Me siento y observo a Zander y su consejero trabajar juntos y mi
corazón se dispara repentinamente al verlo comprometido de manera
tan activa. Ahora, está hablando mucho y comenzando a sanar.
Permito que el orgullo que siento se hinche y las lágrimas empañen mi visión porque
él lo está haciendo.
Realmente lo está haciendo.
Camino fuera de su habitación en la que están teniendo su sesión y salgo hacia
la cocina, escuchando la música en la habitación de Shane y la charla del resto de los
chicos que construyen una ciudad de Lego en el patio trasero. Dane saca lo último de
los cubiertos del lavavajillas cuando entro a la cocina y me dejo caer en un taburete
con un suspiro agotado.
―¡Estoy de acuerdo! ―dice, cerrando un cajón y sentándose a mi lado―.
Entonces… ―dice cuando no digo nada―. ¿Cómo te va con el Adonis derrite bragas?
Ruedo mis ojos.
―Solo deseas que sea un Adonis derrite boxers ―resoplo.
―Infierno que sí lo hago, pero he perdido la esperanza de que pueda traerlo al
mejor equipo. Solo un ciego se perdería la forma en que te mira.
―Oh, Dane. ―Suspiro, con una sonrisa en mis labios ante el solo pensamiento
de Pedro y lo buena que las cosas han sido durante las últimas semanas. A un ritmo
reconfortante nos hemos instalado sin siquiera hablar de ello. Las cosas se sienten
naturales. Al igual que estaban destinadas a ser. No más drama, no más falta de
comunicación y no más secretos ocultos―. Las cosas están bien. No podría ser más
perfecto.
Y cuando lo digo, realmente lo creo. No voy a esperar a que el otro zapato caiga
como antes. No estoy esperando nada más porque si estar con Pedro me ha enseñado
algo, es que nuestro amor no es paciente, ni es bueno, es solo únicamente nuestro.
―Así que, ¿la convivencia no ha sido un horrible desastre?
―No ―digo con suavidad mientras pienso en cómo ha sido todo lo contrario―.
En realidad, ha sido bastante increíble.
―Vamos, el hombre tiene que tener algo que sea horrible ―bromea.
―No, él es malditamente perfecto ―respondo, amando la oportunidad de decir
perfecto otra vez cuando se trata de Pedro y yo.
―No lo creo ―dice, golpeando un puño sobre el mostrador―. Tienes que
escoger su nariz o ronca horriblemente o tira pedos como un rinoceronte.
―¡Nop! ―Me río a carcajadas y él trata muy duro de no quebrarse en una sonrisa
pero su resolución es de corta duración.
―Tienes que estar mintiendo, Pau, porque ningún hombre puede ser tan
jodidamente perfecto. ―Se encoge de hombros―. Bueno, a menos que sea yo, por
supuesto.
―Bueno, por supuesto ―digo, riendo y hago un gesto negativo―. Vamos a
ver... ―Sonrío, pensando en algo para satisfacerlo―. Se negó a comprarme una caja
de tampones en el camino a casa del trabajo el otro día.
La expresión de su cara no tiene precio, labios laxos y ojos muy abiertos.
―¡Maldición! ―escupe con asco burlándose antes de negar―. Mierda, acaba de
subir veinte puntos en mi libro. Cariño, no puedes pedir a un Alfa Adonis como él,
comprar tu mierda femenina. Eso es el equivalente a pedirle que entregue sus bolas en
un plato.
El agua en mi boca casi sale por mi nariz de lo fuerte que me río.
―¡Dane!
―Bueno, es cierto. ―Se encoge de hombros―. Me alegra ver que todavía estén
firmemente unidos.
―Sí ―resoplo―. Solo porque lo deseas.
―Bueno ―dice―. Haríamos una linda pareja y joder si no me gustan unas bolas
firmemente unidas a las personas con las que salgo.
Y mi próximo sorbo de agua no es tan afortunado como el último. Escupo como
un aerosol mientras me río fuerte, haciéndonos reír incluso más fuerte. Tardamos unos
pocos minutos para que nos acomodemos, porque cada vez que uno de nosotros se ve
en el otro, empezamos a reír de nuevo.
***
"Estoy colgado en la oficina otra vez. Lina te recogerá por mí. Te llamo camino
a casa. Crash My Party, Luke Bryan. - Xx P"
Mi corazón se eleva y mi alma se calienta ante la canción que envió por mensaje.
Mi sentimental, macho alfa lleno de continuas contradicciones. Suspiro alejando mi
decepción porque lo extrañaba terriblemente hoy, pero estoy entusiasmada por pasar
un poco de tiempo con Lina. No la he visto mucho últimamente.
Agarró el teléfono y respondo:
"Te extraño. Date prisa para volver a casa. All of Me, John Legend. - XXX"
Reviso el reloj y me doy cuenta de que el tiempo se ha vuelto a alejar de mí, así
que comienzo a recoger mis cosas y a despedirme de los chicos.
Cuando salgo de la casa, está sentada afuera en su auto. Abro la puerta del lado
del pasajero con su chillido de placer.
―Bueno, ¡que me follen de lado si no es bueno verte!
―¡Lo sé! ―digo mientras me estira en un abrazo rápido a través de la consola,
antes de encender el motor con una risa.
Echo mi cabeza hacia atrás en una risa que coincide con la suya y cierro mis ojos
por un momento, dejando que el viento de la ventana abierta roce por encima de mi
cara. El viento se disipa mientras subo la ventana y me giro para ver sus ojos mirando
desde la carretera por delante de ella hacia mí.
―Gracias por recogerme. Si hubiera sabido que Pedro iba a trabajar hasta tarde,
no lo hubiera dejado que me recogiera. Lo siento.
―¡Lo sé, eres un dolor en el culo! ―dice mientras enciende su luz intermitente
y hace un giro a la izquierda―. Así que desde que el señor “Follo tan bien” te ha dejado
por ahora, ¿qué tal un par de copas para ponernos al día con las cosas? Como por qué
a pesar de que todas tus cosas están en nuestra casa, nunca estás... a pesar de que
negaste rotundamente que te fuiste “oficialmente” a vivir con él.
Me río y niego.
―No quiero dañar las cosas. ―Me encojo de hombros―. Ya sabes cómo soy.
―Síp, estoy segura de que lo hago. Así que, por eso vamos a tomarnos unos
cuantos para que te relajes, consigas aflojar ese trasero y hables conmigo.
Por mucho que quería ponerme al día con ella, estoy muerta de cansancio.
―Por qué no vamos a su casa y podemos sentarnos en la terraza, mirar el agua
y un poco de vino. Además ―digo, mirando hacia abajo a mi camiseta y pantalones
vaqueros―. No estoy vestida para un bar.
―Exactamente lo que pensaba que ibas a decir ―dice, llegando detrás de mi
asiento y agarrando algo. Coloca una bolsa en mi regazo. Cuando miro hacia ella, solo
sonríe―. Buen intento, Pau, pero vamos a tomar unas copas. ―Asiente hacia la
bolsa―. Una camiseta, zapatos sexy y maquillaje.
―¿Qué? ―digo, sorprendida, pero al mismo tiempo no me sorprende que vaya
a salirse con la suya.
―¡Nena libertina arriba! Estoy conduciendo y perdiendo el tiempo. ―Me río y
niego hacia ella―. Me lo agradecerás antes de que pase la noche. ―Disminuye la
velocidad hasta detenerse en un semáforo, agarra su teléfono y envía un mensaje de
texto rápidamente, antes de bajarlo y mirar por encima de mí―. No vas a salir de esto,
Chaves. Extraño a mi amiga, quiero una bebida, fin de la historia.
La luz cambia y salimos mientras una sonrisa se extiende en mis labios. Dios, la
amo.
No presto mucha atención a dónde vamos, porque estoy mirando en el espejo de
la visera, arreglando mi maquillaje y mi cabello. Lina solo interrumpe para decir:
―Déjalo suelto ―dice cuando trato de recogerlo en un clip. Charlamos de esto
y aquello, para ponernos una a la otra al día. Estoy cerrando la cremallera de mi bolsa
de maquillaje cuando mi teléfono suena.
Busco a tientas torpemente cuando veo que es Pedro. Inmediatamente pienso
que terminó con su trabajo y puede reunirse con nosotras para tomar una copa.
―¡Hola! ―digo mientras meto todo de nuevo en la bolsa a mis pies en el suelo.
―Hola, cariño.
Y al igual que el sonido de su voz hace que una ola de amor se arrastre sobre mí.
―¿Has terminado con el trabajo?
―Mentí ―dice y de inmediato estoy confundida―. No estoy trabajando porque
estoy ocupado planeando la cita perfecta para ti, así que alza la vista porque esa cita
inicia en estos momentos.
Niego y no puedo contener el sollozo que está atrapado en mi garganta mientras
veo el campo de tierra y el carnaval tranquilo en frente de mí. La rueda de la fortuna,
inmóvil, el Midway libre, las casetas bloqueadas.
―Pedro... qué... ¿por qué? ―intento preguntar mientras el asombro pasa a
través de mí, su sonrisa divertida resonando a través de la línea.
―No hemos estado en una cita de verdad desde nuestra noche en el carnaval,
así que pensé que esta sería la forma más adecuada para comenzar esta. Sé que no eres
buena con lo desconocido, pero prométeme que irás con ello. Por mí.
¿Qué? ¡Santo infierno!
―Sí... por supuesto ―tartamudeo.
―Nos vemos pronto ―dice y la línea se desconecta.
Inmediatamente veo que Lina tiene la sonrisa más grande en su cara.
―¡Tú! ―digo, mi voz quebrada por tantas emociones abrumadoras―. ¿Lo
sabías?
―¿Qué los hombres tienen penes? ―se ríe con horror fingido―. ¡Por supuesto
que estoy en ello!
Me siento en el auto con la boca abierta mientras miro a mi alrededor y mi mente
intenta procesar esto. Trato de procesar cómo el hombre que jura que no es romántico,
es un romántico empedernido de corazón.
―¿Cómo... ¿qué? ―trato de escupir las preguntas que mi cabeza está formando,
pero no están saliendo.
―Pedro pensó que merecías una cita de verdad, una noche de fiesta para
agradecerte por aguantarlo a través de todo, por lo que pidió un poco de ayuda. ―Se
encoge de hombros―. Estuve de acuerdo con él, así que aquí estamos.
Lágrimas llenan mis ojos mientras inhalo profundamente, tratando de
comprender que estoy sentada en el mismo carnaval siete meses después. Mientras me
siento aturdida, Lina llega detrás de mi asiento y saca una caja más grande que una
caja de zapatos.
Me río.
―¿Tienes una tienda entera allí atrás?
―Nop. Esto es lo último. ―Coloca la caja en mi mano y toso una risa nerviosa,
no porque en realidad esté nerviosa, sino debido a mi aversión por lo desconocido y
mi necesidad de control.
Pedro me conoce tan bien.
Me siento allí y me quedo mirando la caja rectangular gris y no puedo evitar la
sonrisa suave que adorna mis labios mientras recuerdo algo que Colton me dijo hace
mucho tiempo: No tener el control puede ser muy liberador.
―Jesús, mujer, abre ya la maldita caja, ¿quieres? ¡El suspenso me está matando!
―dice Lina a mi lado, su cuerpo vibrando con anticipación.
Dejo escapar un profundo suspiro y abro una grieta en la parte de arriba como
algo que va a saltar hacia mí. Y cuando levanto la tapa, un sobre está encima de un
poco de papel de seda a cuadros blanco y negro, mi nombre escrito en él. Lo levanto
hacia arriba y deslizo el papel fuera de ella.
"Pauli
Sé que te estás probablemente preguntando qué demonios está pasando, así que
déjame tratar de explicarte. Siempre pones todo lo demás primero, yo, los chicos, el
perro callejero de la esquina, así que pensé que era tiempo de cambiar de lugar y que
te permitas ser la única al frente y al centro. Así que con la ayuda de otros, he juntado
un poco de una búsqueda del tesoro para ti. Con el fin de llegar al premio, tienes que
seguir y responder a todas las pistas.
Buena suerte.
Esta es su primera pista: El carnaval es el lugar en el que supe que eras mucho
más de lo que había esperado. Sabía que sentándome arriba de la rueda de la fortuna
contigo, no importa lo duro que estaba luchando contra ello, no podía hacerlo casual
contigo y merecías mucho más que eso de mí. Así que el primer elemento te espera en
el primer viaje al que fuimos.
Con amor,
Pedro."
Seco las lágrimas que se deslizan por mis mejillas sin estropear el maquillaje que
acabo de ponerme, pero es malditamente casi imposible. Lina se acerca y aprieta mi
antebrazo para ayudarme a estabilizar mis manos temblorosas. La miro, tratando de
comprender lo que le tomó a Pedro organizar todo esto, además de poner las palabras
que tiene dificultad de expresar verbalmente en papel.
―Saca tu culo fuera del coche y ve a buscar a tu hombre antes de que tenga un
ataque al corazón por la anticipación ―dice mientras empuja mi hombro hacia la
puerta abierta del auto.
Me deslizo fuera del auto, mi corazón latiendo con fuerza y mi cabeza tratando
de entender que él se preocupa lo suficiente por mí como para hacer esto. Me acerco
a la entrada cerrada para encontrar una sola cabina desbloqueada. Camino a través de
ella y en el carnaval inquietantemente desierto, mi ritmo comienza a acelerarse con
cada paso mientras los recuerdos me inundan de nuevo. Perros de peluche, besos
robados y algodón de azúcar. Desafiar a un chico malo que ya había capturado mi
corazón a pesar de que no quería admitirlo todavía. Miedos, principio y una tímida
sonrisa torcida en su magnífico rostro.
Llego a la sección de conducción y voy hacia el Tilt A Whirl. Dejo escapar un
grito ahogado cuando Shane y Connor salen de la taquilla oscura con grandes sonrisas
en sus caras y una caja en sus manos.
Aprieto mi mano contra mi pecho completamente conmocionada y adorando
absolutamente que Pedro incluyera a mis chicos en su búsqueda del tesoro. Por
permitirles ayudar a hacer algo agradable para mí.
―¡Ustedes! ―exclamo mientras corro hacia el lugar donde se encuentran y veo
las miradas maliciosas en sus ojos―. ¿Escondieron esto de mí? ―Doy un paso hacia
adelante y abrazo a ambos con fuerza mientras todos nos reímos.
―Juramos mantenerlo en secreto ―dice Shane, sonrojándose.
―Pedro dijo que no nos meteríamos en problemas por mentirte ―añade
Connor, haciendo un gesto negativo.
―No. ―Me río, completamente abrumada por todo―. Nunca te meterías en
problemas por algo como esto.
Shane aclara su garganta y lo miro.
―Tenemos la siguiente pista.
―Oh, está bien ―digo con una risa, mis nervios regresaron.
―Tienes que responder a esta pregunta correctamente en orden para obtener la
siguiente pista, ¿de acuerdo? ―Asiento―. Cuando ves este elemento, que Con está
sosteniendo, ¿qué palabra te viene a la mente?
Connor sostiene un patito de goma amarillo y estallo en un ataque de risa,
lágrimas frescas aparecen en las esquinas de mis ojos. Niego, tratando de contener mi
risa pero no puedo cuando digo:
―¡Cuack!
Y más recuerdos me golpean de gritos y dolor cortando el frío de la mañana en
el jardín delantero de la casa Palisades a una habitación de hotel en Florida y mi
colección de animales que le arrojé a Pedro cuando trataba de preservar mi corazón
de verdades equivocadas. Por ser tan terca que realmente no escuché, no escuché lo
que me estaba diciendo.
Pero estoy escuchando ahora. No es el único que ha aprendido durante nuestro
tiempo juntos.
Connor y Shane dejan escapar una pequeña risita y me entregan otra carta la que
me apresuré a rasgar. Dice:
Los recuerdos de esta siguiente pista queman mi mente tanto como la tinta de
mis tatuajes. Y estabas sexy como la mierda. ¡Maldición! “En caso de que necesites un
pequeño dulcificante después de que te ensucie” ¿Dónde exactamente compraste eso?
Todo debajo de la cintura se tensa ante el recuerdo de Pedro y algodón de azúcar
y sonrío ante la idea y luego se siente raro pensar esas cosas cerca de los chicos.
―¿Estarán bien? ―les preguntó inmediatamente.
Ellos ruedan sus ojos.
―No estamos aquí solos ―dice Shane―. ¡Ahora ve a descubrir las pistas!
―Está bien ―digo mientras mi entusiasmo remonta. Beso a ambos arriba de sus
cabezas y corro por la feria buscando por todas partes un carrito vendedor que tenga
algodón de azúcar. Y con cada paso, busco y espero encontrar a Pedro y su sonrisa
traviesa esperando para sorprenderme.
Pero no hay nada.
Comienzo a entrar en pánico ante la tranquilidad de los campos. Después de
vagar un poco, giro en una esquina y miro hacia arriba para ver un embudo solitario
de algodón de azúcar que cuelga de un soporte. Mientras me acerco, lloro cuando veo
a Ricky y Jackson de pie en delantales y sonriendo.
―¡No puedo esperar más! ―dice Ricky, jugueteando detrás del mostrador y me
entrega otra caja mientras Jax y yo nos reímos de su emoción por ser parte de esto.
Dejo la caja en el suelo y la abro para encontrar una paleta de subasta que dice:
Ir de nuevo a donde todo comenzó. Donde aprendí que el desafío puede ser
malditamente muy sexy.
Niego de nuevo, siento que estoy teniendo una experiencia fuera de cuerpo
mientras me despido de ellos. Camino lo más rápido que puedo saliendo al
estacionamiento, donde Lina está sentada tras el volante, sus cejas levantadas y sus
dedos tamborileando en anticipación.
Me deslizo en el auto con ella repitiendo:
―Dime, dime. ―Una y otra vez. Le digo mientras conduce a continuación a
donde la cita de la subasta benéfica de gala tuvo lugar y entonces toma las dos pistas
que había recibido en el carnaval. Está rebotando en su asiento con entusiasmo
mientras estoy aquí sentada con mis ojos abiertos y sorprendida por la dulce sorpresa
de Pedro.
―Bueno, mierda, golpearse la cabeza en la carrera en Florida, seguro como la
mierda que le ayudó en el departamento de romance ―se ríe―. ¡Pienso que podría
convertirse en una cosa obligatoria para el género de empujadores de penes!
Me río con ella.
―Realmente, ¿no sabías nada sobre esta parte? ―le pregunto a Lina varias
veces.
―Pau, me dijo que tenía una cita genial planeada para ti y me preguntó si quería
ser tu chofer para llevarte. ¡Así que estoy aquí y no puedo esperar a ver qué más tiene
guardado para ti! ―dice, acercándose más y pasando sus manos sobre las palabras de
la paleta de la subasta. Está apoyada sobre mi muslo y no puedo dejar de mirarla.
Las estrellas deben estar alineadas porque evitamos el tráfico de Los Ángeles y
llegamos al viejo teatro en un tiempo récord.
―¡Estaré esperando aquí! ―grita mientras salgo del auto con la paleta en mi
mano y corro a las grandes puertas de entrada del viejo teatro para encontrar uno de
ellos entreabierto.
Entro en el conocido vestíbulo y miro a mi alrededor mientras camino hacia la
puerta a la derecha del escenario como lo hice aquella noche meses atrás. Empiezo a
tararear por costumbre a Overjoyed de Maatchbox Twenty reproduciéndose
suavemente en los altavoces de arriba. Tiene que ser una completa coincidencia
porque incluso Pedro no puede calcular el tiempo de mi llegada a la perfección, pero
me hace sonreír lo perfecto que mi grupo está jugando. Parpadeo lágrimas mientras el
significado de este momento se afianza, Pedro me conduce de nuevo aquí después de
todo este tiempo donde algo que no quería que pasara, en realidad comenzó.
Y míranos ahora.
Trago la quemadura de las lágrimas en mi garganta mientras empujo a través de
la puerta y en el pasillo detrás del escenario iluminado. Y de repente, mis lágrimas se
reemplazan por una incontrolable risa cuando veo la cinta de precaución sobre la
pequeña alcoba donde Bailey intentó seducirlo. Y más hilarante que la cinta de
precaución es el pequeño cartel que dice:
“Cuidado, pirañas al acecho”
Todavía me estoy riendo mientras giro en la esquina para ver la puerta del
armario de almacenamiento abierta y una luz en su interior. Mis botas de tacón hacen
clic sobre el linóleo mientras trato de averiguar quién va a reunirse conmigo esta vez.
Una parte de mí quiere que sea Pedro así puedo besarlo, abrazarlo y darle las gracias
por todo esto, pero al mismo tiempo no creo que esté lista para que este paseo por el
carril de los recuerdos termine por el momento.
Y las risas vuelven cuando veo a Aiden y mi co-consejero Austin sentados en
sillas justo en el interior del armario jugando Uno. Aiden salta con un chirrido cuando
me ve, y Austin y yo reímos de su reacción entusiasta.
―¡Hola chicos!
―Paula ―grita emocionado―. ¡Aquí! ¡Esto es para ti!
Busca a tientas mientras entrega un sobre y dos cajas para mí. Una muy pequeña
arriba de una más grande. Miro a ambos, Aiden y Austin, sus sonrisas de anticipación
al juego mientras pongo las cajas sobre la mesa y rasgo el sobre. La caligrafía familiar
de Pedro me saluda:
"Fuiste la primera persona que me miró siempre y vio realmente mi alma. Y me
asustaba que siempre sacaras la mierda amorosa de mí. ¿Dónde sucedió esto? Si
necesitas una pista, está en la caja de arriba. (Abre la caja más grande una vez que
salgas del teatro) - P"
Mi corazón late con fuerza y mis manos están temblando de emoción. Sé la
respuesta. Se refiere al Penthouse, donde hicimos el amor por primera vez después de
la fiesta de Merit Rum, pero nada me prepara para lo que está dentro de la primera
caja.
Mi respiración se corta y levanto instintivamente una mano para cubrir mi boca
antes de que extienda mi mano y levanto el único pendiente de ello. El pendiente que
no pude encontrar esa noche mientras trataba de reunir mi dignidad y salir de la
habitación del hotel. El pendiente que dejé, nunca importándome si lo veía de nuevo
o al hombre que ahora me lo daba de nuevo.
Algo acerca de la visión del pendiente y el hecho de que lo guardó todo este
tiempo, manteniéndolo cuando me alejé de él, provocaron que tantas emociones
salieran a la superficie que apenas puedo hablar mientras le agradezco a Aiden y Austin
antes de recoger la otra caja y correr de nuevo a Lina y a nuestro próximo destino.
Me subo en el auto, aturdida y desconcertada, mientras le digo a Lina sobre el
significado del pendiente. Ella empieza a conducir hasta el hotel al tiempo que hago
pedazos la más grande de las dos cajas. El aire golpea mis pulmones de la risa cuando
encuentro una caja con todas las bragas que han sido arrancadas de mí. Incluido en la
caja hay otro sobre que me toma un minuto para abrir porque me estoy riendo tan
duro por los recuerdos que evocan y el hecho de que en realidad él las guardara.
―¡Caray, mujer! No estabas bromeando cuando dijiste que el hombre hacía un
hueco en tus cajones ―se burla mientras asiente, instándome a abrir el sobre.
Lo rompo para abrirlo y una tarjeta de regalo de La Perla cae por una ridícula
cantidad de dinero. La nota envuelta alrededor de la tarjeta de regalo vale diez veces
más para mí, sin embargo. Dice:
"Mejor compra una gran cantidad, Pau, porque no veo que mi necesidad de
disponer de ti cuándo, dónde y cómo quiera se detenga en un corto plazo."
La sensualidad descarada de sus palabras provoca que una espiral de dolor por el
deseo vuele a la vida entre mis muslos que ni siquiera me molesto en pasar por alto.
―¡Guau! ―La voz de Lina arrastrando las palabras me rompe de mis menos
puros pensamientos mientras ella mira y lee la tarjeta cuando estamos en un
semáforo―. ¿El hombre es así tan malditamente caliente y tiene esa dominante boca
sucia? ―Suspira temblorosamente―. Mierda, Pau... le diría que me esposara a la cama
y me deje ser su esclava sexual de por vida ―se ríe.
Me siento un poco asombrada de que este hombre sea sin duda mío.
―¿Quién dice que no? ―digo con una sonrisa en los labios y alzo de cejas.
―¡Malditamente caliente! ―dice, dándome una palmada en el muslo―. ¡Esa es
mi chica hablando!
Nos reímos y tratamos de averiguar lo que la siguiente pista en el hotel va a ser
hasta que se detiene en el área de estacionamiento.
―Estoy asumiendo que estaré de vuelta ―le digo mientras me bajo y corro hacia
el vestíbulo antes de detenerme de repente. No puedo subir al Penthouse y llamar a la
puerta.
Me dirijo a la recepción y cuando me acerco, una mujer me mira de arriba abajo.
―¿Señorita Chaves, supongo?
―Sí... ―contesto, un poco asombrada de que ella sepa quién soy.
―Por aquí, por favor ―dice, mientras me lleva a un ascensor privado al lado del
vestíbulo. Ella saca una tarjeta y la presiona en el escáner haciendo que la puerta se
abra―. Aquí tiene ―dice, su estoicismo se rompe mientras sonríe ampliamente hacía
mí antes de volver a su escritorio.
―Gracias ―le digo antes de entrar. La familiar decoración interior de la cabina
hace que los recuerdos me inunden de regreso a nuestra primera vez, mis nervios
aumentan por la oscura promesa de las palabras que Pedro me dijo mientras hacíamos
el mismo ascenso en un ascensor diferente. El timbre del ascensor suena cuando llego
a la planta superior y salgo, incapaz de luchar contra mi sonrisa por la desesperación
que me llenaba mientras salíamos torpemente esa noche.
Llamo a la puerta del penthouse y escucho una risa detrás de ella cuando la
perilla comienza a girar. Zander me abre la puerta con Avery de pie detrás, ambos con
radiantes sonrisas cuando me miran. Y la risa despreocupada que cae de la boca de
Zander calienta mi corazón desbordándolo aún más.
―¡Hola, chicos! Déjenme adivinar, ¿Tienen una pista para mí?
Zander asiente frenéticamente mientras mira a Avery para ver si está bien que
me de lo que está en sus manos.
―Hola, Paula.
―¡Hola!
―Está bien, nuestra pista es: ¿Qué palabra te viene primero a la mente cuando
ves lo que Zander tiene?
Miro hacia abajo mientras Zander sostiene una pequeña caja negra detrás de su
espalda y lo sostiene hacia mí. Lo miro, tan perpleja por la mirada en el rostro de
Avery, hasta que Zander le da la vuelta.
Y entonces me río.
La caja contiene un pañuelo de bolsillo color rojo camión de bomberos para un
esmoquin. Mis sentidos están de repente asaltados con cada sensación que Colton
evocó en mí en la limusina esa noche, cuando él estaba muy bien vestido y yo muy
mal vestida. Pero eso no puede ser la respuesta, ya que son dos palabras.
―Anticipación ―casi grito cuando la palabra me golpea como un rayo, las
imágenes una vez más de la inolvidable noche que destella a través de mi mente.
―¡Bingo! ―grita Avery mientras Zander da saltos de arriba a abajo.
―¡Buen trabajo, Pau! ―dice mientras tiende la otra caja y un sobre para mí. Lo
miro con el ceño fruncido que lo tiene riendo otra vez antes de que lo tome de él.
―¿Esto es para mí? ―pregunto.
―¡Ujum! ―dice, asintiendo.
―¿Estás seguro?
―¡Sí! ¡Solo ábrelo! ―dice con divertida exasperación.
Deslizo mi dedo por el sobre y sonrío anticipadamente porque sé lo que dice,
porque sé que las palabras de Pedro me van a tocar.
"Pau:
Siempre supe que eras diferente a las demás... pero esta es la noche en la que te
convertiste en mi bandera a cuadros. Sin lugar a dudas. He aquí la noche que supe lo
único que nunca quise… Que pelearía como el infierno para mantenerte. Ve hacia
donde primero te sea familiar con el objeto en la caja. - P "
Con cautela la abro, ruedo los ojos y hago un gesto negativo cuando veo un
modelo a escala de un Ferrari F12 rojo. Sé exactamente a dónde voy a continuación
porque esa noche es sin duda una que nunca olvidaré.
Digo mi adiós y vibro con anticipación mientras me paseo en el ascensor hasta
el vestíbulo y me apresuro pasando a una sonriente anfitriona por la recepción hacia
el auto. Me deslizo dentro y le digo a Lina sobre la pista y me río cuando ella hace
un gesto negativo mientras conduce las pocas cuadras hacia el otro hotel donde asistí
con Pedro a la gala.
Le indico que conduzca a la planta superior del garaje e instintivamente
contengo el aliento cuando Sexo aparece a la vista. Imágenes y emociones me llenan
y ni siquiera trato de sofocar el suspiro que sale de mí.
―Maldito sea ese auto, es como un orgasmo visual de mierda ―dice con un
murmullo de apreciación.
―No tienes ni idea ―digo arrastrando las palabras, silbo y me ruborizo
mientras me deslizo fuera y camino la corta distancia hasta su lugar aislado en el garaje.
Mientras me acerco veo una figura detrás de una de las columnas al lado del auto y mi
corazón salta en mi garganta. Espero que sea Pedro Ya he tenido suficiente del paseo
de los recuerdos y por mucho que me encanta este momento, solo lo quiero a él.
Desesperadamente.
Me río cuando Beckett sale, una sonrisa de “come mierda” se extiende por todo
lo ancho de su atractivo rostro. Él mira por encima del hombro a Lina y asiente
sutilmente hacia ella, su sonrisa se va suavizando a una lenta combustión que ha
despertado mi curiosidad, pero mi atención se desvía rápidamente cuando Becks habla.
―Bueno, no estoy seguro de lo que le has hecho a mi hombre ―dice y me da
un abrazo rápido―. Ya que sus bolas parecen haber sido retiradas a juzgar por esta
abierta muestra, ¡pero carajo si no me encanta eso de él!
―Estoy segura de que estás dándole un montón de mierda ―digo y él solo ladea
su cabeza y me mira por un segundo, una suavidad asentándose sobre sus rasgos.
―Es más feliz ahora de lo que visto antes en él ―dice con un guiño.
Y antes de que piense en lo que estoy diciendo, las palabras salen de mi boca.
―Pero, ¿por qué crees que es eso? ―pregunto.
Él se ríe suavemente y sostiene una bolsa de plástico blanca con humor en sus
ojos. Tomo la bolsa y lo miro. Le toma a mi mente un momento para averiguar lo que
estoy viendo.
―Porque soy todo el alfabeto ―susurro al contemplar las letras de preescolar
en plástico.
―De la A hasta la maldita Z, Pau ―dice, haciendo que mi cabeza se levante y
atrape el guiño que él me da, mezclado con una perezosa sonrisa de medio lado. Solo
lo miro, con una sonrisa tonta en mi cara―. Por lo tanto, estoy a cargo de que llegues
a tu próximo destino ―dice.
Miro inmediatamente encima de mi hombro y me sorprendo al ver que el coche
de Lina se ha ido. Estaba tan absorta en Becks que ni siquiera escuché su partida. Él
me hace un gesto obligándome a seguirlo. En el momento en que nuestros cinturones
de seguridad están abrochados y el motor ruge a la vida, Becks me mira.
―¿Dónde está el lugar en que le probaste a Pedro que los novatos pueden
conducir por la victoria?
Me río de inmediato, pensando en nuestro intercambio íntimo sobre los novatos
y las carreras antes de darme cuenta de que Pedro se refiere a una época más inocente
con los chicos.
―¡Pista de go-kart! ―grito mientras nos dirigimos fuera del garaje de
estacionamiento y en las calles laterales.
―Sí, señora ―dice mientras nos fundimos en la autopista y perdemos el tráfico
detrás de nosotros. Hablamos de esto y aquello, pero sin importar lo mucho que lo
intente, no puedo llegar a Becks para que me diga el resto de las pistas o el final del
juego para esta noche. Él solo me sonríe y niega.
En muy poco tiempo, llegamos a la zona industrial donde Pedro llevó a los niños
y a mí al karting.
―Voy a estar aquí ―dice Becks mientras subo y entro por la puerta de vidrio.
Mi sonrisa se ensancha a medida que veo a Dane y a Scooter apoyados contra el
mostrador.
―¡Paula! ―grita Scooter y corre a abrazarme.
Lo abrazo apretándolo y beso la parte superior de su cabeza antes de que arquee
una ceja a Dane.
―¡Lo sabías y no me dijiste nada! ―le digo a Dane, provocando una risita de mi
dulce Scooter.
―Hay ciertas cosas por las que vale la pena ser reservado ―dice con un
encogimiento de hombros y una sonrisa antes de empujar en la encimera una bolsa
hacia la mano de Scooter.
Niego hacia él con una fingida mirada que lo hace reír. No digo nada más porque
Scooter básicamente se sale de sus zapatos por la emoción.
―Está bien, ¿Scoot... vas a ayudar a que resolvamos esto?
―¿Puedo? ―me pregunta.
―¡Por supuesto! ―le digo cuando alcanzo la bolsa y saco una figura de acción
plástica de Spiderman. Las lágrimas me pinchan de inmediato la parte de atrás de mis
ojos, a pesar de la suave sonrisa que se forma en mis labios.
―¿Cuál es la respuesta? ¿Qué te hace pensar Spiderman?
Y creo dudar por un segundo porque hay dos respuestas posibles, pero teniendo
en cuenta que la forma de decir te amo fue el catalizador que inició todo esto, digo:
―¡Te mando a Spiderman! ―Y sé de inmediato cuando veo el rostro de Scooter
caer que di la respuesta equivocada, pero no me importa porque todavía tengo que
decirle que lo amo. Así que trato con mi otra suposición―: Spiderman. Batman.
Superman. Ironman.
―¡Yay! ―grita, saltando de arriba a abajo antes de abrazarme con fuerza
mientras Dane y yo nos reímos.
Dane levanta la mirada y me ve a los ojos mientras que sostiene un sobre.
―Supongo que las cosas son tan perfectas como parecen.
―Imperfectamente perfecto ―le digo con una sonrisa tranquila mientras abro
el sobre.
"¿Por qué los superhéroes? Porque después de esa noche en la pista, no estoy
asustado. Mi consuelo de la infancia no es necesario porque te tengo a ti, Pau. Es tu
nombre el que canto ahora, no el de ellos. La clave de tu siguiente ubicación:
“Bienvenido a las grandes ligas, Ace.”"
Me río del recuerdo que me está diciendo, de cómo giró en mí contra mi pobre
intento de seducción, a la vez que me tambaleo por las otras palabras que él ha escrito.
Eso me mantiene en lo más alto en más de un sentido como lo hacen sus queridos
superhéroes. Mi corazón está tan hinchado de amor que está a punto de explotar.
Cuando miro hacia arriba para encontrarme con los ojos de Dane a través de mi
borrosa visión por las lágrimas, no dice nada, pero sus ojos lo dicen todo. Él es el
indicado.
Digo mi adiós apresurada y corro al exterior hacia el sexy ronroneo del F12. Me
deslizo en el asiento y miro a un sonriente Beckett.
―¿Y ahora, Pau?
―El Surf Shack ―le digo y hago un gesto negativo, ya que solo nos miramos el
uno al otro por un momento.
―¿Qué? ―me pregunta mientras me ladea la cabeza.
Respiro profundamente y miro por el parabrisas por un momento, analizando
todo.
―Nada, solo estoy tratando de procesar todo esto... es simplemente abrumador.
―Sí, bueno ―dice, disparando el coche por el semáforo―. Parece seguro como
la mierda que el infierno se ha congelado. ―Se ríe y me uno, colocando mi cabeza en
el reposacabezas. Estoy agradecida de que Becks me permita el silencio para ordenar
mis pensamientos y reflexionar sobre todo lo que Pedro me dijo hasta el momento.
Nos detenemos en el estacionamiento y mi mente recuerda de inmediato
encontrarme aquí a Gonzalo y a Pedro, cerca de luchar con él. La sobreabundancia de
testosterona y la mirada de asombro en su rostro cuando lo dejé fuera solo en rechazo.
Miro a Becks y la expresión de su cara parece decir: Bueno, entonces continúa.
Salgo y entro en el restaurante para encontrarme a Rachel de pie en el podio de
anfitriona. Su sonrisa es enorme y de inmediato dice:
―Tu mesa te está esperando.
―Gracias, Rachel ―le digo dándome prisa para ver cuál es mi siguiente
sorpresa. Supongo que es Kyle, puesto que es el único chico que no he visto todavía.
Salgo al patio y recuerdo cuando conocí a Pedro durante nuestra primera vez aquí,
aprendiendo sobre su pasado, su familia, y cómo me gusta cuando está relajado.
Cuando miro hacia arriba a través de la nube de recuerdos, veo a Luciana y Kyle
sentados en la mesa, nuestra mesa, con sonrisas tan amplias como el océano a su
espalda.
―Hola, ¡chicos!
―¡Hola, Pau! ―dice Luciana al mismo tiempo que Kyle me saluda―. Así que...
tenemos otra pista para ti.
―Tu hermano es algo mas ―le digo con cariño.
―Sí, creo que sí ―dice con una sonrisa―. Pero, de nuevo, el amor va a hacer
eso. ―Sus ojos con lágrimas se unen a los míos y veo una suavidad allí, una aceptación,
una nota de agradecimiento.
Kyle interrumpe nuestro intercambio silencioso para empujar otra caja hacia mí.
―¡Ábrelo, ábrelo! ―dice―. ¡Tienes que dar la respuesta correcta para obtener
la siguiente pista!
Deslizo la tapa de la caja y empiezo a reír cuando veo un conjunto de sábanas,
sábanas con el alfabeto en ellas.
Lu me mira raro y dice:
―Espero que haya una buena explicación para eso porque parece bastante
extraño para nosotros los de afuera.
―Oh definitivamente hay una buena explicación. ―Me río, impresionada de
que no olvidara nada en esta búsqueda del tesoro. Miro a Kyle―. No hay nada entre
nosotros, solo sábanas.
―¡Woohoo! ―dice, saltando hacia arriba y casi golpeando la mesa. Luciana
estabiliza la mesa y envuelve un brazo sobre sus hombros con una sonrisa―. ¡Ella lo
hizo bien! ―le dice a Lu. Ella responde con un asentimiento y me entrega un sobre.
―¿Debo abrir este? ―le pregunto, aunque mis dedos ya están ansiosos por rasgar
para abrirlo.
―¡Sí! ―grita, sobresaltando a los otros clientes en el restaurante.
Lo rompo para abrirlo y leer la nota en el interior:
"Pau,
Sabía más que nunca, cuando no podía tenerte, lo mucho que no podía vivir sin
ti. No podría haberlo dicho con palabras, pero he pensado en ello a menudo. ¿Dónde
estábamos cuando hablamos de “nada entre nosotros nunca más a excepción de
sábanas”?"
Me siento como si tuviera una sonrisa permanente pegada a mi cara mientras
digo mi adiós y camino de regreso a Beckett en el coche esperando.
―¿Y bien? ―me pregunta con una inclinación de su cabeza.
―¡Carretera Broadbeach!
Nos dirigimos hacia la costa y mientras nos acercamos más, mi emoción se eleva.
Estoy segura de que Pedro me está esperando.
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