viernes, 10 de octubre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 115

Un Déjà vu me golpea como un tren fuera de control mientras salgo del
tráiler delante de Pedro. El calor húmedo de Fort Worth me asalta al
instante, pero el sudor bajando por mi espalda no tiene nada que ver
con el tiempo y tiene que ver sobre toda la ansiedad recorriendo cada nervio.
Sobre Pedro.
Y sobre el coche hacia el que estamos caminando.
Sé que él está nervioso, puedo sentirlo en el fuerte agarre de sus dedos
entrelazados con los míos, pero su apariencia externa refleja nada más que un hombre
preparado para hacer su trabajo. Las personas que nos rodean parlotean sin cesar pero
Pedro, Becks y yo nos dirigimos por el camino a la pista como un equipo,
completamente concentrado.
Intento apartar los recuerdos invadiendo mi mente, para aparentar calma
aunque cada fibra de mi ser está temblando de puro miedo.
—¿Estás bien? —Su voz ronca afectada de la emoción por mí, la preocupación
en ella me hace sentir culpable ya que debería ser yo la preocupada por él.
No puedo mentirle. Sabrá si lo estoy haciendo y solo causará que se preocupe más. Lo
último que quiero es que esté pensando en mí. Lo quiero centrado y confiado cuando
esté asegurado dentro del coche e inicie la carrera hasta la bandera a cuadros.
—Casi. —Tomo una respiración y aprieto su mano cuando estamos llegando a
los pits y al grupo de fotógrafos esperando grabar la primera carrera de Pedro de
vuelta después del accidente. El sonido de los dispositivos fotográficos y preguntas a
gritos hacen que no pueda escuchar la respuesta que me da. Y mientras me pongo tensa
aún más, Pedro parece relajarse un poco, cómodo en este entorno como si fuera su
segunda piel.
Y me doy cuenta de que mientras todo esto es incómodo y desconocido para mí,
esto es parte del enfoque en el que Pedro solía vivir permanentemente. Rodeado por
los gritos y flashes, está cien por ciento de nuevo en su elemento. El completo caos
está permitiéndole olvidar la preocupación que sé que está atormentando sus
pensamientos y por eso estoy muy agradecida.
Doy un paso a un lado y lo observo contestar sus preguntas enseñando esa
encantadora sonrisa que me cautiva siempre. Y por mucho que veo al arrogante chico
malo reflejado en cada respuesta, también veo a un hombre que admira
completamente el deporte que ama y el papel que desempeña en él. Un hombre
recuperando trozos y pedazos de la confianza que dejó en la pista en San Petersburgo
con cada respuesta.

Por mucho que estoy temiendo la llamada familiar de “señores enciendan sus
motores” , una parte muy dentro de mí lo rechaza de alivio que él está de vuelta. Mi
imprudente, rebelde sinvergüenza acaba de encontrar su posición y está volviendo a
su lugar.

***

El silencio desciende a nuestro alrededor, el ruido constante disminuyendo a un
sonido de fondo mientras pasan los minutos, que nos acerca cada vez más al inicio de
la carrera. Puedo sentir la inquietud de Pedro aumentando, puedo notarlo en su
constante agitación y ojalá pudiera aliviarla de alguna forma, de alguna manera, pero
sentirá mi miedo y eso solo empeorará las cosas.
Lo veo tirar su vacía envoltura de Snickers al cubo de basura junto a él mientras
recorre la parada en los pits coordinado con Becks y algunos de los otros miembros del
equipo, parece relajado pero su lenguaje corporal demuestra lo contrario.
Lo observo alejarse y mirar a su coche, su cabeza inclinada hacia un lado
mientras mira fijamente durante un instante, una conversación silenciosa entre
hombre y máquina. Se acerca a él poco a poco, el equipo que sigue haciendo ajustes de
última hora, da un paso atrás. Extiende su mano y la pasa por él desde la parte delantera
a la cabina del conductor, casi una caricia de algún tipo. Luego golpea con sus nudillos
en el costado, sus tradicionales cuatro veces. La última vez mantiene su puño allí,
apoyado contra el metal por un segundo antes de sacudir su cabeza.
Y aún con el caos de todos los preparativos de último minuto teniendo lugar a
mí alrededor, no puedo apartar mis ojos de él. Me doy cuenta de lo equivocada que
estaba al esperar que renunciara a todo esto mientras estaba sentada junto a su cama
de hospital. De cómo pidiéndole renunciar a las carreras sería como pedirle que respire
sin aire. Amar sin que sea la única que él ame. Correr está en su sangre, una absoluta
necesidad y eso nunca ha sido más evidente en estos momentos.
Me pregunto cómo de diferente será esta carrera para él sin la presión constante de los
demonios persiguiéndolo, de la necesidad de conducir más rápido, de acelerar más
fuerte para huir de ellos. ¿Será más fácil o más difícil sin la amenaza que ha tenido toda
su vida?
Empiezan los anuncios interrumpiendo mis pensamientos y el momento de
reflexión de Pedro. Cuando mira por encima de su hombro, sus ojos se quedan fijos
en los míos. Una tímida sonrisa se extiende por sus labios, reconociendo que nuestra
conexión es tan profunda que no necesitamos palabras. Y ese sentimiento no tiene
precio.
Las personas se mueven a toda prisa a nuestro alrededor, pero sus ojos están en
los míos, golpea sus nudillos dos veces más en el capó antes de dar vuelta y caminar
hacia mí.
—¿Comenzando una nueva tradición? —pregunto frunciendo mi frente, con
una sonrisa de un kilómetro de ancho y un corazón rebosante de amor—. ¿Dos más
extra por suerte o algo así?

—Nah. —Él sonríe con superioridad, arrugando su nariz en la forma más linda,
tan en contraste con las fuertes líneas de su rostro, que mi corazón se derrite—. Toda
la suerte extra que necesito está aquí —dice mientras se inclina y me da el más tierno
de los besos y solo mantiene su boca contra la mía por un momento. Las emociones
están en conflicto, una verdadera guerra dentro de mí mientras trato de convencerme
que su repentino afecto no se debe a que el destino que nos depara me está dando un
último recuerdo de él porque algo malo va volver a ocurrir. Trato desesperadamente
de luchar contra el ardor de las lágrimas y disfrutar del momento, pero sé que él lo
sabe, sé que percibe mi intranquilidad, porque él levanta sus manos para sostener mi
rostro mientras retrocede y encuentra mis ojos.
—Todo va a estar bien, Pau. Nada va a pasarme. —Me esfuerzo por escuchar la
absoluta certeza en su voz para que pueda relajarme un poco, ser fuerte para él.
Asiento ligeramente.
—Lo sé...
—Nena, el cielo no me quiere todavía y joder si el infierno me puede arrastrar,
así que estás como atrapada conmigo. —Él me da una rápida sonrisa brillante que luce
lo que nunca pensé: sexy, impredecible, atrevida, arrogante y ahora no puedo evitar el
anhelo que crea.
—Atrapada contigo, ¿eh?
Se inclina y lleva su boca a mi oreja.
—Enterrado en ti es más lo que estoy pensando —murmura, su cálido aliento
contra mi oído enviando escalofríos por mi columna vertebral—. Así que por
favor, por favor, dime que estás usando algún tipo de bandera a cuadros que pueda
reclamar más tarde porque joder si no quiero echarte sobre mi hombro y dar una
vuelta de prueba en este momento.
Cada parte de mi cuerpo se tensa por sus palabras. Y tal vez sea mi intensificada
adrenalina y excesiva emoción regresando al momento tan precioso todavía robado
tan brutalmente de nosotros hace meses, pero joder si no quiero que haga
precisamente eso.
—Me encanta un hombre dispuesto a suplicar —bromeo, mis dedos jugando con
el cabello rizado en el cuello de su traje ignifugo.
—No tienes idea de las cosas que estoy dispuesto a suplicar cuando se trata de ti,
cariño. —Me desarma con esa pícara sonrisa suya, sus palabras causan que mi aliento
se atrape en mi garganta—. Además, mis súplicas te hacen gemir y joder si ese no es el
sonido más caliente de la historia.
Suelto un pequeño gemido de frustración, necesidad y deseo por él
desesperadamente cuando no puedo tenerlo... y sé que eso es exactamente el por qué
el anhelo es tan intenso. Empiezo a hablar, pero soy interrumpida por la apertura de
los acordes del himno nacional. Pedro me sostiene firmemente y me mira un
momento más antes de darme otro beso en mis labios y luego mi nariz, antes de girar
hacia la bandera, quitándose su gorra de la suerte y poniendo su mano sobre su
corazón.
Mientras la canción suena, llegando a las últimas notas, tomo una respiración
profunda para prepararme para los próximos momentos, para ser fuerte, para no
demostrarle que mi miedo sigue ahí, independientemente de cómo seguro se siente. Y
luego el caos se desata a nuestro alrededor al minuto de los aplausos del público.
Pedro se empieza a preparar, velcro sujeto, cremallera arriba, guantes puestos.
Los motores comienzan a acelerar a mayor distancia sobre la línea y el estruendo vibra
en mi pecho. Él está en la zona, escuchando a Becks y preparándose para lo que tiene
que hacer.
La superstición me dice que haga esta carrera diferente. Que me aparte
bordeando la valla de hormigón sin la ayuda de Davis. Que haga cualquier cosa para
no dejar que el momento se repita. Y luego su voz me llama. Rompiendo toda mi
resolución con los retazos de nostalgia.
—¿Paula?
Mis ojos se amplían al instante, quita la respiración de mi pecho con sus palabras,
y los recuerdos agridulces que evocan, y los de él están fijos en los míos mientras
camina hacia mí, ignorando la queja de Beckett sobre quedarse sin tiempo.
Mi boca se abre y mis cejas se fruncen.
—¿Sí?
Él extiende su brazo, la valla de hormigón entre nosotros y acerca mi cuerpo al
suyo por lo que nuestros corazones palpitan uno contra el del otro.
—¿Realmente crees que iba a dejar que te vayas esta vez sin decírtelo?
La sonrisa en mi cara debe extenderse un kilómetro de ancho, porque mis
mejillas duelen. Mis ojos se llenan de lágrimas y esta vez no es por miedo.
Sino por amor.
Adoración incondicional a este hombre que me sujeta fuertemente.
—Te amo, Pauli —dice las tres palabras tan suavemente en esa voz ronca suya e
incluso con todo lo que nos rodea, motores acelerando, tribunas llenas, el sonido agudo
del sistema de anuncios, puedo escucharlo claro como el agua. Sus palabras llegan a mi
corazón, atravesando cada nervio y nos unen. Suelto una respiración temblorosa y le
sonrió.
—También te amo, Ace.
Sonríe antes de dame un beso de los que hacen estremecerse en mis labios y dice:
—Tiempo de la bandera a cuadros, nena.
—Tiempo de la bandera a cuadros.
—Te veo en la línea de victoria —dice con un guiño antes de girarse y caminar
hacia un equipo de pie inmóvil, a la espera de su conductor.

Los observo ayudarlo a ponerse su casco, paralizada con tanto amor y miedo, y
luego permito a Davis llevarme por las escaleras hasta un puesto elevado para que
pueda ver desde un nivel más alto. Me pongo el auricular cuando miro hacia abajo
sobre la barandilla y los observo sujetar el collarín de Pedro, ajustar sus arneses y
posicionar el volante.
—Verificando comunicador, Wood. —La voz incorpórea del spotter de Pedro
llena mis oídos, sobresaltándome—. Verificando uno, dos. Verificando uno, dos.
Hay silencio por un momento y miro hacia abajo como si fuera capaz de verlo
en realidad a través de su casco y el equipo rodeándole.
El spotter lo intenta de nuevo.
—Verificando uno, dos.
—Verificando A, B, C. —La voz de Pedro llega alta y clara.
—¿Wood? —El spotter vuelve a llamar, confusión en su voz—. ¿Estás bien?
—Mejor que nunca —ríe—. Solo dando un mensaje con el alfabeto.
Y los nervios consumiéndome se disipan inmediatamente.
—¿El alfabeto?
—Sip. De la A hasta la maldita Z.

***

Luciana agarra mi mano mientras miro hacia el cronometro en la parte superior
de la pantalla contando hacia atrás las vueltas restantes para terminar.
Diez.
Diez vueltas para terminar pasar la serie de emociones, nervios, excitación,
agitación, esperanza, amor, al igual que las últimas doscientos treinta y ocho vueltas.
Me he parado, me he sentado, he caminado de un lado a otro, he gritado, he rezado, y
he tenido que recordarme a mí misma respirar.
—Va a lograrlo —murmura Luciana a mi lado mientras aprieta mi mano un poco
más fuerte y aunque estoy de acuerdo con ella, que Pedro va a ganar su carrera de
reaparición sin problemas, no voy a decirlo en voz alta, demasiado miedo de arruinar
el resultado.
Miro hacia abajo a donde Becks está hablando furtivamente con otro miembro
del equipo, sus cabezas tan cerca que están casi pegadas mientras escriben a toda prisa
en un pedazo de papel. Y no sé mucho sobre carreras pero reconozco que están
preocupados que sus cálculos de combustible de reserva no sean suficientes que Pedro
podría literalmente correr sin energía en la última vuelta.
Observo mientras el número de vueltas disminuye, mi pulso acelerado y mi
corazón esperanzado mientras marca cinco.

—Tienes a Mason acercándose fuerte y rápido por la curva —dice el spotter,
ansiedad añadida a su normalmente voz sin emociones.
—Diez-cuatro. —Es todo lo que Pedro dice en respuesta, concentración
evidente en su voz.
—¡Va a pasarte! —grita el spotter.
Echo un vistazo a la pantalla frente a mí para ver una versión de cerca de lo que
estoy viendo en la pista y mi cuerpo se tensa de anticipación, mientras pasan
rápidamente la curva tres, gran cantidad de metal compitiendo a terribles velocidades.
Juro que todo el mundo se inclina hacia adelante desde su posición en el stand para
tener una mirada más de cerca. Cierro mis manos en puños y me levanto en mis dedos
de los pies como si eso me ayudara a ver más, haciendo rápidamente mis oraciones por
Pedro mientras Mason lo desafía por el liderato.
Oigo a la multitud al mismo tiempo que mis ojos se apartan otra vez de la
pantalla, justo a tiempo para ver los neumáticos traseros pegados, Mason hace una
maniobra peligrosa y se estrella contra la pared a su derecha, mientras el coche de
Pedro se desvía de curso hacia el borde de asfalto por la fuerza de su conexión.
Todos en la zona del equipo están en sus pies al instante, el mismo sonido, pista
diferente, causa estragos en nuestros nervios. Mis manos están cubriendo mi boca y
me estoy inclinando fuera por las ventanas abiertas del stand para ver la pista.
—¡Pedro! —grita Becks mientras yo jadeo, un resplandor del coche rojo
desplazándose fuera de control en la zona alrededor de la pista.
Pedro normalmente responde al instante, pero hay un silencio absoluto en el
comunicador. Y creo que una pequeña parte de mi muere en ese instante. Una pequeña
parte de toda mi vida incapaz de recuperase por la idea de que siempre habrá esta
mínima inquietud y recuerdos de las tumultuosas emociones del accidente de Pedro
cada vez que veo el humo o el ondeo de la bandera amarilla.
Veo a Beckett tirar de la visera de su gorra de béisbol mientras sus ojos se clavan
en la pista. La ansiedad reina en mi cuerpo ahora mismo y sin embargo todavía siento
esas semillas de certeza que Pedro plantó con su confianza más temprano listas para
echar raíces y crecer. Y no puedo imaginar lo que está pasando por su cabeza, las
diferentes emociones y recuerdos fusionándose, pero no se detiene.
El coche no disminuye la velocidad ni un poco.
Y sin embargo todavía no ha hablado.
—Vamos, hijo —Andy murmura para nadie en particular robando mis palabras,
manos agarrando el borde de la mesa que está detrás, nudillos volviéndose blancos.

Solo segundos pasan pero se siente como una eternidad mientras veo el coche de
Pedro dirigirse de forma errática hacia el césped que rodea la pista, directo hacia el
muro de contención antes de milagrosamente corregirlo.
Y entonces todo el stand suelta un colectivo grito de alegría cuando el
inconfundible rojo y azul eléctrico de la parte delantera del coche regresa rápidamente
hacia la pista, bajo control. Y todavía a la cabeza.
La voz de Pedro llega a través del altavoz.
—¡Jodida recuperación! —dice bruscamente, la agitación se filtra en su voz y el
comunicador seguido de un ¡Woohoo! La descarga de adrenalina asaltándole con toda
su fuerza.
—¡Llévalo a casa, bebé! —le grita Becks mientras camina de un lado a otro debajo
de nosotros y suelta un audible suspiro quitándose el auricular y la gorra por un
momento para recuperar su compostura antes de ponérselos de nuevo.
Cuatro vueltas restantes.
Siento que puedo respirar de nuevo, mis dedos retorciéndose juntos, mis nervios
todavía presentes y mis esperanzas elevándose a nuevas alturas. Vamos, cariño. Puedes
hacer esto, le digo en silencio, esperando que él pueda sentir mi apoyo con las miles
de personas en las gradas alentándole para reclamar esta victoria.
Tres vueltas restantes. No puedo soportarlo más. Mi cuerpo vibra por más que el
estruendo de los motores mientras los coches pasan uno detrás del otro en una
interminable secuencia. Salgo de detrás de la barandilla y me encojo de hombros hacia
Luciana, cuando ella me da una mirada interrogante sobre dónde voy. Quiero estar lo
más cerca de él posible, así que me dirijo hacia las escaleras y empiezo a bajar por ellas.
—¡Dos para terminar, bebé! —grita Becks al micrófono mientras alcanzo el
último escalón y me quedo cerca de la pared en el lado dentro de los pits. No puedo
ver la pista muy bien desde aquí pero sonrió mientras observo a Becks mirar el monitor
y sacudir su cabeza de un lado a otro, su cuerpo moviéndose inquieto, nerviosismo
palpable.
Levanto la vista hacia la tabla de posiciones y veo que Pedro se encuentra
todavía en la delantera antes de que mis ojos se desvíen al puesto de banderas donde
el banderillero está tomando la bandera blanca que indica la última vuelta para
terminar.
Y entonces la ondea y mi corazón empieza a latir rápidamente. Becks eleva un
puño en el aire y extiende su mano para apretar los hombros de los miembros del
equipo a su lado.
Alguien roza mi hombro y miro sobre él para ver a Andy a mi lado, cautelosa
sonrisa lista para iluminar su rostro cuando la bandera a cuadros sea alzada. Miro de
regreso hacia el puesto hasta que mi visión es obstruida por la hilera de trajes ignífugos
rojos parados en la valla de los pits, observando, esperando, anticipando.
Y luego lo escucho.

El sofocante grito de emoción de la multitud y las exclamaciones de júbilo del
equipo mientras saltan la valla silbando y gritando de victoria. Estoy tan abrumada
con la emoción que ni siquiera recuerdo quién agarró a quién, pero lo único que sé es
que Andy y yo estamos abrazados el uno al otro de pura emoción. Él lo hizo. Él
realmente lo hizo.
Los siguientes minutos pasan en un borrón mientras abrazos y gesto de
felicitación se dan alrededor, auriculares se retiran y todos nos movemos rápidamente
en una gran muchedumbre hacia la línea de victoria.
El motor acelera mientras Pedro se detiene en su puesto después de su vuelta de la
victoria.
Y no conozco el protocolo para los que no son miembros del equipo, pero estoy
justo en medio de todo, haciendo paso para verlo. Los caballos salvajes no podrían
mantenerme alejada de él en este momento.
Mi visión es bloqueada temporalmente por fotógrafos y estoy muy ansiosa,
corazón latiendo fuertemente, mejillas dolidas de sonreír con fuerza, corazón
rebosante de amor, que quiero empujarlos fuera del camino para llegar a él.
Cuando se mueven para conseguir una mejor toma, lo veo parado allí, aceptando
las felicitaciones de Becks, botella de Gatorade sobre sus labios, mano pasándola por
su sudoroso mojado cabello levantándolo totalmente desordenado y la más increíble
expresión en su cara, agotamiento mezclado con alivio y orgullo.
Y luego, como si pudiera sentir mi mirada en él, fija sus ojos en los míos, la más
gran, más infartante sonrisa extendiéndose por su rostro. Mi corazón se detiene y se
pone en marcha mientras lo observo. Juro que el aire zumba con las chispas de nuestra
conexión. Ni siquiera dijo una palabra a Beckett, pero lo deja atrás y comienza abrirse
paso por la multitud, la muchedumbre moviéndose con él, sus ojos nunca dejando los
míos, hasta que está de pie delante de mí.
Estoy contra él en un instante, sus brazos envolviéndome y levantando mis pies
del suelo mientras él echa su cabeza hacia atrás y suelta la más despreocupada risa que
he escuchado antes de aplastar su boca contra la mía. Y hay tantas cosas que pasan a
nuestro alrededor, caos total, pero no es nada en comparación con la forma en que me
hace sentir por dentro en estos momentos.
Todos y todo se desvanece porque estoy justo donde pertenezco, en sus brazos.
Siento el calor de su cuerpo presionado contra el mío más que la prensa empujándonos
de aquí para allá para conseguir la toma perfecta. Inhalo su olor, jabón y desodorante
entremezclado con un día duro de trabajo y tiene mis feromonas reclamando
atención, silenciosamente instándole a tomarme, dominarme, poseerme así estoy
marcada por ese aroma. Pruebo Gatorade en sus labios y de ningún modo es suficiente
para saciar el deseo invadiéndome porque con Pedro una probada nunca será
suficiente. Oigo su risa de nuevo mientras rompe nuestro beso y presiona su frente
contra la mía por un momento, su pecho retumbando del alegre sonido.
—¡Lo hiciste!

—No. —Está en desacuerdo, tirando su cabeza hacia atrás para mirarme a los
ojos—. Lo hicimos, Pau. Fuimos nosotros juntos porque no podría haber ganado sin ti.
Mi corazón se desploma en mi pecho y cae en mi estómago, que se colisionó
como si estuviera en caída libre. Y en cierto sentido lo estoy. Porque mi amor por él
es interminable, muy profundo, eterno.
Le sonrío, lágrimas haciendo borrosa mi visión mientras le doy una vez más un
beso casto en sus labios.
—Tienes razón —murmuro—. Lo hicimos.
Él me estrecha fuertemente una vez más y me baja al suelo con otra sonrisa
infartante mientras el mundo que nos rodea vuelve a existir. Me alejo, permitiendo a
todos los demás sus cinco segundos con él y sin embargo todo lo que puedo pensar son
sus palabras, lo hicimos.

Y lo observo, al hombre que amo, y sé que sus palabras nunca han sido más
ciertas. Realmente lo hemos hecho. Nos hemos enfrentado a nuestros demonios
juntos.

Su pasado, sus miedos, su vergüenza.

Mi pasado, mis miedos, mi dolor.

Él me mira en medio de una pregunta de la entrevista y me guiña el ojo con una
sonrisa de superioridad. Orgullo, amor y alivio me invaden.

Santa Mierda.

Realmente lo hicimos.

GRACIAS POR TODOS SUS COMENTARIOS! ♥

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5 comentarios:

  1. No puedo explicarte la felicidad q senti al leer estos 2 caps!!los ameeeeeee!!!!!!!Amo la nove!,voy a extrañarla muchisimo,no quiero q termine :( !...espero los prox bsoo @GraciasxTodoPYP

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  2. Sentí cada minuto de esa maldita carrera, pura emoción!!!!!!!!!!!! Cómo me gusta esta historia Jesy!!!!

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  3. Simplemente me encanta esta historia!! No quiero que termine... amo a los personajes y la trama es lo mas! Gracias jesy x adaptarla! mimiroxb

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  4. Ay! q manera de sufrir con esta novela! Por favor!!! Me encantaron estos capítulos! Bah! todos! es hermosa esta novela!
    No me estás pasando los capítulos! Mi tw es @LauyValenPyP!!! Please! q siempre los veo tarde!

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