A medida que nos dirigimos hacia Broadbeach, estoy emocionada,
nerviosa y cada emoción en medio. Las puertas se abren antes de que
lleguemos a ellas y ni siquiera le doy a Beckett la oportunidad de
detenerse por completo antes de que esté fuera del coche y corra hacia la puerta
principal, donde está Sammy.
—¡Hola, Sammy! —digo casi sin aliento mientras espero a que él se mueva lejos
de la puerta.
—¿No quieres tu siguiente pista? —Su profunda voz retumba, creo que mi boca
cae laxa y dejo caer los hombros porque pensé que no había más pistas. Pensé que
estaba en la recta final y en mi dirección para ver a Pedro.
—Claro —me obligo a decir. Sin pensar, de repente me cubro la cara para
bloquearla de cualquier cosa que Sammy está lanzando en el aire. Durante un minuto
no lo capto. Los diminutos destellos de plata que reflejan los rayos del sol y luego se
pegan en mí. Cada parte de mi cuerpo está atenta mientras la piel de gallina cubre mi
cuerpo. Y parece tan gracioso de verdad, que este, hombre intimidante y fuerte se
quede de pie en medio de una lluvia de destellos. No tiene precio en más de un sentido,
porque hace brillar el aire.
El sollozo se ahoga en mi garganta mientras una sonrisa se extiende por la cara
de Sammy mientras extiende una caja para mí.
Supongo que a partir de esto, las palabras me serán robadas, y mi corazón caerá
sin miedo. Cuando abro la caja, las lágrimas que he contenido no tienen posibilidades
porque en el interior hay una taza de café llena de cubitos de azúcar.
Y puede ser cursi en su máxima expresión, pero la idea de que Pedro me escuchó
esa noche, que me escuchó decirle la importancia del puente de la canción de Pink y
que me la esté diciendo de nuevo en este momento por encima de todos los otros gestos
que ha hecho esta noche me destroza.
Me deshace, dejándome muy abierta y me completa con solo una fea taza de café
color rosa lleno de terrones de azúcar.
—¿Y? —pregunta Sammy, tratando de reprimir la sonrisa en su cara por mi
reacción demasiado emocional a este indicio de mal gusto.
—Me llamaste azúcar —le digo con voz temblorosa y una sonrisa en mi cara.
—¡Chica! —Se ríe y se hace a un lado, abriendo la puerta a sus espaldas—. La
última pista. —Mis ojos parpadean a los suyos—. Ve a donde escuchaste por primera
vez esto con Wood.
—¡Gracias, Sammy! —le grito por encima de mi hombro mientras corro como
una loca por la casa y voy a las escaleras. Mi corazón late con fuerza, mis manos
tiemblan y mi mente se tambalea, desesperada por verlo, por tocarlo, besarlo y
agradecerle, pero cuando llego al patio está vacío excepto por cientos de velas
encendidas rociadas sobre cada superficie imaginable.
Suspiro por la belleza de las luces suaves que centellean en medio del cielo que
se oscurece mientras camino hacia el piso de arriba a la terraza. Pongo mi dedo sobre
la parte superior de una tumbona mientras escucho Glitter in the Air flotando
suavemente en las bocinas de arriba y río.
—Maldita Pink. —Su voz es divertida, envolviéndome, sosteniéndome como un
rehén dispuesto, y por mucho que me asuste, me hace sentir como en casa.
—Maldita Pink —repito, mientras me levanto para enfrentar Pedro, el hombre
que amo con todo mi corazón, de pie delante de mí con la puesta de sol en su espalda
iluminando sus rasgos oscuros con su luz suave. Tantas emociones y sobretensiones
me atraviesan mientras él está allí, con las manos metidas en los bolsillos de sus
gastados jeans, con su camiseta favorita cubriendo sus hombros inclinados
casualmente contra la jamba de la puerta y la media tímida sonrisa que derrite mi
corazón adornando sus labios.
—¿Tuviste un buen día? —pregunta casualmente mientras sus ojos se mueven
arriba y abajo a lo largo de mi cuerpo, su lengua se lanza hacia fuera para mojar sus
labios que luchan por no sonreír por completo.
Y Dios, cómo quiero correr a sus brazos y besarlo sin sentido, mi cuerpo vibra
tanto con una necesidad física y emocional tan fuerte que aprieto mis manos alrededor
de la taza de café para evitar ceder.
—Fui enviada a una pequeña búsqueda inútil, pero estoy bastante segura de que
estoy justo donde pertenezco ahora.
—Hmm... —Él se empuja de la pared y se pasea lentamente en mi dirección, el
sexo personificado y algo más.
—¿Y dónde sería eso? —pregunta frunciendo el ceño.
Su indiferencia me está matando, quemando un agujero a través del fuego que
crece dentro de mí. Todo lo que quiero hacer es devorar a este hombre. A este hombre
que puso pensamientos, palabras y recuerdos de nuestro tiempo juntos y que me
envolvió en un paquete aseado para que lo desentrañara poco a poco, permitiéndome
recordar la importancia de todos y cada uno. Y lo más importante, recordando todos
y cada uno.
El hecho de que todo lo que importe para él lo haga por mí.
—Aquí mismo —respiro—. Pertenezco aquí contigo, Pedro. —Doy un paso
hacia él, mi necesidad, mi estabilidad, mi eterna adicción y me estiro para poner mi
mano en su mejilla cuando todo lo que realmente quiero es tirar de él hacia mí y
aferrarlo para siempre—. Gracias —le digo, nuestros cuerpos a pocos centímetros de
distancia, pero nuestros corazones están innegablemente conectados—. Estoy sin
palabras.
Él deja que su sonrisa se extienda y se estira para jugar con un rizo descansando
en mi hombro. Observo mientras sus ojos siguen mis dedos. El hecho de que parezca
nervioso por mi elogio, lo hace mucho más dulce y que toda esta noche sea mucho
más significativo.
Después de un instante, sus ojos se mueven lentamente hacia los míos, cristal
nadando en verde de emoción, un suave encogimiento de hombros.
—Eres la persona más desinteresada que conozco. Solo quería hacer algo para
mostrarte lo mucho que significas para mí. Quería que los chicos fueran parte de todo
para que te pudieran mostrar cuánto significas para ellos también.
Las lágrimas caen de mis ojos por centésima vez hoy y me trago el nudo en mi
garganta mientras miro a este hombre tan hermoso por dentro y por fuera. Un hombre
que una vez pensé arrogante, que solo se preocupaba por sí mismo. Un hombre que
me demostró que estaba equivocada con creces.
O supongo que debo decir con ases.
Froto mi pulgar atrás y adelante en su mejilla y le sonrío.
—Estoy abrumada... de verdad... por todo lo que pusiste en esto. —Miro hacia
abajo durante un minuto para tratar de estabilizar el flaqueo en mi voz—. Nadie hizo
algo así por mí antes.
Él se inclina y da el más dulce de los besos contra mis labios. Trato de profundizar
el beso, voraz por el resto de su cuerpo, el sonido de un suspiro, el calor de su toque,
pero él se aleja, besando la parte superior de mi nariz y luego descansando su frente
contra la mía. Mueve su otra mano hasta que coincide con la primera, con las yemas
de sus dedos enredándose en mi cabello mientras sus palmas sostienen mi mandíbula.
—Así que el primera de muchos —dice, su aliento calentando mis labios.
—Sí. —Libero un suspiro tembloroso, mi corazón latiendo con fuerza.
—Bien, porque, Pau, quiero ser tu primero, tu pasado y cada maldita cosa en
medio. —Hace hincapié en cada palabra como si casi le doliera decirlas.
Mi corazón se contrae debido a que las esperanzas y sueños que he deseado para
nosotros son ahora una posibilidad, pero antes de que pueda realmente captar la
realidad de esto, él se inclina hacia atrás y me mira a los ojos. Me mira con tal
intensidad, que es como si me viera por primera vez y entonces me hace una pregunta
que no esperaba:
—¿Por qué me amas, Paula?
Empujo mi cabeza y lo miro de regreso, hay tantas cosas que pasan por mi mente
que no puedo conseguir las palabras, por lo que solo me río. Él me mira raro, y
aprovecho el descanso para atraparlo con la guardia baja y apoderarme de la parte
posterior de su cuello para tirar de él hacia mí.
Mis labios están sobre los suyos en un latido, mi lengua se desliza en sus labios
entreabiertos fusionándose con los suyos.
Puedo sentir su sorpresa en el endurecimiento de sus labios, pero se disipa en
cuestión de segundos mientras sus manos se extienden para imitar los míos y se
enredan en mis rizos mientras nos deslizamos en la ternura suave del beso. Le muestro
por qué lo amo con la caricia de mi lengua, con el gemido satisfecho de mi garganta,
con mi necesidad no correspondida siempre queriendo tener más de él.
Y aunque no es suficiente para mí, retrocedo con su sabor en mi lengua y lo miro
a los ojos.
—Te amo, Pedro Alfonso, por muchas razones. —Tengo que parar porque la
emoción me abruma y quiero que vea mis ojos cuando le diga esto para que sepa con
certeza por qué me siento como me siento—. Te amo por lo que eres, por todo lo que
no eres, por donde viniste y por donde quieres ir. —Dejo una suave sonrisa jugar sobre
mis labios cuando lo miro, al hombre que amo tanto y al que le permito sentir todo lo
que le digo—. Me encanta tu sonrisita de niño escondida debajo de tu mala mueca de
niño. Te amo porque me dejaste entrar, me entregaste tu corazón, confiando en mí tus
secretos y me dejaste ver el lado de ti que nadie más ha llegado a ver... me dejaste ser
tú primera. ―Mi voz se rompe con las últimas palabras y las lágrimas llenan mis ojos
mientras lo miro, superada por la emoción—. Amo que tengas afecto por los algodones
de azúcar y por los coches “sexys como los traseros”. Amo este hoyuelo justo aquí... —
Me inclino y pongo un beso donde se está escondiendo—... y amo esto de aquí —digo,
pasando mi mano sobre la barba en su rostro—. Y amo que estés aquí cuando estás
flotando sobre mí, a punto de hacer el amor conmigo —digo, apretando sus bíceps
mientras los dobla para mí y me sonríe—. Pero más que nada, amo lo que hay aquí. —
Me inclino hacia delante y presiono un beso en su pecho, donde su corazón late debajo
de mis labios. Sigo presionándolos allí momentáneamente antes de mirar hacia él
debajo de mis pestañas y terminar con la razón más importante de todas—. Porque lo
que hay aquí, Pedro, es puro, bueno, intacto y tan increíblemente hermoso que me
deja sin palabras, como lo que hiciste hoy... como en estos momentos.
Me mira, con el músculo palpitando de su mandíbula mientras intenta aceptar
todo lo que acabo de decirle. Nuestros ojos se encuentran, nuestras almas están
desnudas y nuestros corazones están tan dispuestos a aceptar todo lo que el otro tiene
que estamos perdidos en nuestras palabras no dichas.
Dentro de un latido me tira a él, envuelve sus brazos alrededor de mí y me
sostiene con fuerza.
—Maldición, te amo —dice, su rostro está enterrado en la curva de mi cuello y
puedo sentir la irregularidad de su respiración caliente mientras trata de recobrar la
compostura.
La desesperación de su toque y de sus palabras cimienta todo entre nosotros y
nos aferremos uno al otro.
—Esto es a lo que me refiero —murmura, dándome un beso a un lado de mi
cuello, su boca es un susurro en mi oído—. Esta noche se supone que es acerca de ti,
por completo para ti y sin embargo, me acabas de dar tanto que apenas puedo
malditamente respirar ahora mismo.
Se inclina hacia atrás y la emoción de sus ojos es dominante. El niño pequeño, el
hombre adulto y paria rebelde, todos están mirándome en este momento, todos
diciéndome que me aman. Toma una respiración profunda y traga con fuerza.
—Es imposible estar cerca de ti, Pau, y no ser conmovido por ti de alguna manera,
de alguna forma. Dejas atada mi lengua y das una vuelta de tuerca a mi maldito
estómago en nudos la mitad del tiempo. —Hace un gesto negativo y le sonrío, tan
conmovida por sus respetos. Él se acerca y mueve un mechón de cabello de mi cara.
—Me has amado en mi más oscuro momento —susurra y me roba el aliento.
La cruda realidad de sus palabras causan que la piel de gallina baile sobre mi
carne y estoy sin palabras. Sus ojos brillan con humedad mientras se muerde el labio
inferior, antes de encontrar las palabras que necesita para terminar de expresarse.
—Me amaste cuando me odiaba a mí mismo. Cuando te empujé y traté de
lastimarte para que no pudieras ver... todo de mi pasado. Aceptaste mi miedo y me
amaste a causa de eso. —Niega—. Y entonces agarraste mis bolas y me dijiste que no
era negociable. —Ambos reímos de sus palabras, la levedad del comentario que nos
permite expulsar parte de la energía acumulada de esta conversación inesperadamente
intensa.
—Eso todavía está en el camino —digo con una sonrisa y se inclina hacia
adelante y pone sus labios contra los míos.
—Yo... —Suspira—. Pau, me has dado tanto y hoy solo quería decirte que lo
entiendo. Que lo acepto ahora y siento eso a cambio. —Pasa la mano por su cabello y
cierra sus ojos de golpe, seguido de esa sonrisa tímida que me encanta volviendo a sus
labios. Empieza a hablar y luego se detiene para borrar la emoción estrangulando sus
palabras antes de retroceder y encontrarse con mis ojos—. Me diste esperanza cuando
pensaba que estaba desesperado. Me enseñaste que el desafío es sexy como la mierda,
que las curvas son definitivamente mi kriptonita, y que se jodan las malditas rubias ,
porque las morenas son mucho más divertidas. —Me río, disfrutando del regreso de
mi chico malo y arrogante mientras frota sus manos por encima de su cara, arañando
el rastrojo a través del aire—. Estoy malditamente divagando aquí... no tengo mucho
sentido, así que ten paciencia conmigo.
—No hay otro lugar en el que quiera estar, Pedro —le digo mientras me
conduce a un salón de la calesa. Me siento y él se apoya en sus rodillas, en el suelo
delante de mí, su cuerpo es una V en mis muslos, sus mano toman mi cintura.
—Pau, te pregunté por qué me amas, pero lo que realmente quería era decirte
todas las razones por las que te amo. Es importante para mí saber que no dudas de mis
sentimientos por ti... porque demonios, Pau, me golpeaste en el culo. Fuiste la única
cosa que siempre quise, que nunca jamás esperé en mi vida e infiernos si puedo vivir
sin ti. —Se ríe de su aceptación, mientras mi sonrisa se ensancha—. Me pruebas, me
tientas y me haces ver las verdades que no quiero encarar y eres terca como el infierno,
pero Dios, nena, no te querría de ninguna otra manera. No te amaría de ninguna otra
manera. —Coloca sus manos sobre mis hombros, sus pulgares acarician el hueco entre
mis clavículas mientras niega y continúa—: Creo que siempre supe que serías mucho
más ... pero supe que estaba enamorado de ti la noche del evento Kids Now... cuando
estuviste en ese jardín y me empujaste a tener una oportunidad... me atreví a amarte.
—Su voz se rompe con la emoción de recordar esa noche.
—Y luego tuvimos sexo en Sexo —agrego con una risa que me gana, un sexy
gemido como el infierno sale desde lo más profundo de su garganta.
—Maldición, Pau, entre escaleras, techos de autos y algodones de azúcar, nunca
voy a poder escapar de pensar en ti —dice con voz cansina.
—Ese era mi plan desde el principio —bromeo con una sonrisa.
—¿En serio? ¿Has estado jugando conmigo todo este tiempo?
—Ujum —digo—. Odio el juego y no al jugador, ¿no? —Me río—. Bienvenido a
las grandes ligas, Ace. —El comentario deja mi lengua un instante y mi sarcasmo es
recompensado por la sonrisa que amo extendiéndose ampliamente en sus labios. Niega,
se inclina para jugar con mis labios en los suyos y me sorprende profundizando el beso.
Su lengua me tienta y me atormenta, el deseo y la necesidad se enrolla apretando cada
músculo al sur de mi cintura antes de que se aleje.
—Ves —susurra—. Es por eso que te amo. No son las grandes cosas que haces,
sino el millón de malditas pequeñas cosas que ni siquiera sabes que estás haciendo. Me
haces reír porque sabes que estoy incómodo al hablar de este tipo de mierda y estás de
acuerdo con eso. Es por hacerme ver el mundo bajo una luz diferente, como helado
para el desayuno y panqueques para una cena ligera. —Hace un gesto negativo y mira
hacia abajo momentáneamente.
—Y ese es el por qué te amo —le digo—. Porque no importa lo incómodo que
estés expresándote, sabes que necesito escucharlo y lo intentas... diablos, golpeaste
fuera del parque hoy. Fue, eres, perfecto.
—Estoy muy lejos de ser perfecto, Pau —dice con risa autocrítica.
Extiendo mi mano y lo toco, pasándola sobre la línea de su mandíbula.
—Eres mi tipo perfecto, Pedro.
Él me sonríe suavemente, con los ojos de repente mostrándose tan intensos y
serios.
—No, no creo que lo sea, Pau, y no sé de qué otra manera decirlo... —Se acerca y
toma mi rostro, sosteniendo mi cabeza con sus manos temblorosas para que mis ojos
vean los suyos—. Quiero ser tu maldita bandera a cuadros, Paula. Tu ritmo de coche
para conducir a través de los tiempos difíciles, tu parada en los pits cuando necesites
un descanso, tu línea de salida, tu meta, tu maldita línea de victoria.
Sus palabras se roban las mías y alimentan la necesidad que he tenido desde
nuestra primera reunión. Por mucho que intente luchar contra la sensación de aquella
fatídica noche, quería ser suya. Quiero mucho más que una reunión en un pasillo
detrás del escenario. Quiero toda la maldita carrera con él.
—Tu trofeo —reflexiono con una suave sonrisa, pensando en nuestra
conversación de la mañana después de nuestra primera vez juntos y sé que la recuerda,
porque me devuelve la misma sonrisa.
—No —susurra mientras se inclina hacia delante y presiona sus labios con los
míos—. Eres mucho más que un trofeo, Paula. Los trofeos son intrascendentes cuando
todo está dicho y hecho... ¿pero tú? Nunca podrías ser intrascendente. —Puedo sentir
la curva de sus labios en una sonrisa.
—No, tú y yo juntos... eso te haría mío —digo con una sonrisa mientras
contribuyo con un momento memorable de nuestro pasado.
—Uno bueno —reconoce, apoyándose con una diabólica sonrisa en su hermoso
rostro—. Mi turno —dice, lamiéndose los labios antes de hacer una mueca—. ¿Hay
alguien cuyo trasero tengo que patear antes de que pueda hacerlo oficial? —dice con
una risa, sus palabras me desafían a recordar.
Niego, sonriendo mientras sus dedos se arrastran por mis brazos y sus ojos me
atreven a recordar mi línea. Su toque es una distracción, pero lo recuerdo. Muevo mis
pestañas hacia él.
—¿Hacerlo oficial, señor Alfonso? —pregunto y cuando me encuentro en sus
ojos, me sorprenden por su intensa mirada.
—Esto, Paula —respira—. Hacer esto oficial —dice.
Suspiro, mi mano vuela para taparme la boca cuando miro hacia abajo al brillante
anillo de compromiso. Estoy tan agradecida de estar sentada, porque el mundo se
mueve a mí alrededor en un borrón. Todo en lo que puedo centrarme es en la
brillantez del hombre frente a mí, pidiendo mi mundo completo. Un mundo que
nunca pensé que existiría para mí.
Me recuerdo a mí misma tener que respirar, a pesar de que todavía no puedo
confiar en mí misma para formar palabras correctamente, por lo que solo lo miro, con
el cuerpo cubierto de piel de gallina a pesar del calor de su amor pulsando a través de
mí. Lo miro a través de lágrimas con ojos borrosos y asiento sutilmente en estado de
shock. No muevo mis ojos de los suyos, porque puedo ver que este momento significa
tanto para él como para mí.
—Haz esto oficialmente conmigo, Paula —dice, con voz segura, pero sus manos
son inestables. Amo el hecho de que esté nervioso, que signifique tanto para él que
está preocupado de que pueda decir que no—. Te dije una vez que si no podía decir
las palabras, haría todo lo que pudiera para demostrarte lo que siento por ti. Bueno,
puedo decir las palabras ahora, nena. Tú me mostraste cómo. Te amo. —Sus ojos
sostienen los míos pero no puedo dejar de mirar hacia abajo a esa tímida sonrisa suya
que posee mi corazón—. Amo lo que eres y lo que me haces. Amo que tu chispa haya
detenido el desenfoque. Que quieras competir conmigo. Que no necesito más a los
superhéroes porque te necesito en su lugar. —Niega ligeramente y nerviosamente se
ríe antes de comenzar de nuevo—. Mierda, ya hicimos lo de: en lo bueno y en lo malo
y en la enfermedad y en la salud, por lo que vamos a hacer el: hasta que la muerte nos
separe también. Haz una vida conmigo, Pauli. Comienza conmigo. Termina conmigo.
Complétame. Sé mi única y mi primera. Sé mi línea de maldita victoria y mi maldita
bandera a cuadros porque Dios sabe que seré tuyo si me lo permites. ¿Te casarías
conmigo, Pau?
Las lágrimas corren por nuestros rostros y estoy tan abrumada por la belleza de
sus palabras y la efusión de su alma que no puedo hablar, así que se lo muestro en su
lugar. Me inclino hacia delante y presiono mis labios en los suyos, el sabor de la sal se
mezcla en nuestros labios mientras me sumerjo en el beso.
Y entonces empiezo a reír mientras mis labios se presionan contra los suyos y las
emociones proliferan a través de mí.
No puedo evitarlo. Me inclino hacia atrás y suelto mis lágrimas mientras él me
mira.
—Me estás matando aquí, Pau... —Sus voz vacila, una mezcla de exasperación y
ansiedad. Sus ojos le suplican a los míos, implorando y me doy cuenta de que sé la
respuesta, sin duda, pero nunca la dije.
—Sí, Pedro —digo, mi voz creciendo de emoción mientras se forman más
lágrimas—. Sí, me casaré contigo.
—¡Gracias a Dios! —Suspira y hace un gesto negativo con total adoración en sus
ojos cuando me mira. Mis ojos todavía están en los suyos, pero su mano se extiende
para tomar la mía. Rompe nuestra conexión y mira hacia abajo, llevando mis ojos hacia
abajo para verlo deslizar el cojín de corte de diamantes canario, enmarcado por
diamantes más pequeños, en mi dedo anular.
Estamos en silencio mientras lo miramos, la enormidad del momento nos golpea.
El anillo es hermoso y enorme pero una banda de oro sencilla habría hecho el truco,
porque cuando miro hacia arriba, no es mi verdadero premio. Oscuro cabello, ojos
verdes, mandíbula terca y un corazón que es mi dueño: en mente, cuerpo y alma.
—Te amo —susurro.
—Yo también te amo —dice, presiona un beso en mis labios y luego echa la
cabeza hacia atrás y se ríe antes de gritar con todos sus pulmones—. ¡Ella dijo que sí!
Estoy sorprendida por su grito, pero entonces entiendo cuando oigo un rugido
de aplausos y prisas hasta el borde de la terraza. Cuando miro hacia abajo estoy
sorprendida de ver a todos mirándonos desde el patio de abajo.
A todo el mundo de hoy, incluyendo los dos conjuntos de nuestros padres.
Todos están animando y silbando y lo único que puedo hacer es negar y aceptar
su felicidad. Los saludo a todos, sosteniendo mi mano para mostrar mi anillo y celebrar
con ellos.
Miro a Pedro y las emociones me tragan entera. Lo amo con todo mi corazón.
Sin preguntas. Sin dudas. Sin temores.
—Oye, Pauli —dice, tirando de mí hacia él—. Sí van a mirar... —Levanta una
ceja y sonríe cuando ve el anillo en mi mano izquierda apoyada en su bíceps.
Echo mi cabeza hacia atrás y río antes de completar la línea por él.
—Bien podrías darles algo bueno para mirar.
Él levanta una ceja.
—Maldición, te amo, futura señora Alfonso. —Me jala, escalofríos bailan en mi
espina y una sonrisa se extiende en mis labios, mientras se inclina hacia delante y me
besa.
Los vítores se elevan a un nivel desenfrenado abajo, pero todo lo que escucho es
el suave gemido de Pedro. Todo lo que siento es cada lugar de nuestros cuerpos
tocándose. Todo lo que sé es el calor extendiéndose dentro de mí, agarrando, buscando
la permanencia.
Todo lo demás se desvanece.
La multitud de abajo.
El mundo más allá.
Porque lo que tengo, todo lo que necesito, está justo aquí en mis brazos.
La única cosa que ninguno de nosotros quería, resultó ser la única cosa sin la que no quiero volver a vivir.
Uno con el otro.
QUEDA UN CAPITULO MÁS LOS EPÍLOGOS! ♥
Llore se felicidad ¡¡ emoción ♥
ResponderEliminarQue hermoso, me encantó!!!!
ResponderEliminarPURA EMOCIÓN!!!LLORE MUCHISIMOOOO!!AME LA NOVE,BUENIIISIMAA!..pase x todos los sentimientos!!!espero los prox caps!!bsooo @GraciasxTodoPYP
ResponderEliminarMe encantooooo! Q lindo todo lo q hizo!! Y las palabras que se dijeron...hrrmosas!! mimiroxb
ResponderEliminarLloré tanto con estos caps Jesy, tanta emoción indescriptible!!!!!!!!!!!!! Amo esta historia!!!!!!!
ResponderEliminarQ capítulos!!! como lloré, por favor!!! No puede ser más romántico todo lo q hizo! todo lo q le dijo!!! No quiero q termine esta historia! como la voy a extrañar!
ResponderEliminarMe encantaron estos caps!!! Me emocioneee :) y yo tampoco quiero q termineee...
ResponderEliminar@nadiaa2012