Mis ojos aún tienen manchas blancas brillantes en mi campo de visión, pero sobrevivo a la alfombra roja. Me siento tan desorientada y extrañamente abusada por las invasivas preguntas de la prensa y por la incesante toma de fotografías. No tengo ni idea de cómo Pedro puede estar tan relajado en una situación así. Tal vez sean los años de práctica. Él fue tranquilo y educado, y evitó responder a las preguntas que le lanzaron —¿éramos pareja? ¿cuánto tiempo habíamos estado juntos, cuál era mi nombre?— y las desvió con un destello de su sonrisa, dándoles la imagen perfecta para su portada en su lugar.
Pedro me aprieta la mano con simpatía.
—A veces olvido lo destroza-nervios que pueden ser para que alguien que nunca lo ha hecho antes. —Me da un casto beso rápido en los labios antes de dirigirme hacia el salón de baile—. Perdóname. Debería haberte preparado para eso antes.
—No te preocupes por eso —le digo, relajándome en el calor de su mano en mi espalda—. Estoy bien.
La alfombra roja fue una cosa, pero no creo que nada pudiera haberme preparado para lo que sentí al entrar a la habitación con Pedro. Pareció como si cada cabeza en la sala se girara cuando caminamos a través de la puerta, toda su atención se centró en el hombre a mi lado. El hombre era simplemente magnético en todos los sentidos de la palabra: en apariencia, actitud, carisma y personalidad. Vacilo por la repentina atención. Pedro siente mi vacilación y tira de mí más cerca a su lado, una no tan sutil demostración de propiedad y posesión para las miradas de evaluación. La inesperada acción tanto me sorprende como me alegra el corazón. Él inclina hacia su boca a mi oreja.
—Respira nena —murmura—, lo estás haciendo muy bien. Y no puedo esperar a follarte más tarde. —Mis ojos parpadean hasta él y la sonrisa de él me pone más nerviosa.
La siguiente hora o así pasa en un instante. Pedro yo y nos mezclamos entre la multitud, y tengo temor por el número de personas que conoce o con las que
está familiarizado. Él es tan modesto que me encuentro olvidando las circunstancias en las que creció, donde las celebridades son familia y amigos y los trajes son de uso diario.
Él es realmente bastante encantador, siempre sabiendo el comentario correcto para hacer o cuando añadir un poco de frivolidad a la conversación con una broma ligera. Trabaja sutilmente el programa de patrocinio en cada conversación y pacientemente responde a preguntas sobre lo mismo de una manera relajada que tiene a la gente comprometida con la causa sin sentir que les hace una proposición o son acosadas.
Y lleva mi ropa interior en su cuadrado bolsillo, un constante recordatorio para mí de nuestro pequeño interludio en la limo y de las seductoras promesas que me hizo.
Echo un vistazo alrededor de la habitación y noto a varias mujeres hablando juntas y dando miradas en nuestra dirección. Al principio supongo que están mirando a Pedro porque, seamos realistas, es difícil no mirar boquiabierta hacia él. Y luego, cuando doy un segundo vistazo, me doy cuenta de que sus miradas no son de admiración hacia Pedro, sino más bien de juicio de su cita —o sea yo—. Me miran maliciosamente, burlándose en mi cara antes de volverse hacia sí para continuar. Para criticarme, sin duda. Trato de no dejar que me moleste o de que mi inseguridad saque lo mejor de mí, pero sé lo que están pensando. Veo las observaciones de Tamara haciéndose eco en sus miradas.
Estoy tan inmersa en mis pensamientos que no me doy cuenta que Pedro nos ha llevado detrás de una alta mesa de cóctel bistro. Le da la espalda a la sala y me besa para renovar mi torturante necesidad de él. Aleja su cara de nuevo para mirarme mientras su mano, bloquea a la multitud más allá de su chaqueta de cena, tomando la V entre mis piernas.
—¿Rápido y duro? O suave y despacio, Paula. ¿De qué forma debo follarte primero? —murmura en voz baja, el timbre de su voz llena mis oídos. Mi respiración se atora en mi garganta cuando aprieta los dedos entre mis pliegues a través de la tela de mi vestido, y no es presión suficiente como para sacarme de combate, sino lo suficiente como para provocar que una oleada de sensación viaje por todo mi cuerpo.
—¿Pedro?
Nos interrumpe una voz sobre el hombro de Pedro. Me sacudo con la conciencia de lo que él estaba haciendo, mientras una sonrisa suave se desliza por su boca y se vuelve para abordar al conocido.
Saluda a un caballero y me presenta a pesar de que sabe que muy probablemente necesito un momento para recuperar mi ingenio. Estoy segura de que el rubor en mis mejillas puede decir mucho, pero cuando echo un vistazo hacia él, está inmerso en su conversación sobre algún acontecimiento al que habían asistido juntos en el pasado.
Sus ojos brincan hacia mí, y un desequilibrado fantasma de sonrisa en su rostro y sus ojos sugiere mucho más.
Miro a Pedro, sólo escuchando la parte de lo que está diciendo, hasta que la pareja es llamada a otros lugares, a la vez que mi cuerpo zumba por el deseo. Tenerlo tan cerca de mí, a mi alcance real ¿y no poder tocarlo? ¿No poder deslizar mis manos hasta ese esculpido pecho debajo de esa camisa? ¿Pasar mi lengua por la V de sus caderas y degustarlo? Tortura absoluta.
Él se inclina hacia mí, obviamente, adivinando a donde se han desplazado mis pensamientos, y su cara acaricia mi pelo.
—Dios, eres sexy cuando estás excitada —susurra hacia mí antes de dar un besar a mi sien.
—Esto es tan injusto —le digo, presionando una mano contra su pecho, con una sonrisa tonta en mis labios. Mi sonrisa flaquea momentáneamente cuando capto una mirada desagradable de una mujer que pasa por el rabillo de mi ojo. ¿Cuál es tu problema? Quiero preguntarle. ¿Qué te hice?
—¿Quieres otra copa? —pregunta él, rompiendo mi pensamiento de la desconocida chica número uno. Me imagino que debería contarlas porque tengo la sensación de que podría haber más que unas pocas aquí esta noche. Asiento a su solicitud, sabiendo que la noche acaba de empezar y que necesito un poco de coraje líquido si voy a quedar a merced sexual de Pedro—. Ya regreso —me dice antes de apretar mi mano y e ir al bar.
Lo miro y veo a varios actores de primera detenerlo en su camino para darle la mano o una palmada a la espalda en señal de saludo. Una escultural rubia se acerca furtivamente a su lado tratando de llamar su atención. Observo a Pedro, curiosa por saber cómo va a interactuar con ella y para observar su nivel de familiaridad —la forma en que ella lo toca, su lenguaje corporal hacia él, la forma
en que él la mira, pero al mismo tiempo él parece molesto por su presencia—, me pregunto si se habrá acostado con ella antes. No puedo apartar los ojos, porque en el fondo ya sé la respuesta.
Sé que él ha tenido su terraplén de mujeres, y lo acepto, pero al mismo tiempo, mi reconocimiento no significa que esté bien con eso. Que quiero estar al tanto de eso con mis ojos propios. Lo veo despedir a la rubia y continuar a través de la habitación. En el momento en que en realidad llega al bar, está rodeado por un grupo de personas, todas compitiendo por su atención, que van desde jóvenes a viejos, hombres y mujeres.
—Él no se va a quedar mucho tiempo contigo —dice una voz con acento a mi lado en voz baja.
—¿Perdón? —Me vuelvo para mirar la impresionante belleza a mi lado con el pelo del rubio correcto.
Hola, chica número dos.
Ella sonríe hacia mí, sacudiendo la cabeza de lado a lado en señal de desaprobación mientras me mide.
—Sólo digo. —Es inexpresiva—. No nos mantiene por mucho tiempo.
¿Nos? Como si yo quisiera ser parte de algo con ella, y mucho menos del más nuevo miembro del Club Pedro Alfonso. ¡Grandioso! Otra de sus mujeres despreciadas.
—Gracias por el aviso —le digo, sin ocultar mi desprecio por su presencia—, me aseguraré de que tener eso en mente. Ahora si me disculpas.
Cuando empiezo a caminar, ella me agarra por la parte de arriba de mi brazo. La ira se dispara en mis venas. Cada cortés hueso en mi cuerpo se tensa para que no girar alrededor y mostrarle que debajo de este glamoroso vestido hay una raspadora dispuesta a luchar por lo que es mío. Y ahora mismo, Pedro es mío. Mi mano me pica por estirarse y quitar su mano de encima. O simplemente por darle una bofetada.
—Sólo para que lo sepas, cuando termine contigo y te arroje a un lado, voy a estar allí para tomar tu lugar. —Con esas palabras, me encojo de hombros con éxito fuera de su agarre y me doy la vuelta para mirarla. Cuando sólo la miro con helado desprecio, se sorprende en el silencio por su audacia, pero entonces continúa—: ¿No sabías que a Pedro le gusta meterse con sus ex-novias cuando está buscando a la siguiente?
—¿Y qué? ¿Sólo te sentarás y esperarás? Me parece patético —le digo, sacudiendo la cabeza hacia ella y tratando de ocultar el hecho de que sus palabras me pusieron nerviosa.
—Así de bueno es —contesta ella.
Como si no lo supiera ya.
Y con sus palabras, me doy cuenta de que es por eso que todas esas “ex” son tan posesivas con él, incluso con su recuerdo. Él es el paquete total en más de un sentido. Menos en la capacidad de comprometerse por supuesto. De repente, la sonrisa burlona en su rostro es sustituida por una sonrisa deslumbrante. Me doy cuenta de que su cuerpo cambia el idioma y se transforma, y sé que Pedro está detrás de mí, incluso antes de que mi cuerpo zumbe con la conciencia de su cercanía.
Me doy la vuelta y le doy una sonrisa, mi rostro es de gratitud por salvarme de las garras de esta mujer.
—Tifany. —Él asiente hacia ella, con una sonrisa reservada en su rostro e indiferencia en su voz—. Te ves hermosa como siempre.
—Pedro —dice ella sin aliento, su comportamiento cambió por completo—. Es tan bueno verte otra vez. —Da un paso hacia adelante para besar su mejilla, y él distraídamente da un paso al costado, colocando su mano en mi cintura y tirando de mí más apretado a su costado. Puedo decir que ella se ve lastimada por su falta de atención, por lo intenta de nuevo sin éxito.
—Si nos disculpas Tifany, tenemos una habitación que estrenar —dice él educadamente, despidiéndola lejos en mi dirección.
Él asiente a otro conocido y continúa una vez que está fuera del alcance de su oído.
—Ella es una desagradable persona con la cual tratar —dice antes de tomar un sorbo de su bebida—. Siento no haberte rescatado antes.
—Está bien, estaba ocupada informándome que cuando me desecharas, ella se encargaría de complacerse… hasta que encontraras a alguien nueva. Que siempre regresabas con tus ex novias, mientras estabas en busca de tu próxima conquista. —Pongo los ojos en blanco y trato de hacer mi tono alegre, como si sus palabras no me hubieran molestado, pero sé que después me golpeará con toda su fuerza cuando menos lo espere.
Porque estoy más que segura de que estaba diciendo la verdad.
Pedro echa la cabeza hacia atrás y se ríe alto.
—¡Cuando el infierno se congele! —exclama, sacudiéndose sus comentarios—. Recuérdame que te hable de ella más tarde. Es una obra de arte.
—Es bueno saberlo. Me aseguraré de mantenerme alejada de ella.
Nos mezclamos un poco más, hablando de nuestra empresa conjunta en una habitación llena de bolsillos profundos. Nos separamos aquí y allá, las distintas conversaciones nos tiran en direcciones opuestas. En los casos en los que estamos separados, no puedo evitar mirar por encima a Pedro, una sonrisa suave es la única respuesta que puedo dar a su malvada sonrisa.
Me encuentro sola por un momento y decido ir al bar a rellenar mi copa. Estoy esperando en la cola bastante larga cuando escucho a tres mujeres a un par de clientes detrás de mí. Primero no creo que se den cuenta de que puedo oírlos. Los comentarios son groseros sobre mi elección en el vestir.
Acerca de cómo no soy el tipo de Pedro porque no las tengo exactamente del tamaño que le gustan. Cómo me hace falta beneficiarme de una cirugía de nariz y alguna lipo. Cómo es que no sabría cómo manejar a Pedro en la cama aunque me dieran una hoja de ruta. Y siguen y siguen hasta que sé con certeza que están diciéndolo en voz alta a propósito, con la esperanza de afectarme
No importa lo mucho que sepa que están celosas y tratan de meterse bajo mi piel, definitivamente se están enterrando profundamente y están teniendo éxito. Están llegando a mí a pesar de saber en mi cabeza que soy con la que Pedro está esta noche. Decido que la bebida recargada que quiero —en la actualidad me siento como que definitivamente podría beneficiarme de ella— no es digna de la angustia mental que estas perras están infligiendo.
Me quito de la línea y tomo una respiración profunda en fortificación, planeando para ignorarlas mientras camino. Pero no puedo hacerlo. No puedo dejar que sepan que tuvieron éxito. En su lugar me detengo mientras las paso y me doy la vuelta. No me importa cómo me siento por dentro. No voy a dejar que estas chicas números tres, cuatro, y cinco sepan que han podido tocarme. Levanto la vista para alcanzar sus criticones ojos, tomando su condescendiente burla y hago caso omiso de sus miradas de desaprobación.
—Hola, señoritas —sonrío, inclinándome más cerca—. Sólo para que lo sepan, la única hoja de ruta que necesito es el pequeño gemido que hace Pedro cuando lamo por su delicioso sendero feliz que apunta hacia a su obscenamente
grande pene. Gracias por su preocupación sin embargo. —Parpadeo una sonrisa maliciosa propia antes de irme sin mirar atrás.
Me tiemblan las manos mientras camino, desviándome hacia el pasillo cerca de los baños por un momento para serenarme. ¿Por qué dejé que llegaran a mí? Si estoy con Pedro, ¿no es esa la única respuesta que necesito? Pero ¿realmente estoy con Pedro? Lo veo en sus ojos, lo oigo en sus palabras no dichas, y lo siento en su hábil toque. En Las Vegas, me dijo que me había elegido a mí, pero cuando le pedí que lo intentara y que me diera más que su estúpido arreglo, nunca me contestó, nunca me dio ni una simple seguridad, ni un “Sí, voy a tratar.”
Tal vez al notar a, lo que yo asumo es, su elenco —que está aquí esta noche—, ver que todavía las hace desear lo que no pueden tener y desfilan delante de mí. ¿Él no podría por lo menos habérmelo advertido?
Y entonces mis pensamientos con como serpientes en mi psique. ¿Esa seré yo en un par de meses?
Una de las muchas mujeres despreciadas por el famoso Pedro Alfonso. Me gustaría pensar que no, pero después de verlas aquí esta noche, ¿por qué pensé que incluso tendría una oportunidad de domar al incontrolable hombre? ¿Por qué iba a cambiar por mí cuando la multitud antes ni siquiera lo tentó?
Puedo pensar que soy diferente durante todo el día, pero mis pensamientos no significan nada cuando sus palabras podrían significar todo.
Suspiro, mis nervios se calman y se quedan sin resolver al mismo tiempo cuando miro hacia abajo a mi vaso vacío. Dejo escapar un pequeño chillido cuando unas manos se deslizan por mi cintura desde atrás.
—Ahí estás —la voz de Pedro susurra en mi oído, sus labios rozan la curva de mi hombro hasta mi cuello—. No podía encontrarte.
—Bueno, hola Ace —le digo de nuevo a él, el susurro de sus labios momentáneamente calmando mis dudas.
—Ace, ¿eh? —se ríe y trato de voltearme hacia él, pero él mantiene su cuerpo como un fantasma con el mío con sus brazos alrededor de mi torso. Empieza a caminar hacia adelante, mis piernas se mueven instintivamente con su impulso. Con cada paso, puedo sentirlo endurecerse contra mi espalda. El dolor que nunca me deja ruge de nuevo a la vida.
La risa de Pedro resuena en mi oído despertando pensamientos de que deseo —no, de lo que necesito—, que haga por mí en este momento. Es
demasiado para mí tener nuestros cuerpos conectados desde los muslos hasta los hombros. Rogar está dentro del ámbito de las posibilidades en estos momentos.
—¿Armario Cogida Espontánea? —pregunta, y me toma un momento captar que está ofreciendo otro intento cojo por el significado detrás de Ace.
—No —me río de él—. ¿De dónde ese…?
—Dios, no podría ser más jodidamente perfecto si lo hubiera planeado.
Y lo veo en el momento en las palabras salen de su boca. Él nos movió hacia el extremo aislado de la alcoba del conserje, e irónicamente nos encontramos frente a una puerta marcada como Almacenamiento.
Me echo a reír, pero antes de que pueda escapar, él me da la vuelta y me clava contra la pared, su cuerpo se presiona contra mí; su acero contra mi suavidad.Pedro pone sus manos a ambos lados de mi cabeza e inclina su rostro al mío, deteniendo el susurro de mis labios. Nuestros pechos presionándose tantos en nuestra desesperación por probarnos entre sí que consume nuestro aire, secuestra nuestra capacidad de respirar, y roba el proceso de la razón.
A pesar de nuestra proximidad, nuestros ojos permanecen abiertos, la conexión entre nosotros es inquebrantable. Eléctrica. Combustible.
—¿Tienes alguna idea de lo desesperado que estoy por follarte ahora mismo? —murmulla, el movimiento de sus labios roza ligeramente los míos.
Me ahogo en el calor líquido que sus palabras evocan, rogándole que me levante y me tome allí, pero todo lo que puedo hacer es exhalar un aliento inestable. Él se inclina y me prueba. Mis manos pican por hacer puño en su chaqueta y rasgar su camisa, al diablo con los botones.
Pedro retrocede cuando oye el chasquido de tacones, pero tira de la puerta del armario y me presiona en el interior. En el minuto en que se cierra la puerta del armario oscuro, Pedro tiene mis brazos inmovilizados por encima de mi cabeza. La única iluminación en el armario es la luz que se filtra por la rendija del marco de la puerta.
Mi mente ni una vez que registra mis demonios internos, la claustrofobia del accidente que por lo general me ahoga al primer indicio de estar confinada. Mi único pensamiento es Pedro. El miedo deja de existir. Me estremezco, anticipando el momento en que su cuerpo se estrellará contra el mío, que me
empujará contra la puerta, y tomará de mí lo que ambos hemos estado necesitando desesperadamente.
Soltándonos. Conectándonos. Intensificándonos.
Pero eso no sucede. La única conexión entre nosotros son sus manos sosteniendo mis muñecas por encima de mi cabeza. El armario es demasiado oscuro para descifrar el contorno de su cuerpo, pero puedo sentir su aliento calado en mi cara. Estamos aquí de esa manera por un momento, tan cerca que los pelos de mis brazos se erizan, cada nervio de mi cuerpo desea sentir el tacto que aún él me puede dar, en suspensión de ese estado nebuloso de necesidad.
—La anticipación puede mejorarlo —susurra y, en este momento, es sin duda la definición de Ace. No hay duda. Pero no tengo tiempo para comprender y mucho menos responder, porque sus labios finalmente, se encuentran con los míos. Y esta vez, hacen más que probarme. Devoran. Toman sin preguntar.
Marcan la afirmación que se está replanteando.
El mundo en el otro lado de la puerta deja de existir. Los disturbios de dudas en mi cabeza caen silenciosamente. Todo se pierde en la sensación de su boca adorando la mía.
Nuestras lenguas danzan. Nuestros reverentes suspiros se funden. Nuestros cuerpos sucumben, pero nunca se tocan.
Además de las manos de Pedro en mi muñeca y de sus labios en mi boca, él no permite que ninguna otra parte de nuestros cuerpos se conecten. Y yo tan desesperadamente necesito tocarlo, que siento las puntas de mis pezones apretarse frotándose contra su pecho, siento sus dedos arrastrarse hasta mis muslos y tocar mis más íntimos lugares.
Pero él me niega esa petición en silencio, completamente en control de la saciedad de mi detonante deseo. Se retira con un gemido de los dos.
—Mujer de Cristo —jura—. Estás haciendo increíblemente difícil que me aleje de ti.
—Entonces no lo hagas. —Digo agitada mientras siento la lujuria tan intensamente, al tenerlo tan cerca pero tan lejos de mí en más de un sentido.
Él gruñe en una respuesta frustrada y tan rápido como entramos en el irónico armario, salimos. Cierro los ojos un instante ante la repentina oleada de luz. Cuando abro mis ojos una vez más, Pedro se destaca a unos metros delante
de mí, la tensión se sitúa en sus hombros a raíz de lo que supongo que es el resbaladizo agarre que tiene en su moderación.
Él mira por encima del hombro hacia mí, su mandíbula se aprieta y sus ojos están en guerra con algo dentro.
—¿Pedro? —le pregunto, tratando de averiguar su estado de ánimo.
Él sólo mueve la cabeza hacia mí.
—Voy a despejar mi cabeza. ¿Te encuentro ahí?
Sólo miro, tartamudeando:
—Está bien —cae de mis labios.
Él empieza a alejarse, pero se detiene y se vuelve atrás y da pasos hacia mí. Sin preámbulos, agarra la parte de atrás de mi cuello y tira de él por un casto beso en los labios antes de caminar lejos. Le oigo exclamar por encima del hombro.
—Necesito un minuto.
Y yo necesito toda la vida.
Estoy inmersa en una conversación acerca de los méritos de mi organización y lo que las nuevas instalaciones tendrán que ofrecer cuando soy interrumpida.
—¡Paula! —suena una voz detrás de mí, y cuando me doy la vuelta, me encuentro devorada en un fuerte abrazo de los brazos de Andy Westin. Le regreso el abrazo, el afecto es contagioso y, entonces él se inclina hacia atrás y mantiene los brazos en mí. Silba—. ¡Wow! Te ves absolutamente impresionante esta noche —me halaga, y puedo ver exactamente quién aprendió de Pedro cómo ser encantador.
—Sr. Westin, muy contenta de volver a verte —le digo, y estoy sorprendida de que realmente lo esté. En una habitación llena de pretensiones, él aporta vitalidad y sinceridad.
Él agita una mano en el aire.
—Te lo dije, por favor llámeme Andy.
—Muy bien, Andy entonces. ¿Sabe Pedro que estás aquí? ¿Puedo ofrecerte algo de beber?
—Tonterías. Iré por un trago en un momento —dice, acariciando mi brazo mientras busca en la multitud—. No lo hemos visto todavía. Hemos estado muy ocupados viendo a viejos amigos y escuchando acerca de esta gran causa.
—Los niños ahora sin duda lo son —me sorprendo.
Él sonríe ampliamente.
—Hablando de buenas causas, escuché que tú y mi chico están trabajando en un pequeño algo juntos para tu propia organización.
—¡Sí, lo estamos haciendo! —exclamo, un tiroteo de emoción me atraviesa por la repentina comprensión de que es algo que realmente está sucediendo. De hecho, estoy aquí, promocionando la nueva instalación y su culminación—. Con la ayuda de Pedro.
—Ahí están —una sensual voz me interrumpe. Me vuelvo para ver a su dueño y parece que quedo cara a cara con Dorothea Alfonso—. Westin.
Ella es absolutamente impresionante, y hay una gracia en ella —en sus movimientos, en su sonrisa, en la forma en que se sostiene a sí misma—, que te hace querer simplemente verla y admirarla.
—Dottie, ¡cariño! No sé dónde te fuiste —dice Andy mientras besa su mejilla. Dorothea me ve a mí, sus ojos azul zafiro se encienden con humor.
—Siempre está perdiéndome —dice riendo.
—Dottie querida, esta es Paula...
—Chaves —termino por Andy.
—Chaves. Sí —dice, guiñándome un ojo a mí, agradeciéndome mi ayuda—. Por favor, conoce a mi esposa, Dorothea... —Se vuelve hacia ella—. Ella es la que está trabajando con Pedro en…
—Sí, lo sé, querido... —Acaricia su brazo cariñosamente—. Estoy a bordo después de todo. —Se gira hacia mí y extiende una mano perfectamente cuidada—. Me alegro de por fin conocerte en persona, Paula. He oído grandes cosas acerca de tu trabajo en el comité.
Extiendo la mano para estrechar la suya, sorprendida por mis nervios. Cuando Andy es cálido y acogedor, Dorothea es reservada y real. Una persona que te hace querer tener su aprobación tanto como decir una palabra. Al mando.
—Gracias. Es un placer conocerte también —sonrío cálidamente—. Tu marido y yo estábamos hablando de eso. De la generosa donación que hizo tu hijo
para que el centro sea una realidad tangible para nosotros. Una vez que su equipo se dé cuenta de la coincidencia total de la vuelta de patrocinio, podremos comenzar a sacar los permisos.
El orgullo llena el rostro de Dorothea ante la mención de su hijo, y puedo ver el amor incondicional en sus ojos.
—Bien, supongo que es algo bueno que me haya enfermado y le haya obligado a asistir en mi lugar entonces. —Se ríe—. A pesar de las incesantes quejas que tuve que escuchar por estar obligándolo a usar esmoquin.
No puedo evitar sonreír ante sus palabras, escuché las mismas quejas antes.
—Estamos abrumados por su generosidad. Las palabras no pueden expresar lo mucho que lo apreciamos. Y después al ir más allá y tratar de conseguir patrocinios para completar la financiación... —Pongo mi mano sobre mi corazón—. Simplemente nos deja sin habla. Abrumados, de verdad.
—¡Ese es nuestro chico! —exclama Andy, tomando una copa de champán de una camarera pasando y entregándosela a Dorothea.
—Debes estar muy orgullosa de él. Es un buen hombre. —Las palabras salen de mi boca incluso antes de que me dé cuenta de ello, y me encuentro un poco avergonzada. Mi inesperada admisión a sus padres es una idea de mis sentimientos hacia su amado hijo.
Dorothea mueve la cabeza a un lado y me mira por encima de su copa de champán mientras toma un sorbo.
—Entonces dime, Paula, ¿estás aquí con Pedro esta noche en un nivel profesional o personal?
Tengo que verme como un ciervo en unos faros por sus palabras y miro de Dorothea a Andy y de vuelta. ¿Qué se supone que debo decir? ¿Qué estoy enamorada de su hijo, pero que él todavía piensa en mí como en una mujer a la que folla porque por la que se niega a aceptar que podría sentir algo? No creo que sea es algo apropiado que decir a los padres de uno, independientemente de si son verdad o no. Mi boca se abre para decir algo cuando interviene Andy.
—¡No presiones a la chica, Dottie! —dice en broma, dando un guiño hacia mí, mientras en silencio le doy las gracias.
— Bueno... —se encoge de hombros a modo de disculpa, aunque dudo que esté arrepentida—, a una madre le gusta saber esas cosas. De hecho, creo que lo vi…
—¡Qué agradable sorpresa! —oigo el roce suave de la voz de Pedro, e inundaciones de alivio me recorren porque no voy a tener que responder a su pregunta.
—¡Pedro! —exclama Dorothea mientras se gira para mirar a su hijo. Me sorprende cuando él toma a su madre en un enorme abrazo de oso, meciéndose adelante y atrás antes de besarla en la mejilla, con la cara iluminada de amor por ella. Ella acepta su afecto abiertamente y coloca ambas manos en sus mejillas y mira sus ojos—. ¡Deja que te mire! ¡Se siente como una eternidad desde que te vi!
Él le sonríe, con aparente adoración.
—Sólo han pasado un par de semanas —ríe mientras le da palmaditas a su padre en la espalda en señal de saludo.
—¡Hola, papá!
—Hola, amigo —dice Andy, poniendo un brazo alrededor de sus hombros y apretando a Pedro momentáneamente—. ¿Qué es esto? —pregunta, levantando una mano para frotar la mejilla de Pedro juguetonamente—. ¿En realidad te afeitaste para esta noche? Tu madre se sorprendió al ver la foto del evento la otra noche de ti con…
—Te veías tan guapo, Pedro. Todo bien afeitado... —corta a su marido con una mirada de advertencia antes de sonreír con adoración hacia su hijo—. Ya sabes lo mucho que me gusta cuando te afeitas esa barba y lo quitas de tu cara. ¡Te ves mucho mejor sin ella!
Pedro me mira, con una sonrisa torcida en su rostro, sus ojos me dicen que recuerda mi comentario acerca de lo mucho que disfruto de la barba contra mis muslos.
—¿Veo que conocieron a Paula? —dice mientras desliza un brazo alrededor de mi cintura y me tira contra él, inclinándose para rozar sus labios contra mi sien. Instintivamente me inclino hacia él, sin perderme la mirada de sorpresa que se intercambia entre sus padres. De la que no estoy segura, pero la mirada de Andy y Dorothea parecen decir lo que yo quiero decir.
—Sí, estábamos hablando sobre el nuevo proyecto de su compañía —responde su madre estudiándolo de cerca, con una expresión perpleja en su rostro.
—Paula ha hecho un gran trabajo —dice él, el orgullo llena sus ojos y me sorprende—. Si vieran a los chicos —los que se encuentran actualmente a su cargo—, los grandes niños que son, entenderían por qué involucrarse era una obviedad. Por qué este proyecto debe ser completado.
Su entusiasmo es sincero y es entrañable para mí.
—Pero eso ya lo sabías, ¿verdad, mamá?
Hablamos durante unos momentos antes de que Andy se excuse para ir a buscar una bebida, y yo hiciera lo mismo yendo al baño. Doy unos pasos cuando Pedro coloca su mano sobre mi espalda baja y me detiene con el murmullo de mi nombre. Su cuerpo se presiona detrás de mí lo que nos conecta entre sí como piezas de un rompecabezas.
—Ni siquiera pienses en darte la liberación en ese baño —gruñe en silencio en mi oído lo que causan espirales de necesidad eléctrica viajen por todos mis nervios—. Sé que estás desesperada por sentirme enterrado dentro de ti por todo lo que soy. Sé el dolor es tan intenso que te quema. Pero, nena, soy el único que puede llevarte allí. —Pasa la mano por el lado de mi caja torácica—. No tus dedos. No un juguete. No cualquier otro hijo de puta en esta sala. —Exhala y envidio de su capacidad de respirar en este momento—. Sólo yo. Y estoy lejos de terminar contigo todavía. —Se aprieta para besar a la parte posterior de mi cabeza—. Mía. ¿Entendido?
Trago, tratando de encontrar mi voz. Sus palabras son tan seriamente calientes que te juro que puedo sentir la humedad entre mis muslos. Asiento y sólo cuando estoy varios metros lejos de él cuando realmente puedo pensar sin él nublando mi coherencia, puedo tomar aliento.
El cuarto de baño está vacío cuando entro y me dirijo al puesto contra la pared. Sólo necesito un momento para mí. Estoy terminando mi trabajo cuando oigo crujir la puerta abriéndose y dos pares de tacones en el suelo de cemento, y sus risas haciéndose eco en las paredes de azulejos.
—Entonces, ¿quién es con la que está aquí esta noche? Él parece bastante serio con ella ya que sus ojos no están vagando por mal camino, como siempre.
La otra mujer se ríe en una respuesta gutural y algo sobre la familiaridad de ella causa que haga una pausa con la mano en la puerta de la cabina.
—Oh ¿ella? Ella es absolutamente nada de lo que debamos preocuparnos.
Oigo el sonido de labios, como si alguien estuviera borrando su lápiz labial recién aplicado.
—Bueno por lo que ve de la página seis, pareces estar en lo cierto.
—¿Viste eso? —dice la muchacha con voz ronca.
—¡Sí! Tú y Pedro se veían tan bien juntos. Como la maldita pareja perfecta. —Me enfadan las palabras cuando reconozco esa chica con voz ronca, la que dice que no soy nada de qué preocuparme, es Tamara.
—¡Gracias, muñeca! Yo también lo creo. Fue una gran noche, y como siempre Pedro fue muy atento.
¡Whoa! ¿De qué demonios está hablando? ¿Noche? ¿Cómo de costumbre? Mi conversación con los padres de Pedro viene a mi mente. Andy dijo que su madre había visto una foto de él y otra persona antes de que Dorothea lo interrumpiera. ¿La foto era con Tamara?
Me trago la bilis que se levanta en mi garganta, tratando de calmar mis pensamientos de que se vayan demasiado de golpe y leo los comentarios. Trato de alejar la fiebre de latidos de mi pulso llenando mis oídos, desesperada para espiar un poco más. Tengo náuseas, por lo que retrocedo y me vuelvo a sentar, totalmente vestida, en el asiento del inodoro.
—¡No puedo creer que nunca dejaras que se escapara en primer lugar!
—Lo sé —suspira ella—. Pero él es un hombre que sin duda es difícil de convencer una vez que toma su decisión. Me aseguré de que sepa sin lugar a dudas de que ya no puede utilizar la excusa de que soy como una hermana para él sin embargo. —Se ríe sugestivamente—. Y me aseguré de estar ahí en todos los paso de su camino para que al final regrese a mí.
¡Cállate! No, no...
—Alguien tenía que meter a ese chico en forma. —Mi estómago se rebela ante sus palabras.
—Bueno, no creo que vaya a tomarle mucho más tiempo ahora por el aspecto de esa foto —dice su amiga, y puedo ver mentalmente la sonrisa que se ha extendido en sus labios.
—Sí, lo sé —responde Tamara—. Ella no puede darle lo que necesita. Es tan condenadamente ingenua. Los dos son como Caperucita Roja y el Lobo Feroz. Él va a comérsela viva, a escupirla, y luego pasará a la siguiente.
—Él tiene bastante el apetito sexual. Lobo Feroz... hmm, eso encaja. Sin duda alguna el mejor sexo que he tenido
¡Espera un minuto! ¿Pedro estuvo con la amiga también? Respira profundo, Paula. ¿Cuántas sus ex- novias de follada hay aquí esta noche? Respira profundo.
Oigo la cremallera de un bolso cerrarse.
—Él se cansará de ella muy pronto, cuando no pueda llenarlo. Quiero decir, mírala... no tiene un hueso seductor en ese cuerpo. Es demasiado aburrida... demasiado sencilla... demasiado plana para mantener su atención absorta. Y si es así en el exterior, no puedo imaginar lo absolutamente mediocre que será entre las sábanas. Ya sabes cómo es, la previsibilidad es una cosa que él no tolera. —Se ríe—. Además, le di algunas pistas la otra noche para decirle que todavía estoy en el juego. Y más que dispuesta a ser alguien o hacer lo que quiera.
Su amiga tararea de acuerdo.
—¿Quién no lo haría cuando se trata de él? El hombre es un incansable puto Dios en el saco.
—Yo lo sé mejor que nadie —ríe Tamara, el sonido sube por mi espina—. Además, puedo ser paciente. El tiempo está más que definitivamente de mi lado.
—¿Estás lista? —escucho un segundo cerrar de bolso y el chasquido de tacones de nuevo hasta la puerta cerrándose, y el baño se queda en silencio.
¿Qué demonios? Busco a tientas en mi bolso para mi teléfono. Hago clic en Google y escribo Página seis, Pedro Alfonso. Hago clic en el primer enlace que aparece y me preparo a mí misma para la que imagen llena la pantalla. Se trata de una imagen de Pedro saliendo del Chateau Marmont. Su mano está colocada en la espalda baja de Tamara, quien está vestida de gala con un vestido increíblemente sexy, rojo. Ella está dándose la vuelta, mirándolo a él, con su mano en su solapa, con la adoración llenando sus ojos y con una sugestiva sonrisa en su cara.
Pedro está mirando hacia ella, su rostro está arrugado por la risa como si acabaran de compartir una broma privada. Cuando por fin puedo apartar los ojos de la evidente química entre ellos, miro la fecha de la foto.
La cita fue el miércoles pasado. El mismo día que Pedro llevó a los niños y a mí a la pista de go-karts. Me quejo en voz alta en el baño vacío con la comprensión de que saqué de quicio su frustración sexual, y luego lo envié a una función con Tamara. ¡Puta madre! Echo un vistazo a la foto de nuevo, esperando
que tal vez sea una foto común de periódico que se utiliza para llenar el espacio, pero luego doy una mirada más cercana y observo a Pedro bien afeitado. Nunca está bien afeitado. El miércoles fue la primera vez desde que lo conozco que ha estado así. Siento un dolor agudo en el estómago mientras observo la foto de nuevo. Pedro me dijo que tenía una función de trabajo a la cual ir. ¿En el Chateau Marmont con Tamara? ¿En qué tipo de infierno de función estuvieron, y por qué se fueron juntos viéndose tan condenadamente acogedores?
Tomo una respiración profunda, mis pensamientos se disturban violentamente en mi cabeza mientras las excavaciones verbales de Tamara entran en mi conciencia y se afianzan.
Me empiezo a sentir asfixiada en los confines de la caseta del baño. Busco a tientas la cerradura de la caseta y me doy prisa más allá de las vanidades. Me miro a mí misma en el espejo de forma rápida y me sorprendo de que mi la apariencia sea tan tranquila y serena cuando mis entrañas están torcidas por esa información recién descubierta. Me obligo a calmarme y a no saltar a conclusiones. Tamara es amiga de la familia y socia de negocios.
Por supuesto que tienen que ir a funciones juntos. La imagen probablemente fue tomada justo en el momento adecuado para capturar una escena de la que la gente pudiera hablar. Una sobre la que pudiera hacer suposiciones. Probablemente había otras veinte fotografías de la escena que eran aburridas y no dignas de hacer chismes. Además, el hecho de que Tamara todavía sintiera algo por Pedro no debía sorprenderme, ella me lo había dicho en la pista.
Cuando salgo del baño, todavía estoy tratando de hablar conmigo misma debajo de la repisa de la inseguridad. No puede encontrar a Pedro, así me dirijo hacia el bar, necesitando otro trago para calmar mis nervios de punta. Decido que sé que Pedro ha tenido su parte de mujeres, pero él me dijo en las Vegas que yo soy yo a quien desea. Sería mucho más fácil de aceptar si acabara de admitir que éramos algo más —que éramos exclusivos—, cualquier cosa que me diga verbalmente que las emociones son una parte de la imagen.
Que no soy su juguete físico.
¡Consigue sacar eso de tu cabeza, Paula!
Tengo que aceptar que me lo demuestra con hechos, no con palabras. Eso es todo lo que está dispuesto a darme, y tengo que aceptar eso o alejarme. Suspiro con frustración. Pensé que estaba bien mentalmente con eso. Realmente lo pensé, pero luego de agregar a la mezcla a todas las “tontitas” de esta noche,
mis inseguridades han resurgido. Y haberlas tenido tiradas en mi cara en varias ocasiones por Tamara y luego esta noche con Tifany —así como por las otras tres a cinco—, hace que sea mucho más difícil. Pedro es el paquete completo. Debería sentirme halagada de que otras mujeres quisieran estar con él.
Sigue diciéndote eso,Pau, y tal vez algún día te lo creas.
Pido una copa en el bar y cuando me voy, veo a Pedro hablando con algunos señores en la habitación. Sonrío, al verlo disipar todas mis dudas. Mientras empiezo a caminar hacia él, la conversación termina y antes de que se aleje, una mujer se acerca a él y lo abraza en un abrazo que dura un poco demasiado largo para mi gusto. Y por supuesto es una rubia, de la belleza impresionante que compite en el departamento de impresionante. Cuando se gira, puede verla, es nada menos que la ‘tonta’ número cinco de la línea del bar antes.
Llamas de irritación parpadean a la vida dentro de mí.
Aquí vamos de nuevo. Me detengo en mi camino y veo su interacción.
Mientras que el intercambio de Pedro con Tifany es agradable, pero individual, su conversación con la “tonta” número cinco es nada pero distante. Cuando veo que sonríe sinceramente hacia ella y pasa su mano apretado a su espalda baja en lugar de moverla, me muerdo atrás los celos que me llenan.
No ha hecho nada malo o incorrecto, pero la familiaridad entre ellos es evidente. Me fuerzo a mirar hacia otro lado, y es entonces cuando mis ojos se encuentran con Tamara a través del cuarto. Sus ojos azules sostienen los míos, en el desprecio y la condescendencia que me lanza en la simple mirada. Cruza los brazos sobre el torso mientras mueve sus ojos de Pedro y luego vuelve a los míos. Una burla de sonrisa levanta una esquina de su boca mientras niega. Hace un espectáculo de mirar hacia abajo a su reloj y se toca la cara antes de mirar hacia mí.
El tiempo corre, Paula. Tu tiempo casi se terminó.
Me vuelvo hacia Pedro, cuidando de no darle ninguna reacción en mi expresión facial a pesar de mi creciente ira. No hay suficiente alcohol en esta habitación ahora mismo para que sostenga una conversación con ella. Me vendría bien una buena plática-de-Lina en estos momentos. ¿Dónde diablos está cuando la necesito?
Me pongo a hacer mi camino hacia Pedro cuando la rubia con la está levanta los ojos de él para encontrarse con los míos. Me da la misma mirada rápida, pero
evaluatoria de antes, pero a su vez es seguida por el destello de una sonrisa insolente. Aquí hay otra mujer que me quiere fuera de la imagen para que poder hacer su movimiento. Por otra parte, no parece esperar a nadie. No parece tener ningún problema en hacer sus movimientos justo frente a mí.
Necesito un descanso de todo este maldita drama y del infierno de irracionalidad que está sofocando todo mi oxígeno. Decido ir fuera para conseguir un poco de aire fresco y recuperar mi sentido de mí misma que estas sanguijuelas rubias parecen estar chupando de mí poco a poco.
La mirada de Pedro sigue la mirada de la “tonta” número cinco y se encuentra con la mía. Una sonrisa ilumina su rostro mientras me acerco, pero se queda un poco serio al ver la expresión de mi cara.
—¿Estás bien?
—Mmm-hmm —murmuro, evitando deliberadamente mirar a su compañera—. Sólo tengo que conseguir un poco de aire —digo y sigo derecho por delante de él sin responder a la mirada interrogante de su rostro.
Me apresuro fuera del salón de baile, llegando a la indemne salida. Abro las puertas y jalo el aire fresco de la noche. Hace frío, pero es más que bienvenido. Lo necesito después de la asfixia del ambiente en el interior. Camino a toda prisa hacia los jardines que noté cuando entré con la esperanza de que estén vacíos en este momento de la noche. Necesitando soledad.
Pero está llena de gatos esa fiesta!!! Deben servir whiskas en el menú! mimiroxb
ResponderEliminarWowwwwwwwwwww, espectacular este cap!!!! Quiero más please.
ResponderEliminarWow buenisimo,segui subiendo!!!
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