viernes, 29 de agosto de 2014

SEGUNDA PARTE: CAP 56

—¿Estás segura de que no tienes demasiado frío?
—Oh, eh, —murmuro mientras Pedro frota sus manos arriba y abajo de mis brazos, la brisa del mar muerde fría contra mi piel desnuda, pero no quiero arruinar el momento. Esta tarde, después de la discusión en el jardín, ha sido una que nunca olvidaré.
Algo ha cambiado en Pedro con la progresión de la noche. No es algo en lo que pueda poner mi dedo exactamente sino varias cosas que son sutilmente diferentes. La pequeña mirada que me dio. Los toques casuales aquí y allá sin ninguna razón específica que no sea para decirme que está a mi lado. Esa tímida sonrisa suya que noté que está reservada sólo para mí esta noche. O tal vez que siempre ha estado ahí, y estoy mirando las cosas a través de diferentes lentes, ahora que sé que Pedro intentará la posibilidad de que haya un nosotros. Está dispuesto a tratar de romper un patrón que jura está arraigado en él. Por mí.
La noche de tono negro está iluminada únicamente por el rayo de luna que cuelga en el cielo de medianoche. Cierro mis ojos, tarareando en voz baja Kiss me slowly flotando por los altavoces, y levanto mi rostro mientras la brisa salada se desplaza a la terraza donde nos encontramos. Pedro descansa su barbilla en mi hombro mientras envuelve sus brazos alrededor de mi cintura desde atrás. Me derrito en su calor, no deseando que me suelte. Nos quedamos ahí, perdidos en nuestros pensamientos independientes, sumergidos en la atmósfera de la noche oscura, y completamente conscientes de la corriente subyacente de deseo entre nosotros.
Baxter le ladra a la puerta para ir a la playa, y Pedro a regañadientes me suelta para llevarlo.
—¿Quieres un trago? —le pregunto, mi cuerpo se enfría en el momento en que su calor deja el mío.
—¿Una cerveza, por favor?

Vago a la cocina y consigo nuestras bebidas. Cuando camino de vuelta, Pedro está de pie, con las manos apoyadas en la barandilla, mirando hacia la noche vacía, completamente perdido en sus pensamientos. Sus anchos hombros se recortan contra el cielo, la oscuridad blanca de su camisa fuera del pantalón es un fuerte contraste visual y una vez más me acuerdo de mi ángel luchando por romper la oscuridad.
Pongo mi copa de vino en la mesa del patio y camino detrás de él, la caída de las olas ahogando el sonido de mis pasos en la cubierta. Deslizo mis manos por sus brazos y torso, mi frente queda contra su espalda, y envuelvo mis brazos alrededor de él. Un segundo después de que mi cuerpo toca el suyo, Pedro se da la vuelta violentamente, un grito áspero resuena en el aire de la noche, la cerveza vuela de mis manos y se rompe en la cubierta. Como consecuencia de sus acciones, me muevo a un lado, mi cadera golpea con la barandilla. Cuando puedo quitar el pelo de mi cara y mirar hacia arriba, Pedro me está mirando. Sus manos, son puños apretados a sus costados, sus dientes están apretados de rabia, sus ojos son salvajes de rabia o de miedo, su pecho se agitaba en respiraciones cortas y rápidas.
Sus ojos se cierran con los míos, y me congelan a medio movimiento con mi cadera inclinada hacia afuera, apretando la mano en él donde más me duele. Un montón de emociones parpadea a través de sus ojos cuando me mira, finalmente, rompiendo el esmalte de miedo que enmascara su rostro. He visto esa mirada antes. El total y consumido miedo que alguien traumatizado tiene cuando sienten un flashback. A propósito mantengo los ojos en Pedro, mi silencio, es la única manera que sé para dejarlo hacer una brecha a través de la niebla que está abrazándole.
Mi mente se filtra de nuevo a la última mañana que pasé en esta casa y lo que pasó cuando me acurruqué detrás de él. Y ahora sé que, en el fondo, lo que le pasó, cualquier cosa que vivió dentro de la oscuridad de su alma, tiene que ver con esto. Que la acción y el sentimiento de ser abrazado, tomado, sostenido desde atrás, desencadenan un flashback y le trae un momento posterior de horror. Pedro respira profundamente, un estrangulado, limpio arrastre de aire antes de romper el contacto de sus ojos conmigo. Mira hacia abajo a la cubierta momentáneamente antes de gritar:
—¡Maldita sea! —con todos sus pulmones.

Me sobresalto al oír su voz, mientras se hace eco en el abismo de la noche que nos rodea. Esa palabra está llena de tanta frustración y angustia que lo único que quiero hacer es jalarlo a mis brazos y consolarlo, pero en lugar de recurrir a mí, él se enfrenta a la barandilla, apoyándose contra ella una vez más. Sus hombros que admiré momentos antes ahora están llenos de una carga que ni siquiera puedo empezar a comprender.
—¿Pedro? —No responde, sino que mantiene su cara de frente—. ¿Pedro? Lo siento. No quise decir que...
—Simplemente no lo hagas de nuevo, ¿de acuerdo? —Deja salir. Trato de no estar molesta por la vehemencia de su tono, pero le veo sufriendo y todo lo que quiero hacer es ayudar.
—Pedro lo que sucedió…
—Mira... —se gira hacia mí—, no todos tuvimos la perfecta-maldita-valla-suburbana-blanca en la infancia como tú,Paula. ¿Es realmente tan importante que sepas que me quedaba días sin comida ni atención? ¿Qué mi madre me forzaba… —Se detiene a sí mismo, sus puños se aprietan y sus ojos tienen una mirada lejana en ellos antes de volver a centrarse en mí—. ¿Qué me obligaba a hacer lo que fuera necesario para asegurar su siguiente puta dosis? —Su voz está desprovista de toda emoción, excepto de ira.
Succiono mi aliento, mi corazón está roto por él y por los recuerdos que le atormentan. Quiero llegar a él. Sostenerlo. Hacer el amor con él. Que se pierda a sí mismo en mí. Cualquier cosa para hacer que su mente olvide por un momento.
—Mierda, lo siento. —Suspira por el remordimiento, frotando las manos por su cara y mirando hacia arriba hacia el cielo—. Me encuentro pidiendo muchas disculpas a tu alrededor. —Mira hacia abajo y se encuentra con mis ojos, metiendo sus manos en los bolsillos—. Lo siento, Pau. No quise decir…
—Está bien sentirse así. —Doy un paso hacia él y levanto la mano y la coloco en su mejilla.
Él inclina su rostro en mis manos, girándola brevemente para presionar un beso en el centro de la palma de mi mano antes de cerrar los ojos para absorber cualquier emoción que era procesada. Su aceptación de su comodidad conmigo me alegra el alma. Me da esperanza de que con el tiempo pudiera hablar conmigo. Su irrestricta vulnerabilidad entra en mi corazón y abre mi alma. Me atrae.

Cuando abre los ojos, los miro, buscando sus profundidades—. ¿Qué pasó, Pedro?
—Te lo dije antes. No trates de arreglarlo...
—Sólo estoy tratando de entender. —Froto mi mano sobre su mejilla una vez más antes de moverla para descansarla sobre su corazón.
—Lo sé. —Exhala—. Pero es algo de lo que no me gusta hablar. Mierda... es algo de lo que nadie debería tener que hablar. —Sacude la cabeza—. Te lo dije, mis primeros ocho años fueron una puta pesadilla. No quiero llenar tu cabeza con los detalles. Fue… ¡mierda! —Golpea su mano en la barandilla junto a nosotros, sorprendiendo tanto a Baxter como a mí—. No estoy acostumbrado a tener que explicárselo a nadie. —Aprieta la mandíbula, por lo que un músculo pulsa. Estamos en silencio durante un momento antes de que me mire con una sonrisa triste—. ¡Juro por Dios que eres tú!
—¿Yo? —tartamudeo atónita. ¿Qué tenía que ver yo con lo que acababa de pasar?
—Mmm-hmm —murmura, mirándome fijamente—. Nunca bajo la guardia. Nunca me abro a... —Sacude la cabeza, la confusión y la claridad están escritos en su cara—. No he podido bloquear las cosas por tanto tiempo. No hago caso de mis emociones. No hago caso de nada, ¿pero tú? Tú rompes paredes que ni siquiera sabía que estaba construyendo. Me haces sentir, Paula.
Siento como si todo el aire fuera sacado de mis pulmones. Sus palabras hacen que me sienta irreflexiva y, sin embargo inundada con pensamientos al mismo tiempo. Posibilidades parpadean y se incendian. La esperanza fija dentro de mis propias paredes se desmorona. Mi corazón se hincha con su reconocimiento.
Él aprieta los labios bellamente esculpidos mientras sube una mano y la coloca en mi hombro, su pulgar sin rumbo frota un lado a otro por encima de mi clavícula desnuda. —Sentirme así cuando estoy tan acostumbrado a vivir la vida en un borrón... saca vieja mierda... viejos fantasmas que pensé que había enterrado hace mucho.
Su otra mano se estira y la coloca en mi cintura, tirando de mí hacia él. Acaricio con mi cara la parte inferior de su cuello, inhalando el único olor en Pedro que me parece que no puedo conseguir suficiente. Envuelve sus fuertes
brazos alrededor de mí, aferrándose a mí como si necesitara la sensación para ayudarle a quitarse algunos de sus recuerdos.
—He vivido durante tanto tiempo tratando de cerrarme a mí mismo de la gente. De este tipo de emoción... ¿Paula? ¿Tienes alguna idea de lo que estás haciéndome?
Sus palabras nutren el amor floreciendo en mi corazón, pero sé que se siente incómodo con su inesperado ingreso, y no quiero que se asuste de repente cuando se dé cuenta de ello. Pide una parada en los pits. Siento la necesidad de hacer algo, de añadir un poco de frivolidad, de ahuyentar sus demonios si sólo es por una noche. Me apoyo en él y le doy un lento beso embriagador en los labios hasta que puedo sentir su erección engrosarse contra mi abdomen y me muevo en contra de ella.
—Creo que me puedo sentir eso así de fácil —murmuro contra su cuello.
Su risa vibra a través de su pecho contra el mío.
—Tan hermosa. —Levanta una mano a mi barbilla y la inclina hacia atrás mientras se inclina y juega con mis labios en los suyos. Mi nombre es una reverencia de suspiro en sus boca. Su lengua acaricia la mía una y otra vez, burlándose de mí con la intención de bailar para completar la seducción y absoluta rendición. Nunca pensé que fuera posible hacer el amor con alguien con un solo beso, pero Pedro está demostrando que estoy equivocada.
Él agita la lengua suavemente contra la mía, la suavidad de sus labios firmes persuaden que necesito más de él, que necesito cosas que nunca pensé posible ni siquiera que pudieran volver a existir. Su ternura es tan inesperada, tan abrumadora, las lágrimas pican la parte trasera de mis ojos mientras me pierdo en él. Me pierdo por él.
—Eres tan increíblemente hermosa, Pau. No te merezco, pero eres justo lo que necesito. —Respira en mi boca, sus manos toman mi cuello—. Por favor, deja que te enseñe...
Como si tuviera que preguntar.
Me levanto en mis dedos de los pies y pasó los dedos por el pelo en la parte de atrás de su cuello. Le miro, con los ojos enmarcados con gruesas pestañas y llenos de todas las palabras no dichas que sus acciones están tratando de expresar. Muevo la cabeza y llevo mis labios a los suyos como respuesta.

Me río mientras se inclina y coloca su brazo detrás de mis rodillas, recogiéndome y llevándome por encima el vidrio roto de la cerveza que se esparció por toda la terraza. Continúa al interior y me lleva por las escaleras hacia su habitación. Acciona un interruptor con el codo a medida que entra en la habitación y un fuego ruge a la vida en la chimenea de la esquina de la habitación.
Se detiene en el borde de la cama y me pone de pie.
—¿Es esta la parte en la que te tomas tu delicioso, lento, dulce tiempo conmigo? —susurro, con sus palabras de antes.
Veo sus ojos chispear con mis palabras. Se inclina y profundiza su lengua entre mis labios entreabiertos.
—Nena, quiero disfrutar de cada centímetro de ese cuerpo ridículamente sexy tuyo.
Siento sus manos sobre la cremallera en mi espalda y luego mi piel se enfría por el aire de la habitación mientras abre lentamente mi vestido. Alude a las cosas que quiere hacer conmigo. Su roce de voz me acaricia, lo que coinciden con la sensación de la punta de su dedo haciendo senderos por el camino que ha abierto. Siento el tirón de la tela, la desliza hacia abajo y alrededor hasta ser una piscina en mis tacones altos.
—Dios, mujer, pones a prueba el control de un hombre —jura hacia mí, sus pupilas se dilatan mientras absorbe toda la vista de mi ropa interior que ha visto sólo en pedazos esta noche.
Muevo mis manos sobre el encaje negro canalizado como un motor hasta mi sujetador de color rojo fuego y continúo por la tela hasta que llego a los ligueros que tiene anexados.
—¿Te gusta? —pregunto tímidamente, con una sonrisa en los labios.
—Oh, nena. —Aspira una bocanada de aire cerrando la distancia entre nosotros, sus ojos me devoran frente a él. Envuelve el brazo y me da un tirón en su contra para que enfrente su cara, sus labios dan un susurro entre sí—. Me gusta mucho más. Te deseo. —Gruñe mientras se mueve y me empuja hacia atrás y hacia abajo sobre la cama.
Inclino mi peso sobre mis codos y le miro de pie frente a mí mientras se desabrocha el resto de la camiseta. Mi boca se hace agua y el deseo se apodera de mi centímetro a centímetro por esa magnífica visión. El hambre en sus ojos es una promesa de lo que quiere hacerme y me deja sintiendo revoluciones de
necesidad. Se quita la camisa encogiéndose de hombros, los duros músculos de su pecho y abdomen dejan mis dedos deseosos de tocarle. Él se arrastra sobre la cama, con las rodillas empujando mis piernas separadas mientras se sienta entre ellas. Sus dedos trazan líneas calientes por mis muslos.
Mis músculos se tensan con la sensación y tiemblan de anticipación.
—Pedro —declaro mientras su toque enciende el dolor dentro de mí. La necesidad es tan intensa que mis manos serpentean por mi abdomen y mis dedos se entierran en la carne de mis caderas para contenerme. Estoy encendida con tanta fuerza que necesito la liberación.
—Oh, sí —gime él—. Tócate a ti misma, cariño, y déjame ver. Muéstrame lo mucho que me necesitas.
Sus palabras son todo lo que necesito para tirar mi modestia por la ventana. Mis dedos bailan por mi montículo y me abro a mí misma, con un suspiro de alivio cuando mis dedos comienzan a añadir la fricción que necesito sobre mi parte más sensible. Pedro gime de lujuria mientras observa, y el sonido me apremia. Muerdo mi labio inferior entre mis dientes mientras la sensación comienza a tirar de mí hacia abajo.
—Paula. —Él se ahoga con un suspiro torturado—. Es mi turno.
Mis ojos parpadean hasta encontrarse con los de él, ponderados por el deseo que arrastró mis dedos sobre mi clítoris por última vez antes de alejarlos. Sus labios se abren en respuesta a los gemidos que se escapan de entre mis labios y luego la curva en una sonrisa maliciosa me tiene arqueando la espalda, pidiendo más de su toque. Sus ojos sostienen los míos mientras se inclina hacia abajo. Siento el empate suave de su cálida boca en mi dolorido punto caliente y una vez más me ahoga. Su pasión me traga entera.

3/4


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