sábado, 7 de junio de 2014

CAPITULO DIEZ

Puedo ver que los niños vuelven toda su atención a nosotros dos. El juego de baloncesto ha sido olvidado. Shane está sonriendo porque es lo suficientemente mayor para sentir la tensión sexual cuando la ve, incluso si no la entiende del todo.

Pedro camina hacia mí a propósito colocándose de espaldas a nuestra audiencia, bloqueándome de su visión para que no puedan ver nuestra interacción. Estoy agradecida cuando se detiene y se queda a una respetuosa distancia de mí.
―Lo siento, Ace ―digo con dulzura para que sólo él pueda oírme―. El infierno no se ha congelado todavía. Te avisaré cuando lo haga.
Él da un paso más cerca de mí, su voz apenas es un susurro.
―Parece que sabes todo acerca de ser fría, Paula. ¿Por qué te quedas helada cuando sabes que puedo calentarte?
Sus dirigidas palabras dan su golpe directo en mi autoestima. Hiervo de ira por su arrogancia, pero sé que debo calmarme antes de causar una escena aquí en el trabajo, delante de mis chicos.
Rompo mi mirada de Pedro cuando algo por encima del hombro me llama la atención. Doy un paso al lado para poder tener una mejor visión de lo que es. Ahogo un grito de asombro cuando veo a Zander, sosteniendo su peluche, moviéndose lentamente alrededor del sofá hacia nosotros. Tiene una mirada curiosa en su rostro habitualmente estoico mientras se acerca.
Pedro se da la vuelta para ver hacia lo que estoy reaccionando. Empieza a hacerme una pregunta, y yo levanto la mano diciéndole que se calle.
Afortunadamente, me obedece. Los otros chicos en la habitación se han volteado a ver, con expresiones en sus rostros expectantes porque esta es la primera vez que Zander tiene el propósito de tomar la iniciativa de interactuar con alguien.
Zander se acerca a nosotros, mirando a Pedro, su boca se abre ligeramente y se cierra varias veces. Sus ojos son platillos en su rostro pálido. Me arrodillo para estar al nivel de los ojos con él. Tengo la sensación de Pedro a mi lado tratando de comprender la seriedad de mi reacción.
―Hola. ―Oigo a Pedro decir suavemente.
Zander se detiene y sólo mira. Me temo que algo sobre el aspecto de Pedro o algo que está usando ha provocado una reacción en Zander. Algún recuerdo negativo que lo obliga a venir a ver por sí mismo si se trata de algo real. Estoy esperando las consecuencias, el grito, la lucha y el terror llenando sus ojos.

―Zander. Está bien, cariño ―le digo, deseando romper su trance, haciéndole saber que una voz reconfortante y familiar está cerca. Vuelvo la cabeza ligeramente hacia Pedro, entrelazando mis ojos con los suyos―. Tienes que irte ahora ―le ordeno, con miedo de lo que Zander ve en él.
En contra de mi voluntad, Pedro camina hacia adelante y lentamente se agacha junto a mí. Oigo sus botas chirriar en el azulejo de la casa en silencio. Uno de los chicos debió haber silenciado el televisor.
―Oye, amigo ―le tranquiliza―. ¿Cómo estás? ¿Estás bien?
Zander da un paso más cerca de Pedro y un fantasma de sonrisa llega a su boca. Mis ojos se abren. Él no tiene miedo sino que más bien le gusta Pedro. Echo un vistazo rápido a Pedro, con miedo de perderme algo de lo que Zander haga, y él sostiene mi mirada, asintiendo en reconocimiento. Entiende que algo está pasando. Algo importante. Algo con lo que tiene que tener cuidado y con lo que debe tener cuidado.
―Zander, ¿verdad? ―Ojos hechizados se encuentran con Pedro, y luego mueve la cabeza en una pequeña y discernible inclinación de cabeza.
Jalo mi aliento, las lágrimas amenazando a medida que veo un pequeño avance ocurrir.
―Entonces Zander, ¿te gustan las carreras?
Puedo oír a los chicos de la familia comenzar murmurar con entusiasmo cuando comprenden quién se encuentra en su casa. Los niños hablan más fuerte hasta que me ven mirando intensamente hacia ellos, y se callan.
Pedro extiende la mano hacia Zander.
―Encantado de conocerte, Zander. Mi nombre es Pedro.

Por segunda vez en tres días, estoy sin palabras. La cabeza me da vueltas al ver al pequeño Zander llegando lentamente y estirando la mano para estrechar la mano del hombre a mi lado.
Veo los primeros pasos de un niño liberándose de las garras de un devastador trauma violento.
Su primera vez iniciando el contacto físico con alguien en más de tres meses.
pedro sostiene la pequeña mano de Zander en la suya, agitándola suavemente. Cuando acaba con su saludo, Zander deja su mano allí sin ninguna indicación de querer moverla. Pedro sostiene la pequeña mano, con una suave sonrisa en su rostro.
Las lágrimas me arden mientras me doy la vuelta. Quiero saltar y gritar de emoción con este avance. Quiero agarrar a Zander y abrazarlo y decirle que estoy muy orgullosa de él. No hago nada de eso porque el poder de este momento es mucho más grande que cualquiera de esas cosas juntas.
―Te diré algo, Zander, si Paula aquí, está de acuerdo en salir en una cita conmigo de la que ella está tratando de salir ―dice Pedro sin romper el contacto visual con él―, entonces te llevaré como mi invitado personal a la pista la próxima vez que esté de prueba. ¿Qué tal eso?
El fantasma de una sonrisa vuelve a los labios de Zander, sus ojos se iluminan por primera vez, mientras asiente diciendo que sí.
Sostengo mi mano sobre mi corazón para presionar el dolor allí corriendo de alegría por mí. ¡Por fin! Y todo porque pedro me siguió a la casa. Todo porque no me escuchó. Todo porque está usando a uno de mis chicos para chantajearme para salir con él. ¡Podría besarlo ahora mismo! Bueno, creo que ya hice eso, pero podría hacerlo de nuevo. En este punto, haría lo que sea que Pedro me pidiera que hiciera sólo para ver la sonrisa en la cara de Zander de nuevo.
Pedro aprieta la mano de Zander de nuevo y lo sacude.
―Es un trato, entonces, amigo. ―Suelta su mano y se inclina más cerca―. Lo prometo ―susurra.

Los labios de Zander se curvan en una sonrisa. Hoyuelos pequeños se forman en sus mejillas. Hoyuelos que ni siquiera sabía que tenía, porque nunca lo había visto sonreír. Él retira lentamente su mano de la de Pedro, pero sigue mirando con expectación, como preguntando cuándo tendrá lugar. Pedro mira por encima de mí en busca de ayuda, y yo me levanto.
―Zander, ¿cariño? ―Él mueve sus ojos de pedro y mira hacia mí―. Pedro y yo nos iremos y nos sentaremos en la cocina y planearemos el momento, ¿quieres unirte a nosotros o te gustaría ir a acabar de ver el partido de baloncesto con los chicos? ―le pregunto en voz baja, mi voz le acaricia suavemente como lo haría con un animal miedoso.
Los ojos de Zander dan un vistazo rápido atrás y adelante entre nosotros antes de que Pedro interrumpa.
―Hey, amigo, me quedaré aquí en la cocina por un par de minutos con Paula. ¿Puedes ir a ver el juego por mí para decirme de lo que me perdí cuando terminemos?
Zander asiente levemente, con los ojos en los de Pedro nuevamente calibrando si es sincero o no. Debe haberle creído, porque aprieta más al perrito y se dirige de nuevo al sofá. Los ojos de Shane captan los míos, con el rostro cubierto de incredulidad antes de tomar el control remoto y poner el sonido de nuevo.
Me levanto del suelo, dándome cuenta de que todos los chicos, excepto Zander, tienen su atención centrada en Pedro porque no todos los días una celebridad está en nuestra casa. pedro da cuenta de los pares de ojos sobre él y les da una sonrisa sincera.
―No se preocupen ―les dice moviendo la cabeza con comprensión por su asombrada mirada―. Todos podrán venir también cuando lleve a Zander a la pista.
Una gran cacofonía de gritos resuenan mientras la excitación electrifica a los chicos.

―Está bien, está bien ―los aplaco―. Tienen lo que querían, por favor, dense la vuelta y presten atención al juego para que Pedro  y yo podamos discutir algunos asuntos.
Ellos obedecen en su mayor parte con varias miradas furtivas en nuestra dirección a medida que avanzamos a los taburetes de la cocina. Le ofrezco a Pedro un asiento, y camino alrededor de la isla para poder enfrentarlo. Me doy cuenta de que Shane todavía nos observa, sin embargo, con una mirada protectora en su rostro, preguntándose por qué pedro me molesta.
Por la gran cantidad de emociones que Pedro me ha hecho sentir en el tiempo de la semana que lo conozco, el agradecimiento que le tengo en este momento supera a todas.
Levanto la vista hacia él y lo miro a los ojos, tratando sin éxito de evitar que las lágrimas llenen los míos.
―Gracias ―susurro. Son sólo dos palabras, pero la expresión de su cara me dice que entiende cuánto hay detrás de ellas.
Él asiente.
―Es lo menos que puedo hacer ―su voz es ronca cuando responde―. Todos tenemos nuestras historias. ―Ofrece como su forma de entender la magnitud de lo que sucedió antes de mirar abajo a sus manos juntas, más para sí mismo que para mí.
―Tienes razón ―digo todavía abrumada por la situación. Miro a Zander y a su sonrisa. Él lo hizo. Realmente lo hizo hoy. Dio un paso debajo de la niebla. Y de repente me siento eufórica de esperanza.
Me siento impulsiva con las posibilidades.
―¡Pedro! ―le sacudo de sus pensamientos. Él levanta su cabeza, sorprendido por mi urgencia de llamarlo por su nombre. Sé que me arrepentiré de esto más tarde, pero decido ir con mi instinto. Decido ser impulsiva y actuar en el momento―. Me voy en diez minutos ―le digo, y me mira como si no estuviera siguiendo el hilo de mis pensamientos, por lo que continúo―: Te debo una cita, así que saldremos en una cita.
Niega como si tratara de asegurarse de que dije las palabras que oyó.
―Oh, está bien. ―Tropieza, y me encanta el hecho de que lo tomé por sorpresa. Empieza a levantarse, las comisuras de sus labios se curvan―. No tengo ninguna reserva ni…
―¿A quién le importa? ―Muevo las manos―. No soy alto mantenimiento. La simplicidad es gratificante. Estaré bien con una hamburguesa o algo, de verdad. ―Miro sus ojos abriéndose con incredulidad―. Además, pagaste lo suficiente por la cita, ¿quién necesita que sueltes un montón de dinero en comida que nos comeremos de todos modos?
Él me mira fijamente por un latido, y tengo la sensación de que está tratando de averiguar si estoy hablando en serio o no. Cuándo lo miro como si estuviera siendo denso, continúa.
―Eres increíble. Sabes eso, ¿no? ―Sus simples palabras van directamente a mi corazón porque la incredulidad en su voz me dice que es sincero.
Le doy una sonrisa sobre mi hombro mientras me dirijo a mi habitación para agarrar mis cosas y refrescarme.
―Regresaré.
Vuelvo rápidamente y encuentro a Mike mirándome asombrado, estrechando la mano de Pedro en la cocina. Pedro se vuelve hacia mí cuando me oye.
―¿Estás lista? ―pregunta.
Levanto mi dedo indicando que un segundo.
―Me voy de aquí ―les anuncio a los chicos a medida que se levantan de sus diversos lugares y vienen y me dan abrazos de despedida. Creo que la presencia de Pedro y mi amistad con él de repente me elevaron a la condición de estrella de rock con ellos por la forma en que me abrazan con fuerza.
Mientras estoy recibiendo mis abrazos, me doy cuenta de que Pedro camina hacia el sofá y se pone en cuclillas delante de Zander. Le dice algo, pero no estoy segura de lo que es.

GRACIAS! ♥

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