viernes, 10 de octubre de 2014
TERCERA PARTE: CAP 114
PEDRO
El sol se siente tan jodidamente bien como la cerveza helada bajando por
mi garganta y la vista de Paula inclinándose ante mí. Mierda, es mi único
pensamiento mientras me ajusto y tengo pensamientos que no debería
con los chicos aquí.
¿Acabará esto algún día? ¿Quererla cerca? ¿El querer observarla dormir y despertar a
su lado? ¿Mi necesidad de estar enterrado en ella? Han pasado solo tres malditas horas
desde que hemos dejado mi cama y maldita A, me encantaría arrastrarla arriba ahora
mismo y tenerla de nuevo.
—¡Abajo chico!
Y ahí está la voz que me hará perder mi erección.
—¿Qué pasa, Becks?
—Al parecer tú, si no dejas de mirarla como si quisieras reclinarla en esa
tumbona y follarla hasta la inconsciencia —dice, tomando un largo trago de su
cerveza.
Bueno, ese es en todo caso un pensamiento.
Gruño.
—Gracias por la imagen mental, amigo, porque esa no está ayudando ahora
mismo —contesto rodando mis ojos y sacudiendo mi cabeza, antes de mirar alrededor
para asegurarme de que los chicos están lo suficientemente alejados para no poder
oírnos hablar de cómo quiero corromper a su sexy como el infiero tutora. Y Dios mío,
es un sueño húmedo hecho realidad. Me acomodo en mi silla de nuevo mientras la
observo ponerse de cuclillas y ajustar la parte superior de su traje de baño antes de
pasar protector solar en todo Zander.
Sacudo mi cabeza pensando en su preocupación más temprana en escoger qué
traje de baño usar con los chicos viniendo a un fiesta en la piscina. Incluso en el rojo
de una sola pieza que ella considera apropiado, cada jodida curva se marca como un
maldito mapa de carretera tentándome para llevarlo a dar una vuelta de prueba.
¿Peligrosas curvas enfrente? Un. Maldito. Desafío. Soy un hombre que vive del peligro.
La emoción la obtengo de él. Y joder si no estoy ansioso por las llaves, en estos
momentos.
Hablo acelerado y con muchas ganas.
—Por esa expresión sentimental tonta en tu cara, ¿asumo que las cosas van
bien? —pregunta Becks mientras se sienta a mi lado y me saca de mis pensamientos
sucios.
—Bastante bien. —Abro otra botella con el abridor y tomo un trago.
—Por favor, no me digas que vas a volverte todo domesticado y esa mierda
conmigo ahora.
—¿Domesticado? Joder no —me río—. Aunque la mujer es caliente como la
mierda en sus tacones empujando ese carrito de comestibles frente a mí. —Puedo
visualizarlo ahora y vaya si la idea no me causa dolor por tomarla.
—¿Tú, Pedro Alfonso, entraste en una tienda de comestibles? —pregunta
confundido.
—Sip. —Levanto mis cejas y sonrió con superioridad al ver la expresión de
asombro en su rostro.
—¿Y no era solo para comprar condones?
No puedo evitarlo ahora. Me encanta molestarlo. Es simplemente demasiado
malditamente fácil.
—No, ya no es un requerimiento cuando se tiene un pase en el club de sexo sin
protección.
—Jesucristo, amigo, ¿estás tratando de hacer que me atragante con mi
cerveza? —Se limpia la cerveza de su barbilla que escupió.
—Tengo algo más que puede atragantarte —murmuro mientras mis ojos se
desplazan otra vez a Paula inclinándose, mi permanente semi-erección amenazando
con volverse completa. Estoy tan concentrado en ella y mi pecaminoso pero oh-tanjodidamente-
asombroso pensamiento de lo que puedo hacer con ella más tarde que no
oigo lo que dice Becks—. ¿Huh? —pregunto.
—Amigo, eres un cabrón sometido ¿verdad?
Lo miro dispuesto a defender mi maldita hombría cuando me doy cuenta de que
es justo donde yo quiero estar, retenido en las malditas manos de Rylee, la perfecta
mezcla de azúcar y especias. Así que me río y solo sacudo mi cabeza, llevando la
cerveza a mis labios y encogiéndome de hombros.
—Mientras sea su coño haciéndolo, estoy malditamente dispuesto todo el día.
Becks se atraganta de nuevo, pero esta vez con la risa y le doy palmadas en la
espalda mientras Pau nos mira asegurándose de que esté bien.
—¡Dios mío! Ese debe ser el mejor maldito coño vudú de la historia para domar
a Pedro Maldito Alfonso.
—¿Domar? Nunca —me rio entre dientes y sacudo mi cabeza, recostándome en
la silla detrás de mí para mirarlo—. Pero un imbécil… er… amigo me hizo darme
cuenta de lo mucho que me gusta el maldito alfabeto.
—Ese amigo se merece una gran cantidad de cerveza como agradecimiento
luego. —Se encoge de hombros—. Eso, o un poderoso buen pedazo de culo a cambio.
—Suelto una carcajada, agradecido por su sarcasmo para evitar hablar de sentimientos
profundos y la mierda que no estoy realmente cómodo discutiendo. Solo estoy
acostumbrándome a decir este tipo de mierda a Pau, seguro como el infierno que no
voy a volverme sentimental con Becks.
—Ella tiene una amiga caliente —le digo con un levantamiento de mi ceja,
ganándome un bufido a cambio mientras repito lo que le dije la noche que le convencí
de invitar a Pau a Las Vegas con nosotros.
—Seguro que ella lo es —murmura, pero antes de que pueda responder, Aiden
se lanza a la piscina en una bola de cañón y nos empapa completamente. Empezamos
a reír, comentario olvidado, gafas de sol ahora salpicadas con agua.
—Hey —dice y lo miro de regreso—. Tengo que darte un mal rato porque eso es
solo la forma en que congeniamos… pero estoy muy feliz por ti, Wood. Ahora no la
cagues.
Le hago una mueca. Maldito.
—Gracias por el voto de confianza, amigo.
—En cualquier momento, hombre. En cualquier momento. —Nos sentamos en
silencio por un momento, ambos mirando a los chicos que nos rodean actuando como
se supone que deben los niños—. Así que, ¿estás preparado?
La voz de Becks me saca de mis pensamientos y de vuelta a lo que realmente
debería estar centrado: la carrera de la próxima semana. Primera vez de vuelta en el
coche desde el accidente. Acelerador hasta el fondo la siguiente vuelta a la izquierda.
Y joder si la sola idea no hace que mi presión arterial se eleve. Pero tengo esto.
—Joder, nací preparado —le digo, chocando el cuello de mi botella de cerveza a
la suya—. La bandera de cuadros es mía para reclamar.
—Mierda, si lo es —dice mientras mira a su teléfono que ha recibido un mensaje
y mis ojos se desvían de nuevo a Paula y pensamientos de un particular par de bragas
a cuadros que nunca conseguí reclamar. Estoy seguro como la mierda que necesito
arreglar eso.
Sacudo mi cabeza mientras me apoyo de nuevo en mi silla y observo a los chicos
tirándose en la piscina y un par sentados en los hombros de otro peleando entre ellos
para derribarse. Me siento y espero por ello, pero no sucede. Ese maldito sentimiento
repentino de celos que solía tener cuando veía chicos actuando acorde a su edad,
actuando como nunca fui capaz. Porque incluso después de que fui adoptado, el miedo
seguía allí, todavía arraigado como la mierda.
Paula llama mi atención desde el otro lado del camino alrededor de la piscina y
esos malditos tentadores-como-pecado labios se extienden ampliamente. No me jodas.
Mis bolas se tensan y mi pecho se aprieta con el pensamiento de que yo puse esa sonrisa
en esos labios. La mujer es mi maldita kryptonita.
¿Quién más iba a permitir invitar a siete chicos a mi casa para una fiesta en la
piscina para celebrar el comienzo del verano aquí? ¿Con qué otra mujer podía
compartir mis demonios y en lugar de correr como un maldito cuatrimotor cuando
ella me mira a los ojos y me dice que soy valiente? ¿Quién más podría marcar su piel
para demostrarme que está en esto a largo plazo?
Malditas banderas a cuadros, alfabetos y sábanas. ¿Cuándo en el infierno todo
esto se volvió aceptable para mí?
Sacudo mi cabeza, pretendiendo que no lo quiero, pero joder si no puedo apartar
la mirada de ella por un maldito segundo antes de que mis ojos la encuentren de nuevo.
Levanto la cerveza fría que Becks me pasa y empiezo a tomar un sorbo y mirarlo
mientras él sacude su cabeza riéndose de mí.
—¿Qué?
—Vas a jodidamente casarte con ella.
Es mi turno de atragantarme con mi cerveza. Inclinándome hacia delante con
un ataque de tos mientras Becks me golpea un poco demasiado fuerte en la espalda.
—¡Él está bien! —Le oigo decir mientras intento controlar el ahogo mezclado
con la risa haciendo arder mi garganta—. Está bien —dice otra vez y puedo escuchar
la diversión en su voz.
—¡Jódete, Becks! —me las arreglo finalmente para decir—. ¡No va a suceder! Sin
anillos, sin compromisos —digo nuestro viejo lema con una risa. Y entonces levanto
la mirada para encontrar a Pau. Ella está al otro lado del patio, sentada en el borde de
la piscina, Coca Cola Light en mano y está haciendo de árbitro para el juego de Marco
Polo de los chicos. Ricky se ve atrapado como un pez fuera del agua y Paula echa la
cabeza hacia atrás de la risa de algo que Scooter le dice a él.
Y hay algo sobre ella en este momento, cabello brillante por el sol, un
despreocupado sonido en su risa y obviamente encantada con todo el mundo a su
alrededor. Algo sobre ella estando con los chicos, haciendo la vida normal para ellos
en un lugar que nunca ha sido un hogar hasta ahora, hasta ella, me golpea más duro
que ese maldito novato Jameson hizo en Florida. Me tiene pensando en los para
siempre y esa mierda hace que seis meses no me habría pasado por la mente una sola
vez.
Simplemente tiene que estar Becks metiéndose en mi cabeza. Joder. El bastardo
tiene que dejar de hablar sobre la mierda que no va a suceder. Nunca.
Entonces ¿por qué demonios estoy preguntándome como luciría Pau vestida de
blanco? ¿Por qué estoy preguntándome cómo Paula Alfonso suena en voz alta?
Nunca. Trato de quitar los pensamientos de mi cabeza, pero ellos permanecen,
asustándome como la mierda.
—Definitivamente no va a suceder —me río, no estoy seguro si estoy repitiendo
las palabras para convencer a Becks o a mí mismo. Miro de regreso hacia Pau por un
segundo. Hablo sobre disparar el arma cuando ni siquiera he encontrado las balas para
cargarla todavía. Jodido Beckett—. Domesticación es una cosa, cabrón. ¿Bola y
grillete? —digo con un silbido—. Esa es una diferente dominación de la que no tengo
ningún interés en participar. —Sacudo mi cabeza de nuevo ante la estúpida sonrisa en
su rostro mientras me levanto de la silla—. Nunca.
—Ya veremos eso —me dice con esa sonrisa de suficiencia que quiero borrar de
su rostro.
—¿Amigo, sientes eso? —pregunto, estirando mis brazos y levantando mi rostro
hacia el sol antes de mirar de nuevo hacia él.
—¿Huh?
—Eso se llama calor, Daniels. El infierno no puede congelarse si todavía está
caliente fuera. —Me encojo de hombros antes de caminar hacia el borde de la piscina.
Conversación terminada. No más discusión sobre matrimonio y mierda como esa.
¿Está tratando de darme un ataque al corazón?
Mierda.
—¡Bola de cañón! —grito antes de tirarme, esperando crear más jodida agitación
en la piscina de la que Becks está tratando de crear en mi cabeza.
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