La ceremonia empieza a las cuatro. Estarás allí ¿verdad?
—¡Sí mamá! Vamos a estar allí —me dice Shane
mientras se dirige a la puerta principal con una enorme
sonrisa en su rostro, un poco de arrogancia en su paso y las llaves del coche
traqueteando alrededor de su mano.
—Me temo que estamos creando un monstruo. —Me río cuando miro a Pedro,
quien tiene un hombro inclinado contra la pared y me mira con una intensidad
tranquila. Noté los círculos oscuros bajo sus ojos que han estado allí desde hace unas
semanas y me entristece que él esté teniendo pesadillas otra vez y no me hable acerca
de ellas. Pero, claro, no es que realmente hable en absoluto de nada, que no sea el
trabajo o los niños o la ceremonia de corte de cinta el día de hoy para poner en marcha
el proyecto. Y es raro. No es como si algo este desconectado entre nosotros, en realidad
es todo lo contrario. Él está más atento y físico que nunca, pero siento que esta es su
manera de compensar por el hecho de que todavía no hemos hablado del aborto
espontáneo.
Pidió espacio y se lo he dado, no hablando de la pérdida o cómo me siento, cómo
lo estoy afrontando. Incluso fui tan lejos como para no hablarle de mi cita de
seguimiento de ayer.
Entiendo que los dos estamos tratando con esto a nuestra propia manera. Su
manera es amurallarse lejos, entenderlo solo, cuando la mía es agarrarlo un poco más
fuerte, necesitarlo un poco más. La distancia momentánea entre nosotros la puedo
manejar, sé que es temporal, pero al mismo tiempo, me mata saber que está sufriendo.
Me hace daño cuando lo necesito y no puedo pedir nada más de él. La necesidad de la
conexión que siempre ha sido una constante entre nosotros.
Para darle el espacio que él pidió, cuando lo único que quiero hacer es arreglarlo.
Tarde en la noche, cuando me despierto de sueños llenos de choques de autos y
suelos llenos de sangre, lo veo dormir y mi mente se distrae a los profundos y oscuros
pensamientos que puedo esconder a la luz del día. Me pregunto si él no está abordando
o lidiando con el aborto involuntario, porque le preocupa que tal vez un bebé es lo que
quiero ahora. Que a lo mejor estamos perdidos, porque nunca lo hará.
Pero si no puedo hablar con él, si él cambia de tema en cualquier momento que
trato de sacar el tema, no puedo decirle lo contrario.
Y sí, mientras que los pensamientos de un bebé han pasado por mi mente, no
puedo colgar mi sombrero ante la idea. No puedo permitirme pensar que se me
concederá esa oportunidad milagrosa después de un accidente más de una vez en mi
vida. Esperanzas como esa puede arruinarte si es todo a lo que te estás aferrando.
¿Pero y si cuelgo la esperanza de que él va a hablar conmigo, venir de nuevo a
mí, en lugar de lentamente deslizarse a través de mis dedos? ¿No me arruinara esa
esperanza también?
Becks me ha dicho que me quede tranquila, que Pedro va averiguar su mierda,
que es todo lo que puede decir de sus años de amistad, pero que no deje que se vaya
demasiado lejos. ¿Cómo diablos se supone que voy a saber exactamente cuánto es
demasiado lejos?
Necesito que me necesite tanto como yo lo necesito, mientras yo voy a través de
las emociones de la pérdida de un pedazo de algo que era únicamente nuestro... y el
hecho de que él no lo hace, me mata. Sí, sus brazos se envuelven alrededor de mí en
la noche mientras dormimos, pero su mente está en otra parte. Tal vez perdido en sus
textos interminables y conversaciones en voz baja en los últimos tiempos. Los que me
pone nerviosa, a pesar de saber en el fondo, que él no me engaña.
Pero está escondiendo algo, tratando con algo, y sin mí, cuando lo que necesito
es que me ayude a lidiar con esto.
Trato de decirme a mí misma que es la falta de nuestra conexión física lo que me
está haciendo leer demasiado todo esto. Sobre analizarlo todo. Mientras me acuesto en
sus brazos todas las noches, apretada contra su pecho exactamente donde deseo estar,
todavía tenemos que hacer el amor desde que regresé del hospital. Nos besamos y
cuando trato de profundizarlo, mover mis manos por su cuerpo y tentarlo a que me
quiera como yo lo anhelo, él agarra mis muñecas y me dice que espere hasta que me
sienta mejor, a pesar de que le digo que no me duele y que estoy perfectamente bien.
Que quiero sentirlo dentro de mí, que conecte conmigo, llevándome de nuevo.
El rechazo pica algo feroz porque conozco a Pedro, conozco su virilidad, lo
físico que necesita ser cuando está sufriendo, entonces, ¿por qué no lo está tomando,
tomándome, si está en el dolor que veo rampante en sus ojos?
Me sacudo a mí misma de mis pensamientos y me centro en los ojos esmeralda
que se clavaron en los míos. El hombre que amo. El hombre que temo como el infierno,
se esté escapando de mí.
—¿Un monstruo? No —dice con una sacudida de cabeza y una sonrisa inclina la
esquina izquierda de su boca por lo que su hoyuelo se profundiza—. ¿Un adolescente
que anda suelto? Definitivamente.
Le sonrío mientras cierra la distancia entre nosotros, libre de tocarme ya que el
resto de los chicos se encuentran en la práctica de béisbol y nos esperarán en el corte
de cinta después.
—¿Estás bien? —le pregunto, probablemente por enésima vez en la última
semana.
—Sí, estoy bien. ¿Tú?
—Mmm-hmm. —Y así va nuestra habitual conversación tres veces al día, por lo
menos. Nuestra afirmación de que todo está bien a pesar de todo se siente muy
diferente—. Pedro... —Mi voz se desvanece a medida que pierdo el coraje de
preguntarle más.
Siente mi vacilación y llega a acunar mi cara, su pulgar frotando suavemente
sobre mi mejilla. Cierro mis ojos y absorbo la resonancia de su toque, porque es mucho
más que simple piel con piel. Vibra a través de mí y se adentra en cada fibra de mí ser,
se filtra en lugares desconocidos y para siempre sellados con su presencia,
arruinándome para cualquier otra persona con tatuajes invisibles.
Cuando abro los ojos, los suyos están frente y al centro en mi línea de visión.
—Hey, deja de preocuparte. Todo va a estar bien. Estamos bien. —Traga y baja
los ojos antes de traerlos de vuelta a los míos—. Solo estoy tratando de resolver mi
mierda para que no nos afecte.
—Pero… —Mi pregunta es cortada cuando sus labios se encuentran con los
míos. Es un suave suspiro de un beso que él profundiza lentamente cuando desliza su
lengua entre mis labios en un enredo lento con la mía. Pruebo necesidad mezclada con
deseo, pero todo lo que mi cabeza puede pensar es, ¿por qué no actúa en él?
Muevo mis manos hacia arriba para que mis dedos puedan torcerse en el cabello
rizado sobre su cuello y le digo a mi mente que se calle, diciéndole que se calme para
que pueda disfrutar de este momento, disfrutar de él. Siento lágrimas mientras la
ternura detrás de su toque me abruma. Como si fuera frágil y me romperé.
No estoy segura de sí es capaz de sentir el estremecimiento de mi aliento
mientras trato de controlar mis emociones, pero él coloca un beso más suave en mis
labios y luego a mi nariz, que casi rompe mis compuertas, antes de retroceder para
mirarme. Manos enmarcan el lado de mi cara y sus ojos buscan los míos.
—No llores —susurra antes de inclinarse y presionar otro beso en mi frente—.
Por favor, no llores —murmura.
—Es que... —Suspiro, las palabras se me escapan en la manera de expresar lo que
siento, necesito y quiero de él sin presionar demasiado.
—Lo sé, nena. Lo sé. Yo también. —Aprieta un beso en mis labios lo que hace
que otra lágrima se deslice por mi mejilla—. Yo también.
***
El público está aplaudiendo mientras termino mi discurso y bajo del podio, con
mis ojos moviéndose sobre la audiencia. Veo a Shane sentado junto a Jackson,
aplaudiendo como el resto de los chicos, pero no veo a Pedro.
Me apresuro a llegar a una excusa válida de por qué el mayor patrocinador del
proyecto va a estar ausente en la ceremonia de inauguración y sesión de fotografía de
prensa, que tendrá lugar en menos de diez minutos.
¿Dónde diablos está? Él nunca se perdería a propósito algo para los niños o el
proyecto al que contribuyó para hacer una realidad. Miro mi teléfono mientras me
dirijo hacia Shane para preguntarle dónde está Pedro y no hay nada. No hay llamada
perdida, sin texto, sin nada.
Los aplausos se desploman cuando Teddy sube al podio de nuevo para terminar
la rueda de prensa.
—¡Shane! —susurro en voz alta mientras que hago señas de él hacia mí—. Shane!
Jax le da un codazo de modo que se pone de pie y camina hacia mí. Me doy la
vuelta y empiezo a caminar lejos de la multitud, suponiendo que me está siguiendo.
Pasamos una esquina, así estamos lejos de la prensa y me obligo a tomar un respiro.
—¿Dónde está Pedro? —pregunto sin tratar de sonar como que estoy ansiosa.
—Bueno… —dice, arrastrando los pies antes de mirar hacia atrás y encontrarse
con mis ojos—. Cuando estábamos en nuestro camino hasta aquí, recibió una llamada
telefónica de alguien que se llama Kelly y me hizo parar a un lado de la carretera para
que pudiera salir y hablar con ella en privado.
Mi corazón salta y se aloja en la garganta a pesar de decirme a mí misma que
tiene que haber una explicación lógica para esto. Decirme a mí misma y convencerme
son dos cosas muy diferentes sin embargo.
—¿Estás bien? —me pregunta, sus ojos azules revisando mi cara y encontrando
mis ojos.
Mentalmente me castigo y tengo que recordar que Shane ya no es un niño de
doce años de edad, sino más bien un adolescente al borde de la edad adulta que se da
cuenta de cosas.
—Sí, estoy bien, muy bien, sorprendida de que él no está aquí. Eso es todo.
—Bueno, él volvió al coche y le dijo a la señora que volvería a llamar en un par
de minutos porque tenía que llevarnos a tiempo. Aparcamos justo antes de que los
discursos comenzaran y él me dijo que entrara y que estaría allí enseguida. Se bajó y
vio cómo me sentaba al lado de Jax y lo vi hablando por teléfono mientras se despedía
de mí. ¿Por qué? ¿Te pasa algo, Pau?
—No. No, en absoluto. Acabo de perder su llamada —le miento a Shane, y muy
probablemente a mí misma, para amortiguar el golpe—. Quería ver si él te dijo cuándo
volvería porque odiaría que se perdiera la ceremonia del corte de cinta.
—Sí, bueno, estoy seguro de que algo muy importante ocurrió para que él no
esté aquí. Sabe lo mucho que significa para ti y esas cosas —dice, torciendo sus labios,
tratando de consolarme de esa manera rara que hacía que mi corazón se hinchara de
orgullo.
—Debe haber sido muy importante. —Le sonrío—. Ustedes significan el mundo
para él. —Pongo mi brazo alrededor de su hombro y empiezo a caminar hacia la
multitud, con la esperanza de que se pierda lo que no estoy diciendo, que a lo mejor
no significo el mundo para él nunca más.
Regresamos a tiempo para la ceremonia de corte de cinta y no puedo evitar que
mis ojos lo busquen frenéticamente entre la multitud. Mi mente repite las palabras de
Shane una y otra vez. Debe ser algo muy importante . Algo enorme, pero la pregunta
es ¿qué?
Y luego, por supuesto, la duda se arrastra y roe mi resolución. ¿Algo pasa con
Tamara? ¿Con su familia? Pero si lo hubiera, me habría llamado, enviado un mensaje,
algo, ¿no?
Para el momento en que la ceremonia ha terminado y he dicho adiós a los
muchachos, mis nervios están destrozados. He pasado de interesada, a enojada, a
inquieta, a enfadada y mientras acelero por Pacific Coast Highway hacia Broadbeach
Road su correo de voz contesta cada vez que lo llamo. Estoy enferma por la
preocupación.
En el momento en que llego a las puertas y entro en un camino vacío, soy un
maldito lío. Desbloqueo y abro la puerta principal, su nombre sale de mis labios. Pero
antes de incluso llegar a la cocina, sé que él no está en casa. No es solo Baxter
frenéticamente emocionado que me lo dice sino también el extraño silencio en la casa.
Abro la puerta corredera de cristal para sacar a Baxter mientras un nuevo
pensamiento me golpea. ¿Qué pasa si algo le sucedió a su cabeza? ¿Y si está herido en
alguna parte y necesita ayuda y nadie sabe?
Corro de nuevo a la mesa de la cocina y llamo a Lina.
—¡Hola!
—¿Pedro ha llamado a casa?
—No, ¿qué pasa? —La preocupación inunda la voz de Lina pero no tengo
tiempo para entrar en detalles.
—Te lo explicaré más tarde. Gracias. —Cuelgo mientras ella sigue hablando,
diciéndome que voy a pedir disculpas después, mientras telefoneo a la siguiente
persona.
—¡Paula!
—Becks, ¿dónde está Pedro?
—No tengo idea, ¿por qué?
Escucho una risa femenina en el fondo y ni siquiera doy un segundo
pensamiento sobre interrumpir lo que sea que estoy interrumpiendo.
—Él no se presentó en la ceremonia. Shane dijo que recibió una llamada y es la
último vez que fue visto.
Oigo a Becks decirle a la mujer que esté callada.
—¿Él no se presentó? —La aprehensión llena su voz mientras oigo movimientos
en el otro extremo de la línea.
—No. ¿Quién es Kelly?
—¿Quién? —pregunta antes de que la línea se silencie por un momento—. No
tengo ni idea, Pau.
Su silencio me hace cuestionar su honestidad y los pensamientos dispersos en mi
mente llegan a mi boca.
—Me importa una mierda sobre el código de hombres y todo eso, Beckett, así
que si sabes algo, sin importar si me lastima, tienes que decirme porque estoy
jodidamente preocupada... y... —Estoy divagando frenéticamente y me obligo a parar
porque estoy empezando a ponerme histérica y realmente no tengo razón para estarlo,
excepto por la intuición que me dice que algo no va bien.
—Cálmate. Toma una respiración. ¿De acuerdo? —Aprieto mis ojos con fuerza
y me controlo—. La última vez que hablé con él llevaba a Shane conduciendo y luego
fue la ceremonia. Ya sabes....
—¿Por qué no contesta su teléfono, entonces?
—Pau, tiene un montón de mierda con la que lidiar, tal vez solo... —Él se
desvanece, no está seguro de qué decirme. Le oigo soltar una respiración ruidosa
mientras camino a cerrar la puerta por la que Baxter acaba de entrar. El teléfono de la
casa en el contador empieza a sonar y el identificador de llamadas dice Luciana. Algo
está pasando y la visión de su nombre me dice que tengo razón para estar preocupada.
—Lu está llamando. Me tengo que ir —le digo, cerrando el teléfono mientras lo
oigo decir que le devuelva la llamada.
—¿Está bien? —Mis palabras salen en una ráfaga de aire cuando respondo a su
llamada, la ansiedad causa que el ácido se revuelva en mi estómago.
—Eso es por lo que llamaba para preguntarte. —La preocupación en su voz
rivaliza con la mía.
—¿Qué? ¿Cómo supiste que algo va mal? —Estoy confundida. Pensé que sabía
lo que estaba pasando.
—Estuve en clase durante todo el día y tenía mi teléfono apagado. Acabo de
encenderlo y él dejó un mensaje. —Tengo miedo de preguntarle qué decía ese
mensaje—. Sonaba molesto. Divagaba diciendo que necesitaba hablar con alguien
porque su cabeza estaba jodida. Que él sabe. Pero no dijo lo que quería decir.
Un peso cae en mi alma mientras intento conectar las piezas del rompecabezas
que no concuerdan.
—¿Ha pasado algo, Pau? ¿Es por el aborto involuntario? Es solo... nunca lo he oído
así antes.
Pensamientos parpadean y desaparecen en mi mente mientras trato de imaginar
qué podría haberle pasado a Pedro. Ya estoy en movimiento y me apresuro hacia
arriba mientras mi cerebro empieza a captar las posibilidades de dónde podría estar.
—Lu, creo que sé dónde está. Te llamaré cuando esté segura.
Lanzo el teléfono en la cama mientras me apresuro al baño despojándome de mi
traje de negocios, dejando un rastro de ropa a medida que avanzo. En cuestión de
minutos me he cambiado a mi ropa de ejercicio y estoy atando mis zapatos lo más
rápido que puedo. Agarro mi teléfono y estoy bajando las escaleras, pasando puertas
que conducen a la cubierta y corriendo hacia la playa abajo.
Corro rápidamente hacia el lugar al que Pedro me llevó en esa primera noche
fatídica aquí, su lugar feliz, donde va a pensar. Cuanto más lo pienso, más segura estoy
que aquí es donde está. Es probable que esté sentado en su roca mirando el sol hundirse
en el mar y llegar a un acuerdo con todo lo que pasó.
Pero ¿por qué no llevó a Baxter? ¿Dónde está su auto? Empujo las dudas,
convenciéndome de que él solo está allí contemplando las cosas, pero la incertidumbre
comienza a crecer con cada paso acelerado.
Pero sé, cuando rodeo la curva que no voy a encontrarlo aquí. Y cuando lo
comprendo, ya tengo mi teléfono y marco el número de llamada.
—¿Lo encontraste? —Puedo decir que Becks está asustado y me siento mal por
hacerlo sentir de esa manera, pero estoy preocupada.
—No. Pensé que lo hacía, pero... —Tengo que parar para recuperar el aliento,
porque mis pulmones están quemando por mi carrera por la playa.
—Pau, ¿qué está pasando?
—Llamó a Lu y dijo que sabe y que su cabeza es una mierda —jadeo—. Así
que corrí a su lugar en la playa, pero no está aquí. Tú lo conoces mejor que nadie... ¿A
dónde va cuando tiene que aclarar su mente, además de aquí?
—A ti.
—¿Qué?
—Él va hacia ti. —La honestidad en su voz resuena a través de la línea telefónica.
Mis piernas dejan de moverse por sus palabras. Golpean profundamente y hacen
mi corazón retorcerse con amor y preocupación. Lágrimas aparecen en mis ojos
mientras me doy cuenta de lo desesperadamente que lo echo de menos en este
momento, que él solo había conseguido volver hace semanas para ser llevado de nuevo
por un cruel giro del destino de Dios con el aborto involuntario. Me trago el nudo en
mi garganta y me toma un minuto para encontrar mi voz.
—Antes de mí, Becks...
—La pista.
—Ahí es donde tiene que estar. —Empiezo corriendo hacia la casa—. Me dirijo
allí ahora.
—¿Quieres que te a…
—Tengo que hacer esto, Becks. Tengo que ser yo. —Nunca he dicho palabras
más verdaderas, porque en el fondo sé que me necesita. No sé por qué, solo sé que él
lo hace.
—Te mandaré un mensaje de cómo llegar a las instalaciones, ¿de acuerdo?
—Gracias.
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