domingo, 17 de agosto de 2014

SEGUNDA PARTE: CAP 44

—¿De verdad le dijiste eso? —pregunta Lina con incredulidad, la expresión de su cara es exagerada y divertidísima.
—¡Te lo juro! —digo, levantando mi mano en juramento. Miro mi teléfono con un texto apenas llegado. Es de Pedro, y todo lo que dice es: Get This Party Started The Pink.
Lina no se da cuenta de la extraña mirada en mi cara cuando lo leo porque está concentrada en la presentación de sus uñas. ¿Qué demonios? Primero el texto sobre Matchbox Twenty hoy, que me lanzó a un bucle de confusión ¿y ahora esto? Es como si estuviera por todas partes y es muy confuso.
—¡Mierda! Me hubiera gustado ver su cara cuando cerraste la puerta.
—Lo sé. —Me río—. Se sintió un poco bien dejarlo aturdido por una vez, en lugar de todo lo contrario.
—Ves, ¡te lo dije! —dice, empujando mi rodilla.
—Además de la fiesta de testosterona con Pedro, ¿tú y Gonzalo pasaron un momento agradable?
—Sí. —Sonrío suavemente—. Fue muy bueno verlo. No me di cuenta de lo mucho que lo echo de menos hasta… —Un golpe en la puerta me interrumpe. Miro a Lina, mis ojos le preguntan quién podría estar llamando a nuestra puerta a las siete de la noche del viernes.
—No tengo idea. —Ella se encoge de hombros, levantándose para contestar ya que tengo un montón de papeles de trabajo esparcidos en mi regazo y en el sofá junto a mí.
Momentos después escucho risas y voces y a Lina exclamando:
—¡Pues mira lo que el gato arrastró hasta nuestra puerta!
Curiosa, me pongo a ordenar mis papeles cuando Lina entra en la sala de estar, con una amplia sonrisa en su rostro.

—Hay alguien que quiere verte —dice, con una mirada de complicidad en los ojos.
Antes de que pueda preguntar quién es, Pedro entra disparado a la habitación con unos muy poco gráciles pasos, con un sonriente Beckett justo detrás de él. Algo está mal con Pedro, y no estoy segura de lo que es hasta que me ve. Una sonrisa tonta se extiende por su cara y se ve fuera de lugar contra la intensidad de sus facciones. Por suerte, arrastro con los pies mis papeles porque se deja caer a mi lado sin contemplaciones.
—¡Paula —exclama con entusiasmo, como si no me hubiera visto en las últimas semanas. Se estira, sus callosos dedos raspan mi piel desnuda, me agarra y me tira a su regazo. Todo lo que puedo hacer es reírme porque me doy cuenta de que el Sr. Bien y Siempre en control está un poco borracho. No lo hace tan bien cuando está borracho. Y antes de que pueda siquiera responder a su repentina aparición, Colton cierra su boca sobre la mía.
Me resisto al principio, pero una vez que su lengua se adentra en mi boca y lo pruebo soy un caso perdido. Gimo en aceptación y muevo mi lengua contra la suya. Sólo han pasado unos días pero, Dios, extrañé esto. Lo echaba de menos. Me olvido de que otras personas se encuentran en la habitación cuando Pedro enreda su mano en mi pelo y toma posesión de mí, sosteniéndome por lo que todo lo que puedo hacer es reaccionar. Todo lo que puedo hacer es absorber la sensación de él contra mí. El sabor de la cerveza y de las pastillas de menta y todo lo que deseo. Todo lo que anhelo.
Todo lo que necesito.
Inclino mi espalda para que mi pecho presione el suyo, mis pezones hormiguean mientras acarician el firme calor de su pecho. Pedro se traga el gemido que ha construido en mí cuando su excitación se empuja hacia arriba a través de mis delgados pantalones de pijama y se frota contra mí.
—¿Deberíamos dejar la habitación? —Oigo decir a Lina antes de que se aclare la garganta con fuerza, escandalizándome y volviéndome a la realidad.
Muevo mi cabeza hacia atrás ligeramente de Pedro, pero su mano permanece en puño en mi pelo con mis rizos como rehén. Apoya su frente en la mía, mientras ambos dejamos escapar jadeos de necesidad.
Después de un golpe, tira su cabeza hacia atrás en el sofá y se ríe a carcajadas, todo su cuerpo temblando con fuerza, antes de ahogarse.

—Mierda, ¡necesitaba eso!
Empiezo a moverme de su regazo, de pronto consciente de que estoy usando una camisola muy delgada con unos pequeños pezones muy excitados sin sujetador y Beckett, a quien sólo he visto una vez, está sentado frente a mí, estudiándonos con una intensidad tranquila y divertida. Antes incluso de que pueda cruzar los brazos sobre mi pecho, las manos de Pedro me agarran por detrás, envolviendo sus brazos alrededor de mí y tirando de mí de vuelta contra él.
—¡Hey! —grito.
—¡Lo tengo! —grita él alegremente en respuesta—. Y Pedro está ebrio.
¿Qué? Me muevo en su regazo, tratando de darme la vuelta y mirarle.
—¿Eh?
Él se ríe y es una risa despreocupada como de muchacho, tan en desacuerdo con la intensidad que emana, que mi corazón se hincha con el sonido.
—Ace —afirma con confianza—. Y  Pedro ebrio.
Vuelve a reír y no puedo evitar reír con él.
—No. —Y antes de que pueda decir nada más, Beckett salta.
—Estás más borracho de lo que creía. Embriagado comienza con una ‘E’, tú idiota. ¿Puedes deletrear eso?
Pedro se gira, su risa juvenil vuelve otra vez.
—Lo que sea, Becks. ¡Sabes que me amas! —dice tirando de mí hacia atrás contra él—. Ahora, de vuelta a los negocios —anuncia Pedro en voz alta—. Vendrás con nosotros.
Lina levanta las cejas, con diversión en su rostro al ver mi nerviosa expresión.
—¡Pedro, déjame ir! —farfullo alto en medio de risas, tratando de zafarme de su férreo control sobre mí.
Simplemente me sostiene apretado, apoyando su barbilla en mi hombro.
—¡No! No hasta que aceptes venir con nosotros. Tú y Lina vendrán a un pequeño viaje por carretera con Becks y conmigo. —Empiezo a moverme otra vez, y siento la mano libre de Pedro deslizarse para tomar mi pecho a través de
mi camisa, su pulgar rozando encima de mi pezón. Mi aliento se atasca con su toque y la vergüenza inunda mis mejillas.
—Eh, eh, eh —bromea, su aliento calando mi mejilla—. Cada vez que pelees conmigo, nena, te tocaré algo. —Pellizca la piel entre mi hombro y cuello, su excitación se engrosa debajo de mi falda—. Así que por favor, Paula —me pide—, por favor, pelea conmigo.
Pongo los ojos en blanco a pesar de la onda de shock y de necesidad que está reverberando a través de mí al oír su voz de seducción, no puedo evitar que mi risa burbujee, Lina y Beckett se unen al borracho Pedro que equivale a un muy juguetón Pedro. Me gusta este lado de él.
—Macho típico —bromeo—. Siempre equivocado y pensando con la cabeza de sus pantalones.
Él tira de mí más fuerte contra él, con un brazo alrededor de mis hombros y el otro alrededor de mi cintura.
—Pues bien, no tengas miedo a volar mi mente —murmura, un gruñido, seductor en mi oreja que me hace reír por lo cursi de la línea y tensarme por lo que implica.
—¡Así que pongan en marcha sus traseros, bellas damas, y prepárense! —ordena de repente, rompiendo nuestra conexión, empujándome sobre mis pies y dándome un cachetazo en el trasero.
—¿De qué estás hablando? —pregunto al mismo tiempo que Lina habla:
—¿A dónde iremos?
Beckett se ríe a carcajadas de la reacción de Lina de aceptar sin más preguntas, antes de llevar una botella de cerveza a sus labios.
—¡Hey! —grita Pedro—. No te bebas mi cerveza cabrón o te tumbaré.
—Que te jodan, Wood —se ríe—. Dejaste la tuya en la mesa junto a la puerta principal.
—Mierda —refunfuña—. Soy un hombre necesitando una cerveza y de que ustedes mujeres se apresuren. ¡El tiempo está siendo desperdiciado!
—¿De qué demonios estás hablando? —Me dirijo a él con los brazos sobre el pecho.
Una lenta sonrisa pícara se extiende a través de sus labios mientras me mira.

—¡De las Vegas, nena!
Texto misterioso resuelto.
—¿Qué? —Lina y yo gritamos, pero ambas por diferentes significados. No hay manera de que sea posible que vaya a Las Vegas en estos momentos.
¿Qué demonios?
Pedro sostiene su teléfono, mordiéndose el labio mientras trata de concentrarse en su pantalla, y me doy cuenta de que está tratando de leer la hora con su mente deformada por el alcohol.
—Regresaremos por la mañana, pero las alas se elevarán en una hora, Paula, así que ¡será mejor poner ese buen trasero tuyo en movimiento!
¿Qué? ¿Volaremos? ¿Qué estoy pensando? No iré a ninguna parte.
—Pedro, ¡no puedes estar hablando en serio!
Él se empuja a sí mismo desde el sofá, y se ve un poco tambaleante antes de conseguir controlarse. Me mira, un trozo errático de pelo cae sobre su frente con la camisa fuera del pantalón del lado derecho.
—¿Tengo que cargarte por encima del hombro y transportarte a tu dormitorio para mostrarte exactamente lo serio que soy, cariño?
Miro a Beckett por algún tipo de ayuda. Él sólo se encoge de hombros, riendo en silencio de nuestras bromas.
—Sólo me rendí, Paula —dice con voz cansina, guiñándome un ojo—. Él no se rinde cuando está en ese estado de ánimo. Te sugiero que vayas a cambiarte.
Abro la boca para hablar, pero nada sale. Miro a Lina quien tiene emoción bailando en sus ojos.
—Vamos, Pau —me pide—. No sería malo escapar con todo lo que pasará mañana. —Se encoge de hombros—. Pasar un buen rato y olvidarnos un poco. —Asiento hacia ella y su sonrisa se ensancha. Grita en voz alta—: ¡Nos vamos a Las Vegas, nena!
Beckett pregunta por el baños y Lina se ofrece a enseñárselo de camino a su habitación para prepararse. Me vuelvo hacia Pedro, pero soy atrapada con la guardia baja cuando se abalanza y me levanta por encima de su hombro, golpeando con fuerza mi trasero mientras me lleva bastante vacilante hacia el pasillo.

—¡Pedro, detente! —grito, golpeando su trasero en respuesta.
Su única respuesta es una sonrisa.
—¿Qué habitación es la tuya? —Chillo cuando me hace cosquillas en los pies—. ¡Dime mujer, o me veré obligado a torturarte un poco más!
¡Oh, definitivamente me gusta el bebido y juguetón Pedro!
—La última puerta a la derecha —le grito mientras me hace cosquillas un poco más antes de tirarme bruscamente en mi cama. Estoy sin aliento por la risa, y antes de que pueda hablar, el cuerpo de Pedro está flanqueando el mío. La sensación de su peso sobre mí, presionado íntimamente en mi contra, crea una grieta en mi decisión.
Al infierno lo de ser distante. Esa carta fue arrojada por la ventana en el momento en que él se tambaleó en la sala de estar con esa sonrisa alegre y cautivante en su rostro.
Inclina su boca sobre la mía y su lengua se sumerge en mi boca. Deslizo mis manos hacia arriba y abajo del dobladillo de su camisa y las paso sobre los planos de su espalda. El beso está lleno de codicia, de angustia, de pasión, y sé que estoy perdiéndome a mí misma. En él.
Sus manos me recorren, tocando cada centímetro de mi piel desnuda que puede encontrar como si necesitara esa conexión para decirle que todo está bien entre nosotros. Que nuestra unión lo reconforta, lo que confirma que todo lo que hay entre nosotros está todavía allí.
Me congelo cuando escucho unos golpes en la puerta.
—Vamos, enamorado. —Beckett se ríe incómodamente—. Guárdatelo. Podrás hacer eso más tarde. En este momento tenemos que tomar un avión.
Pedro rueda fuera de mí, gimiendo mientras mete su erección en sus pantalones vaqueros.
—¡Eres un zumbido muerto, Becks!
—¡Es por eso que me quieres, hermano! —Se ríe mientras se retira al final del pasillo, y me da un poco de privacidad para estar lista.
Pedro pone sus manos detrás de la cabeza y cruza sus pies en los tobillos mientras me deslizo fuera de la cama.
—Dios, te ves sexy en este momento —murmulla Pedro, sus ojos están fijos en mis pezones presionados contra el fino algodón de mi top.

—Ella lucirá más sexy en unos veinte minutos,Alfonso, si te largas de aquí y dejas que haga lo suyo —dice Lina descaradamente mientras entra en mi habitación sosteniendo un puñado de vestidos cortos en perchas para que me los pruebe.
—Bueno, mierda —dice Pedro, empujándose a sí mismo fuera del colchón—, supongo que me estás despidiendo. ¿Beckett? —grita por el pasillo—, es hora de otra cerveza.

* * *

Giro distraídamente un mechón de pelo de Pedro con mis dedos mientras miro hacia su cabeza apoyada en mi regazo. Sólo está dormido y sacudo la cabeza mirando la calma pacífica en su rostro. Todavía estoy en estado de shock por la dirección que ha tomado la noche. Sonrío al recordar la mirada en la cara de Pedro cuando Lina y yo entramos a la sala de estar en nuestros trajes sexys de las Vegas. La botella de cerveza que estaba inclinada hacia sus labios se detuvo en el aire cuando me vio. Sus ojos recorrieron el largo de mi cuerpo en una lectura perezosa, un fantasma de una diminuta sonrisa llegando a sus labios antes de encontrarse con los míos. Lo que sus ojos me dijeron en aquella mirada fue todo lo que necesitaba saber de él, pero que no había oído de él en el último par de días.
Deseo. Necesidad. Lujuria.
Y entonces fui desconcertada; cuando Pedro mencionó volar no me imaginaba que hubiera un jet privado esperando por nosotros cuando llegamos en la limo al Aeropuerto Municipal de Santa Mónica. Lina y yo nos miramos y negamos a la suntuosidad de todo.
Y cuando abordamos, además de Sammy tranquilamente sentado en la parte trasera del avión, había un asistente dispuesto a llenar cualquier bebida o comida que deseáramos durante el vuelo. Mientras Lina, Becks y yo aprovechábamos la oferta de tomar una copa, Pedro declinó todo y se arrastró en el sofá a mi lado, puso su cabeza en mi regazo, declarando que necesitaba una siesta rápida para estar listo para la noche por venir.
Niego con el pensamiento todo, un jirón de sonrisa sube a mi cara cuando miro hacia arriba para ver a Lina y a Beckett en una conversación en voz baja frente a mí. Los talones de Lina están subidos y sus pies están doblados debajo
de ella. Las largas piernas de Beckett se estiran delante de él, y sus dedos distraídamente dibujan líneas en la condensación de la botella. Él es muy guapo en una atípica manera. Lo miro, dándome cuenta de que tiene un atractivo sexual definido, más que una apariencia. Su pelo rubio arena está recortado cerca de su cabeza y está acomodado con gel. Sus cristalinos ojos azules claros están rodeados de gruesas pestañas. Son ojos tranquilos que ven todo y observan de manera reservada. Tiene hombros anchos y una constitución física delgada como Pedro.
Lo miro, el mejor amigo de mi amante, y hay tantas cosas que quiero preguntarle acerca de Pedro. Tantas cosas que creo que pueden arrojar luz, pero sé que nunca traicionaría a su amigo diciéndomelas.
Ya sea por casualidad o porque siente el peso de mi mirada, Beckett mira hacia arriba y se encuentra con mis ojos, lo que le estaba diciendo Lina vacila en sus labios. El ángulo de su cabeza se mueve a un lado y tuerce los labios como si estuviera tratando de decidir si debía decir algo o no.
—¿Sabes por qué estamos aquí en este momento?...Por qué Wood se emborrachó esta noche, ¿no? —Su acento sureño se hace evidente mientras mira hacia abajo y mueve la cabeza al ver a su amigo antes de volver a mí.
—No —le digo.
Beckett se inclina hacia delante apoyando los codos en las rodillas y me mira fijamente a los ojos.
—Porque le dijiste que no, Paula. —Sacude la cabeza, con un crecimiento de sonrisa en su rostro—. Y nadie, excepto yo, nunca le ha dicho que no.
—Eso es absurdo —le digo, mirando a Lina, quien arquea la ceja por el giro de la conversación, con una sonrisa de satisfacción en los labios. Me doy cuenta de que Beckett me dice que soy la primera mujer que le dice a Pedro que no. Para no preguntar qué tan alto cuando le dice que salte. Echo un vistazo a pedro y retrocedo a Beckett—. Sin duda, una de sus muchas otras le han dicho no antes.
Él piensa en silencio por un momento antes de contestar.
—No que yo sepa —dice Beckett, inclinando la botella a sus labios— y si lo han hecho, nunca he visto que a Pedro le importe de esa manera. —Se inclina hacia atrás y se estira de nuevo, trato de leer las palabras no dichas en sus ojos—. Regresó del almuerzo hecho un HDP, Paula. De hecho me sentí mal por la gente
al otro extremo de nuestra reunión hoy. —Sonríe ante la idea—. Y entonces lo siguiente que sé, es que está descargando su frustración en la cinta. Arrastrándome al bar con él para embriagarse y comienza a hacer llamadas. Trama un plan. Avisándoles a nuestros chicos que estaremos en Las Vegas a las diez, para que lleven sus traseros hasta allí y se reúnan con él en el lugar de siempre.
¿En el lugar de siempre?
—¿Hacen esto a menudo?
—Cada par de meses. —Se encoge de hombros como si no fuera gran cosa—. Pero aquí está la cosa, Paula. No importa con quién esté, nunca, nunca le había visto llevar a la mujer con la que está saliendo, o lo que sea que está haciendo con ellas, junto con nosotros. —Inclina la botella de cerveza hacia mí—. Ahora eso es algo en que pensar.
Los ojos de Beckett sostienen los míos hasta que sabe que lo entiendo. Hay algo diferente entre Pedro y yo que no ha visto antes. Asiento hacia él.
Él se inclina de nuevo.
—He conocido a Pedro durante mucho tiempo, Paula. Puede ser tan arrogante como el infierno y un obstinado asno a veces, pero es un buen tipo. Un muy buen tipo. —Puedo sentir la sinceridad en su voz y el amor fraternal que siente por Pedro. Mira a su dormido amigo y de nuevo a mí—. Puede que no siempre haga las cosas de la manera correcta, o incluso que no sepa cómo ir con ellas en absoluto, pero por lo general tiene las mejores intenciones detrás de sus acciones. —Cuando no digo nada él sólo asiente y continúa—. Te digo esto porque le importas. Más de lo que está dispuesto a admitir o puede reconocer en este momento, pero es importante que lo sepas. Porque si él es importante para ti como creo que sí... realmente importa... no sólo por la fama de estar con él, sino por lo que él es, entonces necesitas escucharlo. Mierda, —jura, pasando una mano por su mandíbula y echándose hacia atrás sacudiendo la cabeza—. Debo estar borracho, si te acabo de decir eso. Mierda.
Suspira. —Me patearía en este momento si supiera que te dije algo de esto.
—Gracias —le digo, mi voz apenas es un susurro mientras trato de asimilar todo lo que me acaba de decir, todo lo que quería preguntarle, pero tenía miedo.
La cabeza me da vueltas con su confesión. Trato de contener las riendas de la esperanza y las posibilidades que brotan dentro de mí. Le importo lo suficiente
para que su mejor amigo se dé cuenta de la diferencia en él. Sólo tengo que recordar eso, a menos que Pedro reconozca que estos sentimientos aún no significan nada.
Lina me mira y sonríe suavemente, sabiendo lo mucho que necesitaba escuchar eso. Que estas palabras justifican las profundidades de la emoción que ya siento por Pedro.
Él le da las gracias a la azafata cuando le entrega otra cerveza.
—Dije mucho, debería terminar —murmura para sí mismo con una sonrisa tímida extendiéndose en sus labios. Pedro se mueve y se vuelve hacía mí, su rostro descansa en mi abdomen, y todo lo que quiero hacer es inclinarme y besarlo.
—Tratar de controlar a Pedro es como tratar de agarrar el viento. Ni siquiera te molestas... —Sacude la cabeza—. Lo arruinará, Paula. Cometerá un montón de errores y dirá todas las cosas mal porque no sabe cómo hacer otra cosa que lo que ha estado haciendo.
Beckett toma un trago de su cerveza y suspira.
—Nunca lo admitirá Paula. Y a menos que seas una de las pocas que esté lo bastante cerca de él para verlo, nunca imaginarías que es un hombre ahogándose en su pasado. En aceptar que puede haber algo más que la disposición habitual contigo y para que estés aquí, que obviamente estás, él sólo podría tirarte de manera que te estés ahogando con él. —Se mueve un poco en su asiento, con los ojos sin dejar los míos—. Cuando eso suceda, Paula, más que nada necesitarás ser su salvavidas. Estará tan consumido y obsesionado con prevenir su pasado para encontrarse con su futuro que necesitará todo de ti para mantenerlo a flote.
Sostiene mis ojos por un minuto más y luego se relaja en su asiento, con una leve sonrisa tocando las comisuras de su boca.
—Lo quiero a muerte, Paula, pero algunos días lo odio también. —Se encoge de hombros y no se disculpa—. Eso es Pedro.
Miro de nuevo a Beckett y sonrío suavemente, en acuerdo silencio a su evaluación.
—Estoy comenzando a entender eso —murmuro.
La azafata viene a llenar nuestras bebidas por última vez y nos informa que vamos a comenzar el descenso hacia Las Vegas en breve. Miro a Pedro y una sensación de calor se extiende por todo mi cuerpo mientras me doy cuenta de lo
mucho que me he acostumbrado a cuidar y amar. Sí, a amarle. Sacudo la cabeza y Lina llama mi atención, su felicidad por mí la llena.

Hola!! subo dos porque mañana no se si puedo subir =)


1 comentario: