Me estaciono en mi camino y me quedo sentada en el auto durante unos momentos tarareando la música que sale de los altavoces, con mi momento con Pedro corriendo en mi cabeza. Inconscientemente canto la canción de costumbre, las palabras y el ritmo son reconfortantes para mí. Pongo mis manos en la parte superior del volante y apoyo la cabeza sobre ellas. No es que haya estado con muchos hombres en mi vida, pero esa fue uno de las más intensas, apasionadas, y extrañamente reconfortantes citas de mi vida. Sacudo la cabeza mientras la reproduzco de nuevo.
¡Mierda! Eso es todo lo que puedo pensar de mi noche. Todo sobre Pedro es persecución inesperada. El diablo en mi hombro me reitera que todo esto es mi culpa. Que si hubiera actuado “normal”, nunca habría sido una víctima voluntaria en sus hábiles manos en un rincón detrás del escenario. Nunca he estado en la posición de decirle que “gracias, pero no gracias”, estimulando este tipo de persecución, todo este desafío, un bienvenido cambio de su mundo, de mujeres dispuestas excesivamente ansiosas.
Grito sorprendida por el golpe en la ventanilla del auto. Estoy tan absorta en mis pensamientos, que nunca veo a Lina acercarse a mi auto. Mi ritmo cardíaco vuelve a la normalidad al abrir la puerta para ella.
―Hola, Li. Sólo un segundo ―le digo mientras me estiro sobre mi asiento para agarrar mis cosas.
Siento cuando se mueve Lina en la puerta mientras su cuerpo bloquea la luz del garaje, poniendo el asiento delantero en las sombras.
―¿Es ese Matchbox Twenty? ―pregunta mientras se acerca para oír la música que se reproduce baja en el equipo de música.
Uh-oh, me digo, ella sabe que algo está pasando. Mi predilección subliminal de escuchar a Matchbox Twenty cuando estoy molesta o al pensar que las cosas ha vuelto a atormentarme. Lina sabe muy bien de la época oscura de mi vida. Me conoce tan bien que entiende que ciertas canciones representan ciertas cosas en las que estoy trabajando.
La miro, y está con las manos en las caderas, la irritación emana de ella en oleadas, y no estoy segura cuánto sabe. Y dependiendo de lo que sepa es lo doloroso que será que lo guarde de ella.
No hay razonamiento con Lina cuando está enojada. Cuando se siente agraviada. En silencio, gimo porque sé que mi día interesante empezará ya. Ella nunca se echa atrás hasta que consigue las respuestas que quiere. Puede engañarlos a todos, porque detrás de su inocente belleza hay una gran nitidez de ingenio, pero no a mí.
Yo lo sé mejor.
Le doy la vuelta al auto rápidamente antes de que ella pueda oír la canción que tengo en repetición, Bent. Al menos no es Unwell. Tengo mi bolsa en mi mano, pero no puedo salir del auto, ya que ella está de pie en el camino.
―Creo que tenemos que tener una pequeña charla ―dice ella con altivez―. ¿No es así? ―Se mueve fuera del camino, con las manos en las caderas. Todo lo que necesita es golpear su pie, y seré transportada de nuevo a estar en la oficina del director de la primaria.
Forzo una alegre sonrisa en mi cara.
―Claro, Li. ¿Qué pasa? Pareces enfadada por algo.
―Por ti.
―¿Por mí? ―respondo caminando a la puerta principal, rodando los ojos debido a que ella está detrás de mí.
―No me ruedes los ojos, Pau ―exige a medida que caminamos por la puerta principal.
Me río de su íntimo conocimiento de mí y de mis expresiones faciales, y, al mismo tiempo me endurezco a mí misma por todo lo que es Lina Montgomery.
Dejo caer mis cosas en la mesa alta que se encuentra en la pared de entrada. Voy al suave sofá en nuestra sala y me hundo en él, deseando poder cerrar los ojos y dormir. Pero no puedo porque Lina se sienta en el otro extremo del sofá y dobla sus ágiles piernas debajo de ella.
―¿Cuándo ibas a decírmelo? ―Su voz es escalofriantemente tranquila. Esa no es una buena señal. Entre más tranquila sea, más molesta está.
―¿Sobre qué? ―La urjo, pensando que si me da lo que sabe, al menos puedo obtener crédito por decirle el resto que no sabe.
―Del maldito Pedro Alfonso ―escupe, con los ojos muy abiertos, tratando de reprimir una sonrisa que amenaza con romper su implacable fachada―. ¿Estás jodiendo conmigo? ¿Y no me lo dijiste? ―El tono de su voz se intensifica con cada palabra. Agarra su copa de vino en la mesa junto a ella y bebe, sin nunca romper el contacto visual conmigo sobre el borde. Su siguiente palabra es tranquila, con daño evidente―. ¿Por qué?
―Oh, Lina. ―Suspiro, frotando mis manos sobre mi cara, tratando de reprimir las lágrimas que me amenazan. Pierdo la batalla y una sola lágrima se desliza por mi mejilla―. Estoy tan confundida ―suspiro, cerrando mis ojos un momento para dominar el control de mis emociones deslizándose.
El rostro de Lina se ablanda con mi confesión.
―Lo siento mucho, Pau. Es sólo que me duele, que no lo haya dicho. No era mi intención…
―Está bien ―le digo, quitándome los zapatos, los granos de arena pegados a mis pies me recuerdan que realmente estuve con Pedro esta noche. Como si necesitara un recordatorio con el olor de su colonia mezclado con el olor de él aún fresco en mi mente―. No era mi intención lastimarte. Cómo supis…
―No contestaste el teléfono... como siempre. Tenía ganas de decirte acerca de alguien que confirmamos para la gran fiesta de lanzamiento mañana. Te envié un
mensaje y te llamé varias veces y no obtuve respuesta ―dice―. Estaba preocupada. No es propio de ti, al menos, me das una respuesta de una palabra si estás ocupada. Estaba preocupada por lo que llamé a Dane. ―Mi ceja se levanta en pregunta―. Supongo que acabé por sumar dos y dos en que PAE es proporcional a su contribución en la subasta de caridad y con tu pequeño visitante hoy en el trabajo que tuvieron a todos los consejeros enviando mensajes de texto con furia. ―Se encoge de hombros como una manera de explicación―. Entonces, ¿qué está pasando, Paula? ¿Qué estás escondiendo de mí?
―Es sólo que estoy tan impresionada con todo. ―Sigo contándola la historia, cada sórdido detalle a pesar de mi vergüenza por nuestros primeros diez minutos de interacción. Su rostro permanece impasible durante mi repetición de los acontecimientos mientras los digiere.
Cuando termino, ella se queda callada por unos momentos, me mira con afecto incondicional en su cara.
―Bueno ―dice estirándose por más vino y regresando con un vaso para mí―. Hay muchas cosas que decir, qué discutir, pero, ante todo. ―Se agarra la rodilla, la excitación vibra fuera de ella―. ¡Mierda, Paula! ¿Pedro? ¿Alfonso? ¡Entre los bastidores del teatro! ¡Woohoo! ―Levanta los brazos por encima de su cabeza y yo me encojo mentalmente, esperando no derramar el vino―. Estoy muy orgullosa de que finalmente consiguieras volverte un poco loca. ¿Qué te pasó?
Siento un color carmesí profundo sobre mi rostro mientras inclino mi cabeza y empiezo a girar el anillo alrededor y alrededor de mi dedo.
―Lo sé ―murmuro―. No lo entiendo bien.
―¿Qué? ―me grita―. ¿De qué demonios estás hablando? ―Empuja mi rodilla con fuerza―. Yo digo wow con admiración, no wow de por qué te escogió. Sal de eso,Pau. ―Chasquea los dedos en frente de mi cara, obligándome a mirarla―. ¡Él es jodidamente precioso! Todos rebelde y como un chico malo a combustión lenta...
Como si necesitara que me lo recordara.
Lina mira hacia mí, puedo ver la parte vertiginoso de eso ahora sale a la superficie.
―¿Se ve tan bien en persona como en televisión?
Trato de encontrar la palabra perfecta, pero digo lo primero que se viene a mi mente.
―Es impresionante ―le digo con reverencia―. Y sexy y dominante y frustrante, y sus ojos son... y sus labios... ¡uf! ―Estoy atrapada en el recuerdo de él, mi mente va a la deriva sobre los retazos. Cuando regreso al aquí y al ahora, capto a Lina mirándome fijamente, con la sombra de una sonrisa en la boca.
―Realmente te gusta ¿verdad? ―dice en voz baja, sintiendo lo que siento, pero que me niego a decir.
Lágrimas se reúnen en mis ojos ante la idea a pesar de la sonrisa estampada en mi cara.
―No importa si me gusta o no, él dejó en claro que sólo me quiere para una cosa. ―Me encojo de hombros, dando un largo sorbo de mi vino―. Además, no puedo hacerle eso a M…
―¡Espera, espera, espera! ―grita, agitando los brazos en el aire para detenerme―. Aprovecharé esta discusión y la dividiré en dos partes diferentes, en compartimentos para ti y tus formas anales, si quieres, porque ambos realmente necesitan ser abordados. ―Me ve más cerca―. Paula, cariño. ―Hay seriedad en su voz―. A quién le importa lo que te depara el futuro cuando se trata de Pedro. Si él desea tu cuerpo y algo de sexo trascendental, entonces que así sea. No lo pienses. El hecho de que no sea lo que estás esperando no significa que no sea todo lo que puedas necesitar. ¿Y quién mejor para hacerlo que con un puto Adonis como él? ―Le da otros tragos a su bebida, con diversión en su rostro―. Mierda, yo tomaría eso para un paseo en un latido ―murmura, frunciendo los labios con el pensamiento de cómo sería.
Me río a carcajadas de ella.
―Tú ―bromeo, sintiendo poco a poco mi cuerpo relajarse de la tensión―. Ese tipo de cosas es fácil para ti.
Ella empuja mi pierna.
―¡Gee, gracias! ¡No soy una puta! ―Me contempla―. Bueno, a menos que quiera serlo. ―Se ríe.
―No. ―Resoplo―. Me refiero a que eres tan despreocupada y segura de ti misma. Todo lo que haces es seguro. No te arrepientes. ―Muevo la cabeza hacia un lado―. Y seguro que te sientes atraída por los chicos malos. ―Sonrío hacia ella.
―Hmm-hmm, me encantan los traviesos ―dice riendo momentáneamente perdida en sus pensamientos―. Pero regresemos a ti. No necesito sacarme todo lo torcido de un hombre que está dentro de ti.
Pongo los ojos en blanco a su comentario.
―Paula, el chico puede tener a cualquier mujer que quiera, y está ocupado persiguiéndote, pagando por miles de citas, gastando millones para hacer su sueño realidad, y te llevó a una cita romántica improvisada a la playa. Al ponerse el sol.
―Según él, no hace lo del romance.
Ella resopla voz alta:
―Bueno, tal vez lo que necesita es redefinir lo que es el romance ―reprende―, porque todas esas cosas explican que un hombre vaya en pos de mí.
Niego hacia ella y su franqueza.
―Sólo me desea porque le dije que no. Soy un desafío para él en un mundo de otro modo dispuesto de mujeres.
―Fuiste un verdadero desafío cuando te tuvo contra la pared detrás del escenario ¿no? ―Mueve la boca, incitándome.
―¡Sabes que esa no soy yo, Lina! No me habían tocado desde... ―El silencio se instala y sacudo la cabeza para despejar los recuerdos que me tiene como rehén―. Además, regresé a mis sentidos. Era la adrenalina de ser atrapada…
―Sigue diciéndote eso, cariño, porque no estoy segura de si estás tratando de convencerte o a mí que sólo fue un lapso simple de moralidad. ―Se encoge de hombros, sin romper el contacto visual conmigo―. No hay nada de qué avergonzarse. Está bien volver a sentir, Paula. Vivir de nuevo.
Las lágrimas me amenazan otra vez, y me las limpio con el dorso de mis manos antes de que puedan caer.
―Y a pesar de que no hemos terminado con el tema número uno en nuestra agenda, veremos el punto número dos. ―Nivelo mis ojos con los de ella, la aprensión me llenaba. De repente, su expresión se volvió de comprensión mientras se daba cuenta―. No quieres decírmelo porque no quieres que te diga que está bien vivir de nuevo. Que está bien seguir adelante. ―Su voz era un suave y relajante cuestionamiento.
Asentí lentamente mientras me tragaba el enorme nudo en mi garganta. Ella se escabullé cerca de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mí, meciéndose lentamente, y haciendo ruidos para acallarme. Un enorme sollozo se me escapa, y sucumbí a las lágrimas que me habían amenazado durante varios días. Se siente tan bien dejarlas salir, muy catártico.
Después de unos momentos encuentro una apariencia de control y, finalmente, puedo hablar.
―Sólo me siento como si estuviera traicionando a Max. Siento que no merezco… ―Se me corta la respiración por mi llanto―… Me siento culpable…
―Paula, cariño. ―Ella mete un rizo errante de cabello detrás de mi oreja―. Es normal sentirse así, pero en algún momento tienes que empezar a vivir de nuevo. Es una cosa terrible la tragedia que les ocurrió a ustedes. A él. A ti. Pero ya pasaron más de dos años, Pau―agarra mi mano―, y sé que no quieres oírlo, pero en algún momento tienes que seguir adelante. No tienes que olvidar, pero tú, la maravillosa
y hermosa mujer que eres, necesita vivir de nuevo. Tú también una vez estuviste sin preocupaciones. No es demasiado tarde para encontrar eso una vez más.
Me quedo mirando hacia ella, mis lágrimas borran mi visión, y temo que mi siguiente entrada me haga una persona terrible. Aparto mis ojos, con miedo de mirarla cuando hablo.
―Parte de la razón por la que me siento culpable... es que yo... la intensidad, la desesperación, todo lo que Pedro me hace sentir es mucho más, mucho más fuerte, de lo que nunca sentí con Max. ―Aprovecho la oportunidad, y miro hacia su rostro, buscando la expresión contraria de lo que esperaba. Me parece que veo compasión en lugar de repugnancia decepcionada―. Y me iba a casar con Max. ―Me ahogo, aliviada de haber quitado este gran peso de encima de mi pecho y de mi consciente―. Sé que es estúpido, pero no puedo dejar de sentirlo. No puedo evitar que me venga a la cabeza en ese momento en que todo lo que siento, quiero respirar y más es a Pedro.
―Oh, Pau... ¿por qué has estado ocultando todo esto? ―Ella seca una de sus propias lágrimas delante de mí tirando de ella y apretándome de nuevo. Apoya la mejilla en la parte superior de mi cabeza―. Paula, eras una persona diferente entonces. Tu vida es diferente ahora. En aquel entonces, cualquiera que los veía a ti y a Max juntos, solo sabíamos que eran el uno para el otro, tal como tú lo sabías. ―Puedo oír la sonrisa en su voz mientras rememora―. Y ahora ―suspira―, estuviste en el infierno y de vuelta en poco más de dos años. No eres la misma persona que eras. Es natural sentirse diferente, amar más, sentirse más fuerte, nadie va a culparte por eso. Nadie te ha tocado en dos años, Paula. Tu reacción debería ser más intensa.
Nos sentamos en silencio mientras absorbo la verdad en sus palabras. Sé que tiene razón, sólo espero poder creer eso cuando llegue el momento. Mi contemplativo silencio se rompe cuando Lina comienza de manera repentina a reír. Me libera de su abrazo, y me inclina hacia atrás para que la mire perpleja. ¿Qué diablos es tan divertido?
―¿Qué?
Ella me mira y puedo ver el libertinaje en sus ojos.
―Él es probablemente bueno en la cama. ―Sonríe perversamente―. Apuesto a que folla como conduce, un poco imprudente, empujando los límites, y en eso hasta la última vuelta. ―Levanta sus cejas hacia mí, su sonrisa es descarada.
Sus palabras hacen que me muerda el labio inferior al pensar en él cerniéndose sobre mí, hundiéndose en mí, llenándome. Vuelvo a vivir la sensación de sus labios sobre los míos, de sus músculos firmes debajo de la ropa flexionándose hacia mí, y su voz ronca me dice que me desea. Rompo mis pensamientos, mi centro se amortigua ante la idea de él. Miro de nuevo a Lina, mirándola viéndome, sus cejas aún están levantadas, como si me preguntara si creo que su evaluación es correcta.
Madre mía, lo creo. Y algo más.
―¿Desde cuándo ves las carreras? ¿Por qué sabes cómo conduce? ―Trato de evitar su concentración en mí.
―Brody las ve. Presto atención cuando dice el nombre de Pedro ―dice de su hermano y luego sonríe diabólicamente―. Sin duda, vale la pena verlo cuando destellan su rostro ante las cámaras.
―El hombre puede besar ―le confieso, sonriendo como una loca―. Definitivamente puede besar. ―Asiento en acuerdo.
―No pienses en ello, Paula... ¡hazlo! Sé imprudente. Suéltate el cabello ―me insta―. ¿Quieres despertar dentro de veinte años con una vida perfectamente ordenada con todo en su lugar y apropiado pero nunca haber vivido realmente? ¿Sin nunca realmente haberte puesto allí?
―Bueno, me gusta todo eso, la parte del orden. ―Bromeo mientras ella pone los ojos en mí.
―Por supuesto, ¡en toda esa declaración se oye eso! Basta de pensar en las historias que podrás contarle a tus nietos algún día, sobre el sórdido asunto que tuviste con el piloto de carreras playboy y sexy.
Tomo un sorbo de mi vino, contemplando sus comentarios.
―Sé lo que estás diciendo, Lina, realmente lo sé, pero el sexo sin compromiso. Sin una relación... ¿cómo se hace eso?
―Bueno, pegas la tapa A en la ranura B ―responde con ironía.
―¡Fue una pregunta retórica, perra! ―me río lanzando la almohada junto a mí hacia ella.
―¡Gracias a Dios! Estaba preocupada porque había pasado tanto tiempo que tendría que darte una lección de educación sexual. ―Llega a la mesa y descorcha otra botella de vino, rellenando nuestros dos vasos.
Se instala de nuevo en el sofá, y puedo verla eligiendo mentalmente sus palabras antes de hablar.
―¿Tal vez sea mejor así? ―Cuando todo lo que hago es subir las cejas en pregunta, explica―. Tal vez para tu primer chico desde Max, tal vez sea mejor que no sea material para una relación. Estás obligado a tener algunos contratiempos, después de todo lo que pasaste, así que tal vez lo mejor sea lanzar la precaución al viento y abrazar a tu zorra interior un poco. ¡Pasar un buen rato y un montón de sexo alucinante! ―Menea las cejas y me río de ella, mi consumo excesivo de vino poco a poco hace efecto, suavizando mis nervios de punta.
―Mi puta interior ―reitero, asintiendo―. Eso me gusta, pero creo que ella se perdió.
―Oh, ¡podemos encontrarla, hermana! ―Ella da una risita―. Probablemente está escondiéndose detrás de las capas de telarañas cubriendo tu entrepierna.
Nos reímos a carcajadas antes de que poco a poco empezáramos a reír incontrolablemente. Mis exaltadas emociones de la Semana de Bienvenida de esta versión. Me río hasta que las lágrimas se filtran por las comisuras de mis ojos. Justo cuando creo que mi risa va a disminuir, Lina sacude la cabeza:
―Tienes que admitirlo, Pau, ¡el hombre es jodidamente sexy!
Empiezo a reírme otra vez.
―¡Muy picante! ―confirmo―. Hombre, ¡no puedo esperar a verlo desnudo! ―Las palabras están fuera antes de que mi difuso cerebro haya tenido la posibilidad de filtrarlas.
Lina se detiene a media risa, una sonrisa de conocimiento juega en sus labios.
― ¡Lo sabía! ―me grita, señalando mi cara―. ¡Sabía que querías follar!
―Bien, ¿duh? ―respondo antes de volver a colapsar con otro ataque de risa.
―Te llevaré mañana por la noche al evento, y luego iremos a beber para marcar tu trasero con una llamada sucia.
―¡Oh Dios, no! ―Me quedo blanca. ¿En qué me metí?
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