viernes, 22 de agosto de 2014

SEGUNDA PARTE: CAP 49

Avery me sonríe mientras repasa algunos de los horarios y normas estándar y procedimientos.
—Sé que es mucho para tomar, pero una vez que te familiarices con ellos, no tendrás que pensar dos veces acerca de ello.
Ella asiente y nos mira a mí y a Zander. Él está sentado en el sofá, con su deshilachado perro de felpa aferrado a su pecho, mirando la televisión.
—¿Cuál es su historia? —pregunta en voz baja.
Miro por encima de mi hombro a Zander y sonrío. Si bien todavía no habla mucho, además de esporádicas palabras aquí y allá, desde que estuvimos en la pista de carreras, parece estar haciéndolo mejor. Está interactuando un poco más con los chicos, y puedo ver rastros de emoción en su rostro mientras antes estaba en blanco.
La terapeuta dice que está empezando a participar, comenzando a interactuar con ella. Es un comienzo. El progreso requiere tiempo. Protectora de mis chicos como una gallina clueca, rara vez comparto sus historias hasta que un nuevo empleado ha estado conmigo por un tiempo.
—Ese es Zander. No habla mucho, pero estamos trabajando en ello. Se encontró en una situación áspera con la que está lidiando internamente. Lo logrará sin embargo.
Ella me da una mirada inquisitiva, pero ignoro su interés y comienzo a revisar el siguiente grupo de procedimientos. Suena el timbre de la puerta y la inesperada interrupción me sobresalta. Jax está en su práctica de béisbol con Shane y Connor, de modo que me levanto para abrir la puerta.
Cuando miro a través de la mirilla, soy atrapada con la guardia baja con la visión de la hermana de Pedro. Abro la puerta con cautela, la curiosidad sacando lo mejor de mí.

—¡Qué sorpresa! Hola, Luciana. —Trato de sonreír alegremente hacia ella al tiempo que mi corazón late rápidamente por su presencia. Me maravilla cuán dulce se ve, cómo una mujer tan hermosa puede infundir tal ansiedad en mí.
—Paula. —Ella asiente, sus labios perfectos no forman una sonrisa—. Vine a hacer un tour por el lugar antes de hacer una donación al proyecto nuevo. Quiero saber exactamente en qué será utilizado mi dinero.
Bueno, ¡hola a ti también! Sonrío con fuerza, invitándola a entrar. Podría, al menos, tratarme con un poco de calidez, cualquier cosa para derretir su gélida fachada. ¿Qué demonios hice para merecer esta deliberada frialdad?
—Estaré encantada de darte un tour —fuerzo, deseando poder apañarme a otro empleado para que le muestre los alrededores, pero mis modales y profesionalidad ganan. Además, algo me dice que esta pequeña visita es algo más que checar las instalaciones de una donación. Me pego una sonrisa falsa en la cara—. Por favor, sígueme.
Le informo a Avery que queda a cargo de vigilar a los chicos y luego procedo a mostrarle a Luciana toda la instalación y a explicarle sus beneficios. Probablemente divago, pero ella no hace ninguna pregunta. Más bien acaba mirándome todo el tiempo con tranquila apreciación crítica. Y después de unos veinte minutos, me doy cuenta de que la inspección no la está haciéndosela a la casa o lo que tiene que ofrecerles a mis chicos. Es solamente a mí.
Ya he tenido suficiente.
Echo un vistazo para asegurarme de que todos los chicos están todavía jugando en la calle con Avery antes de volverme para enfrentarla.
—¿Por qué estás realmente aquí, Luciana? —Mi tono coincide con el vete a la mierda que siento.
—Para ver si la instalación es digna de mi donación —responde demasiado dulce para ser verdad. Ella sostiene mi mirada, pero veo algo parpadeando en los ojos de la reina del hielo.
—Te lo agradezco ya que la instalación y los chicos son dignos de ella —le digo—, pero seamos honestas, ¿por qué estás aquí? ¿Para ver si la instalación es digna de tu donación o si yo soy digna de tu hermano? —Los ojos de Luciana parpadean mientras atino una diana directa. Ser protectora con su hermano es una cosa. Entiendo eso. Ser una completa perra es una historia completamente diferente—. ¿Cuál es?

Ella inclina la cabeza y me mira. —Sólo estoy tratando de entender tu punto de vista.
—¿Mi punto de vista?
—Sí, tu ángulo —Su voz es implacable y sus ojos están a la altura de Pedro en la escala de intensidad—. No eres la típica rubia tonta con las que Pedro sale... así que estoy tratando de averiguar qué es exactamente lo que quieres de esto. De él. —Tuerce los labios mientras me mira. Estoy segura que la mirada de asombro en mi cara es algo para ver.
—¿Perdón? —farfullo, más que ofendida.
—¿Eres una groupie de carrera? ¿Estás pensando en conseguir un papel en la nueva película de mi padre? ¿Una aspirante a modelo que busca el sueño de su camino hacia arriba? No puedo esperar a escuchar lo que la tuya será.
—¿Qué? —Sólo la miro por un momento, el shock rebota a través de mí hasta que se produce en serie con mi ira—. ¿Cómo te atreves…?
—Oh, ahora lo entiendo —Ella sonríe, el sarcasmo gotea de sus palabras, y lo único que quiero hacer es estrangularla—. Necesitas el dinero para terminar este pequeño proyecto tuyo —dice, señalando el espacio a su alrededor—. Lo estás utilizando para obtener notoriedad de esa manera.
—Eso está fuera de lugar —Doy un paso hacia delante, empujada hasta el punto de que no me importa que sea la hermana de Colton. Me gustaría decir algo mucho peor, pero estoy en el trabajo y nunca sé cuándo impresionables oídos puedan estar escuchando. Pero sólo puedo ser presionada hasta un momento antes de que lance mis modales por la ventana, y ella me empujó—. ¿Sabes qué, Lu? He tratado de ser amable, intenté pasar por alto tu actitud de mierda y tu condescendiente desdén, pero terminé con eso. Pedro es el que me persigue, no al revés. —Ella arquea una ceja, como si no me creyera.
—Sí... —Me río—. Me resulta difícil de creer también, pero lo hace. No quiero una maldita cosa de tu hermano, a excepción de que se abra a la posibilidad de que merece más de lo que se ha permitido hasta este momento de su vida. —Doy un paso atrás, sacudiendo la cabeza hacia ella—. No necesito explicarme ante ti, ni justificar tus estúpidas acusaciones. Gracias por tu falsa pretensión de donación, pero no quiero tu dinero. No a cambio de ti juzgándome. Creo que es hora de que te vayas. —Señalo hacia el pasillo, mi cuerpo vibrando de ira.

Ella sonríe ampliamente hacia mí, con el rostro bajando la guardia y llena de calidez por primera vez desde que la conocí.
—Todavía no. No hemos terminado aquí.
¿Qué? Genial, no puedo esperar al resto de la estimulante conversación.
—Sabía que eras de verdad —Ella sonríe, dando una respiración profunda—. Sólo tenía que asegurarme de que tenía razón.
Latigazo.
¿Me perdí algo? Estoy tan confundida ahora que mi boca se abre cuando la miro como si estuviera como-la-mierda-de-loca. Los esquizofrénicos cambios de tema de Pedro deben correr en la familia.
Cuando me quedo mirándola con desdén, ella continúa.
—Nunca he visto a Pedro de esa manera en la pista antes. Él trae a sus chicas, revolotean alrededor como caramelos de su brazo, pero hace caso omiso de ellas. Nunca deja que alguien le distraiga cuando está en el coche. Tú lo distrajiste. Nunca lo he visto tan... —Busca la palabra—, enamorado de alguien antes. —Cruza los brazos sobre el pecho y se apoya contra la pared—. ¿Y mi padre me dijo que estuviste en la casa Broadbeach? Luego, para colmo ¿Becks me dice que fuiste a Las Vegas con ellos?
¿Qué pasa con las mujeres en la vida de Pedro manteniéndose al tanto de mí y emitiendo un juicio? ¿Él dolido?Pedro pudo haber dicho que yo lo asustaba, pero de ninguna manera lo deduciría como amor ni incluso haría alusión a eso. Definitivamente no estaría dolido. Soy algo diferente a su típico tipo de chica de en-tu- cara, quiero-algo-de -ti. Yo lo quemo. Lo asusto. Pero por alguna razón, a pesar de todo eso, no hago que quiera probar algo más de lo que está acostumbrado. No soy suficiente como para hacerle cambiar sus formas. Él no se enfrentará a sus demonios cuando no está incluso dispuesto a hablar de ellos. Y esa es la única manera en que creo que podrá ceder a la emoción veo llenando sus ojos y que siento en las acciones de culto de su toque.
Me sacudo a mí misma de mis pensamientos y me centro en Luciana. Ella me está mirando. Realmente mirándome y causando que me retuerza bajo su silencioso escrutinio.
—¿Y tú punto es cuál, Luciana?
—Escucha, tanto como Pepe intenta reproducir lo del Sr. distante y pensar que yo no, ni mi familia... —Exhala—, que no sabemos nada de sus pequeños
arreglos... —Pone los ojos en blanco con disgusto mientras dice la palabra—, no son ningún secreto para nosotros; ni sus estúpidas reglas y sus estúpido comportamiento sexista. Y por mucho que no estoy de acuerdo con él y sus travesuras, sé que es la única forma en que piensa que puede tener una relación... el camino necesario para hacerle frente a su pasado. —Sus ojos sostienen los míos y me doy cuenta de que se está disculpando por su hermano. Por lo que cree que no puede darme. Por el hecho de que tiene miedo de intentarlo.
—¿Fue tan horrible? —susurro, sabiendo ya la respuesta.
Finalmente la pena cubre su suave rostro mientras verdadera tristeza llena sus ojos. Ella asiente sutilmente.
—Rara vez habla de eso, y estoy segura de que hay partes de las que nunca ha hablado, Paula. Experiencias que no puedo ni siquiera empezar a imaginar. —Mira sus uñas pintadas de rosa y gira sus dedos entre sí—. Tener padres que no te quieren es suficientemente difícil que enfrentar cuando eres adoptado. Pedro… Pedro tiene mucho más que superar —Niega y puedo ver que está luchando con cuanto decirme. Me mira, sus ojos claros aún están en conflicto—. Un niño de ocho años, tan hambriento, encerrado en su habitación durante sólo Dios sabe por cuántos días, mientras su madre hace lo que sabe; que él de alguna manera se escapó y fue en busca de comida, por suerte colapsando en la puerta de mi papá.
Jalo un aliento, mi corazón se acelera, mi alma se desgarra, y mi fe en la humanidad se desmorona.
—Eso es sólo un pequeño fragmento de su infierno, pero es su historia para que te la cuente, Paula. No la mía. Sólo te comparto un ápice de lo que él pasó. De la paciencia y la persistencia que necesitarás.
Asiento con comprensión, sin saber qué decirle a una mujer que momentos antes me criticó y que ahora está dándome consejos.
—Así que...
—Así que tuve que asegurarme de que fueras de verdad —Me ofrece una sonrisa de disculpa y de resignación—. Y una vez que lo hiciera, quería darle un buen vistazo a la primera mujer que podría ser la que lo reconstruyera todo de nuevo.
Sus palabras me hacen tambalear.
—Me tomaste por sorpresa aquí —admito, sin saber qué más decir.

—Sé que pude haber venido un poco fuerte, presuntuosa, incluso estando aquí... pero amo a Pedro más que nada en el mundo. —Sonríe suavemente en su nombre—. Y lo cuido. No quiero que tenga nada menos que lo mejor.
Eso lo puedo entender.
Ella se empuja a la pared y se endereza a sí misma delante de mí.
—Mira, si miras más allá del magníficamente áspero exterior... hay un niño asustado en el interior que tiene miedo de amar. Que por alguna razón asocia al amor con expectativas horrendas un minuto y piensa que no es digno al siguiente. Creo que tiene miedo de amar a alguien porque sabe que lo dejará. Probablemente te lastimará para demostrarte que... —Sacude la cabeza—. Y por ese único infierno, te pido disculpas porque de lo que puedo decir, te mereces algo mejor que eso.
Sus palabras me golpean con toda su fuerza. Entiendo al niño interior, porque tengo un patio lleno de ellos en este momento con asuntos propios. Me hubiera gustado que ellos tuvieran el amor incondicional que Pedro parece tener en Beckett y Luciana. Alguien que se pusiera de pie por ellos y velara por ellos, y que no quisiera nada más que lo mejor para ellos. Este amor, este sentimiento protector, lo entiendo.
Luciana se acerca, pone su mano en mi brazo y me aprieta para hacer su punto.
—Amo a mi querido hermano, Puala. Algunos dirían que adoraba el suelo donde pisaba cuando crecimos. —Mete la mano en el bolsillo y saca algo, desviando la mirada de la mía—. Siento mi intrusión. Realmente no debería estar aquí... interfiriendo —Parece estar toda avergonzada de repente, mientras camina hacia la puerta. Estira la mano y coloca algo en la mía.
Sus ojos miran los míos, y por primera vez veo aceptación en ellos.
—Gracias por tu tiempo, Paula —Da un paso delante de mí y luego duda y me mira—. Si tienes la oportunidad, cuida de mi hermano.
Asiento en reconocimiento y todo lo que puedo manejar es un pomposo saludo ya que mi cabeza está en un torbellino de caos por sus inesperadas revelaciones.

----

El grito me despierta por la noche. Es ahogado, una súplica salvaje que sigue y sigue, una y otra vez antes de que pueda salir de la puerta del dormitorio. Corro por la casa hacia el sonido de terror sin límites, Dane y Avery están justo detrás de mí, nuestros pasos golpean con urgencia.
—¡Mamaaaaaaaaaaaaaá! —grita Zander. Paso por la puerta de su habitación con el alma rota por el sonido rebotando contra las paredes de la habitación. Él se revuelve violentamente en su cama—. ¡Nooooo! ¡Noooo!
Oigo la voz de pánico de Shane en el pasillo, tratando de ayudar a Dane a calmar a los pequeños que se despertaron y que ahora están asustados. El pensamiento revolotea en mi mente de lo tristes que son los terrores nocturnos y de cómo son un visitante tan regular en esta casa que Shane ya se ha acostumbrado a ellos.
Pero me centro únicamente en Zander ahora, sabiendo que Dane se encargará de Shane y del resto de los muchachos. Oigo a Dane decirle a Avery que me ayude si lo necesito. Bienvenida a la primera noche en la casa, Avery.
Con cautela me siento en la cama de Zander. Él gira el cuerpo y se retuerce debajo de la sábana, su cara está mojada de lágrimas, su ropa de cama húmeda de sudor y gemidos terribles escapan de lo profundo de su garganta. El inconfundible olor de su miedo aterrador sofoca la pequeña habitación.
—Zander, cariño —le canto, cuidando de no levantar la voz y añadirla a la violencia ya rondando su pesadilla—. Estoy aquí. Estoy aquí
Su llanto no se detiene. Extiendo la mano para tratar de agitarlo y despertarlo y me sorprendo cuando se revuelve ferozmente, con su puño conectando con mi pómulo. El dolor se registra justo debajo de mi ojo, pero lo quito de encima, tengo que despertar a Zander para impedir que se haga daño a sí mismo.
—¡Papá, no! —Lloriquea con tal angustia que lágrimas salen de mis ojos. Y a pesar de que es un sueño que no se puede utilizar legalmente, Zander acaba de
confirmar mi sospecha de que su padre mató a su madre. Justo delante de sus ojos.
Me esfuerzo para envolver mis brazos alrededor de él. A pesar de su pequeño tamaño, la fuerza que tiene inducida por adrenalina de terror la intensifica. Me las arreglo para poner mis brazos alrededor de él y tirar de él a mi pecho, murmurándole todo el tiempo. Le digo que estoy aquí y que no le haré daño.
—Zander, está bien. Vamos, Zand, despierta —le susurro una y otra vez hasta que se despierta con un sobresalto. Tiene dificultades para sentarse y salir de mis manos, buscando en el dormitorio con ojos hundidos para orientarse en el entorno.
—¿Mamá? —croa con tal desesperación que mi corazón se rompe en mil pedazos.
—No pasa nada, estoy aquí, amigo —lo calmo, frotando mi mano arriba y abajo de su espalda baja.
Me mira, con sus ojos rojos y crudos de llorar y cae en mis brazos. Se aferra a mí con tal desesperación que sé que haría cualquier cosa para borrar su recuerdo de aquella noche si tuviera la oportunidad.
—Quiero a mi mamá —grita, repitiéndolo una y otra vez. Es la primera frase que escucho que dice y sin embargo no hay nada para emocionarse. No hay nada que alentar o celebrar.
Nos quedamos acurrucados juntos, con los brazos envueltos apretado durante más tiempo hasta que su respiración regular me convence de que se ha vuelto a quedar dormido. Poco a poco me muevo hasta acostarlo en la cama, pero cuando intento retirar mis brazos de alrededor de él, se aferra con más fuerza.
No es hasta que los rayos del sol pasan a través de las mini-persianas cerradas que ambos caemos en un profundo sueño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario