viernes, 6 de junio de 2014

CAPITULO SEIS

Me arrastro pesadamente. Estoy en la última hora de mi turno en la casa, y las largas horas de los días pasados me alcanzaron. Los chicos fueron un puñado hoy y parecía que el caos se había movido constantemente por cada chico en diversas partes del día.
Kellen, mi co-consejera, tenía a los chicos afuera y estaba jugando a la mancha con ellos. Podía oír su risa y chillidos a través de las ventanas abiertas.
Me encuentro en la cocina preparando todo para la cena para el siguiente turno cuando el teléfono de la casa suena.
―¿Hola?
―¡Oh, bien! Todavía estás ahí. ―Puedo sentir el alivio de la emoción a través del teléfono.
―Apenas. ―Me río―. Tengo unos quince minutos. ¿Qué puedo hacer por ti, Teddy?
―Sé que probablemente estás cansada pero, ¿es posible que pases por la oficina en tu camino a casa?
Es la última cosa que quiero hacer tanto como lo quiero. Sólo quiero ir a casa, meterme en la cama, y dormir hasta el día siguiente.
―Um, bien. Claro. ¿Hay algún problema?
―¡Todo lo contrario! Creo que encontramos la solución al resto de la financiación de las nuevas instalaciones. ―El entusiasmo es evidente en su voz―. Te lo diré todo cuando llegues. Estamos ultimando todos los detalles en este momento.

―¡Wow! ¿Hablas en serio? ―Mis esperanzas comienzan a elevarse. Incluso con el evento de caridad y las numerosas otras donaciones que ya hemos recibido, seguimos siendo tímidos con nuestro objetivo por varios millones de dólares―. Yo-Yo estaré allí tan pronto como pueda, dependiendo del tráfico.
Cuelgo el teléfono, burbujeante de emoción. Todo mi trabajo duro durante los últimos dos años para obtener las aprobaciones, el respaldo de la junta directiva, los planes, el financiamiento, todo finalmente podría llegar a buen puerto y convertirse en una realidad.
Termino con los preparativos de la cena así que todo lo que el siguiente turno tendrá que hacer es ponerlo en el horno. Agarro mi bolso y bolsa de viaje y empiezo a recoger mis cosas. Echo un vistazo a mi celular en mi bolso, y a regañadientes decido revisar mi correo electrónico. Tal vez pueda hacerle frente a un par de llamadas mientras estoy en el tráfico.
Exploro mi bandeja de entrada y el aviso que había recibido antes en el día de Alfonso. Contemplo simplemente eliminarlo, pero la curiosidad puede más que yo, y lo abro.

Para: Paula Chaves
De: Ace
Asunto: Dedos diestros
__________________________
Paula…
No me dejaste otra opción. Tu falta de respuesta me hizo tomar el asunto en mis propias manos.
Te acuerdas de cómo se sintieron aquellos, ¿no?
―Ace.

Trasero arrogante. Borro el correo electrónico. ¿Qué haré? Me siento aún más indiferente a él ahora sabiendo sobre él y su cita con Bailey en el vestuario. O al menos estoy tratando de estarlo. Ahora que lo pienso, probablemente encajan a la perfección. Un mujeriego y una devoradora de hombres.
Sonrío al pensarlo mientras termino de recoger mis cosas y decirles adiós a las tropas.
El tráfico es más escaso mientras conduzco hacia la oficina. Aprovecho eso como una señal de que cosas buenas sucederán. Es un hermoso y soleado día de California, inusualmente cálido para fines de enero. Lo que haría por tomar una toalla, ir a la playa y quedarme allí, dejando que el calor del sol me rejuvenezca.
En muy poco tiempo, entro en el estacionamiento de Cuidados Sociales. Camino rápidamente hacia el vestíbulo del edificio, mirando mi reflejo en las ventanas de espejo. Uso mis jeans favoritos bajos a mi cintura y que me quedan ajustados, con una camiseta roja de cuello en V. Por suerte tenía una extra en mi bolso porque no creo que Teddy gozaría de la original que ahora está salpicada del vómito de Ricky. Me alboroto mi pelo un momento, tirando del clip de él, dejando que mis rizos caigan por mi espalda.
Después de un corto viaje en ascensor, donde puedo retocar mi brillo labial y pellizcar mis mejillas para darles color, llego al piso de la oficina principal. Paso por mi oficina, les guiño a varias personas e intercambio bromas en mi camino a la recepcionista de Teddy. Noto que las persianas en las ventanas de la sala de conferencias están cerradas y con aire ausente me pregunto qué reunión tendrá lugar allí.
―Hola, Sandy.
―Hola, Paula. Le diré que estás aquí. Te está esperando.
Sonrío.
―Gracias. ―Camino hacia la pared de ventanas que se extiende por toda la oficina y veo la línea de automóviles de personas que se dirigen a casa en la autopista. Las hormigas marchan una por una.
―¡Eso fue rápido! ―Me vuelvo hacia mi jefe, que tiene una amplia sonrisa en su rostro―. No podía esperar a reunirme contigo.
―No puedo esperar a escuchar lo que está pasando ―digo mientras lo sigo a su oficina.
Me acomodo a él en el sillón de cuero negro, feliz de sentarme y descansar mis pies.
Teddy se sienta frente a mí, incapaz de contener su entusiasmo.
―Recibí una llamada el día de hoy y he estado en una reunión toda la tarde llegando a un acuerdo. Escucha esto ― cita mientras se inclina hacia mí, poniendo las manos en la mesa―. PA Enterprises se presentó queriendo poner la mitad del dinero restante para las instalaciones, así como reunir el resto del dinero consiguiendo a otras empresas que les cumplan o que los patrocinen. ―Sus palabras salen en una corriente de aire, la emoción está en sus ojos.
Yo proceso sus palabras, tratando de formular un pensamiento coherente. No puedo creer que esto esté pasando.
―¿Qué? ¿Cómo? ¡Wow! ―Me río, atrapada en el torbellino de Teddy.
―Sigo afinando los detalles de su terminación en estos momentos. Pedro está en la sala de conferencias justo ahora. ―Mueve su mano hacia el pasillo―. Te llevaré en un segundo para presentártelo.
―¿Lo conozco?
―Sí, te lo presenté el sábado en la gala a beneficio.
―Me presentaste a un montón de gente en la gala a beneficio ―le digo riendo, aunque no me acuerdo del nombre Pedro―. Muchos no podían mantener sus
nombres y caras derechos. Espero que se acuerde de la conversación que tuve con él, así no lo veré como un trasero.
Se ríe de mí, el sonido tranquilizador hace eco en las paredes de su oficina.
―¡Estoy seguro de que todo irá bien! De todos modos, ¡esta podría ser nuestra oportunidad, chica! ¡Todo el trabajo duro finalmente llega a buen puerto!
―¡Eso es tan grandioso, Teddy! ―El alivio se desliza por mí. Nos habían dicho a principios de semana que sin la financiación completa, el proyecto posiblemente podría retrasarse por otros ocho meses a un año.
―Casi demasiado bueno para ser verdad, en serio. ―Sacude la cabeza como si todavía estuviera tratando de creer que esto realmente está sucediendo―. Tengo que decir, sin embargo, Pau, tendré que depender de ti para que me ayudes con esto. Quieren a una persona dedicada de nuestra oficina para trabajar codo a codo con ellos para que esto suceda, y ellos te solicitaron.
Asiento a pesar de que entrecierro los ojos mientras trato de entender por qué o cómo la empresa me conoce.
No importa. Lo que importa es conseguir el financiamiento.
―Claro, haré lo que sea. Ya lo sabes. ―Pongo mi mano en mi pecho, cubriendo mi corazón―. ¡No puedo creerlo! Cualquier cosa que necesites, la haré para obtener este financiamiento, para mantener esta bola rodando.
―¡Esa es mi chica! ¡Sabía que podía contar contigo! ―Se levanta de su escritorio―. Vamos, no puedo esperar a que Pedro y tú se reencuentren y repasar la letra pequeña del contrato.
Lo sigo por el pasillo, un poco insegura de mi atuendo. Me siento mal vestida para una reunión de negocios, pero si a Teddy no le importa, tampoco debería importarme a mí.
Teddy entra en la sala de conferencias delante de mí anunciando:
―Aquí está, Pedro.

Doy vuelta a la esquina, entrando en el umbral y llego a un punto muerto.
Alfonso está sentado en una silla en el otro extremo de la mesa de conferencias, con una pila de papeles sobre la mesa frente a él. Sus brazos están cruzados casualmente sobre su pecho y sus bíceps tiran notablemente de las mangas de su camisa polo. Sus ojos se encuentran con los míos y su boca se extiende en una sonrisa lenta y petulante.
¿Qué demonios? Me detengo en la puerta mirando a Teddy y de vuelta a Alfonso.
―Yo-yo no entiendo ―tartamudeo.
La mirada horrorizada en el rostro de Teddy me dice que he cometido un grave error con mi reacción.
―¿Paula? ―pregunta mientras mira a Alfonso rápidamente, asegurándose de que no lo he ofendido, y luego de vuelta a mí, con una mirada de advertencia en su rostro―. Paula, ¿de qué estás hablando? Este es Pedro Alfonso,te lo presenté la otra noche.
Todo a la vez, con estas palabras, mi mundo gira y se inclina sobre su eje. Mi cabeza se tambalea por el hecho de que el hombre frente a mí, el hombre que me redujo a un charco de sensaciones la otra noche, no es otro que Pedro Alfonso. El extraordinario piloto de carreras Pedro Alfonso vivo y con un gran futuro, hijo de un mega-director de películas de Hollywood y el mujeriego en serie que le da a la prensa sensacionalista forraje constante para sus columnas de chismes.
El Pedro Alfonso que me dejó con sueños lascivos y carnales, con un deseo no correspondido desde el pasado Sábado. ¡No me jodas!
No puedo creer que no lo reconociera antes. Sabía que él me resultaba familiar cuando lo conocí, pero a la luz de mis acciones, me doy cuenta de que no estaba pensando racionalmente tampoco. Estoy teniendo dificultades para envolver mi cabeza alrededor de esto. Todo el aire ha sido sacado de mis pulmones.
Mi cabeza gira de Teddy a Al- era Pedro y de vuelta a Teddy. Por la forma en que Teddy me está mirando, la expresión de mi cara debe ser bastante
desagradable. Miro hacia abajo, tomando una respiración profunda y trato de componerme y tranquilizando las turbias emociones en mi cabeza. No puedo arruinar esta donación a pesar de mis propios sentimientos, hay demasiado en juego si lo hago.
―Um, me disculpo ―digo en voz baja―, es sólo que pensé que su nombre era Alfonso. ―Camino más hacia el cuarto, ganando confianza, diciéndome a mí misma que puedo hacer esto―. No entendí bien cuando nos conocimos la otra noche...
El flash rápido de sonrisa de Pedro al mencionar la otra noche me detiene y me transporta al aquí y al ahora.
Puedes hacer esto, me repito como un mantra. Me niego a hacerle saber que me puede afectar tan fácilmente.
Tengo mi cabeza en alto y camino con propósito hacia donde él se sienta, extendiendo la mano, ensayando una sonrisa en mi cara.
―Es bueno verlo de nuevo, Sr. Alfonso.
Puedo oír que la respiración profunda de Teddy ha estado sostenida, con miedo de que mi reacción posiblemente dificulte el acuerdo de liberación de su pecho. La tensión en su rostro se refleja.
―Pedro, por favor ―dice Alfonso mientras se desdobla a sí mismo con gracia de su silla y se levanta, toma mi mano en la suya, manteniéndola un poco más de lo necesario―. Encantado de verte de nuevo también ―afirma, una chispa intermitente atraviesa el esmeralda de sus ojos.
―Por favor, sentémonos ―dice Teddy, con su entusiasmo de vuelta. Nos obliga a hacerlo y mira a Pedro.
―Pedro, dejaré que Paula te explique la propuesta de la empresa.
―Estaría encantado, Teddy ―dice Pedro profesionalmente, todo negocios, ya moviendo su silla hacia mí, colocando un paquete de papeles delante de mí―. PA Enterprises invertirá en regresarle a nuestra comunidad. Una vez al año, mi equipo
y yo elegimos una organización, y dedicamos nuestro tiempo, conexiones y fondos para crear la conciencia para su causa. Después de asistir de forma inesperada a su función de fin de semana en casa de mi madre cuando ella se enfermó, me encontré con que la premisa detrás de su organización es inspiradora.
Lo observo mientras continúa con datos y cifras de las organizaciones del pasado a las que PA Enterprises ha apoyado. Estoy teniendo un tiempo duro racionalizando que este profesional, junto hombre es la misma persona que me redujo a temblores y gemidos. Él está cumpliendo su presentación con discreta confianza y con una pasión abrumadora.
Este es el tipo de hombre por el que suelo enamorarme. Todo negocios. En blanco y negro, sin zonas grises.
Conocedor y apasionado. Esto es lo que me parece sexy. No el arrogante bastardo egoísta de la otra noche lleno de acciones imprudentes y sin inhibiciones. Gracias a Dios, sé la verdad, así que no me encuentro enamorándome de esta fachada frente a mí.
Al menos eso es lo que me digo cuando escucho mi nombre salir de sus labios.
―¿Qué? ―le pregunto negándome a mí misma mis pensamientos.
―¿Tiene alguna pregunta hasta ahora? ―Pedro me pregunta, inclinando la cabeza hacia un lado mientras me mira pensativo. El humor ilumina sus ojos diciéndome que sabe exactamente lo que estoy pensando… en él en particular.
―En primer lugar, permítame decir que espero que su madre se sienta mejor ―afirmo, dejando que mis modales anulen mi desprecio por él. Cuando asiente, continúo―: ¿Qué hace exactamente PA Enterprises, Sr. Alfonso? ―le pregunto.
―Mi madre está mejor, gracias. En cuanto a PAE, la función principal de la compañía es poseer y gestionar un equipo de carreras. Mi equipo de carreras ―dice exudando orgullo―. Entre otras cosas, nuestra mayor empresa actual es una tecnología de punta que ayude a aumentar el coeficiente de seguridad para los conductores. Actualmente está pendiente de patente.
―Hmmmm ―lo contemplo tratando de averiguar cómo todo esto puede empatarse―, ¿y cómo exactamente atará a un coche o a un equipo de carreras, en la recaudación de fondos para los niños huérfanos y de Cuidado de la Salud? ―estoy de vuelta en modo de negocios ahora, mi intelecto no se ve afectado por su encanto. En su mayor parte. Estoy tratando de sentir lo que está pasando, porque aunque los destellos rápidos de la sonrisa de Pedro se asemejan a los que me dio en el evento de caridad. Mi subconsciente me dice que hay un problema aquí.
Una vez mordido, dos veces tímido.
―Gracias por el seguimiento ―dice―. El lunes, llevé a su organización a la atención de mi equipo. Después de algunas investigaciones, debates y reflexiones, creamos la siguiente propuesta ―voltea el paquete en la mesa delante de mí a la página siguiente y me mira, con el placer ablandando sus facciones duras, anuncia―: PA Enterprises propone por adelantado, donar uno y medio millones de dólares para Corporate Cares.
¡Mierda! Trato de ahogar las palabras que salen de mi boca. El orgullo es evidente en sus ojos mientras me mira pensativo, calculando en silencio mi reacción antes de continuar.
―Además de los fondos inmediatos, tenemos la intención de dedicar una parte de los gráficos de mi coche en la siguiente temporada para promover tu causa o misión, si se quiere. ―Ve la confusión y las preguntas formándose en la expresión de mi cara y pone su mano hacia mí para detenerme y poder terminar―. Tenemos la intención de usar este spot publicitario para atraer a otras empresas y equipos de carreras para añadir el patrocino. Mi meta será conseguir que se comprometan a pagar una cantidad fija en dólares por vuelta completa de mi auto o un patrocinio general.
Abro los ojos con incredulidad, eso podría generar una cantidad asombrosa de dinero para la empresa. Echo un vistazo a Teddy, quien está tan emocionado que se mueve inquieto en su silla, con una enorme sonrisa en su rostro. Miro de nuevo a Pedro y mis ojos se encuentran con los de él, Amatista esmeralda, en guerra entre la gratitud y la confusión. ¿Por qué nosotros? ¿Por qué nuestra empresa?

Él sonríe suavemente hacia mí como si supiera lo que estoy pensando y que reconoce mi dilema. Aceptar la donación significa que tengo que aceptar su cita. Y continúa:
―Estamos limando los detalles en cuanto a si ofrecemos el patrocinio por carrera o durante toda la temporada. Mi equipo está trabajando en estos momentos, ya que sólo tenemos poco menos de tres meses hasta la primera carrera para conseguir tantos patrocinadores corporativos como sea posible.
―¿No es increíble? ―Teddy se mueve a mi lado. Me dirijo a él y sonrío sinceramente antes de volver a enfrentar a Pedro―. Es muy generoso de ti y de tu empresa, estoy un poco desconcertada de por qué nosotros. ¿Por qué Corporate Cares? ¿Cuál es la conexión?
Las comisuras de sus labios aparecen, con los codosapoyados y los dedos juntos en la mesa frente a su barbilla.
―Digamos que puede ser muy persuasiva, Srta. Chaves. ―Sostiene mi mirada mientras inhalo un fuerte soplo de aire―. Creo que me gusta trabajar con alguien tan apasionado y ―mira hacia otro lado, buscando la palabra, antes de llevar los ojos hacia los míos―, comprometida como me pareció que fuiste el sábado por la noche. ―Mantiene el rostro impasible, aunque sus ojos no lo son cuando su lengua como un dardo lame su labio inferior.
A pesar de la sangre se drena de mi cabeza al oír sus palabras, puedo sentir el rubor sobre mis mejillas y cuello. Él tiene la sensación de que recibo su insinuación porque el humor en sus ojos es inconfundible. Las esquinas de sus ojos se arrugan para expresar su diversión. Me retuerzo bajo su mirada deseando estar en cualquier parte, excepto aquí en este momento.
Como en su cama, debajo de él, con sus dedos bailando por mi piel y sus labios poseyendo los míos.
¿Qué carajos? Ya es bastante malo que esté en mi cara, ahora está corrompiendo mis pensamientos. Esto no es bueno.
Definitivamente no es bueno.
Suprimo mi ira por el coraje de Pedro. No puedo creer que acaba de decir eso. ¿La referencia a mi indiscreción delante de mi jefe es realmente necesaria? Cómo se atreve a venir a mi oficina y provocarme.
Me recuerda algo de lo que no estoy orgullosa. Algo que no voy a olvidar pronto.
―Comprometida ―dice Teddy, poniendo la palabra sobre su lengua y en el pensamiento―. ¡Esa es una gran manera de describir a mi Paula aquí! ―Me da una palmadita en la espalda y el orgullo llena su voz porque es completamente ajeno al mensaje oculto que Pedro bastante audaz me envió―. Siempre va más más allá.
Pedro cambia sus ojos a Teddy, quien no es consciente de la tensión sexual no hablada en la habitación.
―Lo es, por cierto. Y es una cualidad muy difícil de encontrar en alguien ―asiente de acuerdo con Teddy―. La vi en acción la noche del sábado y quedé muy impresionado.
Ya he tenido suficiente de esto, pero no quiero darle la satisfacción de saber que ha conseguido subirse sobre mí y sé que espera con sus comentarios. No quiero trabajar con este hombre, pero seamos sinceros, Corporate Cares no tiene ninguna otra opción para que toda mi sangre, sudor y lágrimas durante los dos últimos años lleguen a buen término. Él está caminando hacia el escenario, incluso si es un poco mala interpretativa su forma vengativa de volver a mí por no desearlo ni a sus formas sin sentido.
Tengo que pensar en esta colaboración como un medio para un fin. Mis chicos y las muchas otras personas que pueden beneficiarse merecen esta nueva instalación. Es que no se dan cuenta hasta qué punto esta declaración, un medio para un fin, se convierte en mi mantra una vez que me doy cuenta de la letra pequeña del acuerdo.
―Entonces Sr. Alfonso…
―Pedro, por favor ―reitera.

―Pedro, entiendo la premisa ―afirmo remilgada, deseando poner esta conversación de nuevo en marcha―. ¿Cuál es exactamente mi participación en toda esta colaboración?
―Bueno, Srta.Chaves, no voy a necesitar mucho de usted desde un punto de vista empresarial, porque tengo un equipo que tiene mucha experiencia en ese tipo de cosas. Obviamente, sin embargo, la necesito para ser el punto de contacto para sus preguntas y otras cosas misceláneas.
Se trata de las cosas misceláneas que tiene en mente lo que me preocupa.
―¿Por qué?
Pedro levanta una mano para detenerme otra vez, y estoy bastante molesta por ese hábito suyo.
―Como discutí con Teddy, el contrato entre nuestras empresas para la donación depende de varios factores ―hace una pausa, acomodando sus papeles sobre la mesa frente a él. Mira hacia arriba, su atención se centra únicamente en mí―. Durante los próximos meses y en la temporada, necesitaré un representante de Corporate Cares tras de mí en numerosas ocasiones.
Se detiene mientras aprieto los labios, mis ojos se abren mientras espero que mis suposiciones sean incorrectas.
―¿Yo? ―pregunto sabiendo ya la respuesta.
―Sí. Usted. ―Muevo la boca. Miro sus estrechos ojos mientras me lamo los labios porque de repente hace más bien calor en la sala de conferencias. Sus labios se fruncen mientras me mira, y tengo que sacudirme el inadecuado pensamiento en cuanto a su experta habilidad de mi cabeza mientras continúa en su tono profesional―. Junto con el anuncio de nuestra unión de fuerzas, habrá varios eventos, algunos a nivel local, algunos asuntos de la ciudad de gala, giras de prensa, etcétera ―dice, agitando casualmente los dedos en el aire con un movimiento de indiferencia―, a los que a necesitaré que me acompañe.
―¿Qué? ―Me pongo de pie, empujando la silla hacia atrás con fuerza y moviéndome atrás y adelante de Pedro a Teddy con desconcierto. ¿Cómo se atreve? Le digo que no a una cita, no a ir más allá de la segunda base en la parte de atrás del escenario y, ¿hace esquemas hasta tener una forma de atarme a él con un contrato? ¡Qué inmaduro idiota! Su ego debe tener realmente moretones por mi rechazo.
Estoy estupefacta. No puede ser. Esto no está sucediendo. Palabras que me encantaría decirle, llamarlo, pasan por mi cabeza mientras hiervo de ira.
―¿Quieres decir algo al respecto, Paula? ―pregunta Teddy, rompiendo mi bruma de frustración―. Creo que es una idea brillante. ―Vuelvo la cabeza hacia él, abriendo la boca para responder, pero no sale nada.
―Si Pedro está dispuesto a usar su nombre, sus conexiones y popularidad de pie junto a ti en un evento de prensa lleno para correr la voz acerca de Corporate Cares, entonces…
―¿Por qué no aprovecharlo? ―termina Pedro por él, con una sonrisa petulante adornando su rostro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario