domingo, 31 de agosto de 2014

SEGUNDA PARTE: CAP 63

Me despierto con el cuerpo caliente de Pedro presionando contra mi espalda. Sus manos rodean mi pecho desnudo, y su dedo dibuja círculos perezosos alrededor de su forma, una y otra vez hasta que el pezón se tensa con su tacto. Sonrío suavemente y me sumerjo de nuevo en él, absorbiendo el momento y las emociones que estoy sintiendo.
—Buenos días. —Su voz retumba contra la parte trasera de mi cuello, y coloca un suave beso allí mientras su mano lentamente rastrea más abajo en la curva de mi cuerpo.
—Hmm —es todo lo que soy capaz de emitir al sentir lo duro y listo que esta contra mí y lo dispuesta y con ganas que ya me tiene.
—Qué bueno ¿eh? —Se ríe.
—Mmm-hmm —respondo de nuevo porque no hay otro lugar donde me gustaría estar en este momento que despertando en los brazos de este hombre.
—¿A qué hora empiezas el turno de hoy? —me pregunta mientras su erección crece más y presiona en la hendidura de mi trasero.
—Once. —Hoy estoy en un turno de veinticuatro horas en casa. Prefiero quedarme en la cama con él todo el día en su lugar.
—¿Por qué? ¿Tienes algo en mente? —pregunto tímidamente mientras muevo mis caderas contra él.
—Definitivamente —susurra mientras empuja su rodilla entre mis muslos por detrás, así que estoy abierta para la mano que está haciendo cosquillas lentamente en mis tiernos pliegues.
—¿A qué hora tienes que estar en el trabajo... aahh… —Me distraigo cuando sus dedos encuentran su destino.
—Más tarde. —Se ríe contra mi piel—. Mucho más tarde.

—Entonces será mejor que aprovechemos al máximo el tiempo que tenemos. —Suspiro cuando me levanta para dejarme sentada a horcajadas sobre él.
—El placer es mi prioridad número uno, cariño —dice, mostrando su sonrisa de megavatio.
Él alcanza y ahueca la parte trasera de mi cuello, tirando de mí hacia él. Voy a quejarme cuando su boca se encuentra con la mía y me pierdo en la bruma de lujuria.

* * *

—¿Estás segura de que no te importa que use tu maquinilla de afeitar? —Pedro me pregunta, sus ojos encontrándose con mi reflejo en el espejo.
—Pues no. —Niego con la cabeza mientras lo observo desde la puerta de mi dormitorio. Una toalla se sujeta alrededor de la cintura atada justo debajo de la sexy V, gotas de agua todavía se aferran a sus anchos hombros y a su musculosa espalda y su cabello esta mojado desordenadamente. Mi boca no es la única cosa que se humedece cuando lo miro. La visión de él, tan hermosa y fresca al salir de la ducha, me da ganas de arrastrarlo de nuevo a la cama y ensuciarlo todo de nuevo.
No estoy segura de sí es porque él está en mi cuarto de baño haciendo las cosas propias después de una larga noche y de una madrugada de sexo increíble, pero sé que nunca lo he visto más sexy.
Me muerdo el labio mientras camino detrás de él pensando en lo normal que se siente. Cómo de doméstico y reconfortante es. Pongo mis brazos a través de mis tirantes del sujetador mientras me muevo, noto los ojos de Pedro sobre mí, mientras lo abrocho y lo ajusto sobre mí misma. Levanto la vista hacia él, en el espejo y observo que se ha detenido, el mango de color rosa de mi navaja a media altura en la cara, una suave sonrisa en los labios.
—¿Qué? —pregunto, de repente tímida bajo la intensidad de esos hermosos ojos verdes.
—Eres dueña de más sostenes que cualquier mujer que he conocido —dice mientras pone sus ojos sobre el que me acabo de poner. Es de color rosa
claro, bordeado de negro, y hace un trabajo perfecto, creando la cantidad exacta en la hendidura.
Sus ojos parpadean hasta encontrarse con los míos, y le pongo morritos.
—Puedo tomar eso de varias maneras. —Le tomo el pelo—. Puedo estar muy ofendida de que me estás comparando con otras mujeres con las que has estado o puedo estar satisfecha de que aprecias mi vasta gama de ropa interior.
—Yo diría que lo segundo. —Él sonríe—. Sólo un muerto sería capaz de ignorar tu inclinación por la ropa interior sexy.
Le sonrío descaradamente mientras cojo un tanga a juego que está hecho de encaje y con muy poca tela en él. —¿Te refieres a esto?
Su lengua se dispara para lamer el labio inferior.
—Sí, como ese —murmura, con sus ojos siguiendo mis movimientos, me meto en las bragas. Me aseguro de darle un poco de espectáculo, inclinándome para tirar de ellas meneando las caderas—. Dulce Jesús, mujer, ¡me estás matando!
Me río a carcajadas de él mientras agarro mi camiseta y la paso por encima de mi cabeza.
—No puedes quejarte de una chica por tener une debilidad por la ropa interior sexy como tú dices.
—No, señora.
Él me sonríe mientras mueve la cuchilla y afeita abriendo un camino limpio de crema debajo de la barbilla, un acto masculino y atractivo para ver. Me apoyo contra la puerta y lo miro con pensamientos de mañanas y del futuro pasando por mi mente.
Pensé que sabía lo que uno sentía con el amor, pero estando de pie aquí, respirando, me doy cuenta de que no tenía ni idea. El amor de Max era dulce, amable, ingenuo, y lo que yo pensaba que una relación debía ser. Al igual que lo que el niño ve, cuando mira a sus padres a través de lentes color rosa. Cómodo. Inocente. Amor. Amaba a Max con todo mi corazón —siempre será así de alguna manera—, pero mirando hacia atrás en comparación con lo que siento por Pedro, sé que me he estado vendiendo a mí misma. Asiento.
Amar a Pedro es tan diferente. Es sólo mucho más. Cuando lo miro, mi pecho se contrae físicamente de las emociones que se vierten a través de mí. Son
intensas y crudas. Abrumadoras e instintivas. La química entre nosotros es ardiente y apasionada y volátil. Consume todos mis pensamientos. Él es una parte de todo lo que siento. Todas sus acciones es mi reacción.
Pedro es mi aire en cada respiración. Mi mañana interminable. Mis felices para siempre.
Veo la línea entre sus cejas cuando se concentra, inclinando su rostro a un lado y al otro. Está a punto de terminar, le quedan pequeñas manchas de crema de afeitar en la izquierda de su cara cuando me ve.
Mientras se limpia la cara con una toalla, me acerco lentamente detrás de él y hacia la izquierda, con los ojos en los míos todo el tiempo. Extiendo la mano y corro una mano suavemente arriba y abajo de la línea de su columna vertebral, parando en la nuca de su cuello para poder pasar mis dedos por el cabello húmedo. Inclina la cabeza hacia atrás disfrutando y cierra los ojos un momento. Deseo mucho arrimarme contra su espalda ancha y hombros poderosos y sentir mi cuerpo pegado al suyo. Odio lo que el horror de su pasado me quita —y a él—, la oportunidad de acurrucarme contra él en la cama o ser capaz de caminar hacia él y envolver mis brazos alrededor suyo, arrimándome por detrás, otra sencilla forma de conectar con él.
Me apoyo en mis dedos de los pies y presiono un suave beso en su hombro desnudo mientras mis uñas arrastran hacia arriba y abajo de la línea de su columna vertebral. Puedo sentir sus músculos tensarse y moverse cuando mi contacto le hace cosquillas en su piel, y mis labios forman una sonrisa frente a la firmeza de su hombro.
—Me haces cosquillas —dice con una sonrisa mientras se retuerce debajo de mi tacto.
—Mmm-hmm —murmuro, mi mejilla ahora presionado contra su hombro para poder mirarlo a los ojos en el espejo y ver el rostro tenso mientras bromeo con las uñas en un lado de su torso. No puedo evitar la sonrisa que se forma en mis labios cuando su rostro se arruga para tratar de prepararse al contacto de mis dedos sobre su caja torácica, es como un niño pequeño en la cara de un hombre adulto. Encuentro mi meta y me aseguro de ser muy cuidadosa en mi cosquilleo.
—Basta, muchacha mala. —Lucha tratando de permanecer estoico, pero cuando mis dedos continúan su incesante tortura, retuerce su cuerpo lejos de mí.

—No voy a dejar que te vayas. —Me río con él mientras envuelvo mis brazos alrededor de él y trato de evitar que se escape.
Se está riendo, la maquinilla de afeitar tirada y olvidada en el lavabo, la toalla peligrosamente cerca de caer de sus caderas y mis brazos envueltos alrededor de él por detrás. Sin querer, le he maniobrado a la posición en la que había estado pensando. Yo sé que él se da cuenta porque en el momento en que lo hago, siento su cuerpo tensarse y su risa se desvanece antes de que intente ocultarlo. Pedro echa un vistazo al reflejo del espejo para encontrarse con mis ojos. El aspecto que he visto en cualquiera de mis chicos puedo verlo en ellos, y eso me rompe por dentro, pero tan rápido como ha aparecido, se ha ido.
Independientemente de la duración de tiempo, sé lo mucho que esa pequeña concesión es un gran paso entre nosotros dos.
Antes de darme cuenta, Pedro se ha escapado de mi agarre y está asaltando mis costillas con la punta de sus dedos.
—¡No! —lloro, tratando de escapar, pero soy incapaz. La única manera que puedo pensar para conseguir que se detenga es envolver mis brazos alrededor de su torso y presionar en su pecho tan duro como pueda. Estoy sin aliento y sé que no soy rival para su fuerza.
—¿Estás tratando de distraerme? —bromea mientras sus dedos se aflojan y se deslizan hasta la parte posterior de la camisa, a la piel desnuda de debajo. La protesta en mis labios se desvanece con un suspiro, y doy la bienvenida a la calidez de su tacto y a las manos que se aprietan alrededor de mí. Encuentro consuelo aquí, una paz que nunca pensé que conocería de nuevo.
Nos quedamos así, de esta manera, por no sé cuánto tiempo. Es el tiempo suficiente, sin embargo, para que su latido debajo de mi oído haya disminuido significativamente. En algún momento presiono mis labios en su cuello y simplemente absorbo todo lo relacionado con él.
Estoy tan abrumada con todo. Yo sé que él compartió algo monumental conmigo, otorgando una profunda confianza en mí y tal vez inconscientemente quiero darle un pedazo de mí a cambio. Hablo antes de que mi cabeza pueda filtrar lo que dice mi corazón. Y cuando lo hago, es demasiado tarde para detenerme.
—Te amo, Pedro. —Mi voz es uniforme e inquebrantable cuando las palabras salen. No hay duda de lo que he dicho. El cuerpo de Pedro se pone rígido
cuando las palabras se asfixian y mueren en el aire que nos rodea. Estamos en silencio, todavía entrelazados físicamente durante varios minutos más, antes de que Pedro desate sus dedos de los míos y elimine deliberadamente sus manos de encima. Me quedo quieta mientras él se dirige a la orilla de la barra para tomar su camisa y empujarla por encima de su cabeza, exhalando un ¡Mierda! procedente de entre sus labios.
Lo sigo en el espejo y el pánico en sus ojos, en su rostro, que se refleja en sus movimientos son difíciles de ver, pero estoy en silencio rogándole que me mire a los ojos. Para ver que nada ha cambiado. Pero no lo hace. En su lugar, rápidamente pasa junto a mí para mi habitación sin mirarme.
Lo veo arrastrarse en los pantalones vaqueros de ayer antes de sentarse en la cama y meter los pies en sus botas.
—Tengo que ir a trabajar —dice, como si yo no hubiera hablado.
Las lágrimas que amenazan llenar mis ojos y mi visión se desdibujan cuando se levanta de la cama. No puedo dejar que se vaya sin decir algo. Mi corazón late en mis oídos, el aguijón de su rechazo retuerce en mi interior mientras agarra las llaves de la cómoda y las mete en el bolsillo.
—Pedro—susurro mientras empieza a caminar delante de mí hacia la puerta. Se detiene con el sonido de mi voz. Sus ojos están enfocados en su reloj mientras lo sujeta en su muñeca, con el pelo húmedo cayendo sobre la frente. Estamos allí en silencio, mirándonos, el abismo entre nosotros es cada vez más amplio por segundo. El silencio tan fuerte que es ensordecedor.
—Por favor, di algo —declaro en voz baja.
—Mira, yo… —Se detiene, suspirando profundamente y dejando caer las manos hacia abajo, pero sin mirarme a los ojos—. Te lo dije, Paula, eso no es una posibilidad. —Su roce es apenas audible—. Yo no soy capaz, no merece... —se aclara la garganta—. No tengo más que negrura en mi interior. La capacidad de amar —de aceptar el amor—, no es más que veneno.
Y Pedro camina fuera de mi dormitorio y lo que más temo, posiblemente fuera de mi vida.

6 comentarios:

  1. NO!! ESTA MUY LASTIMADO , PERO QUE AMA A PAULA NO HAY NINGUNA DUDA , ESPERO SE DE CUENTA PRONTO DEL HERROR QUE COMETE

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  2. Ayyyyyyyyyy Dios mío, cuánto dolor tiene ese chico. Espero que se de cuenta que él ama y no debe tener miedo!!!!!!!!!!!!!

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  3. Ay no! Me dan mucha lástima los dos!! Ojala el pueda superar tantos traumas. Me encantó q subiste de la otra nove q está buenísima! Lastima q en la otra no se puede comentar en anónimo...mimiroxb

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  4. Ayyy pobre Pedro, esta tan lastimado, pero ella lo va a curar.. lo sé

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  5. nooo ojala pedro deje que pau lo ayude!!!

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