien para recuperarme de las cosas, respondo a regañadientes—. Es... confuso. —Suspiro. —Los hombres siempre lo son, nena. Me río.
—No sé, Dane. Yo sé lo que vi. No soy estúpida. Pero entre Lina diciéndome que estoy siendo terca y Pedro sin parar de negármelo, me pregunto si estoy cometiendo un error. Es sólo que no entiendo cómo uno más uno no es igual a dos. Él sólo hace un indefinido sonido en el otro extremo de la línea, mientras que piensa. —Mierda, Pau, no todo es blanco y negro si sabes lo que quiero decir. ¿Qué te daña el escucharlo? Exhalo audiblemente, miedo serpentea a través de mí que realmente podría estar equivocada. Eso podría ser ya demasiado tarde. —Mi orgullo. —Cariño, deberías estar aferrándote un poco más fuerte al Adonis en lugar de tu orgullo. Eso solo causará que termines sola con un montón de gatos. Un silencio se asienta entre nosotros, sus palabras golpean un poco más cerca de casa de lo que quisiera admitir. —Sí... lo sé. —¡Entonces mueve tu trasero y haz algo al respecto! Un hombre hermoso como ese no va a esperar por siempre sin importar lo excitante que eres. Mierda, podría tratar de convertirlo. Me río de nuevo, siempre agradecida por Dane y su consejo no solicitado que, sin duda, me pone en mi lugar. ¡Mierda! Le doy las gracias de forma rápida y cuelgo, lo he decidido. Me apresuro rápidamente, deslizando mi práctico atuendo por encima de mi cabeza, y agarro el vestido más sexy que tengo en mi maleta.
* * *
En el momento que tuve para sentarme y pensar en todo, he vuelto a aplicar mi maquillaje y me he dado una charla a mi misma para recuperar parte de mi confianza. No estoy segura de qué voy decirle a Pedro, pero tengo que decir algo. Tengo que arreglar el daño de este desastre en que nos encontramos continuamente. Es hora de ponerme las bragas de chica grande. Creo que si puedo hablar con él rápidamente, entonces puedo hacer algunos planes para verlo después y hablar las cosas. Hago una doble verificación de mi
reflejo en el espejo del ascensor. Mi cambio rápido ha hecho maravillas por ambos, mi aspecto y mi actitud. Me dirijo al salón de baile donde el evento de la noche se lleva a cabo. Un evento al que no había previsto asistir pero no me importa. Tengo que hacer esto ahora. No puedo esperar más. No puedo perder otro minuto aferrándome a mi orgullo. Y, además, realmente odio los gatos. El evento de la noche es una fiesta benéfica donde la gente paga la donación requerida y consigue el derecho de decir que bebió algunos tragos con el escurridizo Pedro Alfonso. Tanto como estoy encantada de que los fondos irán a una organización local de St Petersburg para niños huérfanos, tengo el presentimiento de que los que asistan al evento de esta noche estarán más preocupados por tratar de captar la atención de Pedro —o más bien lo que está en sus pantalones—, que los niños a los que su dinero ayudaran. Tomo una respiración profunda mientras camino. Estoy decidida. Tengo que hablar con Pedro. Esta noche. Necesito, ya sea, enterrar esto o tener una oportunidad, confiar en él, y escuchar lo que tiene que decir. Creerle cuando me dice que no durmió con Tamara, que nunca me habría engañado. En silencio, ensayo las palabras que quiero decir. Nervios tintinean en mi estómago. Aliso mis manos sobre mi vestido, doblando la esquina al vestíbulo que conduce a la sala de baile y detengo en seco mis pasos cuando me encuentro cara a cara con la única persona que he temido ver todo este viaje. La única persona que estoy muy segura de que Pedro ha mantenido intencionalmente mis ojos de incluso aptar un vistazo. —Bueno, no es esto una inesperada sorpresa —su voz inconfundible me reprende, provocando que los pelos detrás de mi nuca se levanten. Toma todo lo que tengo de lanzarme a misma hacia ella. De abofetear esa petulante, sonrisa de suficiencia fuera de su cara y mostrarle lo que realmente siento por ella. Y estoy a punto de arremeter contra ella cuando el caballero que pasa me llama la atención y asiente hacia mí. -Paula —murmura en reconocimiento; es uno de los patrocinador es corporativos. Asiento con la cabeza hacia él, forzando una ligera sonrisa en señal de saludo, sabiendo que por mucho que me gustaría atacar a Tamara aquí y
mostrarle lo que pienso de ella, no puedo cometer el suicidio profesional que resultaría de ello. Y sé que Tamara lo sabe porque ella trabaja su lengua en su mejilla mientras su sonrisa se ensancha. —¿Qué? —dice, mirándome de arriba abajo—. ¿Estás finalmente lista para perdonar a Pedro por sus indiscreciones? Arquea sus cejas, mucho más que desprecio bailando en sus ojos. Y no se me escapa que la palabra “indiscreciones” es plural. Me quedo mirando a Tamara, tantas cosas que me gustaría lanzarle corren a través de mi mente. Tengo físicamente que apretar los puños para impedir extender la mano y abofetearla. La ira es tan espesa en mi garganta que las palabras no salen. Sentimientos-emociones-odio me abruman, pero las palabras no salen. —¿Creías que cambiaría sólo para ti, muñeca? Tal vez deberías preguntarle a él o debería decir con quien ha estado despertándose estas últimas semanas. —Una pequeña carcajada se escapa de sus mejorados labios con Botox mientras da un paso más cerca—. Ni Raquel, ni Cassie, ni... —ella levanta las cejas con su insinuación—...ha tenido ninguna queja en tu ausencia. Sus palabras me sorprenden al principio y luego me ponen furiosa. —¡Vete al infierno, Tamara! —la enfrento mientras doy un paso más cerca de ella, infringiendo así dentro de los límites de su espacio personal. Me manos tiemblan. Mi sangre fluye. Ella ha reemplazado sin ayuda la esperanza de reconciliarme con pedro con ira no filtrada y desesperación absoluta. ¿Qué debería esperar? Ella fue quien lo tomó de mí en primer lugar. Ya he terminado. Tan malditamente terminado. Justo cuando empezaba a creer que yo era la única equivocada —echando la culpa de todo esto a la angustia en mí—, aquí obtengo la verdad, me abofetea en la cara. Mi esperanza se rompe en pedazos y cae al suelo a mi alrededor. —¿Sabes qué? —me burlo, con ganas de empujarla contra la pared detrás de nosotras y envolver mi mano alrededor de su garganta—. No me importa con quien se meta, pero seguro como el infierno, ¡que no eres tú! Ella ríe tímidamente, mis palabras no la afectan. —Bueno, gran golpe emocional cariño, estás muy equivocada desde que Pedro es mío por el resto de la noche.
Ella sonríe, guiñándome un ojo antes de girarse y alejarse. Me quedo ahí viendo su espalda mientras se retira, y yo ni siquiera puedo comenzar a procesar mi vorágine de pensamientos. ¿Habrá estado con otras mujeres? ¿Todo este tiempo que ha estado tratando de recuperarme, ha estado jodiendo a sus exs? Las palabras de Tifany en la gala vuelven a mí. ¡Qué idiota que soy! En realidad, creí que él me quería de regreso. Que estaba dispuesto a cambiar por mí. Él gran lobo feroz definitivamente ha engañado a caperucita roja. Los demasiados familiares sentimientos de dolor se convierten en rabia fluyendo a través de mí. Antes, me habría escapado y escondido, en este momento —en este momento—, quiero desatar mi ira en Pedro. Descargar en él y decirle exactamente lo que pienso. Y a pesar de que no es el momento ni el lugar a mis pies, obviamente, les importa una mierda porque antes de darme cuenta estoy empujando a través de la entrada al salón de baile. Soy una mujer con una misión. Cuando entro, el lugar ya está lleno de clientes, ya que esta es una de las entradas calientes para esta tarde. Exploro la habitación llena de gente para tratar de vislumbrar a Pedro. No es difícil —mi cuerpo siempre parece saber exactamente dónde está, independientemente de su ubicación—, pero la congregación de personas en el rincón más alejado bordeado una pequeña multitud, confirma el zumbido que vibra a través de mi cuerpo. Un zumbido que en este lugar y momento deseo electrocutar y extinguir porque he terminado. Tan malditamente terminado. Me muevo sigilosamente través de la habitación con mi corazón golpeando en mi pecho; escotes destacados, piernas, y vestidos ceñidos al cuerpo parece ser el código de vestimenta de la noche. Oigo la risa de Pedro manar de la multitud haciéndome encoger mis hombros y mi estómago agitarse. Al acercarme a la ronda de personas, juro que el grupo se aparta con mi acercamiento y se abre hasta resaltar el espectáculo delante de mí. Pedro se encuentra en medio de una multitud de mujeres que parecen voluntariamente adherirse al sencillo código de vestimenta. Él está completamente relajado y obviamente es el centro inflexible de atención en este círculo. Ambos brazos están casualmente envueltos sobre dos mujeres a sus costados con una mano sosteniendo una copa vacía.
Algo en su sonrisa parece apagado. Sus ojos distantes. Algo falta en su expresión. Tal vez este es el Pedro por completo en modo imagen pública. O tal vez, por el aspecto de las copas vacías en la mesa detrás de él, está borracho. Me paro desde una distancia observando la demostración de hormonas femeninas afilada con desesperación, mi rabia construyéndose, y justo cuando estoy por dirigirme hacia allí e interrumpir la pequeña reunión, Pedro mira hacia arriba y fija sus ojos en los míos. Una emoción sin nombre parpadea a través de ellos, pero se ha ido antes de que yo realmente pueda comprenderlo. Doy un paso hacia adelante mientras una sonrisa diminuta ligeramente curva una de las comisuras de su boca. Y muy despacio, muy deliberadamente, Pedro se inclina a la rubia de su derecha —sus ojos aún en los míos— y procede a darle un beso. Y no estoy hablando de un beso en los labios. Estoy hablando de un beso en toda regla. Sus ojos verdes todo el tiempo manteniéndose fijos en los míos. Creo que mi boca se abre. Creo que un chillido débil incluso escapa de entre mis labios. Y sé que toda la sangre fluye de mi cabeza y mis venas. —¡Maldito bastardo! —Las palabras vuelan de mi boca, pero son tan bajas, tan ásperas que no estoy segura si alguien incluso las oye. Me doy la vuelta y corro de la habitación. La imagen de lo que acabo de ver consume mi mente. Parpadea la cara de la rubia tonta y cambia a Tamara. A Raquel. A las otras sin rostro, sin nombre, que Tamara lanzó en mi cara. Rápidamente paso a un camarero sin importarme que casi deja caer su bandeja a mi huida, y empujo a través de la salida más cercana que puedo encontrar. Las lágrimas que queman en la parte superior de mi garganta amenazan, pero la ira disparándose a través de mí las contiene. Tengo tanta rabia reprimida —tanto dolor—, que no sé qué hacer. Camino hacia un extremo de la habitación vacía que he encontrado al no encontrar salida. Una sensación de histeria cae mientras la canción de los malditos altavoces asalta mis oídos mientras trato de calmarme y buscar una salida que no sea a través de la sala de baile. Slow Dancing in a Burning Room. Por así decirlo, la canción no podría ser más perfecta en este maldito momento. Aprieto las manos contra una mesa en la sala y trato de recuperar el aliento. La repetición de su boca en esa cualquiera, tan descaradamente en mi cara, me revuelve el estómago. ¿Qué demonios estoy haciendo aquí? ¿Tratando de
conciliarnos? ¿Quién es esta mujer en la que me he convertido? ¿Y estaba dispuesta a comprometer mi propia moral por él? Oigo la puerta abrirse detrás de mí. Trato de enderezarme y sacar deprisa las lágrimas de mis ojos. —Paula… Miro hacia atrás a Pedro, tan completamente terminado con él. ¿Cuántas veces voy terminar con el corazón roto sin aprender de mi propia estupidez? —¡Vete, Pedro! ¡Déjame sola! —Paula, no quise hacer eso. Esta vez me doy la vuelta. Pedro se encuentra a pocos metros de mí, con las manos metidas en sus bolsillos, los hombros encorvados, ojos totalmente arrepentidos. Pero yo no voy a caer a esta vez. Cruzo los brazos sobre el pecho, una protección inútil sobre mi corazón. —¡Vete a la mierda! ¡Para alguien que no me puede sacar de su cabeza, seguro que te moviste rápido, Ace! ¡Definitivamente, te ganaste el apodo ahora! Sus ojos buscar los míos, cuestionando mi comentario, pero él no pregunta una vez se da cuenta de mis puños abriéndose y cerrándose con ira. —No es lo que piensas, Paula. —¡Estoy tan harta de oírte decir eso! ¿No es lo que pienso? —digo, levantando la voz—. ¿Acabo de ver que metes la lengua en la garganta de alguna rubia tonta y no es lo que pienso? —¿Qué tan estúpida cree que soy? Me echo a reír. Realmente reír. Casi en histeria, el tira y afloja de las emociones del día, casi es demasiado para soportar—. Oh, espera. No querías hacer eso con esa cualquiera, ¿pero lo hiciste con todas las demás en tu harén mientras intentabas recuperarme? ¿Mientras fingías que era yo a la que querías? Sólo dime una cosa, Ace… ¿obtuviste una buena diversión a mi costa? Pedro agarra mi brazo, sus dedos se clavaban en mi piel. Su agarre es tan fuerte que cuando trato de retroceder ante su toque, no puedo. —¿De. Qué. Mierda. Estás. Hablando? —dice en voz baja—. ¿Quién… —Raquel. Tamara. ¿Quién más, Ace? ¿Cassie? ¿Te dieron lo que necesitabas? ¿Se sentaron sobre sus rodillas con paciencia y besaron tus pies como una buena chica debería? ¿Ordenabas las flores para mi mientras te acostabas con ellas?
Los dedos de Pedro aprietan duro hasta el punto de que creo que voy a tener moretones mañana. Su mirada perfora en la mía. —¿Te importaría explicarme…? —¡No tengo que explicarte nada! —Arranco el brazo de su agarre—. Pensar que iba a venir hasta aquí para tratar de arreglar las cosas entre nosotros. A disculparme por ser terca. A decirte que te creí. —Niego con la cabeza en la derrota, y comienzo a alejarme, pero regreso. El dolor consumir cada fibra de mi ser—. Dime algo... dijiste que no eran prostitutas, pero le pagas a Tamara un salario ¿no? —Arrugo mi frente y sé que por la mirada en su cara que mi implicación se entiende. —Ella trabaja para mí. —dice, liberando uno de mis brazos y empujando su mano por su pelo—. Le pago porque hace su trabajo. No la puedo despedir porque no te g… —Sí. Puedes —le grito—. Y no es que no me gusta ella, malditamente la odio. ¡La follaste, Pedro! ¡La. Follaste! Creo que tu elección es malditamente obvia. ¿No? —Paula… —¿Sabes qué, Pedro? Me enfermas. Debería haber confiado en mi instinto cuando te acercaste la primera vez. Realmente sólo buscabas una puta. Cuando me detengo y limpio las lágrimas de mis ojos que no me di cuenta que caían, Pedro todavía permanece allí de pie, con el rostro estoico y sus ojos duros como el acero. Cuando habla, su voz es baja y cruel. —Bueno, si voy a ser acusado de ello y perder la única chica que elegí a causa de su mala percepción y absoluta obstinación, Entonces bien podría hacerlo Tan sarcástico. Tan acusador. Me encuentro con sus ojos y la respiración se atora en mi garganta antes de cerrarlos y tomar una respiración profunda mientras su comentario se hunde en mí. Mi mundo hace inspírales oscuras con la confusión que solo se volvió evidente. Es la primera vez que no ha negado que duerme con ella. No lo confesó —no escuché las palabras provenir de su boca—, pero no lo negó tampoco. El dolor surge de mi pecho mientras me concentro en tratar de respirar —en tratar de pensar—, pero él sigue hablando. Mi corazón fracturado se hace añicos y astilla en un millón de pedazos.
—Así es como yo estoy acostumbrado a tratar con el dolor, Paula. No estoy orgulloso de ello, pero uso las mujeres para cubrir la herida. Me pierdo en ellas para bloquear todo. —Él baja la cabeza por un segundo mientras mi mente intenta alcanzar las ondas de choque que sus palabras crean. Él sólo me dijo dos cosas, y no estoy segura de cuál mi mente dispersa puede enfocar. Su admisión hace que su afirmación de hace varias semanas flote en mi cabeza. El comentario que hizo en mi casa la mañana después de nuestra primera noche juntos. Cómo todo su equipaje emocional que alcanza para llenar un 747, le hace ansiar la sobrecarga sensorial de lo físico —la indulgencia estimulante de la piel sobre la piel. ¿Pero por qué? ¿Y hasta qué punto es esta conveniente explicación sólo una excusa de mierda para un playboy atrapado en sus propias mentiras? Una manera oportuna para el hombre que siempre consigue lo que quiere, para así, conseguir lo que quiere. Puedo amar lo roto en él, pero no puedo aceptar las mentiras más. —Me dijiste el otro día que terminamos. Seré el primero en admitir que eso es una mierda, pero estoy afrontándolo de la única manera que conozco. —dice. Busco su cara, viendo tanto en su interior que me asusta. Puedo ver el dolor en sus ojos. Puedo escuchar la vacilación y absoluta vergüenza en su confesión. ¿Es esto lo que quiero? ¿Un hombre que cada vez que tenemos una discusión o cada vez que se asusta de nuestra relación se convierte en otra persona? ¿Corre a otra mujer para ayudar a disminuir el dolor? Le dije que lo amaba. No que quisiera casarme con él y ser la madre de sus hijos no deseados por el amor de Dios. —Así que me estás diciendo que soy tan importante para ti que si te tiras a una chica que no tiene nada de especial, ¿te olvidas de mí? —Niego con la cabeza hacia él—. Que si estamos juntos, cada vez que las cosas se pongan difíciles ¿vas a correr con Tamara u otra candidata dispuesta? Vaya, estás realmente construyendo los cimientos de una gran relación aquí. —Trata de interrumpirme, pero levanto mi mano para detenerlo—. Pedro… —Suspiro—. Venir a hablar contigo esta noche fue obviamente un error. Cuanto más hablas, más estoy empezando a darme cuenta de que no te conozco en absoluto.
—¡Tú me conoces mejor que nadie! —grita, dando un paso más cerca mientras doy uno hacia atrás—. Nunca he tenido que explicar nada a nadie... no estoy haciendo un buen trabajo en eso. —Puedes decir eso otra vez. —Vamos a salir de aquí y hablar. —¿Pedro? —una voz de mujer seductora lo llama por encima de mi hombro. Todo en mi cuerpo se tensa al oír el sonido. El rostro de Pedro palidece. —¡Fuera! —grita con los dientes apretados a ella. Aflojo la mandíbula y tomar una respiración profunda. —Hablando de sobre valorado. Además, es obvio que has encontrado a alguien para ayudarte a enterrar el dolor. —Asiento con la cabeza hacia la puerta detrás de mí—. ¿Y sabes qué? Creo que es hora de que lo intente también. —Me encojo de hombros—. A ver si encuentro un hombre que por la noche lo arregle todo, como tú pareces pensar que lo hace. —¡No! —La dolorosa mirada de desesperación en su rostro me hace mal pero está más allá de importarme en este momento. Más allá de los sentimientos. Tan indiferente. —¿Por qué no? Si es bueno para el ganso y todo eso —digo, añadiendo otra animal a la casa de fieras imaginaria que estoy construyendo mientras él se queda mirándome. Una última mirada—. Disfruta de tu cóctel, Ace.
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Nooooooooo, x favor, necesito que se arreglen en el próximo cap. Voy a morir de angustia Jesy.
ResponderEliminarAy dios!! No pueden parar de lastimarse!!! Porq son tan necios??? mimiroxb
ResponderEliminarwow que intenso,buenísimo!!!
ResponderEliminar:O noooooo!!! ¡¡¡quiero que se arreglen!!! Igual pedro se esta mandando una tras otra...me da penita tmb pau :(
ResponderEliminar@nadiaa2012