miércoles, 8 de octubre de 2014

TERCERA PARTE: CAP 111

Echo un vistazo hacia él viendo la luz de las farolas jugar en los ángulos de
su cara mientras yo canto en voz baja Everything de Lifehouse en la
radio. Es tarde, pero el tiempo no tenía importancia mientras nos
sentamos juntos en las tribunas poniendo viejas heridas a descansar y trayendo un
nuevo comienzo a la mesa.
Sammy está conduciendo mi coche a la casa, pero mientras Pedro y yo salimos
de la autopista en el Range Rover, me doy cuenta de que no vamos a casa todavía.
Casa.
Qué loca idea. Que me voy a casa con Pedro, porque en este momento, después
de esta noche, la palabra significa mucho más que un edificio de ladrillo y mortero.
Significa comodidad y sanación y Pedro.
Mi ace. Suspiro, mi pecho apretando con amor.
Lo miro de nuevo y debe sentir el peso de mi mirada porque me mira con sus
ojos todavía un poco enrojecidos por el llanto. Se estancan en los míos
momentáneamente mientras sonríe suavemente y luego niega con la cabeza
sutilmente, como si él todavía estuviera tratando de procesar los eventos de las últimas
horas antes de mirar de nuevo a la carretera. Pero mantengo mis ojos en él, porque sé
que en el fondo es donde siempre aterrizarán no importa dónde más miren.
Estoy tan absorta en mis pensamientos que ni siquiera reconozco nuestra
ubicación cuando Pedro entra en un estacionamiento y para el coche.
―Hay algo tengo que hacer. ¿Vienes conmigo?
Lo miro confundida acerca de lo que estamos haciendo a las once de la noche en
un estacionamiento al azar en las afueras de Hollywood. Obviamente es importante,
porque después de esta noche todo lo que puedo pensar es que él esta probablemente
agotado y solo quiere volver a casa.
―Por supuesto.
Salimos del coche y miro a mi alrededor, un poco recelosa dejando un coche tan
bonito en este deteriorado y escasamente iluminado lugar, pero Pedr está
completamente imperturbable. Él tira de mí cerca de su lado y me lleva hacia una
puerta de madera muy formidable que parece venir directamente de la época
medieval. Pedro abre y de inmediato me encuentro con luces brillantes, música suave
y un único y extraño zumbido.
Giro rápidamente mi cabeza a Pedro, quien me está mirando con una curiosidad
perpleja. Él solo sonríe y niega ante mi boca y ojos muy abiertos.

Yo nunca he metido el pie en uno de estos lugares antes. En el fondo, una parte
de mí sabe por qué estamos aquí, pero no tiene sentido.
Pedro enlaza sus dedos con los míos mientras caminamos por un pasillo
estrecho hacia una habitación donde hay luces brillantes. Cruza el umbral por delante
de mí y se detiene momentáneamente hasta que el zumbido cesa.
―¡Bien hijo de puta chupa pollas! El chico maravilla de mierda hace una visita,
―grita una voz retumbante y Pedro se ríe antes de ser jalado más dentro de la
habitación―. ¡Bueno maldito, eres un regalo para la vista, Wood!
Observo mientras brazos, envueltos en una variedad de colores e imágenes, se
envuelven alrededor de Pedro atrayéndolo para un rápido abrazo. Veo un par de ojos
color avellana coger un vistazo de mí por encima del hombro de Pedro.
―¡Oh jodida mierda! Lo siento mucho acerca de todas las putas maldiciones,
―dice la voz perteneciente a los ojos mientras sacude a Pedro hacia atrás y camina
hacia mí―. ¡Amigo, si vas a traer a una maldita dama aquí necesitas asegurarte de
advertirme para que pueda ser respetable y esa mierda!
Pedro se ríe mientras el hombre se limpia la mano en sus vaqueros antes de
extenderla para estrechar la mía. Mis ojos recorren el conjunto pesado, el hombre
acribillado de tatuajes con el cabello muy corto y una barba larga y rebelde, pero lo
que me parece más entrañable es el rubor tiñendo sus mejillas. En realidad es bastante
adorable, pero dudo que estuviera divertido si dijera eso en este momento.
―¡Tan jodidamente arrepentido! Cristo, lo hice de nuevo ―sacude su cabeza
con el silbido de una risa y no puedo evitar sonreír.
―No te preocupes ―le digo, levantando la barbilla hacia Pedro―. Su boca es
igual de sucia. Soy Paula.
―Está bien, así que voy a tratar de mantener lo jodido al mínimo ―dice y luego
se sonroja de nuevo―. Quiero decir, no contigo, por supuesto, bueno a menos que
quisieras, porque entonces…
―Ni siquiera pienses en ello Sledge ― advierte Pedro entre risas mientras
Sledge, supongo, niega y se ríe con esa risa única de nuevo antes de acompañarnos al
salón de tatuajes.
―Así que, amigo, ¿en serio? ― pregunta Sledge a Pedro.
―Sí. ―Él mira hacia mí y sonríe―. En serio. ―Y estoy completamente perdida.
―Lo que sea que dé un tirón a tu polla, hombre ―dice, sacudiendo su cabeza
mientras camina hacia el mostrador y comienza revolviendo unos papeles―.
Hablando de tirones de pollas y mierda... ―Él mira hacia mí y su rostro se arruga a
modo de disculpa antes de continuar buscando algo―. Cómo está esa hermana de fino
trasero tuya que me encantaría tenerla tirando del mío, entre otras cosas.
Espero que Pedro enloquezca, pero él tira su cabeza hacia atrás y deja salir una
carcajada. Su reacción me hace darme cuenta que estos dos se conocen desde hace
demasiado.

―Ella te comería vivo y lo sabes, amigo... eres un marica.
―¡Vete a la mierda! ―Sledge ríe mientras Pedro empieza tirando de su camisa
sobre su cabeza. Y aún con tantas nuevas vistas para admirar ahí, no puedo apartar mis
ojos de su abdomen cincelado. Veo los cuatro símbolos, representaciones de su pasado
y me pregunto qué va a hacer ahora.
―Sí... bastante el culo duro ―se burla Pedro mientras me acompaña a una silla
y presiona un casto beso en mis labios. Él me mira a los ojos por un momento, como
si dijera confía en mí, antes de sentarse en una silla―. El hombre tatuado que escucha
a Barbara Streisand y guarda sus cinco coños en el cuarto de atrás. ―¿De qué demonios
está hablando?― . No sabes, que si vas a pretender ser un tipo duro necesitas escuchar
death metal y tener un pitbull come-hombres en lugar de suficientes gatos para
competir con una vieja solterona. ―Pedro está riendo, despreocupado, todavía, y me
encanta todo lo que esta contradicción de hombre está sacando en Pedro.
―¡Soy una flor delicada! ―bromea Sledge antes de gritar―: ¡Aja!
―¡Flor, mi trasero! ―dice Pedro, moviendo su cabeza y riendo mientras Sledge
se acerca a él con un trozo de papel en la mano―. ¿Eso es? ―pregunta Pedro y yo
enderezo mi postura para tratar de ver lo que hay en él. Se le queda mirando un
momento, frunciendo los labios, su cabeza sutilmente balanceándose mientras lo
analiza―. ¿Estás seguro? ¿Va realmente a funcionar? ―Él chasquea sus ojos hacia
Sledge, su expresión reforzando la pregunta.
―Como si tuvieras que jodidamente preguntar. Ups, ahí voy de nuevo con
jodida. ―Levanta las cejas mientras mira por encima hacia mí en una silenciosa
disculpa. ―Amigo, si voy mancharte, voy a investigarlo para estar seguro.
―¿Cómo una investigación de Google o una investigación del fondo de una
botella? ―pregunta Pedro.
―¡Fuera de mi jodida silla! ―se burla Sledge, lanzando su brazo hacia la
dirección de la puerta antes de mirar por encima de mí―. ¿Tú realmente superas esta
mierda a diario?
Asiento y río mientras Pedro se inclina hacia delante y me mira fijamente y por
un segundo veo a la tristeza parpadear allí, pero se va tan rápido como llegó.
―¿Pauli?
―¿Sí? ―Me deslizo hasta el borde de mi asiento, todavía curiosa por lo que el
papel tiene en él.
―Es hora de poner a los demonios a descansar ―dice, con sus ojos fijos en los
míos―… y seguir adelante.
Me obligo a apartar la mirada de sus ojos y hasta el dibujo de líneas onduladas
interconectadas. Sé que el símbolo es un nudo celta y es similar pero diferente a los
demás, pero no sé por qué es importante.
Levanto la vista del papel, mis ojos suplicando a los de Pedro por una
explicación.

―Un nuevo comienzo ―dice, sus ojos diciéndome que está listo―... renacer.
Contengo el aliento, mis ojos ardiendo con lágrimas, el significado del símbolo
es tan conmovedor que no puedo encontrar las palabras para hablar, así que solo
asiento.
―Bien, entiendo, ya están todos acaramelados y la mierda, pero estoy ansioso
de causarte algo de maldito dolor, Wood, así que desliza tu trasero hacia atrás, ―dice,
presionando los hombros de Pedro hacia atrás y guiñandome con una sonrisa―.
Debido a que no vas a tener la oportunidad de volver a nacer, hijo de puta, si te sientas
y la miras fijamente tanto tiempo te vas a morir mientras tanto.
Me río, mi amor por este hombre que acabo de conocer ya es profundo. Pedro
obedece pero no sin una reaparición.
―¡Amigo, solo estás celoso!
―Joder sí, lo estoy. Estoy seguro que ella puede... ―se para, los ojos como dardos
hacia mí y luego hacia abajo, donde está ocupado colocando sus suministros―...
prepararte un tazón significativo de macarrones con queso. ―Él deja salir esa risa de
nuevo.
―Malditamente correcto ―dice Pedro, dándole una palmada en los
hombros―. Agradable y cremoso.
Me ahogo en mi respiración al mismo tiempo que Sledge lo hace, ambos de
nuestros rostros teñidos de rojo con vergüenza. Doy a Pedro una mirada incrédula y
niego mientras los destellos de travesura aparecen en sus ojos. Y la vista de ello, del
alborotador en pleno efecto, me hace sonreír aún más brillantemente.
―Solo por eso te voy a dar un jodido pensamiento en su lugar... ―Sacude su
cabeza cuando la aguja vibra a la vida y Pedro se sacude ante el sonido. Sledge echa
la cabeza hacia atrás y se ríe, un estruendo profundo del vientre―. ¡Un jodido marica,
hijo de puta! Ups, hay un corazón. Ups, hay una vagina. ¡Ups, hay una margarita! ―se
burla Sledge pretendiendo colocar la aguja en el cuerpo de Pedro.
Me estoy muriendo de la risa, tan desesperadamente necesitando este humor
después de la pesadez de nuestra noche.
―¡Ups, hay una bota en tu culo, es lo más probable! ―Pedro se echa a reír,
pero se detiene en el momento en que Sledge coloca la aguja cerca de su lado. Nunca
he visto a nadie hacerse un tatuaje antes y estoy muy curiosa. Me levanto y me acerco
a una silla vacía junto a Pedro para que pueda ver.
Ni siquiera miro al principio, no puedo mientras veo el cuerpo de Pedro tensarse
y su aliento sisear cuando la aguja lo toca por primera vez.
―Dios nada cambia ―dice Sledge, exasperación en su voz―. Una vez un
marica, siempre un marica. ―El zumbido se detiene y levanta su cabeza para mirar a
Pedro―. ¿En serio, amigo? Si tengo que preocuparme por ti, temblando como un
puto chihuahua, entonces vamos a tener algunos graves malditos problemas y yo no
voy a reclamar este trabajo como mío.

Pedro solo levanta una mano y destella a Sledge su dedo medio antes de
chasquear sus ojos hacia mí y luego cerrarlos cuando la aguja empieza de nuevo. Esta
vez el zumbido se mantiene estable y después que Pedro se relaja un poco, me muevo
hacia el otro lado de Sledge para probar si puedo manejar viéndolo drenar sangre de
Pedro. Y cuando consigo el coraje para finalmente mirar hacia abajo, estoy
confundida.
La aguja de Sledge está trabajando sobre el símbolo de venganza. Ha cortado las
líneas rojas oscuras que me hacen temblar ante la idea de lo que debe sentir contra la
caja torácica de Pedro. Levanto la mirada para encontrar los ojos de Pedro fijos en
los míos mientras trato de averiguar lo que está pasando.
―Sledge descubrió la manera de superponer el nuevo nudo en la parte superior
del de venganza.
―La venganza se ha ido ―susurro, y por alguna razón este concepto es tan
conmovedor para mí que solo me quedo ahí parada, con los labios entreabiertos,
sacudiendo mi cabeza, y mis ojos observando a Sledge reconfigurar un concepto que
solo destruía más a Pedro y darle uno lleno de esperanza en su lugar.
―Es hora de poner a los demonios a descansar.
Me trago el nudo en mi garganta al oír las palabras de Pedro y me extiendo para
sostener su mano mientras observamos la lenta transformación de una de sus cicatrices
entintadas. Una que es ahora un símbolo de esperanza y sanación.
Después de algún tiempo y más nervaduras entre ellos dos, junto conmigo
cayendo aún más enamorada de Sledge, el tatuaje de Pedro ha sido transformado.
―Quiero verlo antes que lo envuelvas ―dice Pedro mientras Sledge lo unta
con vaselina.
―Voy a acariciar tus gatos y asegurarme que no colaste algún corazón o arcoíris
en alguna parte desde que permaneciste bloqueando mi vista, tu imbécil. ―Pedro se
para de la silla y me doy cuenta del tiempo que necesita para estabilizarse después de
las secuelas de su accidente es mucho menor ahora. Él se dirige a la habitación de atrás
donde está el espejo.
Y yo no sé lo que es, tal vez los acontecimientos de la noche o tal vez la esperanza
tejiendo su camino en nuestras vidas, pero mi decisión está tomada antes que Pedro
incluso despeje la puerta a la parte de atrás. Tengo que actuar ahora antes que pierda
el valor, antes que mi cabeza racional se pongo al día con mi corazón irracional.
Antes que me acobarde.
―Oye, Sledge ―le digo mientras me siento en la silla que Pedro desocupó,
tirando del elástico de mis pantalones de ejercicio por encima del hueso de la cadera,
y apunto allí―. Creo que es el momento perfecto para conseguir mi primer tatuaje.
Quiero el mismo sólo que mucho más pequeño.
Él me mira, sus ojos bailando sorprendido.

―Cariño, cuando dije jodida, no creí que te ofrecerías y mucho menos llevarás
tus pantalones hacia abajo, con Wood en la jodida habitación de atrás. ―Él me guiña
un ojo y sonríe antes de mirarme a los ojos―. ¿Estás tratando de hacer que me maten?
Me río.
―Él estará tranquilo. Creo que tiene una debilidad por ti, Sledge.
―Sí un suave punto en su cabeza, más como eso. ―Él solo se lame sus labios y
mira hacia abajo a mi cadera antes de regresar a mis ojos, la preocupación y la
incertidumbre en los suyos―. ¿Estás segura? Es un algo permanente ―cuestiona con
una divertida ceja levantada. Yo asiento antes de perder el valor para seguir adelante,
para demostrarle a Pedro que yo quiero estar ahí para él cada paso del camino en este
viaje.
Sledge se ríe y se frota las manos.
―Siempre me ha gustado ser el primero en tocar la piel virgen. Hace que mis
putas pelotas se aprieten y la mierda... ―Sopla un suspiro―. Jodida mierda, lo siento.
Una vez más. ―Sacude su cabeza mientras empieza a trazar la imagen en mi hueso de
la cadera después de mirar hacia mí para asegurarse de que es donde yo quiero.
―¿Estas segura? ―pregunta otra vez y asiento porque estoy tan jodidamente
nerviosa que apenas puedo forzar un trago por mi garganta.
No soy un tipo de chica de tatuajes , me digo a mí misma, así que ¿por qué estoy
haciendo esto? Y entonces me doy cuenta que no soy un tipo de chica que le atraen
los chicos malos tampoco. Mira lo equivocada que estaba con esa suposición.
Salto cuando la aguja vibra, mi respiración contenida y cuerpo vibrando con la
anticipación ansiosa.
Me muerdo el labio inferior y empuño mis manos mientras la primera picadura
me golpea. ¡Mierda! Me duele mucho más de lo que esperaba. No me acobardaré, no
me acobardaré, repito una y otra vez en mi cabeza para tratar de ahogar la aguja que
está picando mi cadera como una perra. Y mi canto no alivia el dolor, así que cierro
mis ojos y exhalo un suspiro, asintiendo a Sledge para continuar porque estoy bien
cuando él se detiene y mira hacia arriba para ver cómo estaba.
No lo escucho o lo veo, pero sé en el momento en que Pedro vuelve a entrar en
la habitación porque lo puedo sentir. Su energía, nuestra conexión, su atracción sobre
mí abriendo mis ojos y bloqueándose en los suyos en su instante.
La expresión de su cara no tiene precio, shock, orgullo, incredulidad, mientras
él se para más cerca para ver alrededor de la mano de Sledge. Sé cuándo lo ve, porque
lo oigo contener un jadeo de sorpresa antes que sus ojos parpadeen hasta los míos.
―Nuevos comienzos. ―Es todo lo que digo cuando veo la emoción bailar en sus
destellos de verde.
―Sabes que es permanente, ¿no? ―murmura, sacudiendo su cabeza hacia mí,
todavía anonadado por lo que estoy haciendo.

―Sí ―le digo, extendiendo mi mano para enlazar mis dedos con los suyos―…
algo así como lo somos nosotros.

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