—¿Stella? —La llamo desde la puerta de mi oficina—. ¿Stella? ¿Qué pasó con mi agenda para hoy?
Bajo mi muy cansada y dolorida cabeza a mis manos y descanso allí mientras trato de encontrar la manera de hacer malabares con todo lo de esta semana: las proyecciones del presupuesto, horarios, reuniones de proyectos, además de la habitual rutina diaria. Y ahora, sólo puedo esperar que el repentino bloqueo para una cita de cuatro horas en mi agenda para después de la comida, sea solo un error de la computadora. ¿Por qué no ha introducido ningún detalle Stella? Juro que no estaba allí hace treinta minutos. Tal vez había mirado el día equivocado.
—Mierda —murmuro en voz baja mientras me froto las sienes para aliviar el comienzo de un dolor de cabeza.
Espero que no sea una de las sesiones interminables de reunión creativa de Teddy. Nuestro optimismo se había probado temprano en la semana, cuando se demostró que las nuevas proyecciones presupuestarias carecían de fondos debido a los cambios en las leyes de seguros en el estado de California. Y puesto que ya nos habíamos aprovechado de todos los fondos recaudados, estábamos cruzando los dedos y esperando a que el equipo de Pedro tire a través de los patrocinios necesarios para mantener todo en marcha. Miro mi agenda de nuevo, refrenando mi impaciencia por la falta de respuesta de Stella y recuerdo la acusación de Lina cuando la había intentado morder más temprano esta mañana.
—Ooooh, alguien está teniendo abstinencia de Pedro —me reprendió mientras añadía crema a su café.
—Cállate —murmuré, empujando mi panecillo en la tostadora con más fuerza de la necesaria.
—Supongo que entonces es culpa del tostador de que estés molesta. —Le lancé una mirada de muerte, pero su única respuesta fue una sonrisa molesta—. Mira, lo entiendo. Has estado tan acostumbrada a follar hasta esta semana que
cuando te has quedado atascada en esta semana estas más allá de sexualmente frustrada. Te has acostumbrado a tener sexo increíble con regularidad, y ahora que él se ha ido para ¿qué? ¿Nueve días?
—Ocho —le espeté.
—Sí. —Ella se echó a reír—. Pero no es como si lo estuvieras contando ¿cierto? Y ahora mamá necesita conseguir algo que la haga feliz. —Sofoco mi sonrisa a pesar de que le estoy dando la espalda—. Cristo, Paula, está lejos la cosa real, pero usa el Skype y conseguirás dejar de ser una perra!
—Quién dice que no lo he tenido ya? —respondí tímidamente, muy feliz de que ella no viese el rubor que se arrastraba sobre mis mejillas al recordar mi charla de anoche con Pedro. Oh las maravillas de la tecnología.
—¡Bueno maldición! —Ella golpeó la mesa de la cocina—. Por lo menos alguien está haciendo algo en esta casa esta semana. —Ella se echó a reír. Cedí y finalmente me giré, mi risa uniéndose a ella. Se llevó la copa a los labios de nuevo y me miró mientras ella soplaba para enfriar el café humeante—. Estoy feliz por ti, Paula. Muy contenta. El hombre te mira como si fueras la única mujer en el mundo. —Cuando me reí de ella diciéndole que estaba completamente equivocada, ella continuó—.Pedro te ha puesto esa chispa de nuevo en los ojos. Te ha hecho confiada y segura de ti misma de nuevo. Él ha hecho sentirte muy sexy... no me mires así —me dice cuando pongo los ojos en blanco—. He visto la ropa interior colgada secando en tu cuarto de baño, hermana, así que ni siquiera trates de negarlo. ¡Me encanta! Así que, ¿cuándo vuelve el guapo semental de todos modos?
—Dos días más —suspiré.
—¡Gracias a Dios! Entonces, puedes dejar de ser una perra delirante —bromea con una sonrisa—. ¡Tienes que ser una chica mala!
—Lo sé. Lo sé. —Le lancé una rápida sonrisa mientras metía mi almuerzo en mi bolsa, sabiendo que las siguientes cuarenta y ocho horas se iban a arrastrar en un gran tiempo—. Me tengo que ir antes de llegar tarde. Te quiero. Adiós.
— Te quiero, adiós.
Tomo una profunda respiración mientras me sacudo a mí misma de mi ensueño. Lina tiene razón, lo tengo muy mal. Giro en mi silla y llamo de nuevo a Stella.
—¿Sí?
—Ahí estás... Hey ¿qué pasa con este encuentro ocupando toda mi tarde? —Trato de mantener la irritación de mi voz, pero es difícil. He estado trabajando sin parar desde el domingo y sólo quiero la tarde para ponerme al día.
—Hum, no estoy segura.
¿Qué? ¿Quién tomó a mi asistente excesivamente eficiente y la escondió?
—¿Qué quieres decir con que no estás segura?
—Bueno... —Tengo la sensación de su malestar, incluso a través de su voz por el interfono—. Quiero decir…
—¿Para qué es?
—Bueno, alguien de PAE llamó y me pidió que limpiara tu agenda para una reunión muy importante sobre el programa de patrocinio. Teddy estaba aquí cuando me llamaron y dio el visto bueno. Dijo que te lo diría... y supongo que por el sonido de tu voz, ¿que no lo hizo?
Mi corazón se acelera ante la mención de la empresa y luego se desinfla al saber que Pedro no va a estar allí. Y entonces mi mente comienza a girar y mi corazón se acelera porque tengo la sensación de que esto significa que voy a tener que estar cara a cara con Tamara y su equipo. Justo con la persona que menos quiero pasar cuatro horas confinadas en una habitación.
—No, no lo hizo. ¿Estás jodidamente bromeando? —digo antes de poder pararme.
—No. —Ella sonríe con simpatía, sabiendo que he estado quemando la vela por ambos extremos—. Lo siento. Sé que el día estaba lleno, pero fui capaz de mover todo a tu alrededor. Te he dejado un mensaje de voz... supongo que no llegaste oírlo tampoco, ¿eh?
—Ni siquiera he tenido la oportunidad de escucharlos desde que los revisé esta mañana.
—Bueno, al menos puede que veas ese trozo caliente de hombre ¿hmmm?
Me río abiertamente ante su comentario, sabiendo que los rumores se arremolinan alrededor de la oficina sobre lo que Pedro y yo hacemos o no hacemos. No tengo que justificarme ante ninguno de ellos, excepto para decir que asistimos juntos a la gala para promover el patrocinio, a pesar de lo que dice el título de People. No estoy segura de si alguien me cree o no, y honestamente
estoy demasiado ocupada para preocuparme, pero estoy segura de que el refrigerador de agua ha sido un lugar muy concurrido en los últimos tiempos.
—Nah. Cuando hablamos la semana pasada mencionó que estaría fuera de la ciudad durante la semana para una especie de gira promocional —miento.
—Es una lástima —murmura—. Mirarlo durante una reunión de cuatro horas sería definitivamente poner un poco de ánimo en el paso de cualquiera.
Su carcajada me llega a través de la línea, y puedo oír su eco en estéreo fuera de la puerta de mi oficina.
—Eres incorregible, Stella. ¿A qué hora tengo que estar allí?
—Van a enviar un coche para usted. Estará aquí en poco menos de treinta minutos.
¿Envío de un coche? Tamara probablemente quiere asegurarse de que no tengo ninguna manera de escaparme de sus malvados planes para mí. Resoplo una risa en mis pensamientos y llevo una mano para cubrirme la boca para sofocarlo.
—Está bien, Stell... No me gusta, pero creo que no tengo más remedio, ¿no?
—No. —Ella concuerda antes de desconectar la línea.
—¡Jodidamente asombroso! —murmuro en voz alta antes de coger un Tootsie Roll en la taza de mi escritorio. Creo que voy a necesitar una gran cantidad de ellos para ayudarme a enfrentar el resto de la tarde.
* * *
—Ya casi estamos ahí —dice Sammy desde el asiento del conductor—. Unos diez minutos más.
—Está bien. Gracias, Sammy —murmuro mientras estoy sentada en un hermoso SUV de clase G. Este debe ser otro más de su colección de coches. Lucho con la sonrisa que quiere aparecer. No me importa cuántos tiene, Sexo es sin duda mi favorito.
Sammy me mira por el espejo retrovisor, y le sonrío. Me sorprendió que fuese él, el que viniese a recogerme. Se lo dije, expresándole mi sorpresa de que Pedro lo haya dejado atrás en este viaje. Pensé que eran inseparables. Sammy me dio un encogimiento de hombros sin compromiso y sin decir una palabra. Y
ahora mi hiperactiva imaginación comienza a vagar en el viaje, y empiezo a preocuparme por Pedro. ¿Y si necesita ayuda para mantener a algún loco, fanático irracional de él y Sammy no está allí para ayudar a protegerlo? Niego con la cabeza, diciéndome que estoy loca. Pedro me confesó que él era rápido en los enfrentamientos de joven. Estoy bastante segura de que podría defenderse solo, si lo necesita.
Mi teléfono suena por un mensaje y lo saco de mi bolso, una sonrisa se extiende en mi cara cuando veo que es de Pedro.
Beckett me regañó por no darte gestos románticos. Él dice que tengo que darte flores y variedad de poesía. Esto es a lo más cerca que llego y lo mejor que se me podría ocurrir. “Las rosas son rojas. Las violetas son azules. Sentado en Nashville. Pensando en ti.”
Me río a carcajadas con la imagen de Beckett y Pedro sentados en Nashville y teniendo una discusión acerca de mí. Puedo ver claramente a Pedro rodando los ojos con la gran recomendación fraternal de Beckett de darme gestos románticos, a la vez que constituyen una rima de guardería para enviármela. Rápidamente abro la web en el teléfono buscando las diferentes versiones del poema preescolar. Después de unos pocos links diferentes, encuentro el perfecto.
¡Qué dulce! Y dijiste que no hacías lo del romance. Todavía está mi corazón haciéndolo latir. Esas deben de ser unas reuniones muy aburridas. Ahora, tengo uno para ti. Las rosas son rojas. Las violetas son azules. Estoy usando mi mano, pensando en ti. Xx.
Sonrío mientras lo envío, satisfecha con mi respuesta ingeniosa y deseando poderle ver la cara mientras lo lee. Pasan un par de minutos cuando mi teléfono suena de nuevo.
Mi pene está duro como un adolescente. Ahora me tocar escribir con una sola mano: Las rosas son rojas. Los limones son agrios. Si abres las piernas, voy a estar allí en una hora.
Me muerdo la risa que brota de mi garganta, apretando juntas mis rodillas para ahogar el dolor que nuestro pequeño tête-à-tête de textos ha despertado. Miro hacia arriba y me encuentro con los ojos de Sammy en el espejo, mis mejillas
se sonrojan como si supiera lo que estoy leyendo y los malos pensamientos que estoy pensando. Rápidamente aparto mis ojos y respondo
Un completo poeta, Ace. Es una lástima que no estés aquí. El vuelo dura al menos cuatro horas. No sé si puedo esperar tanto. Debería cuidar de mi misma. xx tengo que irme. Necesito mis manos para otras cosas ahora.
Doy a enviar mientras entramos en el estacionamiento de un gran edificio de un anodino gris, de tres plantas con un exterior de vidrio espejado. El edificio se extiende por la mayor parte de la manzana, y el único marcador que denota sus ocupantes son las letras “Empresas PA” en azul eléctrico en la fila superior de las ventanas.
—Aquí estamos —murmura Sammy y mi ansiedad aumenta ante la idea de tener que sentarse frente a Tamara. Cierro los ojos un momento e inhalo un largo suspiro, mientras que Sammy se mueve a mi lado del coche para abrir la puerta. Tengo que mantener la calma con Tamara porque lo último que necesito es ser conocida como la perra novia de Pedro. Doy gracias a Dios que he tenido mi pequeña distracción con los mensajes de texto para aliviar el temor.
En unos momentos me ha llevado a una entrada lateral y me dirige por las escaleras hasta la sala de conferencias de espera.
—Alguien te vendrá a buscar en un momento —dice mientras se va.
—Gracias, Sammy.
—Ha sido un placer, Sra. Chaves.
Me vuelvo y evalúo la sala de conferencias a la que he sido conducida. Hay una mesa larga, típica mesa de conferencias en medio de la habitación con las paredes pintadas de un color café caliente, pero el punto focal de la habitación es la pared opuesta a la puerta. Es una pared de cristal tintado y, mientras me acerco a ella, me doy cuenta de que la abertura mira hacia un enorme garaje.
Alrededor de varios coches de carreras hay un frenesí de actividad de hombres moviéndose aquí y allá. El chasquido de cajas de herramientas en línea azul cobalto de una pared del garaje con un carril de silla de clases, hechas de placa de diamantes de acero inoxidable a través de toda la sección media, con varios carteles y pancartas por encima de ella en la pared. Me acerco, fascinada y siento la energía de toda la actividad de abajo.
—Las rosas son rojas. Las violetas son azules. —La voz a mi espalda me asusta, pero me doy la vuelta rápidamente conociendo esa voz áspera en cualquier lugar—. Más vale que sea sólo mis manos sobre ti.
—Pedro. —Su nombre sale deprisa sin aliento de aire y a pesar de que todos los nervios de mi cuerpo hormiguean con su proximidad, los pies quedan cementados al suelo. Juro que mi ritmo cardíaco se duplica al verlo, y aunque mi intención es mantener la calma y la máscara en las emociones que causan estragos en mi sistema, no me ayuda la amplia sonrisa que se extiende sobre mis labios.
—¡Sorpresa! —exclama, levantando sus brazos hacia los lados. Él entra en la habitación y cierra la puerta detrás de él.
El verlo en carne y hueso, me hace darme cuenta de lo mucho que lo he echado de menos. ¿Cómo en un espacio tan corto de tiempo, me he acostumbrado a él, que ya es una parte de mi vida en mi día a día? Los dos tomamos un paso hacia el otro, bebiendo del otro. La mirada hambrienta en sus ojos me roba el aliento y alude a cosas que hacen que me duela el centro con calor líquido.
Mis ojos se mueven hacia su boca sensual. Se arquea en una esquina, como si sus pensamientos no fuesen exactamente puros e inocentes. Y espero que no lo sean, porque entonces estarían coincidiendo con los míos.
Mi cuerpo vibra con su cercanía, lo que confirma que el tiempo no ha hecho nada para frenar el instante tirón que tiene sobre mí. Superé hace mucho tiempo el andar con cuidado para no enamorarme de él y ahora estoy hundida hasta la cabeza.
Nuestros ojos se cierran a medida que poco a poco cerramos la distancia entre nosotros, y sé que no es posible, pero en ese instante juraría que veo un destello de mi futuro en sus ojos. La revelación me inquieta y libera a las mariposas que revolotean por mi estómago.
Nos detenemos a un pie del uno del otro, y él inclina la cabeza para que mis ojos queden en los suyos.
—Hola, Ace. —Le sonrío, mi pulso aun saltando erráticamente.
—Hola —articula, volcando una sonrisa tímida en la comisura de sus labios. Nos miramos el uno al otro por un instante, y antes de que pueda procesar ni siquiera pensar, las manos de Pedro se enredan en mi pelo, tirando de mí hacia adelante, con sus labios reclamando los míos.
Él sabe a menta y a urgencia y todo es Pedro, y a pesar de que me estoy ahogando en él, todavía me parece que no puedo obtener suficiente. Su lengua lame en mi boca y se burla, tirando hacia atrás y lanzándose de nuevo.
Su boca capta mi gemido cuando él baja su mano en mi espalda y las mete bajo mi falda y suéter para deslizar sus callosos dedos contra mi piel desnuda mientras presiona contra mí la dura longitud de su cuerpo. Y justo cuando el beso empieza a ablandar y a ponerse tierno, Pedro domina mi boca de nuevo, convirtiéndose en una serie de toques y movimientos como si nosotros no pudiésemos sentir lo suficiente el uno del otro.
Él rompe el beso, con la frente apoyada en la mía y la respiración jadeante contra mis labios.
—No podía dejar que recurrieses a la mano, Paula —murmura, y puedo sentir sus labios formando una sonrisa mientras se presionan contra los míos, sofocando la risa despreocupada que sus palabras incitan—. Ahora eres mía. Soy el único que puede darte placer.
Antes de que pueda pensar en una réplica ingeniosa, Pedro vuelve de nuevo a mi boca, su lengua hurga entre mis labios, su cuerpo me empujaba hacia atrás para que mis caderas golpeen el borde de la mesa de conferencias. Me presiona para sentarme, empujando mis piernas con la rodilla para abrirlas, y dar un paso entre ellas. Ahora estoy en una situación de desventaja de altura con él, y él se inclina sobre mis mejillas y las agarra con las manos, su lengua suave calmando el labio inferior donde acaba de morderme. Mi necesidad es aguda, mientras continúa su asalto tentador en mi boca y todo el sentido de la coherencia se pierde.
En un movimiento inesperado, saca su cara hacia atrás, con las manos aun enmarcando mis mejillas, y se me queda mirando. Sus ojos nadan con la emoción mientras aprieta la mandíbula con las palabras no dichas. Nos miramos el uno al otro y jadeo de la necesidad que impulsa cada acción y reacción posterior. Sentimientos que quiero confesar mueren en mis labios cuando la yema de su pulgar me alcanza rozando con dulzura. Algo ha cambiado entre nosotros, y no puedo poner mi dedo en la llaga, pero la mirada en sus ojos me dice todo lo que necesito saber: Él me quiere tanto como yo lo quiero. Cualquier duda desaparece con esta singular mirada.
—Te extrañé, Paula —dice en voz baja antes de envolver sus brazos a mi alrededor y pegarme a él. Pone su mejilla en la parte superior de mi cabeza,
mientras sus brazos me aprietan fuerte. Al oírle admitir, que también soy una parte de su vida cotidiana, me calienta en el interior.
—Yo también —murmuro mientras me derrito en la comodidad de sus brazos—. Más de lo que quiero admitir.
Un pequeño sonido retumba en el pecho, y yo sé que mis palabras le han afectado. Nos sentamos así durante unos momentos, disfrutando de la calidez y la comodidad del otro que hemos echado de menos en la última semana y media; estamos absorbiendo lo que hemos reconocido finalmente, verbalizándolo, y los dos lo estamos aceptando a nuestra propia forma. Planto un beso suave sobre su corazón sin pensar.
—Me gusta mucho mi sorpresa. Sabes cómo echar a perder a una chica. Gracias.
—De nada —me dice, besando la parte superior de mi cabeza—. No estaba seguro de cómo reaccionaría tu oficina si simplemente irrumpía y te tomaba sobre el borde de tu escritorio.
—¿Qué? —Me río a carcajadas mientras mi cuerpo se calienta en el pensamiento. Me recuesto para poder mirarlo a los ojos—. Ese era tu plan, ¿eh?
—En tiempos desesperados se requieren medidas desesperadas.
—Creo que una vez me dijiste que estabas lejos de la desesperación —bromeo, lanzando sus palabras contra él.
Él se ríe en voz baja antes de fruncir los labios.
—Eso fue antes de pasar una cantidad infinita de tiempo en, sólo Dios sabe cuántas reuniones aburridas, pensando exactamente en lo que me gustaría estar haciendo contigo. —Una sonrisa lasciva se propaga a través de sus labios—. Y a ti.
—Eso es un montón de pensamientos sucios.
—Oh, Paula, no tienes ni idea.
Trago con fuerza, la lujuria salta a sus ojos y oscurecen sus iris dándome una pista.
—Por lo tanto, en esos pensamientos impuros, ¿planeaste actuar en mi oficina? ¿En mi escritorio? —Arqueo mi frente en burlona desaprobación, pero la sonrisa de mi cara me traiciona.
—Sí. Te lo dije —dice siguiendo el juego—. Tomo lo que es mío cuando lo quiero...
—¿Con la audiencia de mis compañeros de trabajo?
—Ah- huh. —Sonríe como un colegial travieso—. Yo había planeado en ir directamente desde el aeropuerto esta mañana, pero no pensé que Teddy lo aprobaría.
Me paso la lengua por el labio superior cuando miro hacia él, poniendo las manos detrás mío en la mesa para poderme inclinarme hacia atrás sobre ellas, mis hombros arqueándose y mis pechos empujándose hacia adelante. Tomo nota de los ojos de Pedro y su valoración lánguida de mi nueva postura, sus ojos se encienden y la lengua se lanza hacia fuera para mojar los labios.
—¿Desde cuándo te importa lo que piensa la gente?
—Oh, cariño, créeme, no me importa... —Él sonríe—. Pero todavía tenemos que preservar tu reputación.
—Creo que fue arruinada en el momento en que empecé a salir contigo.
—Probablemente. —Se encoge de hombros en indiferencia—. Sigo pensando que tu jefe podría oponerse a que su empleada estrella sea follada en su escritorio.
—¿Pero y tu jefe? —digo juguetonamente—. ¿Él está de acuerdo con que sus empleados hagan cosas como estas? ¿Aquí?
Una lenta sonrisa sugerente enrosca en una esquina de su boca, profundizando su hoyuelo.
—Oh, creo que sí —dice, inclinándose y poniendo sus manos al lado de mis rodillas en la mesa.
—¿Eso crees? ¿Por qué es eso? —le pregunto, entrecerrando los ojos en él, mientras sigo con el juego.
—Oh, él tiene un gran interés en esa situación aquí —murmura Pedro mientras se acerca más a mí.
—¿En serio? —Yo respiro mientras involuntariamente arqueo la espalda para frotar mis senos contra su pecho. Me muerdo el labio inferior mientras nos miramos el uno al otro.
El aliento de Pedro susurra en mi cara.
—A veces es jodidamente genial ser el jefe —dice antes de bajar sus labios a los míos de nuevo, pero esta vez se trata de un beso dolorosamente lento que me seduce y me atormenta hasta el punto de no retorno.
Yo lo quiero, y lo quiero ahora. Mi Dios, el hombre se me antoja con una intensidad que nunca pensé que era imaginable. Sus dedos comienzan un lánguido y lento deslizamiento hasta mis brazos, mi cuerpo se enrolla en el pensamiento de cuál es el siguiente camino de sus talentosos dedos.
Inclino mi cabeza hacia atrás mientras su boca roza por mi mandíbula y mi cuello expuesto a él. Alcanzo su cadera con una mano y tiro de él con más fuerza contra mí, mientras su boca cae por debajo de la línea del cuello de mi suéter.
—Pedro. —Exhalo mientras la necesidad chorrea de sudor por mi núcleo y el fuego se extiende por mis venas.
Un sonido fuerte llena la habitación de repente y Pedro se hunde contra mí, mientras oigo:
—Disculpe, ¿Pedro? —se escucha desde el teléfono en el aparador.
—Mierda —murmura en voz baja contra mi cuello—. ¿Sí?
—Beckett está buscándote por todos lados. Algo acerca de un problema con Eddie... —Se desvanece como si ella tuviese miedo de su respuesta.
—Cristo —jura en voz alta, su cuerpo se tensa como respuesta a su comentario.
—Lo mismo pienso.
—¿Dónde?
—Están en el piso del garaje.
—Voy a estar allí. Gracias, Brooke.
El teléfono hace clic mientras Pedro endereza su cuerpo a su altura máxima. Me empujo fuera de la mesa de conferencias mientras él se acerca a la pared de vidrio de visión para mirar el garaje de abajo. Cuando se da la vuelta hacia mí, ha pasado de ser el amante juguetón a ser él consumado empresario.
—Me disculpo, Pau. Tengo que ir a ocuparme de algo abajo. ¿Vienes conmigo? —me pregunta, alzando su mano, y me impresiono ligeramente. El Sr-Yo–No-Quiero-Compromisos, ¿quiere sostener mi mano en su trabajo? ¿No es demasiada “exhibición pública” para alguien con su historia?
—Puedo quedarme aquí, si quieres —ofrezco humildemente, no queriendo apartarme de su lado.
Él sólo me mira extrañamente antes de llegar a salir, me agarra de la mano y me tira contra él.
—No voy a dejarte ir, Pauli, hasta que consiga mi ración de ti —advierte en una promesa que hace que las llamas del deseo laman en mi centro—. Y eso puede que tome un largo tiempo de mierda.
Q lindo q la sorprenda así! Me encanta esta pareja!! mimiroxb
ResponderEliminarme encanto,buenísimo!!!
ResponderEliminarJuro que imaginé que era Pedro el que la iba a sorprender!!!!!!!!!!!!!!
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