martes, 19 de agosto de 2014

SEGUNDA PARTE: CAP 46

Bailamos un par de canciones más. Cada caricia en su contra se suma a la creciente necesidad dentro de mí. Un juego de seducción, que es tentador y sensual, y sentido por ambos a pesar de la falta de palabras.
Las primeras notas del principio de Pony de Ginuine se filtra a través de los altavoces, y el tono sugerente de la canción es demasiado para que Pedro lo maneje. Agarra mi mano y tira de mí con evidente propósito a través de la multitud en la pista de baile. La impaciencia, la necesidad, y la determinación irradian fuera de él y vibran en mí cuando se detiene al pie de las escaleras. Cada parte de mi cuerpo está en estado de alerta cuando pone su mano en mi espalda para instarme a subir los escalones. Estoy en el primer escalón cuando él gira a mi alrededor y atrapa mi boca en un beso abrasador lleno de urgencia.
Ataca mi boca con propósito definido, destruyendo completamente todas las esperanzas de autodisciplina cuando se trata de él. Pero antes de que pueda ceder a la tentación en mis manos y reaccionar con entusiasmo, termina el beso tan abruptamente como lo empezó, dejándome con ganas de más al punto de rogar.
Comienza a subir las escaleras, mi mano está en la suya mientras lo sigo. Cuando llegamos a la cima donde está Sammy, Pedro se inclina y le dice algo al oído que la música ahoga.
Sammy asiente y gira sobre sus talones, Pedro y yo vamos detrás de él.
Llegamos a la sexta y última sala VIP del balcón, y yo sigo a Pedro, parándome y mirando el club adelante. Echo un vistazo por encima de mi hombro para ver a Sammy guiando a sus amigos para que salgan de la última sala antes de mirar de nuevo a Pedro. Sus ojos se centran en la multitud entonces, con la mandíbula apretada, y me pregunto si hice algo malo para molestarlo.
Estoy un poco desconcertada. ¿Qué demonios hice? ¿Él va a elegir este momento para estar enojado? Supongo que debería estar acostumbrada a sus confusos estados de ánimo de ida y vuelta, pero no lo estoy. Permanecemos en silencio esperando por lo que Sammy está haciendo, y me resigno a que es muy
probable que haya una pelea en el horizonte para nosotros. ¿No podemos tener solo una noche sin una?
Sammy se inclina hacia el oído de Pedro y le dice algo, y entonces estamos en movimiento de nuevo. Pedro me lleva de la mano a la sexta y ahora vacante área VIP. En el momento en que llegamos a la pared y estamos lejos de la vista de cualquier persona, el cuerpo de Pedro choca contra el mío de forma instantánea, sujetándome fuertemente contra la pared.
Sólo tengo tiempo para un pensamiento coherente antes de que el sabor de Pedro me hunda. Él no está enojado conmigo. Ni un poco. Está consumido por el deseo.
Todo el calor y la urgencia del beso en las escaleras se intensifica y algo más. Nuestros dientes chocan y nuestros cuerpos coinciden mientras su lengua se empuja a través de mis labios y lame mi boca. Sus manos están en todas partes de mi cuerpo a la vez, cada toque quema mi necesidad y dispara el deseo como una inyección desde mi centro.
Lo necesito en mí, llenándome, moviéndose dentro de mí, ahora como necesito mi próximo aliento.
Su lengua continúa su asalto atormentado mi boca, sus manos buscan mi carne desnuda mientras las palabras de la canción son un combustible de deseo libre entre nosotros. Se agacha y levanta mi pierna hasta su cadera, sus manos se deslizaron arriba y debajo de mi dobladillo. Dedos desesperados se hunden en mi dispuesta carne.
Su mano está tan cerca pero tan lejos de donde la necesito que lo único que puedo hacer es gemir con una mezcla de frustración y de necesidad. Él muerde mi labio inferior, seguido por la suave caricia de su lengua, motivándome para apretar mis manos en su pelo. Yo tiro de él, mi manera silenciosa de decir que lo necesito también. Lo quiero tan desesperadamente.
Aquí mismo. Ahora mismo.
Se aparta alejándose de mí, su pecho sube y baja con su respiración dificultosa y sus ojos se clavan en los míos a pesar de la niebla de lujuria en ellos.
—No me gustan que todos esos tipos bailen alrededor de ti —dice, con la voz tensa y juguetona a pesar del deseo violento que veo de rabia en sus ojos.
—Pusiste atención, ¿verdad? —bromeo con aliento entrecortado, sorprendida por sus celos.
—Cariño, si quieres mi atención... —Él sonríe, sus manos toman mi trasero y tira de mí hacia él, la cresta de su erección se presiona deliciosamente en mi suavidad—, todo lo que tienes que hacer es pedirlo.
—¿Y alejarte de tu aduladora multitud de amigos? —bromeo, arqueando las cejas hacia él, mi sarcasmo es evidente.
—¿Así que prefieres ir a bailar en medio de una multitud de hombres al azar?
Tomo aliento mientras él mueve sus manos a los lados de mi torso y se detiene junto a mis pechos. Mi cuerpo está tan reprimido, tan en el borde de necesidad que responde al instante cuando consigue el toque que ansía. Sus pulgares conectan con mis pezones y los tensan al instante mientras los frota arriba y abajo. Inclino mi cabeza hacia atrás, cerrando los ojos, y me permito ser tragada por la sensación que el trazo de sus pulgares crea. Mi cabeza está en las nubes, tratando de pensar en una respuesta ingeniosa a esas bromas de juegos previos entre nosotros.
—Te atrapé ahí, ¿no es así? —Lo tiento, pasando la lengua por su labio inferior—. Sólo piensa en eso como un medio para un fin, Ace.
Pedro mueve los pulgares arriba y abajo una vez más, por lo que seguro tiene mi atención.
—Oh, nena —murmura—, el único fin que se pegará a ti, es el mío. —Se inclina para morder mi labio inferior antes de regresar para mirarme a los ojos, con una mano apretando mi seno posesivamente—. Mía.
La intensidad de sus ojos me impide reír. Me apoyo en él, mi mano extendida para pasarla sobre la cresta de su erección y tomarla a través de sus pantalones. Y no estoy segura de dónde viene mi descarada confianza, pero levanto mi boca hasta su oreja y susurro justo por encima del ruido.
—Demuéstralo.
Pedro emite un gemido ahogado, y en un instante agarra mi cabeza y me mantiene quieta mientras su boca choca contra la mía antes de apartarse demasiado pronto.
—Vamos —dice, tirando de mí con él mientras camina hacia atrás a una de las sillas en el fondo de la sala. Se sienta y tira de mí hacia él. —Siéntate a horcajadas sobre mí —ordena, y la necesidad en mí es tan abrumadora que
obedezco sin pensarlo dos veces. Me subo el vestido hasta mis muslos y pongo mis rodillas a cada lado de él, bajando mi centro sobre su regazo.
Él me mira, con una sonrisa maliciosa en su rostro que me hace querer ganarme la mirada que me está dando. Con sus ojos fijos en los míos, coloca sus manos sobre mis rodillas desnudas y pasa las manos por mis muslos. Cuando llega a mi dobladillo, sólo sigue empujando mi vestido. Mis labios se abren a su desenfrenado avance, y en un momento rápido de modestia, volteo sobre mi hombro a mirar la puerta para asegurarme de que nadie está mirando.
—No te preocupes —susurra Pedro, con una necesidad sin restricciones forzando su voz—. Sammy está protegiendo la puerta. No dejará que nadie entre.
Me siento aliviada y sin embargo incómoda con la idea de que Sammy sepa o pueda asumir lo que estamos haciendo aquí. Mi preocupación cae en el camino, porque las manos de Pedro aprietan mis muslos, y yo instintivamente los abro más mientras la necesidad truena a través de mi cuerpo.
—He querido follar este dulce coño tuyo durante toda la noche. —Su voz ruge en mi oído—. Desde que vi tus pezones apretados contra tu camiseta. Desde que te vi bailar, burlándote de mí con ese cuerpo sexy tuyo. —Pasa sus pulgares sobre mis bragas húmedas y yo siento un escalofrío, su toque es como un rayo en mi sexo—. Quiero sentirte en el interior. Quiero sentir tu liberación cubrirme cuando te follo. Quiero escuchar el sonido que haces cuando te pierdes. Y. No. Puedo. Esperar. Más. —Me aprieta entre besos juguetones.
Y luego, finalmente, me da lo que anhelo. Su boca captura la mía, separando mis labios y reclamando toda mi reacción. Al mismo tiempo un pulgar tira de mis bragas a un lado y el otro encuentra mi clítoris. Una ráfaga de indescriptibles sacudidas de placer me atraviesa con su toque, sus labios asfixian el gemido que provoca en mí.
Hundo mis dedos en la carne de sus musculosos hombros, sin importarme si mis uñas lo marcan. Su lengua se adentra en mi boca, una exploración lánguida que es profunda y seductora mientras sus dedos abren mi hendidura y se burlan con habilidad para que cada parte de mí se apriete con un frenesí de necesidad. Su mano se desliza hacia abajo, donde se extienden mis piernas, y moja sus dedos con mi evidente excitación antes de que se deslicen hacia atrás para cubrirme. En su caricia hacia abajo, no se detiene sino que mete dos dedos dentro de mí.
Doy un suspiro entrecortado ante la sublime sensación, desesperada por esto y la anticipación de lo que está por venir. Sus dedos comienzan a moverse
dentro de mí y doblo las caderas lo mejor que puedo, abriéndome a él para que pueda tener acceso completo. Cierro mis ojos, mi cabeza está hacia atrás mientras el éxtasis de su toque amenaza con abrumarme.
—Maldito Cristo —se queja contra la suave piel de mi garganta—. Nena, estás tan jodidamente mojada para mí. Tan lista. Me pone tan jodidamente duro por ti. Vente por mí. Vente para que pueda hundirme en ti cuando todavía estés montando tu orgasmo.
Sus descaradas palabras me seducen, empujándome hacia el borde. Las sensaciones que sus dedos provocan hacen que me olvide que estamos en un club nocturno público, pero al mismo tiempo, lo sé. Lo sé porque la emoción de estar donde podemos ser atrapados tan fácilmente, aumenta mi excitación, hace que me dé cuenta de cada roce y movimiento de su cuerpo contra el mío. Cada roce de carne contra carne.
Sus labios se burlan de la curva de mi cuello mientras con la otra mano me da la fricción que necesito en mi clítoris para empujarme al delgado borde de la cordura. La intensa oleada de calor me golpea, hundiéndome bajo sus olas ondulantes mientras me fragmento en lo que se siente como un millón de piezas. Dejo caer mi cabeza en el hombro de Pedro, mi ritmo cardíaco esta acelerado y mi cuerpo punza con el placer orgásmico que pasa a través de mí. Tomo respiraciones cortas e intensas mientras él retira sus dedos y forcejea con su cremallera entre mis piernas.
Antes de que tenga tiempo de recuperarme, está guiando mis caderas hacia arriba y colocándose en mi entrada. Estoy tan perdida en el momento, en el placer, en Pedro, que el mundo exterior deja de existir.
Ahora soy yo y Pedro y la necesidad carnal encendiendo un infierno entre nosotros. Cuándo estamos así, conectados como uno solo y absortos en sí mismos, me olvido de todo lo demás. Su sabor, su olor, su dominio de mis sentidos, son mi único enfoque.
Me hundo lentamente sobre él, sintiendo cada centímetro de su grosor mientras bajo mis caderas hasta que estoy completamente sentada.
El gruñido áspero de Pedro en respuesta y sus dedos clavándose en mis caderas son la única reacción que necesito. Me inclino hacia delante y cubro su boca con la mía mientras me muevo lentamente sobre él, su cuerpo se tensa mientras el mío se aprieta a su alrededor en aceptación. Continúo con mi movimiento, deslizándome arriba y abajo de su torturada longitud. Mis manos
pasan sobre los tensos músculos de su espalda, y mi lengua lo persuade y demanda para que tome todo de mí porque no quiero tener nada menos que la totalidad de él.
Sus manos me empujan y tiran de mí en cada una de sus embestidas. Estoy tan concentrada en darle todo lo que necesita, todo lo que quiere, que ni siquiera me doy cuenta de que mi cuerpo se ahoga en el calor del líquido que me llena. De Pedro con la cara tensa y con las fosas nasales abiertas, una señal segura de su gran placer e inminente clímax. Su gruesa longitud crece dentro de mí, extendiéndome cuando empuja en mí la siguiente vez, detonando una explosión de sensaciones. Arrebata dentro de mí un par de veces más y luego sus manos agarran mis caderas con fuerza, sosteniéndome mientras su orgasmo se precipita a través de él. Echa la cabeza hacia atrás, con la boca abierta mientras su destrozado gemido llena nuestro espacio inmediato antes de ser ahogado por los sonidos repetidos del club.
Miro su rostro, las reacciones de su liberación parpadean en sus rasgos cuando me pega lo que acabo de hacer. ¡Mierda! ¿En qué diablos estoy pensando, y quién se llevó a mi verdadero yo y trasplantó a esta mujer desenfrenada en mi lugar? Empiezo a moverme fuera de Pedro cuando él me detiene para no romper nuestra conexión. En cambio, se estira y se reúne conmigo contra él, me sostiene por un dulce e inesperado momento antes de besar la parte superior de mi cabeza y luego la punta de mi nariz.
Nos limpiamos y arreglamos nuestra apariencia desaliñada sin hablar. Me pongo inquieta y molesta cuando Pedro agarra mi mano y la aprieta hasta que miro sus ojos. Una lenta sonrisa curva las comisuras de su boca mientras me tira hacia él antes de dar un casto beso en mi boca. Sacude la cabeza hacia mí.
—Siempre estás llena de sorpresas, Pauli.
Y tú eres la mayor sorpresa de todas.
Bebo a sorbos mi bebida mientras estoy sentada atrás con Lina en el salón VIP, mi cuerpo se balancea sutilmente con el ritmo de la música debajo. Necesito un pequeño descanso de estar sobre mis pies, mis zapatos comienzan a cobrar su precio. Veo a Sammy cuidando las escaleras y aparto mis ojos de inmediato, avergonzada de las conclusiones que se dibujan en cuanto a la naturaleza menos inocente de Pedro y de mi tiempo a solas con él.
Oigo un grito agudo mientras Sammy trata de evitar que alguien suba por las escaleras.

Pedro, quien está inmerso en una conversación, vuelve la cabeza hacia el alboroto. Da un paso atrás para ver quién es y una gran sonrisa se extiende por su cara antes de hacerle una seña a Sammy para que deje a quien sea que suba. Mi curiosidad está definitivamente despierta cuando veo a uno de los chicos con el que está hablando empujarlo en felicitación.
Tanto Lina como yo volteamos justo a tiempo para ver el par más largo de piernas que he visto en lo que creo que es la falda más corta que jamás se ha hecho ir hacia Pedro. El resto de la mujer es igual de espectacular mientras sacude la cabeza, lanzando su larga melena de pelo rubio sobre su hombro para que caiga justo sobre su trasero perfectamente exhibido.
Ella agarra a Pedro en un abrazo más fuerte de lo necesario, sus labios besan la comisura de su boca, mientras se inclina hacia atrás, con una enorme sonrisa en su rostro perfecto. Es cuando la veo que tomo una respiración, al darme cuenta de quién es. El reconocimiento cae en Lina al mismo tiempo, y ambas nos miramos a la otra con sorpresa. Es Cassandra Miller, la actual favorita de Hollywood, así como la última Playboy de la página central de celebridades. Y a pesar de que terminan su saludo, sus manos todavía descansando en los bíceps de Pedro, su cuerpo está perfectamente realzado frotándose contra el suyo con la mano de él apoyada cortésmente en la parte baja de su espalda.
Estoy sorprendida por la punzada en mi estómago al verlos juntos. Nunca he sido una persona celosa pero, por otra parte, nunca he estado con alguien que lo consume todo como Pedro Alfonso.
No me gustan sus manos sobre él. En absoluto.
Mío. Él me lo dice que todo el tiempo. Es una de esas declaraciones posesivas que curiosamente encuentro tan excitantes. Y en este momento, nada me gustaría más que moverme entre ellos dos y declarar mi reclamación en Pedro como él lo hizo antes conmigo en TAO.
Pero no me muevo. Me siento y los miro interactuar, hablar, su risa estúpida y sus pestañas moviéndose a un ritmo ridículamente rápido mientras mantiene su mano sobre él. ¿Por qué no puedo moverme?
Y entonces me doy cuenta. Son impresionantes juntos. Absolutamente impresionantes y esto es lo que la mayoría espera que sea: la bomba rubia, la fantasía de muchos hombres con el devastadoramente guapo playboy, el deseo de las mujeres de todo el mundo. La imagen perfecta de la pareja de los estándares de Hollywood. Él pudo haber venido aquí conmigo, e irse conmigo,
pero como cada mujer, tengo mis propias inseguridades sobre mi aspecto y atracción sexual.
Y ahora mismo, viendo a la belleza rubia luego de vuelta a mí, esas inseguridades acaban de ser puestas en exhibición para que todos las vean. Para que todo el mundo las controle. Aunque soy la única que parece estar haciéndolo.
Llevo mis dedos a mis labios con el pensamiento y como un gato que se comió al canario una sonrisa comienza a extenderse por mi cara.
Jodida inseguridad.
A la mierda con las rubias perfectas de piernas largas.
A la mierda lo seguro.
Cierro los ojos un momento, recordando la sensación de la barba de Pedro raspando contra la piel de mi cuello, sus dedos haciendo moretones en mis caderas mientras me ayudaba a moverme sobre él, la expresión de su cara mientras se acercaba, la leve desesperación con la que me abrazó después en la sala justo al lado de donde estamos sentadas ahora.
Recuerdo la advertencia de Beckett, de que tratar de controlar a Pedro es como tratar de agarrar el viento. Él tiene el título de playboy por una razón. El poco tiempo que hemos estado juntos no va a cambiar eso. Las mujeres siempre estarán atraídas por él, deseándolo.
Cassandra obviamente lo hace. Ella es un claro indicativo de su constante y conmovedora monopolizada demanda de su atención. Por la forma en que ella se inclina para hablar con él, moviendo la mano en su pecho, dejándola allí mientras él pone su boca en su oreja como respuesta.
No seré irracional y negaré el hecho de que estoy un poquito celosa, el alcohol en su mayoría probablemente alimenta mi inseguridad. O tal vez sólo estoy hormonal... No lo sé. Soy una mujer, la inseguridad es sólo parte del curso en el gran esquema de las cosas.
Resoplo una carcajada. Lina me mira como si me hubiera perdido.
—¿Estás de acuerdo con...? —Ella levanta la barbilla en dirección de  Pedro y Cassandra.
Miro un momento más antes de asentir.

—No es que tenga que preocuparme porque él la vea desnuda. —Me río, en referencia a su extendido modelo de Playboy—. Una gran parte de la población masculina ya ha hecho eso y probablemente se han masturbado con ella.
Lina se ríe a carcajadas y niega hacia mí. Creo que está un poco sorprendida por mi falta de reacción.
—Es cierto. Por lo menos no tienes grapas en el centro de tu cuerpo.
—Así es. —Sonrío—. Tengo a Pedro en su lugar. —Me encanta la mirada de asombro en su rostro cuando me bebo el resto de mi bebida—. Necesito un chupito y quiero bailar. ¿Vienes? —Salgo de la cabina sin mirar para ver si ella está siguiéndome o no.
Después de beber nuestros tragos dobles de tequila, Lina y yo bajamos las escaleras y entramos en el caos rítmico de la pista de baile. Canciones va y vienen mientras bailamos, y después de un par, me detengo mirando hacia el balcón de arriba para ver si Pedro me está mirando. Sé que no lo hace.
Ese hormigueo en mi piel que me advierte de su presencia está casi ausente.
Tengo sed y necesito un respiro, por lo que le hago un movimiento a Lina de que voy al bar para tomar otra copa. Algo para ayudar a amortiguar el borde sordo de la inseguridad que sigue teniendo mis pensamientos como rehén.
Hago mi camino hasta la barra apretándome a través de la multitud, y me preparo para esperar cuando me doy cuenta de las numerosas personas en la fila. El hombre a mi lado intenta iniciar una conversación conmigo arrastrando las palabras, pero yo sólo sonrío educadamente y muevo mi cuerpo lejos del suyo. Concentro mi atención en observar a los camareros hacer su camino lentamente hacia debajo de la barra con una orden cada vez.
El hombre a mi lado lo intenta de nuevo, agarrando mi brazo y tirando de mí hacia él, insistiendo en que me va a comprar una bebida. Encojo el brazo de su agarre con una negativa irritada pero educada. Creo que captó la indirecta, pero me demuestra lo contrario cuando pone la mano en mi cadera y enérgicamente me tira contra su costado.
—Vamos, preciosa. —Respira en mi oído, el alcohol en su aliento rancio me repele. Mi malestar crece, el pelo en la parte de atrás de mi cuello está empezando a erizarse—. Nena, puedo mostrarte lo que es un buen momento.

Empujo su pecho, tratando de separarme de él, pero aprieta su control sobre mi cadera. Me dirijo a la multitud en busca de la ayuda de Lina cuando el brazo del tipo sale repentinamente de mí.
—¡Quita tus malditas manos de encima de ella! —Oigo el rugido de un golpe antes de que el puño de Pedro conecte con su mandíbula. Su cabeza se mueve bruscamente hacia atrás y el hombre se tambalea y tropieza con la pierna de una persona, aterrizando en el suelo. A pesar de mi aversión por la violencia, un escalofrío de alivio corre a través de mí al ver a Pedro.
Incluso antes de que pueda reaccionar más allá de gritar—: ¡Pedro, no! —Uno de los amigos del hombre lo golpea.
Su puño rebota en la mejilla de Pedro. Trato de correr hacia él, pero mis pies están pegados al suelo. La adrenalina, el alcohol, y el miedo por supuesto corren a través de mí. Con la velocidad de un rayo, Pedro mueve el brazo hacia atrás para dar otro golpe, con asesinato en sus ojos y un rostro inexpresivo. Antes de que pueda tomar represalias, los brazos de Sammy van a su alrededor y lo retiran.
La rabia de Pedro es evidente. Una vena pulsa en su sien, su rostro es una mueca de moderación, y sus ojos queman un aviso amenazante.
—Es hora de irse, Pepe—le grita Beckett, con una mirada resignada en su rostro estoico—. No vale la pena la demanda que tratarán de hacerte si les das una bofetada con... —Y luego veo a Lina y a varios otros tipos del equipo en la periferia. Los chicos todavía echan humo, pero más Pedro es retenido por los brazos y es alejado por Sammy. Una vez que Sammy sabe que Pedro está cuidado, se dirige a los hombres, eclipsándolos con su enorme tamaño, con una mirada de desprecio despreocupada en su cara como si les dijera: “Tomen una foto, los reto”. Ellos lo miran y luego uno al otro antes de dispersarse más rápido que seguridad abriéndose paso hacia nosotros.
Me quedo ahí agitada hasta que Sammy pone su brazo alrededor de mí y me acompaña fuera del club.



3 comentarios:

  1. Wowwwwwwwww, qué geniales los 2 caps!!!!!!!!!!

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  2. Bue se pudrio todo!! Jaja siempre tirne q haber algun gato dando vueltas y algun desubicado...me encantó el ataque de celos de pp! mimiroxb

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  3. Buenisimo!!! Segui subiendo!!!

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