jueves, 26 de junio de 2014

CAPITULO VEINTIUNO

Puedo oler el combustible y la suciedad y algo mordazmente metálico. Llena mis fosas nasales, se filtra en mi cabeza antes de sentir el dolor. En ese momento de tranquilidad antes de que mis otros sentidos sean agredidos con la destrucción a mí alrededor, me siento en paz. Me siento tranquila. Por alguna razón, mi conciencia sabe que voy a mirar hacia atrás y voy a querer tener este momento de nuevo. Ojalá pudiera recordar lo que era antes. El dolor es lo primero. Incluso antes de que mi cabeza pueda despejar la niebla lo suficiente como para que pueda abrir mis ojos, el dolor viene. No hay palabras para describir la agonía de sentir como si tuviera un millón de cuchillos que entran y te rasgan, sólo para retirarse y empezar todo de nuevo. Y otra vez. Sin fin. En ese segundo, entre la inconsciencia y la consciencia, siento este dolor irregular. Mis ojos se abren, respiro frenéticamente bocanadas de aire. Cada respiración hiere, quema, es trabajosa. Mis ojos ven la devastación de mí alrededor, pero mino registra los cristales rotos, el auto volteado y el metal aplastado. Mi mente no entiende por qué el brazo, doblado en tantos ángulos extraños, no se mueve para deshacer el cinturón de seguridad. ¿Por qué no me puedo liberar? Me siento como si todo sucediese en cámara lenta. Puedo ver las partículas de polvo a la deriva a través del aire. Puedo sentir el goteo de la sangre correr muy lentamente por mi cuello. Puedo sentir cómo lentamente el adormecimiento se hace cargo de mis piernas. Puedo sentir la desesperanza que se filtra en mi psique, apoderándose de mi alma y cavando sus dedos maliciosos en cada una de mis fibras. Puedo oírlo. Puedo oír la respiración gorgoteante de Max, e incluso en mi bruma inducida por el choque estoy enojada conmigo misma por no buscarlo más rápidamente. Vuelvo la cabeza hacia mi izquierda y allí está sentado. Su hermoso
cabello rubio ondulado se tiñe de rojo, la herida abierta en su cabeza parece extraña para mí. Quiero preguntarle qué le pasa, pero mi boca no está funcionando. No puede formar las palabras. El pánico y el miedo llenan sus ojos, y el dolor pliega su cara bronceada y perfecta. Un hilillo de sangre sale de su oreja y pienso que eso es algo malo, pero no estoy segura de por qué. Tose con un sonido divertido y pequeñas manchas de color rojo aparecen en la ventana rota frente a nosotros. Veo su mano recorrer el auto, buscando a tientas sobre cada elemento entre él y yo, como si necesitara el toque para guiarlo. Él busca a tientas sin rumbo hasta que encuentra mi mano. No puedo sentir sus dedos, que me agarran, pero mis ojos ven la conexión. ―pau―jadea―. Pau, mírame. ―Tengo que concentrarme mucho para levantar la cabeza y los ojos para encontrarme con los de Max. Siento el calor de una lágrima en mi mejilla, la sal en mis labios, pero no recuerdo haber llorado―. Pau, no lo estoy haciendo demasiado bien aquí. ―Veo que sin éxito intenta tomar una respiración profunda, pero mi atención se centra en otro lugar cuando me parece escuchar el llanto de un bebé. Giro la cabeza para mirar, pero no hay nada más que árboles de pino y el movimiento repentino me hace marear―. ¡paula! Necesito que te concentres. Mírame ―jadea en estallido cortos de respiraciones. Giro la cabeza hacia él. Es Pedro. ¿Qué está haciendo aquí? ¿Por qué está cubierto de sangre? ¿Por qué está en el asiento de Max? ¿En la ropa de Max? ¿En la casa de Max? ―paula―suplica―. Por favor, ayúdame. Por favor, sálvame. ―Su respiración es trabajosa, entrecortada, sus dedos se relajan en los míos. Su voz es apenas un susurro―. Paula. sólo tú puedes salvarme. Me estoy muriendo. Necesito que me salves. ―Dobla la cabeza a un lado lentamente, su boca partida con sangre espesa en la comisura, sus hermosos ojos color esmeralda sin expresión. Puedo oír los gritos. Son fuertes, penetrantes y desgarradores. Continúan una y otra vez. ―¡paula! ¡paula! ―Peleo fuera de las manos que me agarran. Sacudiéndome. Me están apartando de Pedro cuando él me necesita tan desesperadamente―. ¡Maldita sea, paula, despierta!


Oigo la voz de lina. ¿Cómo llegó hasta este barranco? ¿Ella ha venido a salvarnos? ―¡paula! ―Soy sacudida una y otra vez con violencia―. ¡paula, despierta! Me despierto en la cama con los brazos de Lina envueltos alrededor de mis hombros. Tengo la garganta seca y dolorida de tanto gritar, y mi cabello cubre mi cuello empapado de sudor. Me esfuerzo por respirar, jadeos ahogados que se mezclan con los jadeos de esfuerzo de Lina; son los únicos sonidos que escucho. Mis manos se envuelven protectoramente alrededor de mi torso, los brazos están cansados por el esfuerzo tan duro. Lina pasa sus manos por los lados de mis mejillas, su cara a centímetros de la mía. ―¿Estás bien, Pau? Respira profundo, cariño. Sólo respira ―me calma, con sus manos pasando continuamente por encima de mí, tranquilizándome, haciéndome saber que estoy en el aquí y ahora. Suspiro temblorosamente y pongo la cabeza en mis manos por un momento antes frotar con ellas mi cara. Lina se sienta a mi lado y envuelve su brazo alrededor de mí. ―¿Era la misma? ―pregunta, refiriéndose a mi pesadilla recurrente que ha sido un elemento básico en mi sueño de cada noche durante más de un año después del accidente. ―Sí y no. ―Niego con la cabeza. Ella no pregunta, sino que me da más tiempo para sacudirme la pesadilla de encima―. Fue la misma pesadilla a excepción de que cuando miro hacia atrás después de oír el llanto del bebé, es Pedro, no Max, quien muere. Ella se sobresalta ante mi comentario, frunciendo el ceño. ―No has tenido una pesadilla en mucho tiempo. ¿Estás bien, Pau? ¿Quieres hablar de ello? ―dice, alzando el cuello para oír la música silenciada de los altavoces que me había olvidado de apagar antes de dormirme. Sus ojos se estrechan cuando reconoce la canción que se repite y llega a una conclusión sobre
mi estado de ánimo―. ¿Qué te hizo? ―exige, tirando de mí para poder sentarse con las piernas cruzadas delante de mí. La ira arde en sus ojos. ―Tan sólo es que soy un desastre ―confieso, sacudiendo la cabeza―. Es que ha pasado tanto tiempo. Siento que me he olvidado de cómo es el rostro de Max, y entonces lo veo tan claro en mi sueño... y luego siento los golpes de pánico sofocantes al estar atrapada en el auto. Tal vez estoy abrumada por la emoción de todo. ―Recojo mi edredón, evitando su mirada, que me cuestiona―. Tal vez ha pasado tanto tiempo desde que no siento realmente algo, que lo de esta noche me empujó sobre el borde... sólo me he abrumado con... ―¿Con qué, paula? ―pide cuando me callo. ―La culpa ―digo la palabra silenciosamente y dejo que cuelgue entre nosotras. Lina alcanza y agarra mi mano, apretando suavemente para tranquilizarme―. Me siento tan culpable y herida y usada y todo eso ―digo a borbotones. ―¿Usada? ¿Qué diablos pasó, paula? ¿Tengo que ir en este momento a patear el culo de ese bastardo arrogante? ―amenaza―. Porque voy a cambiar mi tono. Quiero decir, me quedé impresionada cuando llamó antes para asegurarse de que habías llegado bien a casa y que… ―¿Él qué? ―Él llamó como a las 3:30... En alguna hora alrededor de eso. Yo contesté al teléfono. Ni siquiera sabía que estabas en casa. De todos modos, vine aquí para ver y le dije que estabas en casa y durmiendo. Él me pidió que le llamases. Que necesitaba explicarse, que habías tomado algo por el camino equivocado. ―Uf. ―Es todo lo que pude decir, reflexionando sobre sus palabras. ¿Realmente llamo? ―¿Qué pasó, paula? ―pregunta de nuevo, pero esta vez sé que no la podré ignorar fácilmente. Le relato toda la noche, desde el punto en que la dejé hasta que me despertó gritando. Incluyo mis sentimientos sobre la comparación de “el después” de Max y cómo de herida y rechazada me sentía


―Creo que me siento culpable por lo de Max. Amaba a Max. Lo amaba con cada fibra de mí ser. Pero el sexo con él, hacer el amor con él, estaba lejos de lo que he sentido con Pedro. Quiero decir, casi no conozco a pedro y él enciende cada interruptor y empuja cada botón de lo físico a lo emocional que... ―Busco las palabras, abrumada por todo―. No lo sé. Supongo que siento que el sexo debería haber sido así con el hombre al que amaba y con el que me iba a casar en lugar de con alguien al que no le importa nada de mí. ―Me encojo de hombros―. Alguien que sólo piensa en mí como otra muesca en el poste de su cama. ―Bueno, no te puedo decir que estás equivocada por sentir, paula. Si Pedro te hizo sentir viva después de años de estar muerta, entonces no veo cuál es el problema con eso. ―Me aprieta la mano de nuevo, la sinceridad se profundiza en el azul de sus ojos―. Max nunca va a volver, paula. ¿Crees que él querría que permanecieras entumecida para siempre? ―No. ―Niego con la cabeza, secándome una lágrima silenciosa―. Ya lo sé. Realmente lo hago. Pero la culpa no desaparece porque él no esté aquí y yo sí. ―Lo sé, Pau. Lo sé. ―Nos sentamos en silencio por unos momentos antes de que ella continúe―: Sé que yo no estaba allí, pero tal vez malinterpretaste a Pedro. Quiero decir, algunas de las cosas que dijo de ti... ―¿Cómo es posible, li? Él maldecía en voz baja como si acabara de cometer el mayor error. Fue como un interruptor. En un minuto me estaba besando con tanta ternura y mirándome a los ojos y al minuto siguiente él estaba maldiciendo y caminando lejos de mí. ―Tal vez se asustó. ―¿Qué? ―la miro como si estuviera loca―. ¿El Sr. Yo-No-Tengo-Novias asustado de qué? ¿Que se creía, que me iba a pegar a él después de una noche de sexo? ―¡Una noche de sexo alucinante! ―corrige liña. haciéndome reír y ruborizándome al recordarlo―. Bueno, llevas tus emociones en tu manga. Parece que no haces bien lo del sexo casual.


―Oh, ¿como si fuera una clase en la que yo puedo hacerme cargo de la “Y”? Quiero decir, puedo ser fácil de leer emocionalmente, pero no estoy enamorada de él ni nada ―me defiendo de todo corazón a pesar de saber muy bien que lo que sentía entre nosotros esa noche era más que completa lujuria. Tal vez se asustó. Ese momento final entre nosotros en la cama, cuando él me abrazó y me miró a los ojos, realmente me afectó. Me hizo ver las posibilidades y la esperanza. Tal vez él vio eso y quiso sofocarlo antes de que fuera más lejos. ―Por supuesto que no ―dice lina con una sonrisa de complicidad―. Pero eso no es de lo que estaba hablando. Tal vez, sólo tal vez, al Sr. Yo-No-Tengo-Novias... tal vez tú le llegues. ¿Quizá se asustó de lo que sentía cuando estaba contigo? ―¡Sí, claro! Esto no es una película romántica de Hollywood, lina. La buena chica no consigue que el chico malo cambie sus formas y que esté locamente enamorado de ella ―digo, con sarcasmo en mi voz mientras vuelvo a caer en mi almohada suspirando ruidosamente. Una pequeña parte de mí revive con las palabras de Pedro de la noche anterior. Yo soy suya. Yo nunca podría ser intrascendente. Él no puede controlarse a sí mismo alrededor de mí. En esa pequeña parte tal vez lina está en lo correcto. Tal vez le asusto en algún nivel. Tal vez sea porque yo soy del tipo que se casa, según me han dicho, y él no busca eso. ―Tienes razón―admite lina―, pero eso no significa que no puedas tener un infierno de tiempo perdiéndote en horas de sexo sin sentido con él. ―Ella se deja caer sobre la almohada a mi lado; ambas nos reímos de la idea―. Podría tener sus ventajas ―continúa―. No hay nada como un buen chico malo para que tú lo dejes ir. ¿Recuerdas a Dylan? ―¿Cómo puedo olvidarlo? ―Contesté, recordando la aventura rápida que tuvo el verano pasado con el brusco y magnifico Dylan después de terminar su relación de año y medio. ―Yum.


―¡Yum es correcto! ―Ambas nos quedamos en silencio, recordándolo en nuestras respectivas memorias―. Tal vez Pedro es tu Dylan. Él puede conseguir que superes todo lo que pasó con Max. ―Tal vez... ―Pienso―. Oh, Dios ―me quejo―. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? ―Bueno, vamos a ver ―levanta la cabeza para mirar mi reloj―. Son las cinco de la mañana, debes volver a dormirte. Tal vez dale un día y luego devuélvele la llamada. Escucha lo que tiene que decir y continúa desde allí. Recuerda nuestro lema. Abraza a tu puta interna, sé imprudente con él y trata de no pensar en el mañana. Piensa sobre el aquí y ahora con él. ―Sí, puede ser. ―Nos sentamos en silencio por unos momentos. ¿Estoy haciendo una dramática lectura femenina de las cosas? ¿De sus acciones? Yo no lo creo, pero en el fondo trato de justificar sus acciones para mí misma. Sé que voy a hacerlo de nuevo si tuviera la oportunidad, y para mi salud mental necesito racionalizar todo para que mi mundo se vuelva derecho sobre su eje. Los sentimientos y sensaciones que evoca en mí son demasiado intensos. Demasiado todo. Tal vez fue sólo mi caída en el zumbido alcohólico lo que hizo que todo pareciese tan apagado. Lo que lo hizo parecer tan distante. Me reprendo a mí misma. Sé que ese no ha sido el caso, pero estoy tratando desesperadamente de hacerle frente a mi puta interior. Estoy fuera de mi liga aquí. Sólo espero que pueda encontrar la manera de jugar el juego sin quemarme al final. ―¿Quieres que me quede aquí esta noche? ―pregunta lina, rompiendo el silencio. Ella solía dormir en mi cama en las noches muy duras para ayudarme a conseguir pasar a través de las pesadillas. ―Nah. Creo que estoy bien. Gracias, sin embargo. Por todo. Ella se inclina y besa la parte superior de mi cabeza. ―¿Para qué son los amigos? ―dice mientras se dirige a la puerta―. Buenas noches, pau.


―Buenas noches, li. Cierra la puerta y suspiro profundamente, mirando al techo; mis pensamientos siguen corriendo salvajemente hasta que el sueño me vence.

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