El sonido de mi celular me sorprende y me despierta, y en la tenue luz del amanecer, me estiro por él en mi mesa de noche.
—¿Hola? —murmuro aturdida, temerosa de que a pesar de que no es el tono designado, algo esté mal posiblemente con uno de los chicos de la casa.
—Buenos días, soñolienta. —La voz ronca de Pedro suave y aterciopelada llena mis oídos. Puedo oír su sonrisa a través de la línea, y envía escalofríos por mi columna vertebral directo hasta la punta de mis dedos. Definitivamente estoy despierta.
—Buenos días —murmuro, hundiéndome de nuevo en la comodidad de mi cama caliente.
—¿Tienes alguna idea de lo mucho que me gustaría estar enredado contigo en esa cama tuya? ¿Y estar despertándome contigo y tener sexo mañanero despreocupado en lugar de solo llamarte a tu celular?
Sus palabras sutiles pero seductoras cumplen su objetivo mientras me muevo en mi cama para calmar el dolor que simplemente está desplegando en mí.
—Estaba pensando en la misma cosa —susurro suavemente, mi mente vaga a cuánto ya lo echo de menos. Cuánto responde mi cuerpo automáticamente con el sonido de su voz. Miro mi camiseta de algodón y ropa interior y sonrío—. Considerando que estoy muy fría y muy desnuda y sé que sabes exactamente qué hacer para calentarme. —Una pequeña mentira no le hace mal a nadie cuando se está tratando de mantener el fuego ardiendo, ¿verdad?
Lo oigo aspirar en un siseo.
—Dulce jodido Jesús, mujer, sabes cómo hacer que un hombre te deseé —dice en voz baja mientras escucho otras voces en el fondo y me doy cuenta de que no está solo.
Sólo han pasado cuatro días desde el maravilloso fin de semana juntos, pero se siente como una eternidad desde que pude tocarlo. Él me llevó a casa el lunes
por la mañana de camino al aeropuerto, y desde entonces he tenido que sobrevivir con los textos y llamadas telefónicas que me dejan desprovista y actuando como una adolescente enamorada.
—Ya regreso —le dice a alguien fuera del altavoz, y oigo la charla desvanecerse en el fondo—. No estoy seguro de que las personas que desayunan aquí en el hotel me quieran ver frotarme porque mi novia es tan jodidamente caliente. —Se ríe con esa risa de dormitorio seductora suya a través de la línea y la dejo arrastrarse sobre mí.
Y me congelo cuando la palabra que dijo rompe a través de la neblina de sueño de mi cerebro.
Novia. Quiero pedirle que lo diga de nuevo para poder escuchar la palabra que es tan simple, pero que literalmente me dejó sin aliento. Pero es el hecho de que lo diga tan casualmente, como si fuera la forma en que piensa en mí, que no quiero llamar la atención sobre eso.
Me hundo más en la comodidad de mi cama con una gran sonrisa estampada en los labios. —¿Cómo está Nashville?
—Es Nashville —responde con humor—. No está mal, pero no es casa. Lamento despertarte con la diferencia de horario, pero estaré sumamente ocupado durante todo el día, y quería asegurarme de poder hablar contigo. De escuchar tu voz.
Sus palabras suavizan mi sonrisa, sabiendo que él está pensando en mí a pesar de que está trabajando y preparándose con su principal patrocinador.
—Tu voz es definitivamente una mejor alarma que mi despertador... —vacilo, frenando antes de meter la pata y decir lo que está en mi mente—. Te extraño —le digo, esperando que escuche lo que realmente quiero decir detrás de las palabras. Que lo extraño más que el sexo. Que lo echo de menos completamente.
Se queda en silencio en el otro extremo de la línea por un momento, y creo que tal vez he expresado mucho afecto para el Señor Estoico.
—También te echo de menos, cariño. Más de lo que creía posible. —Su última declaración la dice en voz muy baja, como si no pudiera creerlo. Sonrío ampliamente y me acurruco dentro de mis sábanas mientras sus palabras me calientan—. ¿Cuáles son tus planes para el día?
—Hmmm... dormir un poco más y luego correr, lavandería, limpieza de la casa... Tal vez cenar con Lina. —Me encojo de hombros, aunque sé que no lo puede ver—. ¿Cuál es tu horario?
—Reuniones de marca con el equipo de Firestone, giras de patrocinio, un viaje a un hospital de niños, la mejor parte del día, si me lo preguntas, y luego una pequeña cena formal esta noche. Tendré que consultar con Tamara el orden exacto. —Suspira mientras enderezo los hombros involuntariamente con su nombre—. Los días pasan todos a la vez a veces en estos viajes. Todo es importante, pero también es muy aburrido.
—Apuesto a que sí. —Me río—. La próxima vez te quedes dormido en uno, sólo imagina lo que te hizo mi boca el domingo pasado —murmuro para él en mi voz entrecortada. Imágenes pasan a través de mi mente y no puedo combatir la sonrisa que viene con el recuerdo.
Un ahogado gemido llega desde el otro extremo de la línea.
—Jesús, Pau, ¿estás deliberadamente tratando de hacerme caminar por ahí con una erección permanente hoy? —Cuando mi única respuesta es un suspiro de satisfacción, él continúa, el tono de su voz expresa su deseo no satisfecho. —Cuando regrese, te encerraré en mi habitación todo un fin de semana, te ataré si tengo que hacerlo, y serás mi esclava sexual. Tu cuerpo será mío para usarlo cuando me plazca. —Se ríe—. Ah, y no te preocupes Pauli, tu boca será también utilizada y algo más.
¡Hola, señor dominante!
—¿Por qué nos estás limitando solo a tu habitación? Creo que tienes numerosas superficies en esa gran casa tuya que se pueden utilizar.
El gemido que emite causa que algo se retuerza dentro de mí.
—Oh, no te preocupes dónde. Sólo preocúpate de cómo vas a caminar después. —Su risa es tensa y suena de la forma en que me siento.
—¿Me lo prometes? —susurro, mi cuerpo se calienta al pensar en ello.
—Oh, cariño, apostaría mi vida en esa promesa. —Oigo que lo llaman en el fondo—. ¿Estás listo, Becks? —dice, lejos del altavoz antes de suspirar con fuerza—. Me tengo que ir, pero te llamaré después si no es demasiado tarde, ¿de acuerdo?
—Está bien —respondo suavemente—. No importa el momento. Me gusta escuchar tu voz.
—¿Hey, Pau?
—¿Sí?
—Piensa en mí —dice, y puedo escuchar algo en su voz: inseguridad, vulnerabilidad, ¿o es la necesidad de sentirse querido? No, no deseado. Él tiene eso todo el tiempo. Tal vez es la necesidad de sentirse necesitado. No puedo descifrarlo, pero esa pequeña petición tiene a mi corazón apretándose en mi pecho.
—Siempre. —Suspiro, hay una sonrisa en mis labios cuando la línea muere.
Me siento con el teléfono en la oreja por bastante tiempo, tantos pensamientos corren por mi cabeza sobre Pedro y el lado dulce y cariñoso de él. La parte de la que recibo más y más vistazos. No puedo evitar la amplia sonrisa en mi cara cuando cuelgo el teléfono y me hundo en mi cama. Me obligo a volver a dormir, pero los pensamientos de él y de un sinfín de posibilidades me lo impiden.
La próxima vez que miro el reloj, me sorprendo de que una hora ha pasado mientras he estado perdida en mis pensamientos, pensando en nuestro tiempo juntos. Sobre cómo en tan poco tiempo él me trajo de esas enloquecedoras bajas a increíblemente altas como me siento ahora.
Por fin empiezo a quedarme dormida cuando mi teléfono suena de nuevo.
—¿En serio? —digo en voz alta hasta que veo quién llama.
—¡Hola, mamá!
—Hola, cariño —dice ella, y sólo escuchar su voz me hace querer verla de nuevo. Siento como si hubiera sido desde siempre que he podido abrazarla—. Entonces ¿cuándo ibas a contarme sobre el nuevo hombre en tu vida? —pregunta, su tono es insistente.
Nada como ir directamente al grano.
—Bueno, no te vas por las ramas o algo. —Me río de ella.
—Cómo crees que me sentí cuando estaba hojeando la revista People la semana pasada y mira, creí ver una foto tuya. Así que doy la vuelta de nuevo y efectivamente allí estabas, mi hija, viéndose absolutamente impresionante, del brazo de ese alto, moreno y pecaminosamente apuesto Pedro Alfonso. —Empiezo a hablar pero ella continúa—. Y luego leí el título que decía “Pedro Alfonso y su nueva amante calientan la noche de la función de caridad de los
Chicos”. ¿Sabes qué sorpresa fue verte ahí? Y después, pensar que estás saliendo con alguien y que ni siquiera lo sé.
Puedo oír la conmoción en su voz. Y el dolor por no hablarle de mi primera cita desde Max. Que había tenido que averiguarlo de una revista. Miro mi tocador donde la copia de People se encuentra.
—Oh, mamá, no seas tonta. —Suspiro, sabiendo que le hice daño al no confiar en ella.
—No seas tonta. —Ella se burla—. El hombre ha donado una gran cantidad de dinero para llevar tu proyecto a buen término para conseguir tu atención y ¿estás diciendo que estoy siendo tonta?
—Mamá —advierto—, no es por eso que él donó el dinero. —Ella se aclara la garganta en el otro extremo de la línea a mi respuesta—. No, en serio. Su compañía escoge todos los años a una organización al año para hacer beneficencia, y este año pasó a ser la mía. Y no te estaba diciendo que no... las cosas han sido simplemente una locura.
—Bueno, creo que está bien decirte que me dijiste acerca de su compañía donando el dinero para el proyecto, pero omitiste decir que en realidad lo habías conocido... ¿entonces? —pregunta con escepticismo.
—Lo conocí en la función de caridad —le respondo sin dar más.
—Y ¿qué sucedió en esa función?
—¿Has hablado con Lina? —le pregunto. No hay manera de que sepa qué preguntar sin haber hablado con Lina.
—Deja de evitar la pregunta. ¿Qué pasó en la función?
—Nada. Hablamos durante unos minutos y luego me alejé por un problema con una cita de la subasta. —Mi querida vieja madre no tiene por qué saber sobre el breve interludio detrás del escenario antes de eso.
—¿Y cuál fue el problema?
—¡Madre!
—Bueno, si me hubieras contestado directamente la primera vez, nos tendríamos que jugar este juego del gato y del ratón que estás jugando ahora ¿verdad?
¿Qué pasa con las madres? ¿Son clarividentes?
—Está bien, mamá. Una concursante se enfermó. Tomé su lugar. Pedro hizo una oferta para una cita conmigo y ganó. ¿Estás contenta ahora?
—Interesante —dice, pronunciando cada sílaba, y te juro que puedo oír la sonrisa en su cara en una sola palabra—. Así que dime ¿estoy siendo tonta cuando uno de los hombres más sexy del mundo está persiguiendo a mi hija, donando a su caridad para llamar su atención supongo, y llevándola a eventos de alto perfil para presumirla? ¿En serio? ¿Y cómo es que yo soy la tonta, Paula?
—Mamá...
—¿Qué tan serio es? —dice inexpresivamente, y no debería sorprenderme por su franqueza, pero incluso después de todos estos años, todavía lo estoy.
—Mamá, Pedro no es serio. —Trato de desviarme.
—No trates de jugar conmigo, Paula —me regaña—. Te conozco lo suficientemente bien para saber que cualquier hombre al que le des tu tiempo obviamente vale la pena. Y que no pierdes el tiempo con alguien que está para una rápida revolcada. —Me estremezco al escuchar sus palabras. Si supiera sobre los acuerdos de Pedro, estoy segura de que no estaría tan segura de mi juicio entonces—. Así que dime, cariño, ¿qué tan serio es en verdad?
Suspiro fuertemente, sabiendo que mi madre es tenaz cuando quiere una respuesta.
—Honestamente, desde mi punto de vista, podría ser algo. Desde el de él... bien, Pedro no está acostumbrado a estar más de un par de meses con alguien. Estamos viéndolo a medida que avanzamos —le respondo en voz baja y tan honestamente como me es posible.
—Hmmm —murmura antes de caer en silencio—. ¿Él te trata bien? Porque sabes que siempre te tratan de lo mejor al comienzo de la relación, y si no es bueno el comienzo entonces no vas a conseguir nada mejor.
—Sí, mamá —le digo como una niña.
—Lo digo en serio, Paula Chaves —dice, con voz implacable. Debe hablar en serio si está usando mi nombre y mi apellido—. Él lo hace ¿no?
—Sí, mamá. Me trata muy bien.
Oigo su cálida risa en el otro extremo de la línea, y puedo decir que está aliviada.
—Sólo recuerda lo que siempre digo, no te pierdas a ti misma tratando de aferrarte a alguien a quien no le importa perderte. —Vocalizo las palabras que ella dice poniendo los ojos en blanco. Las palabras que me dijo desde que empecé a enamorarme de los chicos cuando era adolescente.
—Lo sé.
—Oh, cariño, ¡estoy tan feliz por ti! Después de todo lo que has pasado... te mereces nada más que felicidad, mi dulce niña.
Sonrío a su amor incondicional y preocupación por mí, apreciando la gran madre que tengo.
—Gracias, mamá. Estamos tomando las cosas un día a la vez en este momento y ver a donde nos lleva.
—Esa es mi chica. Siempre con la cabeza fría sobre los hombros.
Suspiro, una suave sonrisa llega a mi cara.
—Entonces, ¿cómo van las cosas? ¿Cómo has estado? ¿Cómo está Papá?
—Todo está bien aquí. Papá está bien. Ocupado como siempre, pero ya sabes cómo es. —Se ríe y puedo imaginarla pasando su lengua por su labio superior, como es su costumbre—. ¿Cómo están los niños?
Sonrío ante la pregunta de mi mamá. Los trata como si también fueran de la familia, siempre les envía golosinas, galletas o pequeñas cosas que hacen que se sientan especiales.
—Están bien. Creo que Shane tiene su primera pseudo-novia, y Zander está progresando poco a poco. —Paso a los chicos y hablo de cada uno de ellos, respondiendo a sus preguntas, y puedo sentir otro paquete de alimentos en camino para ellos.
Podemos hablar un poco más antes de que se tenga que ir. —Te echo de menos, mamá.
Mi voz se quiebra con mis palabras porque ella puede ser difícil y agobiante, pero sólo quiere lo mejor para mí. La amo más que a nada.
—Yo también te echo de menos, Pau. Ha pasado mucho tiempo desde que te vi.
—Lo sé. Te quiero.
—Yo también te quiero. Adiós.
Termino la llamada y me acurruco de nuevo en mi cama caliente en la que, por alguna razón nadie me va a dejar dormir esta mañana. Echo un vistazo a la cómoda a la revista People y la agarro. Le doy la vuelta abriéndola en la página marcada y ahí estoy.
Miro la foto de Pedro y yo en la alfombra roja de la Fundación Kids Now. Él está de pie, con los hombros cuadrados hacia la cámara, con la mano en un bolsillo de sus pantalones y su otra mano alrededor de mi cintura. Su bolsillo delantero es cuadrado y centrado. Su cara está mirando hacia la cámara, pero su barbilla y ojos están inclinados hacia mí con una gran sonrisa en su rostro.
Mis ojos son atraídos a la parte de la imagen que más me gusta, la forma en que sus manos agarran mi cadera, un abrazo posesivo que le anuncia al mundo que soy suya.
Vuelvo a leer el título otra vez y suspiro. Estoy tan contenta de que la prensa no haya conseguido mi nombre todavía. No estoy lista para ser arrojada al circo mediático, pero sé que es inevitable si estoy con Pedro.
—Esas son las consecuencias del riesgo —murmuro para mis adentros.
Sostengo la foto en mi mano, mirándola fijamente hasta que me convenzo a mí misma de salir a correr. Salgo de mi cama cuando mi teléfono suena con un mensaje. Me río a carcajadas de la regla de la tecnología en mi vida esta mañana y, sin embargo, recojo mi teléfono para ver el nombre de Pedro. No puedo evitar la sonrisa en mis labios.
Tengo pensamientos sucios de ti en medio de la reunión. No me levantaré por un tiempo. Bruno Mars - Locked Out of Heaven.
Me río a carcajadas, conociendo la canción y sintiéndome halaga al mismo tiempo con la letra. Le mando un mensaje en respuesta.
Me alegro de poder ayudar con tu aburrimiento, Ace... es lo menos que puedo hacer. ¡Ten más pensamientos! TLC - Light Red Special.
Sonrío mientras lanzo mi teléfono en mi mesita de noche, sabiendo que él tendrá un rato difícil tratando de concentrarse en su reunión de hoy.
No hay comentarios:
Publicar un comentario