Nos encontramos tumbados con nuestras caras frente a frente, nuestras cabezas apoyadas en almohadas, nuestros cuerpos desnudos, y nuestro constante deseo saciado temporalmente.
Craig David toca suavemente a través de los altavoces del techo. Me bebo a Pedro, nuestros ojos hablando leguas a pesar de que nuestros labios se quedan en silencio. Tantas cosas que quiero decirle después de lo que hemos intercambiado. No era sólo sexo entre nosotros. Nunca lo ha sido para mí, pero esta noche en particular, la conexión fue diferente. Pedro siempre ha sido más que generoso como amante, pero cómo esta noche, con su lento toque de adoración, me dejó en un estado de feliz aturdimiento. Me encuentro a mí misma tan perdida en él, tan cubierta por todo lo que él es, que en cierto sentido, me encuentro a mí misma de nuevo.
Estoy llena de nuevo.
—Gracias. —Sus palabras rompen el silencio.
—¿Me estás dando las gracias? Creo que soy la que acaba de correrse varias veces.
La torcida sonrisa arrogante me llena de tanta felicidad.
—Es verdad —reconoce con un gesto de cabeza—. Pero gracias por no presionarme antes.
—De nada —le digo, sintiendo como la sonrisa en mi cara es un elemento permanente.
Nos quedamos en silencio durante un rato antes de que él murmure:
—Podría mirarte durante horas.
Me ruborizo bajo la intensidad de su mirada, lo que es divertido teniendo en cuenta que ya debería estar sonrojada por todas las diversas cosas que acaba de hacer para complacerme. Pero en este momento me doy cuenta de que estoy sonrojándome porque estoy completamente desnuda para él, despojada,
desnuda, abierta y no sólo en el sentido literal. Él me está mirando, viendo mis ojos y a través de la guardia que bajé para revelar la transparencia de mis sentimientos hacia él.
Me sacudo a mi misma de mis pensamientos.
—Creo que debería ser yo la que diga eso —le digo, con las llamas del fuego bailando bañando en una luz suave en sus rasgos oscuros.
Él resopla y me pone los ojos en blanco. Tal reacción infantil de un hombre tan intenso lo suaviza, hace que mi corazón tropiece mucho más.
—Tienes alguna idea de cuánta basura recibí cuando niño por ser tan bonito —dice con desdén—. ¿Cuántas peleas tuve para demostrar que no lo era?
Extiendo la mano y paso mis dedos sobre las líneas de su cara y luego por la línea torcida de su nariz. —¿Eso es lo que te hizo esto? —le pregunto.
—Mmm–hmm. —Se ríe en voz baja—. Estaba en el último año del instituto y estaba caliente por la chica del capitán de fútbol. Stephanie Turner era su nombre. Él no estuvo muy emocionado cuando el rebelde del instituto se escapó de una fiesta con su novia. —Sonríe tímidamente—. Yo estaba... Tenía un representante entonces.
—¿Recién entonces? —Bromeo.
—Listilla —dice, y me da esa sonrisa tímida—. Sí, recién entonces. —Cuando le pongo los ojos en blanco, sigue—. De todos modos, tenía bastante caliente la cabeza. Teníamos peleas constantemente sin razón para demostrar que nadie tenía que decirte lo que podrías hacer o cómo podías controlarlo. Tuve un montón de ira en mi adolescencia. Por eso, el día siguiente hizo que sus amigos me sostuvieran mientras me golpeaba como la mierda. Me rompió la nariz y me jodió bastante mal. —Se encoge de hombros—. Mirando hacia atrás, me lo merecía. No debes tocar a la mujer de otro hombre.
Le miro, encontrando su último comentario extrañamente sexy.
—¿Qué dijeron tus padres?
—Oh estaban enojados —exclama antes de continuar explicando cómo reaccionaron. Me habla durante una hora. Me explica cómo fue crecer con sus padres, rellenando pequeñas historias aquí y allá que me tuvieron riendo de sus dos rebeliones y de sus deficiencias.
Volvemos a caer en un silencio cómodo después de un tiempo. Él extiende la mano y tira de las sábanas por mi espalda después de notar que tengo frío y quita un rizo errante de detrás de mi oreja.
—Estoy orgulloso de ti —dice en voz baja, mis párpados soñolientos se abren completamente en pregunta—. Entraste en ese cuarto de almacenamiento esa noche y no te asustaste.
Le miro, la conciencia penetra en mí de que tiene razón. Eso no lo pensé dos veces. Con él a mi lado, podía olvidar mi miedo.
—Bueno, en realidad no entré realmente... Creo que fue coaccionado. Es el efecto Pedro —bromeo—. Tenías mis pensamientos centrados en otro lugar.
—Podría hacerlo de nuevo ahora mismo, si desearas —sugiere.
—Estoy segura de que podrías, Ace, pero... —Me detengo y le miro, la conversación del baño de Tamara se filtra en mis pensamientos. La curiosidad se funde con la inseguridad y saca lo mejor de mí—. ¿pedro?
—¿Hmm? —murmura, con los ojos cerrados a la deriva mientras sus dedos dibujan círculos sin rumbo en la parte superior de mi mano.
—¿Te doy lo que necesitas?
—Mmm, hmm. —La indiferencia de su respuesta me dice que no está entendiendo mi pregunta o que se está perdiendo en las garras del sueño.
Sus palabras resuenan en mi cabeza.
—¿Te satisfago sexualmente? —No puedo evitar el quiebre de mi voz cuando le pregunto.
El cuerpo de Pedro se tensa en mis palabras, sus dedos se quedan inmóviles en mi piel, y sus ojos se abren con deliberada lentitud y confusión. Me mira como si estuviera mirando directamente mi alma, y la intensidad de la misma es tan fuerte que al final aparto mis ojos para mirar mis dedos arrancar la sábana.
—¿Por qué me haces una pregunta tan ridícula?
Me encojo de hombros mientras la vergüenza colorea mis mejillas.
—No soy muy experimentada y eso; sin duda tan sólo me lo preguntaba... —Mi voz se desvanece, sin saber cómo hacer lo que está a la vanguardia en mi mente.
Pedro se mueve en la cama y se sienta, tirando de mi brazo para que no tenga más remedio que seguir su ejemplo. Él se acerca y mueve mi barbilla de modo que me veo obligada a mirar sus ojos.
—¿Sólo te preguntas qué? —pregunta en voz baja, la preocupación está grabada en su rostro.
—¿Cuánto tiempo pasará hasta que te aburras de mí? Quiero decir, yo…
—Oye, ¿de dónde viene todo esto? —implora Pedro mientras pasa suavemente el pulgar sobre mi mejilla.
¿Cómo es que puedo dejar que este hombre haga lo que quiera conmigo sexualmente, pero ahora mismo, enfrentarme a él acerca de mi falta de experiencia me hace sentir más desnuda que nunca? La inseguridad obstruye mi garganta cuando trato de explicarme.
—Simplemente he tenido una noche difícil —le digo—. Lo siento. Olvida lo que dije.
—Eh, oh, no te saldrás de esto tan fácil, Paula. —Se mueve en la cama y a pesar de mis protestas, tira de mí para que esté sentada entre sus muslos, cara a cara, mis piernas a horcajadas sobre sus caderas.
No tengo más remedio que mirarlo ahora.
—¿Qué está pasando? ¿Qué más me perdí esta noche que no me estás diciendo? —Su mirada busca en la mía respuestas.
—Es realmente tonto —lo admito, tratando de restarle importancia a mis sentimientos de insuficiencia—. Estaba en la caseta del baño y escuché a algunas señoritas que hablaban del Dios que eres en el saco… —Ruedo mis ojos por si acaso no quiero que su ego se vuelva más grande de lo que ya es. —. Y cómo es obvio que no tengo nada de experiencia… —Miro hacia abajo y me centro en los pulgares frotando ausentes de ida y vuelta en mis muslos—, en cómo vas a tomar lo que quieres, a masticarme, y a escupirme lejos. Dijeron que no eras previsible y…
—Detente. —Su voz es severa, y no puedo evitar mirar hacia arriba para mirarle a los perplejos ojos—. Mira, no sé cómo explicarlo. —Su voz se suaviza y niega—. No puedo hacerlo realmente. Todo lo que sé es que contigo, las cosas fueron diferentes desde el principio. Tú rompiste el molde, Paula.
Sus palabras hacen regocijar los sentimientos de esperanza dentro de mí, sin embargo, todavía siento las raíces de insuficiencia pesar sobre mi alma. Nos
sentamos aquí ambos tratando de ganar nuestra orientación en el terreno siempre cambiante bajo nuestros pies. —Lo sé —interpongo—solo…
—No lo entiendes ¿verdad? —pregunta—. Puede que no tengas la experiencia, pero... —Se queda colgado tratando de encontrar las palabras adecuadas—, eres la persona más pura que he conocido, Paula. Esa parte, esa inocencia en ti, es tan malditamente sexy. Tan jodidamente increíble.
Él apoya su frente contra la mía, tirando de mi cuerpo aún más a él. Suspira y se ríe suavemente, su aliento cala en mis labios.
—¿Sabes? Hace un par de meses, podría haberte respondido de manera diferente. Pero debido a que caíste fuera del maldito armario de almacenamiento, nada ha sido malditamente igual. —Hace una pausa momentánea, la punta de su dedo está en la línea desnuda de mi espalda—. Nadie me importó antes. Nunca. ¿Pero tú? Joder, de alguna manera cambiaste eso. Tú importas —dice con tal claridad que sus palabras ahondan en lugares muy dentro de mí que pensé que nunca podría ser sanado. Lugares y piezas ahora que poco a poco se asocian a sí mismos de nuevo juntos.
Me quedo quieta mientras Pedro pone sus brazos calientes alrededor de la piel fría de mi espalda. Hace el pelo a un lado y presiona sus labios en la curva de mi cuello. El roce de su barba envía escalofríos por mi espina.
—¿Qué pasa contigo y tu sacada de conclusiones esta noche? —murmura, manteniendo sus labios apretados contra mi piel. Las vibraciones de sus labios rebotan en nervios hipersensibles.
Me encojo de hombros y sin explicación, de pronto avergonzada de confesar mi momento de flagrante inseguridad cuando él tan obviamente me mostró esta noche que soy yo a la que desea. El silencio se instala a nuestro alrededor por un breve momento mientras respiramos.
—Si hay algo que no estás recibiendo de mí, que necesitas, me lo dirías ¿no? —Él se inclina hacia atrás para mirarme, con las manos apoyadas sobre mis hombros, con sus pulgares rozando distraídamente la esquina de mi clavícula, con la pregunta en sus ojos. Yo continúo. —Cuando Tamara dijo…
Los ojos de Pedro se abren en alerta. —¿Tamara?
—Ella estaba en el baño —le confieso y veo la irritación parpadear en su rostro.
—Maldita Tamara —murmura arrastrando una mano por mi pelo—. Mírame, Paula —manda. Levanto mis ojos para encontrarme con la cruda intensidad en la suya—. Tamara está celosa porque ella no tiene una décima parte del atractivo sexual que tú tienes. Y lo mejor de todo, de ti, es que ni siquiera te das cuenta. ¿Te acuerdas de esa noche en el Palisades? —pregunta y todo lo que pude hacer es asentir, hipnotizada por sus palabras y la imagen secundaria suave de su sonrisa en sus labios—. Eso es con lo que estaba peleando. Por qué fui un asno. ¿Cómo iba a llevarte allí y tratarte como a todas las demás cuando eras como nadie con quien alguna vez había estado antes? Y entonces me acerqué a ti, y tú estabas parada allí tratando de averiguar cuál era mi problema, viéndote tan malditamente hermosa y sin intención seductora. Y a pesar de que había sido un imbécil, te diste a mí y me diste todo de ti misma sin una sola explicación. —Se estira y traza una línea en mi frente y nariz, y luego se detiene en mis labios—. Me excita tan malditamente tanto, Paula. Como nadie más con quien he estado. Nadie.
Doy una respiración entrecortada, miedosa de creer lo que realmente me dice. Que le doy lo que necesita. Que las cosas entre él y yo son diferentes para él. Que soy la primera de alguna forma para él.
Trago con fuerza antes de apretar la mandíbula. Si hablo en este momento, tres palabras que no quiere escuchar saldrán a borbotones de mi boca. Ha sido una noche emocionante y estoy más que abrumada. Todo lo que puedo manejar es un simple movimiento de cabeza.
—Nunca he tenido que trabajar tan duro para conseguir algo que nunca pensé que deseaba —confiesa y sus palabras me traspasan y se incrustan en mi corazón, hinchándose y transparentes en mi alma.
¿Cómo es posible sentir el amor tan intensamente cuando pensaba que la posibilidad de eso se había muerto con Max?
Me apoyo en las palabras y expreso lo que mi enredada lengua no puede, presionando mis labios contra los suyos.
—Gracias —le susurro por las muchas cosas que ni siquiera creo que pueda entender, incluso si se las dijera.
Él se aleja y no puedo dejar de notar la sonrisa en su boca endiabladamente sexy. Levanta una ceja, con diversión en sus ojos.
—Un Dios en la cama, ¿eh?
No puedo evitar la risa que brota y se derrama, no sorprendida de que no lo hubiera olvidado.
—¿Yo dije eso? —Bromeo mientras paso mis dedos por los bordes de su abdomen. Puedo sentir su engrosamiento pulsar con excitación debajo de mí con mi toque—. Debe haber sido un desliz de mi lengua.
—¿En serio? —pregunta con una sonrisa juguetona en los labios y una mirada en sus ojos que me dice que sus necesidades saciadas no están llenas—. Las lenguas son cosas divertidas ¿no crees? —Se inclina y traza mi labio inferior con su lengua—. Pueden lamer así —susurra—. Y pueden besar así —dice marcando su boca en la mía, su lengua separa mis labios y domina mi boca. Nos mueve hacia atrás en el colchón para que su peso prense deliciosamente mi parte superior.
Rompe el beso y la lujuria en sus ojos tiene el deseo desplegándose en mi vientre.
—Y pueden lamer así —susurra antes haciendo su camino por mi cuello burlándose de la raíz apretada de mi pezón—. Pueden jugar y dar placer de esta forma. —Su lengua acaricia uno y luego otro antes de arrastrarse hacia abajo a mi abdomen a un ritmo dolorosamente lento. Mis músculos se doblan a la espera mientras él se detiene en la parte superior de mi sexo.
Me mira y capto un destello de sonrisa.
—Y sin duda... —Sopla contra mi unión, el calor de su aliento calando sobre mi sensible carne—, el amor que sabe así.
Su lengua se hunde más en mí y mi brusca respiración de aire seguido de un gemido suave es todo lo que puedo gestionar. Mis palabras se pierden y mi mente se nubla con el suave deslizamiento y la experta habilidad de su lengua.
Mientras me consume. Me complace. Me deshace.
4/4
Wow me encantaron los capitulos,buenisimos!!!
ResponderEliminarMuy buenos caps!! Me encanto como la ubicó a la perra de tamara!!! mimiroxb
ResponderEliminarBiennn Paula 1 Támara 0 jaja jaja jaja capítulos intensos.. hermosos !!
ResponderEliminar