miércoles, 8 de octubre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 112

No pude evitar reírme y sentirme emocionada, mientras Pedro
terminaba de explicar todo sobre lo del alfabeto que me había
comentado antes. Su sonido alegre me hace sentir contenta, me hace
recordar los oscuros días en el hospital, donde todo lo que quería era volver a escuchar
ese sonido nuevamente y la pregunta sale de mi boca antes de que pueda pensarlo dos
veces.
―¿Podemos tomar helado para el desayuno?
La mano de Pedro todavía esta fija sobre mi muslo, mientras suelta una
carcajada
―¿Qué? ―Amo la expresión de su cara ahora mismo. Despreocupado,
descuidado y sin el peso de los secretos que ya no están entre nosotros.
Yo solo le sonrío yaciendo a su lado, ajusto la almohada detrás de mí y me
recuesto suspirando, sus ojos divertidos aun mirándome. La música suena y me encojo
de hombros frente a él, sintiéndome de golpe tonta por mi comentario. Es solo que
siento como si el círculo se estuviera cerrando. Cosas que dije que quiero hacer, cosas
que necesito hacer, promesas que hice mientras estaba tendido en la cama del hospital,
que necesito mantener.
―Sí, helado para el desayuno ―le digo, haciendo una mueca cuando me muevo
y mi ropa interior toca el vendaje de mi nuevo tatuaje, el tatuaje por el que mi madre
va a matarme cuando lo descubra. Pero la súbita mirada sorprendida en sus ojos me
saca de mis pensamientos y me hace inclinarme hacia adelante para mirarlo de cerca,
curiosa acerca del por qué tiene esa cara. Me mira por un momento, luego, después
de parpadear un par de veces como si estuviera intentando descifrar algo, sacude su
cabeza y me sonríe, derritiendo mi corazón, confirmándome que no tengo por qué
estar en absoluto arrepentida.
Sobre estar con él o sobre el tatuaje, solo tengo que probarlo.
Por los altos y bajos que hemos pasado en nuestra relación, por lo que hemos
soportado, perseverado y nos hemos vuelto fuertes.
No me arrepiento de nada, porque nos trajo a este punto en el que estamos, al
aquí y al ahora.
Curándonos juntos y amándonos el uno al otro. Dando nuestros primeros pasos
hacia el futuro.
Acomoda el ángulo de su cabeza apoyada en su mano, con el codo doblado
debajo y abre sus labios.
―Bueno, lo que la dama quiere, la dama obtiene.
―Me gusta cómo suena eso ―digo moviendo mis caderas―. Porque hay un
gran cantidad de cosas que quiero Sr. Alfonso.
―Oh, ¿En serio? ¿Y que serían esas cosas? ―Levanta sus cejas y una sonrisa
lasciva tira de la comisura de su boca mientras se inclina hacia delante y presiona un
suave beso sobre el borde de mi vendaje. Mira hacia arriba, lujuria y mucho más
danzan en la profundidad de sus ojos, mientras se arrastra lentamente hacia mi cuerpo,
hasta que sus labios están a centímetros de los míos.
Y mi Dios, quiero recostarme en él y saborear esos labios y sentir como mi piel
vuelve a la vida por su toque, pero elijo hacer un último pedido antes de perderme en
él.
―Para la cena quiero…
―Panqueques ―termina la frase por mí―. Helado para el desayuno,
panqueques para la cena. Recuerdo haberte escuchado decir eso. ―Su voz está llena
de asombro reverencial. Mi corazón se eleva ante la revelación de que él me escuchó
mientras estaba inconsciente en el hospital. Veo como intenta procesar todo esto y
sacude suavemente la cabeza―. Hablaste mucho ―murmura, inclinándose más cerca
de mis labios pero sin tocarlos y sé que está sonriendo porque puedo ver las arruguitas
alrededor de sus ojos.
―Así que tenemos el menú para mañana…
Se inclina más aún y captura mi boca con la suya en un suave beso.
―Es hora de que dejemos de hablar Pauli ―dice mientras se separa para verme
a los ojos, humor y amor sin reservas se refleja en sus ojos.
―Pedro ―digo, arqueando mi espalda para levantar mis senos de modo que
tocaran su pecho desnudo, porque todo mi cuerpo en este momento está desesperado
por su toque, su sabor, la conexión entre nosotros. Cuando se queda quieto, sin
moverse, agarro su cuello tratando de acercarlo a mí, pero permanece quieto.
Él solo permanece inmóvil, mirándome con tanta intensidad. Y por primera vez
entiendo lo que quería decir cuando dijo que yo era la primera persona en realmente
verlo, en ver dentro de la profundidad de su alma, porque en este momento no había
nada que pudiera ocultarle a él. Absolutamente nada. Nuestra conexión es tan fuerte.
Irrefutable.
Fue una noche tan emotiva, más para él que para mí, pero mi cuerpo zumba ante
la necesidad de una liberación física. Vibra por la necesidad y todo lo que quiero es a
él.
―Paula… ―Esa única palabra, mi nombre, como una súplica en sus labios, hace
que me tenga cada vez.
―No empieces con tus Paula ―imploro mientras veo la preocupación
bordeando el deseo en sus ojos. Muevo mis manos, para tomar sus mejillas y lo sostengo
de modo que no tenga más opción que escucharme―. Estoy bien, Pedro.

―Tengo tanto miedo de que pueda lastimarte. ―Su voz se desvanece y la
preocupación que lo invade hace que cada parte de mí se sumerja más en esta ola de
amor.
―No, nene, no. No vas a lastimarme. ―Me inclino hacia adelante y rozo mis
labios contra los suyos, luego me recuesto para poder ver sus ojos nuevamente―. Tú,
no queriendo estar conmigo, eso duele. Me destruye. Te necesito, Pedro, cada parte
de ti, física y emocionalmente. Después de esta noche, después de haber desnudado
todas aquellas cosas que nos mantenían separados, necesito compartir esto contigo.
Conectar de todas las formas posibles, porque es de la única forma en que puedo
verdaderamente mostrarte como me siento por ti. Mostrarte que es lo que haces en
mí.
Puedo oír su exhalación estremecida, antes de que el calor de ésta golpeara mis
labios. Su mano se flexiona en mis bíceps, luego suelta el agarre, como si quisiera y no
quisiera al mismo momento. El solo se me queda mirando, la indecisión atraviesa su
rostro. Luego un músculo pulsa en su mandíbula, su último intento de resistencia,
porque el deseo en su mirada me dice que la decisión ya está tomada.
Cuando él se inclina para besarme, creo que la victoria nunca ha sido más dulce.
Sus labios acarician los míos suavemente, una vez, dos, luego su lengua se adentra
dentro de mis labios lamiendo la mía. Desliza las manos detrás de mi espalda y me
acerca a él, mientras nuestras lenguas bailan un sensual Ballet. Sus manos hacen su
camino hasta el dobladillo de mi camisa, atormentando mi piel desnuda mientras tira
de mi camisa hacia arriba sobre mi cabeza.
Un suave suspiro escapa de mis labios cuando nos separamos para que mi camisa
pueda salir de mi cabeza, luego nuestros labios se encuentran nuevamente. Libero mi
agarre de la parte de atrás de su cabello y raspo con mis uñas los músculos de acero de
sus bíceps, su cuerpo responde, tensándose ante mi toque. El gemido gutural que sale
de su garganta me enciende aún más, me seduce, me hace desear y necesitar más.
La espiral de deseo y necesidad florece con cada segundo que pasa, mis muslos
apretados juntos, mi respiración cada vez más rápida.
―Pedro ―murmuro, mientras sus labios viajan por mi barbilla hasta ese punto
sensible debajo de mi oreja, que me hace arquear mi espalda y gemir alto ante el
contacto de su aliento tibio contra mi carne deseosa. Sus manos rozan mi caja torácica
y la copa de mis senos ya pesados por el deseo. Una espiral de sensaciones dentro de
mí y luego a través de todas las partes de mí.
―Joder, Pau, tú pones a prueba el control de un hombre. He anhelado el sabor
de ese dulce coño tuyo. Ese sonido que haces cuando entierro mi polla en ti. La
sensación de cuando te corres a mí alrededor.
Gime cuando deslizo mis manos dentro de su short y tomo su carne caliente.
Y así como de incendiarias son sus palabras, así como avivan un fuego que ya está fuera
de control, hay una ternura añadida en su toque que contrasta fuertemente con ese
modo explícito.

―Quiero cada centímetro de tu cuerpo estremecido, jodidamente temblando,
suplicándome para que te tome, Pau, porque joder, si no voy a hacer lo mismo. Quiero
ser tu suspiro, tu gemido, tu grito de placer y cada puto sonido en el medio. ―Se
inclina y mordisquea mi labio, puedo sentirlo temblar y sé que esta tan afectado como
yo.
―Quiero sentirte . Sentir tus uñas clavándose en mis hombros. Tus muslos tensos
alrededor de los míos mientras te conduzco cada vez más cerca. ―Exhala, su voz
dominada por una necesidad cruda, tiene todo mi cuerpo temblando, necesitado―.
Quiero que la punta de tus dedos curvarse mientras empujan contra mi pecho. Quiero
ver tu boca abierta y tus ojos cerrados cuando esto se convierta en demasiado, el placer
jodidamente intenso, porque nena, quiero saber que te hago sentir así. Quiero saber
que te sientes tan jodidamente viva por dentro, como tú me haces sentir.
Y no puedo soportarlo más, sus palabras, el mejor y más sensual juego previo, mi
cuerpo ya anhela su contacto. Lo tiro hacia mí, la vacilación es un recuerdo lejano.
Nuestros cuerpos y corazones chocan y se mezclan, cuando volvemos a caer en la cama
detrás de nosotros, mientras nuestras manos y labios exploran, saborean y tientan.
Lo fuerzo a ponerse de espaldas, raspando su pecho con mis uñas, con los
músculos en tensión y su garganta liberando un gemido desesperado. Mi boca traza un
lánguido camino desde su cuello hasta los rígidos músculos de su abdomen, que se
contraen y flexionan con cada lamida de mi lengua o roce de mis dedos. Beso todo el
camino hacia abajo de su malditamente sexi V y luego al otro lado, cuidando la recién
tatuada piel de su caja torácica, mientras mis dedos encuentran y rodean su longitud
dura como el acero a través de sus pantalones cortos.
Miro hacia arriba encontrando sus ojos, nublados por el deseo y llenos de
emoción, mientras bajo su short. Beso el recorrido de la delgada línea de cabello, luego
más abajo para atormentar la punta de su polla con mis húmedos y tibios labios. Su
polla se impulsa hacia mí, mientras él sisea:
―¡Joder! ―La forma en que lo dice me anima a tomarlo más en mi boca y
presionar mi lengua mientras me deslizo hacia abajo y lo llevo más profundo.
Sus manos descansan ociosamente en la cama, se juntan en puños apretados y
sus caderas tiemblan mientras me deslizo hasta tener solo la punta nuevamente en mi
boca. Pongo mi lengua alrededor de él, prestando especial atención a los nervios
debajo, antes de deslizarme hacia abajo hasta que su polla toca el fondo de mi garganta.
En un instante, toma mi cabello entre sus puños, mientras el placer lo alcanza.
―¡Dulce cristo! ―jadea entre respiraciones laboriosas, mientras continúo
trabajándolo con mi boca―. Tan malditamente bueno.
Mis uñas atormentan su sensible piel debajo, con cosquillas y presión, mientras
ahueco mis mejillas cuando me deslizo hacia abajo y luego hacia arriba. Lo miro y no
puedo evitar ocultar una sonrisa satisfecha a pesar de tener mi boca llena de él. La
cabeza de Pedro esta tirada hacia atrás, sus labios tensos de placer y los músculos de
su cuello tensos. La vista de él desarmándose lentamente, me hubiera dejado mojada
y necesitada si no lo estuviera ya.
Ajusto mi puño alrededor de él, trabajándolo con movimientos circulares,
mientras sacudo mi cabeza hacia arriba y abajo por el resto de él. Gruñe convirtiéndose
en acero en mi boca y en un instante tira de mí poniéndome sobre él, la piel de mis
pezones dolorida por el contacto de su piel.
Su boca está en la mía al instante en que puede alcanzarla, un choque codicioso
de labios, lenguas y dientes mientras domina el beso. Tomando lo que quiere a pesar
de que se lo doy más que de buena gana. Cambia nuestra posición en un abrir y cerrar
de ojos, de modo que quedo de espalda, encima de las almohadas apoyadas detrás de
mí. Pasa su mirada a lo largo de mi torso, con una sonrisa pícara iluminando su rostro,
mientras mira mi ropa interior y luego de vuelta a mí.
―Estoy fuera de práctica ―dice con un movimiento de cabeza y como un
destello, veo su solitario hoyuelo. Y luego a pesar de mi necesidad carnal rastrillando
cada nervio de mi cuerpo, no puedo evitar la risa que sale de mis labios cuando la tela
de mis bragas se rompe por la mitad.
―Así ―dice él, bajando su boca a mi abdomen y depositando un beso allí―.
Mucho mejor.
Y no es por el beso en sí mismo, sino lo inesperado de sus labios con posesiva
calma, justo por debajo de mi ombligo, lo que hacen el momento solemne para mí.
Pero al mismo tiempo, haciéndolo mucho más dulce. Sus ojos están cerrados y sus
labios se presionan encima del vientre que sostuvo a su hijo y un escalofrió corre a
través de mi cuerpo anticipatoriamente.
Después de un momento, sus labios hacen el camino tortuosamente largo hasta
mis senos. Puedo sentir su cálido aliento, el deslizar de su lengua, la succión de su boca,
mientras se cierra sobre mi pezón, y grito involuntariamente. La sensación que su boca
evoca, son como rayos sobre mi sexo, mis inhibiciones se incineran y mi cuerpo arde
en llamas.
―Pedro ―jadeo, mientras el sufrimiento se intensifica en mis entrañas y mis
uñas marcan sus hombros, mientras su boca me da placer y anticipa lo que está por
venir. Mis pezones tensos y completamente atormentados están en el borde del dolor,
se mueve nuevamente arriba hacia mi cuerpo. Una de sus manos forma un puño con
mi cabello, manteniendo mis rizos de rehenes mientras la otra se desliza hacia abajo
hasta llegar entre medio de mis piernas.
Aguanto la respiración en ese lapso de tiempo entre que siento sus dedos
separando mis muslos y que realmente me toca. Mis pulmones se despojan de aire y
mi cuerpo se llena de anticipación, Pedro fusiona su boca con la mía, en un beso que
define la gravedad, que abrasa el alma y justo cuando dejo mi cabeza dar vueltas, el
deseo en espiral fuera de control, sus dedos me separan y se aventuran
reclamantemente. Su boca atrapa el gemido que sale de mí, mientras mis nervios son
expertamente trabajados. El calor me incendia y un gemido entusiasta sale de la parte
posterior de mi garganta mientras estoy completamente consumida, completamente
deshecha por Pedro.
Sus dedos recubiertos por mi excitación resbalan hacia afuera y hacia arriba para
añadir fricción en mí ya palpitante clítoris.
―¡Ah! ―No puedo evitar dejar salir un grito, mientras sus dedos conectan
conmigo, las sensaciones me abruman y la emoción aumenta. Sus dedos acarician, su
boca tienta la piel a lo largo de mi cuello, mientras mi cuerpo trepa la ola a ritmo
rápido. Mis pezones se aprietan y mis muslos se tensan mientras el deseo revota a
través de mí y luego vuelve para golpearme diez veces más duro.
Y estoy perdida. Entrando en un olvido que asalta todos mis sentidos y abruma
todos mis pensamientos. Mis manos agarran sus brazos, mi cadera brinca mientras mi
cuerpo explota de placer en un millón de pedazos. La única cosa que pude oír, además
de mi pulso atronador en mis oídos, fue un gemido satisfecho que se escapa de sus
labios.
Sin un segundo de montar la última ola de mi orgasmo, Pedro se está moviendo,
empujando mis muslos con su rodilla mientras coloca la punta de su polla en mi
entrada aún palpitante.
Y luego me doy cuenta, rompiendo a través de mi bruma de deseo, golpeando a
través de mis sentidos. Empujo su pecho, sacudiendo mi cabeza.
―Pedro, necesitamos un condón ―le digo, la realidad me golpea más fuerte
que los temblores de mi clímax, todavía retumbando a través de mí.
Su cuerpo se tensa y su cabeza se vuelve bruscamente desde donde estamos
conectados hacia mí. Tuerce su cabeza y solo se me queda viendo, el único sonido de
la habitación es mi respiración aun agitada y los acordes de Stolen en los altavoces.
Por la forma en la que me mira, como si le hubiera arrancado su última
respiración, detiene cualquier futura protesta de mis labios.
―No quiero usar un condón, Paula. ―Sus palabras me asustan, pero más que
eso, es la forma en las que las dice, resignado con incredulidad mezclada con irritación.
¿Pero por qué?
¿Incredulidad porque arruine su humor con mi pregunta? ¿Irritación porque
tiene que hacerlo justo ahora?
―Vamos, Pedro, no seas niño, sé que no se siente igual, pero tenemos que ser
inteligentes y…
Pedro se acomoda en la cama, tirando de mí hacia él y moviéndonos de modo
que quedo a horcajadas sobre él, me sorprende tanto que abandono mis protestas.
Coloca sus manos en mi nuca y sus pulgares enmarcan los lados de mi rostro, sus ojos
clavados en los míos, con una intensidad reverente que nunca había visto antes.
―No, Pau. No quiero usar un condón y no porque vaya a sentir menos. Joder,
nena, podría tener arpillera alrededor de mi polla y todavía te sentiría.

Me dan ganas de reír, mientras mi mente intenta entender lo que Pedro está
diciendo.
―Que… ¿Qué estás tratando de decir? ―Y a pesar de que él no me ha
contestado todavía, los latidos de mi corazón se aceleran y mis dedos comienzan a
temblar.
Lo veo tragar, su nuez de Adán se mueve y sus labios esbozan el fantasma de una
sonrisa. Niega ligeramente, a medida que profundiza su sonrisa.
―No sé cómo explicarlo, Pau. Esa noche fue horrible. Va a ser algo que siempre
va a estar grabado a mi mente, tú, yo… el bebé… ―Su voz se desvanece al tiempo que
mueve su cabeza suavemente, mirando hacia abajo por un momento porque yo sé que
aún está intentando reconciliarse con la idea de que habíamos perdido un bebé juntos.
Suelta una exhalación temblorosa y cuando mira hacia arriba puedo ver una
honestidad brutal en su mirada sosteniendo la mía―. Estaba muerto de miedo ―dice
acercándose, rozando mis labios, en un beso dulce, luego besó mi nariz y se recostó―.
Todavía me asusta cada vez que pienso en ello y lo que pudo haber sucedido. Yo… yo
no sé cómo explicarlo ―resopla fuertemente y puedo ver la necesidad marcada en su
cara para poder encontrar las palabras para expresar lo que siente.
―Tómate tú tiempo ―le susurro, sabiendo que le daría todo el tiempo del
mundo si él me lo pidiera.
Frota sus pulgares hacia adelante y atrás de mis mejillas, mi piel se pone de
gallina ante la intensidad del momento.
―Una parte de mí… ―Su voz se quiebra y puedo ver el tic de su mandíbula
intentando contener la emoción que hay en sus ojos―. Una parte de nosotros murió
ese día. Pero era la parte de mí a la que he estado intentando aferrarme.
Cuando se refirió al bebé como nuestro, mi aliento quedó atrapado en mi pecho
y mis manos alcanzaron sus bíceps.
―Me senté en la sala de espera, Pau, con tu sangre, la sangre de nuestro bebé y
no creo… No creo que alguna vez me haya sentido tan jodidamente vivo. ―Esa
pequeña sonrisa está de vuelta en esa magnífica boca suya, pero fueron sus ojos los que
me cautivaron. Esos destellos verdes suplicantes, que preguntaban, buscando si había
entendido las palabras, que explicita e implícitamente quería expresar.
Miró hacia abajo, a sus manos por un momento, la emoción se veía en su rostro,
recordando cómo se sintió antes de mirarme.
―La sangre del bebé que nunca conoceré, pero que era algo que habíamos
creado juntos. ―Su voz grave rompe sus últimas palabras, pero sus ojos continúan
mirándome, asegurándose que lo veo todo en él, dolor, incredulidad pérdida.
―Todas las emociones, todo lo que sucedía, intentando procesarlo todo, se sentía
como intentar tomar agua de una jodida manguera de incendios. ―Exhala otro
aliento, cerrando sus ojos mientras intenta sobreponerse a ese momento abrumador y
explicar mejor su sentir―. Y todavía no sé cómo procesar todo lo que sucedió, Pau.
Pero la única cosa que sí sé ―dice, con sus dedos apretando mis mejillas, para reforzar
sus palabras―. Es que cuando estaba sentado en esa sala de espera y la doctora me
dijo… sobre el bebé… sentimientos que nunca creí posibles me llenaron ―dice con
una inquebrantable reverencia en su voz, que hace que mi corazón se inflame con
esperanza de cosas que nunca jamás creí que podía imaginar.
Su pulgar enjuaga una lágrima que corre por mi mejilla, que ni siquiera sabía
había derramado, y continúa:
―Y sentado ahí, en esa maldita habitación de hospital, esperando que te
despertaras… me di cuenta de lo que significabas para mí, lo que habíamos creado
juntos, la mejor parte de nosotros combinada. Y luego me golpeó ―dice con tanta
ternura en su rostro que abro mi boca para decir algo, pero nada sale. Me sonríe
levemente y saca su lengua para humedecerse su labio superior―. Me di cuenta que
lo que ella me hizo, no tiene que volver a pasar. Que puedo darle a alguien la vida que
nunca tuve, Paula. La vida que me mostraste es una posibilidad.
Una parte de sus comentarios penetran en mi cabeza, mientras sus palabras
derriban cada una de las barreras que protegen mi corazón. Mis manos se tensan sobre
sus bíceps y mi barbilla tiembla producto de las emociones que me atraviesan.
―No llores, Pau ―murmura mientras se acerca y besa las lágrimas que caen por
mis mejillas―. Ya has llorado lo suficiente. Solo quiero hacerte feliz, porque, joder,
nena eres tú la que hace la diferencia. Eres tú la que es capaz de ver mi mayor miedo,
ese maldito veneno, en realidad no era miedo en absoluto. Era una excusa para no
abrirme a mí mismo y hablar, trayendo pena y pasándote mis demonios. Pero sé… yo
sé… que nunca podría haber lastimado a un niño, mi propia sangre y carne. Y sé
malditamente que tú nunca podrías lastimar a alguien solo para fastidiarme.
Hay lágrimas en sus ojos mientras los baja por un momento y luego sacude su
cabeza, la limpieza de su alma finalmente paga peaje. Pero cuando me mira, a pesar de
las lágrimas nadando en sus ojos, veo claramente tanta reverencia, que siento que mi
aliento es robado. Mi corazón que fue robado hace mucho tiempo, sin duda por él.
―Es como si toda esta horrible oscuridad con la que he vivido se convirtiera en
este increíble rayo de luz.
Su voz se quiebra y una lágrima cae mientras estamos en esta enorme cama,
cuerpos a la vista, nuestros pasados ya no escondidos. Corazones desnudos,
completamente vulnerables y sin embargo nunca me he sentido más segura al respecto
con otra persona. Inclina su cabeza hacia mí y me mira.
―Entonces, ¿estás de acuerdo con esto?
Lo miro, no segura de lo que está preguntando, pero esperando que mis
suposiciones sean ciertas.

                                         PEDRO....

Dios, necesito saber que estás de acuerdo con esto, ¿Pau?
―Busco en su rostro por cualquier indicación de que ella
está a lo largo del paseo, porque justo ahora, mi maldito
corazón está golpeteando y mi pecho se estrella con cada maldito aliento.
Esos ojos violetas de ella, los únicos que han sido capaces de ver directamente mi
alma y ver todo lo que he escondido, parpadean ocultando las lágrimas y tratando de
procesar lo que le he estado diciendo que nunca he querido y ahora quiero con ella.

Mañanas.

Posibilidades.

Un puto futuro.

El maldito banderazo final.

Y en el fondo de mi corazón sé con absoluta certeza lo que siento por esta mujer
que se estrelló contra mi maldita vida, agarrándome por las bolas, y al parecer mi
corazón, y nunca lo va a dejar ir. No puedo resistirme a una breve muestra para calmar
la aprehensión que corre por mí, para aliviar la agitación de un alma que siempre pensó
que estaba condenada al infierno. Me inclino y presiono mi boca contra la suya, usando
sus suaves labios como un consuelo silencioso, que ni siquiera ella sabe que me está
dando.
Miro mis manos temblorosas en sus mejillas y sé que este temblor no tiene nada
que ver con el maldito accidente y todo que ver con la curación de las heridas, tan
viejas y marcadas con cicatrices, que nunca pensé que podrían ser reparadas. Levanto
mis ojos para encontrarme con los de ella otra vez, porque cuando se lo diga, necesito
que sepa que pudo haber habido muchas antes que ella, pero ella es la única que
jodidamente alguna vez oirá esto.
―Te dije en Florida que siempre he usado la adrenalina, imágenes borrosas, las
mujeres, para llenar el vacío que he sentido siempre. Y ahora... ―Niego, no estoy
seguro de cómo hacer para decir las palabras que giran en mi maldita cabeza, para que
suenen coherentes. Tomo una respiración profunda, porque estas palabras son las más
importantes que jamás he dicho―. Ahora, Pau, nada de eso importa. Todo lo que
necesito es a ti. Simplemente. Tú. Y los chicos. Y lo que sea que creemos juntos .
Escalofríos bailan en mi piel y me siento tan abrumado con todo, el momento,
el sentimiento, la vulnerabilidad, que tengo que forzar un carraspeo y cerrar los ojos
momentáneamente. Y cuando los abro, la compasión y el amor están en los suyos y la
sencilla idea de que veo su amor y lo acepta, tiene mi pulso acelerado por la euforia
que trae y que rompe la barrera final de mi pasado.
―Te amo, Paula ―susurro las palabras. El peso en mis fracturas torácicas astilla
en mil malditos pedazos liberando mi alma, como un 747 tomando vuelo.


ÚLTIMOS CAPITULOS!!



7 comentarios:

  1. MUCHAS GRACIAS , HERMOSOS CAPITULOS , LLORE MUCHISIMO , PERO ME ENCANTARON :)

    ResponderEliminar
  2. ame estos caps!! fueron tan intensos!! gracias jesy x volver a subir! mimiroxb

    ResponderEliminar
  3. Ay! No puedo dejar de llorar desde q empecé a leer estos capítulos!!! Es tan emocionante todo, por fin él puede decirle todo lo q tanto tiempo guardó! No quiero q termine la novela!

    ResponderEliminar
  4. Lloré.. me emocione, me rei .. y sobre todo ame estos capítulos !¡ gracias Jesy

    ResponderEliminar
  5. Q intensoos caps! Los amee, me lloré toda jaja.. al fin le dijo q la ama! Y le confesó todo. voy a extrañar muchísimo la nove! No quiero q termine! :(..espero los prox bsoo @GraciasxTodoPYP

    ResponderEliminar
  6. wow que hermoso capítulo, me encantó!!!!

    ResponderEliminar
  7. Wowwwwwwww, tardé tanto en leer estos 4 caps, lloré tanto que se me nublaba la vista Jesy. Espectaculares caps. Amo esta historia!!!!!!!!!!

    ResponderEliminar