Cometo el error de romper el contacto visual y mirar hacia abajo a su boca, a unos labios perfectamente esculpidos, que entonces, muy lentamente, se extienden en una desequilibrada sonrisa.
Oh, cómo quiero esa boca sobre mí en cualquier lugar y en todas partes a la vez. ¿En qué diablos estoy pensando? Este hombre está fuera de mi alcance.
A años luz de mi alcance.
Muevo mi mirada hacia arriba para ver la diversión llenar sus ojos, como si conociera mis pensamientos. Puedo sentir un rubor lentamente extenderse por mi cara a medida que la vergüenza, tanto por mi situación como por mis pensamientos, se registra en mi cerebro. Aprieto mis manos alrededor de sus musculosos bíceps mientras bajo mi mirada para evitar su obvia evaluación y trato de recuperar la compostura.
Moviendo los pies debajo de mí, accidentalmente tropiezo más con él, con mi equilibrio comprometido por mi falta de experiencia con estos tacones altísimos. Salto detrás de él mientras mis pechos rozan su pecho firme, poniendo mis terminaciones nerviosas en llamas. Minúsculas detonaciones de cosquillas de deseo se profundizan de mi vientre.
―Oh... um... Lo siento mucho. ―Junto mis manos en una disculpa nerviosa.
Desde un paso atrás, el hombre es aún más increíble ahora que soy capaz de ver toda su longitud. Imperfectamente perfecto y sexy como el infierno con una sonrisa que sugiere arrogancia y problemas.
Levanta una ceja, notando mi lenta lectura de él.
―No necesitas disculparte ―responde con una masculina voz culta con un toque de vanguardia. Una voz que evoca imágenes de rebelión y sexo en el mismo aliento―. Estoy acostumbrado a que las mujeres caigan a mis pies.
Mi cabeza se mueve bruscamente por la vanidad de su comentario. Sólo puedo esperar que esté bromeando, pero su enigmática expresión no revela nada. Él espera mi respuesta, con desconcierto en sus ojos, y esa segura sonrisa se amplía, causando que una depresión se profundice en su definida mandíbula.
A pesar de haber dado un paso atrás, todavía estoy cerca de él. Demasiado cerca para recoger mi ingenio, pero lo suficientemente cerca como para que sienta su aliento sobre mi mejilla. Para oler el aroma limpio de jabón mezclado con su sutil perfume terroso.
―Gracias. Gracias ―le respondo sin aliento. Veo el músculo de su mandíbula apretarse mientras me resguarda. ¿Por qué me está poniendo nerviosa este hombre y siento que tengo que justificar mi situación?―. La... la puerta se cerró detrás de mí. Se atascó. Entré el pánico y...
―¿Está bien? ¿Señorita...?
Mi respuesta se tambalea cuando su mano toma la parte de atrás de mi cuello, tirando de mí más cerca y sin embargo sosteniéndome en el lugar. Mueve la mano libre arriba y abajo por mi brazo desnudo en lo que supongo es un intento de asegurarse de que no estoy lastimada físicamente. Mi cuerpo registra el rastro de chispas en mi piel desnuda mientras mi mente se vuelve muy consciente de que su sensual boca está a sólo un susurro de la mía. Mis labios se separan y mi respiración se vuelve superficial mientras él mueve su mano por la línea de mi cuello y luego roza sus nudillos suavemente por mi mejilla.
No tengo tiempo de registrar la confusión mezclada con una fuerte dosis de deseo que surge a través de mí cuando le oigo murmurar “Oh, al diablo” segundos antes de que su boca esté sobre la mía. Jadeo en shock total, mis labios se abren una fracción mientras su boca absorbe el sonido, dándole una apertura para acariciar mis labios con su lengua y luego aventurarse lentamente entre ellos.
Empujo mis manos contra su pecho, tratando de resistir el beso robado por este completo desconocido.
Trato de hacer lo que la lógica me dice que es correcto. Trato de negar lo que mi cuerpo me está diciendo que quiere. De eliminar la necesidad de tomar lo que él está tomando. Abandonar la inhibición y dejarme disfrutar esto, de este momento con él.
El sentido común gana mi pelea interna entre la lujuria y la prudencia, y me las arreglo para empujarlo una fracción. Su boca suelta la mía, nuestros alientos jadeantes están sobre la cara del otro. Sus ojos, llenos de lujuria, se mantienen firmes en los míos. Me resulta difícil no notar la semilla de deseo floreciendo dentro de mi vientre. La vehemente protesta que está gritando en mi mente muere en silencio en mis labios cuando sucumbo a la idea de que quiero este beso. Quiero sentir lo que no le sentido y lo que me he negado deliberadamente a mí misma. Quiero permitirme este momento en el que actúo con temeridad y tener ‘ese beso’, el que se escribe en los libros sobre el amor que se encuentra y la virtud que se pierde. En lo profundo de mi alma, sé que será ese beso para mí.
―Decide, cariño ―me ordena él―. Un hombre sólo tiene cierta cantidad de moderación.
Su advertencia, la loca idea de que yo podría hacer a un hombre como él perder el control me desconcierta, confundiendo mis pensamientos, pero la negación nunca cruza mis labios. Él se aprovecha de mi silencio, una sonrisa lasciva dobla las comisuras de su boca antes de que apriete el agarre que tiene en mi nuca. De una respiración a la siguiente, aplasta su boca en la mía. Sondeando. Degustando. Exigiendo.
Mi resistencia es inútil y dura sólo unos segundos antes de que me entregue a él. Instintivamente muevo las manos rozando su mandíbula sin afeitar hasta la parte posterior de su cuello y enredo mis dedos en su pelo. Un gemido proviene de la parte posterior de su garganta, reforzando mi confianza, lo que me permite abrir mis labios y tomar más de él. Mi lengua se entrelaza y baila íntimamente con la suya. El lento ballet seductor es destacado con entrecortados gemidos y quejidos y jadeos.
Él sabe a whisky. Su confianza emana rebelión. Su cuerpo evoca un golpe directo de lujuria en mi sexo. Una combinación embriagadora insinuando que es un chico malo del que esta buena chica debería mantenerse alejada. Su urgencia es un toque de habilidad experta de lo que yo podría venir. Imágenes pasan a través de mi mente de mí arqueándome debajo de él, mis pies apuntando al techo, mis manos sujetándose de las sábanas en una sesión de sexo que sin duda sería tan dominante como este beso.
A pesar de mi sumisión, sé que esto está mal. Puedo oír a mi conciencia decirme que me detenga. Que no haga esto. Que no soy esa clase de chica. Que estoy traicionando a Max al continuar con esto.
Pero, Dios, se siente tan increíblemente bien. Entierro toda racionalidad bajo el deseo que hace estragos por cada uno de mis nervios. Por cada aliento.
Sus dedos acarician mi nuca, mientras los otros viajan a mi cadera, encendiendo chispas con cada toque. Su mano se ensancha en mi espalda y me aprieta contra él. Colocando un reclamo en mí. Puedo sentir su engrosada erección contra mi abdomen, enviando una carga eléctrica a mi ingle.
Poniéndome húmeda de necesidad y deseo. Su pierna se mueve ligeramente y presiona la mía, apretando el vértice de mis muslos y creando un intenso dolor de placer. Empujo más en él, gimiendo suavemente, pidiendo más.
Me estoy ahogando en la sensación de él, y sin embargo no estoy dispuesta a mostrarme tan desesperadamente necesitada.
Él me muerde el labio inferior mientras su mano se mueve hacia abajo para amasar mi espalda, con el placer en espiral a través de mí.
Mis uñas se clavan en la parte posterior de su cuello en reacción mientras lo reclamo.
―Dios, te deseo tanto en este momento. ―Su voz dice entre besos, intensificando el dolor en mis músculos por debajo de mi cintura. Él mueve la mano de la parte posterior de mi cuello y traza mi caja torácica hasta que toma mi seno. Doy un suave gemido ante la sensación de sus dedos frotando mi pico endurecido a través de la suave tela de mi vestido.
Mi cuerpo está listo para dar su consentimiento a la solicitud porque deseo a este hombre también. Quiero sentir su peso sobre mí, su piel desnuda deslizándose en la mía, y su grosor moviéndose rítmicamente en mí.
Nuestros cuerpos entrelazados se empujan hacia la pequeña habitación en el pasillo. Él me presiona contra la pared, nuestros cuerpos se agarran frenéticamente, a tientas, y se degustan. Él roza su mano hasta el borde de mi vestido, encontrando el borde de encaje de mi muslo y las altas medias.
―Dulce Jesús ―murmura contra mi boca mientras pasa la mano a un ritmo muy lento por la cara interna de mi muslo hasta el pequeño triángulo de encaje que sirve más como una decoración que como bragas.
¿Qué? Esas palabras. Cuando finalmente las registro, retrocedo como si me hubieran dado un latigazo y empujo su pecho tratando de alejarlo de mí. Estas son las mismas palabras que había oído antes en la alcoba oscura. Fue como un golpe de agua fría para mi libido. ¿Qué demonios? ¿Y qué demonios estoy haciendo de todos modos, con un tipo al azar? Y lo más importante, ¿por qué elijo hacerlo ahora mientras estoy en medio de una de mis citas más importantes del año?
―No. No, no puedo hacer esto. ―Tambaleándome hacia atrás, levanto una mano temblorosa a mi boca para cubrir la hinchazón de mis labios por los suyos. Sus ojos se ajustan a los míos, el color esmeralda oscurecido por el deseo. La ira flashea a través de ellos fugazmente.
―Es un poco tarde, cariño. Parece como si ya lo hiciste.
La furia destella a través de mí con su comentario sarcástico. Soy lo suficientemente inteligente como para inferir que acabo de convertirme en otra en su línea de conquistas de la noche. Lo miro, y la mirada de suficiencia en su rostro me hace desear lanzar insultos contra él.
―¿Quién diablos te crees que eres? ¿Al tocarme así? ¿Tomando ventaja de mí de esa manera? ―Escupo con rabia para evitar el dolor que siento. No estoy segura de si estoy más molesta conmigo misma por mi sumisión a él o por el hecho de que se aprovechó de mí en mi estado frenético como un medio de diversión mientras mataba el tiempo. ¿O es que me siento avergonzada porque sucumbí a beso y a sus calificados dedos sin siquiera saber su nombre? Algo que nunca haría en circunstancias normales.
El hecho desesperante es que no estoy segura de con quién estoy más molesta, si con él o conmigo.
Él me sigue observando, su ira está a fuego lento, los ojos mirándome ceñudos.
―¿En serio? ―Se burla de mí, ladeando la cabeza hacia un lado y rozando una mano sobre su sonrisa condescendiente. Puedo oír el roce de barba mientras su mano se arrastra sobre ella―. ¿A eso es a lo que vas a jugar? ¿No estabas participando justo ahora? ¿No te estabas partiendo en mis brazos? ―se ríe sarcásticamente―. No te engañes, pequeña, pensando que no te gustó eso. Que no quieres más.
Él da un paso más cerca de mí, con diversión y algo más oscuro ardiendo en las profundidades de sus ojos.
Levantando una mano, traza un dedo por la línea de mi mandíbula. A pesar de que me estremezco y me alejo, el calor de su toque reaviva el deseo ardiente dentro de mi vientre. En silencio castigo a mi cuerpo por su traición.
―Vamos a aclarar una cosa ―gruñe―. Yo. No. Tomo. Lo. Que. No. Se. Me. Ofrece. Y ambos sabemos, amor, que tú te ofreciste ―sonríe―. Y gustosamente.
Tiro de mi barbilla lejos de sus dedos, deseando ser una de esas personas que puede decir las cosas correctas en los momentos adecuados. Pero no lo soy. En cambio, pienso en ellas horas más tarde y sólo deseo haberlas dicho antes. Sé que estaré haciendo eso más adelante, porque no puedo pensar en una sola forma de reproche al exceso de confianza de este hombre. Que me redujo a una masa de nervios sobre-estimulados de deseo porque me toque otra vez.
―Ese mierda de niña indefensa puede funcionar con tu novio, que te trata como vajilla en un estante, frágil y agradable a la vista. Raramente usada. ―Se encoge de hombros―. Pero admite, cariño, que eso es aburrido.
―Mi nov... ―tartamudeo―. ¡No soy frágil!
―¿En serio? ―dice, sosteniendo mi barbilla en su lugar mientras me mira a los ojos―. Pues actúas de esa forma.
―¡Que te jodan! ―Alejo mi barbilla de un tirón.
―Ooooh, eres una cosita luchadora. ―Su sonrisa arrogante se vuelve más irritante―. Me gustan las luchadoras, cariño. Sólo me hace desearte mucho más.
¡Idiota! Estoy a punto de hacer una réplica de lo imbécil que obviamente es. Que yo sé que estuvo “luchando” con otra persona no mucho tiempo antes de que me encontrara. Lo miro, con el molesto pensamiento en mi cabeza de que vagamente me recuerda a alguien, pero lo empujo lejos. Estoy nerviosa, eso es todo.
Justo cuando estoy a punto de abrir la boca, a mi espalda oigo la voz de Dane llamándome por mi nombre. El alivio fluye por mí mientras me vuelvo para verlo de pie en el extremo del pasillo, mirándome de manera extraña. Lo más probable es que esté perplejo por mi estado desaliñado.
―¿Paula? Realmente necesito esas listas. ¿Las tienes?
―Me distraje un segundo ―murmuré. Miro nuevamente al Sr. Arrogante detrás de mí―. Enseguida voy. Sólo... espérame, ¿de acuerdo?
Dane asiente mientras me dirijo a la puerta abierta del armario y agarro rápidamente las paletas dispersas con tanta gracia como me es posible y las meto en la bolsa. Salgo del armario y evito sus ojos cuando empiezo a caminar hacia Dane. Exhalo en silencio, contenta de estar en terreno más familiar cuando oigo su voz detrás de mí.
―Esta conversación no ha terminado,Paula.
―Sí, sí terminó, A.C.E. ―grito a mis espaldas, y pienso en lo perfecto que las siglas le quedan antes de continuar a toda prisa por el pasillo, manteniendo los hombros rectos y la cabeza bien alta en un intento por mantener mi orgullo intacto.
Llego rápidamente a Dane, mi confidente y amigo del trabajo. La preocupación está grabada en su cara de niño mientras lazo mi brazo al suyo, tirando de él hacia la fiesta. Una vez que salimos por la puerta de detrás del escenario, solté el aliento que no sabía que estaba sosteniendo y me recosté contra la pared.
―¿Qué diablos te pasó, Paula? ¡Pareces un lío caliente! ―Él me mira de arriba abajo―. ¿Tiene algo que ver con el Adonis de atrás?
Tiene todo que ver con el Adonis, quiero decirle a Dane, pero por alguna razón me contengo.
―No te rías ―digo, mirándolo con recelo―. La puerta del armario se cerró, y me quedé atrapada en el interior.
Él ahoga una risa y mira hacia el techo para contenerla.
―¡Eso sólo te pasa a ti!
Empujo su hombro de una manera amistosa.
―En realidad no es gracioso. Tuve pánico. Claustrofobia. Las luces se apagaron y me llevaron de vuelta al accidente. ―La preocupación parpadea en sus ojos―. Me asusté, y ese hombre me oyó gritar y me sacó. Eso es todo.
―¿Eso es todo? ― pregunta, entrecerrando los ojos hacia mí con sospecha porque me conoce durante mucho tiempo.
Asiento. ―Sí. Realmente me perdí por un momento. ―No me gusta mentirle, pero por ahora es mi mejor curso de acción. Cuanto más firme sea, más rápido me soltará.
―Bueno, eso es muy malo, porque maldita sea, chica, él es caliente. ―Me río mientras él envuelve su brazo alrededor de mí en un rápido abrazo―. Ve y refréscate. Toma un respiro, entonces tendremos que regresar y mezclarnos y chismosear. Tenemos unos treinta minutos antes del comienzo de la subasta.
Me miro a mí misma en el espejo del baño. Dane estaba en lo cierto, me veo como el infierno. He arruinado gran parte de la preparación esmerada que mi compañera de cuarto, Lina, hizo con mi pelo y maquillaje para esta noche. Tomo una toalla de papel y trato de borrar mi maquillaje para reparar el daño. Las lágrimas hacen que mis ojos amatistas se vean enrojecidos, y no tienen por qué preguntar por qué mi barra de labios no está alineada perfectamente con ellos. Los mechones de mi cabello castaño caen fuera de su agarre, y la costura de mi vestido está terriblemente torcida.
Puedo oír la aburrida música al otro lado del muro. Suena de fondo a las voces de los cientos de potenciales donantes de esta noche. Tomo una respiración profunda y me apoyo contra el lavabo por un momento.
Puedo ver por qué Dane cuestionó lo que realmente había sucedido, y si el Sr. Arrogante había tenido algo que ver con eso. ¡Me veo completamente despeinada!
Muevo mi vestido para que su escote de corazón se asiente correctamente, ajustándose a mis chicas. Aliso mis manos sobre mis caderas, donde la tela se aferra a mis curvas. Empiezo a poner los mechones de pelo que han escapado de nuevo en el clip, pero lo evito. Los zarcillos regresan a mi natural estado ondulado, y decido que me gusta el efecto suavizado que los rizos tienen sobre mi aspecto general.
Meto la mano en mi bolso, que Dane me trajo, y refresco mi maquillaje. Añado algo de mascara a mi forma natural de gruesas pestañas y vuelvo a aplicar mi delineador. Mis ojos se ven mejor. No geniales, pero mejor.
Frunzo los labios, trazando mi lápiz labial sobre la forma llena de mi boca, los froto juntos, y luego los limpio.
No soy tan buena como Lina, pero soy lo suficientemente buena. Ahora estoy lista para unirme a los festejos.
GRACIAS! ♥♥
Wow, qué fuerte esta historia. Ya me atrapó Jesy jajajaja.
ResponderEliminarmuy buena la nove pásamele plis soy la_soffyy besos genia
ResponderEliminarMuy bueno,segui subiendo!!!
ResponderEliminarMe encantó!! Muy buena novela!!
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