sábado, 14 de junio de 2014

CAPITULO DOCE

Me aclaro la garganta, tratando de disipar la incomodidad que ha descendido en nuestro picnic.
―Entonces, ¿qué tal les va a los Lakers? ―digo inexpresiva.
Él echa la cabeza hacia atrás y se ríe a carcajadas antes de volverse hacia mí. Todos los rastros del Rumiante Pedro han sido sustituidos por el Relajado Pedro con los ojos llenos de humor y una gran sonrisa.
―¿Estuvo un poco pesado?
Asiento, frunciendo los labios, mientras agarro otro trozo de queso. Es tiempo para un cambio de tema.
―Sé que es una pregunta poco original, pero, ¿qué te hizo llegar a las carreras? Quiero decir, ¿por qué lanzarte a ti mismo a una pista cerca de 300 kilómetros por hora por diversión?
Él toma un sorbo de su vaso de papel.
―Mis padres necesitaban una manera de canalizar mi rebeldía adolescente. ―Se encoge de hombros―. Pensaron que por qué no me daban todo el equipo de seguridad para ir junto con eso en lugar de competir en la calle y matarme a mí mismo o a otra persona. Por suerte para mí, tenían los medios para seguir adelante con eso.
―¿Así que comenzaste cuando eras adolescente?
―A los dieciocho años. ―Se ríe, recordando de nuevo.
―¿Qué es tan gracioso?
―Me pusieron una multa por conducción temerariamente. Yo tenía prisa... estaba fuera de control realmente... corriendo con algunos punks de muy buen gusto. ―Mira por encima de mí para ver si tengo alguna reacción. Yo sólo lo miro y levanto mis cejas para que continúe―. Me salvé de ser arrastrado al reformatorio por el nombre de mi padre. Hombre, estuvo muy enojado. Al día siguiente, pensó que me daría una lección. Me dejó en el camino de uno de los corredores especialistas que conocía. Pensó que haría que el tipo me llevara alrededor de la pista en mach 103 y me asustaría como la mierda.
―Obviamente no funcionó ―le dije secamente.
―No. Me asustó un poco, pero después le pregunté si me podía mostrar algunos de los movimientos de acrobacias. ―Él se encoge de hombros, con una media sonrisa en sus labios mientras mira hacia el agua―. Finalmente aceptó, me dejó conducir su auto alrededor de la pista un par de veces. Por alguna razón uno de sus amigos había venido con él a la pista ese día. El nombre del tipo era Beckett. Trabajaba para un equipo local que acababa de perder a su corredor. Me preguntó si alguna vez había pensado en correr. Me reí de él. En primer lugar, tenía mi edad así que, ¿cómo podía ser parte de un equipo de carreras?, y en segundo lugar, ¿cómo me podría ver dar un par de vueltas y saber que podría correr? Cuando le pregunté, me dijo que pensaba que podía manejar un auto bastante bien, y que le gustaría que volviera al día siguiente y hablara con él un poco más.
―Hablando de estar en el lugar correcto en el momento adecuado ―murmuro, feliz de saber algo acerca de lo que no se podía leer mirando Internet.
―Dímelo a mí. ―Niega―. Así que me encontré con él. Probé el auto en la pista, lo hice bastante bien y me llevé bien con los chicos. Me pidieron que corriera la siguiente carrera. Fui decente en ella, así que me quedé haciéndolo. Logré ser reconocido. Me mantuve fuera de problemas. ―Sonríe maliciosamente hacia mí, arqueando las cejas―. En su mayor parte.
―Y después de todo este tiempo, ¿todavía disfrutas de ello?
―Soy bueno en eso ―dice.
―Eso no es lo que pregunté.
Él mastica la comida, reflexionando cuidadosamente sobre mi pregunta.
―Sí, supongo que sí. No hay otra sensación que me guste. Soy parte de un equipo, y sin embargo, estoy sólo conmigo ahí. No tengo a nadie de quién depender, ni culpar si algo sale mal. ―Puedo sentir la pasión en su voz. La reverencia que todavía tiene por su deporte―. En la pista, puedo escapar de los paparazzis, de las groupies... de mis demonios. El único miedo que tengo es lo que he creado por mí, el de poder controlarlo con un viraje de la llanta o una pulsación del pedal... no cualquiera infligido a mí por alguien más.
La mirada de asombro en su rostro me dice que me ha dado más de lo que esperaba en una respuesta. Que está sorprendido por su inesperada honestidad conmigo. Quito el malestar de él sintiéndose vulnerable al apoyar mis brazos hacia atrás y levantar mi cara hacia el cielo.
―Es tan hermoso ―digo respirando el aire fresco y hundiendo mis dedos de los pies en la arena fría.
―¿Más vino? ―pregunta mientras se mueve para sentarse más cerca de mi lado. El roce de su brazo desnudo contra el mío deja zumbando a mis sentidos.
Murmuro en señal de asentimiento mientras señales de alarma se apagan en mi cabeza. Sé que tengo que crear una cierta distancia de él, pero es demasiado condenadamente atractivo. Irresistible. Nada de lo que esperaba y sin embargo todo lo que había previsto. Sé que tengo que aclarar mi mente porque él está nublando mi sensibilidad.
―¿Así es como lo imaginabas, Ace, cuando pagaste todo ese dinero para una cita conmigo? ―Vuelvo mi cabeza y me encuentro cara a cara con él, su cabello está despeinado, sus labios son carnosos, sus ojos brillantes. Aguanto la respiración, congelada en el momento de que todo lo que tomaría es que me apoye para sentir sus labios sobre los míos de nuevo. Para probar su hambre carnal como lo hice anteriormente en el porche.
Él me muestra una sonrisa.
―No exactamente ―admite, pero puedo sentir que nuestra cercanía le está afectando demasiado porque puedo ver el pulso en su garganta acelerarse. Su nuez se mueve con un trago de saliva. Puedo llevar mis ojos de regreso a sus palabras no dichas, que fluyen entre nosotros―. Realmente tienes los ojos más inusuales y magníficos ―me dice, sus palabras son un aliento de susurro.
No es como si no hubiera escuchado eso antes de que mis ojos son únicos, de que son de color violeta, pero por alguna razón, oírlo de él hace que un deseo vaya en espiral por mí. Campanas de advertencia suenan otra vez en mi cabeza.
―¿Paula?
Levanto mis ojos para encontrarme con él, con temor en mi corazón.
―Sólo haré esto una vez. ¿Tienes novio? ―La seriedad de su tono, así como la pregunta misma me toma por sorpresa. No esperaba esto porque creo que él ya sabría la respuesta después de mis atenciones detrás del escenario la otra noche. Creo que más sorprendente que la cuestión en sí es la forma en que lo pregunta. El tono es exigente.
Niego diciendo que no, tragando con fuerza.
―¿Nadie a quién estés viendo casualmente?
―Esas son dos preguntas. ―Bromeo, tratando de sacudirme los nervios deslizándose por mi espalda. Cuando no sonríe, y sostiene mi mirada en cuestión, niego otra vez―. No, ¿por qué? ―respondo sin aliento.
―Porque quiero saber que está de pie en mi camino...― Inclina la cabeza y me mira mientras mis labios se abren en respuesta a su boca que de repente está muy seca―... Cuyo trasero tengo que patear antes de que pueda hacerlo oficial.
―¿Hacerlo oficial? ―Mi mente parpadea tratando de averiguar lo que me falta.
―Que eres mía. ―Pedro revolotea su aliento en mi cara mientras la expresión de sus ojos me traga entera―. Una vez que te folle, Paula, será oficial, tú serás mía y sólo mía.
Oh. Maldita. De. Mí. ¿Cómo pueden esas palabras, tan posesivas, tan predominantemente masculinas, hacerme que lo deseé mucho más? Soy una mujer independiente, segura de mí misma y sin embargo, oír a este hombre, sí, a Pedro Alfonso, informándome que me tendrá sin preguntar, sin darme opción, me hace sentir débiles las rodillas.
―Puede que no sea esta noche,Paula. Puede que no sea mañana por la noche ―promete, el estruendo de su voz vibra por mi cuerpo―, pero sucederá. ―Mi respiración se corta hasta que se detiene, lo que permite que sus palabras penetren en mí antes de continuar―. ¿No lo sientes, Paula? Esto ―dice señalando con una mano entre él y yo―, ¿esta carga que tenemos aquí? La electricidad que tenemos cuando estamos juntos es demasiado fuerte como para ignorarla. ―Bajo mis ojos, incómoda con su exceso de confianza aun excitándome por sus palabras. Toma una mano y la extiende, la chispa a la que se está refiriendo se enciende cuando su dedo índice se arrastra hasta la parte inferior de mi cuello hasta mi barbilla. La mueve hacia arriba para levantar mi barbilla para que me vea obligada a mirar en las profundidades de sus ojos―. ¿No tienes un poco de curiosidad de lo bueno que será? Si es tan electrizante con sólo el roce de nuestra piel uno contra el otro, ¿puedes imaginar cómo será cuando esté enterrado dentro de ti?
La confianza en sus palabras y la intensidad de su mirada pulsa en mí, y aparto la mirada hacia abajo otra vez centrándome en el anillo que está en mi dedo anular derecho. La parte racional de mí sabe que Pedro quiere salirse con la suya conmigo, siguiendo adelante. Y aunque le gustaría que entrara en ella, todavía estaría devastada al final.
Es sólo que no quiero pasar por eso otra vez. Tengo miedo de sentir de nuevo. Miedo de tener una oportunidad para las consecuencias antes de que se altere la vida para mí. Uso mi miedo para alimentar mi obstinación, sin importar lo salvaje del paseo, las inevitables consecuencias no valen la pena para mí.
―¿Estás tan seguro de ti mismo, que tengo que aparecer para el evento? ―le digo con arrogancia, esperando que mis palabras cubran el profundo dolor del que él es responsable de crear en mi cuerpo. Su única respuesta a mi pregunta es una sonrisa de infarto. Sacudo mi cabeza hacia él―. Gracias por el aviso, Ace, pero no, gracias.
―Oh, Paula ―advierte entre risas―. Ahí está esa boca inteligente que me parece tan interesante y sexy. Desapareció por un tiempo por los nervios. Estaba preocupado. ―Se acerca y aprieta mi mano―. Ah, y Pauli, para que lo sepas, esa no fue una advertencia, cariño. Fue una promesa.
Y con eso, se inclina sobre sus codos sobre la manta, con una sonrisa arrogante en su rostro, y el desafío está en sus ojos mientras mira fijamente hacia mí. Viajo por el largo de su delgado cuerpo con mis ojos. Mis pensamientos corren a cómo debo resistirme a este hombre sobre todo, imprudente, con problemas, e impredecible, cuya continua pelea verbal me pone incómoda. Me hace desearlo. Agita sentimientos y pensamientos que murieron ese día hace dos años. Y sin embargo, en lugar de voltear hacia otro lado como debo hacerlo, lo único que quiero hacer es subirme a horcajadas aquí mismo sobre esa manta, pasar mis manos por los firmes músculos de su pecho, hacer un puño con mis manos en su cabello, y tomarlo hasta que me rinda a todos mis pensamientos racionales.
Valiente lo miro a los ojos otra vez porque sé que está mirando mi valoración de su cuerpo. Me aseguro de que mis ojos no reflejen nada del deseo que estoy sintiendo.
―Entonces, ¿qué hay de ti, Pedro? ―le pregunto, regresando a él―. Dijiste que no haces la cosa del novio, ¿y sin embargo parece que siempre tienes a una señorita del brazo?
Él arquea las cejas hacia mí.
―¿Y cómo sabes lo que siempre tengo en mi brazo?
¿Cómo lo sé? ¿Debo admitir que de vez en cuando echo un vistazo a la suscripción de Haddie de People y ruedo mis ojos al ridículo comentario? ¿Tengo que confesar que leo cuidadosamente Perezhilton.com como distracción cuando estoy en la oficina a veces, y que por lo general salto sobre los rumores acerca de las personas de Hollywood cómo él, que piensan que son mejores que los demás?―. Bueno, me paro en las filas de las cajas en la tienda de comestibles ―admito―. Y sabes qué tan ciertos son todos esos tabloides en los puestos.
―Según ellos estoy saliendo con una alienígena con tres cabezas y mi foto alterada está justo al lado de la leyenda que indica que se encontró a un chupacabras en una sala de cine en Norman, Oklahoma ―dice, su expresión se anima, con los ojos muy abiertos en una mirada simulada de horror.
Me río a carcajadas. Realmente me río. Me alegro de que él tome a los medios con calma. Feliz de que añada alguna levedad a los fuertes temas de conversación. ―Agradable cambio de tema, pero no funcionará. Responde a la pregunta, Ace.
―Oh, Paula, solo negocios ―reprende él―. ¿Qué hay que decir? No me gusta el drama, el sistema de puntos de quién aporta qué, la expectativa del próximo paso a tomar, tratando de averiguar si hay un motivo oculto para que estén conmigo... ―Se encoge de hombros―. En lugar de lidiar con esa mierda, llego a un mutuo acuerdo con alguien, normas y requisitos se establecen, de negocios específicos y de expectativas que se lograron mucho antes de que siquiera tuvieran la oportunidad de iniciar o salirse de las manos. Esto simplifica las cosas.
¿Qué? ¿Negociaciones? Hay tantas cosas que pasan por mi cabeza que sé que tendré que pensarlas más adelante, pero con sus ojos clavados en los míos, esperando mi reacción, decido que el humor es la mejor manera de ocultar mi sorpresa por su respuesta.
―Así que un tipo con problemas de compromisos. ―Pongo los ojos en blanco―. ¡Como si eso fuera algo nuevo! ―Él se queda callado, aún con lo que pienso de él, de esto, de todo―. Entonces, ¿qué es lo que estabas esperando? ―continúo con
sorna―. ¿Qué acabe de mirar tus hermosos ojos verdes, deje caer mis bragas y abra las piernas cuando admites que te gustan las mujeres en tu cama, pero que no las dejas entrar en tu corazón? ―A pesar de mi sarcasmo, estoy siendo brutalmente honesta. ¿Cree que el hecho de que sea quien es, voy a negar toda mi moral?―. Y dicen que el romance está muerto.
―Tiene esa habilidad con las palabras, cariño. ―Su pronunciación lenta, moviéndose a su lado, apoyando su cabeza en su codo. Una sonrisa lenta se extiende por su rostro―. Te aseguro que el romance no es algo al que me adhiero activamente. No hay tal cosa como felices para siempre.
La romántica empedernida en mí suspira profundamente permitiéndome ignorar su comentario y la sonrisa en su cara me hace olvidar todos los pensamientos en mi cabeza, porque él es, de hecho, un maldito atractivo y sus ojos son tan fascinantes.
―¿No puedes estar hablando en serio? ¿Por qué el desapego emocional? ―Niego sin comprender―. Pareces ser una persona muy apasionada en cambio.
Él se mueve en la manta, acostándote sobre la espalda y poniendo sus manos detrás de su cabeza, exhalando con fuerza.
―¿Por qué todos como son? ―responde vagamente, el silencio cuelga entre nosotros―. Tal vez así es como nací o lo que aprendí en mis años de formación... ¿Cómo va uno a saber? Hay mucho de mí de lo que no quieres saber Paula. Te lo prometo.
Lo miro, tratando de descifrar su laberinto verbal de explicaciones mientras él se queda en silencio durante unos minutos antes de estirar una mano detrás de su cabeza y colocarla en la mía. Me deleito con esa rara señal de afecto de él. La mayoría de las veces cuando nos tocamos es explosivo, incluso carnal. Rara vez es simple. Poco exigente. Tal vez por eso me gusta el calor de su mano filtrándose a través de la parte superior de la mía.
Todavía estoy pensando en lo que dije a pesar de la distracción de su toque.
―No estoy de acuerdo. ¿Cómo puedes…?
Me detengo a media frase cuando tira de mi brazo y en segundos me pone en la manta, miro su cara cernirse sobre la mía. No estoy segura de cómo es posible, pero mi respiración se acelera y se detiene al mismo tiempo. Él muy lentamente, deliberadamente usa una mano para quitar un cabello errante de mi cara, mientras los demás se apoyan sobre la base de mi cuello, justo bajo el pliegue de mi barbilla.

No hay comentarios:

Publicar un comentario