miércoles, 1 de octubre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 107

Me siento como si estuviera en un desfile mientras Pedro empuja mi
silla de ruedas hacia la salida del hospital. No necesito la silla de
ruedas, pero mi enfermera dice que es política del hospital. Mi mamá
está charlando tranquilamente con Lina y mi papá está escuchando con una media
sonrisa en su cara, porque ni siquiera él es inmune al encanto de Lina. Becks está
tirando de la Range Rover por adelantado para Pedro mientras Sammy se sitúa en la
entrada del hospital, desconfiando de cualquier prensa que por suerte hubiera captado
el viento de la historia. Todavía.
Pedro está tranquilo mientras me empuja, pero por otra parte lo ha estado
durante la mayor parte de los últimos dos días.
Si se tratara de cualquier otra persona atribuiría su retirada al inesperado
encuentro con mis padres. Es decir, conocer a los padres de su otro significa es un paso
enorme en cualquier relación y mucho más para alguien como Pedro, quien tiene una
historia inexistente con este tipo de cosas. Añade que la reunión con los padres de tu
novia fue después de que ella abortó un bebé que nunca supo que existía.
Pero no Pedro, no, es algo diferente. Y por mucho que aprecio que mis padres
se apresuraran hasta aquí, Lina y su humor sin parar, Becks con su inesperado
ingenio, y cualquier otra persona que haya venido a desearme lo mejor, todo lo que
quiero es estar a solas con Pedro. Cuando estemos apenas los dos solos, no podrá
esconderse de mí y hacer caso omiso de lo que está en su mente. El silencio poco a
poco nos ahoga y tenemos que poder respirar. Necesito que podamos gritar, chillarnos,
llorar y estar enojados, sacarlo todo sin los ojos de nuestras familias mirándonos para
asegurarse de que no nos destrocemos.
Porque tenemos que destrozarnos. Tenemos que estallar. Solo entonces
podremos recoger los pedazos de cada uno y dejarnos completos de nuevo.
Miro detrás de mí y robo un rápido vistazo de Pedro y su expresión tranquila.
No puedo dejar de preguntarme: ¿Y si el padre de Zander no hubiera aparecido? ¿Qué
pasaría si todavía estuviera embarazada? ¿Qué sería de nosotros entonces?
No te concentres en eso, me digo a mí misma, a pesar de que es todo en lo que
puedo pensar al estar embarazada. Se siente como una posibilidad real, tangible,
incluso, que está en constante parpadeo a través de mi mente. Pedro detiene la silla
de ruedas mientras salimos de las puertas del hospital y camina hacia delante de mí.
Sus ojos se encuentran con los míos, una suavidad de la intensidad que me he dado
cuenta que tiene en los últimos días. Una sonrisa se arrastra sobre sus labios. ¿Podría
alguna vez alejarme de este hombre porque quiero un hijo y él no? ¿Estaría dispuesta
a dejar al único hombre sin el que no puedo vivir por la única cosa que una vez pensé
en hacer con cualquier persona?
No. La respuesta es tan simple. Este hombre, dañado, hermoso, un hombre
trabajando en curso, es gran parte de todo lo que necesito para volver a caminar lejos.
Pedro se inclina, presionando un beso suave en mis labios mientras la culpa
parpadea a través de mí por tener tales pensamientos.
—¿Estás bien?
Me estiro y llevo mi mano suavemente al lado de su mejilla, él sonríe con un
gesto sutil de cabeza.
—Sí, ¿y tú?
La sonrisa ilumina su rostro, porque sabe que me refiero a las miradas que ambos
hemos visto en mi papá dándole, mientras se da cuenta de si este hombre es lo
suficientemente bueno para su pequeña hija.
—Nada que no pueda manejar —me dice con un guiño y un movimiento de
cabeza mientras se pone de pie, con los ojos todavía fijos en los míos, sonriendo aún
calentado mi corazón—. ¿Dudas de mis habilidades?
—No, esa es una cosa que definitivamente no dudo. —Me río y me detengo
cuando él inclina la cabeza hacia un lado y me mira fijamente—. ¿Qué?
—Es bueno verte sonreír —dice suavemente antes de que sus ojos se nublen y
que aparte su atención a algo por encima de mi hombro. Cuando mira hacia atrás sus
ojos son claros y su expresión es más suave.
—¿Estás lista para hacer estallar esta juntos?
Pedro me toma de un codo y mi mamá del otro, mientras me levanto, con ambos
quedándose ahí para asegurarse de que estoy estable, lo que es innecesario.
—Estoy bien, de verdad —les digo.
Mi madre envuelve sus brazos alrededor de mí y me abraza contra ella un poco
más de lo normal.
—Si quieres, podemos quedarnos en la ciudad un día más. Asegurarnos de que
estés plácida y cómoda antes de que regreses a casa.
—Ella no se irá a casa. —Juro, que las cabezas de todos se voltearon como un
látigo para mirar a Pedro, incluyendo la mía.
A pesar de todos los ojos en él, los suyos están sólo en mí.
—Te quedarás conmigo. Sin preguntas.
Y con ese decreto, Pedor se pasea junto a un Beckett sonriendo, una Lina
satisfecha y mis aturdidos padres. Cierra la parte posterior del Rover y se acerca a mis
padres.

—Son más que bienvenidos a venir y quedarse en mi casa. Tengo un montón de
espacio. —Levanta las cejas hacia ellos, dándole la bienvenida a cualquier argumento
que pudiera venir.
—No. Eso está bien —dice mi papá, extendiendo su mano para tomar la que
Pedro extendió—. Confío en que tendrás cuidado con ella.
Y es tan simple como eso. El vínculo contenido del padre con el hombre que su
hija ama pasando entre los dos. De hombre a hombre. De Protector a protector. Pedro
mantuvo firme la mano de mi padre y asintió en aceptación con la confianza otorgada
solo a él. Pedro era ahora un hombre, hablando de ser responsable por mí.
Sostuvieron sus miradas y manos un momento más. Las emociones se alojaron en mi
garganta mientras deslizo mis ojos a mi madre quien está observando el intercambio,
con una lágrima en sus ojos también.
Ambos los observamos por un momento antes de que mi mamá me ayude a
entrar el coche. Pasa el cinturón por mi regazo y luego me mira, sosteniendo mis
mejillas en sus dos manos.
—Una vez me dijiste que no estabas segura de lo que había entre tú y Pedro. —
Mueve un rizo desordenado de mi cola de caballo fuera de mi cara—. El hombre tiene
la cabeza sobre los talones de amor por ti, querida. —Sonríe suavemente y asiente
cuando me pongo a hablar de forma automática y le quito importancia—. Soy tu
madre, eso es obvio para mí, Pau. Los hombres nunca lo ven, ni aceptan, ni lo quieren,
hasta que tropezaban y caen de boca sobre ello. Tienes suerte de tener la oportunidad
dos veces en tu vida, tener a un hombre dispuesto caminar con propósito, a dar ese
paso sin fondo. Incluso cuando desordene esto. —Levanta su mano cuando me pongo
a defenderlo y apenas pone los ojos en blanco antes de continuar—: Seamos realistas,
es un hombre, va a estropear esto… ten un poco de paciencia porque te ama tanto
como tú lo amas. Las palabras que no puede decir porque están escritos por todo ese
apuesto rostro suyo.
Asiento, con mi labio inferior entre mis dientes preocupada, para evitar que la
corriente sin fin de lágrimas comience de nuevo.
—Lo sé. —Mi voz es tan tranquila, la felicidad y la tristeza me abruman.
Se inclina y aprieta mis manos donde están entrelazadas en su regazo.
—Si un bebé está destinado a pasar, Pau, sucederá. Sé que no te hace sentir mejor
oírme decir eso, pero en medio de la noche, cuando estés triste, podrás oír mi voz
diciéndotelo. Recuerda: “la vida no es acerca de cómo sobrevivir a la tormenta, sino
más bien de cómo bailas bajo la lluvia”. —Se inclina y presiona un beso en mi mejilla—
. Te quiero.
—Yo también te quiero, mamá. —Extiendo mi mano y envuelvo mis brazos
alrededor de ella, sus palabras de sabiduría bailando en mi cabeza—. Gracias.
El adiós se dice rápidamente con todo los demás ya en el coche que está en la
zona de carga. Beckett es el último en decir adiós. Mete la mano en el coche y me da
un abrazo rápido mientras Pedro habla con Sammy sobre algo que está fuera del
coche. Comienza a cerrar la puerta del coche y luego se detiene un momento y me
mira con un movimiento de cabeza.
—Esa cosa salvavidas va en ambos sentidos, ¿sabes? Úsalo. Utilízalo. No se
romperá si lo haces… pero lo hará si tú no lo usas.
—Gracias, Becks. Eres un buen amigo con él.
—¡Tarado es más la palabra! —dice Pedro, deslizándose en el asiento de al
lado—. Sería un mejor amigo si sacara su mano de mi chica y me deja llevarla a la
maldita casa.
—Hablando de nuestro amigo cariñoso —dice Becks con una sonrisa, apretando
mi mano—. ¡Te quiero también, Wood!
—¡Dicho, amigo! —Pedro se ríe mientras aprieta el botón en el tablero y el
motor ruge a la vida.
—Mantenlo a raya —dice Becks con un guiño hacia mí y un movimiento de
cabeza antes de que cierre la puerta.
Nos retiramos del estacionamiento, con ambos cayendo en un cómodo silencio
mientras conducimos. Estoy ansiosa por llegar a casa, durmiendo en mi propia cama
con la calidez tranquilizadora de Pedro en mi contra. Cierro los ojos y apoyo mi
cabeza hacia atrás, mi mente corre sobre cada evento caótico que pasé en las últimas
semanas. Suspiro en silencio y Pedro cambia la radio antes de estirarse para tomar mi
mano.
La voz de Sarah Bareillis flota en el aire y no puedo evitar tararear bajo y sonreír
con el sentimiento de la letra. Sé que Pedro oye las palabras también, porque aprieta
mi mano y cuando abro mis ojos para mirar por encima de él, me sorprendo al verlo
frente a mí.
—Pedro, ¿qué...?
—Sé que tienes dolor, pero quería llevarte a un lugar que te hiciera feliz.
—Tú me haces feliz —le digo, con mis ojos bloqueados en los de él, para reforzar
mis palabras antes de mirar hacia fuera al espacio de playa más allá de nosotros.
—Estoy preparado esta vez. —Me sonríe tímidamente—. Tengo mantas,
chaquetas y algo de comida si deseas ir a sentarte un rato en el sol conmigo.
Hay lágrimas en mis ojos otra vez y me echo a reír.
—Sí. Lo siento —le digo, en referencia a las lágrimas que estoy limpiando—. Soy
un desastre emocional. Las hormonas del embarazo y... —Mi voz se apaga, al darme
cuenta de que toqué el tema tabú que todavía tenemos que discutir. El incómodo
silencio se instala entre nosotros. Pedro agarra el volante firmemente y suelta un
suspiro ruidoso antes de bajar del coche sin decir nada más.
Abre la puerta de atrás y recoge algunas cosas y luego me ayuda a salir de la
Rover.
—Con cuidado —dice, mientras me deslizo con cautela fuera del asiento.

—Estoy bien.
Nos tomamos de las manos y caminamos un largo camino por la playa en
silencio. Hay gente aquí hoy, a diferencia de la última vez que estuvimos aquí hace
meses, nuestra primera cita oficial. El hecho de que pensara que llevarme a un lugar
en el cual encontrara consuelo, hace feliz a mi corazón.
—¿Estás bien? —pregunta mientras suelta mi mano y pone una manta sobre la
arena. Deja una bolsa de papel marrón abajo y luego sus manos van a mis caderas
mientras me acomodo para sentarme.
—No voy a romperme —le susurró a pesar de que me encanta la sensación de
sus manos sobre mí, su fortaleza, consuelo y seguridad, las tres cosas dadas con su
sencilla ocupación.
Se sienta detrás de mí, enmarcando mis piernas con las suyas y me tira contra su
pecho, dejando sus brazos envueltos apretados a mí alrededor. Baja su boca y barbilla
a la curva de mi cuello y suspira.
—Sé que no vas a romperte, Pau, pero estuviste malditamente cerca. Sé que eres
fuerte e independiente y que estás acostumbrada a hacer las cosas ti misma, pero por
favor, solo quiero cuidar de ti en este momento, ¿de acuerdo? necesito... Necesito que
me permitas hacer eso. —Y termina sus palabras con un beso presionado en mi piel,
pero nunca mueve su boca, simplemente la mantiene allí para que pueda sentir el calor
de su aliento y el roce de su barba.
—Está bien —murmuro, un profundo suspiro sale de sus labios y una punzada
en mi abdomen que me recuerda que necesitamos hablar. Levanto mi barbilla hacia el
sol y cierro los ojos, dándole la bienvenida al calor porque todavía siento el frío dentro
de mí.
—Solo dilo —me expresa, la exasperación entrelaza su voz—. Puedo sentirte
tensa, fingiendo que tu mente no va a un millón de kilómetros por minuto, con lo que
sea que quieres preguntarme. No te relajarás, como es necesario hasta que digas eso.
—Se ríe, su pecho vibra contra mi espalda, pero puedo sentir que no está muy
emocionado.
Cierro los ojos un momento, porque no quiero arruinar la paz entre nosotros,
pero al mismo tiempo necesito enfrentar la tensión profunda.
—Tenemos que hablar... del bebé... —Finalmente me las arreglo para decir y
estoy orgullosa de mí misma, de que mi voz no vacile como ha hecho en los últimos
días cada vez que trato de hablar de esto—. No estás hablando conmigo y no sé lo que
estás pensando... ¿qué sientes? Y necesito saber...
—¿Por qué? —La sola palabra me calla, una reacción de reflejo rutinario que
estoy segura que ya que no puedo ver su cara, pero puedo sentir su cuerpo tensarse—
. ¿Por qué es importante? —pregunta finalmente otra vez con un poco más de control
en su voz.

Porque eso es lo que haces cuando estás en una relación, quiero decirle, pero
exhalo suavemente en su lugar.
—Pedro, nos pasó algo importante... al menos para mí…
—A nosotros —corrige, y su comentario me detiene por un momento. Es la
primera vez que realmente reconoce al bebé que perdimos. Algo que creamos juntos
que nos uniría entre sí de forma indefinida.
—A nosotros. Pero no sé cómo te sientes. Sé que mi mundo se ha visto sacudido
y me estoy tambaleando con todo. Yo solo... Estás aquí y estás pasando por esto
conmigo, pero al mismo tiempo siento como que te estás cerrándote a ti mismo, no me
hablas. —Suspiro, sabiendo que estoy divagando, pero no segura de cómo llegar hacia
él. Le doy una última oportunidad—. Me dices que me necesitas para poder cuidar de
mí. Entiendo eso. ¿Puedes entender que necesito que me hables? ¿Qué no me puedes
dejar fuera justo ahora? La última cosa que necesito en este momento es estar
preocupada acerca de dónde estamos parados.
Me obligo a dejar de divagar porque puedo oír la desesperación en mi voz, y
todavía no me responde, así que ahora estamos rodeados de un silencio incómodo.
Pedro comienza a separarse de mí y me preparo inmediatamente, por el vacío de su
distancia cuando más la necesito.
Entonces siento su nariz en la parte posterior de mi cabello y solo inhala. Cierro
mis ojos mientras escalofríos bailan sobre mi piel, porque sé que no se va a alejar, sino
que es la manera en que Pedro se toma un minuto para ordenar sus pensamientos.
—Paula... —suspira mi nombre de esa manera que me hace contener la
respiración, porque hay tanta emoción en ella. Apoya su frente contra la parte
posterior de mi cabeza mientras sus manos aprietan mis brazos—. No puedo hablar de
ello. Simplemente no puedo. —Y la forma en que lo dice, me dice que se está
refiriéndose al bebé—. Solo puedo ocuparme de una maldita cosa a la vez, y en este
momento todavía estoy tratando de envolver mi cabeza en torno al hecho de que casi
te pierdo.
Balancea su frente hacia atrás y adelante en contra de mi cabeza.
—No estoy acostumbrado a la sensación, Pau. Estoy acostumbrado a estar
adormecido... a correr como la mierda, es la primera vez que se vuelve demasiado real.
Y tú, nosotros, esto... —Suspira—… Es como algo malditamente real, tan real como
puede ponerse. Me siento como si hubiera sido tomado por sorpresa por lo que pasó
cuando me estaba acostumbrando a la nueva mierda normal. Estoy conmovido. No sé
qué maldito camino es hacia arriba, pero estoy lidiando con eso de la mejor forma que
sé en este momento. Y eso significa que trato de sacar la imagen de ti, pareciendo la
muñeca rota de Ana sin vida salga de mi cabeza.
Sus palabras llegan hasta lo más profundo de mi alma y me devuelven los
diminutos pedazos de esperanza que perdí con el aborto involuntario y los temores
que me comen por su silencio. Así que no quiere, no puede, lidiar con lo del bebé, por
lo menos es lo que me dice. Y por mucho que quiera y necesite hablar con él al
respecto, asegurarle que es lo que necesito y todo lo demás puede ser resuelto más
tarde, me callo y le permito hacerle frente a lo que me pasó.
Me muevo entre sus piernas, así estoy sentada de lado en su regazo, con las
piernas descansando sobre la parte superior de una de las suyas. Necesito ver su cara,
necesito mostrarle que estoy bien. Lo miro a los ojos llenos de confusión y estiro una
mano para apoyar mi mejilla con una suave sonrisa en mis labios.
—Estoy bien, Pedro. Tú me salvaste. —Me apoyo y le doy un tierno beso en los
labios del que me parece que no puede conseguir nunca suficiente—. Gracias por
salvarme.
—Creo que debería darte las gracias. —Sutilmente niega—. Tú eres la que me
está salvando.
Sus palabras roban todos los pensamientos de mi cabeza a excepción de las
palabras que no puedo decirle. Te amo. Te amo más de lo que nunca sabrás o nunca
podré expresarlo. ¿No se da cuenta que de la única manera que pude posiblemente
salvarlo fue porque finalmente me dejó entrar? ¿Cuándo va a aceptar que es digno de
ser salvado? Nuestros ojos se clavan mientras intercambiamos palabras no dichas.
Estoy sorprendida por las lágrimas estancadas en las esquinas de sus ojos e inhala un
agitado aliento.
—Estamos bien, Pau. Solo necesito una parada menor en los pits para trabajar
toda la mierda en mi cabeza a la que no estoy acostumbrado, ¿de acuerdo? No te estoy
pidiendo espacio o tiempo separados, sino un poco de paciencia mientras trato de
entender todo esto.
Asiento, con mi labio inferior entre mis dientes, ya que no puedo hablar,
físicamente no puedo hablar, porque acaba de dejarme sin habla. Tiene mi mayor
miedo y quiere aplacarlo antes de que mi mente pueda sobre pensar, y sobre analizar
todo, como normalmente lo hago.
Nos sentamos un rato, el silencio nos rodea en una comodidad fácil.
—¿Tienes hambre? —pregunta después de un tiempo. Me encojo de hombros,
disfrutando de mi cabeza acariciada debajo de su barbilla y los brazos envueltos
alrededor de mí—. La primera vez que vinimos aquí, me lanzaste por una carrera.
—¿Por qué? —Mi voz es soñolienta y contenta. No hay otro lugar en el que
prefiriera estar en estos momentos.
Puedo sentir sus hombros encogerse en mi contra.
—No lo sé. Estaba esperando que te enojaras porque te traje a una playa y te
alimenté con salami, queso y vino en vasos de papel —se ríe.
—No sabía que ibas a golpear mi maldito mundo.
El calor me inunda. Imágenes parpadean a través de mi mente estando sentada
aquí hace meses con este hombre dolorosamente guapo, preguntándome qué
demonios había visto en mí. Y ahora lo entiendo. Vio las piezas de mí que podría
juntar. Aceptando los bordes cortados que necesitaban ser curados, porque también
tenía la misma cosa. Y aquí estamos de nuevo, en partes y piezas, necesitando ponernos
de nuevo juntos. Pero esta vez nos tenemos el uno al otro para apoyarnos, para recurrir
en busca de ayuda.
—Dios, fuiste arrogante como el infierno, pero no podía resistirte, Ace.
—Oh, cariño, todavía tengo toda la arrogancia y sin duda un montón de
gallardía.
Pongo los ojos en blanco y río.
—¡Dios mío! —No puedo evitar reír mientras presiona un beso en la parte
superior de mi cabeza—. El hombre tiene arrogancia con creces.
—No —dice—. Solo los ases.
—¡Tonto! —le digo, disfrutando de las alegres bromas entre nosotros y
echándome hacia atrás para mirarlo a la cara.
—¿En serio? ¿Eso es todo lo que me puedes dar? ¿No puedes llegar a nada mejor
que eso?
—Oh, Pau. —Me sonríe, con una mirada lujuriosa en sus ojos, mientras se inclina
y presiona un beso rápido en mis labios—. No te preocupes por la parte que vengas o
llegues a ella, porque te será difícil encontrar algún hombre que pueda darte algo mejor
que yo.
Antes incluso de que pudiera responder, sus labios están sobre los míos, sus
manos van minuciosamente alrededor de mi espalda y nuestros corazones se
entrelazan de una manera que nunca pensé posible.
Nos amamos.
Nos perdimos.
Y ahora estamos encontrando nuestro equilibrio de nuevo. Somos nosotros de
nuevo. Y nunca se sintió tan bien perderme en alguien que pueda encontrarme de
nuevo.

***

—¿Estás segura de que estás bien?
Siento su peso en la cama mientras se sienta a mi lado, su colonia
momentáneamente enmascara el olor a antiséptico que el equipo de limpieza dejó
atrás.
—Mmm-mm. Estoy cansada —le digo mientras rodo sobre mi lado para poder
mirarlo—. Gracias por esta tarde —digo, pensando en nuestro momento en la playa.
Nuestra conversación, nuestra comida en la tienda de comestibles me recuerda a
nuestra primera cita y el silencio entre nosotros no es tan solitario o más doloroso—.
¿Estás bien? —le hago la misma pregunta.
Le frota a Baxter en la cabeza y se inclina para darme un tierno beso en los labios,
y no se pierde en mí, que nunca responde a la pregunta.

—Voy a hacer un poco de trabajo —dice mientras se levanta de la cama—. ¿Estás
segura de que estarás bien?
—Estoy bien, Pedro. Solo voy a ir a dormir. —Aprieto su mano mientras se
vuelve para salir del dormitorio—. Hey, ¿sabes dónde está mi teléfono para poder
decirle a Lina que estoy bien?
Se acerca a la cómoda y me lo trae, presionando otro beso en mi frente y luego
en mi nariz antes de salir de la habitación. Observo que se vaya, sé que la visión de él
nunca envejecerá. Nunca lo daré por sentado, ya que ha tomado tanto trabajo para
nosotros llegar a este punto.
Enciendo mi teléfono, sorprendida de que no tenga nada de batería, ya que ha
estado aquí desde la noche desde lo que me pasó. Se enciende y sacudo mi cabeza a los
textos sin fin de buenos deseos. Leo algunos acerca de la ceremonia de inicio que viene
para conmemorar el nuevo comienzo del proyecto.
Y entonces mi último texto me pega por completo.
Saca el aire fuera de mí, y roba mi corazón.
Es de Pedro, no creo que las palabras de él hayan sido tan honestas o tan
profundas en su desesperación tan cruda.
Estoy perdido aquí. Estás en alguna parte de este maldito hospital y tengo que
hablar contigo. Malditamente tocarte. Algo de ti, porque me da miedo como la
mierda... así que voy a decirte de la manera en que sé que me escucharás. Broken de
Lifehouse.
Y las lágrimas vienen ahora. Caen libremente por mi cara y no trato de
detenerlas ni esconderlas, porque nadie está aquí para verlas ahora. Porque son
lágrimas de alegría.
Él me ama.

No hay comentarios:

Publicar un comentario