viernes, 6 de junio de 2014

CAPITULO CINCO

Paso mis dedos sobre mi escritorio, mientras leo la página web de nuestra empresa matriz. Tengo tantas otras cosas que debo estar haciendo en este momento, pero me encuentro a mí misma mirando las imágenes de todos los presidentes de nuestro consejo, así como de los miembros del comité organizador.
No puedo ubicar al miembro cuyo hijo es Alfonso, y está empezando a molestarme. No tengo su apellido para ayudar a las piezas del rompecabezas a encajar en su sitio. Ojalá no le hubiera dicho a mi personal que podían esperar unos días para que me consiguiera los papeles. Sólo estaba tratando de ser amable después de todo el duro trabajo que habían tenido. Si lo hubieran hecho sin embargo, me gustaría tener la respuesta. Sé que podría llamar a Stella o a Dane y pedirles el nombre de mi futura cita, pero entonces ellos sabrían que algo está pasando, porque algo así no sería importante para mí.
Y con esos dos chismosos, no quiero abrir esa compuerta.
Más importante aún, estoy irritada conmigo misma por hacer caso a lo que es.
―Un mujeriego ―gruño con bajo aliento.
Me froto los ojos cansados y me paso los dedos por mi pelo, tirando de nuevo de mis hombros. Exhalo alto, ya que ha sido un largo y agotador fin de semana y estoy agotada.
Echo un vistazo al reloj. Tengo quince minutos antes de tener que irme para llegar a la casa para mi turno de veinticuatro horas.
Mi ordenador hace ping y hago clic en mi buzón de correo para ver un correo electrónico entrante. No reconozco la dirección, pero puedo asumir la identidad de
la persona. Aquí vamos de nuevo. Hago clic en él, porque el asunto despierta mi curiosidad.


Para: Paula Chaves
De: Ace
Asunto: Relaciones detrás del Escenario
__________________________________
Pauli…
¿Hubieras abierto el correo electrónico si la línea de asunto, simplemente hubiera dicho: ―Cita con el postor más alto?
No lo creo.
Me debes una cita.
Avísame tu disponibilidad para poder hacer planes.
Tienes veinticuatro horas para responder. O de lo contrario.
―As.

Suspiro pesadamente confundida. Estoy irritada ante su ridículo ultimátum. Más aún, sin embargo, estoy irritada conmigo misma. ¿Por qué, aunque no quiero salir con él, me siento como una colegiala vertiginosa y emocionada de que me haya enviado por correo electrónico? Que el chico popular divertido reconozca a la difícil, chica normal.
Después de que salga con la jefa de las animadoras detrás de las gradas, eso es. Dios, ¡que molesto es! Compruebo el reloj para asegurarme de que no tengo tiempo para una respuesta.

Para: Ace
De: Paula Chaves
Tema: ¿El gato consiguió su lengua?
_______________________
Ace…
Exigente, ¿no es así?
Nunca te diriges a tu línea de asunto. ¿Debo preocuparme por cuántos mensajes de correo electrónico le enviaste con el mismo título a tus otras conquistas del sábado por la noche tratando de conseguir una cita?
―PAU- LA.

Sonrío mientras lo envío, imaginando su cara en mi mente. Su sonrisa. Sus ojos esmeraldas. La devastación que tiene sobre mi control. Sólo han pasado dos días desde la subasta, y sin embargo, me pregunto si mi memoria no está haciendo a Alfonso ser más de lo que realmente es. Haciendo sus transgresiones parecer menos ofensivas de lo que realmente son. Antes de que pueda reflexionar aún más, mi bandeja de entrada me alerta.

Para: Paula Chaves
De: Ace
Asunto: La caballerosidad no ha muerto
_______________________
PAU-LA.
Un caballero nunca besa y lo dice, Paula. Debes saber eso.
Cuando pienses en mí, asegúrate de tener en cuenta que mis demandas sólo darán lugar a tu placer.
Y nunca respondiste a mi pregunta. Una apuesta es una apuesta. Es hora de pagar, cariño.
―As.

Me río a carcajadas de su respuesta. Tal vez si ignoro su pregunta, él sólo desaparezca. ¡Buena suerte con eso! A pesar de detestar el juego que estaba jugando, me encuentro sonriendo mientras escribo mi respuesta. Soy un desafío para él, así de simple. Si hubiera accedido a su petición de una cita, o incluso si hubiera continuado besándolo en el pasillo y sin retroceder, nunca me habría dado un segundo pensamiento. Habría tenido su mal forma conmigo y se habría alejado sin mirar atrás.

Para: Ace
De: Paula Chaves
Asunto: Las señoras gordas y las aves amarillas
_________________________
Ace…
Leí en alguna parte que un chico necesita la adulación de muchas chicas para estar satisfecho mientras que un caballero necesita sólo la adoración de una sola mujer. Por esa sola definición, que sin duda no es de un caballero. Eso significa que debes estar cantando como un canario, entonces. Además, una cita está muy por encima de mi nivel salarial.
―Paula.
PD: Ah, y no te preocupes, no pienso en ti. Para nada.

¡Toma eso! Pienso, orgullosa de mí misma por mi ingenio a pesar de la flagrante mentira de mi último comentario. Me levanto y guardo mis cosas, acomodando mi escritorio. Mientras me estiro para apagar mi ordenador, mi bandeja de entrada me avisa de nuevo.

Para: Paula Chaves
De: Ace
Asunto: Necesitas un aumento de sueldo
_________________________
Paula…
Puedo ser hombre, pero estoy muy lejos de ser suave. De hecho, creo que tienes un poco de curiosidad de lo que me gusta.
Pasa por encima del borde conmigo, Pauli. Tomaré tu mano y disfrutaré que pierdas ese autocontrol del que te precias. Seré cualquier cosa y todo, excepto suave.
Te lo prometo. Nunca conocerás tus límites hasta que te empujes sobre ellos.
Si te niegas a darme disponibilidad, tendré que tomar el asunto en mis propias manos. ¿Tal vez alguien que tome el control es exactamente lo que quieres? ¿Qué necesitas?
―Ace.

―Tarado egoísta ―murmuro mientras apago mi computadora
negándome a responder. Como si supiera lo que quiero o necesito. Pero a pesar de mi ira, sus palabras resuenan a través de mí más de lo debido.

Mi teléfono suena mientras conduzco a casa. Estoy de mal humor por alguna razón y sólo puedo echarle la culpa a Alfonso y a sus malditos correos electrónicos. Maldito por llenarme con deseos y de necesidad y de deseo de nuevo. Echo un vistazo a la pantalla de mi teléfono y me lamento en voz alta.
Es Lina, mi mejor amiga y compañera de piso. La había evitado con éxito y una de sus conocidas inquisiciones desde el evento de la noche del sábado. Por suerte había tenido planes que le habían impedido salir de la casa por una ronda de sus preguntas y ella sabía que algo había sucedido.

―¡Hola, Li!
―¡Pau! ¿Dónde has estado? Me estás evitando ―me reprende.
Dios, cinco palabras de conversación, y ya está sobre mí.
―No, no lo hago. Sólo que ambas hemos estado ocupadas con…
―Tonterías ―sostiene―. ¡Hablé con Dane y conozco la historia! ¿Por qué no me despertaste y me lo dijiste cuando llegaste a casa?
Me pregunto lo que Dane le dijo, y entonces me doy cuenta de que es probable que esté hablando de la subasta.
―Porque no pasó nada, excepto la humillación absoluta. Fue horrible.
―Oh, no podría haber sido tan malo ―dice ella con sarcasmo―. Por lo menos sacaste una cita. ¿Quién es él?
Pongo los ojos en blanco mientras me dirijo a mi auto en la entrada de la casa.
―Un tipo.
―Bueno, obviamente. Me alegro de que no fuera una chica porque eso sería darle un giro completamente diferente a esto ―se ríe de la broma, y no puedo evitar sonreír ante mi querida amiga―. Entonces ¡Habla, hermana!
―Realmente, Lina, no hay nada que contar. ―Puedo oír su carcajada al otro lado de la conexión.
―Oh, ¿ves eso? Me acerco a la casa. Me tengo que ir.
―Bonita historia, Pau. No te preocupes, conseguiré la primicia de eso cuando llegues a casa mañana del trabajo. ―Me estremezco con la promesa de Lina Montgomery de ir más profundo. Ella nunca lo olvida.
―Mira, no lo conozco ―me ablando, con la esperanza de que si le doy un poco de información se quede satisfecha y no haga palanca más allá―. Teddy me lo presentó antes de que supiera que era un contendiente. Su nombre es Alfonso algo, y es el hijo de uno de los presidentes. Eso es todo lo que sé. ―Me estremezco por mi flagrante omisión a mi mejor amiga.
Oigo el zumbido de aprobación en el extremo de la línea y sé la expresión exacta que se encuentra en su perfecto rostro. Su nariz de botón estará arrugada con incredulidad mientras sus labios se mueven en forma de corazón, intentando averiguar si estoy diciendo la verdad.
―Realmente estoy en el trabajo ahora, Li. Me tengo que ir. Te quiero, adiós ―digo nuestras palabras de despedida habituales.
―Te quiero, adiós.
Hay caos en la casa, como de costumbre, cuando entro por la puerta. Doy un paso hacia más de seis bolsas de libros que están sin orden ni concierto en la entrada. Puedo oír la música de los Top 40 procedente de un dormitorio y el comienzo de una discusión de la otra al pasar el pasillo de camino al centro de la casa.
Oigo el estallido de un guante de béisbol que entra por las ventanas abiertas en la parte trasera de la casa, y sé que Kyle y Ricky se encuentran en medio de su pelea
habitual de captura. En cualquier momento, uno de ellos estará quejándose de que el otro tiene un tiro horrible. Ellos discuten y luego pasan a la siguiente actividad, jugando con sus Bakugan o compitiendo en el béisbol del Wii.
Entro en la gran sala para escuchar a Scooter riendo mientras se sienta al lado de mi compañero consejero, Jackson, en el sofá, argumentando los méritos de Spiderman contra los de Batman.
La gran sala es el espacio común de la casa, que combina la cocina con una gran sala de estar abierta.
Las grandes ventanas se abren hacia el patio trasero donde puedo ver a los niños jugando a la pelota. La sala tiene sofás en un extremo que forma una U alrededor de un centro pequeño de medios, mientras el otro extremo alberga una gran mesa de madera, actualmente cubierta con lo que parece ser tarea incompleta. El mobiliario en tonos tierra no es ni nuevo ni malo sino más bien llevado con cuidado y bien utilizado.
―Hey, chicos ―digo mientras pongo mi bolso en la isla de la cocina, evaluando el estado de la cena que parece estar en dos grandes ollas de barro en el mostrador.
Oí varias versiones de “Hola,Paula” de los ocupantes de la casa.
Jackson se levantó del sofá, con los ojos marrones llenos de humor sobre su debate con Scooter, un niño de ocho años y que es todo sonrisas.
―Estábamos tomándonos un descanso de las tareas. Ellos terminaron antes de la cena estuviera lista.
Levanto la tapa de una olla de barro y remuevo lo que parece ser asado y verduras en el interior de la olla. Mi estómago gruñe, recordándome que había trabajado durante el almuerzo hoy en la oficina corporativa.
―Huele bien ―le digo, mi mano golpea a Shane cuando llega para pellizcar un pedazo de los panes recién horneados que están en bandejas para hornear en la parte superior de la estufa―. Manos fuera. Eso es para la cena. Ve a buscar una fruta si tienes hambre.
Él pone los ojos en mí, como sólo un chico de quince años, puede.
―Hey, no se puede culpar a un hombre por intentarlo ―cuenta, con la voz quebrada por estar antes de la pubertad, mientras bordea a mi alrededor, quitando su cabello rubio desordenado de su frente.
―Necesitas un corte de pelo, amigo. ―Él se encoge de hombros hacia mí, su sonrisa torcida me roba el corazón como hace regularmente.
―¿Terminaste tu trabajo para poder revisarlo?
Él se vuelve hacia mí, caminando hacia atrás.
―Sí, ¡mamá! ―responde, la expresión de cariño no pasa desapercibida para mí. Por eso, de hecho, es lo que el personal de aquí es con estos chicos: somos los padres que ya no tienen, ya sea como resultado de su muerte, de las drogas, o de otras circunstancias.
Para los siete niños a mi cargo, mi personal y yo somos los guardianes, ya que ningún otro miembro de la familia se ha presentado para reclamarlos. Y en la mayoría de los casos, la posibilidad de adopción una vez que están por encima de cierta edad disminuye drásticamente. El estado le entrega su tutela a mi empresa y de esta institución es de la que estoy a cargo.
Trabajo sobre todo en la oficina corporativa a varios kilómetros de distancia, pero requiero que todos los de mi personal capacitado trabajen al menos veinticuatro horas por semana a cambio. Esta vez les permito conectarse con los chicos, y para que nunca olvidemos en nombre de quién exactamente estamos luchando todos los días.
Estos niños y mi personal son mi segunda familia. Me alimentan emocionalmente y me retan mentalmente. A veces tientan mi paciencia y empujan mis límites, pero los amo con todo mi corazón. Haría cualquier cosa por ellos.
Connor viene volando sin embargo de la cocina, corriendo hacia la puerta de atrás con algo bajo el brazo, Aiden lo viene persiguiendo.
―Hey, chicos, cálmense ―los reprendo mientras oigo Aiden gritar que conseguirá regresar y hacerle pagar.
―Cálmense, muchachos ―dice Jackson en su profunda voz de barítono, levantándose de la cama para ver la interacción.
Esos dos tienen la costumbre de antagonizar entre sí, a veces hasta el punto en que se convierte en algo físico.
Siento pequeñas manos envolverse alrededor de mi muslo, y miro hacia abajo a los ojos angelicales de Scooter.
―Hey, amigo ―sonrío, haciendo movimientos lentos y deliberados para corresponder a su abrazo. Puedo ver que se tensa como el acero por mi contacto, pero no se aparta. Me tomó dieciséis meses provocar esa reacción de un niño de ocho años cuyo único contacto físico en su corta vida con su madre fue a través de puños u objetos. Me agacho descendiendo a su nivel de ojos y le doy un beso suavemente en la mejilla. Procurando que sus ojos, color chocolate vean hacia mí.
―Estoy de acuerdo contigo. Spiderman es mucho más genial que Batman. Él tiene un sentido arácnido que sólo Batman desearía tener. ―Él me sonríe, asintiendo con entusiasmo―. ¿Por qué no vas a recoger tu tiradero? Es casi la hora de la cena.
Él asiente, me concede una sonrisa tímida, y lo veo caminar de regreso a la habitación de la familia y a sus amados cómics, que se extienden al azar por el suelo. Muevo mi mirada de Scooter a la figura acurrucada en el otro sofá.
Zander está estático. Está en el mismo estado de silencio en que ha estado en los últimos tres meses a mi cuidado. Se acurruca en sí mismo, con una expresión impasible en el rostro mientras observa la televisión silenciada con grandes ojos embrujados. Tiene su amado perro de peluche, raído y cayéndose a pedazos, una línea de vida que sostiene con fuerza contra su pecho. Su cabello castaño está ondulado con rizos suaves en la parte de atrás de su cuello. Necesita desesperadamente un corte de pelo, pero todavía puedo escuchar sus aterrorizados gritos de hace un mes, cuando vio las tijeras mientras me acercaba a él con la sugerencia de un ajuste.

―¿Sin cambios, Jax? ―murmuro a Jackson que caminó a mi lado, manteniendo mis ojos en Zander.
―Nop. ―Suspira ruidosamente, la empatía sale de él en oleadas. Y continúa en tono silencioso―. Su cita con la Dra. Delaney fue igual. Ella dijo que él se le quedó mirando mientras trataba de hacer que participar en la terapia de juego.
―Algo lo disparará. Algo encajará a presión sacándolo de su estado de shock. Espero que sea más temprano que tarde para que podamos tratar de limitar el daño hecho a su subconsciente ―contengo mi dolor por el niño perdido―, y ayudar a la policía a averiguar lo que pasó.
Zander llegó a nosotros después de que la policía lo encontró cubierto de sangre en su casa. Había tratado de utilizar una caja de curitas para detener el sangrado de las heridas de arma blanca que cubrían a su madre. Un vecino paseando a su perro había oído los gritos ahogados de su madre en busca de ayuda y llamó a la policía. Ella murió antes de que llegaran. Se supone que el padre de Zander había cometido el asesinato, pero sin la declaración de Zander, había un misterio en relación en cuanto a los acontecimientos que conducían al acto real. Con su padre ausente, él era el único que sabía lo que había pasado esa noche.
Zander no había pronunciado una sola palabra en los tres meses transcurridos desde el asesinato de su madre. Era mi trabajo que se sintiera seguro ofreciéndoselo en todas las formas posibles para que pueda cavar su manera de salir del estado catatónico, reprimido en el que está. Luego podremos ayudarlo y comenzar el largo proceso de curación.
Me vuelvo a la angustia que es Zander y trabajo con Jackson para tener la cena terminada. Trabajamos en sincronización, lado a lado, como una vieja pareja de casados que no ha tenido un cambio juntos durante los últimos dos años. Podemos anticipar los movimientos de cada uno debido a la práctica repetitiva.
Los dos trabajamos en silencio, escuchando el frenesí de actividad que es la casa, mentalmente conscientes de las actividades de los siete niños, así como de lo que todavía había que hacer.

―Entonces oí que la subasta de beneficencia fue un éxito, con una participante inesperada en la subasta. ―Muevo las cejas y pongo los ojos en blanco volviendo a la pileta antes de poder responder―, y con una sesión caliente y pesada pasando tras el escenario.
Dejo caer el cuchillo que estoy lavando, traqueteando ruidosamente contra la cuenca de acero inoxidable. Estoy agradecida de que mi espalda está hacia Jackson para que no pueda ver la expresión de asombro en mi rostro. ¿Qué demonios? Alguien debió haberme visto con Alfonso. Tengo que recordarme a mí misma respirar mientras me entra el pánico, tratando de encontrar la manera de responder. No necesito a mi personal diciendo chismes sobre que me encontraba detrás del escenario.
―¿Qué-qué quieres decir? ―trato de parecer casual, pero espero ser la única escuchando la angustia en mi voz. Cierro el agua, esperando la respuesta.
Jackson se ríe de forma profunda y abundante.
―Me hubiera gustado verte en acción, Pau.
¡Mierda, mierda, mierda! Mi corazón se acelera. ¿Cómo voy a explicar esto? Siento el calor en mis mejillas mientras se extiende al ras. Abro la boca para contestar cuando él continúa:
―Desfilando por el escenario en el evento contra el que luchas tan desesperadamente en contra. ―Puedo oír la diversión en su voz―. Dios mío, ¡eso debe haber sido molesto!
―No tienes idea ―mi respuesta es casi un susurro. No tengo nada para lavar, pero me mantengo de espaldas a él, con miedo de que si ve mi cara, las preguntas se iniciarán.
―Y entonces Bailey me dijo que conoció a este caliente individuo ―son sus palabras, no las mías― y que lo llevó detrás del escenario y que tuvo una sesión caliente y pesada con él.
Suelto la respiración que estoy sosteniendo, agradecida de que fuera nuestra interna Bailey quien se jactara de sus hazañas en lugar de chismear acerca de su
jefa. Y entonces me doy cuenta de que Bailey es la sirena sexy, con quien todos los chicos del trabajo desean salir, y quien lo más probable es que sea la primer conquista de Alfonso la noche del sábado.
Si ese era el caso, ¿por qué él quería ir de la bomba de cabello castaño rojizo con piernas a mí? Hablando de reforzar mi sentimiento de ser la segunda opción.
Quito el cabello de mi cara.
―Bien, sabes Bailey ―contesto, tratando de que mi siguiente frase diga las palabras con cuidado―, a ella definitivamente le gusta tener diversión.
Jax se ríe de mí, acariciando mi espalda mientras pasa caminando.
―Esa fue una buena manera de decirlo ―dice mientras comienza a hacer los almuerzos escolares de los chicos para el día siguiente―. Ella es una gran chica, trabaja duro, los niños la adoran... Sólo que no es una chica con la que me gustaría que mi hijo saliera.
Me quejo de un pensamiento de acuerdo acerca de nuestra pasante seductoramente dulce, que es sólo cinco años menor y de sus formas libres. Una parte de mí siempre ha estado celosa de las chicas como ella. Las chicas que lanzan la precaución al viento con espontaneidad y que viven su vida sin remordimientos; besando chicos al azar imprudentemente, viviendo el momento en viajes por carretera, y que siempre son el alma de la fiesta. A menudo me preocupa un día mirar hacia atrás a mi vida y sienta que no he vivido. Que no he tenido suficientes oportunidades, sembrado mi avena salvaje o que no me he aventurado fuera de mi zona de confort.
Mi vida es segura, predecible y controlada, y siempre en orden. Me gusta que sea así la mayor parte del tiempo. No es que esté celosa de ella porque besó a Alfonso primero ―bueno, tal vez un poco―, sino porque vive sin remordimientos.
Me sacudo a mí misma de mis pensamientos, de los que he estado teniendo más de los últimos tiempos con el aniversario acercándose. En todo caso, debería haber aprendido que la vida es corta y que necesito realmente vivirla y no quedarme en
mi rincón seguro mientras pasa. Me pongo a mí misma a pensar y centrarme de nuevo en mi tarea.
―Muchachos ― grito por la cacofonía de caos―, es el momento de venir a terminar su tarea. ―Oigo gemidos procedentes de diferentes salas porque digo la temida palabra “T”. Seis niños, que van de ocho a los quince años, malhumorados caminan hacia la mesa, gruñendo mientras lo hacen. Miro hacia el sofá donde Zander permanece enroscado en sí mismo, meciéndose hacia adelante y hacia atrás con rítmica comodidad.
Poco a poco me acerco y me arrodillo delante de él.
―Zander, ¿quieres venir con nosotros? Puedo leerte un libro, si lo deseas ―hablo en voz baja con él, estirando lentamente mi mano, sujetándolo para verlo con intención, y pongo su mano que está sobre su rodilla. Él continúa su balanceo, pero sus ojos azules parpadean para sostener los míos.
Veo tantas cosas en las profundidades de sus ojos que me sacuden hasta la médula. Sonrío dulcemente y aprieto su mano.
―Nos encantaría que te unieras a nosotros. ―Él se queda en silencio, pero sus ojos aún se fusionan en los míos. Una pequeña brizna de esperanza brota dentro de mí ya que normalmente me mira y mira lejos después de unos pocos segundos―. Vamos, Zander, toma mi mano, no te dejaré ir si no quieres que lo haga.
Él sigue mirándome durante algún tiempo, como yo permanezco inmóvil, con una tranquilizadora sonrisa en mi cara. Su pequeña mano se mueve y cierra los dedos alrededor de mi mano. Se pone de pie lentamente y pasa a formar parte del resto de los chicos en la mesa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario