viernes, 20 de junio de 2014

CAPITULO DIECISEIS

Casi no reconozco a la chica que veo en el espejo. Una vez más, Lina ha hecho todo lo posible con los preparativos para la fiesta de lanzamiento de esta noche creada por la empresa de relaciones públicas en la que trabaja. Pasó casi una hora bajando mis rizos de modo que mi pelo cuelgue en una cortina gruesa sobre mi espalda. Sigo mirándome al espejo tratando de adaptarme a esta persona. Mis ojos están sutilmente ahumados, por lo que las manchas oscuras tienen una calidad opalescente, reflejan el violeta de mi iris. Mis labios están revestidos con pintalabios nude y brillo labial, destacando los ligeros toques de rubor en mis mejillas bronceadas. Ella me ha convencido de usar un pequeño vestido negro que muestra más piel de con lo que me siento cómoda. El busto del vestido tiene una profunda V, donde mi sujetador sugiere sutilmente un escote abundante sin ser vulgar. Sólo una sugerente alusión a mis curvas. Los tirantes van sobre los hombros y se conectan a la parte de atrás con unas finas cadenas de oro que se pliegan y se unen en la curva de mi trasero. El dobladillo del vestido cae hasta la mitad del muslo, algo a lo que no estoy acostumbrada. Vuelvo a mirarme al espejo y sonrío. Esa no soy yo, la chica que conozco. Suspiro temblorosamente mientras me pongo unos pendientes de araña para completar el look. Esta no soy yo, lo sé, pero esta es la chica confiada que quiero ser de nuevo. La nueva yo que va a salir esta noche a dejarse llevar y a divertirse. La chica que ha decidido tener una noche de diversión y ganar un poco de confianza en sí misma antes de comprometerme con todo lo que es Pedro y su advertencia sobre sus actividades. ―¡Mierda! ―Lina entra en mi cuarto de baño, soltando un silbido de sus labios―. ¡Te ves caliente! Quiero decir… ―se tropieza con sus palabras―, me
estoy perdiendo. Creo que nunca te he visto tan sexy, Pau. ―Sonrío ampliamente ante su alabanza―. Vas a tenerlos haciendo cola esta noche, nena. Maldición, ¡esto va a ser divertido de ver! Me río en respuesta con mi autoestima reforzada. ―Gracias. Tú tampoco estás nada mal ―felicito; su vestido rojo muestra todos sus mejores activos. Me deslizo en mis tacones, haciendo una mueca al sentirme dentro de ellos, y sonriendo ante el recuerdo de la última vez que los llevé―. Dame un segundo y estaré lista. Agarro mi bolso y meto dentro mi licencia de conducir, el dinero y las llaves. Cuando cojo el teléfono para colocarlo en el pequeño bolso, me doy cuenta de que nunca le pregunté a Lina acerca de los mensajes de voz que había escuchado antes. ―¿Li? Nunca te pregunté qué era tan emocionante sobre el evento de esta noche. ¿Qué caliente celebridad aseguran los chicos que caminará por la alfombra? Ella me da una sonrisa enigmática. ―Oh, eso fracasó ―rechaza casualmente. Me sacudo la sensación de que por alguna razón se está riendo de mí. Sacudo la cabeza y ella se da la vuelta, cambiando de tema―: ¡Vamos! La entrada al club de moda es completamente un espectáculo, con reflectores entrecruzados, cuerdas de terciopelo y una alfombra roja preparada para que las estrellas caminaran dándole a los medios de comunicación la oportunidad de sacarles fotos. La entrada se completaba con un telón de fondo que mostraba a Merit Rum, el nuevo producto lanzado. Aparcamos en los lugares predeterminados para Lina y sus compañeros de PRX empleados de moda que posee el exclusivo hotel y que está de alguna manera conectado al club. Lina
muestra sus credenciales, lo que nos permite ir por delante del alboroto y en unos momentos nos encontramos dentro del poblado club y con el latido sordo de la música pulsando través de mi cuerpo. Han pasado años desde que he estado en un club como éste y me toma un tiempo aclimatarme a la luz tenue y a la música a todo volumen y no sentirme intimidada. Creo que Lina se da cuenta de que mis nervios me están pateando y que mi confianza está disminuyendo a pesar de mi apariencia sexy mientras nos empujamos a través de la multitud de personas en el bar. Sin tener en cuenta a las numerosas botellas de Merit que recubren la encimera pulida, Lina nos ordena dos tragos de tequila para cada una. ―Uno para la suerte ―me sonríe. ―Y uno para el coraje ―termino por ella nuestro viejo brindis de la universidad. Chocamos los vasos y bebemos todo el líquido. Quema mi garganta. Ha pasado tanto tiempo desde que he tomado un trago de tequila que me estremezco ante la quemadura y pongo la palma de mi mano en la boca para tratar de alguna manera de sofocarlo. ―Vamos, Pauli ―grita Lina, imperturbable por el licor―. ¡Aún tenemos uno más! Alzo mi copa con una sonrisa intrépida en mi cara, doy un choque con el de ella, y las dos nos lo echamos encima. El aguijón del segundo no es tan malo, y mi cuerpo se calienta con el líquido aunque aún sabe a mierda para mí. Lina me da una mirada de complicidad y comienza a reír. ―¡Esta noche va a ser divertida! ―Pasa su brazo alrededor de mí y aprieta―. Ha pasado mucho tiempo desde que te he tenido como compañera del delito. Le lanzo una sonrisa mientras me empapo de la atmósfera del club. Es una habitación muy extensa con cabinas púrpuras forradas de terciopelo alrededor de la planta baja. Una barra brillante con un espejo colocado detrás de ellas llena toda una pared, reflejando la parte de atrás y creando la ilusión de que el espacio es aún más grande. En el centro de la habitación principal
hay una gran pista de baile con armazones forrados y luces que giran en movimiento, creando una increíble variedad de colores. El ángulo de las escaleras en distintos intervalos va desde el piso a la zona VIP elevada, donde cabinas verde azuladas están restringidas por puntales de terciopelo. En una sección de la zona VIP, una partición de plexiglás permite a todos ver al M.C. haciendo girar la música que se bombea a través del club. Camareras tipo modelos revolotean alrededor en pantalones cortos y camisetas sin mangas, flores púrpuras completan su uniforme adornando el pelo de cada una de ellas de una u otra manera. El club es elegante con un toque de sofisticación a pesar de las diversas parafernalias de publicidad para Merit Rum colocadas estratégicamente alrededor de la sala. Están a punto de ser las 11:00, y puedo ver el engrosamiento del público y sentir en el ambiente la pulsante energía de las masas. En la zona VIP, hay una multitud de gente alrededor de una esquina en particular, y me pregunto qué celebridad actual ha conseguido el equipo de Lina para promover su nuevo producto. He estado en bastantes de estas funciones con ella para conocer el manual. Celebridades calientes posando con el nuevo producto mientras les toman fotos es igual a una gran publicidad, no sólo para el producto sino también para la compañía de Lina. Tomo la copa que Lina me da, mi habitual Tom Collins, y bebo a sorbos de la pajita mientras observo la sección superior. Levanto mis ojos en modo de pregunta en lugar de gritar sobre la música que está empezando a aumentar de volumen a medida que el club se va llenando. Me imagino que nos quedan unos treinta minutos antes de que los decibeles sean tan altos que la única manera de comunicarse sea gritar. Ella atrapa mi silenciosa pregunta sobre quién está ahí arriba. Se inclina para hablarme al oído. ―No estoy segura. Tenemos varias personas confirmadas para esta noche. ―Se encoge de hombros evasivamente―. Así como también se esperan algunas sorpresas.

Estrecho mis ojos hacia ella, preguntándome por qué está siendo evasiva conmigo, ya que no voy a cotillear con nadie y arruinar la sorpresa. Ella sólo sonríe ampliamente y me tira de la mano para que la siga. Navegamos a través de la multitud de personas, moviéndonos como una sola unidad. Puedo sentir cómo el alcohol comienza lentamente a zumbar a través de mi cuerpo, calentándome, aliviando mi tensión y relajándome los nervios. Por primera vez en más de lo que puedo recordar, me siento sexy. Me siento hermosa y sensual y a gusto con esos sentimientos. No es el alcohol lo que me está haciendo sentir de esta manera, sino que el alcohol está permitiendo que disminuya mi ansiedad e inseguridades. Aprieto la mano de Lina mientras me empuja a través de una cabina de color púrpura, que está reservada para el personal de PRX. Mira hacia atrás y me sonríe de verdad, al darse cuenta de que estoy empezando a relajarme. Empezando a disfrutar. Nos abrimos camino a través de la multitud de la cabina para encontrar allí a dos colegas de Lina. Sonrío y les doy un rápido saludo, ya que los conozco de anteriores eventos a los que he asistido. Doy las gracias a uno de ellos por sus felicitaciones a mi estilo seductor de esta noche. En cuanto nos sentamos, oímos una larga aclamación desde el otro lado de la habitación en la planta superior, donde la multitud había estado antes. Levanto la vista para ver lo que está pasando y no noto nada realmente, salvo a un número de mujeres que muestran demasiada piel esperando por cualquier famosos que ha invitado PRX allí para tomar nota de ellos. Ruedo mis ojos en repugnancia. ―Putas de Fama ―articulo a Lina y ella se echa a reír. Termino mi bebida con el ritmo pegadizo de una canción de The Black Eyed Peas llenando el Club. Empiezo a mover las caderas al ritmo y antes de darme cuenta, agarro la mano de Lina y la arrastro a través de las personas hasta la pista de baile. La mirada de sorpresa en su rostro me hace reír mientras cierro los ojos y dejo que la música me lleve. Cantamos la canción juntas―: Tengo la sensación de que esta noche será una buena noche ―mientras nos ondulamos en nuestro propio mundo en la pista de baile.

No me he sentido tan liberada desde hace tanto que sólo quiero retener este momento en el tiempo. Quiero capturarlo en mi memoria, de modo que la próxima vez que empiece a caer en ese lugar oscuro pueda recordar este sentimiento que me ayude a aferrarme a la luz. Lina y yo nos movemos con la música, trabajando nuestro camino a través de varias canciones, cada una de ellas reforzando mi confianza y aumentando mi fluidez en la pista. Varios de sus compañeros de trabajo, Grant, Siomara y Jacob se unen a nosotros mientras cambian de canción a Too Close, una canción vieja pero de mis favoritas. Coquetamente bailo con Grant, representando la canción con él. Nos reímos, nuestros cuerpos frotándose inocentemente uno contra el otro, disfrutando de la interacción lúdica de las letras. Alzo los brazos por encima de mi cabeza, cruzándolos en las muñecas y girando las caderas al ritmo, el alcohol zumbando a través de mi sistema. Cierro los ojos, absorbiendo la atmósfera a mi alrededor. Una sensación de hormigueo bajando por mi columna me hace parpadear y abrir los ojos de nuevo. Miro hacia arriba y a pesar de la armonía sincronizada de las masas en la pista de baile me detengo, congelándome en el lugar cuando veo a Pedro. Él está de pie en una de las escaleras de la sección VIP. Tiene una copa en una mano y su otro brazo cubre casualmente los hombros de una rubia escultural. Ella se vuelve hacia él, frotando suavemente con su mano a través de la porción desabrochada de su camisa de vestir. Su rostro se inclina hacia él, e incluso desde la distancia puedo ver su reverencia y adoración hacia él, a pesar de que aleja la cabeza de ella, riendo con un hombre desenfadado que hay a su izquierda. Un gran hombre de enormes proporciones está detrás de él, escaneando con sus ojos la multitud. ¿Su guardaespaldas, tal vez? Pedro dirige una sonrisa a su cohorte de varones y es natural, no vigilada, permitiéndome apreciar momentáneamente su aspecto absolutamente devastador. La rubia dice algo y Pedro dirige su atención hacia ella. Ella levanta su mano de su pecho para descansarla en su mejilla y levanta la cara hacia arriba, colocando un beso lento y seductor en sus labios, apropiándose de ellos.

Mis entrañas se agitan ante la vista, nublando tanto mi visión que no presto la suficiente atención como para ver si Pedro la alienta y le devuelve el beso o simplemente lo tolera. Tengo la boca seca de repente. Estoy paralizada en el suelo mientras lo veo con ella. Realmente entumecida. No estamos juntos ―mi constante negativa no le ha demostrado que quiero otra cosa―. Y a pesar de mi dolor intenso y sin fundamentos, en este momento lo único que quiero es ser a la que esté abrazando. Ser yo la que lo esté besando. En los segundos que todo esto se arremolina dentro de mí, mi dolor comienza a cambiar a la ira. ¿Cómo pude ser tan estúpida como para pensar que un tipo como él podía realmente querer a una chica como yo, cuando puede tener a una chica como ella? Me doy cuenta de que Lina está inmóvil en mi periferia, tomando nota de lo que yo miro. Estoy a punto de decirle algo cuando Pedro levanta la barbilla lejos de sus dulces brazos y alza la vista, sus ojos fijándose en los míos. Mi corazón salta un latido y se aloja en mi garganta. A pesar de la distancia entre nosotros, veo el recuerdo destellar en sus ojos, de nosotros estando en el mismo lugar y a la misma hora, una vez más. A pesar de que un compañero bailarín me empuja, mis ojos se mantienen firmes en los suyos. Sé que tengo que dejar la pista antes de que mis emociones consigan lo mejor de mí y mis lágrimas amenazantes comiencen a caer, pero estoy clavada en el lugar. Incapaz de romper la ineludible atracción magnética que ejerce sobre mí. Él libera su agarre de la rubia inmediatamente, descartándola con facilidad. Le entrega su bebida a su compañero sin mirarlo y avanza inquebrantable por las escaleras. Sus ojos esmeraldas queman en los míos, sin perder nuestra conexión. Cuando llega a la pista de baile, la música cambia a un latido profundo que pulsa y envuelve la voz hipnótica de Trent Reznor. Sin decir una palabra o dar una mirada, la horda de bailarines parece separarse mientras el acecha en la pista hacia mí. Su expresión es indiscernible, un músculo en su mandíbula palpita, las sombras de las luces juegan en los ángulos de su cara. Sus largas piernas se comen la distancia rápidamente. Muchas personas vuelven la cabeza en reconocimiento mientras él camina con arrogancia, la mirada hambrienta en sus ojos les impide acercarse más. A pesar del volumen de la música, escucho a Lina aspirar audiblemente una bocanada de aire mientras él me alcanza.

Todas las cosas que quiero gritarle, todo el dolor que quiero escupir ante él, desaparece cuando se acerca a mí y sin preámbulos agarra mis caderas con sus manos, tirando de mí con fuerza contra él. Él me mantiene allí, me aprieta contra él, su cuerpo y sus caderas comienzan a moverse sincronizadas contra las mías al ritmo de la canción. No tengo otra opción que moverme con él, responder al ritmo bestial de su cuerpo. Deslizo mis manos en las suyas en mis caderas y encajo mis dedos con los suyos. Sosteniéndolo. Aferrándome al trayecto que se acerca sin lugar a dudas. Nuestros ojos se mantienen trabados. Mi cabeza se inclina hacia atrás para mirarlo. Sus labios se abren un poco y lo oigo silbar cuando mis caderas responden a él. Sus ojos se oscurecen, satinados de deseo, rellenos de calor, con una necesidad depredadora. Tan sólo su mirada ardiente ha puesto mis pezones tirantes y mi cuerpo se convierte en un lío con la necesidad de su toque. De su poder indiscutible sobre mí. Me muerdo el labio inferior cuando mueve nuestras manos juntas de mis caderas hacia mi espalda, amasando mi trasero a través de mi vestido, esposándome allí. Seguimos avanzando como uno solo con la música, sintiendo su fuerza, sus muslos definidos presionando contra los míos. Su excitación se frota gruesa y convincente contra la parte inferior de mi vientre. Inclina la cara hacia abajo de modo que estamos a pocos centímetros el uno del otro. Puedo oler el alcohol en su aliento mientras suspira hacia mí. Es, con mucho, uno de los momentos más eróticos y sensuales de mi vida. El resto del mundo ha desaparecido. El efecto embriagador que tiene en mi cuerpo bloquea a la multitud de gente que nos rodea, todos mirándonos, sólo dejándome notar al hombre con el que estoy. Más bien, es sólo él y yo. Moviéndonos. Respondiendo. Despertando. Anticipando. La canción llega a su fin, pero nos mantenemos en el trance del hechizo del otro. Respiro temblorosamente, sintiendo como si fuera la primera vez desde que comenzamos a tocarnos. No me doy cuenta de que la música se ha detenido, y que el DJ está hablando por el micrófono sobre el producto de la noche. Que, con la
excepción de la pequeña multitud en torno a nosotros, la atención del club ha cambiado y se centra en el escenario. Pedro y yo nos quedamos ahí, sin movernos, sintiendo que estamos apenas respirando a pesar de nuestros pechos jadeantes, absorbiendo el uno al otro y a las chispas de tensión sexual que se encienden entre nosotros. ―¡Pedro! Hey, Pedro ―una voz rompe a través de nuestra conexión, sacándome de mi estado de fascinación. Pedro gira sobre un eje su cabeza para encontrar a uno de los empleados de PRX llamándole por su nombre―. Es el momento. Te necesitamos en el escenario. Ahora. Asiente con brusquedad antes de mirar hacia mí con ojos ardientes, con una fuerza tan voraz que hace que mi interior tiemble. Suelta sus dedos de los míos, liberándolos de mi agarre y se aleja un poco. El calor de su cuerpo se ha ido de inmediato, pero mi cuerpo todavía está zumbando con la conexión, con el dolor de la necesidad. Él me da una sonrisa lenta y sugerente y niega con la cabeza suavemente. ¿A mí? ¿A sus propios pensamientos? No estoy segura. Alza una mano y tira de mi pelo, las cejas levantadas, como si me preguntara por qué el cambio en mi cabello. Me encojo de hombros tímidamente, las palabras me evitan. Es llamado de nuevo por su nombre. Se vuelve a alejar, pero no antes de que pueda ver la transición en su rostro del Pedro Alfonso que conozco a la persona pública. Distante e intocable. Sexy e indomable. No hemos dicho ni una sola palabra, y sin embargo me siento como si nos hubiéramos dicho mucho. Miro a sus anchos hombros mientras camina entre la multitud hacia el escenario, su guardaespaldas sigue el paso a su lado, haciendo retroceder a la multitud de gente. Miro el espectáculo y una pequeña parte de mí sonríe ante el hecho de que he visto al verdadero Pedro, no a este. Al menos eso espero, mis dudas siempre regresan. Antes de que pueda terminar de ver su ascenso al escenario improvisado, Lina me coge firmemente por el brazo y me saca bruscamente de la pista de baile. Mi resistencia es inútil mientras me arrastra por un pasillo, más allá de la línea de los
cuartos de baño y hacia una pequeña alcoba cerca de la salida. Me hace girar hacia ella con una mirada de incredulidad en su rostro. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario