Ya han pasado varios años desde que estuve en Las Vegas, y no puedo creer lo mucho que la ciudad del pecado ha cambiado en ese tiempo. Nuevos hoteles han sido levantados mientras los antiguos fueron derrumbados. Los envejecidos han sido renovados y re-hechos para que coincidan con el calibre de los nuevos.
Me muero de ganas de tener un momento a solas con Lina. En realidad no lo hemos tenido desde que toda esta aventura comenzó, y necesito su consejo sobre cómo debería actuar a la luz de las revelaciones de Beckett.
Tuvimos un momento rápido a solas en el avión mientras estábamos refrescándonos, pero no lo suficientemente largo como tener un verdadero debate sobre los acontecimientos de la noche.
Las luces y los sonidos nos rodean, asaltando nuestros sentidos mientras salimos de la limo. Sammy asiente discretamente hacia Pedro y toma la delantera mientras caminamos por un conjunto de escaleras a una entrada en The Venetian. En momentos estamos caminando hacia TAO2. La mano de Pedro está en la parte baja de mi espalda, y noto convenientemente que la mano de Beckett está haciendo lo mismo en Lina. Me pregunto si sólo será un caballero, o si hay algo más posiblemente pasando. Interesante.
Me doy cuenta de que la gente está empezando a mirarnos mientras el nombre de Pedro es murmurado apresuradamente alrededor de la multitud que la noche del viernes ha reunido con la esperanza de ver una celebridad. Los teléfonos con cámaras brillan y miro a Pedro para ver su reacción. Él es todo sonrisas con la gente, pero cuando me mira, sus ojos se calientan con lo que falta con su público. Su siesta lo serenó un poco, pero todavía siento que ese Pedro juguetón está justo al alcance.
Bordeamos la larga fila de personas esperando la oportunidad de entrar. A medida que nos acercamos al atril de presentación, una mujer sale de atrás y nos
hace señas para la sigamos. Wow, la vida debe ser agradable cuando eres Pedro Alfonso. No hay colas y las mujeres están a tu alcance.
Pedro me lleva de la mano mientras caminamos pasando el Buda gigante de camino a nuestra mesa privada. Vuelvo la cabeza y parpadeo contra la atmósfera oscura de la sala a medida que pasamos a través. Oigo el nombre de Pedro murmurado un par de veces más en la multitud antes de que se detenga y se vuelva hacia mí.
Lo miro con expresión de asombro en mi cara mientras camina hacia mí y de forma inesperada captura mi boca con la suya. Al principio me congelo, quiero decir, estamos en medio de un muy elegante y completamente lleno restaurante, pero mientras profundiza el beso, sus dedos toman mi cara y mantienen mi cabeza quieta, sucumbo a él. Su sabor es demasiado devorador y su atracción sobre mí es igual de magnética para resistirla.
Los sonidos de otros clientes del restaurante se desvanecen. Pedro me besa como un hombre tomando su último aliento y yo soy su aire. Es apasionado, posesivo y provocativo. Y maldita sea su sabor adictivo me arrastra hacia abajo y se afianza. Mi mente comienza a volver a la realidad cuando los silbidos y gritos de los espectadores comienzan a registrarse en mi cerebro.
La gente que nos rodea se hace más ruidosa mientras animan nuestra exhibición pública. Mantiene sus manos ahuecando mi cara, pero sus labios arrasan con los míos. Sus ojos lo registran sin filtrar la lujuria, pero la sonrisa que me lanza es arrogante y traviesa. El único pensamiento en mi cabeza es wow, pero me dejó tan sin aliento que simplemente formar esa palabra no es ni siquiera una posibilidad. Le doy una mirada inquisitiva.
Él sólo ladea la cabeza hacia un lado, con un brillo iluminando sus ojos esmeralda.
—Si van a mirar, Pauli, ¡también podríamos dar un buen espectáculo! —Mueve sus cejas hacia mí y me da un casto beso en los labios antes de tomar mi mano y seguir a la anfitriona de pie a la izquierda de nosotros. La mirada atónita en su rostro refleja exactamente lo que siento.
El Pedro juguetón reapareció.
Las ovaciones nos siguen fuera de la habitación principal a nuestro comedor privado, y es entonces cuando puedo leer los aturdidos pensamientos
bailando a través de la expresión de Lina. Me encojo de hombros y ella simplemente sonríe de regreso, con los ojos abiertos y hoyuelos.
Llegamos a nuestra mesa y Pedro me tira a sus brazos antes de que tenga la oportunidad de sentarme en la silla que sacó para mí.
—No te he dicho todavía cuán absolutamente impresionante luces esta noche. —Susurra en mi oído—. Y ahora todos los hombres en este restaurante saben que eres mía —dice en caso de que el reclamo que acaba de replantear no hubiera sido lo suficientemente claro. Aprieta los labios en el lugar justo debajo de mi oído—. Te ves sexy como el infierno con ese vestido, pero debo confesar que lo único en lo que puedo pensar es en sacarte de él. —Se ríe, un sonido seductor que envuelve su camino dentro de mi cuerpo y hace que mis dedos quieran estimular bajo mí vientre—. Gracias por venir esta noche, Pauli.
La cena es deliciosa y parece tranquila frente a la vorágine de las últimas dos horas. La conversación entre nosotros cuatro fluye fácilmente, y puedo ver por qué a Pedro le gusta Beckett. Es divertido e ingenioso y muy conectado al mundo real, además no tiene ningún problema en poner a Pedro en su lugar cuando tiene que hacerlo. Ellos se burlan el uno del otro como pequeñas ancianas, pero el afecto entre ellos es obvio.
Sammy está sentado a una mesa junto a nosotros con ojos cautelosos en todo momento. La comida fue interrumpida un par de veces por damas ansiosas que querían fotos con Pedro, pero no algo más.
Me sorprendo mirándolo fijamente algunas veces durante la cena. Su carisma y entusiasmo son contagiosos, y me encanta ver cómo se le ilumina el rostro al contar una historia o transmitir un evento.
Es amable y atento con todo el mundo durante la comida, asegurándose de que todas nuestras necesidades sean satisfechas.
Me roba besos aquí y allá junto con el apretón de su mano o el trazo de un dedo en mi hombro desnudo. Me pregunto si tiene alguna idea de que el fuego se está avivando en mí con su afecto casual.
Me tomo lo último de mi Tom Collins y me doy cuenta de que tengo un ligero zumbido cuando el teléfono de Pedro suena con una alerta de texto entrante. Él mira hacia abajo y se ríe del mensaje.
—¿Tienes una cita caliente, Ace? —me burlo de él con una sonrisa en mi cara. Levanta la vista de su teléfono para mirarme a los ojos, al mismo tiempo Lina resopla por mi apodo. Él sólo levanta una ceja y muestra esa sonrisa pícara que adoro. A medio mirarme, veo el momento en que su cerebro registra qué Lina se está riendo.
—Tú —dice él sobre la mesa señalando a Lina.
—¿Yo? —dice ella tímidamente mientras da un sorbo de su pajita.
—Sabes de lo que es sinónimo A.C.E —dice él con entusiasmo, y puedo ver los engranajes girar en su cabeza mientras se da cuenta de cómo jugar esto.
—Ahora, ¿por qué piensas eso? —Lina mueve sus pestañas con fingida inocencia.
—Habla, Montgomery —exige Pedro juguetonamente. Los ojos de Lina se mueven hacia mí y su sonrisa se ensancha, pero no dice nada—. ¿Con qué puedo sobornarte?
—Bueno —responde Lina con su mejor voz de dormitorio—. Definitivamente hay un montón de cosas que podrías hacerme para obligarme a hablar. —Exhala, lamiéndose el labio inferior y haciendo una pausa—. Conoces a Pau y me gusta jugar un poco por nuestra cuenta juntas —dice sugestivamente, mirándolo de arriba a abajo. La mirada en la cara de Pedro es de conmoción total y, siendo el hombre que es, no filtra lujuria. Me toma todo lo que tengo para no echarme a reír—. Si quieres que hable, siempre puedes unirte a nosotras —sugiere— y jugar un poco...
Algo se mueve en su garganta, sus ojos van velozmente de ida y vuelta entre nosotras antes de que una lasciva sonrisa aparezca en esa boca suya tan habilidosa.
—Muy convincente, Lina... Y por mucho que mi pene está disfrutando de la idea, no morderé el cebo, cariño —responde mientras Beckett ladra una risa.
—Maldita sea, Lina. —Becks niega—. ¡Me tenías por un minuto!
Todos nos reímos mientras Lina arroja una servilleta hacia él y se vuelve hacia mí con una sonrisa en su rostro.
—Nunca lo conseguirá.
—Atractivo, Cautivador y Exquisito —sugiere Pedro, luego golpea los nudillos y los frota contra su pecho—No. —Sonrío hacia él mientras juego con la pajita de mi bebida.
—Más bien Altamente Cargado de Egocentrismo —se burla Beckett.
—No —repito, mi respuesta es estándar.
—¡Salvadas por la campana! —dice Pedro mientras el camarero sirve los platos llenos de postres con chocolate frente a nosotros.
Disfrutamos de nuestro postre, las bromas juguetonas continúan, pero no importa donde mis ojos vaguen, siempre vuelven a Pedro. Levanta la vista mientras estoy admirando su endiabladamente guapo rostro y sonríe suavemente hacia mí.
—¿Estás lista?
Devuelvo su sonrisa y asiento.
—¿Lina? ¿Becks? ¿Juegan?
Aceptan y recogen sus cosas. Empiezo a ponerme de pie y me encuentro jalada hacia atrás de modo que aterrizo en el regazo de Pedro. Alcanzo a ver su malvada sonrisa antes de que sus labios se cierren sobre los míos. Su lengua se desliza entre ellos y se burla con tentadoras lamidas lentas y barridos en mi boca. Sabe a menta y a ron, y lo único que puedo pensar es cómo estos pequeños besos aquí y allá no son suficientes para que dure toda la noche. Se trata de una burla cruel cuando yo ya he tenido la cosa real y sé que es sorprendentemente mejor. Su mano se desliza lentamente hasta la parte exterior de mi muslo, sus dedos se deslizan debajo del dobladillo de mi vestido, amasando mi piel suave con sus dedos ásperos.
Jugando conmigo.
Antes incluso de que pueda procesar un pensamiento coherente, se aleja y me besa en la punta de la nariz. Suelto un suspiro de frustración, necesitando mucho más para aliviar el dolor que él estableció en mí.
Se ríe en voz baja por mi respuesta. —Vamos —dice, señalando con la cabeza hacia la puerta.
Pasamos la última hora y media ocupando el piso del casino con un toque extravagante.
Para gran consternación de Sammy, Pedro decidió que quería jugar algo a los dados. Después de alguna pérdida inicial, Pedro termina en una mesa rodeado de una multitud mientras apuesta una y otra vez con sus gritos de ánimo y el beneficio de su cartera.
Su adrenalina sigue estando amplificada, y puedo sentirlo vibrar mientras nuestro auto se detiene a lo largo de una entrada trasera del Palms Casino poco después de la medianoche. Todos tuvimos un montón de beber y estoy más que lista para liberar un poco de energía en la pista de baile.
—¡Ahora realmente comienza la diversión, señoritas! —exclama antes de inclinar de nuevo el resto de su bebida y agarrar mi mano.
Salimos del coche y nos llevan a través de una puerta lateral por el hotel y a una entrada posterior a la discoteca Rain. El ritmo enérgico de la canción animal llena el club y resuena a través de mi cuerpo. Un empleado nos lleva por una escalera y mueve un cordón de terciopelo con un letrero que dice para que podamos pasar a la zona VIP. Era extraña la sensación de ser tratada como los únicos clientes en un club lleno de cientos de otras personas a pocos metros de distancia.
Nos lleva al entresuelo y, cuando entramos, un rugido de aplausos me sobresalta.
Pedro no parece sorprendido, y me doy cuenta de que las más de treinta personas frente a mí son a las que ha estado coordinando toda la noche. De pronto se detiene en la multitud de personas, recogiendo palmaditas en la espalda de los chicos y abrazos excesivamente largos de las mujeres.
Doy un paso hacia atrás, lo que le permite tener la atención de sus amigos y a mí ver a nuestro alrededor. Cuento seis habitaciones en esta planta que dan a la pista de baile y parece como si Pedro hubiera alquilado todas ellas para la noche. Doy un paso hacia la barandilla y veo la masa de personas debajo que se mueven al ritmo de la música.
—¿Estás bien?
Miro a Lina, aliviada de tenerla aquí, y sonrío. —Sí. Es que todo es un poco más de lo que estoy acostumbrada.
—Supongo que es un poco exagerado, ¿no?
—Sólo un poco. —Me río—. Entonces, ¿Beckett? —le pregunto, arqueando las cejas.
—Él es muy lindo... —Se encoge de hombros—, pero ya sabes cómo es eso. —Se ríe en su típica manera de Lina sin preocupaciones. Si ella quisiera, lo tendría comiendo de su mano al final de la noche. Esa es sólo Lina—. ¿Quieres bailar?
Busco a Pedro para decirle que vamos a la pista, pero él está en medio de una conversación tremendamente animada. Él lo averiguará. En momentos hacemos nuestro camino abajo, y conseguimos entrar a la multitud en movimiento en la pista. Se siente tan bien dejarse ir y seguir el ritmo, perderse por un momento y olvidar el aniversario que se inició en el momento en que el reloj pasó de la medianoche.
Después de un par de canciones, miro hacia el balcón por encima de nosotros para ver de pie a Pedro en la barandilla. Está buscando en la multitud y tarda unos minutos antes de encontrarme. Tengo un momento de déjà vu en que nuestros ojos se encuentran, en un club diferente esta vez, pero con el mismo intenso calor entre nosotros.
Su rostro queda en las sombras momentáneamente, y no puedo evitar recordar preguntarme en nuestra primera cita si él era un ángel luchando en la oscuridad o un demonio irrumpiendo en la luz. En este momento, mirando hacia arriba y completamente consumida por él, es sin duda mi ángel luchando. Y sin embargo, sé que el diablo en su cuerpo siempre está justo debajo de la superficie.
Sigo en movimiento a pesar de nuestra irrefutable conexión, la que detiene la respiración y hace palpitar mi corazón cada vez que me mira. Sonrío y le hago señas para que baje. Él sólo mueve la cabeza en medida aceptación de lo que sea que está pensando y sonríe antes de desaparecer de la vista.
La canción cambia y escucho las primeras notas de Scream de Usher. Levanto mis brazos y giro las caderas al ritmo, dejando que la música se arrastre sobre mí. Canto mi línea favorita. No tengo ninguna copa en la mano, pero me pierdo.
“Emborrachándome con la idea de que te desnudes.”
Abro los ojos con la última palabra cuando siento unas manos deslizándose alrededor de mi cintura por detrás y me jalan hacia atrás. La sonrisa de Lina me dice que es Pedro, y me relajo contra él mientras veo a Beckett y unos pocos más de sus amigos desde arriba uniéndose a nosotros.
Las suaves curvas de mi cuerpo se ajustan contra los bordes duros del suyo, y cierro los ojos, mientras comenzamos a movernos juntos. Cada movimiento contra el otro pica mi piel y enciende mis entrañas. Cada nervio de mi cuerpo está en sintonía con la sensación de tenerlo en mi contra. Sus fuertes manos hacen un mapa de las líneas de mi torso: instando, agarrando, tentando. Sus caderas se mueven con las mías, la cresta de su erección me tienta con cada movimiento. Nos imitamos el uno al otro con insatisfecha necesidad, en el montaje del deseo. Me doy la vuelta para mirarlo, la demanda de sus manos me obliga a hacer lo que quiere para excitarme más. Evoca imágenes de sus hábiles dedos recorriendo la longitud de mi sexo antes de darme una estocada y clavarse en mí.
Gimo ante la idea y de alguna manera él me escucha a pesar de la música, porque la sonrisa sexy en su cara y sus ojos oscurecidos me dice que siente lo mismo. Sé que quiere más que esta frustrante, pero sensual como el infierno, caricia con la ropa puesta.
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