sábado, 23 de agosto de 2014

SEGUNDA PARTE: CAP 51

Al mirar a través de la cocina a Zander y a su tutora trabajando en sus palabras de ortografía, oigo el golpe de la puerta abriéndose. La excitada charla de los niños llena el pasillo. Por lo general están muy animados al llegar a casa, pero hoy el ruido está por las nubes. Tanto así que Zander levanta la vista de su papel y levanta las cejas hacia mí.
Zack entra como un bólido por la esquina, tan emocionado que tartamudea como normalmente lo hace cuando está excesivamente emocionado.
—Pau- Paula y Za- Zander... ¡Dense prisa y busquen sus cosas!
—No se permite correr en la casa, Zack —le advierto—. ¿De qué estás hablando?
Los otros chicos vienen volando a la gran sala antes de que tenga la oportunidad de responder. Miro a los chicos para regañarlos por correr en la casa cuando mi voz falla.
De pie en la entrada a la sala está Pedro. Temerario. Sexy. Devastador. Las tres palabras me golpean de inmediato al verlo.
Sé que es una tontería. Sólo han pasado cuatro días desde que lo vi o hablé con él, pero ahora que está a la vista, me asombra lo mucho que lo he echado de menos. Cuánto he querido verlo.
Estar cerca de él. Oír su voz otra vez. Tener una conexión con él. Eso en cuanto a necesitar espacio para aclarar mi cabeza.
Me lo bebo con los ojos arrastrando la mirada por todo el largo de su cuerpo. Cuando me encuentro con su mirada, una lenta sonrisa ladea una de las esquinas de su boca, haciendo que se le forme ese irresistible hoyuelo. Juro que mi corazón da un vuelco al ver lo que arde en sus ojos. Trago con fuerza tratando de mantener el equilibrio que me quita con solo su presencia.
Nos miramos el uno al otro, el ruido estridente de los chicos se desvanece a ruido blanco mientras nos decimos tanto sin hablar. Kyle toma mi mano y tira de ella, rompiendo el trance entre nosotros.

—Pedro nos llevará a la pista de go-karts! —exclama, con la emoción bailando en sus ojos.
—Lo hará, ¿eh? —le pregunto, levantando las cejas y mirando a Pedro.
—Sí, lo hará —dice Pedro mientras da un paso hacia mí, su sonrisa ladeada ahora está a todos sus megavatios de capacidad—. Vayan por sus cosas chicos y suban a la furgoneta. Jackson está esperando. —Mis ojos se abren a su comentario, y me pregunto cómo coordinó eso.
Pedro gira y encuentra los ojos esperanzados de Zander.
—Hey, Zander, pensé que podrías utilizar un descanso de todo eso de la escuela. Sé que es realmente importante, pero a veces un hombre necesita un descanso, ¿no te parece?
Los ojos de Zander se vuelven tan grandes como platos y en su boca se extiende una enorme sonrisa. Es un pequeño milagro cómo la gracia de una sonrisa puede aliviar la seriedad de los efectos de la pesadilla en su precioso rostro
—Vamos por tus zapatos y podremos encontrar a todos en la camioneta. ¿De acuerdo? —pregunta.
Zander salta y corre hacia su dormitorio, y yo muerdo el inherente regaño de no correr. Le pido disculpas a la tutora y la envío a su casa con una expresión aturdida por haber visto a Pedro. Pobrecilla.
Cuando sale de la habitación, puedo oír a los niños que se dirigen a la puerta principal con gusto. Es sólo entonces que Pedro se me acerca y me apoya contra el mostrador de la cocina.
Aprieta sus caderas en mí al mismo tiempo que su boca captura la mía en un enloquecedor y zumbante beso liberador de almas. Dios, extrañé su sabor. El beso es demasiado breve para cubrir cuatro días de desaparición. Cuando nuestros labios se separan, él envuelve sus brazos alrededor de mí en un abrazo en el que podría perderme, lleno de una silenciosa desesperación. Me abraza a él, su rostro acaricia el lado de mi cuello, y puedo sentir que me respira sacando fuerzas de nuestra conexión.
—Hola —murmuro suavemente mientras sus manos se presionan en mi espalda—. ¿Estás bien?
—Sí —Respira—. Ahora lo estoy.

Su murmurada confesión me congela. Golpea partes profundas dentro de mí, no hastiadas y todavía llenas de esperanza y posibilidad.
Finalmente me libera cuando escucha sonidos en el pasillo. Miro su cara y más allá de los hermosos rasgos que todavía hacen que mi aliento se atasque en mi garganta. Me doy cuenta de las oscuras manchas bajo sus cansados ojos cautelosos. No está durmiendo. ¿Más pesadillas? No lo sé y no quiero preguntarle. Me lo dirá si quiere. Cuando pueda hacerlo.
Lo contemplo un momento y trato de averiguar lo que es diferente acerca de él. Es sólo cuando inclina la cabeza como preguntando por mi silenciosa valoración que me golpea. Está bien afeitado. Extiendo mi brazo y paso la mano por su mandíbula, con su rostro apoyándose en ella a mi toque. Y hay algo en ese pequeño gesto mezclado con su anterior confesión que hace que mi corazón se inflame.
—¿Qué es esto? —le pregunto, apartando los ojos para evitar que vea mi transparencia emocional—. Tan suave y bien afeitado.
—No es un muy buen negocio participar en un comercial de afeitadoras con una barba de recién despertado. —Sonríe y frota sus palmas arriba y abajo por los lados de mi torso. Lenguas de deseo parpadean en mi bajo vientre con su toque.
Me río a carcajadas.
—Es comprensible. Me gusta, sin embargo —le digo, pasando los dedos sobre ella otra vez cuando él frunce el ceño—. Está bien, Ace, todavía rezumas a chico malo sin la barba. Además, así podré acostarme con alguien diferente a ese hombre desaliñado con el que he estado perdiendo mi tiempo.
Él muestra una sonrisa maliciosa.
—Perdiendo el tiempo, ¿eh? —Da un paso hacia mí, la lujuria superando claramente el humor de sus ojos.
Cada parte de mi cuerpo se tensa por la forma depredadora en que su cuerpo se mueve hacia el mío. Mi Dios. Tómame, quiero decirle. Toma cada parte de mí que no te hayas robado, tomado o reclamado ya.
—Oh, definitivamente. Él es un rebelde... —Frunzo la nariz hacia arriba, jugando—, y definitivamente no salgo con tipos malos.
—¿No? —Se humedece los labios con un dardo rápido de su lengua—. ¿Con qué tipo exactamente sales?

Una sonrisa diabólica de serpiente va hasta la comisura de sus labios mientras se estira para tocar mi cara, y en un instante desaparece. Sus ojos se estrechan al darse cuenta de la contusión que dejó Zander en mi mejilla. Mi encubrimiento, evidentemente, ha desaparecido.
—¿Quién te hizo esto? —exige, con las manos tomando mi cuello, inclinando mi cabeza hacia un lado para poder ver la gravedad de la contusión—. ¿Te lo hizo Zander anoche?
Me sobresalto al oír sus palabras.
—Sí, gajes del oficio. —Me encojo de hombros—. ¿Cómo sabes sobre eso?
—Pobre jodido niño. —Sacude la cabeza—. Te llamé esta mañana. Todavía estabas dormida después de estar con Zander toda la noche. No había oído hablar de ti y estaba preocupado. —Hace una pausa y esas palabras, su admisión de que se preocupa por mí inmediatamente después de decirme con tantas palabras que me necesita, enciende mi alma y hace que mis labios se curven de forma automática—. Así que llamé a la casa y Jackson respondió. Me contó lo que pasó. —Angula mi barbilla hasta que mira mi mejilla— ¿Estás segura que estás bien?
—Sí —Sacudo mi cabeza, su preocupación es entrañable.
—Entonces, me imaginé que los niños podían necesitar un descanso para quitarse de encima lo de anoche —Se inclina y pasa sus labios contra los míos de nuevo—. Y realmente quería verte —murmura sin aliento, sus palabras entran directamente a mi corazón y se incrustan a sí mismas en cada una de mis fibras.
¿Cómo puede decir que no se adhiere al romance cuando dice cosas tan a la ligera cuando menos las esperas?
—Tengo una función de trabajo esta noche, así que no tengo mucho tiempo, pero me gustaría divertirme un poco y liberar algo de estrés —Sacude su cabeza sutilmente, y puedo ver un atisbo de tristeza en la parte de atrás de sus ojos—. Además, ha sido un día difícil y necesitaba escapar. Hacer algo para relajarme.
—¿Todo está bien?
—Nada de qué preocuparse. —Forza una sonrisa tensa, se inclina y besa la punta de mi nariz—. Además, pensé que los chicos podían disfrutar de ella también.
—Estoy segura de que lo harán —le digo—. Tengo que ir a buscar mi bolso.

Empiezo a dirigirme hacia el cuarto de personal cuando oigo a Zander decir mi nombre desde el lado opuesto de la casa. Hago una pausa, una sonrisa amplia extendiéndose de mi cara al oírle decir mi nombre como todos los otros niños en casa. Hace que mi corazón se sienta feliz.
—¿Qué pasa, Zand? —le pregunto.
—Zapato.
Es sólo una palabra. Pero es una palabra. Y de hecho él se está comunicando algo así que eso lo hace aún mejor. Sonrío ampliamente y Pedro hace lo mismo con comprensión.
—Ve a buscar tu cartera —me dice—. Yo iré a ayudarlo.
—¿Estás seguro? —pregunto, pero él ya está doblando la esquina de la sala.
Recojo mis cosas, cierro la puerta de atrás y me preparo para salir. Cuando estoy cerca de la sala, escucho murmullo de voces. Doy unos pasos y luego me detengo cuando me doy cuenta de que Colton y Zander están hablando de anoche.
Sé que no debería escuchar a escondidas, que debería irme y dejarles un poco de intimidad, pero mi curiosidad se despierta. Y cuando oigo a Pedro decir: Sabes, yo solía tener sueños muy malos también, Zander , sé que no voy a ir a ninguna parte.
No puedo verlos, pero tengo la sensación de que Zander le presta atención a Pedro de alguna manera, porque él continúa.
—Cuando era pequeño, también me pasaron algunas cosas muy malas. Y solía asustarme. Tenía tanto miedo. —Puedo escuchar a Pedro suspirar y respirar—. Y cuando me asustaba, ¿sabes lo que me decía para tratar de no sentir tanto miedo? Me repetía en mi cabeza, Spiderman. Batman. Superman. Ironman. Decía eso una y otra vez. ¿Y sabes qué? Si apretaba los ojos mucho, muy apretados así, eso ayudaba.
Estoy en el pasillo. Mi corazón se derrite al escuchar a un hombre que está tan dañado que ha jurado no tener niños, pero es tan increíble con ellos. Especialmente con los rotos. Con los que lo necesitan. Que los entiende mejor que nadie. Siento una punzada de dolor fantasma en mi abdomen y empujo lejos los pensamientos de lo que nunca podrá ser. Para mí. Y con él.
Entonces, el mejor sonido me saca de mi autocompasión. Es humilde, pero es una risa que me alegra las entrañas. Me gustaría ver lo que Pedro está
haciendo para hacerlo reír. Lo que está rompiendo las barreras hasta conseguir ese sonido de Zander.
—¿Sabes qué? Te voy a decir otro secreto... incluso ahora, a pesar de que soy adulto, cuando tengo un mal sueño o estoy muy asustado, todavía digo eso. Te prometo que lo hago...
Pedro se ríe y doy un paso adelante hacia la puerta abierta. Y lo que veo me roba el aliento. Pedro está sentado en la cama y Zander está sentado de lado sobre su regazo, mirando reverentemente hacia él. Con una suave sonrisa en sus labios. Pedro levanta la vista por una fracción de segundo cuando me ve, la sonrisa suave en su cara se amplía, después vuelve a centrarse en Zander.
—Y todavía ayuda. Ahora, ¿estás listo para conducir un kart y derrotarme?
Zander mira hacia mí y sonríe ampliamente.
—De acuerdo, entonces ve a subirte en la camioneta —digo. Él mira a Pedro y asiente una vez antes de saltar fuera y correr hacia la puerta principal.
Pedro se queda sentado por un momento, y nos miramos el uno al otro. Un cambio silencioso que le dice que lo oí todo y que está contento de haberlo hecho. Ese intercambio, verlo con Zander, hace que el muro de protección alrededor de mi corazón se fracture en mil pedazos y el amor se derrame por las grietas. Sacudo la cabeza para despejarla de todas las cosas que quiero decirle en ese momento y estiro mi mano hacia él en su lugar. Él se levanta lentamente y da una media sonrisa.
—Vamos. —Toma mi mano y tira de ella—. ¿Crees que puedes vencerme en una carrera?
—Sé que puedo vencer los pantalones frente a ti —le respondo sugestivamente.
Él se ríe de mi comentario.
—Por mucho que me guste tu forma de pensar, Pau, vamos a estar rodeados por una multitud de personas.
Libero su mano y envuelvo mi brazo alrededor de su torso, deseando la sensación de su cuerpo contra el mío. Soy yo la que necesita sentirse cerca de él ahora. Él se ríe de mi repentino asalto de él.
—Pensaba que ponernos sucios en una multitud te excitaba —le susurro al oído.

—Dulce jodido Jesús, mujer. —Se queja—. Sabes qué decir para tenerme duro.
Pongo un beso de boca abierta en el lugar justo debajo de su mandíbula.
—Lo sé. Lástima que vayamos a estar rodeados de siete niños pequeños que se colgarán de cada palabra o dejaría que me rascaras la picazón que me parece que tengo.
—Dios, eres tan calientapollas —se ríe mientras caminamos por la puerta delantera de la casa.
Él me libera para que pueda cerrar la puerta, con una expresión de deseo nublando sus ojos mientras me mira.
—¿Eso crees? —murmuro tímidamente, moviendo mis pestañas mientras él asiente—. Tal vez tendré que mostrarte lo buena calientapollas que soy —me burlo mientras desfilo por la pasarela frente a él, balanceando las caderas hacia atrás y hacia adelante. Sé que el sexo está fuera de la agenda para la tarde porque él tiene que irse justo después de hacer karting con los niños, y el sábado por la noche será la siguiente vez que tenga la oportunidad de verlo.
Me vuelvo hacia él, dando un paso hacia atrás cuando lo veo.
—Es una lástima que te hayas afeitado —digo luchando contra la sonrisa que quiero darle—. Como que me gustaba la aspereza de tu barba entre mis muslos. —Me muerdo los labios con diversión mientras él aspira una bocanada de aire.
Esto puede ser divertido. Una acumulación de anticipación. Puedo pasar la semana burlándome de él y jugar con la expectativa para que el sábado por la noche no podamos mantener nuestras manos fuera de sí. Como si necesitáramos ayuda con eso de todos modos.

* * *

—¡Vamos, Paula! Tienes que ganarle. ¡Eres nuestra última esperanza! —me grita Shane a través de la barandilla mientras estoy al lado de mi kart esperando mi revancha.
Las últimas dos horas han sido una explosión. Entre las carreras y la risa de los chicos por las constantes bromas entre Pedro y yo, no podría haber pensado
en una mejor manera para que los muchachos soltaran el vapor y se volvieran a conectar después del caos de la pesadilla de Zander anoche.
Después de una hora libre de todas las carreras, los niños le rogaron correr uno a uno contra Pedro. Él voluntariamente me obligó y a su vez creó mi situación actual.Pedro venció a todos los niños, a todo el mundo que se enfrentaba a él, excepto yo. Yo lo acusé de dejarme ganar, lo que lo tuvo al instante pidiendo una revancha. La segunda carrera fue en su favor. Ahora estábamos en el desempate.
—El mejor de tres, Chaves. Gane quien gane tendrá los derechos a fanfarronear —me grita, con la diversión en sus ojos y el desafío en su sonrisa. Dios, lo amo. Especialmente cuando tiene esa mirada a su alrededor: seguro, sin preocupaciones, y francamente sexy.
—Eres todo charla, Alfonso. Tu victoria fue una casualidad total. —La sonrisa arrogante que me dio me aguijoneó más—. Un corredor profesional grande y malo como tú tiene que mantener su dignidad, sabes. ¡No puedes tener a novatos como yo apareciendo! Especialmente una mujer.
—Oh nena, me conoces, dejaré que una mujer haga lo que quiera de mí —Él sonríe y levanta una ceja sugestivamente.
Me río a carcajadas mientras camino los tres metros entre nosotros. Miro hacia atrás por encima del hombro a los chicos que me están incitando y les hago un guiño para mostrarles que estoy de su lado. Al acercarme, Pedro gira hacia mí, con la mano sosteniendo su casco contra su cadera como si fuera la postura más natural del mundo para él, y los dedos de su otra mano se rozan entre sí como si se muriera de ganas de estirarse y tocarme.
Bueno, está funcionando. Mis sutiles pinceles contra él. Mis pequeños comentarios sugestivos susurrados a él aquí y allá. Mi lenta lectura de su cuerpo para que me note. A pesar de tener que hacer todo eso bajo la mirada que todo lo detecta de nuestra audiencia, me alegra saber que ninguno de ellos ha pasado desapercibido. Puedo verlo en sus ojos y en el músculo palpitante en su mandíbula mientras me acerco a él.
—¿Te preocupa que vayas a perder, Ace? —sonrío. Mi espalda está hacia nuestro público, así que me agacho y me ato mi zapato, a propósito mostrándole mi escote. Cuando miro hacia arriba, las pupilas de Pedro se han oscurecido y su lengua es como un dardo mojando sus labios.

—Sé lo que estás haciendo, Paula —murmura en voz baja debajo de su sonrisa—, y tanto como tus pequeñas payasadas me dieron ganas de empujarte contra esa pared y tomarte duro y rápido más de una vez desde que estamos aquí, independientemente de quién esté mirando, no va a funcionar —Él muestra su gran sonrisa hacia mí—. Todavía venceré ese rico trasero tuyo en la línea de meta.
—Bueno, por mucho que me vendría bien un buen azote... —exhalo, mirándolo desde debajo de mis pestañas y capto el fuerte jadeo por mis palabras—, sólo venía por aquí a ver si necesitabas ayuda para hacer que tu motor se acelere —sonrío inocentemente, aunque mi lenguaje corporal dice todo lo contrario.
Miro su nudo en la garganta mientras traga, sus labios retorcidos en su intento de evitar sonreír.
—Oh, mi motor está funcionando muy bien, cariño —bromea mientras sus ojos recorren la longitud de mi cuerpo otra vez—. Cargado y con muchas ganas de ponerse. ¿Necesitas ayuda para sincronizar el tuyo y dejarlo listo para la carrera?
Me muerdo el labio inferior mientras lo miro fijamente y muevo en ángulo la cabeza hacia un lado.
—Bueno, me parece que correré con el trasero un poco más apretado. Nada que un cambio de aceite rápido no arregle —arrojo sobre mi hombro mientras camino de vuelta a mi coche, deseando poder ver la reacción en su rostro.
Los niños mantienen sus gritos y exclamaciones mientras nos ponemos nuestros cascos y nos atamos a nuestros carros. Echo un vistazo a Pedro y asiento mientras aprieto mi acelerador. Y luego salimos, corriendo lado a lado a través de los giros y vueltas de la pista. Mi naturaleza competitiva está en la superficie, mientras Pedro me gana por una nariz. No puedo oír a los muchachos vitoreándome por el sonido de los motores, pero noto los destellos de sus brazos agitándose frenéticamente en mi periferia al pasar. Llegamos a la siguiente curva y dirijo la nariz de mi carro en primera, tomando la esquina a toda velocidad y pasándolo. Corremos en la recta hacia la línea de meta, superando al otro. Cuando finalmente cruzamos, estoy bastante segura de que gané por la histeria de los muchachos y de Jackson en las líneas laterales.
Grito hasta que mi kart se detiene y salto, incapaz de reprimir una amplia sonrisa en mi cara. Me quito el casco, al mismo tiempo que Pedro lo hace y
cuando me dirijo a él, juro que su sonrisa es tan amplia como la mía. Hago un tonto, pequeño baile de victoria a su alrededor para divertir a los chicos que están haciendo su propia celebración. Él sólo mueve la cabeza, riéndose de mí con una genuina sonrisa despreocupada en su cara.
—¡Ja! —sonrío hacia él— ¿Cómo te gustan las manzanas? —me burlo mientras lo sigo a la pequeña oficina al borde de la pista y fuera de la vista de los espectadores. En el momento en que estamos fuera de la línea de visión de los muchachos, Pedro me da vuelta y me clava contra la pared. Su cuerpo largo y delgado presiona cada curva de la mía como si encajaran como el yin y el yang.
—¿Tienes alguna puta idea de lo excitado que estoy, Paula? —gruñe hacia mí—. ¿Cuánto quiero aprovechar de lo que has estado haciendo alarde delante de mí toda la tarde?
Necesito cada onza de mi concentración para no parecer afectada por él. Cada onza. Arqueo mis cejas hacia él con indiferencia.
—Bueno, tengo la sensación de que tu pene presionando contra mí es una indicación.
—Dios, quiero follar esa sonrisa de tu cara ahora mismo.
Sus palabras sólo incitan mis músculos de la base a apretarse ante la sola idea. Nunca me di cuenta de que el acto de seducir pudiera provocar a partes iguales deseo en ambas partes.
Mis pezones se endurecen ante la sensación de su firme pecho contra ellos. Su aliento acaricia mi cara y sus ojos permanecen encerrados en los míos. Inclina la cabeza hacia adelante y se encuentra con mis labios, su lengua lamiéndolos, y enredándose con la mía. Hay una pasión tranquila en su beso, y me quejo mientras me libera, dejándome con ganas de más.
—No podría estar más de acuerdo, Pauli, pero me tengo que ir... y tengo la sensación de que tu club de fans va a irrumpir por la puerta en cualquier momento. —Toma mi casco de mi mano y lo coloca en la mesa al mismo tiempo que la puerta se abre y los chicos entran disparados a través de ella.
Pedro me mira y arquea las cejas como diciendo: Te lo dije.
Muerdo una risita descuidada cuando veo que todos los chicos llevan paquetes de algodón de azúcar. Mis pensamientos vuelven a mí más que inolvidable experiencia con la confección y con Pedro. Él gime su
reconocimiento, haciendo que mis labios se contraigan con una pequeña sonrisa tortuosa.
—¡Un segundo, chicos! —grito por encima de su ruido estridente mientras tomo una pizca del embudo de Ricky.
Doy un paso hacia Pedro y deliberadamente paso mi lengua por mis labios antes de colocar la dulce pelusa en mi lengua. Cierro los ojos y juego a saborearlo. Cuando los abro de nuevo, los ojos de Pedro se han oscurecido y su mandíbula se mueve con frustración y deseo, la respuesta que estaba buscando.
Me inclino cerca de su oído, a propósito reteniendo cualquier toque de mi cuerpo contra el suyo, mi voz es un susurro seductor sólo para sus oídos.
—Hey, ¿Ace? —Me ve y arquea una ceja hacia mí—. No llevo bragas —sonrío. Él aspira audiblemente una bocanada de aire en comprensión antes de balancear mis caderas un poco más de lo normal mientras me alejo de él.
Lo que no sabe, no le hará daño, pienso mientras imagino la ropa interior de algodón blanco que llevo bajo mis jeans.

No hay comentarios:

Publicar un comentario